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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Todos conocemos a alguien que ya murió. ¿Cuántos conocen a alguien que murió y resucitó? Jesucristo murió, pero Jesucristo resucitó. Yo creo que podemos hacer una mejor celebración de la resurrección de Cristo. Podemos decir gracias Señor por resucitar, gracias Jesús porque estás vivo.

Una de las más impresionantes visitas que he hecho a Tierra Santa es llegar al jardín de la tumba y ver ahí una que de acuerdo a los estudiosos de la arqueología y de la historia es la que más se ajusta a la tumba de Jesús. Como dice la Biblia, es una cueva, está excavada en una montaña y la piedra que tapa la tumba está corrida hacia a un lado y hay una cita bíblica escrita ahí encima que dice: No está aquí ¡ha resucitado! Y eso es lo que hoy celebramos, la resurrección de Cristo Jesús.

Los grandes líderes religiosos del mundo, todos han muerto, solo uno ha resucitado. Precisamente vi en las noticias más recientes que había muerto el líder de un grupo de más o menos cinco millones de seguidores, el famoso líder de la india Sai Baba. Pero estaré esperando haber si resucita. Lo que sí les puedo asegurar es que Cristo, el más grande de los líderes de todo el mundo y de toda la historia, ¡ha resucitado! Y esta es la piedra fundamental de nuestra fe, el fundamento de la fe cristiana descansa sobre la doctrina de la resurrección de los muertos, porque si no existiera la resurrección de los muertos, seríamos tan miserables como todos los demás seres humanos, estaríamos simplemente en una carrera de ratas.

Ustedes han visto aquellos hámster que ponen en una jaula y adentro de una rueda, corren, corren, corren y corren y no llegan a ningún lado. Así es el ser humano, vive en una carrera de ratas, corre, se levanta a las cuatro y media de la mañana, corre para la escuela a dejar a los hijos, corre para el trabajo, corre del trabajo a la universidad, corre de la universidad a su casa y otro día se vuelve a levantar y vuelve a correr y vuelve a correr, corre, corre un día, un mes, un año, diez años, toda una vida. ¿Para qué corre tanto? Si no tiene un propósito para la vida, es una simple carrera de ratas, de correr y gastar energía y estar afanado, angustiado y estar lleno de trajín, sin obtener nada importante en la vida.

Nosotros sabemos que corremos la carrera no como los demás la corren. La corremos porque allá en la meta nos espera como premio la vida eterna. Pasaremos de la muerte física a la vida eterna. Por eso es tan importante que comprendamos la doctrina de la resurrección de los muertos, porque nos ayuda a entender mejor el por qué de nuestra existencia. Pensar solo en la muerte no basta, pensar solo en la crucifixión de Jesús no basta. Miles fueron crucificados en la época de Jesús con los romanos, pero Jesús -a diferencia de los demás- no solo fue crucificado injustamente y por amor a nosotros, sino que resucitó de la tumba.

El diccionario de la lengua española dice: Muerte es: Cesación de la existencia. Y añaden frases como el “muertos al hoyo y el vivo al bollo”  En todo velorio se disfruta aunque sea una sopita, un sandwidchito, en países como Estados Unidos, después del funeral hay que ir a la casa de los deudos y darse una buena comida. En los pueblos de Guatemala todavía se acostumbra mucho a comer. Pero muerte es la cesación de la existencia equivocada. Ese concepto del diccionario de la lengua española está equivocado, porque Cristo dijo: El que en mí cree, aunque esté muerto vivirá. Con la muerte física no cesa la existencia, es más, ahí empieza la verdadera existencia, porque ahí empieza la vida eterna, la vida nueva en Cristo.

Así que la muerte no es un punto final, es un punto y seguido, porque nosotros continuamos. Cuando usted vea a sus familiares expirar, cuando usted vea a su hijo expirar, cuando usted vea a su amigo expirar -Jesús en la cruz dijo: En tus manos entrego mi espíritu y dijo: consumado es. Y en ese momento expiró-. Ahí no termina la vida, tres días más tarde Jesús resucitó.

