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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

¿Cómo disfrutar la vida al máximo? La idea no es enseñarles a cómo desperdiciarla sino a ensañarles a cómo vivir su vida al máximo. Nosotros tenemos que entender que el ayer pertenece al pasado y ya no cuenta, lo que cuenta es el ahora y el futuro que viene caminando a pasos agigantados y nos llega con cada día que vivimos. Tenemos que aprender a cómo aprovechar la vida al máximo. Porque hay hombres en la Biblia como Moisés que nos hacen pensar en lo que puede ser nuestra vida. Todos recordamos a aquel libertador de Israel que después de sufrir 430 años de esclavitud en Egipto, es él quien logra sacarlos a una tierra prometida. Por supuesto que el proceso no fue fácil, diez plagas que duraron probablemente más de un año en ejecutarse. Ir al palacio, pedir liberación. No se pudo, volver a ir y cada acción representaba una plaga que venía como juicio para ablandar al corazón de faraón que más se endurecía. Hasta que llegó lo último que fue la muerte de los primogénitos en Egipto y entonces logró Moisés liberar al pueblo de Israel y llevarlo, después de cuarenta años, a la tierra donde fluye leche y miel, tierra que él sólo pudo ver a la distancia y no pudo disfrutarla.

Para hablar de Moisés tenemos que ir también al Salmo de Moisés, la mayoría pensamos que los salmos fueron escritos por David y se los atribuimos, pero hay uno que lo escribió Moisés, es  el 90 que nos muestra quién fue él, por supuesto que lo recordamos como un extraordinario hombre, pero antes de hablar del salmo 90 vamos a Éxodo 2:1-2 que dice: Hubo un levita que tomó por esposa a una mujer de su propia tribu. La mujer quedó embarazada y tuvo un hijo, y al verlo tan hermoso lo escondió durante tres meses. – ¿Por qué lo escondió? Lo escondió porque faraón tenía la consigna de matar a todos los bebés. ¿Qué haría usted si hoy estuvieran matando a los bebes? ¿Tendría un hijo? Y, sin embargo, hay muchas que quedan embarazadas y tanto ella como él deciden matar al bebé, abortarlo. Y hay quienes ya no quieren tener hijos, porque si nacen van a tener problemas. Sí, hay mucha delincuencia, mucha drogadicción, mucha violencia, mucha criminalidad y por eso ya no quieren tener hijos, pero yo me pregunto ¿qué habría pasado de Israel y aún de nosotros si los padres de Moisés se hubieran abstenido de tenerlo? ¿Qué habría pasado con Israel si no hubieran dispuesto dar a luz a ese hijo y tratar por todos los medios de conservarlo en medio de la opresión egipcia y la disposición de matar a todos los niños?

Estos padres tuvieron a su hijo. Y por tres meses lograron ocultarlo. Cuenta la tradición que llevaban a madres egipcias con bebés a las casas de los israelitas para que lloraran y cuando un bebé llora los demás hacen lo mismo, y si tenían escondido a uno este lloraba y se delataba. Entonces lo mataban. No era fácil. Mortandad terrible de niños que hubo en esa época en Egipto, niños de Israel, pero lo que uno siembra cosecha. Hay una ley que dice que lo que uno siembra cosecha y esa mortandad que faraón sembró la cosechó en la décima plaga que llegó contra Egipto. Todos los primogénitos de Egipto murieron. Tenga cuidado, porque con la misma medida con la que uno mide es vuelto a medir. Por eso el Señor dice: Ven y se les dará. Y eso se aplica en la vida.

