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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Estamos viviendo tiempos críticos en el mundo. Hay una frase muy escuchada del profesor y escritor español Leopoldo Abadía Zaragoza, que dice: En mis conferencias me preguntan con frecuencia “qué clase de mundo le vamos a dejar a nuestros hijos”. Pero también dice “qué clase de mundo me dejaron mis padres. Mis padres me dejaron la guerra civil española, la guerra de Vietnam, las guerras mundiales, la globalización, dejaron muchos problemas”. A menudo le preguntan qué clase de mundo vamos a dejar a los hijos. Y dice: “ahora que estoy más viejo me preguntan y “qué clase de mundo le vamos a dejar a los nietos”. Un día una señora -en su conferencia- le hizo una pregunta y según él era una pregunta llena de mucha sabiduría. La señora le preguntó ¿qué clase de hijos vamos a dejar a este mundo? Y a mí me parece que es correcto el pensamiento. La preocupación no debe ser qué clase de mundo vamos a dejar a los hijos, porque el mundo ya sabemos que está patas arriba, el mundo estaba mal cuando nacimos nosotros y lamentablemente va a seguir mal cuando muramos nosotros. Es hasta que Cristo venga a establecer su reino, que el mundo va a estar realmente bajo el orden y señorío de nuestro Señor Jesucristo, entonces las cosas serán diferentes.

Gracias a Dios, porque Él viene otra vez a poner orden en el mundo, pero ¿qué clase de hijos vamos a dejarle nosotros al mundo? Eso sí lo podemos nosotros definir, cambiar al mundo nos cuesta, pero cambiar a los hijos que tenemos en el mundo eso sí puede ser una gran diferencia. Los hijos necesitan un modelo a imitar.

Aprendimos que los hijos vienen como una computadora sin información y que nosotros somos los que compramos los programas que hay que instalarles y alimentarles esa información. Los hijos vienen a este mundo como una hoja en blanco y nosotros somos los primeros que empezamos a escribir, en su carácter, el temperamento y la conducta que van a tener. De nosotros depende gran parte lo que ellos serán.

Alguien ha dicho que un 97 por ciento del éxito de los hijos es responsabilidad de los padres y también el fracaso se atribuye en gran parte a nosotros los padres. Así que debemos reconocer que la conducta justa o injusta tiene mucho que ver con la forma en que los padres crían a sus hijos. Por eso conocemos padres maravillosos con hijos vergonzosos y conocemos padres vergonzosos o que dan vergüenza con hijos maravillosos, porque también tenemos que recordar que Dios entra en esos elementos a transformar la vida, “Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su morada santa”. Jesús le dijo a sus discípulos hagan lo que los fariseos dicen, pero no lo que los fariseos hacen. Muchos de nosotros le decimos bien a nuestros hijos, pero les demostramos mal. Les enseñamos bien,  pero modelamos mal. Les decimos que hay que bañarse, pero no nos bañamos. Les decimos que no hay que beber licor pero bebemos. Les decimos que no hay que rodar, pero rodamos. Les decimos que no hay que mentir, pero mentimos. Y ahí es donde nuestro modelo es imitado por nuestros hijos y llegan a convertirse en alguien como somos nosotros.

Nuestros hijos necesitan modelos y necesitan un toque de amor que afirma. En Génesis 27:26, cuando ya Isaac estaba viejo y decidió bendecir a su hijo primogénito, Esaú. Recuerdan la historia, la madre llamó a su hijo favorito Jacob y lo preparó para engañar a su padre y recibir de él la bendición, y al final la recibió. Pero me impresiona en Génesis 27:26 cuando dice: —Acércate ahora, hijo mío, y dame un beso. Acércate. Algunos de nosotros crecimos con padres muy parcos, muy serios, muy alejados que jamás se acercaron a nosotros como hijos a abrazarnos, a besarnos. Es nuestra responsabilidad  expresar amor a nuestros hijos. No solo sentirlo sino que expresarlo, por eso cuando Isaac le dijo a Jacob: Acércate ahora, hijo mío, y dame un beso, nos recuerda ese toque de amor que afirma. Cuando usted le da un beso a su hijo, un abrazo, a su hijo, una caricia a su hijo, lo hace sentirse firme.