1 Corintios 15:20 dice: Lo cierto es que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, como primicias de los que murieron. ¿Cómo fue levantado Cristo entre los muertos? Como primicias. Las primicias son los primeros frutos, cuando usted empieza a ver que los granos de café empiezan a salir en el cafetal, esas son las primicias. Falta mucho más. Cuando se cortan los primeros que maduran son las primicias, pero falta la gran cosecha. Cristo fue la primicia de la resurrección, pero todos nosotros somos parte de la gran cosecha que se va a levantar el día de la resurrección de los muertos. Todos resucitaremos mis hermanos amados, glorificados con un cuerpo nuevo transformado, como el de Cristo Jesús.

Lo cierto es que Cristo ha sido levantado de entre los muertos como primicia de los que murieron. De hecho, ya que la muerte vino por medio de un hombre, también por medio de un hombre viene la resurrección de los muertos, pues así como en Adán todos mueren,  también en Cristo todos volverán a vivir, pero cada uno en su debido orden: Cristo las primicias y después cuando Él venga los que le pertenecen. Yo le pertenezco a Cristo y ¿usted? Si usted le pertenece el Señor dirá: este es mío, diablo, este se va conmigo, no te lo puedes llevar.

2 Corintios 4: 14: Pues sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará también a nosotros con él y nos llevará junto con ustedes a su presencia. ¿A dónde nos  va a llevar cuando resucitemos? A su presencia. No hay otro lugar para el creyente más que estar en la presencia del Señor.

1 Tesalonicenses 4:13-14: Hermanos, no queremos que ignoren lo que va a pasar con los que ya han muerto (esa  es la gran incógnita de muchos ¿qué pasó con mi abuela, qué pasó con mi amigo,  dónde está, qué pasa con los que ya han muerto?), para que no se entristezcan como esos otros que no tienen esperanza. ¿Acaso no creemos que Jesús murió y resucitó? Así también Dios resucitará con Jesús a los que han muerto en unión con él.

Por eso es tan importante que nosotros prediquemos al Cristo resucitado y le digamos a nuestros amigos y familiares que crean en Él, porque el día de la muerte va a llegar a todos y aquel que muere sin Cristo ya está condenado, pero aquel que muere en unión con Cristo, con la fe puesta en Él tiene la vida eterna.

Romanos 8:11: Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Si usted es un hijo de Dios el Espíritu Santo mora en usted y si el Espíritu Santo mora en usted, puede morirse tranquilo, porque el mismo Espíritu Santo que levantó a Cristo entre los muertos lo va a levantar a usted. La Biblia dice que está establecido que el hombre muera una sola vez y después el juicio. Que el cuerpo vuelve al polvo y el espíritu vuelve a Dios que lo dio. Así que cuando usted se muera su cuerpo se va al polvo, se convierte en polvo y el espíritu vuelve a Dios que lo dio, inmediatamente. No se queda el espíritu por ahí vagando, perdido, espantando, Usted se muere ipso facto en la presencia de Dios, su cuerpo se convierte en polvo y en el momento de la resurrección de los muertos resucitaremos.

A veces se nos complica el pensarlo, porque nosotros vivimos en lo que se llama el tiempo cronológico, el que medimos por segundos, horas, días, semanas, meses, años, lustros, décadas, siglos, pero Dios vive en el tiempo de Dios, en el kairos de Dios, en ese tiempo que es eternidad. Recuerde que Dios vive una dimensión en la que no hay tiempo. Nosotros vimos en la dimensión del tiempo, por eso dice la Biblia que para Dios un día es como mil años y mil años como un día. Para Dios nuestro Señor nosotros ya nacimos, ya morimos y ya estamos sentados juntamente con Cristo en los lugares celestiales. Ya resucitamos, pero lo hermoso de que Cristo haya resucitado es que usted y yo también resucitaremos.

