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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

¿Qué quiere decir Evangelio? Conocemos de los cuatro evangelios, los evangelios sinópticos con Mateo, Marcos y Lucas y el Evangelio de Juan. ¿Qué significa Evangelio? ¿De dónde viene esa palabra y qué quiere decir? La Palabra evangelio viene de un término griego que se escribe evangelion, que parecido, si fuera en castellano, diríamos ese es un gran evangelión y tiene razón. Y la palabra evangelio en griego quiere decir buenas nuevas o buenas noticias. ¿A Cuántos les gustan las buenas noticias? Hay otra palabra importante que tiene que aprender, tiene que ver con el Evangelio que viene del griego y es la palabra evangelizo y esa palabra quiere decir proclamar o anunciar el Evangelio.

Entonces evangelion es igual a buenas nuevas,  ese es el Evangelio. Evangelizo es proclamar las buenas nuevas, interesante que en español cuando decimos yo evangelizo, quiere decir, yo proclamo las buenas nuevas, yo hablo de las buenas nuevas, de las buenas noticias  del Evangelio y evangelista es una palabra muy conocida, evangelista es el que proclama el Evangelio. ¿A cuántos le han hablado del Evangelio a alguna persona alguna vez? Entonces usted es un evangelista, porque es uno que proclama las buenas nuevas de salvación.

Dios necesita dar a conocer esas buenas noticias, porque las malas noticias las recibimos a cada rato. ¿Cuántos han oído alguna mala noticia esta semana? Usted pone cualquier noticiero de radio,  de televisión o lee la prensa y cuando ve el nombre Muamar al Gadafi ¿buena noticias? ¡Mala noticia! Todas son malas noticias, de vez en cuando tratan de sacar una buena noticia. Tenemos una actividad con 12 mil personas alabando al Señor, orando al Señor y no sale en los medios informativos, pero tienen por allá a diez que están haciendo una manifestación y eso sí sale. Tal vez nos conviene salir a bloquear los caminos y ahí predicar el Evangelio para que entonces sea una noticia. Las buenas noticias las necesitamos todos. El término principalmente  se usa con sentido especializado, es decir, el mensaje acerca de Jesucristo como el Hijo de Dios y Salvador de los pecados de la humanidad.

¿Quién es Jesucristo para usted? ¿Es otro de los profetas? ¿Es un ejemplo de cómo se debe soportar el sufrimiento? ¿Es simplemente un maestro? ¿Es un gran hombre? ¿Es un héroe? La respuesta tiene que ser muy contundente y muy convincente: Jesús es el Hijo de Dios. ¿Cuántos saben que Jesús es el Hijo de Dios? Tienen que saberlo, hay que creerlo y hay que compartirlo: Jesús es el Hijo de Dios y Salvador de los pecados de la humanidad.

Hace 42 años Muamar al Gadafi llegó como el salvador de Libia. Hace 32 años Hosni Mubarak llegó como el salvador de Egipto y hace muchos años otros han llegado queriendo salvar a sus pueblos y naciones y hay algunos en Guatemala diciendo que van a salvarnos del problema de la inseguridad, del problema de la pobreza, Cada cuatro años tenemos varios salvadores, pero hay un Salvador que hace dos mil años dio su vida en la cruz para salvarnos de nuestros pecados y ese Salvador es Jesucristo nuestro Señor.

Juan 3:16: Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Este es lo esencial, el alma y corazón del Evangelio, ahí encontramos el gran amor de Dios, un amor que es universal, porque abarca al mundo entero, “de tal manera amó Dios al mundo”,  no amó solo a Israel, no amó solo al pueblo árabe, no amó solo al pueblo anglosajón, no solo al pueblo latinoamericano, Dios amó al mundo y si Dios amó al mundo ¿por qué usted no ama a los negros, a los blancos, a los amarillos, a los cafecitos como usted y yo?

Recuerde que cuando Dios nos creó, a todos nos creó del mismo material. La Biblia dice que del polvo Dios formó al hombre. Enrique Guzmán escribió y dijo: con solo barro nos formó. ¿Se recuerda de aquella canción de nuestra época? Una canción con fundamento bíblico. El gran maestro hizo al hombre del polvo y cuando usted se muere se vuelve polvo, va el cuerpo a la tumba y se vuelve polvo. Así que si usted ama a su vecino está amando a un pedazo de polvo. Lo valioso no es el color del polvo que tiene afuera sino el tesoro que lleva adentro que es a Dios nuestro Señor, porque cuando creemos en Cristo Él entra en nuestro corazón y nosotros somos hechos hijos de Dios y tenemos un tesoro en vasos de barro, Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.

