Abrazos-Banner

Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Hemos venido hablando sobre la serie “Lo que un hijo necesita”, un tema fundamental en la formación de nuestros hijos. Se ha hecho la pregunta que nos hacemos con frecuencia ¿qué mundo vamos a dejarles a nuestros hijos? Porque el mundo que tenemos está patas arriba, está desordenado, está contaminado, está pervertido, está difícil, pero creo que si se nos complica cambiar al mundo, sí podemos cambiar a nuestros hijos, la pregunta correcta es ¿qué hijos vamos a dejar para el mundo? ¿Vamos a dejar hijos improductivos,  hijos delincuentes, hijos zánganos, holgazanes, hijos adictos a drogas, hijos sanos? En gran parte dependerá de nosotros los padres. Nosotros tenemos el mundo que nos heredaron nuestros padres y abuelos, pero estamos en medio de este mundo por la gracia de Dios venciendo al mundo, porque Cristo en nosotros nos da el poder para vencer. Estamos aquí en victoria, saliendo adelante.

En los temas anteriores dijimos que los hijos para ser buenos necesitan un modelo de vida  a imitar. Los modelos de vida a imitar tenemos que ser nosotros, sus padres, nosotros tenemos que dar un buen ejemplo. No esperemos nada de los hijos que no estemos velando ni enseñando con el ejemplo. Los hijos aprenden mucho de lo que les decimos, pero aprenden mucho más de lo que les mostramos. Nuestro ejemplo es válido. Luego hablamos que un hijo necesita un toque de amor que afirma. Si algo necesitan nuestros hijos es que como padres les amemos. El mismo Señor Jesús, cuando fue bautizado en agua en el Jordán -antes de predicar su primer mensaje, antes de orar por su primer enfermo- oyó estas palabras del Padre nuestro que está en los cielos: “Tú eres mi hijo amado, estoy muy complacido contigo”. Así que usted en vez de estarle diciendo a su hijo todo el tiempo: sos muy bruto, sos tonto, tiene que darle un toque de amor que afirma. Abrace a sus hijos, dígales que les ama. Yo sé que los ama, pero a veces cuesta  expresarlo. Bese y abrace a sus hijos.

También dijimos que un hijo necesita tiempo que no tiene precio. El tiempo no tiene precio, ¿por cuánto podemos comprar un día, una hora? Cuando usted ya está grave y está a punto de expirar, puede entregar toda la fortuna que tiene y no podrá incrementar con eso un día más, por eso es que el tiempo no tiene precio. Cuando le damos tiempo a una persona le damos lo más caro que tenemos, lo mejor que tenemos: nuestra vida. Y eso es lo que nuestros hijos necesitan, tiempo que no tiene precio. Por eso en Deuteronomio 6:4-8 dice: Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.

Ese fue el consejo de Dios para Israel y es un consejo para cada uno de nosotros. Tenemos que enseñar a nuestros hijos, a nuestros nietos y bisnietos a amar a Dios y a amar al prójimo como a sí mismos, pero para eso tenemos que dedicarles tiempo. Es más fácil darles una extensión de nuestra tarjeta de crédito, un carrito para que se vayan a distraer. Es más fácil comprarles un Nintendo, un Play Station, darles video juegos, computadoras y que no molesten. En vez de darles tiempo. Por eso dice la Escritura claramente: “… cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes”. Tenemos que tomar tiempo para que ellos lleguen a ser buenos ciudadanos y buenos hijos.

También nos referimos a que un hijo necesita la disciplina que trae paz. El niño consentido será vergüenza de la madre. Nosotros tenemos que aprender a disciplinar a nuestros hijos. Hebreos 12:11 “Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella”. La corrección produce en nuestros hijos justicia, que es dar a cada quien lo que le corresponde y paz y tranquilidad por las buenas decisiones. No solo tranquilidad para los padres sino también para los hijos y debemos recordar que la disciplina  va de la mano con la instrucción. Si no se instruye primero a los hijos no podemos exigirles después que cumplan con los reglamentos y la disciplina. De hecho los traductores de la Nueva Versión Internacional de la Biblia definen la disciplina como “término típico de la literatura sapiencial que implica la enseñanza o instrucción correctiva de la ley”, más la educación de los padres incluido el castigo físico, pero tiene que haber instrucción. Recuerden que la disciplina nunca es destructiva, la disciplina siempre es correctiva y tenemos que aprender a dar ese tipo de corrección a nuestros hijos.

