Abrazos-Banner

Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

La vida es breve, pronto se acaba. En el salmo de Moisés 90:10 dice que la vida del justo son 70 años y si es de los más fuertes son 80, con todo es molestia y trabajo. El tiempo pasa y pasamos nosotros también. Por muchos años que uno viva el tiempo es breve, por eso hay que aprovecharlo al máximo. El primer enemigo que identificamos, en esta serie, que nos hace desperdiciar la vida al máximo es vivir pensando en el ayer, vivir pensando en los fracasos pasados, en las ofensas recibidas, en las desilusiones, en las frustraciones y en los desengaños. Cuando usted vive pensando en el pasado triste que vivió amarga su presente, destruye su futuro. Usted no puede  conducir su vida manejando el automóvil de su existencia con los ojos puestos en el espejo retrovisor, tiene que ver el vidrio panorámico y lo que está enfrente y seguir para adelante, disfrutar del presente. Pablo dijo en Filipenses 3:13-14 Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.

Así que olvide y perdone la ofensa. Deje en las manos de Dios la venganza. El siguiente tema que tratamos nos sirvió para identificar que otra manera de desperdiciar la vida al máximo es ser grandes soñadores, pero pobres realizadores. A veces soñamos con hacer negocios, soñamos con graduarnos de alguna facultad de la universidad, soñamos con obtener algún éxito deportivo o político, académico o artístico, pero solo se nos va en soñar, no realizamos el sueño y decimos algún día  tendré un negocio, algún día voy a servir a Dios, voy a dejar ese pecado. Pero nunca lo hace. La solución ante este enemigo es unir la acción a la palabra. Pasar del dicho al hecho. Una la acción a la palabra, no se quede soñando, ponga acción. Leímos como Nehemías en 2:17-18 se propuso estar en una tarea de reconstrucción y al reconstruir Jerusalén él escribió Por eso les dije: —Ustedes son testigos de nuestra desgracia. Jerusalén está en ruinas, y sus puertas han sido consumidas por el fuego. ¡Vamos, anímense! ¡Reconstruyamos la muralla de Jerusalén para que ya nadie se burle de nosotros!  Entonces les conté cómo la bondadosa mano de Dios había estado conmigo y les relaté lo que el rey me había dicho. Al oír esto, exclamaron: — ¡Manos a la obra! Y unieron la acción a la palabra. Una la acción a la palabra. Si usted quiere aprovechar la vida, una la acción a la palabra. Hechos y no palabras, y no soy candidato político, pero cada uno tiene que ponerle acción a nuestros dichos.

El enemigo numero 3 que nos lleva a desperdiciar nuestra vida al máximo es pensar: cuando tenga cierta cantidad de dinero, cuando tenga una casa más grande, cuando tenga el título universitario, cuando me case con la hija del jefe, cuando gane las elecciones entonces voy a ser feliz. Ah, si usted piensa de esa manera, permítame decirle que usted nunca, pero nunca será feliz. Si usted piensa que va a ser feliz cuando termine de pagar su casa ¿qué va a hacer durante esos 20 años en los que la está pagando? ¿El más infeliz de la tierra? Si usted piensa que cuando tenga su título universitario entonces va a ser feliz ¿cómo vas a vivir los 30 años que se los va a pasar estudiando? ¿Infeliz? No mis hermanos, la felicidad hay que vivirla ahora. Es ahora. A veces decimos aquella típica frase: ahora o nunca. Usted no cuenta con el mañana, el ayer ya pasó. Solo cuenta con el presente.

Esta persona que cree que la felicidad es tener, y si no tiene lo que cree que lo hará feliz, nunca será feliz, esta persona va a tener serios problemas, porque se enfocará en lo que no tiene y no en lo que Dios le ha dado. Si usted siempre está pensando en lo que no tiene, va a ser infeliz. Usted va en un carrito que Dios le ha dado, tal vez un marca Nissan Sentra, como me dijo un jovencito un día hace mucho tiempo, le doy jalón Pastor, en mi Sentra. -pero este carro no es Sentra, le dije-. Bien, s’entra el lodo, s’entra el agua, s’entra todo, pero andaba feliz en su carro. Usted puede ir en su carro algo usadito, pero si va contento con lo que tiene la va a pasar bien. Déle gracia a Dios por el carro que tiene, no por el carro que no tiene. Enfóquese en lo que Dios le ha dado.