La buena noticia se valora precisamente porque demuestra la posibilidad de una mala noticia. Y por eso es que a veces nos dicen: le tengo una noticia mala y una noticia buena. ¿Cuál quiere que le diga primero? ¿Cuál prefiere que le digan, la buena o la mala? Su pariente está enfermo y el doctor le está hablando, usted espera una noticia y tiene ambas en mente. Hace algunos años sufrí de vértigo, llamé a uno de mis doctores favoritos de aquí de la Fráter y le dije al Doctor Méndez: Mire doctor, tengo vértigo, se lo dije a través de mi mujer, porque estaba mal y como que no quería ni moverme y le dijo a mi esposa tráigaselo al hospital, era la segunda vez que me daba vértigo. La primera pasé como quince días en la casa. Me inyectaron y de un día para otro yo estaba bien, pero cuando yo, recuerdo, iba en la silla de ruedas para adentro, no le puse mucha atención, pero la cara de mi esposa y la cara de mi hijo César era de preocupación. ¿Por qué? Porque ya iba el Pastor de la Fráter hecho un pollo con soco: aguado, sin mayor entusiasmo, pero bendito sea Dios les dieron una buena noticia: va a seguir viviendo, va a seguir predicando, va a recuperarse, de esta no se muere. Dios nos permite a menudo que en el hospital el doctor nos dé buenas noticias.

Cuando hablamos que el Evangelio de Jesús es la buena noticia, es necesario que comprendamos que toda buena noticia siempre lleva una contraparte, la mala noticia. Cuando hablamos de la buena noticia inmediatamente todos pensamos en Juan 3:16, pero ¿qué pasa con los siguientes versículos de Juan 3: 17-21? leámoslos porque ahí está la otra parte, la mala noticia: Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado ( Pero el que no cree ya está condenado, y si usted es una de esas personas que están aquí y dicen: yo no creo en Él, yo ya me gradué en la universidad, yo ya estudié un montón de teoría, yo ya me enteré de un montón de cosas, yo solo creo en lo que veo, en lo que toco, en lo que siento, para mí el método científico es lo más importante, yo no creo en Él, si usted no cree en Él ya está condenado, esa es la mala noticia) Así que dice: El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios.

Usted tiene un familiar, un amigo querido que no cree en Él no se va  a condenar un día, ya está condenado. Por eso es importante salvar a ese condenado de la condenación eterna, por eso es importante darle la buena noticia de que puede creer y entonces ser  salvado. Ésta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos. Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto. En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha hecho sus obras en obediencia a Dios.

Cuando está con las luces apagadas no se nota que está mal maquillada o totalmente desmaquillada, que es grave. Cuando está la luz apagada no se nota su pelo todo greñudo, porque no se ha puesto la peluca todavía. Cuando está la luz apagada no se le notan todos sus defectos, pero cuando se enciende la luz y los rayos del sol entran por la ventana y usted se le queda viendo a su pareja en la cama dice: Dios mío ten misericordia, con razón dices tú que debemos amar a todos. Por eso es necesario levantarse con suficiente tiempo para darle oportunidad a que se arreglen. Si usted no se toma el tiempo y se pone en la luz no se le notan sus defectos, pero cuando usted se pone a la luz se da cuenta que ya está arrugado, ya está manchado, despeltrado, mal emplasticado, sin dientes, jorobado y arrastrado. Esa es la ventaja de la luz, es necesaria para ver cómo estamos. Lo mismo ocurre en el alma, en la mente, cuando entra la luz del Señor a nuestra vida estamos frente a tal majestad, tal divinidad,  tal  santidad que es Dios, que nos damos cuenta de nuestra indignidad, de nuestra bajeza, de nuestra pecaminosidad y entonces nos arrepentimos de nuestros pecados, creemos en Jesús y somos  salvos.

