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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Uno de los viajes más memorables que he realizado fue a Israel. He tenido la oportunidad de estar ahí en seis ocasiones y en cada una de ellas he tenido también la bendición de poder bautizar en agua, en el río Jordán, ha algunas personas que me han acompañado. Ser bautizado en el río Jordán es privilegio de pocos, es en ese río donde Juan el Bautista apareció bautizando en agua a multitudes, sobre todo a judíos y algunos que no lo eran, pero cabe resaltar que la mayoría -en ese entonces- eran judíos y al acercarse al bautismo se arrepentían de sus pecados, Juan les decía arrepiéntanse, bautícense y podrán entrar al reino de los cielos. El bautismo, en ese entonces, era un acto de purificación. La gente entraba al agua y salía de ella purificada.

El mensaje de Juan el bautista era un mensaje radical, le decía a los soldados que se conformaran con su salario, no estén extorsionando a nadie. Era un mensaje fuerte, radical, esto llamó la atención de los sacerdotes y levitas de la época, porque se estaban bautizando muchos judíos, usted recordará que eran el pueblo escogido de Dios y al ser ellos el pueblo escogido de Dios no necesitaban purificarse con el agua, ellos no necesitan el bautismo para entrar en el reino de Dios, porque ya estaban en el reino de Dios, según lo habían entendido. Y ¿cómo era eso que se estuvieran bautizando un montón de judíos? Esto vino a causar controversia en todo Israel, miraban a Juan el Bautista como un predicador totalmente excéntrico, para empezar su vestuario era extraño, piel de camello, estaba vestido algo raro, un poco excéntrico. Su dieta era vegetariana y algunos piensan que Juan el Bautista estaba fuertemente influenciado por un grupo llamado “los esenios” que vivían en el desierto, que se dedicaban a la búsqueda de la verdad. Sostenían que había dos fuerzas en este mundo: la fuerza de la luz y la fuerza de las tinieblas. Y ellos eran los que buscaban la luz y se dedicaban a escribir los tratados bíblicos del Antiguo Testamento.

Así que al ver a las multitudes que llegaban con Juan y que se bautizaban  y que, según los sacerdotes, sin necesidad, porque ya eran puros, enviaron una delegación a averiguar de ¿qué se trataba? ¿Quién es este que está movilizando a tanta gente? ¿Quién es este? Y por eso en Juan 1:19-21 leemos: Éste es el testimonio de Juan cuando los judíos de Jerusalén enviaron sacerdotes y levitas a preguntarle quién era. No se negó a declararlo, sino que confesó con franqueza: —Yo no soy el Cristo. — ¿Quién eres entonces? —le preguntaron—. ¿Acaso eres Elías? —No lo soy. — ¿Eres el profeta?    —No lo soy.

Los sacerdotes que representaban  a las autoridades teológicas de Israel y los levitas que eran los encargados de los rituales y de los servicios en el templo fueron a hacerle estas preguntas a Juan el Bautista, y cuando lo vieron desde la perspectiva judía dijeron a lo mejor este es el Cristo. Recuerden que Israel estaba en una terrible opresión del Imperio Romano. Ellos que habían recibido la profecía de que vendría el Mesías, el libertador de Israel, el ungido de Dios, el nombrado para traerles una época dorada de libertad, de dominio, de gloria. Dijeron a lo mejor este es el Cristo, vamos a averiguar y le preguntaron ¿Eres tú el Cristo? Y les contestó: Yo no soy el Cristo. Cristo en hebreo es el equivalente en griego a Mesías. Él sería nombrado para salvar al mundo de sus pecados y libertar a los cautivos.

