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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Aquí entre nosotros hay hombres que tienen historias de éxito, a pesar de que nacieron en hogares disfuncionales, a pesar que no tuvieron a sus padres al lado de ellos todo el tiempo, a pesar de que algunos fueron huérfanos, a pesar de que algunos fueron abandonados por sus propios padres. Y es porque encontraron en el Padre nuestro que está en los cielos, al padre que hizo falta aquí en la tierra. Y gracias a Dios, porque Él nos ha abrazado y nos ha adoptado y nos ha hecho hijos suyos y ha llenado ese vacío existencial, esa imagen paternal que todos los seres humanos necesitamos, porque lo que un hijo necesita no es solo comida, ropa y escuela. Lo que un hijo necesita es un modelo para imitar y un toque de amor que afirma. Gracias Dios, porque eres un modelo para nosotros.

La mayoría de los delincuentes, hoy en día, alguna vez fueron bebés. ¿Se imaginan ustedes a Adolfo Hitler de bebé? Ha de haber sido precioso, ha de haber sido tierno, debe haber sido lindo tenerlo en los brazos. Muchos, seguramente, lo abrazaron, lo besaron y lo acariciaron, sin embargo, creció y se convirtió en Adolfo Hitler. Osama Bin Laden ha de haber sido un bebé muy lindo. Fidel castro ha de haber sido muy lindo. Todos los candidatos a la presidencia en Guatemala de bebés han de haber sido muy lindos. Seguro que fueron preciosos.

Pero ¿qué es lo que hace que un bebé se transforme en un dictador, en un secuestrador, en un abusador de niños? Todos los pedófilos adultos algún día fueron bebés inocentes, ¿cómo es que se convirtieron en algo que es una lacra para la sociedad? ¿En algo que es un estigma para la humanidad, vergüenza para la familia, un desastre para la iglesia? Debemos reconocer que la conducta justa o injusta tiene mucho que ver con la forma en la que los padres crían a sus hijos, por supuesto, que si nosotros los criamos bien por lo general vamos a producir hijos de bien.

Me cae en gracia cuando una señora le dice a otra, por ejemplo, esto es algo que he oído algunas veces: “Qué suerte la tuya, qué lindo tu jardín, cómo se te dan las rosas, cómo se te dan las violetas, qué suerte la tuya, que jardín tan lindo el que tienes”. Nadie tiene un jardín lindo porque tiene suerte, todos tienen un jardín lindo porque se esforzaron en trabajarlo, en limpiarlo, en cuidarlo, abonarlo, en regarlo, le invirtieron plata al jardín y por eso ahora, después de invertirle tiempo, plata y talento, es precioso. Lo mismo ocurre con los hijos, a veces los papás recibimos comentarios de otros: “Dichoso usted, qué suerte la que tiene, cómo le salieron de buenos sus hijos”. Los hijos no salen buenos porque usted tenga suerte, los hijos salen buenos porque usted se esfuerza con la ayuda de Dios en hacerlos que salgan buenos. Vea usted a un hombre de bien, vea usted a una mujer de bien y atrás de él va a tener un modelo de fe y conducta al que ellos vieron, imitaron y ahora se conducen como ese modelo que tuvieron.

¿Qué es lo que necesita un hijo? Un modelo de vida a imitar Lo que nuestros hijos necesitan es un buen modelo. No puede llegar a ser bueno si tiene un padre malo, al menos que en el camino Dios se encargue de adoptarlo y de hacerlo nacer de nuevo y darle un nuevo modelo, que es Dios nuestro Señor. El modelo para que los hijos salgan bien y aprendan a conducirse bien somos nosotros sus papás. A veces los papás preguntan: ¿Y esto es lo que te están enseñando en la escuela? No es la escuela la que le debe enseñar a nuestros hijos los modales, la buena conducta. La formación la tenemos que dar nosotros los padres a los hijos, y los años claves para darle a los hijos esa buena formación, son los primeros cinco años, que es cuando por lo general los papás estamos ocupados en trabajar, en estudiar, en hacer plata y no le dedicamos a nuestros hijos el tiempo necesario en esos primeros cinco años.

