LibrosPastorJorgebanner01

Abrazos-Banner

Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

El tema de las finanzas siempre llega al corazón, yo le he notado. No sé por qué, quizá porque tiene que ver con nuestra propia supervivencia y la gente está siempre muy interesada en el tema. No siempre habrá interés en un estudio bíblico sobre  cuántos ángeles entran en la punta de un alfiler, o cosas por el estilo. Vamos a estudiar sobre la Trinidad, sobre la concupiscencia que nos lleva al pecado, eso puede ser un poco más difícil de estudiar, pero uno le dice a alguien: mira, yo tengo un libro sobre finanzas que acaba de publicar el Pastor Jorge y lo aceptan y aún más, que lo lean. Es una buena oportunidad, yo le quiero recomendar que usted use de esa manera esa herramienta, lo mismo con nuestras  herramientas.

Desde hace quince años que estoy viajando por el continente enseñando sobre mayordomía y a través de los años hemos sacado diferentes libros. El primero se llama “¿Cómo llego a fin de mes?” Y creo que una de las primeras iglesias donde yo pude compartir las ideas que después formaron parte de este libro, fue justamente aquí en la Fráter Roosevelt, hicimos un seminario de fin de semana, eventualmente esas notas y esos materiales se convirtieron en material base para “¿Cómo llego a fin de mes?” y luego como “Salgo de mis deudas”.

Hoy vengo a darle gracias a Fraternidad Cristiana de Guatemala, porque hace un par de años atrás, yo no sé si usted se acuerda, vine a la iglesia y compartí con usted las Cinco Leyes Irrefutables de la destrucción económica” y “Las cinco Leyes de la Restauración Económica”. ¿Se acuerdan? A la mitad de la congregación dejé deprimida, porque no teníamos tiempo para enseñar las Leyes de la Restauración y las Leyes de la Destrucción en un servicio. Hablamos de la destrucción en un servicio en la Roosevelt. En el Mega Auditórium hablamos de la restauración.

El asunto es que yo vine y le pedí permiso al Pastor, le dije, Pastor Jorge, estoy preparando material, probablemente lo vamos a usar y se va a convertir en un libro, las Diez Leyes Irrefutables, ¿me permitiría presentarlo en la iglesia? Y así lo hicimos y la respuesta de ustedes fue tan buena, me ayudaron tanto en el proceso de crear el material base que eventualmente sacamos un libro, que hoy se los estoy trayendo. Yo quiero agradecerle a la iglesia por permitirme realizar este libro. Este es nuestro primer libro que estamos sacando en el mercado general, no solamente lo encontrará en las librerías cristianas sino en cualquier librería cerca de su casa, en Guatemala, México, Estados Unidos y esa es una de las formas en las que la Fraternidad Cristiana de Guatemala está siendo de bendición para las naciones aún sin saberlo. Ustedes a veces no saben como están impactando la vida de las personas a las que tocan, en este caso yo y cómo yo estoy impactando a otros. El día de hoy yo le quería traer el libro que acaba de salir al mercado, hace como seis meses atrás y decirle: Fraternidad Cristiana de Guatemala muchísimas gracia por su amor y su entrega a la obra del Señor.

María le escribe un correo electrónico a su novio José y le dice: José, mis sentimientos han cambiado para contigo, ya no quiero ser tu novia, debemos terminar nuestra relación. José contesta del otro lado: Apreciada María, entiendo que tus sentimientos hayan cambiado para conmigo. Si tus sentimientos han cambiado para conmigo, está bien, terminemos nuestra relación, nomás devuélveme el anillo de diamantes de 750 dólares que te regalé hace tres semanas atrás. Vuelve el Email de María. Querido José: quiero decirte algo muy importante, mis sentimientos realmente han cambiado para contigo, pero no han cambiado para el anillo.

Así somos los cristianos muchas veces, cuando venimos a los pies del Señor Jesús le decimos a Satanás: mis sentimientos han cambiado para contigo, ya no quiero tener una relación contigo más. Hasta acá nuestra relación, ahora yo quiero ser un hijo de Dios, una hija de Dios, ahora quiero ser parte de la familia de Dios. Hasta aquí va nuestra relación. Pero a pesar que le decimos a Satanás que nuestra relación con él está terminada y nuestros sentimientos han cambiado para con él, todavía hay algunas cosas que toman tiempo para cambiar, como es el área del dinero. Nos cuesta el tema del dinero y cómo manejarlo y cómo desprendernos de él. Eso de desprenderse del dinero es muy difícil.

