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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Hay cuatro evangelios en el Nuevo Testamento: Mateo, Marcos, Lucas y Juan, de estos tres narran la vida de Jesús de una manera similar, siguen un punto de vista en común. Ellos ven la misma perspectiva y se llaman evangelios sinópticos, que quiere decir que  presentan la misma perspectiva general de la vida y predicación de Jesús. Juan lo hace diferente.

Cada uno de estos evangelios presenta a Jesús desde un punto de vista particular, podríamos decir que es la fotografía de un amigo desde cuatro posiciones diferentes. Mateo, por ejemplo, lo presenta a los judíos como rey. Por eso empieza con una larga genealogía, para demostrar que Él tiene una ascendencia y linaje real que desciende de David y por lo tanto, puede ocupar su trono. Y este se lo escribe a los judíos que están esperando la llegada del Rey, del Mesías.

Marcos escribe pensando en los romanos acostumbrados a dominar y a tener siervos en esa época en que el imperio gobernaba el mundo conocido. Lo presenta como siervo. Lucas -el médico amado, el historiador de la Iglesia, porque él es también quien escribe el Libro de los Hechos de los Apóstoles-, escribe pensando en los griegos y presenta a Jesús como el Hijo del hombre.

Juan presenta el Evangelio de Jesús para todos los hombres, ya no en un grupo en particular sino para todos los hombres. Por eso tenemos en Juan el famoso versículo de Juan 3:16 Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Juan presenta el Evangelio a todos los hombres, por eso el enfoque es presentar a Jesús como el Verbo encarnado.

¿Cuál son las diferencias principales entre los tres evangelios sinópticos que presentan a Jesús  desde una misma perspectiva, desde un mismo punto de vista común y Juan? Son básicamente tres, la primera es que los sinópticos relatan su ministerio en Galilea, todo lo que Jesús hizo allí fue lo que ellos relataron, pero Juan presenta a Jesús en el área de Judea. En segundo lugar los sinópticos relatan milagros, parábolas y discursos. Juan relata solamente siete, pero además relata sus conversaciones íntimas y también relata sus oraciones. Recuerden que Juan era el discípulo amado, era el que acompañaba a Jesús a los lugares más extraordinarios y pudo darse cuenta de muchas cosas. En tercer lugar, los sinópticos lo presentan en acción, siempre haciendo milagros, yendo de aquí para allá predicando, pero Juan lo presenta en la meditación  y enla comunión. Esimportante conocer estos aspectos para poder entender algunas de las diferencias.

Por ejemplo, hoy vamos aprender lo que pasó cuando Jesús llegó a Jerusalén en medio de una gran fiesta tradicional de los judíos. Ellos tenían una fiesta muy importante que se llamala “Fiestade la Pascua” que surgió en Éxodo  cuando Moisés liberó a Israel de Egipto. La última plaga de las diez  que usó Moisés, fue precisamente la plaga de la muerte de los primogénitos. Faraón se resistía a soltar a Israel, entonces vino un juicio divino. Iban a morir todos los primogénitos de Egipto, pero para que los ángeles no entraran a las casas de los israelitas el Señor les dijo: Prepárense, porque esta noche serán liberados -ya tenían más de un año de estar en esa batalla para liberarlos de esa esclavitud-, pero para liberarlos es importante que cada uno de ustedes en su casa tomen un corderito de un año y sin defecto o un cabrito y entonces lo sacrifique y pongan la sangre de ese cordero en el dintel y en los postes de la puerta y veré la sangre, dice el Señor, y pasaré y no entrará la muerte a su casa.

Hace algunos años estuve en Monterrey y me invitaron a comer cabrito y me contaron que la historia de que coman cabrito es porque ahí hubo una comunidad de judíos, muchos años atrás, y ellos se dedicaron a la crianza y a la preparación de lo cabritos. Ahí  probé el cabrito, que comieron en esa primera celebración de la Fiesta dela Pascua. El Señorles dijo: De ahora en adelante van a celebrar una fiesta que recuerde este día en el que ustedes han sido liberados de la esclavitud y sacados de Egipto,la pascua. Hastala fecha celebran la fiesta, aunque ya no sacrifican al cordero, pero está la fiesta instituida, esto nos trae a la época de Jesús, cuando fue bautizado en agua, Juan lo presentó al público y dijo: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Jesús vino a sustituir esos sacrificios que son los que obtienen la redención para el ser humano.