Me llama la atención lo que encontramos en el libro 2 Timoteo 1:2-5, dice Pablo: “a mi querido hijo Timoteo: Que Dios el Padre y Cristo Jesús nuestro Señor te concedan gracia, misericordia y paz. Al recordarte de día y de noche en mis oraciones, siempre doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia limpia como lo hicieron mis antepasados”.

Pablo le dice a Timoteo: “Mí querido hijo”, porque los hijos no solamente necesitan ser queridos sino que se lo digamos. No basta con que usted sienta que ama a su hijo, es necesario que se lo exprese. No basta con que ame a su esposa, es necesario que se lo diga. Continuamos: “a mi querido hijo Timoteo: Que Dios el Padre y Cristo Jesús nuestro Señor te concedan gracia, misericordia y paz. Al recordarte de día y de noche en mis oraciones, siempre doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia limpia como lo hicieron mis antepasados”. Esto denota que Pablo tiene ahora un servicio de conciencia limpia, porque sus antepasados, sus padres, sus abuelos, sus bisabuelos, sus tatarabuelos también tuvieron una conciencia limpia. Pablo no llegó a ser un fariseo de fariseos, un hombre conocedor de la ley, un modelo de fe para Israel por casualidad. Pablo tuvo antepasados que sirvieron con limpia conciencia a Dios. Yo estoy aquí gracias a Dios y a mis antepasados también, yo puedo decir que mi abuela me estableció una buena fe. Mi madre me dio un buen ejemplo, ya no conocí más allá de mi abuela, pero entiendo que mis abuelos y bisabuelos maternos también fueron hombres de fe, vinieron a predicar el Evangelio de mucho tiempo atrás. Y esto es tan importante, tener un árbol genealógico que nos remonte a las alturas de la fe en Dios, de la vida cristiana ejemplar.

Además, dice en el versículo 4: “Y al acordarme de tus lágrimas, anhelo verte para llenarme de alegría”. ¿Por qué las lágrimas de Timoteo, por qué Timoteo era un joven chillón, por qué era un joven sensible? Yo sé que a veces tenemos que llorar, yo entre más viejo me pongo más propenso a llorar. A veces estoy viendo una película sentimental y resulto llorando solo. A veces estoy viendo un acto de los niños en el liceo y me pongo a llorar también. Pero un patojo, un niño llorón, un niño chillón que por cualquier cosa llora, que se ofende fácil, que es muy sensible, que es acomplejado, que tiene problemas de conducta, que tiene problemas con su imagen, su autoestima es baja, se siente de poca valía, se siente un don nadie, es uno como Timoteo, en ninguna parte aparece en la Biblia la historia de quien era su padre, se habla de su abuela Loida, se habla de su madre Eunice, pero no del papá.

Cuando se crece sin una buena imagen paternal, se va a crecer con complejos, con inseguridades, será una persona inestable, insegura, incierta y llena de dudas. Los hijos que crecen sin padre, han comprobado los estudiosos de la conducta humana, son más propensos a tener muchos problemas en la escuela, en sus relaciones interpersonales. Se convierten en personas verdaderamente complicadas. Timoteo era uno. Pablo dice: “Y al acordarme de tus lágrimas”, porque siempre le iba a llorar sus problemas: Nadie me quiere, todos me ofrenden, nadie me ayuda, el profe no me quiere, la maestra no me quiere, nadie me quiere.

