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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

La mayoría de nosotros hemos tenido primos que han nacido en nuestra época. Crecemos juntos, juntos vamos a la escuela, juntos hacemos deporte, travesuras juntos. Vamos creciendo. Treinta años después ya nos vemos adultos y vemos que cada uno ha tomado un camino muy propio, se hay desarrollado en las artes, se ha desarrollado en la política, en la ciencia, en la academia, en los deportes. En la Biblia tenemos el caso de dos primos que nacieron con seis meses de diferencia, apenas se llevaban seis meses de edad. Y estos dos primos fueron precisamente Juan el Bautista y Jesús, ambos descollaron en su ministerio, ambos se convirtieron en personajes de primeras planas.

Juan el Bautista cautivó la atención de las multitudes con su estilo muy peculiar de predicar un mensaje de desafío, de confrontación diciéndole a la gente que se arrepintiera de sus pecados, que se bautizara en agua. A los soldados les decía: confórmense con su sueldo, no pidan sobornos, no estén extorsionando a nadie.

El mensaje de Juan el Bautista fue tan peculiar que terminó degollado, le quitaron la cabeza por desafiar a Herodes, quien vivía en una situación de adulterio. Así que cuando Juan estaba ya en la época del bautismo, que estaba practicando en el río Jordán, entre las multitudes que venían, apareció el otro primo, el primo de quien él no se imaginaba lo que iría a ser, pero en medio de ese bautismo en agua, cuando estaba tomando a Jesús y bautizándolo vio que se abrió el cielo y se oyó la voz que dijo: “Este es mi hijo amado, estoy complacido con él”. Al recibir este mensaje, se quedó sorprendido.

Juan -el evangelista- presentó a Jesús en 1:29 de esta manera: Al día siguiente Juan (el bautista) vio a Jesús que se acercaba a él, y dijo: « ¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! Fue una presentación extraordinaria. De pronto se da cuenta que su primo hermano es el Cordero de Dios, no es cualquier persona, es una persona que viene representando a Dios mismo aquí en la tierra, y que ya viene con el adjetivo calificativo que le hace de “Cordero de Dios”, y que viene ya con un destino y el destino es ser sacrificado. El propósito de crear tantos miles de corderos, en Israel, era porque estaban destinados al sacrificio, por supuesto, los corderos son animalitos muy, muy querendones. Usted ve al hijo de una oveja y lo empieza a acariciar y usted se encanta con el animalito, le van a dar ganas de tenerlo como mascota y llevarlo a la cama, y estar abrazadito, sobándole su piel que es tan lanuda y con el frío que está haciendo va a entrar en calor. Esos corderos captaban el cariño de la gente.

La  palabra  “cordero”, por supuesto, es posible que haya hecho pensar a Juan el Bautista en el cordero pascual. El cordero que se había sacrificado en Egipto cuando Moisés recibió instrucciones de Dios para decirle al pueblo de Israel: Esta noche vamos a salir de Egipto, pero es importante que usted con la familia entera sacrifique a un cordero. Tome la sangre de ese cordero, póngala en el dintel, y en los postes de la puerta y los primogénitos que queden adentro de la puerta protegidos por esa señal de la sangre no morirán cuando yo pase y mate a todos los primogénitos.

La instrucción recibida fue  que hicieran esto todo el tiempo. Allá en Éxodo 29:38-42 leemos estas palabras: »Todos los días ofrecerás sobre el altar dos corderos de un año. Al despuntar el día, ofrecerás uno de ellos, y al caer la tarde, el otro. Con el primer cordero ofrecerás, como ofrenda de libación, dos kilos de harina fina mezclada con un litro de aceite de oliva, y un litro de vino. El otro cordero lo sacrificarás al caer la tarde, como ofrenda presentada por fuego de aroma grato al Señor, junto con una ofrenda de libación como la presentada en la mañana. »Las generaciones futuras deberán ofrecer siempre este holocausto al Señor. Lo harán a la entrada de la Tienda de reunión, donde yo me reuniré contigo y te hablaré.

Así que el pueblo de Israel sale de la esclavitud después de 430 años y lo primero que hacen, la noche de su salida, es sacrificar el cordero. Al Señor hay que darle lo mejor, lo perfecto, lo mejor que tenemos. El Señor merece siempre lo mejor. No deje para Dios lo peor, déle al Señor siempre lo mejor, y por eso el cordero es una  figura de Jesucristo: un hombre intachable, un hombre recto, un hombre sin pecado, cordero sin defecto, un cabrito de un año. Así que cordero o cabrito,  pero la figura que usa Juan el Bautista para describir y presentar a Jesús es el Cordero de Dios. El cordero ofrecía protección. Éxodo 12:12-13 dice: »Esa misma noche pasaré por todo Egipto y heriré de muerte a todos los primogénitos, tanto de personas como de animales, y ejecutaré mi sentencia contra todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre servirá para señalar las casas donde ustedes se encuentren, pues al verla pasaré de largo. Así, cuando hiera yo de muerte a los egipcios, no los tocará a ustedes ninguna plaga destructora. El Señor cuando protege a su pueblo lo libra de las plagas destructoras.

