Abrazos-Banner

Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

La vida es breve, pronto se acaba. Ayer oí a un hombre decir: Estoy aquí con 80 y pico de años, quise traer a mi papá, pero no pudo venir porque está enfermito. Pero por más que usted viva 107 o 120 años como vivió Moisés, la vida pasa pronto, el tiempo pasa y con el tiempo pasamos nosotros. La pregunta es ¿Cómo desperdiciar su vida al máximo? Realmente lo que quiero decirle es cómo aprovechar su vida al máximo. Pero si usted la quiere desperdiciar, el primer consejo es este: viva pensando en el ayer, nunca se olvide de las ofensas que le hicieron, nunca se olvide de los fracasos que tuvo, nunca se olvide de todo lo malo que le hicieron, mantenga presente el daño que le hizo su familiar, su socio, su amigo y usted desperdiciará su vida al máximo, porque estará siempre presente en su mente el pasado y ese pasado triste y lamentable le amargará el presente y no podrá aprovecharlo al máximo.

Si no quiere desperdiciar su vida al máximo, tome el consejo de Pablo en Filipenses 3:13-14 que dice: Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús. Olvide y perdone la ofensa. Deje en las manos de Dios la venganza. No siga manejando el vehículo de su vida con los ojos fijos en el espejo retrovisor, seguramente se va a estrellar. Mire en el vidrio panorámico lo que se acerca y disfrute el momento que Dios le da cada día.

En segundo lugar hablamos que hay quienes son grandes soñadores, pero pobres realizadores, han soñado con ser buenos deportistas, han soñado con ser grandes políticos, o han soñado con ser profesionales excelentes, pero nunca hicieron nada por realizar su sueño. Si usted es un gran soñador, pero pobre realizador, desperdiciará su vida al máximo.

Todos tenemos derecho a soñar, pero para que el sueño se haga realidad tenemos que pasar del dicho al hecho, dígale a su vecino: pase del dicho al hecho. Deje de soñar y póngase a actuar. Si usted quiere graduarse de la universidad, pues estudie, asista, haga sus trabajos y un día se graduará. No funciona aquello de “algún día” tendré un negocio, “algún día” voy a servir a Dios, “algún día” voy a dejar ese pecado. Nehemías 2:17-18 nos da la solución, la solución es poner acción a la palabra. Por eso les dije: —Ustedes son testigos de nuestra desgracia. Jerusalén está en ruinas, y sus puertas han sido consumidas por el fuego. ¡Vamos, anímense! ¡Reconstruyamos la muralla de Jerusalén para que ya nadie se burle de nosotros! Entonces les conté cómo la bondadosa mano de Dios había estado conmigo y les relaté lo que el rey me había dicho. Al oír esto, exclamaron: — ¡Manos a la obra! Y unieron la acción a la palabra.

No basta con hablar, hay que hacer. La fe sin obras es muerta. La historia de la iglesia al principio está en un libro que se llama Los Hechos de los Apóstoles, no los sueños ni los planes de los apóstoles. En tercer lugar hablamos  de que usted puede desperdiciar su vida al máximo cuando piensa de esta manera: Cuando tenga dinero, un millón por ejemplo, o ciertas posesiones, una casa nueva en un lugar exclusivo, seré realmente feliz. Yo le puedo decir que si usted no es feliz ahora con poco dinero, tampoco será feliz cuando tenga mucho dinero, cuando usted  está contento, está contento con aquel carro viejo que tuvo y está contento ahora con el carro nuevo.  Deje de preocuparse de que se lo van a rayar o a robar, sea feliz, disfrute lo que Dios le ha dado.

Hoy les quiero hablar de una cuarta manera para desperdiciar su vida al máximo. Si usted quiere desperdiciar su vida al máximo espere que otros lo traten como desea ser tratado. Si usted espera que otros lo traten a usted como desea ser tratado desperdicia su vida al máximo. Nadie lo va a tratar a usted como usted desea ser tratado.