1 Corintios 15:19 dice: Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera sólo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales. Porque viviríamos como los hámster, en una carrera de afanes sin llegar a cumplir el verdadero propósito. Pero la esperanza, la expectación de nuestra resurrección da sentido a nuestra vida. Por eso no importa que la muerte se acerque. Si usted ve la sombra de la guadaña cerca de usted no se preocupe. Hay una sombra más grande que la de la guadaña y es la sombra del Altísimo. Por eso dice la Biblia: El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente y diré yo a Jehová esperanza mía, castillo mío, y Dios en quien confiaré. Él te librará del lazo del cazador y de la peste destructora, con sus plumas te cubrirá y debajo de sus alas estarás seguro”. Y nosotros estaremos seguros siempre. No solo en nuestro período aquí en la tierra, 60 años, 70 años, 100 años, no, después de muertos estaremos seguros en la presencia de Dios nuestro Señor. Esa es la gran esperanza: la resurrección.

Por eso podemos enterrar a nuestros parientes y amigos con esperanza, la esperanza de la resurrección. Por eso he podido ver a padres de familia enterrar a sus hijos y en vez de morirse de dolor, se entristecen un poco sí, lloran un poco sí, sufren un poco sí, pero saben que hay una esperanza, la esperanza de la resurrección. Y aquel hijo que murió resucitará después y estará en la presencia del Señor. Aquel familiar que murió resucitará después. Muchas veces he estado en funerales y he visto a gente, que no conoce de la doctrina de la resurrección, llorar desesperadamente como si nunca fueran a ver a su familiar. Ahora si su familiar muere sin Cristo, así será, jamás usted lo volverá a ver. Él será para vivir eternamente separado de Dios, usted tendrá en su corazón la responsabilidad de nunca haberle hablado de Cristo. Tesalonicenses  4:13 dice: Hermanos, no queremos que ignoren lo que va a pasar con los que ya han muerto, para que no se entristezcan como esos otros que no tienen esperanza. Dígale a su vecino: no esté triste. Un día usted también va a fallecer, pero va a resucitar, porque tenemos esa confianza

Al terminar de desarrollar su punto de la resurrección de los muertos y de la segunda venida del Señor, Pablo concluye en 1 Tesalonicenses 4:18 diciendo: Por lo tanto, anímense unos a otros con estas palabras. La resurrección de los creyentes le  da sentido a la vida. La resurrección es nuestra esperanza, son las palabras que deben animarnos en medio de la pérdida de todo ser querido. Todos alguna vez hemos tenido temor. ¿Cuántos han sentido temor alguna vez? Es muy humano, el temor es parte de las emociones humanas, cuando nosotros sentimos temor estamos simplemente sintiendo algo muy natural. El miedo o temor es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento habitualmente desagradable, provocado por la percepción de un peligro real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. La gente tiene percepción de un peligro y le da miedo. ¿Sabe cual es el miedo más grande de todos? Temor a la muerte, es el más grande de todos. ¿Cual es el propósito de su vida? ¿No sabe? El propósito de la vida de Pablo era Cristo, decía: Porque en Él vivimos y en Él nos movemos y en Él existimos. En Cristo estamos completos.

Si nosotros vivimos nuestra vida para agradar a Cristo, no importa cual sea su profesión u oficio, puede ser constructor, puede ser educador, deportista, político, comerciante, usted puede ser lo que quiera ser, pero sea lo que sea usted debe decir como Pablo: Para mí el vivir es Cristo. Porque si es hacer política, puede ser que le vaya mal, usted luche y luche y luche como luchó Fidel Castro cincuenta años al frente de su partido y ahora el pobre está más partido que entero. Entrega el cargo y se pregunta ¿Será que mi lucha fue en vano o no? Quizá  usted puede que pruebe una campaña política para llegar a la presidencia, puede ser en una segunda campaña, una tercera, pruebe una cuarta campaña y al final de todos modos no llega y si llega los demás se van a  encargar de hacerlo sentir mal. Todo lo bueno que haga no se lo van a reconocer y todo lo malo se lo van a hiperbolizar, de modo que si usted no está en Cristo va a sufrir la vida. Es importante que usted se de cuenta que el propósito de la vida es Cristo Jesús, pero cuando creemos en Él nos libra del temor más grande, el temor a la muerte.