Apenas en el 2009 cuando yo tuve la dicha de cumplir 59 años, recibí de mis hijos regalos, pero los mejores regalos los recibí por escrito y se lo voy a compartir, estas cartas las conservo como tesoros dentro de mi Biblia y dice este sobre: Para el mejor papá del mundo, este me lo escribió Checha, mi hijo menor. Y dice: Guatemala, 26 de mayo 2009. Amado papi: Le doy gracias a Dios por tu vida, por darte un año más junto a mí, quien te ama, respeta y admira. Y sobre todo oro a Dios por llegar a ser como vos algún día y poder repetir lo excelente y admirable que has sido conmigo, con mis hijos, y que lleguen  conocer y amar a mi papá como lo hago yo. Gracias por todos tus consejos, palabras, amonestaciones, porque si no me hubieras corregido de niño no sería quien soy de hombre. Gracias por ser el mejor ejemplo en todo, por vivir con tu familia lo que predicás, por ser tan dadivoso con nosotros. Que Dios te dé larga vida, llena de salud y bendición junto a nosotros. Te quiero mucho y te deseo todas las bendiciones del mundo. Tu hijo: César Eduardo López Arias, Checha.

Pero no solo  el menor me envió una carta. Me envió también el mayor y me dice: Papa: Primero que nada, estoy muy contento de tenerte con vida. Ojala que pueda verte envejecer unos cuarenta años más por lo menos, espero que te guste el regalito que te compramos de parte de Natalia, Danna y yo. Sé que en ningún momento compensa todo lo que haz hecho por mí y mi hogar. De veras, sos alguien muy especial, pasan los años y aunque ya ando por los 34, te sigo admirando y respetando. Es más, ahora puedo ver realmente la sabiduría que Dios ha puesto en vos, verdaderamente ser alguien genuino y sos  alguien genuino y sigo aprendiendo de vos, aunque no vivamos juntos. Yo te quiero mucho y tené por seguro que te vas a poner bien contento con la nieta que ya mero viene. Espero no defraudarte como hijo, y espero ser con mis hijos exactamente como vos fuiste y sos conmigo. Te deseo lo mejor.

Cómo no voy a dar gracia a Dios por los hijos que Él me ha logrado criar y por los nietos que ellos están criando ahora, según lo dice, siguiendo un modelo. Natalia nació unos días después de escribir esa carta, unos días después de dar yo este mensaje Dios primero, va a nacer su segundo hijo, ahora se va a llamar Jorge Humberto, igual que su abuelo, el Pastor. Yo quiero decirles una cosa, mis hermanos, lo que nosotros sembramos en la infancia de nuestros hijos lo vamos a cosechar en la vida adulta de ellos. No se puede pedir peras al olmo. Si usted siembra rosas cosechará siempre rosas. Amado Nervo lo dijo claro: Yo fui el arquitecto de mi propio destino. Nosotros no sólo somos los arquitectos de nuestro propio destino, somos los arquitectos del destino de nuestros hijos, porque de nosotros depende mucho, lo que ellos van a ser cuando crezcan.

¿Qué es lo que un hijo necesita? ¿Qué es lo que necesita para crecer y tomar decisiones responsables? ¿Qué necesita para tener sabiduría y tomar decisiones de vida y no de muerte? Un hijo necesita tiempo que no tiene precio. El tiempo es oro, pero el tiempo no tiene precio, yo conozco a multimillonarios que no han podido comprar una hora más de vida, no han podido comprar un día más de vida, porque el tiempo no se compra, el tiempo es un don de Dios y nosotros tenemos que apreciar nuestro tiempo como algo extraordinario. Lo más valioso que usted tiene es tiempo.

