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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Todos estamos conscientes de que el mundo tiene problemas. Todos sabemos que hay mareros, hay delincuentes, que hay asaltantes, que hay asesinos, que hay corruptos. Estas personas una vez fueron un lindo bebé que estuvo en los brazos de una madre o de un padre. Y hoy son lo que son en gran parte porque los padres fallaron en la formación de sus hijos. Los hijos son el reflejo de sus padres, no solo en lo genético, también en lo conductual, hijo de lobo lobito será, y por eso es tan importante que nos preparemos para entregar los mejores ciudadanos a la sociedad, los mejores profesionales a la sociedad, los mejores políticos a la sociedad. De nosotros depende que los políticos de mañana sean gente de integridad, sean gente correcta, sea gente de palabra, pero eso dependerá de nosotros si entrenamos a nuestros hijos a conducirse como debe de ser.

Esta es la tercera entrega del tema que hemos llamado “Lo que un hijo necesita”, y lo primero que dijimos fue que necesita es un modelo a imitar, el modelo a imitar del hijo está en sus padres. Si ve a su padre emborracharse, es probable que él también sea borracho. Si el ve a sus madre golpear a su papá, es probable que también él golpee en el futuro. Y digo que la madre golpee al papá, porque hay en Prensa Libre un reportaje sobre el maltrato de las esposas para los esposos. Ahí está documentado: 10 por ciento de las denuncias son de hombres, y eso que a los hombres les da vergüenza ir a decir “me pega mi mujer”. Si fueran a decirlo todos los que reciben el maltrato de su mujer, a lo mejor sería cincuenta por ciento hombres y cincuenta por ciento mujeres. Leí el caso de un hombre, cinta negra, que al llegar a su casa se oían los grandes pleitos y pensaban que era el cinta negra quien le pegaba a la señora. Era al revés, el por no golpearla, por aguantarse no lo hacía.

No espere nada de sus hijos que no esté modelando, enseñe con el ejemplo. También dijimos que un hijo necesita un toque de amor que afirma. Los hijos necesitan saber que no solamente somos su modelo a seguir sino que los amamos incondicionalmente, abrace y bese a sus hijos. Déle un ósculo santo en la mejilla, un fuerte abrazo, un beso. Amarlo. Dijimos también que un hijo necesita tiempo que no tiene precio. Deuteronomio 6:4-7 “Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes”. Toda oportunidad que tenga aprovéchala para dar a tus hijos instrucción de la Palabra de Dios. Los hijos necesitan tiempo. La Biblia nos enseña que debemos darles tiempo. Su hijo necesita de su tiempo. Es importante dárselo.

¿Qué es lo que un hijo necesita, que es lo que necesita para crecer, y tomar decisiones responsables, para tener sabiduría y tomar decisiones de vida y no de muerte? Un hijo necesita también disciplina. Si no se le enseña disciplina vamos a criar hijos ingobernables y si usted no puede gobernar a sus dos o tres hijos, el ministro de gobernación no podrá gobernar a los cientos de miles de hijos de todos. Tenemos, cada uno, que ayudar en el gobierno de los hijos. Se necesita disciplina que produce en sus hijos justicia, paz, sabiduría, tranquilidad.

Hebreos 12:11 dice: “Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella”.  Un hijo que ha recibido disciplina es un hijo que va a ser justo, va a tener paz porque él sabrá autogobernarse así mismo, pero un hijo que nunca ha sido disciplinado por sus padres va a tener que ser disciplinado por la policía, por los jueces, en las cárceles, en los empleos sufrirá las consecuencias de no haber sido disciplinado. En el versículo 10 del mismo capítulo 12 de Hebreos dice que Dios ama, castiga al que tiene por hijo y por eso es que a veces también los hijos recibimos disciplina de lo Alto. Producir justicia quiere decir dar a cada uno lo que corresponde con equidad. Y en el hogar tenemos que aprender a ser justos y castigar con equidad, verificar quién es el responsable, porque a veces rompe la ventana el hijo mayor y el que sufre el castigo es el hijo menor o viceversa, desde chiquitos los niños como típicos seres humanos aprenden a echarle la culpa a otros y no asumir su responsabilidad.