Juan 8:23-24 dice: —Ustedes son de aquí abajo —continuó Jesús—; yo soy de allá arriba. Ustedes son de este mundo; yo no soy de este mundo. Por eso les he dicho que morirán en sus pecados, pues si no creen que yo soy el que afirmo ser, en sus pecados morirán. Una de las últimas preguntas que Jesús le hizo a sus discípulos es ¿Quién dice la gente que soy yo? Ah, unos dice que tú eres Elías, otros dicen que eres Jeremías, otros dicen que eres un gran profeta, pero Pedro dice: “Pero tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Eso no te lo reveló ni carne ni sangre sino mi Padre que está en los cielos”. Cuanto usted llega a comprender que Jesús es el Cristo, el hijo del Dios viviente, esa revelación que viene de lo alto hace que usted se llene de luz y ya no haya en su mente tinieblas de dudas, de incertidumbres ni de temores y no morirá en sus pecados. Muchos dicen: todos los  caminos  llevan a Dios, pero la buena noticia es la verdad, y nos dice Jesús que solo hay un camino que nos lleva a Dios. Juan 14:6: Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí. ¿Cuál es el único camino para llegar al padre? Jesús, no hay otro. El único camino para llegar al Padre es Jesús, no todos los caminos llevan a Dios, solamente Jesús.

Hebreos 1:1-4 dice Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo. A éste lo designó heredero de todo, y por medio de él hizo el universo. El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es, y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas. Así llegó a ser superior a los ángeles en la misma medida en que el nombre que ha heredado supera en excelencia al de ellos.

Tenemos que proclamar el Evangelio, el Evangelio que es verdad, el Evangelio que dice que hay un solo camino y ese camino es nuestro Señor. La buena noticia es para todas las naciones, la buena noticia no es para una nación en particular. La buena noticia del Evangelio no es solo para los coreanos, imagínese usted que solamente los coreanos pudieran ser salvos, ¿dónde quedaríamos todos los hispanos? Condenados. La buena noticia es para los que viven en Libia, Egipto, Cuba, Rusia, Estados Unidos, China, Corea del Sur, Corea del Norte, Guatemala, Nicaragua, México, Argentina, Panamá, todos. Todas las naciones tienen derecho a esa salvación.

Ese es el amor universal de nuestro Señor, un amor incluyente. El amor es para todas las naciones, la buena noticia del amor de Dios, del Evangelio, es para todas las naciones. Dios es el Padre de la humanidad, para Él no existen distinciones territoriales, culturales o económicas. La buena noticia no es solo para los de la capital de Guatemala. Imagínense que fuera solo para todos los de la capital, qué pasaría con los de San Carlos Sija, qué pasaría con los de El Jute, qué pasaría con los de Pasaco, pero el Evangelio no discrimina. Para Dios no es importante si usted es de alta alcurnia o de baja alcurnia. A Dios no le importa si usted nació en el hospital de lujo de la ciudad o en el hospital general de la ciudad o en el taxis que lo llevaba al hospital.

¿Será que los analfabetas pueden ser salvos? Pueden ser salvos. Los gafos, los que no tienen dinero, puede ser salvos, ¿y los multimillonarios que no saben cuanto tienen de dinero, puede ser salvos? También y que Dios los toque y sean generosos y den diezmos de todo lo que poseen. Por supuesto que la salvación es para todos.

Hechos 1:8 Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. Al principio el Evangelio se predicó exclusivamente a los judíos, los doce apóstoles eran judíos, la mamá de Jesús era judía, José, su padre adoptivo, era judío. Los 120 que estaban en el día de Pentecostés en el Aposento alto eran judíos, todos eran judíos. Pero el Señor les dijo: No, el Evangelio no es solo para que se quede en Jerusalén, quiero que lleven ese mensaje del Evangelio a los guatemaltecos que están allá en Centroamérica, también los tengo a ellos en  mi corazón. Y gracia a Dios que hubo gente obediente que salió de Jerusalén y fue a Judea y fue a Samaria, ¿ustedes creen que los judíos se llevaban bien con los de Samaria? No se llevaban bien, no los querían, había prejuicios raciales como todavía hay. Hay prejuicios raciales y sociales, usted se va a Estados Unidos, hay prejuicio racial, usted se viene a Guatemala y se va a encontrar que hay prejuicios raciales. Por esos empecé diciéndoles que somos polvo negro o blanco. No se crea la gran cosa, porque usted es polvo. Usted anda caminando por la calle como si fuera la última botella en el desierto, hay seis mil millones como usted caminando, mejores que usted. Pero usted se cree la gran cosa, pero Dios que nos da un evangelio universal inclusivista dice: en el Evangelio entran todos. El color a mí no me importa, su apariencia tampoco me importa, su posición social no me importa, si es de la Cañada o si es de la barranca, no me importa. Sea de donde usted sea. Si usted cree en el Hijo de Dios como su Señor y Salvador, usted ha recibido la buena noticia: no es condenado y esa es una maravilla que nosotros debemos agradecer, conocer y proclamar.