Enfóquese en lo que tiene. Como aquel que estaba triste porque no tenía zapatos hasta que vio a alguien que no tenía pies. Déle gracia a Dios por lo que tiene. Quizá usted quisiera tener ojos celestes y los que tiene son ojos de cielo, uno con nube y otro con catarata, pero pídale al Señor que se los sane y disfrute lo que tiene. ¿Por qué Dios nos prohíbe codiciar lo que otros tienen? Porque el que piensa que hasta que tenga lo que tiene el otro será feliz, no es solo una persona mal agradecida con Él sino que se llena de resentimiento contra el que tiene más. Nunca se resienta por otro que tenga más que usted, siempre habrá muchos que van a tener más y habrá muchos más que tienen menos. Usted puede ser pobre, pero habrá otros más pobres alrededor suyo. Usted puede ser rico, pero habrá otros más ricos alrededor suyo, por eso es importante no codiciar y vivir agradecidos con lo que Dios nos ha dado. Gracias a Dios porque ayer comimos los tres tiempos. Gracia a Dios.

¿Cuál es la solución? Porque todos queremos más, es normal. El que tiene 10 quiere tener 20, el que tiene20 quiere tener 40, el que tiene 40 quiere tener 100. Todos queremos más y si alguno de los que estamos aquí dice que no quiere más es mentiroso. Todos queremos más. Es válido que usted quiera aprender más, crecer más, tener más, pero debe estar contento con lo que tiene ahora. El problema no es querer tener, el problema es ser infelices con lo que tenemos ahora. La solución está en 1 Timoteo 6:7-10: Porque nada trajimos a este mundo, y nada podemos llevarnos. Así que, si tenemos ropa y comida, contentémonos con eso. Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción. Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores.

¡Ah! Yo he conocido gente que estaba muy bien con lo que tenía, pero la codicia los llevó a caminos que los desviaron de la fe y a caer en la corrupción. A caer en los delitos y algunos están presos, y algunos perdieron su buen nombre. Todo por la codicia. Aprenda a practicar la doctrina del contentamiento, aprenda a ser feliz en el lugar económico en el que se encuentre. Cuando usted aprende a ser feliz en el nivel económico en el que Dios le permite estar ahora, usted va a ser feliz siempre. Puede ser que hoy esté en un nivel económico pobre y que tenga escasez, pero si usted es feliz con lo poco que tiene el Señor le cambiará su posición más adelante, pero ahora que usted está ahí, esté contento. Yo recuerdo la época en la que me tocaba ir al mercado con mi abuela en carreta tirada por caballos, yo era feliz, andaba con mi abuela muy feliz haciendo compras. Otras veces iba en autobús, que atentos los choferes, como decía mi hijo en la mañana predicando este tema: “Ese chofer como que tenía mucha fe, siempre decía córranse atrás, hay espacio, y la gente ya casi encima una de otra pero siempre había espacio. Yo fui feliz cuando tuve que moverme en transporte urbano. Una vez me tocó ir a predicar a Cobán, estábamos en la escuela Bíblica, en ese entonces no estaba asfaltada la carretera y me tocó ir en una pánel en donde llevábamos un montón de equipo para la cruzada en el gimnasio del lugar. A mí me metieron atrás, llegué somatado, llegué empolvado. Cuando me bajé pensaban que era gringo por lo canche que me veía, por lo rubio que me veía. Era el polvo, pero yo llegué feliz y contento de poder transportarme. Cuando compré mi primer vehículo era uno usado, diez años de edad, maltratado, pero estaba bonito, yo feliz de de arriba para abajo con mi automóvil. Hermanos, lo que quiere decirles es que si a usted le toca andar a pie o le toca andar en autobús o en un carrito viejo, esté contento con lo que tiene en ese momento. Ya el Señor le va a dar otra cosa después, pero no difiera su  felicidad para cuando tenga. No, es ahora con lo que tiene. Ya le tocará pasar a la par de otros carros que están en las mismas condiciones y usted con su carro nuevo o más nuevo. Pero esté contento con lo que tiene ahora.