Hoy quiero referirme a esto que es muy importante. Yo tuve tres hijos, los tres los tuve en los brazos, fueron bebés preciosos, hoy el mayor tiene 37 años y el mejor tiene 32, pero ¿qué pasaría si hoy 37 años después mi hijo todavía tuviera 10 libras de peso y todavía tuviera que llevarlo en los brazos? ¿Creen que estaría contento con eso? ¿Creen que sería agradable ver a nuestros hijos siempre chiquitos? Los niños son bonitos chiquitos, pero uno se aburre de cambiar pañales, uno se cansa de darles de comer en la boca. Llega un momento en que los chiquitos crecen y es necesario que nosotros permitamos que crezcan, de lo contrario siempre estaremos al cuidado de ellos y no madurarán ni física ni mentalmente. Si vivimos la vida con hijos que nunca crecen estaremos agotados, exhaustos. Tuve la visita en mi casa de uno de mis hijos con dos de los nietos, iba el de más reciente ingreso a la familia: Jorge Humberto, un lindo bebé de 19 días que nació casi un mes anticipado, pequeñito, pero igual nació su hermanita, ya ella corre, habla, salta, pero la verdad que estar con los nietos, ya cuando caminan es agotador, tiene uno que estar diciéndoles: – bájese de ahí, que se va a caer, que no se suba, que vamos aquí, que vamos allá-. Son incansables.

Ahora imagínese usted siendo uno padre de sus hijos por 30 años y que nunca crezcan, que nunca sean responsables de sus actos. Uno viviría exhausto. Cada vez son más y más los que hijos que aunque los años pasan crecen físicamente, pero nunca crecen psicológicamente, nunca maduran, nunca llegan a ser hombres y mujeres responsables de sus propia vida y no están listos para dejar el niño y formar su propia familia, y si lo hacen siguen mantenidos o subsidiados por sus padres y sus matrimonios tienden a destruirse.

¿Cómo puede un hijo hacerse cargo de un hogar, de ser pareja o de ser padre si no es responsable? ¿Por qué ocurre esto? Porque cuando nuestros hijos son pequeños los tratamos como pequeños y cuando crecen cometemos el error de seguirles tratando como pequeños. Su hijo de 15 años ya no es un nene. Para muchos de nosotros nuestros hijos son siempre nenes, pero tenemos que entender que eso fue una época. Son niños, luego son adolescentes y luego a los 18 años se convierten en adultos y a un adulto hay que tratarlo como un adulto. La gente afuera trata a sus hijos como adultos, pero usted a veces los sigue tratando como bebés. Tenemos que entender que no es así.

Muchos de los padres hemos crecido con el afán de preparar el camino para nuestros hijos y decimos que no queremos que los nuestros sufran como nosotros sufrimos. No queremos que nuestros hijos padezcan lo que yo padecimos, por lo tanto, cada quien se propone: Yo voy a trabajar duro y les voy a hacer una casa a cada uno y les voy a comprar un lote de tierra a cada uno. A mí nunca me dieron un lote ni una casa, no me prepararon el camino, no me lo facilitaron, pero una cosa agradezco a Dios que sí me prepararon para el camino. Está bien si usted quiere dejarles herencia a sus hijos, pero está mal que no los prepare para que ellos sean responsables y administren su propia vida y que no estén pidiéndole a Dios que usted se muera luego para disfrutar de la herencia.

Es importante no preparar solo el camino para nuestros hijos, sino preparar a los hijos para el camino. No queremos soltarlos y los sobreprotegemos, hay padres que están casados únicamente porque tienen a los hijos en la casa y no quieren que su hijo o hija se case y ahí están tratando de mantenerlos, porque saben que el día que se vayan se va a dar el síndrome del nido vacío, se va quedar viéndose la cara con su marido como extraños en la noche y van a sufrir la consecuencia. Prepárese para que sus hijos salgan un día, está bien que los proteja, pero no los sobreproteja, deje que ellos se desarrollen y por lo tanto sepan como desempeñarse en el mundo real. Cuando sale un hijo al trabajo, cuando sale un hijo al taller, a la clínica, a la universidad, a la política, al deporte, a donde quiera que vaya a trabajar no va a tener dos papás que estén ahí protegiéndolo. Él va a tener que aprender a cuidarse solo, protegerse solo, a depender de la protección de Dios.