Proverbios 23:13-14 dice: “No dejes de disciplinar al joven, que de unos cuantos azotes no se morirá. Dale unos buenos azotes, y así lo librarás del sepulcro”. ¿Por qué mueren muchos jóvenes? El mayor número de muertos hoy en día son jóvenes, ¿por qué mueren? Porque alguien no se preocupó de disciplinarlos y la disciplina va de la mano del castigo por no cumplir con la norma. Toda disciplina tiene el aspecto instructivo y el aspecto correctivo. Cuando no se cumple con la disciplina hay castigo. Azotes, eso me hace recordar los que recibí cuando tenía unos 10 años de edad. En esa época mi papá rara vez estaba en casa, lamentablemente ese día fue la excepción.

Ese día me dijo mi primo que no fuéramos al colegio y después de vagabundear regresamos a la hora de la refacción, el cafecito con pan, a la casa. En esa nos encontrábamos cuando  tocaron la puerta y escuché la voz de un compañero que decía que iba de parte de la maestra para saber cómo había seguido Arturo. Él padecía de asma y cuando le atacaba fuertemente no asistía a clases. Señor, le dijo al papá de mi primo, vengo averiguar como siguió, porque hoy no fue al colegio. Con que no fuiste a estudiar, vení para acá y le dieron una buena azotada. Y luego se volvió a mí y me dijo: le vas a llevar una nota a tu mamá y si no se la das, yo te voy a dar también una azotada. Ya bien advertido llegué a mi casa y entregué la nota.  Mi mamá me dijo -después de leer la nota- “conque no fuiste a la escuela, cuando venga tu papá se lo voy a decir, dándome ya unos cuantos golpes en la cabeza, en eso aparece mi tía y me repite los golpes.

Esa noche yo me acosté temprano, me acosté desnudo para que respetaran mi privacidad y ahí estaba tratando de dormir y no podía, esperando que llegara mi papá, oí cuando llegó. Y le dice mi mamá, mirá la nota que mandaron de la familia porque Jorge se fue de capiuza con su primo. Entonces llegó a donde yo estaba haciéndome el dormido. Jorge,  si digo yo, buenas noches gusto de verlo, muy educado. No fuiste al colegio. Vení. -Ya estoy acostado-, vení. -Estoy desnudo-, vení. Así que salí desnudo de la cama, él se quitó el cinturón y  sentí que me cayó toda la angustia encima. Que terrible es eso. Me agarró de una mano y me dio el primero, me ardió hasta el espíritu. Qué terrible cuando le dan a uno un azote en esas partes carnosas que tenemos atrás. Esas nalgas por algo Dios les puso carne para que aguanten. Y por supuesto que traté de hacer el quite pero no se podía. Haciendo el quite fui dando la vuelta y  dando la vuelta tomaba la mano de mi papá y le decía: ya no papaíto lindo.

Yo les puedo asegurar que gracias a esos azotes jamás me volví a escapar de la escuela. Jamás, ¿por qué? porque la disciplina en el momento de recibirla parece desagradable, es penosa, pero después produce cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella. Tenemos que entrenar bien a nuestros hijos para librarlos del sepulcro, Darle unos buenos azotes y así los librarán del sepulcro.