Así que cuando ya no pudo seguir ocultándolo, dicen los versículos 3-10: Cuando ya no pudo seguir ocultándolo, preparó una cesta de papiro, la embadurnó con brea y asfalto y, poniendo en ella al niño, fue a dejar la cesta entre los juncos que había a la orilla del Nilo. Pero la hermana del niño se quedó a cierta distancia para ver qué pasaría con él.  En eso, la hija del faraón bajó a bañarse en el Nilo. Sus doncellas, mientras tanto, se paseaban por la orilla del río. De pronto la hija del faraón vio la cesta entre los juncos, y ordenó a una de sus esclavas que fuera por ella. Cuando la hija del faraón abrió la cesta y vio allí dentro un niño que lloraba, le tuvo compasión, pero aclaró que se trataba de un niño hebreo.  La hermana del niño preguntó entonces a la hija del faraón: — ¿Quiere usted que vaya y llame a una nodriza hebrea, para que críe al niño por usted?  —Ve a llamarla —contestó.  La muchacha fue y trajo a la madre del niño, y la hija del faraón le dijo: —Llévate a este niño y críamelo. -Por supuesto era biológicamente la madre del niño y estaba en capacidad de amamantarlo, hacía tres meses que lo había dado a luz-. Yo te pagaré por hacerlo.  Fue así como la madre del niño se lo llevó y lo crió. Ya crecido el niño, se lo llevó a la hija del faraón, y ella lo adoptó como hijo suyo; además, le puso por nombre Moisés, pues dijo: « ¡Yo lo saqué del río!»

Moisés no fue cualquier israelita, fue un israelita adoptado por la hija del faraón y tratado como hijo, pero creado por una hebrea. Yo quiere advertirle algo: Si usted pide a una extranjera que le críe a su  hijo ¿qué va a aprender su hijo? La cultura de la extranjera. El idioma de la extranjera, las mañanas de la extranjera. Ese es el riesgo cuando una madre no cuida a su hijo personalmente, se expone a que el niño mame la leche de otra madre y mame la mentalidad y la actitud de otra persona. El niño ya crecido fue llevado a la hija de faraón, pero ya había “mamado” la cultura hebrea, la visión mesiánica, ya había recibido la enseñanza de su nana, literalmente, por eso es que Moisés aunque creció en el palacio los primeros años los pasó con sus mamá biológica. Los pedagogos dicen que son los primeros cinco años los más importantes en la crianza y formación de un niño, pero por lo general los padres son los años en que menos se dedican al niño. Y esos son los años en que es más importante que usted le dedique tiempo a su hijo para darle su cultura, su cultura cristiana, su fe cristiana, sus buenas costumbres, principios y valores.

Ya en el palacio Moisés fue enseñado en todo en cuanto a la cultura de los egipcios, habiendo conocido el esplendor de ese imperio, el poder económico y la posición. Un día asesina a un egipcio que golpeaba a un judío y por lo que se sabe, huye al desierto, es ahí donde luego se le aparece Dios en medio de la zarza ardiente y lo comisiona para regresar a Egipto y liberar a Israel. Con esto en mente pensemos en Moisés, quien tuvo tres períodos de cuarenta años cada uno. En los primeros cuarenta años se creía la mamá de Tarzán, se creía la mamá de los pollitos, pensaba que como ya había cursado todos los niveles universitarios y porque había estado sentado ante los más notables académicos, estrategas y científicos egipcios, ya tenía sus diplomas de la universidad, ya tenía sus maestrías y doctorados de la universidad. Creía que él podía hacerlo todo.

Es típico del joven, el joven llega un momento en que se prepara y alcanza cierto conocimiento y cree que ya todo lo puede hacer y hasta emite juicios de valor sobre sus mayores. Y esas estaba Moisés. Pensaba en ese momento que podía hacerlo todo, y por eso quiso iniciar su propia revolución, quiso liberar al pueblo de Israel de la opresión, quiso sacarlo a un lugar de mejor estatus socioeconómico y político, y por su propias manos, mató al primer egipcio, pero el Señor le enseñó que no era el camino de la violencia el que produce lo cambios mas grandes.