¿Cuáles son las consecuencias por no preparar a nuestros hijos para el camino? Que los hijos se convierten en una carga económica permanente para los padres. Y si tienen enfermedad, los papás pagan la medicina, el hospital y si tienen necesidad los papás son los que sacan plata. Toda la vida los papás sosteniendo a su hijo, a la nuera, a los nietos, a la suegra del hijo y usted no está para tanto. Hay un momento en que usted debe mantener a sus hijos y hay un momento en el que sus hijos deben mantenerse solos y si es posible ayudarlo a usted que ya no está productivo, ya está viejito, está jubilado por el IGSS y lo que le dan no alcanza ni para la renta. Usted necesita también el apoyo de sus hijos. Por eso es importante prepararlos, educarlos, instruirlos y hacerlos responsables. Tenemos que entregar a nuestra bella Guatemala gente productiva, pero si usted tiene hijos que son totalmente sobreprotegidos o como decimos acá: hijos de papi o hijos de mami, ¿qué vamos a tener en el país? Un montón de gente improductiva, si su hijo no es responsable cómo podrá ser un buen trabajador, cómo le agregará valor a una empresa.

¿Podrá mantener un trabajo y producir excelentes resultados? No, porque está acostumbrado a que su papá y que su mamá salgan siempre a resolverle todos sus problemas. El matrimonio de nuestros hijos así difícilmente funcionará. ¿Cómo podrá funcionar un matrimonio si cada uno de los contrayentes está acostumbrado a que le hagan todo y que todavía no puede dirigirse a sí mismo? Hay muchos hijos que no saben hacer ningún tipo de oficio doméstico. Yo sé que en nuestra cultura chapina, yo he disfrutado de esa cultura, los hombres somos servidos. La mamá dice que no barra, porque ese no es oficio para un hombre. Que no lave platos, que no haga su cama y luego se repite: las nuevas mamás se vuelven consentidoras de sus hijos. Pero estamos en una época en la que hay que enseñar, tanto a varones como a mujeres, oficios domésticos, de lo contrario usted va a tener una hija que cuando se case por no saber nada hasta el agua caliente se le va a quemar. Hay hijas que lo único que saben es pedir comida al restaurante, no saben nada de nada. Y no todas tienen la dicha de tener un esposo que les ponga dos o tres muchachas que le hagan todo. Hay algunas y la mayoría, tienen que soplarse por sí mismas todo el quehacer doméstico. Tenemos que ensañarles administrar bien el dinero, a no malgastarlo. Tenemos que ensañarles a trabajar, permitirles que ellos adquieran habilidades, oficios, profesionales, buenas costumbres.

Hay que preparar a los hijos para el camino. Recuerdo que cuando nuestros hijos eran chicos, cada período de vacaciones se iban a trabajar. Los teníamos en la iglesia recortando figuras en el área de la Zona de Campeones o Escuela Dominical o barriendo el patio de la iglesia que era grande o ayudando a los distintos trabajadores para enseñarles. Conforme crecieron se convirtieron en maestros de inglés del colegio, luego dijeron ya no queremos trabajar de maestros de inglés aquí, quería, uno de ellos, vender pollo y allá se fue el mayor a vender, andaba con las canastas de pollo en el mercado, repartiendo a los carniceros o a los supermercados. Ahí se encontraba con la gente de la iglesia. Y algunos han de haber dicho que pura lata el Pastor, cómo tiene ahí a su hijo trabajando, vendiendo pollo, pero Jorgito muy campante llegaba y saludaba a todo el mundo  y seguía trabajando. ¿Por qué lo hacía? Porque es necesario preparar a los hijos para el camino. Ese año y pico que trabajó ahí no logró avanzar en la universidad, así que le dije un día: – Hablé con tu jefe y dice que los que trabajan con él ninguno se gradúa de la U, porque no tienen tiempo para estudiar. Así que si quieres graduarte de la universidad tendrás que cambiar de trabajo, no le dije deja de trabajar sino cambia de trabajo-. Cambió de trabajo, empezar a vender jeans en la 5ª. Avenida con los chinos vendiendo en horas más hábiles y con tiempo disponible para seguir estudiando. Se graduó en licenciatura de administración de negocios. Y ahora atiende sus propias empresas, pero ¿cómo se logró hacer eso? Preparando a los hijos para el camino. Igual con todos los demás. Si no lo hacemos, hermanos, vamos a sufrir los padres y van a sufrir los hijos porque van a crecer inútiles. El nido es un lugar de refugio, los animales usan el nido para procrear y criar a sus polluelos, igual la casa, el hogar, es un nido para nuestros hijos, es un lugar de refugio, es para procrearlos y para criarlos, pero no pueden estar ahí toda la vida.