Proverbios 29:15 “La vara de la disciplina imparte sabiduría, pero el hijo malcriado avergüenza a su madre”. En parte, porque son las madres las que más tiempo pasan con sus hijos y a veces son las más consentidoras. Proverbios 19:18: “Corrige a tu hijo mientras aún hay esperanza - lo que implica que llega el momento que ya no se puede-; no te hagas cómplice de su muerte”. Si usted no corrige a su hijo,  usted será cómplice de su muerte, dice la Escritura. Gran parte de la responsabilidad recaerá sobre usted como padre. En estos pasajes vemos que la disciplina trae paz, porque produce una cosecha de justicia, libre del sepulcro, imparte sabiduría a los hijos. En otras palabras disciplinar a un hijo, como lo enseña la Biblia, produce vida y no muerte. ¿Por qué entonces se oponen a la corrección física de sus hijos algunos padres? Dicen que no les ponen una mano, que solamente les hablan. Ideal, maravilloso, su hijo nació perfecto, no necesita castigo, pero he visto padres que no quisieron castigar a sus hijos, no quisieron aplicar disciplina y hoy lloran, sufren, al ver a sus hijos ingobernables, haciendo lo que les da la gana.

Es cierto, hay padres que han abusado físicamente de los niños y jóvenes en nombre de la corrección y disciplina. No se trata de abusar de los niños, no se trata, como cuenta un miembro de la iglesia que su mamá enojada porque había hecho algo malo lo metió en una red, lo colgó de una viga, puso tusas de maíz en el piso, le prendió fuego y se fue. Y el hermanito menor corrió a bajarlo. No se trata de abusar de los hijos, no se trata de dejarles la espalda como la espalda del apóstol Pablo, con marcas y cicatrices. Hay una conexión psicológica entre las nalgas y el cerebro y cuando usted le da un azote en la nalga no lo va a matar, va a chillar como si lo están matando, yo lo digo por experiencia, pero no lo va matar, no le dé a su hijo con cualquier instrumento que tenga en la mano, porque hay mamás que tal vez están con el sartén en la mano y eso es lo que le tiran al muchachito, o el papá que está martillando y eso le tira. Es muy importante que tome medidas prudenciales, no abuse de su hijo, pero disciplínelo.

La disciplina jamás busca la destrucción, busca la corrección. ¿Por qué no aplican castigo físico algunos a sus hijos? Porque de hijos sufrieron abusos físicos y no quieren cometer el mismo error y entonces se equivocan al no corregirlos en absoluto. Si sus padres abusaron de ustedes, ustedes no deben abusar de sus hijos, pero tampoco cometan el error de nunca corregir. Otros no corrigen a sus hijos porque tienen miedo. El otro día me dice una señora, fíjese Pastor que tengo una hija ingobernable que anda de arriba para bajo, hace lo que le da la gana. Le llamé la atención y me dijo. Te  voy a denunciar a los derechos humanos y te voy a meter presa. Y la mamá se asustó y dice que ya no se metió. Además anda con cuchillo.

Qué terrible es llegar al extremo de tener un hijo armado que no respeta a su padre, a su madre, ¿a quién va a respetar entonces?  Zig Ziglar dijo “Discipline a su hijo con amor, o el mundo se encargará de disciplinarlo sin amor”. La disciplina es más que imponer un castigo. El diccionario define la disciplina como castigar con el propósito de retomar el control o hacer guardar las normas. Este es el concepto que más viene a nuestra mente, cuando pensamos en la palabra disciplina, quebrantamiento de las reglas y luego el castigo.

Siempre que quebrantamos las reglas establecidas hay un castigo. Usted juega fútbol y de paso cuantos se alegran que la sub 20 ganara su pase al Mundial y a los Juegos Panamericanos. Hay que darle un aplauso a la sub 20. Yo pensé que me iba a morir primero, pero veo que no. Yo estaba con faringitis esa semana y tuve que quedarme en mi casa un par de días. Casualmente ese día iba a jugar la selección de Guatemala con la selección de Estados Unidos  Pelearon como nunca y ganaron como nunca. Así que felicitaciones a los muchachos. Pues bien, jugando fútbol usted mete la mano, no siendo el portero, le aplican una sanción con un tiro libre, pero si la mete dentro del área es penal. Hay una infracción, hay una corrección, hay un castigo.