Entonces se fue al desierto. Y cuarenta años estuvo en el desierto hablando con las ovejas y ¿de qué se puede hablar con una oveja? Cuarenta años de pastor. El gran estudioso, hijo  adoptivo de faraón, de la hija de faraón, el hombre que estuvo en la cumbre del palacio con mucho poder, con mucho conocimiento ahora cuidando ovejas. Hace un tiempo leí la historia de una compañía de taxis en Nueva York que ofrecía los servicios de un chofer al gusto del cliente: Si usted quiere hablar sobre filosofía, le mandamos a un filósofo. Si usted quiere hablar sobre economía, le mandaos a un economista. Si usted quiere hablar de ciencia, le mandamos a un científico. Porque tenían tantos economistas, filósofos, científicos sin trabajo que prestaban sus servicios como conductores de taxis. Usted podía hablar con ellos del tema que quisiera, ellos sabían. Allá estaba Moisés, imagínese hablando de ciencia egipcia a las ovejas, hablándole de matemática a las ovejas. ¿Qué podía hacer él en ese caso? Nada. Si usted deja cuarentas años de hablar se vuelve hasta torpe para hablar, pero durante esos cuarenta años, Moisés llegó a aprender que él no podía hacer nada por sí mismo. Los primeros cuarenta años creía que lo podía hacer todo. Los segundos cuarenta años se convenció de que no podía hacer nada por sí mismo, por eso cuando Dios le habló le dijo: Señor, yo no soy el indicado, yo no puedo, además ya tengo 80 años  pero lo convenció el Señor, fue a Egipto y estuvo cuarenta años con Israel. De 80 a 120 realizó su destino, cambió su futuro, cambió su rumbo y aprendió en los últimos cuarenta años de la vida que todo es posible cuando Dios está con nosotros.

Él probó abrir el Mar Rojo, se abrió. Probó alimentar a casi tres millones de israelitas y se pudo por cuarenta años. Vestir a los israelitas se pudo durante cuarenta años. Darles agua en el desierto a los israelitas, se pudo durante cuarenta años. Por qué, porque sabía que con Dios todo es posible para el que cree en Dios nuestro Señor.

Abramos la Biblia en el Salmo 90. Vamos a escoger un texto de ese Salmo 90:10, léalo usted completo, porque es una maravilla de enseñanza: Algunos llegamos hasta los setenta años,  quizás alcancemos hasta los ochenta,  si las fuerzas nos acompañan. Tantos años de vida, sin embargo,  sólo traen pesadas cargas y  calamidades: pronto pasan, y con ellos pasamos nosotros.

La importancia de la edad de 80 años es que a esa edad Moisés empezó su ministerio. Así que no diga que está viejo porque ya tiene 61 años, el Señor tiene para usted un ministerio, tiene para usted que hacer, usted puede. Yo les he contado la historia de mi abuelita que a la edad de 91 años, antes de morirse, evangelizó todavía a los vecinos y familiares que la fueron a ver que se moría y les habló de Cristo. Una tía mía, la tía Teresa, se convirtió y tenía 30 años de no hablarse con sus mamá, porque ella se había convertido a Cristo y ella ahí se convirtió. Y lo mejor que hizo mi abuela fue que dos horas antes de morir llamarme, pedirme que me arrodillara a la orilla de su cama, ponerme las manos en  la cabeza y pedirle a Dios que me hiciera un evangelizador del Evangelio. 91 años, dos horas antes de morirse, destinando a un nieto al ministerio.  Así que podemos hacer grandes cosas, sin importar la edad que tengamos. Claro, Moisés dice, ya después de los 80, antes por ahí puede haber pesadas cargas, todo se vuelve difícil. Así que Moisés murió de 120 años, según Deuteronomio 34:7 Moisés tenía ciento veinte años de edad cuando murió. Con todo, no se había debilitado su vista ni había perdido su vigor.

Aunque esta vida es breve debemos vivirla al máximo. Vivirla al máximo es atesorar cada momento de la vida, aprécielo. Si usted tiene la oportunidad de estar hoy con su mamá, atesórelo. Si tiene la oportunidad de estar con sus hijos, atesórelo. Si puede estar con sus nietos, atesórelos. Aprecie cada momento. No desperdicie los ocasos. Ayer tuve la oportunidad de llegar a hacer un oficio de un aniversario de boda a la orilla de la playa y me disfruté el rato viendo el mar, viendo el sol caer, viendo a los amigos, algunos que no he visto desde hace mucho rato. Uno de ellos me preguntó cuántos nietos tenia y le dije que eran cinco, pero él no tenía ni uno, porque sus hijos no se quieren casar. Les puede pasar lo que a unas amigas que yo tengo, me dijo, que buscaron desarrollar sus talentos, su profesión y alcanzaron éxito y hasta tienen propiedades en Europa, pero ahora lloran porque ya están viejas para tener un hijo. Madres, no se sientan mal porque alguien les dice que usted es solo mamá, eso es lo más grande que una mujer puede ser mamá de sus hijos, criar a sus hijos. Formar a sus hijos, lo mejor que usted puede hacer.

