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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Jesucristo siempre manifestó la característica de un gran líder. Un líder siempre toma tiempo para sentarse con sus afectos, con sus seguidores, un líder siempre toma tiempo para saludar a aquellos que lo aprecian, lo admiran, que lo escuchan. Siempre toma tiempo para andar lentamente entrela multitud. A mí me confunde un poco cuando veo a algunos líderes, sobre todo cristianos, que se encierran en un castillo impenetrable que jamás usted puede acercarse para darles un apretón de manos, tomarse una foto con ellos y, mucho menos, sentarse con ellos a platicar, pero Jesucristo, el más grande de todos, siempre tomó tiempo para estar con la gente.

Empezó su ministerio en Judea y allí empezó a ver la mano de Dios sobre su vida, al grado que todos los discípulos que seguían a Juan el Bautista lo empezaron a seguir a Él. Y la multitud se corrió de Juan el Bautista a Jesús, quien ocupó el lugar principal. Y por supuesto, los fariseos  empezaron a crear molestias, se sentían desconcertados, quizá envidiosos, quizás celosos que todo el mundo andaba tras de Jesús. Entonces, dice Juan 4, salió de Judea y se fue para Galilea, pero para pasar de Judea a Galilea tenía que pasar por un pedazo del país llamado Samaria. El problema es que judíos y samaritanos no se llevaban entre sí. Siempre ha habido en el mundo prejuicios raciales, siempre ha habido prejuicios sociales, políticos, económicos. Los judíos preferían pasar  dando una gran vuelta y gastar muchas horas más de camino, en vez de atravesar por Samaria.

Jesús aunque era un hombre joven – 30 años, cuando se es joven se tiene todala fuerza. Setiene energía en abundancia-, se sintió cansado y fatigado. Así que consideren a los que tenemos por lo menos tres veces 30 ó dos veces 30, aveces nos sentimos cansados y fatigados. Tomó la línea recta y atravesó Samaria y cuando llegó a un pozo, dice la Biblia que estaba tan cansado que se sentó y les dijo a sus discípulos – si hubiera sido guatemalteco les hubiera dicho muchá ya me cansé y tengo hambre-: háganme el favor de ir a buscar un sándwich o tal vez, probablemente, les hubiera dicho tráiganme un falafel, es un pan de pita que se come con verduras, tomate, pepino y otros cereales y ahí Jesús les indicó que le fueran a traerle eso, porque ya era casi mediodía, hora de comer. Estaba cansado y se iba a quedar sentado en el pozo. Ahí se quedó el Señor, mientras se fueron los discípulos. Ahí estaba sentado cuando apareció una mujer, creo que debió haber sido una mujer muy atractiva, “sexy”, porque esta mujer, cuenta la historia, que había tenido cinco maridos y el que ahora tenía no era su marido, saber a quién se lo quitó.

Ha de haber sido una mujer atractiva, relativamente joven, y venía con su cántaro para sacar agua del pozo. Cuando Jesús la vio que venía con el cántaro le dijo: Oye, dame de beber. La mujer le dijo y a cuenta de qué. Si tú eres judío y yo soy samaritana y los judíos y  samaritanos no usan nada en común, es decir, el cántaro para el samaritano es para el samaritano, no para el judío. Los judíos eran extremadamente  racistas, no entraban a la casa de ningún gentil, por eso aquel centurión romano le dijo a Jesucristo que no era digno que entrara a su casa, porque sabía que siendo judío no iba a entrar.  Solo di la palabra y mi mozo sanará – le dijo-. Jesucristo rompió esquemas, Jesucristo rompió el prejuicio racial. El precepto rabínico decía: no hables con la mujer en la calle, ni con tu esposa. Cuánto hizo Cristo para que la mujer fuera sacada dela opresión. Graciaa Cristo la mujer ocupa un lugar a la par de dos hombres, usted es hija de Dios, yo soy hijo de Dios y ambos somos herederos del Padre que está en los cielos. Cristo rompió con ese prejuicio y esa opresión que ha habido por siglos en contra de las mujeres.

