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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Somos lo que somos por la gracia de Dios y por personas que, como nuestros padres, se esfuerzan, se sacarifican por hacer de nosotros hombres o mujeres de bien. Desde que tengo memoria, mi madre ha sido cristiana, ha sido una mujer de servicio al Señor y aún ahora con sus limitaciones físicas anda por ahí tratando de servir, de ayudar, de orar, de dar lo mejor que tiene por las personas. También tengo que reconocer que mi abuela Choma, la única abuela que yo conocí, fue de gran influencia en mi vida. Cuando yo nací mi abuela tenía más o menos la edad que tiene mi mamá hoy, ya era una señora de edad avanzada, pero los doce años que vivió y que yo la disfruté, fueron impactantes, vi en ella gestos, ejemplos, actitudes, servicio que me enseñaron grandes cosas, siendo esta abuela una mujer analfabeta dejó gran ejemplo.

Pude ver en una ilustración clara, el hecho de que mi abuela fuera una santa, no hacía a sus hijos santos. Casi todos sus hijos varones, por no decir todos, eran unos hombres que se alejaron de Dios, que no lograron permanecer en los caminos de Dios. Uno de ellos bolo les hablaba de Cristo a sus compañeros bolos. Hablaba del Evangelio y se ponía a cantar himnos en la cantina. Pero aún esa labor evangelizadora que hacía este tío no lo hacía cristiano, porque su conducta era totalmente diferente.

Ahora ya estoy con mi mamá en el mismo nivel, en el sentido en el que ya somos abuelos los dos. Aunque ella todavía tiene un rango mayor, porque ya es bisabuela. Pero lo que sí puedo asegurar es que aunque mi madre desde que reconozco la memoria, es cristiana, cada uno de nosotros, sus cinco hijos, no por eso fuimos cristianos automáticamente. El hecho de nacer en un hogar cristiano no lo hace cristiano. Es como si se naciera en un taller mecánico, no por eso es mecánico. En un hogar de médicos, no por eso se es médico. No por nacer dentro de una iglesia, por eso ya se es pastor.

Es importante tener claro que aunque en lo humano nosotros tenemos la dicha de tener nietos y disfrutarlos, en la relación con Dios no es así. En el libro de Proverbios 17:6 dice La corona del anciano son sus nietos; el orgullo de los hijos son sus padres”. Nuestros hijos  tienen orgullo cuando dicen: Yo soy hijo de fulano de tal, pero otros mejor se consideran huérfanos, porque los papás que tienen no son símbolo de orgullo, son motivo de vergüenza, y por eso es que nosotros como padres tenemos la gran responsabilidad de conducirnos de tal manera que para nuestros hijos seamos un orgullo. Los abuelos nos enorgullecemos con los nietos. Cada nieto es otra perla en nuestra corona. Bendigo a Dios que ya tengo cuatro nietos, para abril o para mayo viene el cinco y espero que pronto venga el seis, el siete hasta llegar por lo menos a la docena.

Los seres humanos tenemos nietos y los disfrutamos, pero la pregunta es ¿tiene Dios nietos también? ¡Dios no tiene nietos! En la Biblia no se habla de que Dios sea un abuelo, aunque a veces algunos escultores, algunos pintores han dibujado a Dios como un anciano, pero la verdad es que hasta que estemos allá nos vamos a dar cuenta de cómo es. Recuerde que Dios es eterno, Dios es incorruptible, Dios no envejece, Dios es el principio y el fin, el Alfa y el Omega, Dios es siempre Dios. Dios es el ser Todopoderoso, Omnipotente, Omnipresente, Omnisciente, pero la Biblia no habla que Dios tenga nietos.

La Biblia habla de nietos. En la Biblia aparece la palabra  60 veces en el Antiguo Testamento y la palabra nietos aparece 23 veces en la Biblia, 22 veces en el Antiguo Testamento y solo una en el Nuevo Testamento, pero ninguna describe la relación entre Dios y los hombres. La relación entre Dios y los hombres siempre se ha descrito como la relación de Padre e hijo. Jamás ha sido de abuelo y nieto. Juan 1:11-13 dice de Jesús “Vino a lo que era suyo, pero los suyos no lo recibieron. Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Éstos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios”.