Si, yo fui feliz cuando estudié en la Escuela Bíblica, me tocó vivir con otros cuatro y la cama era una de esos catres que vendían en la Avenida Bolívar, resortes y una colchoneta encima, y ahí dormí cuatro años, y ahí aprendí, mis hermanos, que lo que usted necesita para dormir no es una cama, es sueño. Cuando usted tiene sueño, hasta aquí sentado se duerme. Pero cuando usted no tiene sueño puede tener una cama de lujo y no se duerme. Por eso hay que estar contentos con lo que tenemos.

Nos fuimos con mi esposa a Estados Unidos a estudiar recién casados. Y allá una iglesia me adoptó, me dio la visa de estudiante por un par de años y me dio hospedaje, el hospedaje era una casa  vieja, tan vieja que no aguantaba el aire acondicionado. Así que por dos años vivimos en el puerto de Miami sin aire acondicionado con un calor tremendo, apenas un ventiladorcito. Yo quiero decirles hermanos, la felicidad no está en el lugar donde actuamos o trabajamos o servimos, la felicidad está en nuestro corazón.

Cuando estamos contentos no importa donde estemos, no dependemos de las circunstancias, las circunstancias pueden variar, pero nosotros vamos a ser los mismos: gente feliz y contenta con lo que tenemos ahora. ¡Ah! Cuando tenga dos casas o tres casas o cien casas, entonces voy a ser feliz. No es así. Lucas 12:13-15: Uno de entre la multitud le pidió: —Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo.  —Hombre —replicó Jesús—, ¿quién me nombró a mí juez o árbitro entre ustedes?  » ¡Tengan cuidado! —advirtió a la gente—. Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes. La vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes, depende de su buena relación con Dios. Cuando está bien con Dios, mi hermano amado, usted está bien con todo el mundo. No necesita nada. Teniendo a Dios, usted lo tiene todo. No piense que teniendo más va a ser feliz. Haga la prueba, agarre a su hijo amargado, cómprele un par de tenis que quiere y va a ver si deja de ser amargado. Cómprele más tenis, más pares de tenis y va a ver si es más feliz. No es así. El que es amargado siempre será amargado. El que es infeliz siempre será infeliz, las cosas no nos hacen felices. Es muy importante entenderlo, ¿por qué hasta algunos millonarios se quitan la vida? Si lo tienen todo. O ¿son infelices si lo tienen todo? Porque la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes sino de una actitud de gratitud con el Creador, confiando en que siempre para el creyente vendrá un mañana mejor en esta o en la vida eterna. Aquí nos va a ir bien, pero en la otra óptimo, nos va a ir mucho mejor.

El contentamiento nunca proviene de la posesión de objetos externos. Si así fuera, cualquier persona con carros nuevos y últimos modelos serían los más felices de la tierra, y no es así. A veces son los más infelices. A veces están preocupados de que se los van a rayar, que se los van a robar, que los van a secuestrar. Si Dios le ha da la oportunidad a usted de cambiar su lugar económico y ponerse en un nivel alto donde tiene muchos lujos, por favor, disfrute lo que Dios le da. No se amargue, no se asuste. El contentamiento proviene de una actitud interna hacia la vida. En la tercera parte de la obra Enrique VI,  Shakespeare describe al rey herrando por lugares campestres desconocidos. Se encuentra con dos guardabosques y les dice que es un rey, uno de ellos le pregunta entonces dónde está la corona. El rey contesta que su corona está en el corazón y no sobre su cabeza y que no está adornada de joyas sino que es invisible y se llama contentamiento. Una corona que rara vez gozan los reyes. Largo tiempo atrás los viejos filósofos griegos habían obtenido el final correcto del asunto. Epicuro dijo de sí mismo: “aquel para quien no es suficiente lo poco, nada es suficiente. Denme una torta de cebada y un vaso de agua y estoy listo para rivalizar con Zeus en su felicidad,  y cuando alguien le preguntó por el secreto de la felicidad y del contentamiento, su respuesta fue: no agreguen a las posesiones del hombre, disminuyan sus deseos.