Hablando con esta mujer hubo un gran diálogo, pasó del tema del agua al tema espiritual. Jesús le dice: Si tú supieras quién te pide agua, tú le pedirías a Él que te diera el agua que da vida y nunca más tendrías sed. Y esta mujer le dijo: y cómo la vas a sacar. No es que así sean todas, pero esta era mera torpe, no entendía que Jesús le estaba hablando no del agua natural, había pasado al campo sobrenatural, le estaba diciendo: Tú eres una mujer sedienta, tú necesitas amor, pero amor de Dios, tú necesitas compañía, pero compañía de Dios, que esté contigo no solo cuando eres joven y atractiva sino cuando ya estés vieja también esté contigo. Y el Señor te puede dar esa satisfacción y quitar la ansiedad, el miedo, el rechazo, el rencor, resentimiento que llevas por dentro, Dios te lo puede quitar. Y esa agua te la puedo dar yo, yo soy el que te puede satisfacer eso.

Y luego la mujer contesta: ustedes dicen que hay que adorar allá en Jerusalén y nosotros decimos que aquí en Samaria. Había un conflicto entre samaritanos y judíos que estos decían que debía hacerse en el templo de Salomón, los samaritanos que en Gerizim y, sin embargo, Jesús le da una gran revelación. Viene la hora, dice, cuando no habrá que adorar ni en Jerusalén, ni en Gerizim, porque Dios es espíritu y si Dios es  espíritu se le puede adorar en cualquier lugar, y por eso ahora en Guatemala también adoramos a Dios y aquí está Dios con nosotros, porque Dios lo que busca es que le adoremos en espíritu y en verdad.

Jesucristo para mostrarle lo que ella era le dice: Ve a llamar a tu esposo, y vuelve acá —le dijo Jesús.  —No tengo esposo —respondió la mujer.  Se hizo la muy soltera en ese momento, no sé si dijo este joven está atractivo, no sé si dijo está guapo, pero le dijo no tengo esposo. Él le dijo —Bien has dicho que no tienes esposo. Es cierto que has tenido cinco, y el que ahora tienes no es tu esposo. ¿Cómo se llamaría el que ahora tiene? ¿Amigo con derecho? ¿Novio, amante? Ahora hay todo tipo de relaciones. Hay muchas maneras de presentar a quien viene con nosotros. Aquí le presento a mi amigo. Les he contado la historia de hace como 30 años cuando en San Cristóbal habíamos pocos, mi casa se hizo hace 34 o 35 años. Estábamos solos, muchos lotes vacíos. Salgo de mi casa en el carro con mi esposa, cruzo la esquina, agarro para arriba y miro a un hermano cantante de la iglesia, casado, con una jovencita que no era su mujer. Me dice mi esposa, no vayas a parar, no vayas a parar. Qué creen que hice. Eso de sujetarse uno a su mujer es difícil, paré, bajé el vidrio y le digo: Oye hermano estás perdido y me dice – fíjate que estoy aquí con mi sobrina buscando al licenciado tal, que tiene un trabajo para ella. – Aquí no vive ese licenciado-. – A muchas gracias-, me contestó. Voy a seguir buscando. Después le fue a contar a su célula: vieran ustedes lo que me pasó, andaba con una mi traida, con una novia, con una mi amiga con derecho, no sé como le llamaría, me encontró el Pastor. El Señor me sorprendió. Lo mismo le pasó a la samaritana, porque Jesús le dijo: Si, no tienes marido, porque cinco has tenido y el que ahora tienes tampoco es tu marido, en ese momento la mujer dijo: —Señor, me doy cuenta de que tú eres profeta—.