Juan el Bautista creció en una familia sacerdotal, por lo tanto era sacerdote, usted no podía ser sacerdote en Israel, a menos que fuera descendiente de una familia sacerdotal y Juan el Bautista era sacerdote, él sabía lo que su papá hacía, él. Sabía cómo se sacrificaba un cordero temprano por la mañana y otro por la tarde. Para él era muy fácil entender esta práctica, y esta práctica  se hacía en el templo de Jerusalén aún en tiempos de hambre, aún en tiempos de guerra, cuando había escasez también se sacrificaba a los corderos. No se dejaba de ofrendar al Señor, aún en tiempos de escasez, de guerra o tribulación porque eso era vital para la expiación de los pecados. Recuerde que la Escritura dice: Sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados.

¿Cuándo terminó esta práctica cotidiana de sacrificar corderos? En el año 70 d.C. cuando el templo de Jerusalén fue destruido, allí paró la práctica cotidiana del sacrificio de los corderos. Juan sabía que se necesitaba un sacrificio. Así como el cordero moría en lugar del primogénito para darle vida en Éxodo y moría todos los días en Jerusalén para darle perdón al pueblo de Israel. Cristo Jesús murió por nuestros pecados, para darnos vida y vida eterna, una vida libre de condenación. Por eso que Juan el Bautista describe a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Ya otros profetas como Jeremías e Isaías habían vislumbrado a Jesús como el Cordero de Dios.

En Isaías 53:7, por ejemplo, leemos: Maltratado y humillado, ni siquiera abrió su boca;  como cordero, fue llevado al matadero;  como oveja, enmudeció ante su trasquilador.  Este es el lado del cordero humilde, este es el lado del cordero amable, sencillo que perdona. Juan el Bautista presentó a Jesús como Dios, después que Juan el Bautista declaró que Jesús era el Cordero de Dios que quitaba el pecado del mundo, da testimonio de que Jesús es Dios. Aquel de quien habló antes tal y como leemos en Juan, 1:30 dice: De éste hablaba yo cuando dije: “Después de mí viene un hombre que es superior a mí, porque existía antes que yo. Juan 1:1 comienza diciendo: En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Y ahora Juan el Bautista dice Después de mí viene un hombre que es superior a mí, porque existía antes que yo. Ya hablamos antes del carácter noble, humilde, correcto de Juan el Bautista, porque aquí hay dos Juanes, Juan, el evangelista quien escribe la historia, y Juan el Bautista quien relata el bautismo de Jesús. Dice en 31-34  Yo ni siquiera lo conocía, pero, para que él se revelara al pueblo de Israel, vine bautizando con agua.»  Juan declaró: «Vi al Espíritu descender del cielo como una paloma y permanecer sobre él. Yo mismo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas que el Espíritu desciende y permanece, es el que bautiza con el Espíritu Santo.” Yo lo he visto y por eso testifico que éste es el Hijo de Dios. Juan el Bautista vio cuando el Espíritu Santo descendió sobre Jesús. Recuerden que antes de Jesús, el Espíritu Santo solamente descendía sobre una persona, a la vez daba la Palabra, daba el mensaje,  hacía el milagro y luego se levantaba. Nadie tenía la presencia del Espíritu Santo permanentemente, excepto Jesús.

Cuando vino el Espíritu Santo sobre Jesús Él mismo da testimonio y dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido, para dar buenas nuevas a los pobres, para sanar a los enfermos, para consolar a los quebrantados de corazón, para dar vista a los ciegos, para anunciar el año agradable del Señor”. Jesús comprende que está lleno del Espíritu Santo y Juan lo vio cuando eso comenzó. Por eso declara que Jesús es Dios, que Jesús es superior a él, aunque Juan es más viejo, que empezó primero el ministerio, aunque era el primero que tenía las cámaras encendidas sobre su rostro y las primeras planas de su época reconoce que Jesús es superior. Conocía a Jesús, ya que sus mamás eran parientes, según Lucas 1:36, pero supo que era el Cristo hasta el día del bautismo. Juan confirma el testimonio como testigo ocular, por eso Juan el evangelista –que escribe el Evangelio- no solamente cuenta la historia de Juan el Bautista sino da al final, en Juan 20:30-31, por el cual se escribió este Evangelio, dice: Jesús hizo muchas otras señales milagrosas en presencia de sus discípulos, las cuales no están registradas en este libro. Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida.

Todo el propósito del Evangelio es que usted y yo creamos que Jesús es el Cristo, el Ungido, el Mesías, el Hijo de Dios y  al creer en Él tengamos vida. Es triste que muchas personas se pierdan el verdadero deleite de la vida y conocer lo que es amar y ser amados por Dios, y todo ¿por qué? Por su incredulidad, no creen que Jesús sea Dios, y por lo tanto se sacrifican al no conocer el amor de Dios en sus vidas. Dios nos habla constantemente y por medio del libro que Juan el Evangelista escribió, con el propósito específico que creamos que Jesús es el  Hijo de Dios. Todo el propósito del libro de Juan es que nosotros creamos que Jesús es Dios, que Jesús  es nuestro Salvador. Y si nosotros no ponemos en práctica  eso, vamos a sufrir las consecuencias y un día estaremos separados eternamente de Dios.