Aunque tengo padres naturales, ahora también tengo padre espiritual, padre celestial, porque yo también decidí en un momento en la vida creer que Jesús es mi Salvador personal, a los 12 años de edad, en una escuela bíblica de vacaciones. Después que me presentaron los maestros el Evangelio, decidí  reconocer a Cristo Jesús como mi Señor y Salvador personal. Eso fue en noviembre y en diciembre me bauticé en aguas, ahí fue que yo me hice hijo de Dios, no cuando nací en una familia creyente sino cuando nací a la vida nueva, creyendo en Jesucristo como mi Señor y Salvador personal.

Un día los discípulos le dijeron a Jesús: Señor enséñanos a orar, que bonito oras tú, oras y haces milagros y obras, haces esto y lo otro, dinos cómo orar. Y el Señor les enseñó y les dio un modelo de oración, no un modelo de repetición. La oración del Padre Nuestro es una oración que pertenece a la Iglesia universal, a la Iglesia católica, anglicana, ortodoxa,  protestante, en todos lados. La oración del Padre nuestro es un denominador común para la cristiandad, pero lo importante es hacer notar esto, Jesús les dijo oren así: Padre nuestro, nunca dijo, Madre nuestra, nunca dijo abuelo nuestro, siempre dijo: Padre nuestro.

¿Quién es Dios para nosotros sus hijos? El Padre. Por eso lo hermoso es que aunque usted sea huérfano, mi madre quedó huérfana a los cuatro o cinco años, quedó huérfana de padre y madre, hay muchos que quedaron huérfanos. Esta semana fallecieron dos madres jóvenes de la congregación. Una en un accidente automovilístico, de 31 años de edad, dejó dos niños huérfanos de madre. Otra falleció después de una cirugía de liposucción y dejó tres hijos huérfanos. La Biblia dice que Dios es padre de huérfanos y defensor de viudas. Alégrese de que tenemos un padre celestial, padre de todos, padre de los negros, blancos, amarillos, de los altos, de los chaparros, de los anchos, de los angostos, de los jóvenes, de los viejos, de los pobres y de los ricos. Él es el Padre nuestro que está en los cielos.

El retrato terrenal que más ilustra la figura celestial es la del padre. Por eso es que estamos como estamos, por eso nunca progresamos, porque la mayoría de padres no evocan con su imagen a Dios, su conducta parece totalmente contraria a la conducta de Dios. Dios encontró en la figura del padre terrenal lo más cercano para revelar la perfecta relación que desea tener con nosotros. Nosotros como padres naturales les damos la vida, les damos amor, les damos cuidados, les damos rigor, les damos cariño, todo, como Dios hace con nosotros. La Biblia dice que Dios al que ama lo disciplina, como a hijo. Por eso los padres tenemos esa gran responsabilidad. Pudo escoger la figura de abuelito, porque para los nietos los abuelitos son a todo dar. Para los nietos los abuelitos no trabajan mucho y tienen mucha plata, para los nietos los abuelitos tienen mucho peso, pero no les pegan, por lo general. Dan mucho amor, sin embargo, Dios no escogió la figura del abuelito sino del padre.

¿Qué significa el hecho de que Dios no tenga nietos? Que el ser hijo de Dios no es como en la realeza, solo puede ser rey el hijo del rey y aunque no quiera serlo, nace príncipe y está destinado a ser rey.  Usted puede ser un hijo de Dios, pero los dos o tres o cuatro o diez hijos no son hijos de Dios automáticamente. Usted tiene que asegurarse que esos hijos suyos también se conviertan en hijos de Dios. La salvación en Dios y el privilegio de ser llamado hijo de Dios es personal y no grupal, aunque en la Biblia dice: “Cree en el Señor Jesús y serás salvo tú y toda tu familia”. Esa es la promesa que incluye a toda la familia. No es que yo me convierta a Cristo y automáticamente todos mis hijos se conviertan. Eso depende de mí como padre, yo me convierto a Cristo, ahora tengo que hablarle a mis hijos, para que ellos entiendan lo que es el Evangelio, reciban a Jesús como su Señor y Salvador personal y entonces también sean salvos y se bauticen conmigo y vayan conmigo a la iglesia y vayan conmigo a la Facultad de Liderazgo y vayan conmigo a ser buen testimonio.