Lo que Jesús hizo con la mujer samaritana fue obligarla a verse a sí misma tal y como era. A veces nos cuesta vernos a nosotros mismos tal y como somos, porque una cosa es lo que somos, otra lo que la gente piensa que somos y otro lo que verdaderamente somos. Porque todos aparentamos. Aquí todos se ven puros ángeles, nadie se puede imaginar que aquí está sentado un ladrón, un secuestrador, un violador, un pedófilo, un torturador, un extorsionista. Nadie se puede imaginar eso, aquí cara vemos, pecados desconocemos. Pero saben ¿quién sí sabe de nuestros pecados? Aquel que está allá arriba. El salmista David se espantaba  solo de pensar lo que podía ocurrir en su vida. Dice el Salmo 139 1-4: Señor, tú me examinas, tú me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto;  aun a la distancia me lees el pensamiento. Usted puede encontrarse con un enemigo y hacer todo lo posible por sonreírle, darle la mano y “gusto en verle” y luego se dice: “Cuando se irá a morir este sinvergüenza”. Una cosa es lo que decimos y otra es la que sentimos. Al Señor no lo podemos engañar, conoce nuestro pensamiento. Mis trajines y descansos los conoces;  todos mis caminos te son familiares. No me llega aún la palabra a la lengua  cuando tú, Señor, ya la sabes toda. El Señor conoce su secreto, así que ya no es secreto, porque Dios lo sabe.

El apóstol Pedro cuando conoció a Jesús tuvo un encuentro tan maravilloso, porque había, pasado pescando toda la noche y no podía pescar nada, de pronto el Señor se aparece y le dice: Echen las redes para aquel lado. Y las echaron y tuvieron una pesca tan grande que se rompían las redes. Llegaron de otros barcos a ayudarles a salvar la pesca. Y ¿qué fue lo que hizo Pedro cuándo vio esa majestad de Jesús? Lucas 5:8  dice Al ver esto, Simón Pedro cayó de rodillas delante de Jesús y le dijo: — ¡Apártate de mí, Señor; soy un pecador!  ¡Apártate de mí Señor, son un pecador! Sí, a usted le gustaría hablar con Jesús, los que no sabe es que una vez que usted habla con Jesús usted se va a ver a sí mismo tal y como es. Y ¿cómo somos los seres humanos? ¿Se los digo aquí en secreto? Pecadores. Sí, usted es muy honorable, muy digno, una persona respetable, pero cuando está frente al Señor ¿qué es? Pecador. No nos queda más que reconocerlo, todos los que estamos aquí somos pecadores, pero algunos de nosotros ya hemos sido redimidos por la sangre de Cristo Jesús y por eso estamos acá en calidad de hijo de Dios, Él nos ha perdonado todos nuestros pecados.

La mujer se vio a sí misma. Tenemos que aprender a conocernos. Cuando estamos frente a Cristo conocemos la verdad de nosotros. Dice la mitología griega que cuando el hombre fue creado le pusieron dos alforjas con los defectos ajenos y con los propios. Solo que la bolsa que lleva los defectos ajenos está en el frente y la que va en la espalda lleva los defectos propios, por eso es más fácil ver los defectos y los pecados ajenos, que los defectos y los pecados propios. Es  más fácil señalar a una persona y se nos olvida que hay tres dedos señalándonos a nosotros. Jesús le dijo a la multitud cuando estaba frente a la mujer adúltera y querían lapidarla: El que se encuentre sin pecado, que tire la primera piedra. Y uno a uno fueron botando las piedras y se fueron retirando, ¿por qué? Porque todos tenemos pecados.

Se cuenta que una vez una niña escuchó un sermón y al finalizar le susurró a su madre: “Mama, y como sabe el predicador lo que pasa en casa”. ¿No le ha ocurrido a usted eso? A mí me han dicho personas: fíjese que vino mi marido por primera vez a la iglesia y estaba sentado. En eso me dijo: por qué le contaste mi vida al pastor. Te lo prometo, le dijo ella, que yo no se lo he contado. Es que la Palabra de Dios es viva y eficaz  y más cortante que toda espada de dos filos que penetra hasta lo más hondo del alma. La Palabra de Dios es como un espejo que se nos pone enfrente y empezamos a vernos frente al Señor, frente a la majestuosidad, la gloria y la santidad del Señor. Nos tenemos que ver a nosotros mismos como somos: pecadores.