Ahora es frecuente ver a hijos de más de 40 años que no quieren irse de la casa de sus papás, están becados, no pagan la luz, no pagan el agua, no pagan la comida, no pagan la muchacha, no pagan el jardinero, no pagan la gasolina, no pagan nada. Y ellos felices de la vida y algunos con buenos trabajos y no aportan nada para la casa, todo se lo malgastan, todo lo usan para ir y venir y nunca comparten nada con sus papás. Yo les doy un buen consejo, si su hijo vive con usted y trabaja que aporte en los gastos de la casa. Dígale: hijo, ya es tiempo que usted ayude, el diezmo para su iglesia y el diezmo para su casa, por los menos ayúdelo a que pague algo de lo que se gasta y que empiece a servir. Un ejemplo para mi, siempre muy ilustrativo, es el del águila. Construye un nido en las alturas, lleva ramas con espinas para que la serpiente no llegue y se coma sus huevos  que ha depositado en un mullido, suave, colchón de sus plumas. Cada vez que los aguiluchos  tienen hambre les lleva del animal que atrapa y les da de comer en la boca en trozos, ellos lo único que tiene que hacer es abrir el pico. Felices con esa vida, se van poniendo gorditos, fuertes, llenos de plumas, van creciendo hasta se estorban uno de otro y por eso pelean entre sí, porque ya no caben.

Un día llega la mamá águila y empieza a desarmar el nido. De repente toma a uno de los aguiluchos con sus grandes garras y lo eleva y en lo más alto lo deja caer. El aguilucho empieza a tratar de mover sus alas porque sabe que hay peligro cerca y cuando se va a estrellar, la mamá lo vuelve a elevar. Esta vez desde el principio empieza a mover sus alas, previendo que no sea rescatado. Tenemos que aprender a dejar que nuestros hijos vuelen por sí solos, a dejar que ellos aprendan a trabajar, quizá al principio vamos a tener que meterles la mano y ayudarlos y rescatarlos, pero tienen que aprender a volar y a salir del nido. Mande a sus hijos a volar.

Haga responsables a sus hijos desde chiquitos, dependiendo de la edad. Cuando son pequeñitos sacan todos los juguetes y le llenan toda la sala, pues enséñeles poco a poco a recogerlos, a ponerlos en su lugar. Conforme van creciendo enséñeles a hacer una cama bien hecha y que por lo menos le ayuden a hacerla. Enséñeles a poner la ropa sucia en su lugar, enséñeles a poner la mesa, recoger la mesa, lavar los platos, secar los platos, ordenar la casa, barrer, trapear. Si sus hijos la ayudan, hermana, usted va a tener más tiempo para ir a sus célula, más tiempo para leer la Biblia y hasta para ver su programa de la Fráter en televisión, porque usted no ve novelas. Es importante que hagamos a nuestros hijos responsables.

El mejor legado para un hijo es la fe y la capacidad de ser responsable para sostenerse y ser productivo. Yo les puedo decir que Dios permitió que a mí me mandaran a volar muy temprano en la vida. A los 15 años me echaron a volar y empecé a ver como movía las alas yo solo. Parecía que me iba a estrellar, pero el Señor permitió que aprendiera a volar, sin estar dependiendo de mis padres, bendito sea el Señor, Él me ayudó. Tenemos que aprender a volar. Hay quienes hemos tenido que salir a volar porque nos echaron de la casa. Otros han tenido que salir a volar, porque sus padres desaparecieron de la escena. Otros porque crecieron huérfanos, otros porque tuvieron que ir a buscar su propio pan cotidiano muy temprano en la vida, pero es necesario aprender a volar.

El trabajo no es una maldición, el trabajo es una bendición. Por eso aprender a trabajar muy pronto es importante. A mí me tocó pagar mis estudios secundarios con mis propios esfuerzos, tuve que aprender un poco de serigrafía y hacer banderines, empecé a vender libros, discos, todo lo que pude, con tal de volar. Si hacemos a nuestros hijos productivos van a salir bien. Mi abuela, que en paz descanse,  no me dejé una herencia material , ni un centavo me dejó, yo creo que a nadie les dejó, excepto alguna que otra nuera que le repartió algunos trastecitos, pero el mejor legado que hemos recibido de nuestros abuelos algunos de nosotros, de nuestros padres algunos de nosotros, es la fe y por eso hay que enseñarle a sus hijos la fe, por eso hay que traerlos a la iglesia, por eso hay que inscribirlos en la Facultad de Liderazgo, por eso hay que llevarlos a una célula, por eso hay que acompañarnos con ellos a servir.

