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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Ya estamos empezando la cuesta de enero, ¿por qué se llama la cuesta de enero? Porque cómo cuesta arrancar el año, después de tantas vacaciones, tanto descanso, tanta comida. Cuesta arrancar otra vez ese ritmo de entusiasmo y actividad que tenemos que mantener. Para arriba cuesta más que ir hacia abajo, yo tenía quizás unos 12 años de edad cuando tuve la oportunidad de escalar por primera vez el volcán de Pacaya. A pesar de ser el más pequeño de los volcanes en Guatemala y uno de los 37 volcanes que están registrados para ascenderlos, es uno de los más activos, es fácil escalar, es una visita turística obligada hoy en día, ver la lava constantemente descendiendo. Pues a los 12 años de edad tuve la oportunidad de escalarlo, pasando la noche en la meseta, había mucho frío y otro día temprano subimos al volcán, y qué lindo es observar todo el panorama desde el cráter y ver las fumarolas, el vapor saliendo. La subida fue difícil, la bajada fue fácil.

Una de las escaladas más difíciles que experimenté  fue cuando tuve que ir a visitar una porción de tierra que le tocó a mi esposa, cuando murió mi suegro que se dedicó mucho al cultivo del café. Llegué en carro hasta donde había carretera. Luego nos tocó caminar cuando me invitaron a reconocer lo que se había hecho en el terreno de 25 manzanas. Caminar hacia abajo por dos horas. Luego regresamos al punto donde la familia se había quedado, yo me acosté en el suelo. Luego el encargado me dijo que ya era tarde, listos para el retorno antes que nos entrara la noche en la montaña. ¡Ah, el retorno! Hice el esfuerzo para empezar a caminar, créanme qué difícil es poder  salir de ahí. Ya no daba un paso más, ya no podía seguir avanzando, ya me temblaban las piernas, de repente me empezó un calambre en una de las piernas, se puso tan fuerte que me tiré al suelo. Al fin. Poco a poco, paso a paso, seguía avanzando, paso a paso fui escalando hasta que al final, horas después, llegué a donde estaba el automóvil.  De esto  aprendí una cosa: no necesariamente tiene que ir usted muy rápido, pero tiene que seguir avanzando.

A veces pareciera que no hemos llegado muy lejos, pero si caminamos otro poquito y vamos aunque sea despacio llegará el momento en el que alcanzaremos nuestra meta. No podemos detenernos por completo, las vacaciones, el descanso es solo con el propósito de recuperar fuerzas y seguir adelante. Tiene que comenzar a moverse paso a paso y continuar hasta llegar a la meta, porque cuando alguien se detiene por completo y deja de avanzar, deja de vivir y solo se dedica a subsistir, a vegetar, desperdiciando así el potencial que Dios le dio. El que no sale no tropieza dicen algunos y el que quiere celeste que le cueste. Juan 10:10 dice: “El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”. La vida que Dios nos dio no es solo la vida eterna, es la vida aquí en la tierra, abundante.

Los cristianos no podemos dejar de avanzar, ni terrenal ni espiritualmente. Hasta el día de nuestra muerte, tenemos que seguir avanzando paso a paso. Siga avanzando. Quizá usted es de los que dicen: Lo intenté otra vez el año pasado, fracasé en mi examen privado, ¿qué le queda ahora a usted que fracasó en su examen privado el año pasado? Seguir avanzando. Usted tuvo problemas con su empresa el año pasado, se estancó un poquito ¿qué le queda hacer ahora? Seguir avanzando. No podemos tirar la toalla. Hay ejemplos maravillosos como el de Fred Smith, una persona desconocida para muchos, pero muy conocida  para  Zig Ziglar y Jon C. Maxwell y otros grandes escritores conferencistas y líderes, porque él fue mentor de estos grandes personajes. Un día de joven frente a una tumba se preguntó: ¿qué quiero que diga mi epitafio? La respuesta fue su razón de vivir desde ese momento hasta el día de su muerte. Quiero –dijo- que mi epitafio diga: “Él ayudó a crecer a otros”. ¿Qué quiere usted que diga su epitafio? Él engordó más que los otros. Él haraganeó más que los otros, se hizo el desentendido más que los otros. Todos, aunque de muertos, recibimos una placa, una lápida y esa lápida puede ser que diga lo que tiene que ver con el estilo de vida que nosotros llevamos. Fred Smith, aún en la cama a los 90 años habría todos los sábados la puerta de su casa para lo que llamaba “Fred en la cama”, pues sin poder caminar, postrado en una cama y enfermo de los riñones seguía dando mentorías a quienes lo deseaban.