Una de las preguntas que me hacen a menudo los ministros más jóvenes, hoy en día, es cómo hice que mis tres hijos crecieran en el Evangelio, se mantuvieran y sirvieran. Lo que yo tuve que hacer fue dedicarme asegurarme juntamente con mi esposa que ellos conocieran a Jesús cada uno en lo personal. La salvación es personal. Por eso es que a veces vemos a hombres de Dios tan consagrados y sus hijos unas vainas, sus hijos unos alcohólicos, homosexuales, drogadictos, secuestradores. ¿Cómo es posible que un hombre tan  bueno tenga un hijo tan malo? Es que la salvación es personal, no es grupal.

Hace algún tiempo me pregunta un muchachito ¿cuál es el animal que entró primero al arca?  Le digo que no sé y me responde que fue la jirafa. ¿Por qué? Porque tiene mucho cuello. En Guatemala dicen que si alguien tiene mucho cuello, es alguien que está bien conectado. Podemos estar bien conectados con las autoridades de la empresa en donde trabajamos, o del país en el cual vivimos, pero en el reino de Dios usted no puede llegar y decir: Dios, yo soy muy amigo del Pastor de la Fráter, hazme favor déjame entrar al cielo. Cuando usted se muera y llegue al cielo y diga que es amigo del Pastor de la Fráter, que es amigo de los ancianos de la Fráter, que su papá es servidor de un grupo y que su mamá es líder de una célula y que su primo toca la guitarra en alabanza, no le va a servir de nada la influencia, usted va tener que entrar por su propia decisión de reconocer que usted es un pecador, que se arrepintió de sus pecados y reconoció a Jesús como su Señor y Salvador personal.

No podemos aprovecharnos de las influencias que tenemos para entrar al cielo. La  salvación es personal. La ley que Dios dio a Moisés establecía la rendición de cuentas individuales por los pecados cometidos. La Biblia dice en el libro de Deuteronomio 24:16 -en este capítulo encontramos grandes enseñanzas, todo el capítulo habla de las relaciones matrimoniales, si el esposo se quiere volver a casar con la misma mujer, qué hacer. Que si ha sido secuestrado uno de los hermanos qué hacer. Habla de la pena de muerte por el secuestro, habla de muchos delitos grandes que son constantes en nuestra sociedad: violación, secuestro, asesinato, todas estas cosas y todas estas cosas merecían la pena de muerte en la ley del Antiguo Testamento-, dice: »No se dará muerte a los padres por la culpa de sus hijos, ni se dará muerte a los hijos por la culpa de sus padres. Cada uno morirá por su propio pecado”.

Así que el pecado de su hijo hace responsable a su hijo, el pecado suyo lo hace responsable a usted. Dios trata con cada uno en lo personal. Juan 3:16- 18 dice Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en él no es condenado. Pero tome nota de lo que sigue: pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios.

Si usted no cree en Jesucristo, usted no tiene que esperar para morirse para ser condenado, ya está condenado. En el momento en el que usted rechaza creer en Jesús, en ese momento usted ya se ubica dentro del grupo de personas que ya están condenadas. Cuando se habla en la Biblia del pecado imperdonable, la blasfemia contra el Espíritu Santo, se refiere precisamente a esto, a no aceptar el mensaje del Espíritu Santo que es el que nos rearguye de pecado, de justicia y de juicio. Siempre digo que el Espíritu Santo entra donde usted y yo no nos atrevemos a entrar, el Espíritu Santo entra a los prostíbulos, a las cantinas, a los lugares de secuestro, donde están los criminales, a las cárceles, a todos lados. El Espíritu Santo entra y empieza a hablarle a través de la conciencia al hombre y decirle que no es correcto lo que está haciendo, que debe arrepentirse, pedir perdón a Dios, entregar su vida a Cristo.

El hombre oye la voz del Espíritu Santo y rehúsa obedecerle. No le hace caso, y cuando actúa de esa manera, que no cree, en ese momento se coloca dentro del grupo de personas que ya están condenadas a la muerte eterna, a la separación eterna de Dios. Esa es la blasfemia contra el Espíritu Santo. La que no es perdonada ni en este siglo ni en el venidero, porque no se puede llegar al cielo y decirle: Señor, yo no creí en ti allá en la Tierra, pero ahora que te veo sí creo, me arrepiento, perdóname. Demasiado tarde. Usted tuvo la oportunidad de creer una y mil veces, oyó predicar a los predicadores de la Fráter, oyó predicar a los predicadores de la radio, la televisión, a los autores de libros, a los cantores, a los líderes de célula de la Fráter, pero no quiso creer. Por eso es importante creer en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, para que seamos salvos, pero en el  momento que deja de creer o no cree, ya está condenado.