Quiero ir con usted a un pasaje de las Sagradas Escrituras, en el que vamos a explorar algunas ideas sobre la generosidad y sobre lo importante que es este tema de la generosidad en nuestra vida. Usted no me va a escuchar muchas veces hablando sobre la generosidad, pero en los últimos meses yo he sentido del Señor una carga por lanzar una campaña continental de generosidad. Yo creo que nuestro pueblo latinoamericano tiene que aprender a ser generoso. Yo sé que esta iglesia es un iglesia generosa, porque ha aprendido de su Pastor – a través de los años- las verdades de la Palabra de Dios con respecto a la generosidad, pero en el pueblo latinoamericano nos falta mucho para crecer en generosidad, y yo quisiera ir al libro de Marcos 12: 41-44  y tomar esa famosa historia que todos conocemos de la donación o el dar de la viuda pobre frente al templo de Jerusalén, dice así: Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante.  Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca;  porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.

Yo quiero compartir con usted algunas ideas, dos o tres ideas que surgen de este pasaje bíblico de la viuda, porque  creo que esto del dar es un tema medio escabroso para todos nosotros. Tenemos serias dificultades para aprender a dar, esto es una de las últimas cosas que aprendemos en nuestra vida cristiana. Primero aprendemos del amor de Dios, aprendemos de la salvación, aprendemos de su gracia, aprendemos de su misericordia, aprendemos de la restauración que Él puede traer a nuestra vida, aprendemos a encontrarnos con otros hermanos, que tenemos que estudiar la Escritura, pero aprender a dar mmmm, esto es una de las últimas cosas. Dicen que los soldados que iban a ir a la guerra de las Cruzadas se tenían que bautizar, se suponía que eran cristianos y tenían que ir a matar gente. Entonces cuando los bautizaban siempre los bautizaban con la espada fuera del agua. A mí me parece que en muchas iglesias del continente estamos bautizando cristianos con la billetera fuera del agua. Todo le pertenece a Cristo, todo es de Cristo, pero cuando uno le dice al Señor: Señor tú eres el Rey de reyes, el Señor de señores, tú eres el Rey del Universo, esto es Rey del reino, pero parece  que el reino termina donde comienza nuestra billetera.  Nuestra billetera está del otro lado de al frontera del reino.

Hay dos o tres ideas que yo quisiera compartir con ustedes rápidamente en el libro de San Marcos 12, número 41. Yo quería mencionar que existe una razón por la que Jesucristo mira las ofrendas. Dice: Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca. Ahora yo me pregunto ¿no tenía otra cosa que hacer Jesús? Digo yo. ¿No había gente qué sanar, no había sermones qué predicar, no había enseñanza que darle a los  discípulos? Al final de cuentas en un par de años Él se iría al cielo, no iba a estar más con los discípulos. No había otro trabajo qué hacer.

¿Qué andaba haciendo Jesús sentado frente al arca de donde se daban  las ofrendas mirando cómo la gente daba el dinero? A mí me llamó muchísimo la atención cuando leí este pasaje para estudiarlo en profundidad. Claro que lo he leído muchas veces, a mí lo primero que me llamó la atención es por qué Jesús está mirando cómo la gente da sus ofrendas. Y yo creo que Jesús está mirando como la gente está dando sus ofrendas, por algo que decía me mentor, el Dr. Larry Burkett, siempre decía: “La forma en la que nosotros manejamos nuestro dinero es una expresión externa de una condición espiritual interna”.  Como yo tomo decisiones económicas es una expresión externa de una condición espiritual interna, cómo yo estoy tomando decisiones económicas en la vida muestra exteriormente quién soy yo interiormente.

Muchas veces he contado esta historia, quizás alguna vez me han escuchado decirla, pero supóngase que usted está yendo por una carretera aquí en Guatemala o en algún país latinoamericano, usted va manejando su automóvil y el cartel de la velocidad en  la carretera dice: “velocidad máxima 89 Km. por hora”, pero usted está manejando a 140, no sé por qué está manejando a esa velocidad, quizá tiene una reunión, quizás se le hace tarde, quizá se le enfría la pizza, quizá lo está esperando su suegra, no sé. Y de pronto en el espejo retrovisor ve unas luces que titilan y no es navidad. Para al costado del camino y viene el señor policía y después del intercambio de saludos le dice: Va un poco rápido, y usted le dice si. El policía le contesta: Esta ruta fue construida para manejar a 80 kilómetros por hora, Usted está manejando por lo menos a 140, se va a matar, así que mire, usted me va a perdonar, pero yo le voy a tener que hacer el parte, la boleta, el ticket dicen en Estados Unidos, la remisión en Guatemala. Entonces usted de pronto siente un profundo interés por la familia de este señor policía y decide darle una ofrenda de amor. Esa acción me habla a mí de ciertas cosas que están ocurriendo en su vida, en sus principios y de sus valores. Me dice a mí que es lo que usted valora en la vida. Por ejemplo: no valora la ley de su país, por qué ni en Guatemala ni en Estados Unidos ni en Argentina, ni en México ni en otro país latinoamericano es legal sobornar a los policías.