El faraón sigue metiendo su mentalidad en nuestros días, matando a los hijos, sólo que ahora los mata primero en nuestra mente y corazón, metiendo la idea que no hay que tener hijos, cuestan mucho dinero, toman mucho tiempo. Por eso es que hay muchos que no se casan y los que se casan ni hijos tienen. Con uno que tengan ya se sienten Sara y Abraham. Hay que tener hijos. Recuerde que cuando se muera lo único que va a poder sacar de la tierra son sus hijos, los carros se quedan, la casa se queda, las joyas se quedan, las acciones se quedan, el dinero se queda, pero el espíritu de sus hijos  cuando mueran irán al cielo y usted los estará esperando o ellos lo estarán esperando a usted. No dejemos de tener hijos, tengamos tantos como podamos, conforme a nuestras posibilidades, con la ayuda de Dios nuestro Señor. Aunque esta vida es breve debemos de vivirla al máximo. Atesore cada momento de la vida.

Ahora ¿cómo desperdiciar su vida al máximo? Primer consejo para desperdiciarla es: viva pensando en el ayer. Si algo valioso podemos dejarle a nuestros hijos son los recuerdos. Recuerdo de un día de campo, de una graduación, de un cumpleaños, de un viaje. Los recuerdos son importantes. Cuando  alguien muere lo único que queda son sus recuerdos y aún de los muertos se sigue hablando, no tanto de lo que poseían sino cómo trataban a los demás. Así que no llegue a viejo amargado. No llegue a viejo peleonero. Entonces ¿cómo vivir en el ayer? Es una forma de desperdiciar su vida al máximo cuando vive pensando que el ayer fue mejor. Eclesiastés 7:10 dice: Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría. (VRC 60).

Muchos piensan siempre que las cosas del pasado fueron mejores. Ah los días de Jorge Ubico. Mis papás que vivieron en la época de Jorge Ubico, en Guatemala, piensan que fue la maravilla. Claro que fueron mejores, ahí maltrataban a todos los criminales. No permitía que hubiera criminales, a veces les aplicabas la ley fuga. Claro que fue un dictador. Sabe usted quién fue el que construyó el Palacio Nacional, el Palacio de la Policía Nacional, el Palacio de la Dirección General de Correos, los museos de Ciencia e Historia, los puentes que no se han caído, Jorge Ubico. Yo creo que por eso me pusieron a mí Jorge, solamente que yo me ubico bajo la autoridad del Señor.

Las cosas del ayer hayan sido buenas o hayan sido mejores, no son para que vivamos pensando en el ayer. Imagínese, qué bueno cuando estaba casado con mi mujer y tenía 25, si usted tiene 80 anda con una de ochenta también. Hay que envejecer juntos. Los tiempos del ayer ya pasaron, no podemos estar fincados en esto.

En realidad los tiempos pasados a lo mejor fueron mejores, pero ya no podemos volver a ellos. El pasado, pasado está. Ya pasó. Ya no regresará, como diría el famoso poeta: Juventud divino tesoro, te vas para no volver. Todos los viejos alguna vez fuimos jóvenes. Yo les he contado la anécdota de aquel carrito viejo que estaba por occidente de Guatemala, todo destartalado, despintado, echando humo  y ruidos por todos lados, pero atrás tenía el rótulo bien pintado que decía: “yo también fui un último modelo”. Lo que pasó, pasó. Ahora tenemos que disfrutar las cosas como son. Tendemos a idealizar los tiempos pasados que en realidad no fueron un camino de pétalos de rosa. Muchas veces recordamos el pasado sin todas las emociones reales del momento, sin todas las dificultades de aquellos tiempos y tendemos a idealizar lo que vivíamos de niños o cuando teníamos 40 años en nuestra vida. Preguntar cuál fue la causa de que los tiempos pasados fueron mejores nunca produce energía para seguir corriendo la carrera de la vida, lo único que trae es desánimo.