Sigamos en el versículo 5: Traigo a la memoria tu fe sincera, la cual animó primero a tu abuela Loida y a tu madre Eunice, y ahora te anima a ti. De eso estoy convencido. Abuela, si usted la arruinó con sus hijos, arréglela con sus nietos. Porque hay abuelas que no pudieron hacerla, no supieron cómo, las circunstancias no les permitieron hacer buen trabajo con sus propios hijos. Pero pueden ahora hacerlo con sus nietos. Mi pobre abuela cuando se convirtió era muy adulta, a los 30 o 40 años de edad. Entonces, como que no le fue bien con sus propios hijos. Pero dijo aunque sea un nieto saco bueno y yo tuve la dicha que me adoptó como su objetivo, como su meta. Tuve la dicha de vivir a la par de ella y cada vez que necesitaba un centavo y se lo iba a pedir invariablemente me decía como no, pero leeme Mateo 24, leeme el Salmo 91, después me daba el centavo. Claro que le agradezco, porque me enseñó a recibir ofrendas con toda libertad por predicar la Palabra, así que hubo muchas enseñanzas ahí de la abuelita Choma. La abuela Choma me enseñó muchísimo con su conducta.

La vi cuidar a otro nieto y darle un amor que no le pudo dar su propio padre ni su propia madre, porque nació paralítico, sordo, mudo y epiléptico. Dígame usted, ¿qué se hace con un niño que nace así? Los espartanos lo tomarían y lo lanzarían de un precipicio para matarlo. Pero no, mi tía llegó con mi abuela y le dijo: aquí le traigo a Hugo y  mi abuela lo tomó muy chiquito y lidió con él, estimo yo, unos 30 y pico de años y jamás oí a mi abuela protestar, por tener un nieto paralítico. Jamás la vi protestar porque había que bañarlo todos los días, darle de comer todos los días, sacarlo al sol todos los días, vestirlo y desvestirlo todos los días, Y eso fue para mí una gran lección de amor. Los padres que tienen un hijo que llamamos nosotros “especial”, un hijo discapacitado, un hijo con síndrome de Down, etc. tiene la oportunidad de ser la gente que expresa el más grande amor que se pueda expresar, porque el más grande amor es aquel que da la vida por otros. Yo vi a mi abuela, yo vi a mi tía dar su vida por este muchacho.

Y cuando mi abuela tenía 90 años y pico, vi a este muchacho morir. Le atacó la epilepsia tan fuerte que delante de mis ojos lo vi morir con paroxismos de esos terribles, horribles y entonces me abuela cayó de rodillas en el suelo y levantó sus manos al cielo y dijo: Dios mío, gracias por llevarte a Hugo antes que a mí, porque ¿quién lo iba a cuidar, si yo moría antes? Eso es amor, eso es ejemplo, eso es un modelo, eso necesitamos los hijos. Abuela, si usted  no pudo con sus hijos, trate con sus nietos. Al año falleció mi abuela, pero me impresionó verla de rodilla en el piso de tierra de su cuarto con sus manos levantadas dándole gracias a Dios por haberse llevado a este nieto antes que a ella y haberle permitido vivir para cuidarlo. Bueno, a la par me tenía a mí y yo no tenía esos problemas de salud, y entonces se enfocó de otra manera: me hizo acompañarla a predicar a muchos lugares, me hizo acompañarla a muchas reuniones de señoras en las iglesias de la época.

Y allá siendo yo un niño de 10 u 11 años me decía: Jorge, léeme el Salmo 27 y yo lo leía, mi abuela se lo sabía de memoria, pero quería que yo lo leyera. Mi abuela era analfabeta, por eso se lo sabía de memoria. Ahí me sentía yo un pastorcito leyendo la Biblia frente de la congregación. ¿Qué estaba haciendo mi abuela? Modelando a un futuro siervo del Señor. Cuando llegó la noche que le tocó morir me llamó. En horas de la madrugada me pidió arrodillarme a la orilla de su cama, puso sus manos sobre mi cabeza y dijo: Dios mío, haz de Jorge un siervo de Dios, un predicador del Evangelio. Mis hermanos, díganme ¿si Dios no oyó la oración de una abuela? ¿La oración de una madre, la oración de un padre? Dios escucha y nos toma, nos transforma y nos hace hombres y mujeres de bien.