Vamos entonces a Juan 2:13-22, dice: Cuando se aproximaba la Pascua de los judíos, subió Jesús a Jerusalén. Y en el templo halló a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, e instalados en sus mesas a los que cambiaban dinero. Entonces, haciendo un látigo de cuerdas, echó a todos del templo, juntamente con sus ovejas y sus bueyes; regó por el suelo las monedas de los que cambiaban dinero y derribó sus mesas. A los que vendían las palomas les dijo: — ¡Saquen esto de aquí! ¿Cómo se atreven a convertir la casa de mi Padre en un mercado?  Sus discípulos se acordaron de que está escrito: «El celo por tu casa me consumirá.» Entonces los judíos reaccionaron, preguntándole: — ¿Qué señal puedes mostrarnos para actuar de esta manera?  —Destruyan este templo —respondió Jesús—, y lo levantaré de nuevo en tres días. —Tardaron cuarenta y seis años en construir este templo, ¿y tú vas a levantarlo en tres días?  Pero el templo al que se refería era su propio cuerpo. Así, pues, cuando se levantó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron de lo que había dicho, y creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús.

La ley establecía -en la época de Jesús- que todos aquellos que vivieran a32 kilómetroso en un radio de32 kilómetrosde Jerusalén tenían que ir ala fiesta. Noera opcional, tenían que ir. De modo que en Jerusalén se concentraban literalmente miles, millones. Algunos de los historiadores cuentan que en la época de la pascuas habían dos millones 250 mil personas en Jerusalén. Era un verdadero mundo de gente, era una fiesta muy concurrida y se encontraban ahí cientos de miles de personas, los que vivían en el área y muchos que llegaban de lejos, estos que llegaban de lejos, su mayor sueño en la vida era estar por lo menos una vez celebrando la Fiesta de la Pascua en Jerusalén.

Todos la podían celebrar en sus casas, pero lo soñado eras hacerlo en Jerusalén. El pasaje nos relata que cuando Jesús entra al templo -no era la primera vez, en varias ocasiones se ubica a Jesús en Jerusalén en la Fiesta de la Pascua, ya lo habían visto en varias ocasiones-, y seguramente su grado de tolerancia se iba reduciendo poco a poco.

Una de las diferencias entre Juan y los evangelios sinópticos es que esta historia de Jesús en el templo Juan la relata al principio del ministerio, pero los otros tres relatan la historia al final del ministerio. De modo que creo debemos ubicarla como la tienen los otros tres al final del ministerio. Pero el hecho es el mismo, porque a raíz de este acontecimiento comienza la persecución abierta y directa contra Jesús hasta llevarlo a la muerte.

La situación era tremenda, había en el templo, antes de entrar al mero templo, cuatro patios. El primero era el de los gentiles. Ahí eran donde todos los extranjeros podían llegar para adorar a Dios. Después había otro patio que se llamaba de las mujeres. Ahí solos las mujeres hebreas podían entrar. Y el tercer patio era el de los israelitas, ahí entraban los hombres, y el cuarto era de los sacerdotes. Ahí los que oficiaban en el templo tenían acceso. La idea era llegar para orar, para cantar, para disfrutar de la presencia de Dios y de su comunión. Ahora imagínese usted que llega al patio al cual puede entrar por ser gentil, la mayoría de nosotros, casi todos, somos gentiles, no nos hubieran permitido ni entrar al patio de las mujeres menos al patio de los hombres ni mucho menos al de los sacerdotes. El acceso era restringido, era exclusivista, solo para los judíos, pero en el patio de los gentiles, a donde podíamos llegar a adorar a Dios, a cantar al Señor, realmente se había convertido en una zona comercial increíble. La ley decía que la gente tenía que llegar y presentar un sacrificio vivo, tenían que llevar un cordero, hay quienes llevaban palomas y se sacrificaban en el altar, pero viajar de lejos llevando corderos, llevando palomas o llevando bueyes se convertía en una situación un poco complicada.