Me impresiona la gente que dice no tengo tiempo. No es cierto, tiene tiempo pero lo usa mal. Tiene tiempo pero lo desperdicia. Tiene tiempo pero lo malgasta. Las mismas 24 horas del día de hoy las tiene Barak Obama, Omar Gadafi, usted, Álvaro Colom, la selección nacional y nosotros. Todos tenemos el mismo tiempo, cómo lo usamos, esa es la diferencia. Eclesiastés 3:9-13 dice: ¿Qué provecho saca quien trabaja, de tanto afanarse? He visto la tarea que Dios ha impuesto al género humano para abrumarlo con ella. Dios hizo todo hermoso en su momento, y puso en la mente humana el sentido del tiempo, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin. Yo sé que nada hay mejor para el hombre que alegrarse y hacer el bien mientras viva; y sé también que es un don de Dios que el hombre coma o beba, y disfrute de todos sus afanes.

Sí, hay que trabajar, el que no trabaja bueno es que no coma. Por supuesto, pero hay quienes no trabajan para vivir, hay quienes viven para trabajar. Y piensan que con acumular fortuna van a ser felices y se olvidan que Jesús dijo: La vida  del hombre no consiste en la abundancia de bienes que posee. Usted es feliz porque tiene un reloj, no es más feliz porque tiene dos o porque tiene quince. Usted no es feliz porque tiene un carro, ni va a ser más feliz porque tiene dos. Usted no es feliz porque tiene una casa ni va a ser más feliz porque tenga seis. La vida del hombre no consiste en la abundancia de bienes que posee, pero muchos seres humanos gastan su vida y gastan su tiempo en hacer casas, carros, sueldos, puntos. En vez de dedicar su vida en hacer hijos e hijas, nietos y nietas, amigos y amigas.

Lo más importante de esta vida no es el dinero que hacemos, son las personas con quienes lo disfrutamos, son las relaciones personales que tenemos. Somos ricos cuando tenemos hijos que nos aman, nos admiran y nos respetan. Somos ricos cuando tenemos padres que disfrutan de nuestra conducta, somos ricos cuando tenemos amigos con quienes compartir la vida. No trabaje solo para hacer fortuna, la fortuna se la lleva el tsunami. La fortuna se la destruye el terremoto, la fortuna se pierde con funcionarios de bancos que no son íntegros, por eso es importante entender que si trabajamos es para disfrutar lo que trabajamos con aquellos que amamos.

Recuerde lo que dice Eclesiastés 4:6: Más vale poco con tranquilidad  que mucho con fatiga. De que sirve tener mucho y estar agostado. Tan agotado que usted ya no tiene energías ni para levantar a su bebé. Tan agotado que usted no tiene energías ni siquiera para correr con él en el jardín. Tan agotado que usted no tiene energías ni para sentarse a hablar con su esposa. Ella le comienza a hablar y a los cinco minutos y usted está respondiendo con ronquidos. Así que más vale poco con tranquilidad, que mucho con fatiga. Salmo 128: 1-2 dice: Dichosos todos los que temen al Señor, los que van por sus caminos. Lo que ganes con tus manos, eso comerás; gozarás de dicha y prosperidad. ¿De qué sirve ganar, ganar y ganar y no gozar de dicha y prosperidad?

Goce con lo que tiene. Por eso Pablo nos enseña y nos dice: Estén contentos con lo presente. Disfrute lo que tiene, si lo que tiene es para comer un buffet lujoso y caro, disfrútelo. Pero si lo que tiene es para comer pan francés con banano disfrútelo y coma su “monte sándwich”, su emparedado de mono, feliz con sus hijos. Lo importante es que disfrute de la vida, saque provecho de tanto afanarse trabajando. Disfrute del producto de su trabajo con su pareja e hijos. ¿Cuánto tiempo comparte con sus hijos y su pareja a la semana? El amor para un hijo bien podría deletrearse de esta manera  T- I- E- M- P- O. El amor a un hijo se deletrea tiempo.