Esperar que otros hagan algo, nunca mejora la relaciones. La iniciativa no puede venir siempre de los demás, tiene que venir de parte nuestra. Por eso algunos dicen: Si no me llama, yo tampoco lo llamo. Y ahí están los novios tristes, los amigos tristes, los esposos tristes, ¿por qué? porque esperan que el otro les llame, pero igual como el otro puede llamar usted también. Por qué no llama y provoca la relación, la amistad, el reencuentro, la reconciliación, el perdón. Si no me hace un favor, yo tampoco le hago nada, que me llame y va a ver lo que pasa. Hay gente que espera que los demás le traten como desea ser tratado y por eso desperdicia su vida al máximo: Que me pida perdón primero y entonces tal vez lo perdono.

Si todos pensamos así, nadie va a pedir perdón nunca. Se merecía esa maltratada el mesero, ¿por qué te habló así? Tenemos que aprender a ser personas que aprovechamos mejor la vida, porque la mayoría de problemas en las relaciones personales surgen porque vivimos con una mentalidad de recibir y que otros hagan algo por nosotros, somos como niños. Los niños viven solo para recibir, reciben cuidado, reciben alimentación, reciben atención, reciben todo. Los niños chiquitos siempre están pendientes de que su papá o su mamá estén con ellos. Y llaman la atención y exigen cuidado, exigen atención, pero el adulto ya no puede vivir de esa manera, el adulto tiene que vivir para dar, tiene que vivir para dar atención, dar alimentación, para dar cuidado. Es que si no hacen algo por mí, yo no voy hacer nada por ellos. Cuando vivimos con esa mentalidad no recibiremos nada.

La naturaleza humana nos dice: trata bien a quienes te tratan bien y viceversa. Tú me tratas bien, yo te trato bien, tú me saludas, entonces yo te saludo. Puede hacer este ejercicio en la calle, salude a todo el mundo que camina en un pasillo de un centro comercial con una gran sonrisa y lo más probable es que hasta el más amargado le sonría. ¿No es cierto? Cuando usted amablemente  saluda, la gente responde. Pero cuando usted anda con cara de amargado, usted  va a ver reflejada su cara en los demás, van a estar igual o más amargados que usted. Ahora quédeseles viendo a la cara y  hágales mala cara y vera lo que pasa. Cada vez que usted estaba en el colegio y lo empujaban, usted reaccionaba de la misma manera, empujando, porque somos personas reaccionarias, ¿cuál es la solución entonces a esperar que otros nos traten como deseamos ser tratados y desperdiciar así nuestra vida?

¿Sabe cuál es la solución? Déle vuelta a la frase: trate a los demás, como desea ser tratado. ¿Con quién disfruta usted compartir? Piense un momento en las cosas que hacen lo que usted desea y que le hacen acercarse a algunas personas. ¿Por qué nos gusta estar con algunas personas? ¿Es su dinero, la casa donde viven, el carro que tienen? No, nos gusta estar con gente que admiramos y deseamos compartir, con aquellos que nos tratan bien y nos hacen sentir que valemos  y que valemos mucho. Están más interesados en escucharnos, que en hablar. Están más interesados en llamarnos, en que los llamemos. Están más interesados en visitarnos, en que los visitemos. Están más interesados en comprarnos un regalo, que en recibir uno. Son personas que han aprendido que el que tiene amigos ha demostrado ser amigo, y vive con una mentalidad de dar y no de recibir.

No hacer lo malo es más fácil, hacer lo bueno cuesta. Ejemplo: ¿cuántos han oído hablar de la parábola del buen samaritano? Jesús la contó cuando le dijeron Señor y ¿quién es mi prójimo? Y Jesús les dijo: un hombre descendía de Jerusalén y en el camino lo asaltaron y lo dejaron ahí mal herido y en el suelo. Luego pasó un sacerdote y al pasar ¿le pegó una patada al que estaba asaltado? El sacerdote no hizo nada malo, simplemente dijo: tengo que ir a predicar a la iglesia y se fue. Luego pasó el levita y el levita tampoco hizo nada malo, no terminó de robarle lo poco que le quedaba al pobre hombre, simplemente pasó de largo y se fue, no le hizo nada malo. No hacer lo malo es relativamente fácil. El problema está en no hacer lo bueno. Pasó un samaritano y éste vio al hombre herido y lo que hizo fue bajarse de su animal, curarlo, ayudarlo, darle los primeros auxilios y se lo llevó en una bestia a una pensión. Ahí le dijo al mesonero: Cuídalo hasta que yo regrese, cualquier gasto es por mi cuenta.