La santidad no es teórica es práctica. La teoría que oímos aquí en  la iglesia, es decir, la prédica que oímos aquí en la iglesia, tenemos que ponerla en práctica hoy, mañana y todos los días allá en la casa, en el negocio que tenemos, allá en el trabajo que desempeñamos, en la función pública que desempañamos. La santidad es práctica. Este es un mal que experimentamos los seres humanos: sabemos lo que es bueno, pero muchas veces no lo hacemos. Sabemos que hay que hacer ejercicio, pero no lo hacemos. Yo les he recomendado muchas veces que si de veras quiere bajar de peso y evitar las frituras, el primer ejercicio que tiene que aprender hacer es alejar el plato, pero además viene el médico y le dice que es bueno que camine. Todos los que estamos aquí podemos dar sendas conferencias de caminar, de hacer ejercicio, pero del dicho al hecho, hay mucho trecho.

Yo no estoy en contra de que a usted le hagan una liposucción, que se la hagan, nada más entre en paz con el Señor, podría ser la última que le hagan. Yo no estoy en contra de que usted baje de peso con un montón de medicinas y cosas, pero lo mejor sería que usted haga ejercicio y coma menos. Todos los que aquí estamos sabemos lo bueno que hay que hacer. Todos sabemos que cuando el semáforo está en rojo tenemos que meter freno y esperar, ¿qué hacemos cuando llevamos prisa? Nos pasamos aunque sea en anaranjadito, porque una cosa es saber hacer lo bueno y otra es hacerlo.

Sabemos que es bueno dormir ocho horas pero ¿lo hacemos? No importa la edad, los viejos también tenemos que dormir, a sí que a dormir se ha dicho. ¿Por qué tiene que esperar las noticias de las 11 o 12 de la noche? Mire las de las 6. Es importante descasar. Sabemos que hay que gastar menos de lo que ganamos, pero, ojalá que usted no se haya matado el aguinaldo y deba hasta abril. Tenemos que aprender a gastar menos de lo que ganamos, pero una cosa es saberlo y otra es hacerlo. Le recomiendo el libro “Fórmulas Bíblicas para Prosperar”, adquiéralo, léalo pero no basta solo con leerlo sino lo importante es ponerlo en práctica.

Sabemos que no debemos ser chismosos, ¿pero lo hacemos? Les he contado la historia de aquel que se fue con sus compañeros pastores a un retiro donde el Señor lo redarguyó y abrió su corazón y dijo: Hermanos, yo quiero confesarles que estoy arrepentido, pero mi problema son las faldas. Yo no puedo ver a una hermana, porque me voy de boca, oren por mí. El otro dice: mi problema es que a mí me gusta el trago y yo chupo todos los días en mi casa. El tercero no decía nada y le dijeron, bueno y ¿cuál es tu problema? Yo no hayo la horas para irme a mi casa –dijo- . ¿Por qué? Mi problema es el chisme.

Santiago 1.22 dice: No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica. Verdaderamente entregar su vida a Jesús requiere tomar su cruz y seguirle.  Si no tomamos la cruz y le seguimos, sin ella,  solamente somos teóricos de la fe, pero no discípulos de Jesús. Aquel que es feliz asistiendo a la congregación asintiendo con la cabeza todo lo que se predica, pero sale a ser el mismo y a comportarse como alguien que desconoce de Dios y de su plan perfecto, solo se engaña a sí mismo.

Ahora, les decía, el Cordero de Dios tiene otra imagen. No solo la imagen del humilde, del que enmudece ante los trasquiladores, tiene también la imagen del Conquistador. Entre el Antiguo y Nuevo Testamento se sucedieron las grandes luchas, en las que los Macabeos pelearon, murieron y vencieron. En esos tiempos el cordero, especialmente el cordero con cuernos era el símbolo de un gran conquistador, así es como se describe a Judas Macabeo, a Samuel, a David y a Salomón. El cordero por más raro que nos resulte, representaba al que conquistaba en nombre de Dios, y por eso el autor de Apocalipsis menciona la palabra “cordero” 29 veces, porque ahí ya está el Cordero de Dios, no en calidad de sacrificio sino en calidad de conquistador: el que venció a la muerte, el que venció al diablo, el que venció al pecado, aquel que es Rey de reyes y Señor de señores, nuestro Señor Jesucristo.

Una de esas citas dice en Apocalipsis 5: “Y oí a cuanta criatura hay en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra y en el mar, a todos en la creación, que cantaban: «¡Al que está sentado en el trono y al Cordero, sean la alabanza y la honra, la gloria y el poder,  por los siglos de los siglos!»

Démosle al Señor la gloria, la honra, la alabanza, porque Él es digno de todo honor. Bendito sea su nombre

 

 

 

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