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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Hoy orar es algo muy sencillo, usted y yo que conocemos de la Palabra, simple y sencillamente oramos al padre, pero no siempre fue así, de hecho no le oraban a Dios como el Padre Dios, es Jesús cuando aparece en escena, Dios hecho hombre, el que le enseña a sus discípulos a orar. Es en Mateo 6:9-15 en donde encontramos estas palabras del Señor Jesús: “Ustedes deben orar así: »”Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre,  venga tu reino,  hágase tu voluntad  en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno. »Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas”.

Jesús enseña a sus discípulos a decir: Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado. Es decir, yo recibo el perdón de Dios y yo extiendo el perdón hacia otras personas. Claro, es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Y precisamente este es el título del tema: Perdónanos nuestras deudas. ¡Cuánto no nos ha perdonado el Señor! Si pudiéramos sumar aquí la cantidad de pecados, ¿a cuántos números, qué cantidad aparecería en las pantallas? Perdónanos nuestras deudas. Perdonar no es justo, realmente perdonar no es justo. Se preguntará que le estoy diciendo que Jesús está enseñando que debemos perdonarle a otros sus ofensas, es decir, tengo que perdonarle a mi pareja el adulterio, tengo que perdonarle a mi exsocio que me haya robado, es decir tengo que perdonar aquella persona que me hizo sufrir a tal punto que a veces siento que no quiero seguir viviendo porque ese dolor me tiene atado, me tiene amarrado. Pero Dios sabe más, perdonar no es justo pero es divinamente ordenado. A veces podemos vernos por fuera y creer en todo lo que el Evangelio nos enseña: amar a Jesús, amar a Dios nuestro Señor y, sin embargo, internamente tenemos algo sucio, inmundo en nosotros, que es la falta de perdón. Y cualquier persona que se llame cristiano pero que no ha perdonado, realmente es cualquier cosa, menos un cristiano.

Ahora bien, yo sé que usted está sentado acá y dirá: Pastor, “Usted no ha sufrido lo que yo he sufrido”. “Si usted supiera lo que me hizo mi pareja, si usted supiera lo que me tocó vivir de niño”. ¿Ha visto a los niños cuando van al colegio? Llevan unas mochilas, yo no sé cuánto les meten, pero van arqueados los pobres. Yo tengo esta mochila que pesa 20 libras, no hay problema, yo puedo subir y bajar, el problema es cuando la llevo durante todo el mensaje. Ya cuarenta minutos en mi espalda ¿cómo me sentiré? ¿Qué pasa si corriera con la mochila, qué pasaría si yo llevara esta mochila todo el día: para ir al baño, para sentarme en la silla de mi oficina, en el escritorio del colegio, para hacer pesas en el gimnasio, para comer en un restaurante, para abrazar a otra persona, para cargar al necesitado? Es más, mi corazón ya está pidiendo que la devuelva.

Esto es no perdonar. Puede tener su mejor vida ahora y no disfrutarla. Pero, cuando decide perdonar ¡Qué rico!  Usted se quita la carga. Usted es libre para vivir. Perdonar, aunque  Dios sabe más, no es fácil. No es algo que usted y yo sintamos. Perdonar no es un sentimiento. ¿Quién siente perdonar a quien lo hirió? Yo me imagino que de usted alguna vez han hablado mentiras, muchas mentiras. La gente tiene un concepto suyo que no es el verdadero, porque alguien se encargó de hablar mentiras. ¿Qué se siente contra esas personas? Perdonar no es un sentimiento, es una decisión. Jesús dijo: porque sí perdonan a otros… Sí perdona, una condición, ¿quién debe perdonar entonces? Yo. La responsabilidad del perdón es mía, perdonar a otros sus ofensas. En Guatemala decimos: Yo perdono, pero no olvido. Eso significa: “tranquilo,  aparentemente todo está bien, pero esperate al rato papíto, cuando te tenga enfrente  vas a ver lo que te espera”.