¿Quién fue el prójimo de ese asaltado? ¿El samaritano? ¡El samaritano! En la vida queremos vivir con aquella frase: yo no le hago mal a nadie. Y seguramente usted no le hace mal a nadie, pero la pregunta es ¿a quién le hace bien? Usted puede andar en su automóvil y no hacerle mal a nadie, no atropellar a nadie, pero tampoco invita a una persona que salió de la iglesia y se está mojando bajo la lluvia y le dice: hermano, entre a mi carro, yo lo llevo. ¿A dónde va? No le hizo mal, no pasó salpicando el charco para mojarlo más, pero tampoco hizo bien. Tratemos a los demás como queremos que nos traten a nosotros, esto es lo que Jesús enseñó en Mateo 7:12 y que se conoce como la regla de oro que dice: Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas.

Toda la ley, todas las enseñanzas de los profetas se resume en este versículo. En todo, ¿qué quiere decir? En todo, en los negocios, en los deportes, en la campaña política. Si usted está en una campaña política y lo que hace es atacar y atacar a los demás ¿qué va a recibir? Ataque y ataque de los demás. Porque dando es como recibimos, sembrando es como cosechamos, con la misma medida con la que medimos se nos vuelve a medir. Tenemos que tratar a los demás como queremos nosotros ser tratados.

Esto es lo que debemos hacer por nuestro prójimo. Dios que conoce todas las cosas sabe que si tratamos a los demás tal y como queremos que ellos nos traten a nosotros veremos milagros en la conducta de los demás, y si no vemos el cambio en ellos seguramente veremos el cambio en nosotros. Jesús tomó una enseñanza de otros, pero le dio un giro total. En tiempos antiguos ya se enseñaba no traten a los demás como no quieren que ellos los traten a ustedes, pero el enfoque está en no hacer el mal, pero Jesús dio el enfoque más activo: trátenlos bien, trátenlos como ustedes desean ser tratados. No debemos tomar una actitud pasiva, debemos tomar una actitud activa, en vez de ser negativos en el sentido de “Yo no me meto con nadie, yo no le hago mal a nadie, en vez de decir: Yo con el que me meto le hago el bien, yo le ayudo”.

¿Cómo podemos aplicar la regla de oro en nuestra vida? Busque comprender los motivos de los demás. Hable y escuche como desea que le hablen y escuche bien. Usted quiere que la gente no le grite, no grite usted. Si usted quiere que la gente no le ofenda, no ofenda usted. Si a usted no le gusta que la gente sea sarcástica con usted, no sea sarcástico con ellos. Somos muy prontos para juzgar y generalmente sin conocer los detalles. Stephen R. Covey en el libro Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, enseña que el  quinto hábito consiste en: “Procure primero comprender y después ser comprendido”.

¿Cómo sería su matrimonio, si a partir de hoy empieza a hablarle y a escuchar a su pareja como usted desea ser tratado? En vez de sentarse a ver la tele, la prensa en mano, su teléfono celular en la otra y decirle: Habla, yo te pongo atención. No se puede. A mí me cae mal cuando estoy hablando con alguien y está con su celular ahí. ¿Qué es lo que hago entonces cuando alguien me está hablando? No toco mi celular, para que vea que de verdad me importa la persona, que de verdad le pongo atención. Hoy precisamente está en la primera plana de uno de los periódicos del país el término tecno adictos. Hay muchos adictos y son adictos que lo ven en su propia vida aislándose. En Japón los problemas de los niños es que ahora están aislados, cada uno en su habitación con sus videojuegos, con sus celulares, ya no tienen contacto social, aunque estén conectados a una red social. No saben lo que es tratar bien a la gente. Recuerden, sin importar como le habla o escucha su pareja, usted  trátele bien. – ¡Ah Pastor! Usted no sabe, mi mujer es igual que Jezabel-. Bueno, entonces ¿cómo quiere que sea ella? Trátela como si fuera una princesa, trátela bien. No tome la actitud de ser un huésped permanente.