Así que algunos optaban por mejor irlos a comprar en Jerusalén, comprar el cordero, comprar las palomas y presentar su ofrenda. Pero aquellas palomas que podían costar veinte dólares en el pueblo de donde venían llegaban a costar 600 dólares. En el templo, hasta treinta veces más las mismas palomas. Y el Señor Jesús ve a la gente con deseos de rendir culto a Dios, de adorar a Dios, de presentar su ofrenda a Dios, pero se encontraban con esos valladares y obstáculos porque habían comerciantes sin escrúpulos que estaban aprovechándose de la situación y explotando a los peregrinos que llegaban a adorar. Además por ley tenía que pagar un impuesto el judío ahí en el templo. Y ese impuesto era de medio ciclo, un ciclo equivale a dos jornales, el jornal de un obrero es igual a dos dracmas, eso es lo que tenía que dar.

Recuerde la historia de aquella viuda que llegó y que Jesús dijo: Solo echó dos moneditas, dos dracmas, pues ella estaba echando lo que era el valor de un jornal, lo que hoy podemos llamar el salario mínimo agrícola, que está hoy en día alrededor de 65 quetzales. Eso tenía que entregar. Un ciclo equivalía a dos jornales, al entregar su impuesto todos tenían diferentes monedas, dependiendo del lugar de donde venían, traían monedas de distintos países y distintas zonas conquistadas por Roma y deberían valer esas monedas en donde procedían. Habían dispuesto que en el templo no se aceptaran esas monedas, excepto las monedas o ciclos del santuario. Entonces el sistema religioso había quedado de dar monedas especificas y para hacer el cambio habían cambistas, en ese primer patio – el patio de los gentiles-, pero para hacer el cambio de monedas siempre le cobran a usted una comisión.

Lo que cobraban estos ingratos en el mercado del templo equivalía a un jornal. La gente no solamente tenía que pagar un impuesto sino que además en el cambio le cobraban. Todo esto fue haciendo que Jesús se sintiera molesto, irritado, el celo por la casa del Señor lo llevó a hacer una situación que hastael día dehoy nos impresiona. Dice que derribó las mesas de los cambistas, por allá cayeron las monedas, agarró un lazo, tomó un látigo y empezó a azotarlos por todos lados y los animales se fueron en desbandada. Empezó a decirles que no debería haber eso ahí en el templo. ¿Por qué? La principal razón que yo encuentro, es porque cuando usted va al templo va a adorar, aquí venimos a adorar a Dios, a orar a Dios. Por eso Jesús dice: Mi casa es casa de adoración, y si a usted lo dejan entrar solamente al patio de los gentiles, supóngase que en algunas actividades tenemos esto tan repleto que algunos tienen que quedarse, en el lobby, en el lobby no podrían adorar igual, sobre todo si hay mucho movimiento, mucha distracción, mucho caminamiento de parte de la gente.

Por eso al ver que se practicaba una adoración  sin respeto el Señor dijo, esto no puede ser. Aquí la pobre gente que solo entra al patio de los gentiles debe tener la oportunidad de adorar a Dios como debe ser. Vienen de lejos, aquí tenemos constantemente delegaciones que nos visitan de México, de Estados Unidos, de Canadá, de El salvador, del interior de la República, de Corea, de muchas partes y vienen con el deseo de conocer nuestro Auditórium, ampliamente conocido como Mega Fráter. Quieren venir a adorar a Dios, ahora imagínense que entran y en vez de adorar a Dios tenemos a todos los niños corriendo por todos los pasillos, ¿se puede adorar a Dios así? Muy difícil. Por eso es que hemos insistido a través de los años que si usted tiene un bebé lo lleve a la Zona de Pequeños Gigantes, para que los bebés adoren a Dios a grito tendido como Dios los comprende sin que vengan a interrumpir al resto de hermanos que están adorando al Señor. Hemos preparado un área preciosa de Pequeños Gigantes, con cunas muy lindas. Si usted no conoce el área de Pequeños Gigantes y Zona de Campeones, yo los animo a que hoy mismo vayan, conozcan, se va a sorprender cómo hemos preparado de lindo ese lugar, para que los bebés tengan todos los recursos necesarios para su atención y los más grandecitos para que puedan empezar a aprender a cantar y adorar a Dios. Los menores de 15 años están en la Zona de Campeones y están cada uno aprendiendo del Señor de acuerdo a su edad, de forma didáctica y pedagógica de modo que puedan aprender.