En todos lados cuando usted infringe una regla, hay un castigo. Sale usted de aquí bendecido contento, porque sabe que va a ser un buen padre de familia, los hijos salen felices porque saben que su papá les va a corregir, pero no los va a matar. Va tan contento que se le olvidó ponerse el cinturón de seguridad  y uno de los policías de tránsito lo mira y le dice: póngase el cinturón. Y saca aquel bloque de anotaciones y apunta la placa de su carro. ¿Qué va a tener ahí, una amable carta del departamento de tránsito diciéndole que por su mala conducta tiene que pagar 200 quetzales de multa? Yo bendigo a Dios por los cepos, desde que se pusieron cepos en Guatemala, son aquellos aparatos que impiden el movimiento del automóvil o del camión porque se estaciona en un lugar prohibido. Desde que existen los cepos todos se estacionan bien, ya se fijaron. Por qué, porque hay una regla, hay una infracción, hay un castigo.

Usted peque todo lo que quiera, pero la paga del pecado es muerte. Usted puede infringir las leyes, le ponen un cepo hoy, lo castigan, mañana se vuelve a estacionar mal, y así lo puede hacer toda la vida, pero cada vez que infrinja una ley habrá un castigo. El problema en nuestra sociedad es que no se aplica el castigo prontamente y por eso el pueblo siempre tiene su corazón dispuesto a hacer lo malo, porque dicen yo secuestro, yo mato, yo asesino y aquí no me van a aplicar la pena de muerte, así que lo sigo haciendo y eso es el problema.

La disciplina es más que imponer un castigo, siempre tenemos que pensar que hay que instruir primero. Sería injusto que alguien fuera castigado sin conoce r las reglas del juego, por eso decimos que la disciplina más que imponer disciplina  es enseñanza, es instrucción. Por eso leímos en Deuteronomio 6:4 hay que leerle la Biblia a nuestros hijos en casa, en el camino, al a costarse, al levantarse, siempre. Efesios 6:4 dice: “Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor”. Proverbios 1:1-7 dice: Proverbios de Salomón hijo de David, rey de Israel: para adquirir sabiduría y disciplina; para discernir palabras de inteligencia;  para recibir la corrección que dan la prudencia, la rectitud, la justicia y la equidad;  para infundir sagacidad en los inexpertos, conocimiento y discreción en los jóvenes.  Escuche esto el sabio, y aumente su saber; reciba dirección el entendido,  para discernir el proverbio y la parábola, los dichos de los sabios y sus enigmas.  El temor del Señor es el principio del conocimiento; los necios desprecian la sabiduría y la disciplina”.

Aún con laringitis fui a predicar a Masagua. Las personas que me invitaron y me llevaron, profesionales los dos, uno es ingeniero y ella es doctora en derecho. Y me decían lo extraordinario que Dios ha sido con ellos en Fraternidad Cristiana. Contaba la doctora que empezó a llegar hace 20 años cuando aún estaba estudiando su carrera de abogada, ahí conoció al Señor  Luego se casó con el que es su esposo que tampoco era creyente pero se convirtió, tampoco su familia. Su hija, la menor, nació con problemas de convulsiones y cuando tenía 3 años la llevaron al hospital, el médico les dijo que el caso era de gravedad.

Dice que oraron a Dios y Él hizo el milagro. A los 3  años de edad fue la última convulsión que tuvo. La inscribieron al colegio de la Fráter y un día, dice ella, que la llamo la Pastora para decirle que su niña iba a ser expulsada porque se comía la comida de los demás, pellizcaba y pateaba a los niños, hacía de todo. Qué puedo hacer para que no me la expulsen, dijo la doctora, y la Pastora le respondió: Si usted se propone a leerle todos los días el libro de Proverbios a su hijita, ella puede cambiar. Y empezó todos los días a leerle proverbio tras proverbio a su hijita, hoy en día la niña tiene 15 años y es una estudiante extraordinaria. No se le  expulsó, se corrigió ¿por qué? Porque tomaron los padres tiempo para instruir a sus hijos. Instruya a sus hijos, pero use el libro de Proverbios y si usted no tiene hijos o ya se fueron, pues léalo, tiene  31 capítulos, lea uno diario y siempre hallará buen consejo para su vida.