Perdonamos y olvidamos o no podemos ser felices. No podemos olvidar en el sentido de sacar de nuestra mente algo, pero sí en el sentido de dejar de pensar en eso, porque si constantemente volvemos a pensar en la ofensa, volvemos a resucitarla, volvemos a experimentar la misma ofensa hoy, aunque haya sido 20, 30 años atrás. Un amigo recuerda el día en que su papá se fue de su casa y recuerda el sonido del baúl, después de meter la maleta. Perdonar es una decisión, no es un sentimiento. Y por eso muchas veces sepultamos la ofensa, pero resucitamos la misma otra vez, porque empezamos a pensar en lo que nos conviene, “pero es lo que me hizo”. Empieza usted a resucitar, a resucitar y a resucitar, cuando siente está otra vez sufriendo lo mismo. Lo corta la novia, cortar es terminar una relación de noviazgo, es el peor sentimiento, porque es alguien que no quiere estar con uno. Cuando un hombre ha sido cortado por la novia, sufre tristeza, depresión, perdona, pero si vuelve a leer las cartas de amor eterno que le juraba, vuelve a llorar. Si queremos perdonar de corazón, tiene que haber un compromiso de nunca jamás volver a pensar en eso, porque si no andamos resucitando la ofensa y cuando la ofensa resucita, resucitan los sentimientos que sentimos el día de la ofensa. Escuchamos, olemos sentimos, saboreamos el dolor.

Dios sabe más. Por eso Dios quiere que perdonemos. Dios quiere que seamos libres, que nos quitemos esa carga, porque al final de cuentas perdonar es ser libre de los dolores del ayer, para disfrutar de las alegrías del hoy. Nadie con una mochila sobre su espalda puede ser feliz. Nadie. Olvide ese pasado de dolor y abrace la alegría del hoy. ¿Sabe cuánto perdemos usted y yo por no perdonar? Como estamos peleando con la vida, peleando con otros, hay un churrasco no es feliz, viaja a Orlando, no es feliz. Se compra un carro último modelo, no está feliz. Le dan un nuevo puesto en el trabajo, no está feliz, porque la falta de perdón nos ata al pasado y no solo nos ata al pasado, nos ata al ofensor. Hay muchos ofensores que están risa y risa y usted triste, lamentando.

Isaías 43:18-19 dice: “Olviden las cosas de antaño; ya no vivan en el pasado. ¡Voy a hacer algo nuevo! Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta? Estoy abriendo un camino en el desierto, y ríos en lugares desolados. ¿Por qué recordar el pasado doloroso? Si hay tanto bonito, mire, usted está acá en este lugar dígame si no es alegre venir a orar el nombre de Dios, dígame si no es alegre  salir de acá y  salir a comer con los amigos a la casa, a un restaurante, a jugar. Compartir con la familia o con familias. La vida es tan hermosa,  pero cuando no perdonamos todos se nos arruina, andamos amargados. Anda herido, anda enojado con usted mismo. Vea a las personas más amargadas de esta tierra y son las personas con más necesidad de perdón para su vida. Todo el que mira bien duro, es gente que tiene un corazón de piedra que necesita que Dios se lo convierta en un corazón de carne, que vuelva a sentir. Cuando Dios cambia el corazón de roca y nos pone uno de carne, se vuelve sensible, llorón. La Biblia dice que vale más llorar que reír, porque el llorar le hace bien al corazón. Cuando usted y yo lloramos, nos sentimos bien.

Lo más triste de no perdonar es que dejamos de disfrutar el hoy, vivimos atados al pasado, vivimos atados al ofensor, amargando nuestro hoy. La Biblia dice que quien no  perdona a otros tampoco tiene el perdón de Dios, cuando uno cierra el chorro del perdón a otros, Dios le cierra el chorro del perdón a uno. Por eso les dije al principio que  cualquier persona que se llame cristiano pero odia a alguien es cualquier cosa, menos un creyente. Usted recordará en Lucas 23:33-34, las palabras de Jesús cuando lo iban a crucificar, Cuando llegaron al lugar llamado la Calavera, lo crucificaron allí, junto con los criminales, uno a su derecha y otro a su izquierda. —Padre —dijo Jesús—, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Mientras tanto, echaban suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús.

“Perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Dios sabe más, y nos dice perdonen, déjenlo ir. Usted dirá: ¿va a quedar impune esto? No, el Señor dice: “Mía es la venganza, yo pagaré”. Deje la venganza en las manos de Dios, bendiga a esas personas y continúe usted su vida. No solo eso, la Biblia dice que debemos orar por nuestros enemigos y bendecir a los que nos maldigan. El Señor nos pide que oremos para que les vaya bien, para que se arrepientan de sus pecados. Alguien dijo: quiere usted vivir feliz un día, vénguese, quiere vivir feliz toda la vida perdone. Uno de mis amigos me dijo: entonces sigo vengándome todos los días de mi vida. Quiere vivir un día vénguese, quiere vivir feliz todos los días de su vida perdone. Usted dirá: Pastor Alex, realmente no conoce mi dolor. Realmente yo no conozco su dolor en particular, pero hay alguien que sí lo conoce y es Dios nuestro Señor. Hay un dolor tan terrible que se encuentra en una historia en la Biblia que es de las más horribles que le puede pasar a cualquier ser humano. Recordará a José, este pobre joven de 17 años. Abra su Biblia en Génesis 37:1, en la porción que vamos a leer, José tiene 17, es el hijo de Jacob al que Dios le cambió el nombre por el de Israel. José y sus once hermanos componen las doce tribus de Israel, siendo la de José la que se divide en dos medias tribus la de Manasés y Efraín.

Génesis 37: 1-4 Jacob se estableció en la tierra de Canaán, donde su padre había residido como extranjero. Ésta es la historia de Jacob y su familia. Cuando José tenía diecisiete años, apacentaba el rebaño junto a sus hermanos, los hijos de Bilhá y de Zilpá, que eran concubinas de su padre. El joven José solía informar a su padre de la mala fama que tenían estos hermanos suyos. Israel amaba a José más que a sus otros hijos –esto no debe ocurrir-, porque lo había tenido en su vejez. Por eso mandó que le confeccionaran una túnica especial de mangas largas. Viendo sus hermanos que su padre amaba más a José que a ellos, comenzaron a odiarlo y ni siquiera lo saludaban. ¡Ni siquiera lo saludaban! Imagínense sus propios hermanos. Vamos adelante, en el versículo 18-30 Como ellos alcanzaron a verlo desde lejos, antes de que se acercara tramaron un plan para matarlo. Se dijeron unos a otros: —Ahí viene ese soñador. Ahora sí que le llegó la hora. Vamos a matarlo y echarlo en una de estas cisternas, y diremos que lo devoró un animal salvaje. ¡Y a ver en qué terminan sus sueños!  Cuando Rubén escuchó esto, intentó librarlo de las garras de sus hermanos, así que les propuso:   —No lo matemos. No derramen sangre. Arrójenlo en esta cisterna en el desierto, pero no le pongan la mano encima.  Rubén dijo esto porque su intención era rescatar a José y devolverlo a su padre. Cuando José llegó adonde estaban sus hermanos, le arrancaron la túnica especial de mangas largas, lo agarraron y lo echaron en una cisterna que estaba vacía y seca. Luego se sentaron a comer. En eso, al levantar la vista, divisaron una caravana de ismaelitas que venía de Galaad. Sus camellos estaban cargados de perfumes, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto.  Entonces Judá les propuso a sus hermanos: — ¿Qué ganamos con matar a nuestro hermano y ocultar su muerte? En vez de eliminarlo, vendámoslo a los ismaelitas; al fin de cuentas, es nuestro propio hermano. Sus hermanos estuvieron de acuerdo con él, así que cuando los mercaderes madianitas se acercaron, sacaron a José de la cisterna y se lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata. Fue así como se llevaron a José a Egipto.  Cuando Rubén volvió a la cisterna y José ya no estaba allí, se rasgó las vestiduras en señal de duelo.