A veces es más fácil dar una tarjeta de créditos para quitarnos de encima al hijo y que se vaya a pasear con sus amigos y nos deje cómodos en nuestra rutina, que darle tiempo. A veces es más fácil comprarle un carro para que se vaya con sus amigos y ni siquiera supervisamos con qué amigos anda. Cuando lo que nuestros hijos necesitan es tiempo. Algunos dicen: yo a mis hijos les doy tiempo de calidad, pero olvidan que la calidad y la cantidad van de la mano. No se trata de darle solo tiempo de calidad. Esa es una excusa, esa es una justificación, porque no se le da tiempo a los hijos, hay que darles tiempo de calidad. Hay que darles tiempo de cantidad.

Hoy hay mucho tiempo para algunos padres que todavía tienen niños chicos, que los tienen que llevar al colegio. Pasan en el auto media hora, una hora, hora y media, dos horas. Hay quienes decidieron salirse de la ciudad e irse a las áreas suburbanas, a las áreas rurales de la capital y emplean dos o tres horas para llegar a su casa. Hay niños que hoy en día dicen lo que decíamos algunos cuando éramos estudiantes: “Yo estudio en la escuela nocturna”, porque salen cuando todavía está oscuro. Aproveche ese tiempo, comparta con sus hijos, aproveche el tiempo no sólo para andar uno con el ipod y el otro mensajeando. Aprovéchelo, platique con ellos, comente las cosas, lean la Biblia, canten juntos, oren juntos, conversen juntos. Tenemos que aprovechar el tiempo que tenemos.

Salmo 133:1: ¡Cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos convivan en armonía! Esto no solo se refiere a la congregación de los creyentes cuando nos reunimos y estar juntos alabando al Señor, también se refiere a la familia. Es bueno convivir en armonía, pero para convivir en armonía, tenemos que estar bien conectados. Tenemos que estar bien armonizados, en buenas relaciones, de lo contrario nos vamos a reunir a discutir, a pelear, a recriminarnos, a amargarnos. Tenemos que buscar la manera de conectarnos con nuestros hijos, para disfrutar de esa armonía en familia. Los padres debemos aprender a conectarnos con nuestros hijos y conectarnos de distinta manera.  Ahora que tengo nietos estoy recordando la vida que llevaba con mis hijos cuando eran chicos. Ahora llegan, por ejemplo, Natalia y me dice: abuelito dame la mano. Me toma de la mano y me lleva a sentarme con ella en el piso y ahí estoy con las dificultades que los 61 años causan, sentándome en el piso. ¿Para qué? Para que ella pueda pintar y se pone a pintar en el piso. Y ahí estoy con ella diciéndole que lindo nena, ni Picasso hizo esto. Pero ella es feliz, ¿por qué? Porque no solo tiene la atención de sus papás en su casa sino tiene la atención de sus abuelos en mi casa.

Tenemos que aprender a conectarnos de acuerdo la edad y de acuerdo a la necesidad. Cuando son chicos podemos orar con ellos al acostarnos, porque va depender mucho de nosotros. Yo recuerdo a mis tres hijos siempre gritaban mama ven a acostarme. A veces mi mujer decía: papi ve a costarlos. Yo iba acostarlos, oraba con ellos, los tapaba y después decían: mami venga a acostarme. Les encantaba la forma como sus mamá lo hacía. Así que llegaba mi esposa, oraba con ellos, platicaba con ellos, les daba su beso de buenas noches y entonces ya se dormían. Llegaron a adolescentes y hacían lo mismo. Llegaron a universitarios y todavía llamando a su mamá para que los acostara. Hasta que ella tiró la toalla.