Lo segundo es que usted tampoco valora la Palabra de Dios, porque la Palabra de Dios dice claramente que no debemos sobornar nuestras autoridades. Hay una traducción que se llama la Biblia al Día que dice que no debemos sobornarlos porque se echan a perder, después nos estamos enojando que éstos policías están todos echados a perder. ¿Quién los echa a perder? Nosotros. Entonces esa acción suya de ofrecerle una donación para su familia, su esposa, sus hijos, me indica que usted no valora la ley de su país, no valora la Palabra de Dios, pero usted valora su tiempo. Lo que usted decide: arreglo yo ahora acá y después no tengo que perder el día, ir al centro, hacer la cola y todo lo demás. Usted valora también su dinero, porque usted dice: si le doy una ofrendita no tengo que pagar una remisión.

¿Se da cuenta? La forma en la que tomamos decisiones económicas. Yo creo que por eso el Señor Jesús estaba sentado frente al templo mirando cómo daba la gente las ofrendas. Yo creo que esa es la razón por la que Jesús el domingo en la mañana mira cómo tú das tu ofrenda. ¿Por qué? Por la forma en la que manejamos nuestro dinero, es una expresión externa de una condición espiritual interna. Imagínese que el Señor Jesús, Dios cuando llegamos al cielo Él nos diga: para dejarte entrar al cielo primero me tienes que mostrar tu chequera, primero me tienes que demostrar cómo manejaste el dinero en tu vida. Algunos de nosotros nos temblarían las rodillas, pero eso es justamente los que el Señor hace en Mateo 25, no vamos a leer este pasaje, pero ese es el pasaje, ese famoso pasaje de la parábola de la oveja y los cabritos, ¿se acuerda de eso? Las ovejas por un lado, los cabritos por otro lado. En ese pasaje de Mateo 25, toda la gente que está allí delante de Dios, todos creen que se van al cielo, allí no hay gente mala, todos son gente buena, si usted se fija en el pasaje, todas las preguntas que están detrás de las aseveraciones que hace Dios, todas son preguntas financieras. Cuando yo tuve hambre, tú me sacaste a un restaurante cerca de la iglesia y me llevaste y compraste algo para comer. Y cuando tuve sed fuiste y me compraste un refresco de jamaica, de tamarindo, una horchata. Cuando yo no tenía ropa fuiste a tu clóset y de la ropa que tú te compraste para ti misma me diste. Cuando yo estuve enfermo pediste un día de vacaciones en tu trabajo para venir a visitarme en mi lugar de enfermedad o en la cárcel. Se entiende que todas son preguntas financieras. Ahora por qué Dios hace preguntas financieras para permitirle a esa gente entrar al cielo, ¿por qué será que en ningún lugar ese pasaje dice: aceptaste al Señor Jesús como tu salvador? Todas las preguntas son financieras, ¿Por qué será? ¿Será que vamos al cielo por las obras que hacemos? ¿Será eso? ¿Cómo tenemos la salvación, por nuestro trabajo? No, la  salvación es por la gracia de Dios. Por la fe en el Señor Jesucristo.

Martín Lutero siempre decía: Sola  Fide – Sola Gratia. Solo por la fe y solo por la gracia. Nosotros somos salvos solo por la fe en Jesucristo, solo por la gracia de Dios y lo que tenemos que hacer es simplemente aceptar el regalo de Dios en el Señor Jesús.

La pregunta todavía está en pie. ¿Por qué será que en Mateo 25 para permitirle entrar a esa gente al cielo Dios hace todas las preguntas financieras? ¿Por  qué será? Porque la forma en la que manejamos nuestro dinero es una expresión externa de una condición espiritual interna. ¿Cómo yo manejo el dinero y a dónde lo pongo? De la manera que estoy manejando las finanzas muestra exteriormente qué es los que está pasando interiormente en mi vida.  Existe una razón por la que Jesús mira las ofrendas y es que la forma en la que ofrendamos demostramos exteriormente qué es lo que está pasando en nuestro corazón. Nosotros como creyentes más que aprender a dar el diezmo, tenemos que aprender a dar. Más que Aprender una fórmula matemática, y yo soy pastor y enseño el diezmo en mi iglesia, pero yo creo, espero que no se me confundan con lo que les voy a decir, yo creo que más que aprender una fórmula matemática, tenemos que tener un corazón generoso, el diezmo a veces se puede convertir en un acto religioso, frío, automático, que yo hago los primeros días de cada mes o cada vez que recibo un salario, la generosidad es una expresión de mi carácter y Dios estás mirando tu generosidad, está mirando si tú estás poniéndolo a él primero en tu vida o estás poniendo el dinero primero en tu vida.