Por eso cuando Jesucristo se presenta  en la sinagoga después de haber estado en el desierto por cuarenta días, dice: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres, para dar libertad a los cautivos, para dar vista a los ciegos, para sanar a los oprimidos de corazón. Por eso dice Juan, yo no soy el Cristo que los va a libertar, yo solamente estoy anunciado que viene un Cristo, pero también responde: Yo no soy el profeta Elías. En el Antiguo Testamento, en Malaquías 4:5-6 leemos »Estoy por enviarles al profeta Elías antes que llegue el día del Señor, día grande y terrible. Él hará que los padres se reconcilien con sus hijos y los hijos con sus padres, y así no vendré a herir la tierra con destrucción total.»

La gente desde Malaquías hasta Juan no habían tenido profeta, pero habían recibido la profecía que está escrita en Malaquías que antes de la venida del Señor vendría el profeta Elías con ese mensaje de reconciliación y restauración familiar, pero Juan dice: Tampoco soy el profeta Elías, no soy el Cristo, no soy Elías. — ¿Entonces quién eres? Porque también existía la posibilidad de que fuera un farsante, existía la posibilidad de que fuera una persona falsa, un profeta  falso, dice en Juan 1:22  ¡Tenemos que llevar una respuesta a los que nos enviaron! ¿Cómo te ves a ti mismo? En versiones más arcaicas comos la del 60 dice: Y que Dices de ti mismo. ¿Cómo te ves a ti mismo?

Desconcertados y ante la presión que tenían de llevar una respuesta a los judíos que los enviaron, le hicieron la pregunta ¿quién eres?

Si a usted le hacemos hoy esa pregunta ¿Quién eres? ¿Cuál será su respuesta? La identidad personal es importante, una persona insegura no sabe quién es, no sabe quiénes son sus padres, no sabe cuál es su misión en esta tierra, no sabe cuál es su llamado, su vocación, no sabe cuál es su nombre, no tiene identidad. Todo ser humano necesita identidad, por eso es que se han creado los registros civiles, para documentar a cada uno con sus papeles que le dan identidad y cada niño que nace tiene que ser “asentado”, para que quede constancia de quién es, quiénes son sus padres, cuál es su familia, cuál es su apellido, quién es.

¿Cómo te ves a ti mismo? Porque una cosa es lo que la gente piensa que somos, otra cosa es lo que aparentamos ser y otra cosa es lo que realmente somos. Por eso cuando le preguntan a Juan ¿Cómo te ves a ti mismo? ¿Cuál  es realmente tu carácter? ¿Tu conducta, tu personalidad? ¿Cómo te ves a ti mismo? A usted le pregunto ¿Cómo te ves a ti mismo? Porque una cosa es lo que la gente dice que somos, otra cosa es lo que la gente describe lo que somos, pero otra cosa es lo que verdaderamente somos.

De la respuesta a esta pregunta depende nuestra conducta ¿cómo me veo, cómo soy? Los estudiosos de la conducta humana han escrito libros, por ejemplo, que se titulan: “Yo estoy bien tú estás bien”. Si yo estoy bien, los demás están bien. Si yo estoy mal, los demás están mal. Les he contado la historia de aquella señora que criticaba a su vecina, porque  lavaba la ropa y la colgaba en el lazo de su patio. Miraba esa ropa percudida, sucia, hasta que un día por alguna causa lavaron los vidrios de las ventanas  cuando se asomó al patio dijo: hoy sí están bien limpios los pañales de la vecina. Siempre estuvieron limpios, ella era la que tenía la casa sucia. El problema son nuestros ojos, cuando vemos las cosas de acuerdo a nuestra propia perspectiva, las vemos diferentes. Hay quienes se ven a sí mismo como si fueran la última bebida en el desierto. Ellos son los non plus ultra y se creen la gran cosa. ¿Conoce usted a alguien que se cree mucho? ¿Conoce a alguien que es muy presumido, arrogante, que siempre está jactándose de la casa que tiene, del carro que tiene, del avión que tiene, de la finca que tiene, de los viajes que hace, de las joyas que tiene? ¿Conoce a alguien así? Sí, y  si lo conoce, seguramente le cae mal, porque a todos nos caen mal los arrogantes, a todos nos caen mal los presumidos y orgullosos. A Dios también le caen mal.