Tenemos que ir  adaptándonos a nuestros hijos. Y ahora mis hijos todos ya son mayores, ya va a cumplir en agosto uno 37, el otro 35 y el otro 32, ya son grandes. Y ¿qué hacemos cuando ya son grandes? ¿Ya no les damos tiempo? Cuando son chicos y hasta cierta edad pues podemos disponer de ellos: vamos jugar, a mi me hacían ir todos los sábados al Cejusa a verlos jugar fútbol y ahí estaban en la liga de los mosquitos, y ya estaba yo llevando sol, hora tras hora, viéndolos jugar, pasaron los años, hasta que al fin los vi llegar a ser campeones de fútbol. Tenemos que dedicarles tiempo a nuestros hijos. ¿Saben qué hice cuando se casó el último de los hijos? Les dije: bueno, los espero a  desayunar todos los jueves a las 7 de la mañana aquí en la casa. Todos los jueves religiosamente, 7 de la mañana, ahí estaban en mi casa, ahí nos juntamos, ahí conversamos con el nuevo estilo, porque ahora los hijos tienen nuevo estilo, están con uno y están con el celular en la mano, pero ahí están. Y ahí estamos hablándoles y ahí estamos compartiéndoles, comiendo, disfrutando o a veces compartiendo alguna de las penas. ¿Pero ahora qué? Cuando eran chiquitos yo me los llevaba a donde iba, a predicar o a orar por un enfermo. A veces los ponía a orar por los enfermos. Ahora que ya son grandes me invitan algunos banqueros almorzar, me llevo a uno o a dos de los hijos para que conozcan a los banqueros que me quieren conocer. Me invitan de una institución para celebrar una actividad, me llevo a uno o a dos de ellos. Me invita el presidente a cenar en Casa Presidencial, me llevo a uno, me llevo a otro, ¿por qué? Porque hay que darles tiempo.

¿Por qué es tan importante dedicarles tiempo a nuestros hijos? Porque es cuando podemos poner en práctica lo que aprendimos la semana pasada: servirles de modelo y darles ese amor que afirma.  ¿Cuándo es que usted le da una lección a su hijo? Cuando comparte con él. Cuando come con él, cuando viaja con él, cuando sale con él. ¿Cuándo le hacen preguntas sobre la vida? Cuando usted está con él o con ella. La Biblia nos enseña que en cada momento que podamos, mientras compartimos con ellos, les enseñemos sobre la Palabra de Dios. Deuteronomio 6:4-7: Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.

Está bien que hablemos del Real Madrid, mi más sentido pésame, está bien que hablemos del Barsa, que hablemos del Patriota, de la UNE, del LIDER, de VIVA, de todo, está bien. Pero está mal que no hablemos de Dios y de la Palabra de Dios. Hablemos de Dios con nuestros hijos, dediquemos tiempo a hablar de Dios con nuestra familia. Mis hermanos, nuestra vida sin Dios no vale nada. Nuestra vida  sin la iglesia no vale nada. Lo más importante es lo que nosotros tenemos de relación con nuestras personas, así que cuando esté en la casa aproveche, porque ahora estar en la casa no basta, o está prendido a su computadora o está prendido en el televisor, o está prendido en los periódicos. Es importante estar en la casa, pero cuando hablamos con uno de los hijos, con uno de los cónyuges es necesario poner atención. Es importante que nosotros miremos, escuchemos atentamente lo que nos dicen nuestros hijos, nuestros nietos, nuestro cónyuge en la casa.

“Pero no solamente en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes”. Eso es importantísimo. Es desde temprano de la mañana en que podemos dedicarles tiempo a nuestros hijos. Me gusta oír las historias ahora de mis hijos. Dice el Pastor Alex, que por la noche tiene una rutina, en la cama la Pastora Aixa les cuenta historias de distintas partes de la Biblia, con distintos materiales que hay en Fráter Librería. Si usted no se conoce las historias de la Biblia vaya a la Fráter Librería, vaya y compre ahí libros, hay lindos con historias para niños y léaselas a sus hijos y hasta usted va a aprender. Si usted no las sabía, las va a aprender. He oído a muchas madres decirme: ahora que estoy criando a mis hijos he aprendido más de la Biblia, porque se las estoy leyendo con historias graficas, ilustradas, maravillosas.