Por eso dice en Mateo 28:19-20 Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones. La última parte de Hechos 1: 8 dice: hasta los confines de la tierra. Allá donde nunca se imaginaría llegar, si acaso llega, proclame el Evangelio, dé la buena noticia. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.

Dios ama a la humanidad, el perdón de pecados está disponible para todas las naciones y para todos los pecados. ¿Qué es más grave mentir o matar? A los ojos de Dios mentir es asesinar a veces la reputación de una persona, mentir es igual de pecado que matar, codiciar es tan malo como matar. “Hay hermano, es que cometió adulterio”,  y usted es chismoso. ¿Qué es menos pecado? Están pecando, usted de chismoso, de adúltero, de mentiroso. La codicia, el homosexualismo, el adulterio y la glotonería son pecados. No podemos caer en una clasificación de pecados, si uno es menos que otro. A los ojos de Dios pecado es pecado. “Aborto, ah, eso si es grave. Yo por eso con aquella uso métodos anticonceptivos, para que mi mujer no me agarre cuando quede embarazada, ¿cuál es menor pecado? Pecado es pecado.

Ahora les quiero decir: a todos ustedes aquí solamente les faltan alas para parecer ángeles, pero de que hemos pecado, hemos pecado. Hemos pecado uno o un millón de veces y el Señor nos ha perdonado, esa es la buena noticia. Usted tiene una vida que no tiene vida desde que cometió un aborto, en Dios hay perdón. La sangre de Jesucristo, Su Hijo, limpia de todo pecado, no tiene por qué seguir sufriendo, la culpa, la condenación del pecado. Dios le ama, por eso es que tenemos que conocer las buenas nuevas y proclamarlas, porque la gente alrededor nuestro está sufriendo, hay gente que no es feliz hoy, porque recuerda los pecados de ayer y de ayer hace 20 años. No disfrutan la vida hoy, porque han cometido un pecado en el pasado. Pero la Biblia dice que como está tan lejos el oriente del occidente, así hizo Dios alejar de su presencia nuestros pecados, para no acordarse más de ellos. Dios ya no se recuerda y Dios ya no nos acusa, Dios nos ha perdonado, nos ha salvado por la fe en Cristo quien murió en la cruz por nosotros.

El perdón de pecados está disponible para todas las naciones y para todos los pecados, aún para aquellos que por las terribles maldades que han cometido creen que su pecado es tan grande que Dios no los puede perdonar. Yo le tengo la buena nueva, Dios sí puede perdonar su pecado. Así usted piense que es un pecado de aquí a la luna, Dios se lo puede perdonar. La buena noticia produce cambios profundos y duraderos. Por eso me gusta decir que llevamos 32 años en Fraternidad Cristiana de Guatemala proclamando a Jesús para transformar a la nación, porque la nación somos nosotros, todos nosotros somos Guatemala y cada uno de nosotros cuando es transformado se transforma un pedazo más de Guatemala.

Aquí hay personas que Dios ha sacado de la borrachera a la sobriedad. Muchos se alegran de tener ya muchos años de sobriedad. Dios es el único que puede transformar aquel padre borracho en un padre sobrio, aquella madre alcohólica en una madre sobria, aquel hijo alcohólico en un hijo sobrio. Dios cambia y transforma a las personas de despilfarrador a ahorrador. Gente que ha gastado siempre todo lo que produce, pero vienen a conocer a Cristo y empieza a convertirse en ahorrador, ya no gasta en guaro, ya no gasta en tabaco, ya no gasta en prostitución, ya no gasta en droga, ya no gasta en parrandas, ya no gasta en un montón de cosas superfluas y empiezan a acumular fortuna y empiezan a darle a sus hijos lo que necesitan, a su hogar lo que necesitan y se vuelven hasta generosos. Aquí hay gente que a lo mejor dijo algún día: Yo no voy a darle mi plata a ese Jorge H. López y aquí está cada domingo entregando, no a mí sino al Señor, diezmador generoso, fiel, constante, ofrendante generoso, fiel y constante, cumplidor de promesas de fe, y como me dicen algunos, creo que aunque sea un pedazo de aquella columna se debe a mis diezmos y ofrendas.