Juan 3:19-21: “Ésta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos. Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto. En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha hecho sus obras en obediencia a Dios”. Estar frente a la luz hace que se nos vea todo. La luz resalta nuestras cualidades y nuestras debilidades, nuestros defectos. Cuando estamos a la luz se nos nota lo que somos. A veces no vemos que tan mal estamos, porque estamos lejos de la luz. Cuando estamos lejos de Dios, todo parece bien, pero cuando nos vamos acercando nos damos cuenta que no andamos tan bien, hay cosas feas en nosotros que necesitan corregirse. Cada persona debe creer, arrepentirse de sus pecados y practicar su fe en Dios.

Todos somos hijos de Dios, dicen algunos, y en cierto aspecto tienen razón, porque todos somos creación de Dios, somos hijos de Dios por creación, pero el ser criaturas de Dios no nos hace hijos de Dios. Algunos argumentan que nuestro creador también es nuestro padre, pero ¿qué dice la Biblia?  1 Juan 3:10 “Así distinguimos entre los hijos de Dios y los hijos del diablo: el que no practica la justicia no es hijo de Dios; ni tampoco lo es el que no ama a su hermano”. Esto quiere decir que hay dos familias, los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas. Los hijos de Dios y los hijos del diablo. ¿Ahora, hijo de quién es usted? A los jóvenes y señoritas a menudo les decimos que no se comprometan con jóvenes o señoritas no creyentes, porque la Biblia dice que debemos unirnos en yugo igual. ¿Qué comunión tiene la luz y las tinieblas? pero a veces insisten, entonces hay que recordarles que cuando se casan con una hija del diablo ¿quién es su suegro? El diablo. Hay que escoger bien para no sufrir dura y largamente toda la vida.

¿Cómo podemos distinguir lo falso de lo verdadero? Los discípulos le dijeron a Jesús: Señor la cizaña crece juntamente con el trigo. La cizaña es idéntica al trigo en apariencia, pero el Señor dice no arranquen la cizaña, porque por arrancarla pueden arrancar el trigo, son muy parecidos. En la cosecha pasa el trigo y la cizaña por el molino, ¿cómo se nota la diferencia entre los dos? En que el trigo se hunde por el peso del grano que lleva, la cizaña flota porque no tiene fruto, está vacía y por eso Jesús les dijo a sus discípulos, es difícil saber quién es genuino y quién es verdadero, quién es falso por las apariencias, porque hay personas que usted las ve con su  Biblia, las ve con su disco de Doris Machin, las ve con el video de los mensajes del Pastor Jorge H. López,  pero su conducta deja mucho que desear. Por eso Jesús les dijo: por los frutos los conocerán. Un hijo de Dios lo vamos a distinguir de un hijo del diablo, no será por su apariencia, no por levantar las manos tan bien como lo hacen los líderes de alabanza. No es cantar tan bonito como lo hacen los cantores, ni siquiera aprenderse toda la Biblia de memoria. Por los frutos los conoceremos, son los frutos que se esperan de nosotros, el fruto es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Esos son los frutos que se deben notar en nosotros, de lo contrario se va a manifestar lo otro que son: adulterio, fornicación, hechicería,  celos, iras, contiendas, borracheras. Son dos tipos de fruto, uno es fruto de la carne y el otro es fruto del Espíritu.

¿Cómo va a saber si su vecino es hijo de Dios? Por el fruto. Hay muchos niños y muchos jóvenes que no quieren venir a la iglesia, porque sus papás parecen cristianos, pero el fruto que tienen es de hijos del diablo, celosos con la mujer, borrachos, adúlteros, hechiceros, es decir manipuladores. Entonces dicen para ser como es mi papá, dicen algunos, para qué. Usted deje que su papá se achicharre en el infierno, usted entréguese a Cristo y de veras sea un cristiano genuino. La conducta, el carácter,  distingue de un falso de un verdadero. Es muy importante que demos fruto.

Me sorprende la cantidad de creyentes que a menudo se preguntan por qué si habiendo tantos cristianos en Guatemala, en El Salvador, Honduras, en muchos países del mundo, ¿por qué la maldad está tan creciente? ¡Cómo sería si no estuviéramos los cristianos ahí! ¿Y quién dijo que si estaban los cristianos no iban a ver problemas? Siempre va a haber luz y tinieblas, pero la luz es la que resplandece, la sal detiene la corrupción, en el mundo tendrán aflicción, dijo Jesucristo, pero confíen yo he vencido al mundo. Claro que van haber problemas, claro que va haber pecado, claro que va haber violencia,  secuestros y maldades, pero nosotros podemos ser la diferencia. Así que somos los padres los responsables de dejar un legado de fe en nuestros hijos.