Es importante que le demos tiempo a nuestros hijos y déjeme decirle algo: yo sé que muchos están diciendo acá: hay pastor, qué tiempo les voy a dar. Mi marido se va a trabajar y yo también. Ahora tenemos que trabajar los dos. En algunos casos no queda más remedio, pero le recomiendo comprar la serie “Fórmulas Bíblicas para Prosperar” y entender como manejar su plata, porque el que salga a trabajar su mujer no necesariamente van a vivir mejor, es preferible que salgan de deudas, es preferible que se ajusten a un presupuesto más chico y no que salgan a trabajar los dos. Porque a veces la señora sale a trabajar y entonces tiene que contratar a una persona que cuide a los chicos y tiene que pagarle, tiene que darle de comer, tiene que darle donde vivir, tiene que darle artículos de limpieza, tiene que darle muchas cosas y todo eso va a salir del sueldo que usted v a ir a ganar.

Además de eso va a tener que ir más seguido al salón de milagros, porque para ir a trabajar tiene que ir más presentable, tiene que gastar en peinados, en pinturas, en manicure, pedicure y todos los cures que hay. Necesita su transporte, entonces tiene que comprar carro, tiene que comprar seguro, placas, llantas, aceite, hacerle reparaciones, tiene que comprarle de todo. Además tiene que gastar en comida para comer en el trabajo y la ropa, tiene que comprar otra clase de ropa, En la casa puede andar con la bata deshilachada, desecha, pero en el trabajo… Cuando usted hace cuentas de lo que gana versus lo que le cuesta ir a trabajar, se va a dar cuenta que no está ganando ni el  salario mínimo. Entonces, ¿para qué?

Cuando mi esposa y yo nos casamos, después de haber graduado la escuela bíblica, me dice: Yo quisiera completar mi carrera de maestra de educación primaria urbana. Cómo no, vamos, se inscribió, estudió, se graduó embarazada, terminó su carrera. Y luego me dice: Me están ofreciendo una plaza en el Ministerio de Educación como maestra. Ella muy feliz, muy emocionada, esperaba que yo dijera que bueno, que alegre. Y le dije: no vas a ir a trabajar. ¿Pero cómo? Y hubo la típica discusión que hay en los hogares. Y le dije: Mira, podemos vivir -hasta ahora hemos vivido- con lo que yo gano y vamos a seguir viviendo ajustados a lo que yo gano. Para mi la mayor ganancia es que mis hijos tengan a su mamá con ellos todo el tiempo que son chicos, ¿por qué los va a tener que criar una señora que yo voy a traer del interior, probablemente analfabeta, probablemente ignorante, probablemente con malas costumbres, probablemente con una cultura diferente? ¿Por qué? Si tengo yo a una maestra exclusiva para mis hijos. Ya saben quien ganó el debate. Yo logré convencerla de que nos convenía más como padres que ella se dedicara a su casa, a sus hijos y se encargó de cuidar a nuestros hijos y hasta los sobrinos y los vecinos, pero ahí estaba en su casa.

El otro día estaba leyendo que, me pareció interesante, para algunos la casa es un motel gratuito. Los papás no dejarían a sus hijos  irse a meter a los moteles que están en la Roosevelt, pero sí dejan que su casa se convierta en uno de ellos. Llegan los amigos y las amigas, me dicen algunos, yo prefiero que los traigan a la casa y no vayan a la calle y en la casa están teniendo relaciones sexuales y por eso es que hay más chicas muy jóvenes quedando embarazadas. ¿Por qué? Porque no hay en la casa quien vigile. Yo bendigo a Dios porque le dije a mi esposa: vas ir a trabajar cuando nuestros hijos todos vayan a la escuela y tú  te quedes que no sabes ni que hacer con tu tiempo, entonces tú puedes ir a trabajar., pero tenemos que aprender a vivir con lo que tenemos.