Si ustedes vieran como está de lindo el Auditórium Menor y el Auditórium Mayor de la Roosevelt, le hemos invertido ahí varios millones y lo hemos renovado. Dicen que ahora tenemos una minimega. Es una contradiccioncita rara, pero es una minimega porque allá está tan lindo como está aquí y ¿saben una cosa? Eso es gracias a hombres y mujeres transformadas que antes no tenían libertad ni de darse a si mismos y ahora traen para el Señor cada vez sus diezmos, sus ofrendas, sus promesas de fe y por eso la obra del Señor camina y avanza por radio, prensa y televisión, por todos los medios, el Evangelio es proclamado.

Dios transforma a las personas de vago a trabajador. Hay hijos que son vagos, pero de repente vienen a Cristo y ni usted mismo lo cree ver a su hijo que se levanta temprano con ánimo para ir a trabajar, ya hace su cama, ya se cepilla los dientes, se rasura, se peina, se baña, estudia, al rato ese hijo suyo se está graduando de la universidad, se convirtió en otra persona. De modo que si alguno está en Cristo, nueva persona es, las cosas viejas pasaron, aquí todas son hechas nuevas. Transformados con las buenas nuevas de salvación, eso es lo que ocurre, de irresponsable a responsable, de frío a amoroso. Cambio de peleonero a pacificador. De amargados a alegres. Ser amargado es terrible, pero cuando Cristo llega a nuestro corazón nos libera de toda amargura y empezamos a ser gente alegre. Dios transforma de esclavo del pecado a libre del pecado. Los vicios esclavizan a la gente, Cómo es posible que un hombre grande, fuerte, inteligente, esté esclavizado a un cigarrillo, no puede dejarlo.

Efesios 2:8-10 dice Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica. La salvación según Efesios 2:8 es por gracia, es tan cara la salvación que usted no la puede comprar, la salvación cuesta la sangre preciosa que derramó Cristo en la cruz. Usted no podría nunca comprar su salvación, pero Dios se la da gratis por fe, para que usted sea salvo. Poseer el Evangelio es tener la joya más grande que podamos tener. Jesús en una de las parábolas habla de la perlas de gran precio. Las perlas, los diamantes reales o joyas valiosas y eso es el Evangelio, pero Dios nos manda a nosotros a compartir la buena noticias del Evangelio, el poseer el Evangelio implica la obligación de compartirlo.

Si usted está en medio de una época de hambre y la gente no ha comido en tres días, y usted tiene una bolsa de pan, usted no se la puede comer solo, tiene que compartir ese pan y dárselo a sus hijos que se están muriendo de hambre, a su mamá, dárselo a su esposa, a la suegra darle también un pedazo de pan y usted comer un poco. Si tiene pan tiene que compartirlo, usted tiene el pan que sacia el hambre de toda la humanidad, porque Jesús es el pan de vida y usted lo tiene y usted vive satisfecho, porque tiene el pan de vida en su corazón, su responsabilidad es llamar a todos los hambrientos y decirles vengan Yo les voy a dar pan, yo les voy a hablar de Cristo, Si usted no comparte el Evangelio la gente se va a morir a su alrededor sin creer en Cristo.

Romanos 10:14-15 dice Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique? ¿Y quién predicará sin ser enviado? Así está escrito: ¡Qué hermoso es recibir al mensajero que trae buenas nuevas! Usted es ese mensajero. Qué bueno que prediquen los predicadores y que bueno que el Pastor Jorge H. López predique, pero todos tenemos que compartir el Evangelio y tenemos que comprometernos a compartir nuestra fe con todos y para eso tenemos que ser un ejemplo de vida.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…