Por eso es que hemos insistido. Si usted alguna vez cuando vino se sintió extraño porque le dijeron: ¿le llevamos a su bebé a la Zona de Pequeños Gigantes? O Acompáñenos, no fue porque queramos el mal para usted, queremos el bien para su bebé. Queremos el bien para usted y queremos para los que vienen a adorar puedan hacerlo con toda libertad. Yo también tengo ahora cinco nietos y a cada nieto estamos en el proceso de llevarlo al área de Zona de Pequeños Gigantes, para que allá aprendan del Señor.

Yo soy feliz cuando veo a las parejas unidas, cariñosas, amorosas, pero imagínese que usted está con su parejita, sobre todo si todavía está de novio y aprovecha que está aquí, a lo mejor un poco tenue la luz en determinado momento y le empieza a dar una abrazada y una besada y una acariciada, cómo pueden los demás hermanos adorar al Señor viéndolos. Los está inspirando a otras cosas. Así que la casa del Señor no es el lugar apropiado para que esté abrazando, amando, besando a su novia. Cuando venimos acá es para adorar al Señor. Hay momentos en los que animamos a los esposos a que le den una brazo a su señora, un beso a su señora, porque entendemos que vienen peleados y esperamos que salgan reconciliados.

Es importante el respeto. La gente se impresiona cuando viene a nuestra congregación y ve que la gente no anda corriendo de un lado para otro, la gente no se anda levantando por gusto a cada rato. He predicado en Corea, he estado en servicios que duran tres, cuatro horas y me he impresionado ver a los coreanos sentados sin moverse por ese lapso. Yo me pregunto ¿cómo harán ellos para no tener que ir al baño a cada rato, como ocurre en muchas de nuestras iglesias? Yo recuerdo, hace algunos años, venían unas chicas que a cada rato se levantaban y parecía que iban al baño. Yo no sé si verdaderamente tenían problemas urinarios o de otra índole o simplemente era para que las vieran y dijeran: qué linda la chica, voy a averiguar quién es. Es importante cuando venimos a adorar que nosotros guardemos la compostura para que podamos adorar a Dios nuestro Señor con toda libertad.

En Isaías 56:7 encontramos un pasaje importante que dice: los llevaré a mi monte santo; ¡los llenaré de alegría en mi casa de oración!  Aceptaré los holocaustos y sacrificios que ofrezcan sobre mi altar,  porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos. Cuando Jesús habló se refirió a esta profecía de Isaías en la cual habla de la salvación que viene para los demás. Qué bueno cuando el Señor nos lleva a su monte santo y nos llena de alegría en su casa de oración. ¿Cuántos han venido tristes alguna vez a una reunión y Dios aquí los ha llenado de consuelo y de alegría?