1.- Existe una razón, por la que Jesús mira las ofrendas.

2.- Existe una razón por la que la viuda ofrendó dos centavos.

En el verso 42 dice que: Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Existe una razón porque esta viuda dio esos dos centavos, ella podía haber dado un centavo, ella podía haber dado nada. En realidad, la viuda tenía todas las excusas del mundo para no dar. Era viuda, era pobre, era un cero a la izquierda en su sociedad, ella no podía conseguir trabajo propio, tenía que vivir de la mendicidad y tenía que vivir de otros. Hay que ver si tenía hijos, hay que ver si  tenía parientes, porque si no tenía parientes, realmente estaba en lo peor de lo peor, y esta señora parece estaba en lo peor de lo peor, de lo peor. Me da la impresión que si hubiera tenido hijos o hubiera tenido familia como decía el Antiguo Testamento, no se hubiera quedado con dos centavos en el bolsillo.

Pero esta señora tenía dos centavos en el bolsillo, ella tenía todas las excusas para no dar.  La ley en esa época, en el pueblo de Israel, le permitía a esta viuda subir las escalinatas del templo, extender su mano y pedir. Ese era su derecho, porque la ley judía protegía a la gente pobre y especialmente a la viuda. El derecho de ella era subir las escalinatas del templo, extender su mano y pedir, sin embargo, esta viuda subió las escalinatas del templo, extendió su mano ¿y qué hizo? No le parece increíble, la actitud de esta mujer. John Maxwell cuenta una historia que cuando llevó a su niño varón  a comprarle una hamburguesa, se la despacharon con papas fritas. En el camino extendió la mano para tomar una papita y su hijo apretando el sobre le dijo: mía. ¿Te identificas con eso? Y de pronto él le dice ¿quien compró las papas fritas? ¿Con la plata de quien se compraron estas papas fritas? Si yo quiero me tomo todas las papas fritas, las saco y no le doy ninguna. Así son los niños y muchas veces nosotros así nos comportamos con Dios como niños espirituales. Él nos da absolutamente todo lo que tenemos y cuando Él nos dice Mira trae la porción para acá, nosotros lo que hacemos es decir  es mío.

Tenemos que desarrollar un carácter generoso, siempre le podemos dar a Dios. El ser pobres no es una excusa para no dar, yo me acuerdo que estaba haciendo una radio maratón en un pueblito en el Estado de Texas, es un pueblito de frontera, en el lado mexicano se llama Piedras Negras, son dos pueblos hermanos y hay una emisora de radio de la Cadena Manantial. Ellos han apoyado mucho al ministerio de Cultura Financiera, y por consiguiente me invitaron a que participara en ese evento durante dos días, empezando con la programación desde las cinco de la mañana. El primer día, como a las 11 horas tocan a la puerta, nos miramos asombrados, quién puede ser, quienes visitan la radio a esa hora bajo un fuerte sol que calcina.

Entonces vamos, abrimos la puerta y ahí hay tres hermanitas, yo les digo pasen. Una de ellas nos cuenta que viven al otro lado de la frontera, que estaban escuchando la radio y se dan cuenta de la radio maratón, además de vecinas son creyentes en Cristo, y entre ellas se preguntaban ¿cómo podemos ayudar? Dinero no tenemos, lo que ellos necesitan. A una de ellas se le ocurrió que los hermanos estaban desde las cinco de la mañana trabajando sin comer y al mediodía ya tenían hambre. Las hermanas nos trajeron tamales, lo que tenían. Caminaron por lo menos un kilómetro y medio bajo el calor del verano, cruzaron el puente, otro kilómetro, del puente para la radio otros dos kilómetros. Yo creo que la persona que tiene un corazón generoso siempre va a encontrar una manera de dar. El tacaño siempre va a encontrar una manera de no dar. Una excusa para no dar. Siempre va a decir no pero el generoso siempre va a buscar la manera de dar.