Muchos tienen problemas porque en sus hogares, en sus trabajos y en sus colegios creen que son huéspedes permanentes. Cuando usted recibe un huésped en su casa, no le dice: Bienvenido, aquí están los trapeadores para que me ayude a trapear. Aquí está el jabón para que me lave los platos. Usted al huésped lo trata muy especialmente, le sirve, le atiende y usted se encarga de limpiar y arreglar después.

Naturalmente, si ya dejó de ser huésped y ya vive permanentemente, pues será otra la manera en la que contribuya esa persona para el bienestar de la casa. Pero el problema de muchos hogares es que se casan con la mentalidad de huéspedes. Ella piensa que debe ser servida siempre, él piensa que ella es quien debe servirlo siempre. Y ambos esperan que les lleven su café y nadie se lo lleva. Y ambos esperan que alguien haga la cama y nadie la hace. Y ambos esperan que se hagan las compras, pero nadie lo hace,  por qué, porque tiene una mentalidad de huéspedes. Tenemos que adquirir una mentalidad de anfitriones. Cuando usted es un buen anfitrión se asegura que su huésped esté bien atendido. Si  él o ella o ambos son buenos anfitriones se van a servir mutuamente. Y entonces dicen las campanas darán, darán, dan. Usted da atención, recibirá atención, usted da cariño y recibirá cariño, pero si en vez de eso usted da desprecio, usted va a recibir desprecio.

Aquel niño fue llorando con su mamá para decirle: En la montaña hay un niño malcriado, abusivo e irrespetuoso que me trata mal. La mamá entendió el problema y le dijo: ve y hablábale bien a ese niño y verás como te va a tratar bien. Y se fue el niño y se puso en la montaña a gritar: Niño bueno y oyó que le respondió el niño…niño bueno. Te quiero mucho…te quiero mucho. La mamá sabía que había en esa montaña un gran eco. Nosotros vamos a encontrar siempre respuesta de acuerdo a nuestra acción. Toda acción produce una reacción.

La Biblia dice que tus obras sean buenas, porque si nuestras obras son malas la reacción que vamos a tener será mala. Qué importante es que nosotros seamos personas que tratamos a los demás de la manera como deseamos ser tratados. Jamás diga,”Es que así soy yo usted, soy francote, yo así hablo, yo así nací,  así he vivido y así he de morir. Así soy yo”. Si así es usted, prepárese para quedarse solo. Usted le dice a su mujer: “Yo soy así, vos me conociste bolo cuando éramos novios, sigo bolo ahora. Ya chupaba, ahora chupo más. Así soy yo y qué”. ¿Qué va a lograr ese hombre con su mujer? Se va a perder la relación, se va a enfriar el amor, se va a producir una separación y posiblemente hasta un divorcio. Así que no diga usted: “Así soy yo”. Mejor vaya delante del Señor y dígale: Señor así soy yo, pero no me gusta como soy, soy muy desagradable, en todos lados caigo mal, Señor. Ya me di cuenta que cuando llego a una reunión todos se me alejan y me quedo solo en la mesa.

Ahora yo le tengo buenas noticias: no importa que usted piense que es así, Dios tiene poder para ayudarlo a cambiar. Dios puede transformarlo y ser una nueva persona, totalmente diferente. Créame que Dios nos puede cambiar, si dejamos que nos haga nuevas criaturas. Personas diferentes, con el fruto del Espíritu Santo, a flor de boca, con amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe mansedumbre, templanza y seamos personas que tratamos a los demás como deseamos ser tratados.

La fórmula perfecta para el divorcio, tome nota si le interesa, es decirle a la pareja: así soy yo. Usted no es lo que es, usted es lo que quiere ser. ¿Qué quiere ser usted?  ¿Una persona ruda? ¿Descortés? ¿Grosera? ¿Abusiva? ¿Desleal, infiel, malhablada? ¿Eso es lo que usted quiere ser? Si  eso quiere ser lo será, pero todos sabemos que querer es poder. Si usted quiere cambiar para bien, Dios le ayudará.

Escuche

La fe viene por el oir…

 

Vea

Como en casa aún en el extranjero…