Viva  pensando en los fracasos y en las heridas del ayer y desperdiciará su vida. ¿Cuántos han sido heridos alguna vez? Recientemente y esta historia se repite siempre. El caso de una joven extraordinaria, la enamora un muchacho, hacen arreglos para casarse, ya tienen todo listo, dos semanas antes se desaparece el muchacho. ¿Creen que eso es bonito para la novia? ¿Para la mamá y el papá de la novia, los amigos? Es un fracaso. Es un desastre emocional, es una herida que queda marcada en el alma y hace sentir dolor, tristeza, pena, vergüenza, dolor, rencor, ira, venganza, Todo eso puede sentirse en un momento de fracaso. Usted trabaja toda una vida, como he conocido a algunos, luego son indemnizados y reciben todo el dinero de 20, 30 años de trabajo, toman el dinero, lo invierten en una financiera, en un banco y luego el banco o la financiera quiebran o desaparecen y usted se queda sin plata. Eso duele.

No puede uno quedarse llorando por el fracaso. Tome nota de este pensamiento: “haga de su fracaso un momento, nunca un monumento”. El fracaso es un momento, el dolor es un momento. La pérdida es un momento, pero no la convierta en un monumento, porque entonces toda la vida estará pendiente de su monumento y si usted no olvida su pasado destruirá su presente y tendrá un futuro infeliz, amargado y resentido. Que importante es pensar en los fracasos y en las heridas del ayer, pero sin que causen el mismo efecto que cuando ocurrió. Si usted sigue enfocado en el pasado resucitará el mismo momento y los mismos sentimientos hoy. Quiere desperdiciar su vida al máximo viva pensando en los fracasos. Es como si usted estuviera conduciendo su auto por la Calzada Roosevelt, en eso pasa algo importante en su vida y por el espejo retrovisor  usted se queda fijo en la mirada. ¿Qué va a pasar? Un accidente. En la vida, pensar  en el pasado debe ser como mirar en el espejo retrovisor, cuando usted conduce su automóvil. Usted lo mira pero vuelve su vista hacia el vidrio panorámico que está enfrente de usted, porque ahí viene el futuro haciéndose presente cada día de la vida. Y nuestros ojos no deben estar fijos en el pasado sino en el presente y en el futuro que ya se acerca.

Quien no olvida su pasado paraliza su presente y elimina su futuro. No podemos disfrutar al máximo si vivimos en el pasado, pero sí podemos desperdiciar la vida al máximo si vivimos en el pasado. ¿Cuál es la solución? El apóstol Pablo nos la da en Filipenses 3:13-14 Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.

Saulo de Tarso, aún cuando fue  criado en una de las tres universidades antiguas, Tarso, una de ellas, llegó a encumbrarse dentro de la academia de su época, llegó a encumbrarse dentro del liderazgo religioso de su época. Un hombre nacido en una cuna socioeconómica alta, muy bien educado, pero su celo religioso los hizo convertirse en perseguidor de la Iglesia. Y la Biblia enseña que Saulo entraba por las casas para sacar a los cristianos y torturarlos. Pablo hubiera sido muy bien el perfil de un zeta, de aquellos que despedazan hoy los cadáveres y dejan la cabeza por un lado, los brazos por otro. Saulo participó en el primer martirio, en el crimen más grande que ha cometido el mundo contra la Iglesia: matar a los siervos de Dios. Esteban es uno de los muchos en los que Saulo participó de una u otra manera. ¿Cómo pudo sentirse cuando se encontró con Cristo  y le dijo: Saulo, Saulo, por qué me persigues? En ese momento pasaron por su mente todas las mujeres que torturó, todos los niños, todos los hombres que torturó y empezó a torturarse a sí mismo, porque el diablo mal paga a quien bien le sirve, después de torturar a muchos viene el diablo  con la culpabilidad y la condenación y a pasarte una película de todo lo malo que has hecho. Todos somos pecadores, dice la Biblia, todos hemos hecho algo malo, todos hemos fallado delante de la presencia de Dios, quizá no hemos torturado al estilo de un terrorista moderno o de un terrorista antiguo o de un fanático religioso como fue Saulo, pero todos hacemos algo para dañar y destruir a alguna persona, y después viene la culpabilidad por lo que hicimos, el aborto que cometimos, la estafa que hicimos, el robo que hicimos, el pecado que cometimos.