En una prisión de alta  seguridad en Puerto Rico. Habían llevado unas grabaciones mías a los presos en una prisión de alta seguridad. La mayoría de la gente que está presa está por cuestiones económicas, por algo que tiene que ver con el dinero. Me llevaron a esa prisión, entramos por un lado, un pasillo, otro pasillo, unas puertas, otro pasillo, otra puerta, más adelante un patio, una puerta. Pasamos como cuatro o cinco puertas, en cuanto más puertas me cerraban, más inseguro  me sentía. Para salir de acá ¿cómo hago? Especialmente porque era una prisión de alta seguridad. Al final abrieron la puerta de un lugar que no tenía techo, eran cuatro paredes en el medio de un parque y ahí nos metieron y nos dijeron: esta es la capilla. Yo estaba con el hermano capellán de estos prisioneros, los trajeron con las cadenas puestas. Los meten, por una agujerito de la puerta les sacan las cadenas y los empujan adentro de la capilla. Esta gente no está allí porque haya dicho una mala  palabra en la calle.

Todos son hermanos en Cristo, me dicen, antes eran muy malos, pero ahora están muy bien. Empieza el culto. Los hermanos empiezan a cantar, la adoración y llega un momento en que el capellán dice: Hermanos, ahora es tiempo de dar nuestra ofrenda. Y yo dije estamos todos locos, acabo de escuchar que van a dar una ofrenda. Si, porque antes de traerlos los desnudaron por completo. Y los revisaron, para que no tuvieran absolutamente nada encima, porque cualquier cosa se puede convertir en un arma. Los desnudaron, los envolvieron en a unos mamelucos y nos los trajeron. Esta gente no tenía nada encima y este capellán acaba de decir que van a levantar la ofrenda. ¿Cómo está pidiendo ofrenda?

¿Estamos listos? vamos a darle la ofrenda al Señor, dice el capellán. Y los reos contestan que están listos. Ocurrió algo que ha marcado mi vida, desde entonces y jamás hasta el día que me vaya con Jesucristo lo voy a olvidar. Ellos no tenían absolutamente nada, estaban en un círculo. Y ellos juntos al mismo tiempo dijeron: Gloria a Dios, Gloria a Dios, Gloria a Dios. Ese día yo aprendí, mis hermanos, puede ser que yo no tenga un peso partido por la mitad y aún así yo pueda darle gloria al Señor. Siempre podemos darle a Dios algo, y aún en las circunstancias en las que estamos, en lo peor de lo peor, aún así podemos darle por lo menos su gloria.

Existe una razón por la que Jesucristo alabó la ofrenda de la viuda. 1.- Existe una razón por la que Jesucristo mira tu ofrenda el día de hoy y todos los domingos, porque la forma en la que manejamos nuestro dinero muestra exteriormente quien soy yo interiormente.  Muestra que tengo un espíritu generoso o no. 2.- Existe una razón por la que la viuda dio los dos centavos. Los dio porque ella tenía carácter para darlo. Ella entendía que debía ser generosa para con Dios y su pobreza no fue una excusa vil para no darle al Señor. 3.- Existe una razón por la que Jesucristo alabó la ofrenda de la viuda. Dice Jesús al final de los versos 43 y 44: Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.

Cuando hablamos del sustento, todo su sustento, estamos hablando de la palabra que los expertos dicen que es palabra de  vida. Ella puso todo lo que tenía, puso toda su vida. Eso es lo que dice el original, puso todo lo que tenía, puso hasta su vida. Y yo creo que ese es el ejemplo para nosotros el día de hoy. Estábamos en un levantamiento de fondos un tiempo atrás en nuestra iglesia y el pastor dijo algo excelente: No todo el mundo tiene que dar lo mismo, no es la misma cantidad lo que tenemos que dar,  todos tenemos que hacer el mismo sacrificio. No la misma cantidad sino el mismo sacrificio.

Voy a compartir una historia de Alejandro el grande, gran conquistador, iba por uno de esos caminos de Medio Oriente y de pronto vieron a un mendigo. Entonces se para con su caballo, toma tres monedas de oro y se las tira. Uno de sus guardias, le dice, perdón mi rey: tres monedas de cobre hubiesen satisfecho en mucho la necesidad del mendigo. El monarca vio a su compañero, es cierto, tres monedas de cobre hubiesen satisfecho la necesidad del mendigo, pero tres monedas de oro satisfacen la generosidad de Alejandro.

Dios nos ayude a dar de tal manera que no solamente satisfagamos las necesidades de nuestra iglesia sino también de la generosidad de nuestro corazón.

Escuche

La fe viene por el oir…

 

Vea

Como en casa aún en el extranjero…