No se trata de que Jesús vea solo lo malo. Jesús no anda con un dedo señalando a todo el mundo y diciendo fornicario, adúltero, asesino, mentiroso. No, no es esa la función de nuestro Señor. No solo está viendo que hay de malo en el corazón de la mujer samaritana, también ve a la heroína que está adentro de la mujer samaritana. Jesús vio el pecado que había en ella, pero también vio que en ella había el potencial de una mujer que se iba a convertir en predicadora del Evangelio, en evangelista que iba a llevar el mensaje de Cristo a mucha gente. Y cuando el Señor nos ve, no solamente ve lo malo que tenemos. Porque un líder siempre ve el potencial en cada cual y cuando Jesús nos ve, ve en nosotros el potencial. No solo ve quizás a un niño malcriado, rebelde que está creciendo, sino ve que ese niño malcriado rebelde se puede convertir en un servidor en la iglesia, en un maestro en la Zona de Campeones, que puede convertirse en un líder de célula, que puede convertirse en un líder de alabanza y Dios nos levanta para ser instrumento de bien.

El primer instinto de la mujer samaritana fue compartir su descubrimiento, y la vida cristiana se basa en los pilares gemelos del descubrimiento y la comunicación, por eso leemos en Juan 4:27 En esto llegaron sus discípulos y se sorprendieron de verlo hablando con una mujer – Si hubiera sido de Guatemala o México habrían dicho qué onda mano, qué está haciendo Jesús ahí, por qué está hablando con esta chava, qué se traen entre manos- , aunque ninguno le preguntó: «¿Qué pretendes?» o «¿De qué hablas con ella?»  La mujer dejó su cántaro, volvió al pueblo y le decía a la gente:
—Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Cristo? Salieron del pueblo y fueron a ver a Jesús.
Del pozo de Jacob a Sicar había un kilómetro, esta mujer dejó su cántaro en el pozo y se fue corriendo y cuando llegó a Sicar ¿cómo le dijo a la gente? No sé, pero le dijo a todos he encontrado a un hombre y los mal pensados dijeron, ahora viene el séptimo. Pero no, les dijo he encontrado a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho, ¿creen que en el pueblo sabían lo que había hecho la señora? En el barrio saben quién es la chismosa, saben quién es  la malhablada, saben quién es la mala paga, saben quién es la regalada. Todo se sabe en el pueblo. Les fue a decir a todos, este hombre me ha dicho todo lo que he hecho. Y les hizo una pregunta ¿Será este el Cristo? Y todos dijeron ¡Ah yo creo que si! Para que haya  demostrado todo lo que tú eres. Y se fueron todos a buscar a Jesús caminando un kilómetro y este mismo deseo de contar su descubrimiento a otros mató el sentimiento de vergüenza humana que experimentaba la mujer.

Seguro que esta mujer iba a traer agua al pozo al mediodía cuando había más calor en esa parte de Palestina, porque a la hora en la que iban todas las señoras, la  hora fresca, ella no se sentía cómoda, porque todos la señalaban, todos la criticaban. Ella había dado lugar para que así fuera, pero esta mujer que estaba triste y avergonzada de su vida perdió la vergüenza. Cuando Cristo entra al corazón de una mujer pecadora y de un hombre pecador y los transforma no nos da vergüenza decirle a todos los demás: yo antes era ciego, pero ahora veo. Yo antes era borracho, pero ahora soy sobrio. Yo antes era ladrón, pero ahora soy honrado. Yo antes era adicto a las drogas, pero ahora no lo soy. Y ese amor a Dios no permite jamás avergonzarnos de Dios. Yo quiero decirle algo: nunca se avergüence de su fe en el Señor, nunca se avergüence, así le toque estar frente a presidentes, frente a multimillonarios, frente a gente muy famosa, frente a quien sea, yo puedo decir como Pablo: No me avergüenzo del Evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, primero al judío y también al gentil.