Y por eso dice el apóstol Pablo: Una cosa hago: olvidando lo que queda atrás. No solo se refiere a sus logros y a sus éxitos, se refiere a sus fracasos, a sus crímenes. Por eso con toda confianza le puedo decir a cualquier criminal en el mundo: Cristo te ama y te puede transformar, no importa lo que hagas, Cristo te ama y si te arrepientes Él te puede transformar y hacerte un hombre nuevo como lo hizo con Saulo y lo convirtió en Pablo. Nuestros países se desangran por la violencia o se destruyen por la droga que consumen o que importan, pero si hay arrepentimiento y hay fe en Cristo puede haber un cambio. Así que hay que olvidar lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar la meta que está delante sigo avanzando hacia la meta para agarrar el premio que Dios ofrecer mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.

Ser cristiano no es fácil, ser cristiano es una carrera de resistencia. Es correr paso a paso, a paso, día a día, año tras año y como dijo Jesús: El que persevere hasta el fin, este será salvo porque no es fácil. Hay momentos en los que usted ya quiere tirar la toalla, hay momentos en los que usted ya no quiere seguir, pero si usted persevera paso a paso, Dios estará al lado suyo diciendo: si mi hijo, ya vas llegando. El premio está allá, míralo, levanta los ojos, allá estoy esperándote con el premio que tú tienes ganado por medio de la fe en Cristo.

Olvidar el ayer es imposible, pero el pensamientos que nos llega podemos dominarlo al grado que no nos cauce la nausea, el rencor, la tristeza que antes nos causó. Reflexione sobre estos pasajes bíblicos acerca del pasado. Romanos 12:19: No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza; yo pagaré», dice el Señor. Si cada persona que sufre las consecuencias de la violencia y de la criminalidad toma venganza por sí misma nunca habrá paz en nuestras tierras. En algún momento tenemos que decir: Yo perdono, no tomo venganza. Los linchamientos, óiganme bien ciudadanos, los linchamientos no son la solución, pero la justicia de la nación tiene que tomar una acción. La Biblia dice claramente que cuando no se aplica pronto la sentencia sobre un delito, el pueblo encuentra muchas razones para hacer lo malo. Y aquí el Organismo judicial, el Organismo Legislativo, el Organismo Ejecutivo, son los responsables de aplicar la justicia, tienen que tomar acción inmediata y aplicar la justicia para que haya en nuestro país sentimiento de seguridad.

Usted no se aflija, no se preocupe, ocúpese en las cosas del Señor y el Señor se encargará de tomar venganza por usted. Olvide, no se amargue, no se resienta. Si sufrió, seguro que ha sufrido, pero tiene que dejar la venganza en manos de Dios. Aquí viene otro más difícil de tragar, pero es la medicina que él nos da. Mateo 6:12: Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Todos queremos que Dios perdone nuestros pecados, pero Él dice: los perdono si ustedes perdonan. Si ustedes no perdonan va a estar difícil el perdón. El perdón es condicional, si nosotros damos recibimos, si sembramos cosechamos. Tenemos que aprender a perdonar. El matrimonio consiste en perdonar, perdonar, perdonar, y perdonar y seguir perdonando hasta la muerte, de lo contrario usted se divorciará al primer año. Tiene que haber perdón, perdón y perdón.

2 Corintios 5:17: Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! Me impresiona lo que dice Hebreos de Moisés 11:24-27: Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del *Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…