Yo le puedo decir a usted una cosa, no importa que esté aquí sin padre a quien admirar, sin madre a quien admirar, a lo mejor tuvo un padre o una madre a quien aborrecer, a lo mejor creció odiando y aborreciendo a sus padres, pero aquí tiene usted hoy la oportunidad  de decirle al Padre nuestro que está en los cielos: Señor, adóptame como tu hijo y hazme como tú eres Señor. Y Él lo va a adoptar, le va enseñar, y va a ser de usted un hombre y una mujer de bien. Eso hizo Pablo con Timoteo, lo adoptó, eso es lo que hacemos en las células, adoptar a los huérfanos, a adoptar a los viudos y a las viudas, darles un modelo de fe. He encontrado a miles de jóvenes y señoritas de hogares disfuncionales que vienen a encontrar en la Fraternidad Cristiana a una familia perfecta, aquí encuentran padres, aquí encuentran madres, hermanos, aquí encuentran quien los ame, quien los cuide, quien los guíe, les dé un propósito para la vida. He visto a jovencitos venir destruidos moral y económicamente y en todo sentido, hoy en día son hombres de bien, casados, con hijos, involucrados en diferentes ministerios en la iglesia, transformados porque el poder del Evangelio transforma. Por eso Pablo dice “no me avergüenzo del Evangelio, porque es poder de Dios, para  salvación”. Mis hermanos, yo soy producto del poder del Evangelio. Yo estoy aquí, porque Dios es poderoso, es misericordioso y nos ha tomado y nos ha hecho hombres y mujeres de bien. Hombres y mujeres prósperos.

Los niños todo lo aprenden viendo y oyendo. ¿Usted quiere que su  niño lea la Biblia? Léala usted. ¿Quiere que su niño ore? Ore usted con su hijo. Tráigalo con él, tráigalo a la iglesia. No lo mande a la iglesia, venga usted con él a la iglesia. Llévelo con usted a la célula. Si, yo tomé a mis hijos desde muy chicos y cuando iba a orar por un enfermo me los llevaba y les decía a mis hijos: ora tú por este enfermo y ahí de 4 ,5 o 6 años hacían la oración por el enfermo. Cuando uno da el ejemplo al hijo, aprende el ejemplo. Cuando mis hijos me pedían dinero para llevar a la escuela y  tener mucho con qué gastar, no les daba, pero llevaban su lonchera llena de comida y de chucherías. ¿Por qué? Porque a veces les damos tanto a nuestros hijos que piensan que el dinero nace en los árboles. Piensan que usted es una máquina de dinero, que el dinero es fácil. Tiene que ensañarle a sus hijos por ejemplo – no solo por precepto-  el buen manejo de las finanzas.

La Biblia dice en Proverbios: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se aparte de él”, inmediatamente abajo dice: “El que pide prestado es esclavo del acreedor”. Por eso hay que instruirlos desde chiquitos a no endeudarse, pero no podemos ensañarles a vivir libres de deudas si nosotros crecemos endeudados. El ejemplo lo tenemos que dar nosotros. Ser personas contentas con lo que tenemos, si solo hay para comer tortillas con queso, gócese su tortilla con queso. Si además hay carne para echarle a la tortilla, disfrútela. Si lo que hay  es una pacaya, pues déle para adelante. Coma lo que hay, pero demuestre a sus hijos que usted vive contento con lo que tiene, entonces ellos van a ser personas que crecerán igualmente contentas con lo que son y con lo que tienen, con lo presente.

Si usted quiere que sus hijos sean generosos, no sea tacaño con su mujer. Es importante ser generoso, si usted quiere que sus hijos sean honrados, sea usted honrado. No quiere que sus hijos sean corruptos, no sea usted corrupto. Usted se lleva a sus hijos a Disney y allá dice que los niños de determinada altura no pagan, y usted le dice que se agache, le está enseñando desde el principio a ser mentiroso, engañador y corrupto. Echa gasolina y le dan vuelto de más y su hijo mira lo que te dieron, y usted lo manda a callar y le ofrece un helado, rápido aprende el niño a recibir mordidas. Por eso es importante que si queremos tener hijos que no sean corruptos, nosotros no seamos corruptos. Quiere que su hijo diga siempre la verdad, cuando lo llamen por teléfono y pregunten por usted, no le diga: Decí que no estoy. En fin, los hijos aprenden viendo y oyendo. Esa es la mejor lección: la que vean en nosotros.