Hace tiempo tenía conflicto con una persona que era  demasiado arrogante y me dije: ¿por qué estoy lidiando con ella, qué hace Dios con el arrogante? La Biblia dice: Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes, entonces ¿por qué voy andar lidiando con este arrogante, orgulloso, jactancioso? Que mire cómo sale. La Biblia dice que Dios ve de lejos al altivo, pero exalta al humilde. El que se humillare, dice la Escritura, será exaltado. Y el que se exaltare será humillado. Es importante que nos veamos a nosotros mismos sin tener un concepto más alto del que debemos tener. Tampoco debemos irnos al otro extremo en que nos veamos como basura. “Es que yo no soy nada, soy basura. Yo no sirvo para nada, yo vengo de una familia de’altiro gacha, hermano. De veras, del pueblo de donde yo vengo, hasta vergüenza me da decir que soy de ahí”. Tampoco es para que usted se vea así.

Los doce espías que envió Moisés a reconocer la tierra prometida regresaron con un punto de vista de sí mismos negativo, diez de ellos. Apenas dos –Josué y Caleb- regresaron con un punto de vista positivo. Los primeros diez decían: la tierra prometida es hermosa, es cierto lo que nos han dicho, hay abundancia de agua, hay tierras fértiles, podemos prosperar, es una bendición. Pero hay gigantes y esos gigantes que están ahí hacen que nosotros nos veamos como langostas, pero no la langosta que usted se come, ese marisco. No. La langosta es aquel insecto que devora todo lo verde, hay quienes se ven a sí mismo como langostas. Cuando se miran al espejo dicen: – hasta feo soy, feo chaparro y pelón, pobre con deudas y sin nadie que me quiera-. Hay quienes se ven a sí mismo mal y tienen un concepto de sí mismo totalmente negativo. Pero yo quiero decir que aunque el espejo a usted le muestre que realmente es feo, viejo, arrugado, desvencijado, recuerde que las apariencias engañan. Es el hombre exterior el que se va desgastando pero el interior, dice la Escritura, que se va renovando. Así que usted tiene que verse como Dios lo ve y Dios lo ve como un hijo y como hijo lo ve como vio a Jesús cuando salió del Jordán, el día del bautismo la voz dijo: “Este es mi hijo amado, estoy muy complacido con él”. Yo quiero verme así, como un hijo de Dios, amado por Dios y que tiene a Dios complacido, contento. Cuando un hijo tiene contento a sus papá le saca cualquier cosas ¿no es cierto? Un hijo que tiene contento a su papá recibe cualquier apoyo, cualquier ayuda, cualquier favor, porque lo tiene contento. Si usted quiere recibir de Dios cualquier apoyo, cualquier ayuda, haga Su voluntad, téngalo contento. Sea humilde hacia el cielo.

Si usted no es humilde con Dios no va poder acercarse a Dios. Es imposible, porque es necesario que el que se acerca a Dios lo haga con corazón contrito y humillado. Dios -el creador de los cielos y la tierra, el dueño de todas las cosas- espera que nos acerquemos a pedir con humildad. Hay una expresión aquí entre nosotros que suena un poco grosero pero dice bastante. A veces hay quien nos pide un favor y se lo hacemos y no agradece y dice: a sí no quiero el favor. Entonces decimos: limosnero y con garrote. Usted cuando es limosnero y necesita ayuda tiene que ser humilde. Si usted me extiende la mano y me dice: Pastor ayúdeme y yo lo ayudo, espero que usted lo reciba con gratitud y no que sea ingrato.