Ningún país va a experimentar un cambio verdadero, si Dios no hace el cambio en el corazón de la gente. Solo cuando Dios transforma a una persona, esta persona empieza a amar a Dios y a respetar al hombre. Por eso tenemos que dar testimonio. Y ¿cómo es dar testimonio? Como esta mujer samaritana, a decirle a los que nos conocen: estuve hablando con Cristo, tuve un encuentro personal con Cristo, Él cambió mi vida. Ustedes saben que yo era así, asá, de esta manera, pero Dios me ha cambiado. La gente está sedienta del agua que da vida y cuando usted toma del agua que da vida debe llevar a la gente a ese mismo lugar, para que tome de la misma agua.

El diccionario define un testimonio como una declaración en la que se afirma o asegura una cosa. Cuente su testimonio, la Biblia dice en Hechos 1:8 “Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos”.  Nosotros tenemos que dar testimonio de lo que el Señor ha hecho con Su poder en nuestra vida. Para preparar su testimonio y elaborarlo con claridad déjeme darle tres preguntas. La primera es ¿cómo era mi vida sin Cristo? Usted sabe cómo era su vida sin Cristo, vivía ansioso, temeroso, insatisfecho, lleno de rencores, lleno de temores, de resentimientos, de tristeza, de dolores. Sin Cristo nuestra vida estaba condenada al fracaso, aunque tuviéramos materialmente todo lo necesario.

La segunda  pregunta ¿cómo conocí a Jesús como mi Señor y Salvador? Cuénteles. A mi me han contado que estaba en su carro manejando y de repente oyó un programa de radio que yo estaba dando y cuando hice el llamado a la conversión y que recibieran a Jesús como su Salvador, lo hizo. Me cuenta que “vivía triste,  sola, desamparada, pero ahí paré mi carro y entregué mi vida a Cristo y luego decidí venir a la Fráter y aquí estoy ahora, ya tomé la Facultad de Liderazgo, estoy sirviendo, estoy trabajando”. Cuente cómo se encontró con Cristo Jesús. Hay un anciano en la iglesia que un día le pregunté, hace muchos años, cómo había venido a la Fráter y me dice que veía las cápsulas en Canal 5 de televisión que yo sacaba, estamos hablando de 1979. Se dijo que quería ir ahí donde estaba predicando ese pastor. Se convirtió y aquí está. Es un anciano de la iglesia, de repente lo bautizó a usted, se llama Mario Soto, tiene un buen brazo para bautizar, flacos y gordo los bautiza él. ¿Cómo conocí a Cristo? Cuente.

La tercera pregunta es ¿Cómo es mi vida con Cristo?  No necesita tener un testimonio como el de la samaritana, usted no tiene que decir que tuvo cinco maridos. Y “el que ahora tengo no es mi marido”.  No todos  tenemos un testimonio así tan impactante. Yo  tenía, quizás unos 8 o 9 años, cuando vi un 15 de septiembre, por la tarde, entrar en la iglesia a un hombre que era borracho, charamilero, todo sucio, todo hediondo. Él cuenta que esa tarde iba caminando por la vía del ferrocarril esperando encontrarse con el tren para quitarse la vida, atrás iba su mamá, más borracha que él. Los dos entraron a la iglesia y ahí se convirtieron a Cristo y lo declararon como su Señor y Salvador personal, luego se fue a preparar a la Escuela Bíblicay ese hombre, Ramón Julio Avilés se convirtió en el pastor de la iglesia El CalvarioCentral y fue mi pastor cuando yo era un jovencito. Y un día caminando de la iglesia para su casa, porque vivía  tan cerca de la iglesia y tan cerca de mi casa que a veces lo acompañaba de la iglesia a su casa y platicando con él le decía: pastor, yo quisiera tener un testimonio como el suyo, es impresionante, cuando empieza a contar de sus borracheras y que se quedaba tirado orinado y vomitado, y ahora lo ven todos bien trajeado y predicando. El suyo es testimonio. Y me dijo: No Jorgito, ese no es el testimonio que deseas tener, tenés que darle gracia a Dios que has crecido en la vida cristiana, porque dice la Escritura en el Salmo 1: Dichoso el hombre que no anduvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores, se ha sentado antes en la ley, en el Señor está su delicia y en su ley medita de día y de noche.