Tarde o temprano nuestros hijos se convertirán en gran medida en lo que somos sus padres. Un día un papá se asomó a la ventana y vio que su hijo caminaba sobre la nieve, sobre los pasos que él había dejado la noche anterior. Y el niño daba un paso y tambaleaba  dando un paso para acá, otro para allá. Y dice: a mi hijo ¿qué le estará pasando? Fueron las marcas que dejó el papá cuando llegó borracho. Los hijos imitan.

Tenga cuidado a quien critica en la mesa. Usted critica a su jefe, a su pastor, habla pestes de él y después lo invita a cenar. “Pastor, qué honor es tenerlo en la casa, es una bendición cada vez que lo oigo predicar, mire yo aprendo mucho de sus enseñanzas”, y el hijo se queda viendo y dice: qué hipócrita es mi papá. Qué peligroso es, los hijos necesitan un modelo y necesitan alguien que los ame. El principal responsable de amar a los hijos es el papá y la mamá. Claro, muchos de nosotros crecimos en una época en que los papás eran muy autoritarios, que nunca abrazaron o besaron a sus hijos. Todavía existen algunos así. Tenemos que entender que a nuestros hijos tenemos que amarlos y decírselo. Aunque usted los mire feos, aunque usted mire que su hijo se parece más a su suegro que a usted, ámelo. Se acordará, que alguna vez alguien se le acercó y le puso la mano en la cabeza y se la despeinó, le sacudió un poco la melena, le dio un poquito de cariño ¿cómo se sintió usted? Rico. Y qué tal si era un pedófilo? Ya empezó a trabajarlo para llevárselo y destruirlo. Usted como padre acaricie la cabeza de su hijo. Ame a su hija, abrácela, bésela, hágala sentirse bien. Un toque que afirma, una mano cariñosa que le da seguridad. Una hija que tiene confianza de abrazar a su papá no va a  salir corriendo abrazar al primer medio mudo que está en la calle. Porque va a estar satisfecha de amor en su casa. Un hijo que está bien querido por sus padres no va a ser fácilmente presa de los sinvergüenzas que hay en la calle.

Jesús mismo, antes de iniciar su ministerio recibió la voz del cielo que le dijo, lo leemos en marcos 1:11: «Tú eres mi Hijo amado; estoy muy complacido contigo.»
¿Cuándo fue la última vez que usted le dijo a su  hijo mira, estoy complacido contigo. Si llega con sus notas de calificaciones, las ganó todas pero todas con 70, 71. Usted muestra sus insatisfacción y le dice que hubiera sacado 100, pero y usted ¿Cuánto sacó en sus calificaciones? Tenemos que estar muy complacidos con nuestros hijos, no solo sentirlo sino decírselos. Muchos papás solo están listos para criticar en vez de decirle a los hijos, como dijo el Padre a Jesús: Tú eres mi hijo amado. No le pida peras al olmo, usted nunca fue de los que sacaban cien, ¿por qué le exige a sus hijos? Alégrese con que gane, con que pasen el año. Porque hijo de bobo, solo por la gracia de Dios no es más bobo. Hay que tener consideración, amar a los hijos porque son nuestros hijos, punto.