Los grandes hombres siempre se han contentado con muy poco. Uno de los dichos de los rabinos judíos sobre quien es rico, dicen que es aquel que se contenta con su suerte. Usted tiene la suerte de ser pobre, disfrútelo mientras es pobre. Usted tiene la suerte de ser clase media, disfrútelo mientras sea clase media. Si es media alta disfrútelo. Si es clase alta disfrútelo, no sea que se caiga de ahí. Es importante aprender a disfrutar. Exija la concentración  en las cosas permanentes, las cosas que el hombre puede llevar consigo cuando al final muera. Recuerden que como dice el proverbio español: la mortaja no tiene  bolsillos. ¿Por qué no tiene bolsillos la mortaja? Porque cuando usted se muera, mi estimado hermano, créame, si quiere se lo firmo: no se va a llevar nada. Sus hijos se quedarán con todo, sus nueras se quedarán con todo, sus yernos se quedarán con todo, el fisco se quedará con todo, pero usted se va a ir sin nada.

A veces  nos privamos de las cosas lindas de la vida en vez de ser felices ahora. Miren, yo recuerdo hace algunos años que salía a viajar con mis hijos, aquí por la costa sur, y mi esposa siempre muy hacendosa preparó una canasta con sándwiches, frutas y refrescos. Y cuando los niños están chicos siempre tienen hambre y en el lugar menos oportuno le dicen: tengo hambre. Y en vez de entrar a un restaurante porque estábamos haciendo esfuerzo para poder invertir en cosas que necesitábamos también, nos metimos debajo de un árbol, ahí sacamos la canasta, ahí recostados en el carro, sentados en el suelo nos comimos esos sándwiches. Mire, la cara de felicidad de mis hijos, ni en el Camino Real se las he visto así. ¡Felices de la vida! Contentos, por qué, porque lo que cuenta no es lo que come usted sino con quién se lo come y cómo se lo come, “porque más vale un bocado seco y en paz que una casa llena de banquetes, pero también llena de contiendas”. Cuando usted está en paz y armonía, una tortilla con sal ¡Qué rica sabe! Un platillo de frijoles con arrocito, un poquito de crema. Qué más quiere usted, sin la crema pues, suficiente con los frijoles, pero estando en paz usted lo disfruta.

La felicidad está en nuestro corazón y en la actitud interna que debemos tener. El dinero no hace milagros emocionales ni espirituales, nadie porque tenga más dinero es más feliz. Yo lo he demostrado, lo he visto y lo he comprobado, usted puede ser feliz y a lo mejor no tener ni un centavo en la bolsa, pero cuando está contento y agradecido ni plata necesita., el Señor le abre la puerta y le provee para que usted coma, viaje, viva, tenga. El Señor se encarga de todo. Pero es muy importante nuestra actitud  ante la vida, agradecidos con Dios. ¿Cree que puede estar uno preso y estar contento? Es difícil, imaginarse uno preso, primero saber por qué, si es por criminal no va a estar contento. Pero a Pablo, el apóstol, los metieron preso por predicar el Evangelio y dice la Biblia en Filipenses 4:10-13, Pablo lo escribe desde la cárcel donde está preso: Me alegro muchísimo en el Señor de que al fin hayan vuelto a interesarse en mí. Claro está que tenían interés, sólo que no habían tenido la oportunidad de demostrarlo. No digo esto porque esté necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre. –Dígalo conmigo, he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre. Pablo estaba preso, no es fácil estar satisfecho en la cárcel, pero Pablo sí. Y dice en los versículos 12 y 13: Sé lo que es vivir en la pobreza – ¿Sabe  vivir en la pobreza? Yo también-, y lo que es vivir en la abundancia – ¿sabe vivir en la abundancia? Yo también sé que es vivir en la abundancia-. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Si, mis hermanos. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Puedo estar pobre, puedo estar en escasez, puedo estar preso, porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Él me va a dar la fortaleza para pasar por los momentos de vacas flacas, pero también me va a dar la fortaleza para pasar bien por los momentos de vacas gordas. Puedo estar en abundancia y el Señor me va a ayudar, y mantenerme fiel a Él, a estar en abundancia y ser un fiel diezmador, a estar en abundancia y ser generoso con los más necesitados. Estar en abundancia y no dejar que el orgullo me llegue a la cabeza. A estar en abundancia porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Escuche

La fe viene por el oir…

 

Vea

Como en casa aún en el extranjero…