Joven y señorita, si usted tuvo la dicha que yo tuve de nacer en una familia cristiana y crecer en la vida cristiana, no quiere decir que usted no sea pecador, todos tenemos nuestros  grandes pecadotes, pero no vamos a poder contar un testimonio de esos como el de Nicky Cruz, ¿leyó el libro La Cruz y el Puñal? Testimonio que impactó a todo el mundo, pero el testimonio debe ser auténtico, breve y cristocéntrico. Ese es el ABC del testimonio. Nicky Cruz fue un hombre muy famoso, por acá apareció un predicador puertorriqueño pretendiendo ser el amigo suyo, se llama Israel, y todas la gente ahí, la tenia impresionada, pero algo en el espíritu me decía que era un farsante. El tiempo me lo demostró, porque a los dos años apareció el verdadero Israel Narváez, amigo de Nicky, y me lo ofrecieron para dar su testimonio en la Fráter y lo invité, todos con la boca abierta, porque este sí era, el otro pretendía ser. Usted no necesita dar un testimonio ajeno, dé su testimonio, cuente lo que Dios ha hecho en su vida y Dios le va a respaldar con eso.

Pero dice el versículo 31 en adelante algo más, recuerden que Jesús estaba cansado y tenía hambre, dice que Mientras tanto, sus discípulos le insistían: —Rabí, come algo. -. Se le fue hasta ele hambre a Jesús de estar hablando con esta mujer samaritana-  —Yo tengo un alimento que ustedes no conocen —replicó él. A la samaritana le dijo. Yo tengo un agua que tú no conoces y a los discípulos les dijo: Yo tengo un alimento que ustedes no conocen. « ¿Le habrán traído algo de comer?», comentaban entre sí los discípulos. —Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra —les dijo Jesús—. ¡Qué maravilloso! Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra. La clave suprema de la vida de Jesús es la sumisión a la voluntad de Dios. El cuarto Evangelio nos muestra a Jesús diciendo no menos de 44 veces que fue enviado por Dios. Jesús era alguien que obedecía órdenes, por eso dice: “Mi alimento es hacer la voluntad de Dios y que acabe su obra”. Imagínese usted que su esposa le dijera: mi cielo, mi alimento es hacer tu voluntad y acabar tu obra. Pareciera misión imposible, pero la Escritura dice: esposas sujétense a sus esposos como el Señor. Así que más vale que se vaya poniendo seria y aceptar que debe someterse a su marido, por lo menos dígale a dónde va, cuánto gana y por qué lo deja a él cuidando a los hijos. Sométase.

Padres, cómo no quisiéramos tener hijos que nos dijeran: Papi, mi alimento  es hacer tu voluntad y acabar tu obra, qué diéramos nosotros por tener hijos que van al colegio, regresan del colegio, hacen sus tareas, sacan solo de 90 a 100 todo el tiempo, son muchachos tipo A, por qué, porque ellos quieren hacer la voluntad de su papá. Qué dieran los gobiernos por tener ciudadanos que dijeran: mi alimento es hacer  la voluntad suya. No, todos acá somos tendientes a ser rebeldes. Si nos dice  el jefe: mire, vaya a tal parte, haga tal cosa, nos vamos refunfuñando y si  es visitador médico tomando café en un restaurante de comida rápida se la pasa, si es vendedor está también desayunando en vez de hacer su trabajo. Jesucristo reconocía que el vivía para hacer la voluntad de su padre.

Juan 6:38 dice, Porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad sino la del que me envió. Todos nosotros cristianos estamos aquí en la Tierra, no para hacer nuestra voluntad sino la voluntad del que me envió, del Padre nuestro. Cuando entendamos claramente que esa es la razón de nuestra vida, no nos va costar obedecer al Señor. Juan 8:29 dice: El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque siempre hago lo que le agrada. Juan 14:23 dice: Le contestó Jesús: —El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará. La única prueba de amor es la obediencia de los mandamientos de aquel a quien se dice amar. Termino leyendo el 35-38 que dice  ¿No dicen ustedes: “Todavía faltan cuatro meses para la cosecha”? Yo les digo: ¡Abran los ojos y miren los campos sembrados! Ya la cosecha está madura; ya el segador recibe su salario y recoge el fruto para vida eterna. Ahora tanto el sembrador como el segador se alegran juntos. Porque como dice el refrán: Uno es el que siembra y otro el que cosecha.”  Yo los he enviado a ustedes a cosechar lo que no les costó ningún trabajo. Otros se han fatigado trabajando, y ustedes han cosechado el fruto de ese trabajo.