Por eso el salmista decía: “Yo me alegré con los que me decían a la casa del Señor iremos”. Porque cuando venimos a la casa del Señor aquí encontramos alegría, quizás usted entra todo decaído y desanimado, pero por las presencia de Dios sale levantado, reanimado, con mayor entusiasmo para poder seguir. Con frecuencia recibo mensajes de algunas personas que me dicen que “el mensaje fue para mí, yo llegué desanimado y salí muy animado. Yo llegué oprimido, deprimido y triste, pero la Palabra del Señor, la adoración, la alabanza, la prédica, todo lo que ocurre me trajo vida”. Dios quiere bendecirnos y por eso es que tenemos un punto de reunión, una casa de oración para ser bendecidos. Y dice: “aceptaré los holocaustos y sacrificios que ofrezcan sobre mi altar. Por eso cada vez que usted entrega un diezmo, una ofrenda, una promesa de fe, nosotros aquí en el altar oramos a Dios y decimos: Señor, recibe este sacrificio. Para algunos es un sacrificio, hay quienes dan con sacrificio, pero la Biblia dice que los que con lágrimas sembraron, con regocijo cosecharán y cuando usted siembra en la obra del Señor, Dios abre las compuertas de los cielos y derrama bendiciones sobreabundantes sobre usted. Sobre sus hijos, sobre su familia, sobre su negocio, sobre su trabajo. Por  eso es importante venir a la casa del Señor y traer un sacrificio, una ofrenda. Claro, ahora ya no traemos los bueyes o los corderos, no traemos las palomas, pero vendemos los bueyes o las vacas que tenemos en la finca y del fruto de nuestro trabajo traemos nuestros diezmos al Señor y los presentamos como un sacrificio, como una ofrenda al Señor. Del fruto de nuestro bufete traemos al Señor nuestros diezmos, del fruto de nuestro trabajo en el restaurante o en la sastrería o en la clínica o en nuestro negocio separamos para el Señor lo mejor y lo traemos cada vez que nos reunimos.

El Señor se molestó al ver que ya no se podía adorar, no se podía orar, por el bullicio de los animales. El bullicio de los vendedores, el bullicio de todo el mercado. El Señor no se opone a que usted tenga comisión por su casa de cambio que tiene, ni se opone a que usted venda animales o venda lo que quiera vender, a lo que se opone es que usted sea un explotador del necesitado, un explotador del pueblo. Hay que ser justos y equitativos con nuestros productos a la hora de venderlos.

El Salmo 69:9 dice: El celo por tu casa me consume. Y  eso fue lo que recordaron los discípulos cuando oyeron hablar a Jesús. Recuerde que el enojo era porque se labia perdido el propósito original del templo que era adorar a Dios. Exaltar a Dios, honrar a Dios. En el lugar de adoración había escándalo innecesario. Algunos dirán, bueno, si Jesús se puso tan iracundo en el templo, yo también me puedo poner igual y agarrar un látigo y darle a todos mis empleados. No es así, la Biblia dice: airados pero no pequéis. Usted se puede airar pero no debe pecar, usted debe controlar su ira, su temperamento. Jesucristo le dio vueltas a las mesas, tiró por allá las monedas, espantó a los animales, pero no agredió físicamente a ninguna persona. La violencia engendra más violencia. No conviene. Si usted empuja a su mujer prepárese para el sartenazo, créame que no conviene la violencia en ninguna de nuestras relaciones humanas.

Los judíos reaccionaron mal, era el negocio de ellos, era su oportunidad de enriquecerse y reaccionaron mal. Reaccionaron de tal manera que allí empezaron a perseguir a Jesús hasta crucificarlo, porque les afectó su modus vivendi, les afectó su negocio pingüe y le  pidieron a Jesús alguna señal y lo que Jesús dijo fue: “destruyan este templo y en e tres días lo reedificaré”. Y ellos pensaron en el templo de Salomón, dijeron que cómo iba a hacer, si el templo de Salomón tomó cuarenta y seis años edificarlo y ahora este dice que lo va a destruir y en tres días lo va a levantar de nuevo, pero no se refería al templo de Jerusalén, se refería a su propio cuerpo, al templo del Espíritu Santo. Recuerde que en ese entonces el Espíritu Santo estaba de lleno en Jesús, nadie más tenía al Espíritu Santo, solo Jesús estaba lleno, fue hasta cuando fue crucificado y que ascendió a los cielos, la noche en que fue muerto llegó a los cielos y presentó su sangre en el templo original, en el templo de Dios en el cielo. Al presentar su sacrificio obtuvo la redención de pecados para todo el mundo que cree en  Él.