¿Está enseñando a sus hijos la ley de Dios y todo lo que como padre puede enseñarles para enfrentar esta vida? ¿Quiere tener paz, quiere que sus hijos tengan paz? Enséñeles la Palabra de Dios a sus hijos, como lo vimos la semana pasada: en la casa, en el camino, al acostarse y al levantarse. No solo debemos enseñar la ley de Dios sino enseñar la educación que todo padre o madre debe darle a un hijo, enseñarles destrezas para vivir la vida con sabiduría, modales y todo aquello que esta vida requiere. ¿Qué modales tienen sus hijos hoy en día? ¿Saludan a la gente adulta cuando llegan a su casa o cuando van por la calle? ¿Por qué tenemos hijos que han perdido los modales? Porque nosotros no se los hemos enseñado. Tenemos que enseñar a respetar al anciano, tenemos que enseñarles a respetar al mayor, tenemos que ensañarles a saludar, tenemos que enseñarles a pedir las cosas por favor, a dar las gracias. ¿Ha visto cómo comen muchos jóvenes? Como que fuera un marrano el modelo que tuvieron para comer. Tenemos que ensañarles a nuestros hijos.

Hay un pasaje en la Biblia que está en el Libro de Proverbios 22:6 Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará. Pero note el siguiente versículo: Los ricos son los amos de los pobres;  los deudores son esclavos de sus acreedores. Si usted instruye a su niño desde chico a no convertirse en acreedor, nunca va a ser esclavo de nadie. Usted enseña a sus hijos a no deber nada a nadie, a comprar lo que necesitan, no lo que quieren. A comprar por necesidad, no por vanidad, a comprar al contado, no al crédito. A no estarse endeudando. Su hijo va a ser una persona que va a estar bien. Instruye al niño en el camino correcto, claro hay niños que son instruidos por buenos padres, buenos modelos, buenos cristianos y de todos modos hacen lo que les da la gana. Como en la parábola del hijo pródigo, el hijo pide su herencia, se ve que ya era un mayor de edad, el padre le da su herencia, se va y la malgasta, la pierde. A veces, a pesar de la buena escuela, los hijos hacen lo que se les da la gana.

El diccionario define la palabra consentido, como persona o niño que está acostumbrado a hacer siempre  su voluntad, sin que nadie lo corrija o lo castigue por sus malas acciones. Proverbios 13:24 dice: No corregir al hijo es no quererlo;  amarlo es disciplinarlo. Siéntese con su hijo, explíquele, instrúyale, antes de castigarlo. Dios me permitió criar tres varones, ustedes los conocen. Créanme que no nacieron inmaculados, no nacieron sin pecado, crecieron como cualquier niño, cometieron toda clase de travesuras y hubo que corregirlos. Les apliqué las reglas cuando las quebrantaron, se las volví a aplicar, oramos los dos a Dios pidiendo perdón por el pecado y luego le dije: porque te amo, te corrijo, porque no quiero que cuando seas grande seas ladrón, seas indisciplinado, sea lo que sea, así que bájese el pantalón. Y después de eso, abrazarlos, dejarlos llorar con uno, amarlos y decirles: hijo, te amo, por eso te corrijo, te amo, quiero que llegues a ser un hombre de bien y les puedo asegurar que los hijos que Dios me ha dado son hombres de bien. No es fácil ser pastor y tener hijos. Todos esperan que los hijos sean pequeños pastorcitos, pero son seres humanos como todos. Hay que darles libertad de desarrollo, pero hay que corregirlos y por eso hoy les animo a darles a los hijos lo que necesitan: disciplina, disciplina, instrucción.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…