Todo lo que estaba sucediendo en Samaria le había sugerido a Jesús la visión de un mundo que había que cosechar para Dios. En Samaria hay una cosecha que está lista para segar ahora. El trigo tardaba cuatro meses para crecer y ser cosechado, pero Jesús le habló a la mujer al mediodía y por la tarde se estaba haciendo una gran cosecha de almas para el reino de Dios. Jesús estaba pensando en el contraste entre la naturaleza y la gracia. En la cosecha común, los hombres sembraban y esperaban. En Samaria las cosas habían sucedido con tan divina celeridad que apenas fue sembrada la Palabra y la siega ya estaba esperando.

Y empezaron a correr por los caminos las gentes de Sicar. Jesús veía a la gente caminando con sus batas blancas, yendo con sus túnicas blancas hacia el maestro y conforme venían subiendo, Jesús decía: la cosecha está lista. Los discípulos no entendían otra vez como la Samaritana entendió al principios lo del agua que da vida, como los discípulos no entendieron al principio que el alimento del que hablaba era la obediencia al Señor, ahora tampoco entendían de qué cosecha estaba hablando. No se miraba trigo listo para cosechar, pero Jesús veía a la gente caminando hacia Él, con corazón sediento para ser transformados. Hermanos, la gente  está lista para entregar su vida a Cristo, pero nosotros tenemos que ir hablar de Cristo a la gente. No callemos más, contemos lo que Él ha hecho con nosotros.

El Salmo 126:5-6 dice: El que con lágrimas siembra, con regocijo cosecha. El que llorando esparce la semilla, cantando recoge sus gavillas. A veces compartir de Cristo cuesta, como cuesta sembrar en la tierra. No es fácil, hay que sudar, hay que trabajar, hay que sufrir. A veces pasar hambre, pasar sed, sembrar el Evangelio a veces cuesta un poco de rechazo y de incomprensión, un poco de ofensas tal vez y sobre todo mucha paciencia, porque a veces usted siembra la Palabra y no ve el fruto pronto, por eso Jesús le dice a sus discípulos ustedes van a ver la cosecha de almas, ustedes no han hecho nada para lograrlo, pero muchos profetas antes predicaron el evangelio, derramaron la sangre de su vidas para que esto venga al conocimiento de Cristo y yo también estoy aquí para entregar mi vida para salvar a estos pecadores. Ninguna tarea hecha en su nombre fracasa jamás, el trabajo en la obra del Señor nunca es en vano. Si nosotros no vemos los frutos de nuestras obras jamás nos desanimemos, la siembra no será en vano, no se desperdiciará la semilla, otros verán la cosecha que a nosotros no se nos ha dado ver. En la vida cristiana no hay lugar para la desesperación.

Concluyo con lo que dice Romanos 10:8-15: ¿Qué afirma entonces? «La palabra está cerca de ti; la tienes en la boca y en el corazón.» Ésta es la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo. Así dice la Escritura: «Todo el que confíe en él no será jamás defraudado.» No hay diferencia entre judíos y gentiles, pues el mismo Señor es Señor de todos y bendice abundantemente a cuantos lo invocan, porque «todo el que invoque el nombre del Señor será salvo».  Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique? ¿Y quién predicará sin ser enviado? Así está escrito: « ¡Qué hermoso es recibir al mensajero que trae buenas nuevas!»

Así que la fe da como resultado oír el mensaje y el mensaje que se oye es la Palabra de Cristo. ¿Cuántos quieren compartir el mensaje de Cristo, lo que Dios ha hecho en sus vidas y contárselo a otros?

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…