Él decía que la única manera de ser feliz, mientras se envejece, es darle gracia a Dios por lo todo que le va quedando, a lo mejor ya se le cayó uno que otro diente, déle gracia a Dios por el que le queda. A lo mejor ya se le cae un poco de pelo, déle gracias a Dios por lo que le queda. Déle gracias a Dios, no puede usted quedarse llorando su vejez. Hay algunos que parecemos caracol, porque nos hemos desgarbado tanto que ya tenemos una petacona, el caracol nos llama la atención, porque cuando se está arrastrando, pensamos de él: cuándo va a llegar, a dónde va a llegar. Pero ese caracol con todo el peso que lleva encima sigue avanzando, y llega a donde sea que va, pero llega. Siga avanzando. Ayer me hablaba uno de mis hijos y me dice: Papi, al fin a mis 36 años leí la Biblia en un año, a veces pasamos nosotros toda una vida y no podemos leer la Biblia en un año. Usted no necesita leerla de un solo, si puede hágalo, hay otros libros que los ha leído así, pero si usted va un capitulo hoy, dos o tres capítulos mañana, dos o tres capítulos después, poco a poco y cuando sienta usted ha leído toda la Biblia. Hay que seguir avanzando poco a poco.

Un ejemplo extraordinario que hay en la Biblia, es el de Caleb. A sus cuarenta años de edad, fue uno de esos 12 espías que envió Moisés a la tierra de Canaán,  la tierra que Dios le había prometido a la descendencia de Abraham, solo Caleb y Josué -que se convirtió en el sucesor de Moisés- fueron los que dieron un buen reporte. Los otros diez espías desmotivaron al pueblo y por no creer a la promesa de Dios los castigó con cuarenta años en el desierto, un año por cada día en que había durado la expedición. ¿Para qué?  Para que murieran en el desierto todos los israelitas mayores de 20 años y solo la nueva generación entrara a la tierra prometida. En el pasaje que vamos a leer, Caleb tenía 85 años de edad. Josué 14:6 “Los descendientes de Judá se acercaron a Josué en Guilgal. El quenizita Caleb hijo de Jefone le pidió a Josué: «Acuérdate de lo que el Señor le dijo a Moisés, hombre de Dios, respecto a ti y a mí en Cades Barnea. Yo tenía cuarenta años cuando Moisés, siervo del Señor, me envió desde Cades Barnea para explorar el país, y con toda franqueza le informé de lo que vi. Mis compañeros de viaje, por el contrario, desanimaron a la gente y le infundieron temor.

Tenga cuidado. Hay gente que solo le va a infundir temor y lo va a desanimar. No se desanime, no se deje infundir temor, porque lo va a paralizar y no va a lograr nada en la vida. Le va a pasar como toda esa generación que se murió en el desierto, por dejarse infundir temor, por desanimarse. Pero yo me mantuve fiel al Señor mi Dios.

Caleb se mantuvo fiel, es importante permanecer fieles, ser constantes, consistentes con el Señor. Ese mismo día Moisés me hizo este juramento: “La tierra que toquen tus pies será herencia tuya y de tus descendientes para siempre, porque fuiste fiel al Señor mi Dios.” »Ya han pasado cuarenta y cinco años desde que el Señor hizo la promesa por medio de Moisés, mientras Israel peregrinaba por el desierto.

¡Cuarenta y cinco años para que se cumpla una promesa! Imagínese usted. Tenga paciencia, de conseguir marido tiene, no importa que pase el tiempo, el Señor le va a conseguir que se cumpla la promesa. De graduarse tiene su hijo, ya lleva cuarenta y cinco años estudiando, de graduarse tiene. A veces las promesas no se cumplen tan pronto como uno quisiera. Hay que tener paciencia y durante esos cuarenta y cinco años ¿qué hizo Caleb? Siguió avanzando fiel al Señor, dando al Señor, lo que debía dar. Haciendo para el Señor, lo que debía hacer. Usted está al frente de una célula siga fiel al Señor. Usted está al frente de una clase de niños en la Zona de Campeones, siga fiel al Señor. Usted está casado con una señora que no entiende, siga fiel al Señor, de entender tiene. Usted está casada con un esposo que no hay modo que responda, paciencia. Usted siga avanzando. Y al final llegaron Josué y Caleb, los únicos viejos que había en Israel. Todos los demás se habían muerto, todos los demás estaban mucho más jóvenes que ellos, pero ellos  fueron fieles al Señor.