Dice el necio en su corazón: «No hay Dios.»Están corrompidos, sus obras son detestables; ¡no hay uno solo que haga lo bueno! Desde el cielo el Señor contempla a los mortales, para ver si hay alguien que sea sensato y busque a Dios (Salmo 14:1-2). Dios lo bendijo a usted dándole una educación superior, agradézcale. Usted es uno de los privilegiados de la tierra. En Guatemala alrededor del dos por ciento de la población tiene acceso a la educación superior y se gradúa de la universidad. Si usted es unos de ellos, déle gracias a Dios. Porque hay algunos que logran salir de la universidad y ya se creen que saben más que Dios, ya se creen la gran cosa y empiezan a cuestionar todo y a decir: no hay Dios, y dice la Escritura Dice el necio en su corazón: «No hay Dios». Porque a veces  ni lo verbalizan, solo lo piensan, aquí el dios soy yo, yo soy dios, yo el que me he hecho a mí mismo, yo soy el que me he formado, yo soy el que ha creado esta empresa, yo soy el que ha levantado mi negocio, yo soy el que ha levantado mi profesión, yo soy el que levanté esta casa, esta finca, esta organización. Así podemos pensar, pero qué le pasó a Nabucodonosor cuando dijo: “Miren los jardines colgantes de Babilonia que yo he construido. Miren los palacios que he levantado, miren la gran obra que he hecho. Yo soy el traidito dela película. Yo soy el protagonista de mi éxito, solo yo”. Dice que Dios le ayudó a pensar bien las cosas, permitiéndole que por siete años se pusiera a pastar como las vacas, perdió la cabeza, perdió la razón. ¡Ah! Usted no quiere reconocer a Dios, prepárese.

El Señor tiene muchas maneras de enseñarnos, por  eso tenemos que ser humildes y reconocer que hay Dios y que todo lo que somos y que todo lo que tenemos es por la gracia de Dios, Él nos ha dado las oportunidades, las conexiones, las relaciones, las bendiciones, la inteligencia. Él nos da el poder para hacer las riquezas. Dice la Escritura: así que si hicimos riquezas, fue porque Él nos dio el poder para hacerlas, pero reconozcamos humildemente que es de Dios. Porque yo quiere decirles que ya perdí la cuenta de los funerales que he hecho, aquí en la Fráter servimos a los hermanos desde la cuna hasta la tumba, los he presentado aquí y los he sepultado allá, y todos se han ido sin nada.

Créame, todo lo que usted ha hecho: sus casas, terrenos, empresas, cuentas bancarias, aquí entre nos le cuento, todo lo deja, hasta los anillos que lleva puestos. Algún familiar se va a acercar a quitárselos por “razones sentimentales”, pero créame, es importante vivir humildemente delante del Señor y ser humilde con los demás. Siempre vamos a encontrar, si nos comparamos con los demás, alguien más pobre que nosotros y nos vamos a creer la gran cosa, porque nosotros somos más ricos que él, pero si nos ponemos del otro lado, siempre vamos a encontrar a alguien más rico que nosotros y nos vamos a sentir frustrados y amargados.

No se compare con nadie, déle gracias a Dios. Muchos de los que aquí estamos supimos lo que fue la pobreza y de ahí nos sacó el Señor. Sabemos lo que es la abundancia, gracias a Dios, y si  mañana nos tocara otra vez la escasez, para todo hemos sido enseñados, para estar en abundancia y para estar en escasez, pero es Dios el que provee todo lo que necesitamos. No se crea superior. No se vea como un insecto, pero tampoco se vea como el dios de todo el universo, porque hay un solo Dios y un solo Señor, creador de los cielos y de la tierra, los demás somos sus súbditos, sus siervos y los que creemos en Cristo Jesús también somos sus hijos. Que bueno es ser hijos de Dios.

Filipenses 2:3-4 dice: No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás. ¿Cómo te ves a ti mismo? Le dijeron a Juan: Yo soy el que da testimonio del que ha de venir. Pregunto ¿está dispuesto a dar testimonio del Señor? Con sus obras, con sus actos, con su conducta, con su modo de ser estamos anunciando que Cristo ya vino y murió en la cruz del calvario, pero también tenemos que anunciar que Cristo vendrá otra vez por su Iglesia.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…