A partir de entonces vino y dice que estaban sus discípulos en el Aposento Alto y sopló sobre ellos y les dijo: reciban el Espíritu Santo, fue hasta en ese entonces que el Espíritu Santo empezó a morar en el templo del cuerpo de cada creyente, de cada discípulo de nuestro Señor Jesucristo. Por eso es que Marcos 11:17 dice “Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”. Todos podemos llegar a ser templo de Dios, Pablo luego nos lo explica más detalladamente cuando dice que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo. Por eso debemos cuidarlo, alimentarlo, ejercitarlo bien, descansarlo bien, vestirlo bien, para que el Espíritu Santo que mora en nosotros nos permita adorar al Señor con toda libertad. En el versículo 22 leemos que fue hasta que resucitó que ellos recordaron el asunto y lo entendieron. Hasta entonces se dieron cuenta que era en el sacrificio de Cristo Jesús en la cruz en donde se tendría el último sacrificio que quitaría el pecado del mundo, con lo que cesarían para siempre los sacrificios de animales de Israel.

Y Cristo Jesús, el verdadero templo y la verdadera razón de la adoración, después de tres días resucitaría para ser honrado en un templo no hecho de mano sino en el cielo mismo. Y desde entonces ya tenemos el Espíritu Santo  aquí en nosotros. Dijo: No los voy a dejar huérfanos, voy a enviarle a otro consolador para que esté con ustedes para siempre. Jesús fue llevado al cielo, pero el Espíritu Santo vino para estar con nosotros en la Tierra y estar con nosotros ahora y siempre. Por eso nos reunimos cada semana aquí en la congregación para adorar a Dios con nuestra oración, alabanza, nuestros diezmos, ofrendas y promesas de fe.

Así que cuando venga no venga solo a recibir bendiciones, traiga ofrenda para el Señor, traiga su ofrenda de labios, cante. El secreto para poder cantar empieza primero con abrir la boca, hay que cantarle al Señor. Yo a veces tengo personas cerca de mi que están cantando más desafinadas que un serrucho, pero puedo percibir que están cantando con todo su corazón. Yo creo que Dios ve a sus hijos que le cantan en la congregación como nosotros vemos a nuestros hijos o nuestros nietos cuando están cantando. Cantan como los aguacates, pero nosotros estamos con una sonrisa de oreja a oreja, disfrutando el canto desafinado de nuestros nenes, de nuestros nietos. El Padre nuestro que está en los cielos no espera que usted  cante como Iris Sandoval todo el tiempo.

Puede cantarle al Señor con todo su corazón, adórele, venga a dar al Señor adoración, venga a dar al Señor sus ofrendas, ofrende su tiempo, su talento y su tesoro, dé al Señor sus diezmos, ofrendas y promesas de fe como un acto de adoración a Dios.

Que importante es venir con su Biblia, que traiga algo con qué anotar, un cuaderno, una libreta. Anote, porque el que nos apunta no apunta. El que no anota no anota, más vale pálida tinta que brillante memoria. Tenemos que apuntar, cuando apunta, usted recuerda. Años más tarde puede ver en sus notas aquella lección que recibió un día que estuvo en la casa del Señor y le va a servir a usted y podrá ayudar a otros. Así que nunca caiga en el error de cumplir con todo lo externo sin tener la vida interna que Dios da. Podemos caer en el error de convertirnos en robots que automatizada y externamente aparentamos ser cristianos, pero por dentro no tenemos la vida espiritual que Dios quiere.

Es importante levantar sus manos, cantar, tomar notas, escuchar atentamente el mensaje y orar, pero todo esto lo puede hacer cualquiera sin tener una relación personal con Dios. No caiga en el error de cumplir con una adoración externa si esta existe de apariencia, debe ser genuina en lo interno. Recuerde que Dios ve el corazón, Dios no ve las apariencias. ¿Qué le importa a Dios? Su corazón, su corazón sincero. Por eso Él dice: “Dame, hijo mío, tu corazón”, porque ahí es donde el Señor puede obrar y cambiar nuestro lamento en baile. El interior corren los ríos de agua viva que nos transforman.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…