Aquí estoy, dice el versículo 10, aquí estoy este día con mis ochenta y cinco años: ¡el Señor me ha mantenido con vida! ¿Lo ha mantenido con vida el Señor?, déle gracias al Señor, porque en medio de tanta tragedia, de tanta balacera, tanto accidente, tanta maldad el Señor nos ha mantenido con vida. Y todavía mantengo la misma fortaleza que tenía el día en que Moisés me envió. Para la batalla tengo las mismas energías que tenía entonces. ¿Cómo hizo Caleb para tener las mismas energías a  los ochenta y cinco años que a los cuarenta, seguramente hacía ejercicio, seguramente no se la pasaba en la hamaca, seguramente se ejercitaba, controlaba su comida, dormía bien, no se amargaba con todo el mundo y así llegó a ochenta y cinco años con la misma fortaleza.  Si quiere tener fortaleza debe comer bien, deje de comer cochinadas, deje de estar comiendo comida chatarra, empiece a comer bien. Aliméntese bien, coma vegetales, coma verduras, coma fruta y un bistec de vez en cuando. Coma bien, duerma bien, deje de estar prendido a la computadora hasta las tres de la mañana como que es tecolote, jugando fútbol con sus compañeros de Europa, África, sin dormir.

12 Dame, pues, la región montañosa que el Señor me prometió en esa ocasión. Desde ese día, tú bien sabes que los anaquitas habitan allí, y que sus ciudades son enormes y fortificadas. Sin embargo, con la ayuda del Señor los expulsaré de ese territorio, tal como él ha prometido.» Entonces Josué bendijo a Caleb y le dio por herencia el territorio de Hebrón. No pidió lo más fácil, pidió lo más difícil: la región montañosa. No busque el camino más fácil, no necesariamente es el mejor, a veces el más difícil es el que nos conviene. ¿Se recuerdan de Abraham y su sobrino Lot? Que sus pastores de ovejas se pelearon entre sí. Y Abraham, entonces, le dijo a Lot, mejor separémonos, si tu te vas para el valle, yo me voy para las montañas, si te vas para las montañas, yo me voy para el valle, evitemos así estar peleando como familia que somos. Y Lot escogió lo que parecía lo más fácil, el valle. Y poco a poco  fue acercando sus tiendas, hasta que vivió adentro de Sodoma y Gomorra. Y ahí fue la destrucción para él y su familia. Abraham escogió las montañas, fue prosperado grandemente. No necesariamente el camino más fácil es el mejor. Pero hay que seguir avanzando, no importa que usted alcance su meta a los 85 años. No importa que alcance sus metas cuando, según la sociedad, usted ya esté viejo. Necesitamos avanzar.

¿Qué nos hace dejar de avanzar en esta vida? Es cómo pensamos acerca de lo que nos pasa. Tal vez usted responderá: como usted no está enfermo, yo sí. Como usted no tiene problemas en el matrimonio, como usted no tiene problemas económicos, como a usted le fue bien en el negocio que puso, como usted no tiene un pariente alcohólico, como usted no tiene un papá loco, como usted no es viuda, y la lista sigue. Y cada persona puede ponerse en el espejo y decir: ¡pobrecita de mí! Nadie me quiere, hasta feo nací. Todos tenemos problemas alguna vez, todos tenemos enfermedades alguna vez, todos perdemos plata alguna vez. Pero el consejo para todos es: seguir avanzando. Ni para atrás para coger impulso, yo sigo avanzando.

Sin embargo, usted encontrará a alguien en silla de ruedas con depresión y alguno con la misma situación, pero sigue avanzando. Porque hay quienes están en la misma situación, pero con actitudes diferentes. Usted encontrará a alguien con problemas en el matrimonio que tiró la toalla y alguien con los mismos problemas que sigue avanzando. Alguien con problemas económicos que quiere quitarse la vida y alguien con los mismos problemas económicos que sigue avanzando. Alguien amargado porque no tuvo un buen papá, y alguien que tuvo al mismo papá amargado y sigue avanzando. Alguien que enviudó que ya no quiere vivir, y alguien que está en la misma situación que sigue avanzando y está a punto de casarse otra vez.