Efesios 6:4 dice “Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor”. Siempre que me preguntan que como hice para que mis hijos crecieran bien en el Evangelio, les digo: en primer lugar tenemos que ver a nuestros hijos como niños comunes y corrientes. El hijo del pastor no es un santo niño, es un niño como cualquier otro niño. Hace sus malcriadezas como cualquier otro niño, hace sus berrinches como cualquier otro niño. La diferencia va a estar en la crianza que el papá y la disciplina que el papá y la mamá establezcan. Nosotros tenemos que encargarnos que cada uno de nuestros hijos sean criados según la disciplina e instrucción del Señor. Estamos terminando las transcripciones de una serie de conferencias sobre Escuela para Padres que dimos hace algunos años, esperamos en Dios pronto publicarlas para que les sirva de ayuda a muchos padres en muchas partes, porque los niños no nacen buenos por casualidad ni crecen buenos por casualidad o por buena suerte.

No puede delegar esa función a otros. Por eso dice Deuteronomio 6:4-9 »Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Los hijos no entienden, usted les habla una vez y qué pasa, vuelven. Usted lo que debe hacer es insistir, tarde o temprano van a aprender a limpiarse bien cuando van al baño. Pero usted insista. Y enseñarle bien. Recuerdo que antes cuando uno pedía permiso para ir a la casa de un amigo venían las recomendaciones para portarse bien, porque uno representa a sus padres. ¿Qué puede hacer usted para impactar a sus hijos con el Evangelio? Tráigalos a la iglesia, si son chiquitos llévelos al área de Pequeños Gigantes, ahí tienen cunitas, cambiador de pañales. Ahí se los cuidan muy bien. Y conforme ya van teniendo edad cada uno de los niños, se les va instruyendo, hay un equipo de maestros que se preparan. Hoy en día me doy el gusto de ver en la Zona de Campeones  a profesionales médicos, psicólogos, ingenieros, administradores, todo tipo de profesionales, hasta funcionarios públicos de alto rango, gente que está dedicando su vida para servir ahí.

Por eso cuando le decimos lleve a sus niños a la Zona de Campeones, es porque ahí los estamos preparando y ayudándolo a usted para que su hijo sea campeón en la vida. Nuestros hijos van a ser hombre y mujeres de éxito. Campeones no solo en hacer mucho dinero sino en ser campeones en la moral, en la integridad, en la honestidad. Necesitamos esto. Tráigalos. Hay que establecer disciplina para no perder autoridad.

Enséñeles por precepto pero también con ejemplo. El consejo es bueno, pero el ejemplo es más convincente.  Un hijo va a decir: Cómo no voy a creer en Dios si mi padre a las 4 de la mañana lo hemos oído orar y orar por nosotros. Y por eso estamos aquí como respuesta a las oraciones de mi padre. Cuando ven los hijos al padre leer la Biblia, se alegran. Cuando lo ven orar, oran. Cuando lo ven tratar bien a su mamá, ellos son igualmente respetuosos. Cuando adoran al Señor aquí en la iglesia, igualmente ellos lo hacen. Si usted quiere que sus hijos sean prósperos, generosos, buena gente, usted tiene que dar el ejemplo en dar sus diezmos fielmente, sus ofrendas generosamente, sus promesas de fe cumplidamente. Cuando somos fieles diezmadores nuestros hijos también aprenden a ser generosos y diezmadores, pero seamos gente que enseña no solo por precepto sino por ejemplo, intégrese a la Facultad de Liderazgo, prepárese usted para estudiar, preparase usted para servir y sus hijos van a ir con usted, van a seguir su ejemplo.

Dios no tiene nietos, Dios solo tiene hijos y todos los seres humanos podemos pasar de ser criaturas de Dios a ser hijos de Dios. Los papás somos los instrumentos que Dios utiliza para que les transmitamos la fe a nuestros hijos, para que crezcan y vivan para amarle con todo su corazón, con toda su mente y con todas sus fuerzas. La mejor forma es dando el ejemplo.

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La fe viene por el oir…

 

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