Filipenses 1:20-21 dice: Mi ardiente anhelo y esperanza es que en nada seré avergonzado, sino que con toda libertad, ya sea que yo viva o muera, ahora como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo. Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Ahora que ya sabe usted que no se va a quedar muerto para siempre sino que va a resucitar, comprende ¿por qué la resurrección es importante? Porque el morir es ganancia. Imagínese, nosotros enterramos a nuestra abuelita toda enferma, toda viejita, toda hecha pellejos y huesos podridos y resucita nítida para no enfermarse nunca más, para no sufrir jamás de catarro, para no sufrir jamás de ninguna enfermedad. Es una maravilla.

Y eso es lo que nos espera a nosotros, un cuerpo como el cuerpo de Cristo. Cristo salió de la tumba, atravesó paredes y los discípulos lo abrazaron, lo sintieron, un cuerpo glorificado, transformado, perfecto, incorruptible. Jamás volverá a tener una uña encarnada, jamás volverá a tener conjuntivitis, jamás volverá a estar usted deprimido, porque tendrá la vida eterna, que el Señor tiene preparado para nosotros. Pero eso no es suficiente, todavía hay más. Gálatas 2:19-20 dice: Yo, por mi parte, mediante la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios. He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Y eso es lo que nos cuesta morir en vida, crucificarnos en vida, porque cuando alguien nos ofrende reaccionamos igual, como le dijo aquel marido a su mujer: “¿Por qué Dios te hizo tan linda, pero tan tonta? Ella le respondió: Dios mi hizo linda para que yo te gustara y tonta para que tú me gustaras”. Hay que tener cuidado, porque uno se ofrende cuando lo ofenden fácilmente. ¿Puede insultar a un muerto y él se ofende? Haga la prueba, vaya hoy a una funeraria y al primer muerto que encuentre ahí, déle una gran maltratada, a ver cómo reacciona el muerto. ¿Reacciona? Si es una señora bonita, enamórela a ver si reacciona, dígale cosas lindas ¿reacciona la muerta? No reacciona. Cuando usted y yo estamos crucificados tenemos el mayor dominio y control de nuestra propia vida, estamos muertos al pecado. Nos pueden pasar las botellas de licor más caras del mundo, pero como usted está muerto no le importa. Pueden pasarle un desfile  de mujeres desnudas y usted no reacciona porque está crucificado. O le pueden pasar a Brad Pitt y a todos los amigos de él, señora, ni con el príncipe Guillermo se emocionaría, porque usted está muerta. Eso es lo que a veces no entiende el mundo, dice: como pueden estos cristianos vivir esa vida sin ir a discotequear, sin ir a emborracharse, sin ir a drogarse, sin ir y acostarse con cualquiera que se les ponga enfrente.

Lo que pasa, mis hermanos, estamos muertos. Y si usted va todavía, a lo mejor todavía no está muerto, crucifíquese, pero usted mismo es el que tiene que decir como Pablo: Cada día muero y cuando muero cada día no me afecta, pueden criticarme, pueden calumniarme, pueden juzgarme, pueden acusarme  falsamente, pueden hacerme lo que quieran, pero yo estoy crucificado juntamente con Cristo y no me importa, porque para mí vivir es  Cristo y el morir es ganancia. ¿Cuántos se alegran que tengamos vida nueva en Cristo?

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