Hermanos,  se puede vivir con lo que uno gana si uno está contento con lo presente. Leí en unos de mis recientes viajes en un periódico que se llama USA To Day, el concepto de éxito financiero que encontraron en la gran encuesta que hizo el periódico en Estados Unidos y ¿sabe cuál fue el concepto financiero más generalizado? Vivir libre de deudas. Cuando logra vivir libre de deudas, tiene éxito financiero. No es cuánto tiene sino cuando debe. Es éxito financiero, no deber nada. Así que si no va a pasar hambre, que su esposa no trabaje. Ahora, si usted se queda sin trabajo y no le dan chance porque ya descubrieron que es corrupto, hágase el niñero y que su esposa vaya a trabajar. Que remedio, pero de lo contrario contentos con lo presente, no gastemos más de lo que ganamos y nos va a ir bien.

1 Timoteo 5:8 dice: El que no provee para los suyos, y sobre todo para los de su propia casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo. Por supuesto. La mayoría de jovencitas, como dije hace un ratito, hoy en día no pierden la virginidad en moteles, la pierden en su propia casa, ya que ambos padres trabajan todo el día, no hay quien cuide, quien supervise a los niños quienes comparten con los vecinos y amigos que llegan a visitarlos y es ahí donde caen en la tentación de las relaciones prematrimoniales y todas las consecuencias que ya conocemos.

Qué pasaría si su hijo -sin importarle la edad que tiene- pudiera escribir en su agenda lo que él desea de usted, sin que usted lo viera. Todo hijo necesita a sus padres, necesita su amor, su ejemplo y su tiempo. Recuerdo la historia que leí hace muchos años: llega un niño con su papá, que era ejecutivo de una gran empresa, le dice: Papá, ¿cuánto ganas por hora? El papá empezó a hacer cuentas y al final le dice: Yo calculo que gano, en ese entonces, unos 10 dólares la hora. El niño subió, abrió su alcancía, contó lo que tenía ahorrado, ocho dólares. Bajó con su papá y le dijo: ¿Tú me regalarías dos dólares? Como no hijo. Y le dice: Aquí te doy diez dólares, regálame una hora de tu tiempo, quiero jugar contigo, quiero estar contigo. El padre se dio cuenta que estaba fallando.

Quizá usted me diga: Pastor, yo estoy pasando por serios problemas con mis hijos. Yo sé que hay algunos que están sufriendo porque sus hijos están cual hijos pródigos, se han ido de la casa, se han ido de la iglesia, están en el mundo, están pecando, usted teme que en cualquier momento le vayan a decir: su hijo está preso, su hijo está muerto. Las cosas preocupan, tenemos que hacer todo lo que está de nuestra parte por recuperarlos, por traerlos. Si todavía tiene a sus hijos cerca de usted, puede hacer algo por ellos, esfuércese. Si usted alguna vez dijo todo lo que yo trabajo, todo lo que yo hago es para mis hijos, pero sus hijos más que recibir casas, herencias, lo que necesitan es a un buen padre, a una buena madre, modelos, ejemplos y como dije en otra ocasión, si fracasó con su hijo, por favor no lo haga con sus nietos, haga todo lo que pueda por ellos. Pero en todo momento le puedo decir, que Dios es fiel y que la fidelidad de Dios es maravillosa y a veces toma al hijo tirado entre los puercos y le hace reconocer, le hace levantarse y venir arrepentido a los pies de Dios, pedirle a su padre perdón.

Yo confío que aquí el Señor estás hablando a nuestros corazones como padres y como hijos para que nos corrijamos y nos convirtamos en modelos, ejemplos dignos de ser imitados. El Señor nos necesita para que les demos a nuestros hijos y a los hijos de otros que no tienen buenos modelos, buen ejemplo, buen modelo que ellos puedan imitar. Y el Padre nuestro que está en los cielos, que tiene tanto que ver con la creación, toma tiempo para estar con cada uno de nosotros. Cuando hablamos con Él nos oye, nos pone atención, nos ama y nos responde.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…