“Si no haces tal cosa, ya no te quiero”. ¿Han oído a mamás decir esto? Si no te comés eso, ya no te quiero. Quiéralo aunque no se coma la libra de arroz que le puso. Quiéralo aunque no saque todas las notas sobresalientes, quiéralo, aunque no sea el goleador del equipo de fútbol. Quiéralo aunque no dé pie con bola, quiéralo aunque no sepa el pobre hablar muy bien el mandarín. Tenemos que amar a nuestros hijos, porque son nuestros hijos. El amor de los padres no debe ser condicional. Los niños son hermosos, hay mamás que dicen: quisiera comerme a mi niño, pero cuando son adolescentes dicen: que lástima que no me lo comí, porque a veces se ponen rebeldes, insolentes, groseros y ¿qué puede hacer usted? Aprovechar cuando son chiquitos para encaminarlos bien al camino que deben andar. Está el papá en su casa, sale a cambiar la llanta de su carro y estás pache. Se enoja porque tiene prisa. Tiene que sacar todas las herramientas necesarias para cambiarla, pero en vez de hacerlo de buena manera lo hace como algunos padres acostumbran: diciendo un montón de palabras obscenas, vulgares. Y en medio de todas sus palabras obscenas empieza a quitar las tuercas de la llanta y de repente se le soba la llave y se golpea y suelta más vulgaridades. El niño está solo viendo, pero como que es una computadora, recibiendo la información. El día de la célula los demás niños y él salen a jugar al patio de la casa, se sube a su bicicleta y en eso se le resbala el pie y se golpea,  empieza a llorar del dolor y empieza a decir -delante de todos los miembros de la célula y de todos los niños- a la bicicleta lo que el papá le dijo a la llave que se le resbaló. El papá se le acerca y le dice: ¿con quién te estás juntando, quién te está enseñando esa manera de hablar? Nosotros somos el modelo, los hijos aprenden de nosotros hasta la manera de hablar.

Se parecen tanto a nosotros. A veces hasta resultan hablando igual que nosotros, mismo timbre de voz, las mismas frases, se parecen a nosotros hasta en nuestro modo de andar. Eso así es, es inevitable. En lo genético se parecen y en lo moral también. Usted quiere que sus hijos traten bien a sus esposas, usted debe tratar bien a su esposa, pero si los hijos crecen viendo que usted insulta a su esposa, la ofende, la golpea, ¿qué van a hacer ellos? Señoras, si es al revés, si usted es la que insulta al  esposo, la que golpea al esposo, sus hijas van a crecer igual. Por eso es tan importante que nosotros entendamos que los hijos necesitan un modelo al cual imitar y un toque de amor que afirme.

A los hijos hay que amarlos porque eso les va a dar a ellos afirmación y van a estar seguros de quien es su papá. Hay de  aquellos que todavía bromean con sus hijos diciéndoles que fueron recogidos.  Si es cierto, dígale que  es porque escogió amarlo, pero si es su hijo déle la seguridad que es su hijo, porque ellos necesitan esa seguridad, porque si usted hiere a un hijo, ese hijo herirá a su nieto, porque un hijo herido se convierte en un padre que hiere y que ofrende, por lo tanto, si usted está herido y ofendido, no caiga en ese error psicológico que se llama herida transferida. Si usted llega de su trabajo y le ocurrió cualquier cosa fuera de la casa, no transfiera la herida. La gente llega enojada de la calle y remata con el niño, no es justo. Han visto señoras en la calle que agarran a sus hijos del pelo, los jalan y les pegan. Pobre niño, no tiene la culpa que el marido la haya dejado. El pobre niño no tiene la culpa de que tenga que trabajar duro para mantenerlo. No transfiera la ira, no se la dé a su hijo. Si usted no puede enfrentar su problema con su cliente, con su jefe, con su compañero, con quien sea, no remate con su hijo, porque su hijo va a crecer herido, igual que usted está herido y va a causar heridas a sus propios hijos oportunamente.

Así que bese y abrace a sus hijos. Los recuerdos en ellos no se dejan en una cuenta bancaria, se dejan en una cuenta emocional y el álbum de recuerdos de nuestros hijos hay que empezarlo a llenar ya. Y cuando ellos le den la vuelta a las páginas, puedan tener suficientes motivos para alegrarse y aunque ya estemos viejos cascaritas o huesos secos en el cementerio, nuestros hijos se recuerden y digan: Buen papá el que tuve, buena mamá la que tuve yo, que abuelo tan a todo dar el que tuve yo.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…