Con hermanos así, nadie quiere enemigos. José a los 17 años lo venden. ¿Qué haría usted si lo vendieran a una nación donde no puede hablar el idioma? ¿Qué haría usted si ya no es el hijo de papi, ahora es esclavo de los ismaelitas? Usted recordará la historia, al pobre José lo venden y ¿quién lo compra? Potifar, el capitán de la guardia del faraón de Egipto, y  lo pone al frente de todo lo que tenía, es más, leamos la historia en Génesis 39:5-6  Por causa de José, el Señor bendijo la casa del egipcio Potifar a partir del momento en que puso a José a cargo de su casa y de todos sus bienes. La bendición del Señor se extendió sobre todo lo que tenía el egipcio, tanto en la casa como en el campo. Por esto Potifar dejó todo a cargo de José, y tan sólo se preocupaba por lo que tenía que comer. José tenía muy buen físico y era muy atractivo.

Y después de ser odiado y casi asesinado por sus hermanos, de ser esclavo, ahora es esclavo en un buen lugar con alguien que tenía plata, con Potifar, el capitán de la guardia del faraón de Egipto, eso sería como ser el encargado de los guardaespaldas de Obama, estaba bien paradito, bien colocadito.

39:7-12: Después de algún tiempo, la esposa de su patrón empezó a echarle el ojo y le propuso: —Acuéstate conmigo. Pero José no quiso saber nada, sino que le contestó: —Mire, señora: mi patrón ya no tiene que preocuparse de nada en la casa, porque todo me lo ha confiado a mí. En esta casa no hay nadie más importante que yo. Mi patrón no me ha negado nada, excepto meterme con usted, que es su esposa. ¿Cómo podría yo cometer tal maldad y pecar así contra Dios? Y por más que ella lo acosaba día tras día para que se acostara con ella y le hiciera compañía, José se mantuvo firme en su rechazo.  Un día, en un momento en que todo el personal de servicio se encontraba ausente, José entró en la casa para cumplir con sus responsabilidades. Entonces la mujer de Potifar lo agarró del manto y le rogó: « ¡Acuéstate conmigo!»

Y aquel que estaba bien comprometido con sus enseñanzas, con su fe, con Dios nuestro Señor deja el manto, teniendo a la esposa de Potifar ahí dispuesta, solos en la casa, lejos de su papá, de su mamá, del esposo: el hebreo que me trajiste me quiso violar, yo pegué unos gritos y vinieron a auxiliarme. Toman a José y lo mandan a la cárcel. De una cisterna a esclavo encargado de la casa de Potifar a la cárcel. Qué vida. Y en la cárcel pensando, yo aquí comiendo esto, hoy es el cumpleaños de mi mamá, hoy está cumpliendo años Benjamín, cumpleaños de mi papá. Pasan varios años preso Estando en la cárcel, usted recordará que le interpreta el sueño a un copero y a un panadero. Estaban angustiados por los sueños y le dicen: mirá José, tuvimos estos sueños ¿qué significan? Y él les dice: tranquilos, les voy a decir que significan. Al copero el dice: Viste una vid que tenía tres ramas, tomabas las uvas, las exprimías en la copa del rey y se la entregabas. En tres días te van a liberar.

En el capítulo 40: 14-15 dice: Yo le ruego que no se olvide de mí. Por favor, cuando todo se haya arreglado, háblele usted de mí al faraón para que me saque de esta cárcel. A mí me trajeron por la fuerza, de la tierra de los hebreos. ¡Yo no hice nada aquí para que me echaran en la cárcel! Dicho y hecho, pasa lo que José dijo, al copero le restituyen en el puesto y al panadero que tenía tres canastas sobre su cabeza y en la última los pájaros se comían el pan, lo mataron.

Génesis 40:23 Sin embargo, el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que se olvidó de él por completo. Hasta que dos años más tarde, tuvo un sueño el faraón, Cuando José reveló el sueño al copero, dijo ya estoy hecho y pensó: mañana me viene a sacar el farón. Al copero se le olvida. Dos años después, José es llevado con el faraón, no solo le revela lo que había soñado sino el significado del sueño: siete años de abundancia y siete años de escasez, siete vacas gordas, siete vacas flacas. En Génesis 41:39-40 leemos: Luego le dijo a José: —Puesto que Dios te ha revelado todo esto, no hay nadie más competente y sabio que tú. Quedarás a cargo de mi palacio, y todo mi pueblo cumplirá tus órdenes. Sólo yo tendré más autoridad que tú, porque soy el rey.