Leí la historia de un psiquiatra  judío que lo metieron en un campo de concentración nazi, le mataron a sus padres, a su mujer y a varías personas de su familia, amigos inclusive. Y estando en el campo de concentración, escribió en la pared: “Nadie me puede quitar el derecho de reaccionar como yo quiera ante lo que me hagan”. Y allí aprendió a que no es lo que nos hacen lo que nos destruye, es cómo reaccionamos ante lo que nos hacen lo que nos destruye. No es que no nos saluden que nos destruye, es como reaccionamos ante la falta del saludo de la persona.  No es la crítica que nos hacen la que nos destruye, es como reaccionamos  ante la crítica que nos hacen. No es la pérdida de un negocio o de una fortuna o de la salud la que nos destruye, sino es como reaccionamos ante esa pérdida de salud, de dinero o de un ser querido, que nos destruye.

Una joven se casó con un  soldado estadounidense que lo enviaron al desierto de Arizona, estaba desesperada porque acostumbrada a vivir en la urbe ahí no habían tiendas, almacenes, diversiones, estaba aburrida. Un día le escribió una carta a su mamá para quejarse, para decirle que ya no sabía qué hacer, que ya no aguantaba, que quería regresar a casa. La mamá le respondió con una carta, muy escueta, pero muy directa: “Dos hombres estaban  en la misma cárcel. Uno miraba el lodo, el otro miraba las estrellas”. Y captó el mensaje la mujer y dijo: Tengo que ver cuántas estrellas hay en esta cárcel que tengo, y empezó a ver la vida en el desierto, empezó a caminar en el desierto,  empezó a encontrarse con la vida interesante del desierto. Dos años más tarde había recopilado tanta información de lo que es esa vida, que publicó un libro.

Tenemos que aprender a florecer en el lugar donde nos tocó estar. Allí seguir avanzando paso a paso, cueste lo que cueste, pero recuerde: no reaccione mal ante lo que le hagan, reaccione bien. Por eso Jesucristo nos lo dijo tan sencillamente: Amen a los que los maldicen. Bendigan, amen a sus enemigos. Y Pablo nos lo pone diciendo: no paguen a nadie mal por mal, no seamos vengativos, mía es la venganza dice Dios. Juan 10:10 dice: “El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”. El creador y sustentador de la vida, en medio de cualquier situación es Dios. Conectados con  Él siempre podemos seguir avanzando. Por eso los cristianos  en medio de la situación más terrible de nuestras vidas, no dejamos de avanzar, seguimos en medio de las pruebas avanzando en lo terrenal y en lo espiritual, porque Dios ha prometido estar siempre con nosotros. Jesús dijo en Juan 16: 33: “Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo”. Anímese, Jesús ha vencido al mundo.

Lo que Jesús está diciendo es esto: El triunfo que tendré, también puede ser de ustedes. El mundo me hizo lo peor y salí victorioso, la vida les puede hacer lo peor y ustedes también pueden triunfar, también pueden poseer el coraje y la conquista de la cruz. Aún en la cruz, dice la Biblia, que enmudeció. No abrió su boca. Jesucristo pudo decir: Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen. ¡Ah Jesús, qué gran ejemplo! Y

Pablo, como concluye la carta a los Filipenses 3:10-14, dice: Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, participar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a él en su muerte. Así espero alcanzar la resurrección de entre los muertos. No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta”.

¿Qué es lo que dice Pablo? Sigo avanzando hacia la meta.  Si todavía no nos parecemos mucho a Cristo, sigamos avanzando, la meta es llegar a ser como Él es. La meta es experimentar el poder que Él experimentó. Experimentar el amor, la pasión, la dedicación que Él experimentó.

Pablo toma la ilustración del atleta. El atleta cuando corre tiene momentos en los que ya no quisiera seguir corriendo. Llega el momento en que le duele todo, pero tiene que seguir, el atleta sigue. Usted ya no corra en lo natural, usted tiene que seguir en lo mental, en lo espiritual. Tenemos que seguir como atletas cristianos. Y saben que es lo bueno, que al lado de nosotros está nuestro couch, nuestro entrenador, nuestro manager, nuestro Padre espiritual, diciéndonos: ánimo hijo, sigue hijo, tú puedes, vas a llegar, paciencia hijo, un paso más, sigue adelante, yo estoy contigo, si caes yo te levanto. Mateo 28:19-20 nos presenta una gran meta para nuestra vida, dice: Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…