En Génesis 2:15 encontramos esta gran verdad: “Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara”. Y esto fue antes de que Adán y Eva pecaran. El trabajo no es consecuencia del pecado, el trabajo es parte inherente de la vida de Dios. Dios que es santo y que nunca ha pecado trabaja. Jesús dijo: Mi Padre trabaja y yo también trabajo. Dios hace obra, por eso Dios creó los cielos y la tierra, Dios no es un haragán, es un trabajador y puso a Adán a trabajar, cultiva, cuida, administra el Jardín del Edén. Así que nosotros entendemos ahora que el trabajo es una bendición. Proverbios 22:29 dice “¿Has visto a alguien diligente en su trabajo? Se codeará con reyes, y nunca será un Don Nadie”. Yo nunca hae tenido a ningún padre de familia que se me acerque y me diga: Pastor, ore por mi hijo para que sea un inútil. Ore por mi hijo para que sea un don nadie. Todos queremos que nuestros hijos sean alguien, que sea un maestro extraordinario, que sea un perito contador extraordinario, que sea un médico extraordinario, que sea un arquitecto extraordinario, un predicador extraordinario. Todos queremos que nuestros hijos destaquen, pero para que lo logren tienen que ser diligentes y eso empieza desde que son chicos y van al colegio y vienen con sus tareas, no se les haga usted, que las hagan ellos, no les consienta sus errores, no les consienta sus maldades que ellos hacen en el colegio. La mayoría de padres de familia no creen que sus hijos sean capaces de cometer una falta en el colegio. Nuestro hijos son capaces de hacer alguna barbaridad y por eso tenemos nosotros que hacerlos responsables.

Proverbios 22:6-7 dicen: “Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará. 7 Los ricos son los amos de los pobres; los deudores son esclavos de sus acreedores”. Para mí la instrucción no es solamente como vestirse, como bañarse, es de cómo administrar su dinero para que no sean gente que vive endeudada. En el periódico USA Today se hizo una estadística y una consulta en Estados Unidos para ver cómo se conceptualiza el éxito financiero. Y el mayor porcentaje, el 36 por ciento de las respuestas, fue “éxito financiero es vivir libre de deuda”. Esta encuesta viene a respaldar lo que he venido enseñando toda la vida. No se trata de que usted tenga cuatro mil millones de dólares, se trata de que usted no deba. Hay quienes ganan poco y viven mejor, porque están solventes. Hay quienes tienen muchos millones, muchas empresas, pero están llenos de deudas. No se trata de estar endeudados, se trata de estar solventes. No deba nada a nadie, ese es éxito financiero, estar libre de deudas, pero para eso hay que instruir a los hijos.

Haga a sus hijos responsables de su vida espiritual, enséñeles a orar, anímeles a orar,  anímeles a leer la Biblia, anímeles a concurrir a la iglesia, anímeles a diezmar desde chicos, enséñeles desde chicos para que cuando crezcan no se aparten del camino y obedezcan a Dios. Una persona que cumple con Dios en todos sus mandamientos será una persona siempre bendecida, siempre prosperada, siempre querida. Por eso es importante esta instrucción para que su hijo abrace la fe cristiana y honre a Dios, entonces tendrá todo lo necesario para enfrentar la vida y le irá bien en el trabajo, porque sabrá que la Biblia dice: Que todo lo que hacemos lo hacemos como para el Señor. No actuamos bien solamente cuando nos están supervisando, actuamos bien siempre cuando estamos solos y cuando estamos acompañados. Hacemos las cosas bien. Le irá bien en el matrimonio, porque la Biblia le enseña como debe tratar a su esposa y a sus hijos, y a sus padres, y sus suegros. Le irá bien en sus finanzas porque la Biblia nos enseña estar contentos con lo presente. A no tener avaricia, a no desear acumular desordenadamente bienes más de los que debemos. Así que involucre a sus hijos en las cosas del Señor. Este pasaje deben memorizarlo, se los leo de nuevo Deuteronomio 6:4-8: “Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. No podemos tener a otro dios más que a nuestro Señor Jesucristo y eso hay que enseñar a nuestros hijos. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Si enseñamos a nuestros hijos a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, todas estas cosas, vestuario, la vivienda, alimentación, vendrá por añadidura. Cuando usted pone a Dios en primer lugar siempre tendrá lo necesario. Una cosa es tener lo necesario para la vida y otra cosa es  tener lujos innecesarios. Llegará el momento en que usted puede tener, pero cuando usted cumpla con Dios nuestro Señor y viva contento con lo que tiene.

Escuche

La fe viene por el oir…

 

Vea

Como en casa aún en el extranjero…