¿Sabe cuántos años habían pasado desde el momento en que lo vendieron hasta el día en que lo nombran el segundo, después del faraón de Egipto? 13 años. ¿Usted qué hace, si a los 17 lo venden y para en la casa de Potifar, por ser justo lo mandan a la cárcel, por no acostarse con la esposa de su amo? ¿Qué hubiera hecho usted en la cárcel? A  gritos hubiera dicho: yo fui un santo. Ahora sí, de ahora en adelante la que se me ponga enfrente Señor. Renegando contra Dios. José no, encarcelado, sale a ser el segundo después del faraón. ¿Qué habría hecho usted, sin conocer el perdón de Dios? Inteligencia por favor: Existe una familia que vive en tal lugar, aquí está la dirección, el papá se llama Jacob, hay once hermanos y quiero que me traigan a diez de ellos por favor, quiero darles un masaje con alfileres. Si es el segundo después del faraón, el podía hacer lo que quisiera, tenía autoridad.

¿Sabe qué? Dice la Escritura que no busquemos venganza, no se registra que se haya vengado de Potifar por creerle a su mujer, no hay registro que la esposa de Potifar haya amanecido un día encunetada o en la cárcel. No hay registro que el copero del rey haya desaparecido. No hay registro que haya enviado por sus hermanos para tomar venganza, es más, dice la Biblia, que José siguió viviendo y desempeñó su rol con excelencia. Tenía 30 años, siete años de abundancia pasaron donde él guardó el 20 por ciento de toda la cosecha, para que hubiera comida en los 7 años de escasez. Lo que vamos a leer ocurre cuando ya han pasado 2 años de escasez y José ahora tiene 39 años cuando ocurre lo siguiente: yo me estoy saltando bastante de la historia, usted léala en su casa, Génesis 37 al 50. Llegaron unos hermanos a pedir comida, los trató mal para probar sus corazones, los envía de regreso, regresan con el más chiquito, se loquea en la cárcel, total que el mayor de sus hermanos dice que  da la vida por él, “porque mi papá dice que si no le devolvemos a Benjamín se muere”, todos querían entregar la vida por el hermano.

Génesis 45: 1-9,14-15 Vea como está él a sus 39 años, 22 años después de la ofensa,  José ya no pudo controlarse delante de sus servidores, así que ordenó: « ¡Que salgan todos de mi presencia!» Y ninguno de ellos quedó con él. Cuando se dio a conocer a sus hermanos, comenzó a llorar tan fuerte que los egipcios se enteraron, y la noticia llegó hasta la casa del faraón. —Yo soy José —les declaró a sus hermanos—. No les dijo ¿verdad que sí desgraciados, se recuerdan de aquel sueño, me secuestraron y miren como estoy ahorita, tómenme una foto y la suben a facebook? No. La primera pregunta que hace es: ¿Vive todavía mi padre? Porque él no estaba atado al ayer, al dolor del ayer. Había dejado el ayer en el ayer y había dispuesto a recibir la alegría del hoy.

¿Vive todavía mi padre? Pero ellos estaban tan pasmados que no atinaban a contestarle. Imagínese después de dejarlo de ver a los 17 años y verlo ahora a los 39 y todo maquillado, porque era egipcio, No obstante, José insistió:  —¡Acérquense!  Cuando ellos se acercaron, él añadió: —Yo soy José, el hermano de ustedes, a quien vendieron a Egipto. Pero ahora, por favor no se aflijan más ni se reprochen el haberme vendido, pues en realidad fue Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas. Desde hace dos años la región está sufriendo de hambre, y todavía faltan cinco años más en que no habrá siembras ni cosechas. Por eso Dios me envió delante de ustedes: para salvarles la vida de manera extraordinaria y de ese modo asegurarles descendencia sobre la tierra.  Fue Dios quien me envió aquí, y no ustedes. Él me ha puesto como asesor del faraón y administrador de su casa, y como gobernador de todo Egipto. ¡Vamos, apúrense! Vuelvan a la casa de mi padre y díganle: “Así dice tu hijo José: Dios me ha hecho gobernador de todo Egipto. Ven a verme. No te demores.

Saltemos al versículo 14, abraza  a su único hermano de sangre de parte de mamá y papá: Y abrazó José a su hermano Benjamín, y comenzó a llorar. Benjamín, a su vez, también lloró abrazado a su hermano José. Luego José, bañado en lágrimas, besó a todos sus hermanos. Sólo entonces se animaron ellos a hablarle.

Esto es lo que hace el perdón. Los besó, los llamó hermanos. No se reprochen, ¿qué hace el ser humano? Ya viste, te das cuenta, ojalá que te lamentés todos los días de tu vida, que murás en pobreza, bien fregado, me pedís ayuda y una patada te doy yo. Vas a venir rogándome. Podemos ver el corazón de Dios en la vida de José, perdónanos nuestras deudas, así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Dejar de ver a un papá a los 17 años y volverlo a ver a los 39 años, a de ser algo indescriptible, pero la Biblia lo narra. Génesis 46:28-29 que dice: Jacob mandó a Judá que se adelantara para que le anunciara a José su llegada y éste lo recibiera en Gosén. Recordemos, ¿cuántos años han pasado de que José dejó de ver a su papá? 22 años: Cuando llegaron a esa región, José hizo que prepararan su carruaje, y salió a Gosén para recibir a su padre Israel. Cuando se encontraron, José se fundió con su padre en un abrazo, y durante un largo rato lloró sobre su hombro. Yo no sé que significaba cada lágrima cuando salía de los ojos de José, no le dijo papi si supieras tus hijos… No, no, lloró. 30 Entonces Israel le dijo a José:   —¡Ya me puedo morir! ¡Te he visto y aún estás con vida!

El perdón es el agua que da vida para relaciones. El perdón es el que nos da la oportunidad de volver a confiar, cuando ya no se confiaba. El perdón libera lo atado del pasado. Nos desata del ofensor para olvidar el ayer del dolor y dedicarnos a disfrutar la alegría del hoy. Pero ahí no termina todo, ¡Ah! los hermanos de José dijeron no, no, no, son cuentos muchá, este José yo lo conozco, este es astuto, solo está esperando que se muera nuestro papá y ahí van a ver, este nos va a pegar una…dicho y hecho, se muere Jacob, lo entierran y en Génesis 50: 15-17 Al reflexionar sobre la muerte de su padre, los hermanos de José concluyeron: «Tal vez José nos guarde rencor, y ahora quiera vengarse de todo el mal que le hicimos.» Por eso le mandaron a decir: «Antes de morir tu padre, dejó estas instrucciones: “Díganle a José que perdone, por favor, la terrible maldad que sus hermanos cometieron contra él.” Así que, por favor, perdona la maldad de los siervos del Dios de tu padre.» Cuando José escuchó estas palabras, se echó a llorar.

¿Saben por qué se echó a llorar? Porque él sabía que su papá no había dicho eso. Se echó a llorar, porque ellos no habían  entendido que él los había libertado años atrás. Años atrás, no a los 39, no a los 30 sino que a los 17.  Versículos 18-21: Luego sus hermanos se presentaron ante José, se inclinaron delante de él y le dijeron: —Aquí nos tienes; somos tus esclavos. Las palabras de los versículos 19 al 21 debieran marcar nuestra vida: —No tengan miedo —les contestó José—. ¿Puedo acaso tomar el lugar de Dios? Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente. Así que, ¡no tengan miedo! Yo cuidaré de ustedes y de sus hijos. Y así, con el corazón en la mano, José los reconfortó.

Dios quiere que seamos nosotros personas que reflejemos su carácter, su compasión, que perdonemos. Yo no sé cuál es su dolor, José tuvo 22 años de sufrimiento, yo no sé cuáles son sus años de sufrimiento, pero puedo decirle que usted puede ser libre para disfrutar su hoy. El hoy que Dios planeó, un hoy de paz, un hoy de alegría, un hoy de libertad para vivir como Dios manda hasta el día de su muerte. Hay dos desafíos que quiero dejarle: primero, decida perdonar hoy y el segundo es: nunca, jamás, vuelva a pensar en la ofensa si no quiere resucitar el ayer del dolor, porque el dolor del día de ayer nos mata.

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