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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

El Señor Jesucristo está aquí en medio de nosotros, el mismo Cristo que caminó por la tierra de Palestina se está moviendo en este lugar. El mismo Cristo que abrió los ojos de los ciegos, libertó a los oprimidos del pecado e hizo huir avergonzados a los demonios está aquí en medio de nosotros. No hay pecados que no te pueda perdonar, no hay cáncer que no te pueda sanar, no hay demonio del cual no te pueda libertar, Él tiene todo poder.

En un honor estar con ustedes esta mañana, tenemos una profunda admiración por el Pastor de esta iglesia, nos ha unido una amistad de muchos años y es un alto honor ocupar tu púlpito, Jorge, te admiramos profundamente, eres un gigante de la fe bíblica para toda América Latina.

Vamos a Apocalipsis 1. Mantengamos la Biblia abierta en este capitulo al que me referiré frecuentemente, durante el mensaje. Empecemos, Apocalipsis 1:3-6: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.  Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir,) y de los siete espíritus que están delante de su trono; y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre;( a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.

Hay una introducción natural en el verso número 3, “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas”. La razón la da el mismo versículo, “el tiempo está cerca”, está hablando del día del regreso del Señor. Muy pronto una ventana se abrirá en el firmamento, se escuchará el sonido de la trompeta tocada por el ángel, y lleno de gloria Cristo vendrá otra vez.

Juan comienza a proclamar la gloria del Rey venidero, en el verso 5 denomina a Jesucristo como el testigo fiel. Nuestra palabra castellana testigo, en el griego del Nuevo Testamento es la palabra mártir, el fue el mártir fiel y lo que hizo en la cruz del Calvario fue ganar nuestra salvación eterna. No es por obras para que nadie se gloríe, no es por iglesia porque ninguna te puede salvar, sólo por fe en la obra poderosa del Calvario.

Juan continúa proclamándolo y lo llama Jesucristo primogénito de los muertos. Por su muerte y resurrección, Cristo le quitó a la muerte el aguijón, a la tumba la victoria para toda persona totalmente rendida a Cristo. Él se convierte en la fuente de vida verdadera y abundante. No hay nada del cielo, de la tierra, del infierno, de la profundidad de la mar que pueda mover a un creyente sujeto a Cristo primogénito de entre los muertos. Recuerdo a un anciano de nombre Carmelo, tenia 93 años, a esa edad le cortaron su pierna derecha. Un amigo mío lo fue a visitar al hospital, al entrar a la habitación lo vio con ojos cerrados y lo llamó por su nombre. Don Carmelo, manteniendo los ojos errados, el anciano respondió así: el Señor dio, el Señor quitó. Alabado sea el nombre del Señor. Mi amigo pensó que el anciano soñaba, desvariaba, lo llamó por segunda vez. Don Carmelo, todavía con ojos cerrados, ahora contestó de la siguiente manera: Jesucristo es nuestro amparo y fortaleza. Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones, por tanto no temeré aunque la tierra sea removida. Mi amigo pensó que el anciano estaba bajo el efecto de la anestesia, se iba a retirar, pero desde la puerta lo llamó por tercera vez. Don Carmelo, ¿cómo se siente? Y ahora abriendo los ojos, sonriendo de oreja a oreja, el anciano le contestó: todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Esto es lo que le ocurre a una mujer o a un hombre sujeto a Cristo, rendido a  Cristo, entregado a Cristo, por eso Pablo decía: Estoy cierto, que ni la muerte, ni la vida, ni lo alto, ni lo bajo, ni lo presente, ni lo porvenir, ni ninguna cosa creada, nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Esto es palabra de Dios para los que creen. Esté seguro que ni la muerte, ni la vida, ni la política, ni la economía, ni la brujería, ni la burla de los demás, ni el mismo infierno, nada ni nadie lo podrá apartar del amor de Dios, usted es hijo de Dios. Juan continúa proclamándolo todavía, en el verso 5 lo denomina Soberano de los reyes de la tierra, no sólo soberano de la clase trabajadora, no sólo Soberano de los pobres de las naciones, Juan lo proclama Soberano de los reyes de la tierra.

Qué momento cuando Cristo venga otra vez, toda rodilla se doblará, las rodillas de Fidel castro se doblarán delante del Señor, las rodillas de Barack Obama se doblarán delante del Señor, las rodillas de Hugo Chávez se doblarán delante del Señor, las rodillas de los reyes de Inglaterra se doblarán delante del Señor, las rodillas de Álvaro Colom se doblarán delante del Señor, las rodillas de los famosos de Hollywood se doblarán delante del Señor. Toda rodilla se doblará, toda lengua proclamará que Cristo es el Señor.

Todavía en el verso 5, Juan comparte verdades conmovedoras. Llevo casi cincuenta años y ordenado al ministerio, he predicado tal vez miles de veces acerca del amor de Dios, pero me sigue conmoviendo. Juan dice: Nos amó. Es conmovedor, que el Dios santo de los cielos ame a pecadores como nosotros. El diablo te ha mentido, te ha hecho creer que un Dios tan justo no puede amar a pecadores, pero la gran realidad, la sinfonía extraordinaria de esta mañana es que Dios te ama, no importa tu pecado o tu alejamiento de Él. Dios te ama a ti y no sólo te ama, el verso 5 dice: “Nos lavó de nuestros pecados con su sangre”. Fraternidad Cristiana no te lo puede perdonar, la Iglesia Pentecostal  no te lo puede perdonar, la Iglesia Presbiteriana no te lo puede limpiar, la Iglesia Católica no te lo puede perdonar, ¡Sólo Cristo te puede limpiar tus pecados!

En el verso 6, nos introduce a una verdad con el potencial de cambiar definitivamente tus proyectos de vida, tus finanzas, tu familia, tus sueños para el futuro. Juan dice: y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios Su Padre. Nos hace partícipes de Su naturaleza de Rey. Si le somos fieles reinaremos con Él, Él dijo: “sé fiel hasta la muerte, yo te daré la corona de la vida”. Nos hace partícipes de su dignidad sacerdotal. En el Antiguo Testamento sólo el sumo sacerdote, solo un día por año, tenía permiso para entrar al Lugar Santísimo del Tabernáculo, permanecer delante de la presencia de Dios, pero cuando Cristo muere en la Cruz se rasga el velo, se abre la puerta, ya no solo un día por año, ahora todo momento, de todos los días del año, ya no solamente para una autoridad eclesiástica, ahora para cualquier persona basada únicamente en la poderosa sangre derramada en la cruz para entrar y permanecer en la santas presencia de Dios.

¿Sabe lo que va a pasar aquí esta mañana? Van a pasar muchas cosas. Personas que serán salvadas, muchos saldrán sanados, la mente de muchos se abrirá, pero hay algo que va a ocurrir. Algunos han venido con hambre espiritual, buscan una limosna de parte de Dios, están necesitados de un toque divino, están mendingando la bendición del Padre. Hoy el Espíritu Santo les quita las ropas de mendigos, los cubrirá con ropaje de la casta real, prendas de la casta sacerdotal, saldrán de aquí ya no como pecadores, ya no como pordioseros, saldrán como reyes y sacerdotes alabando el nombre del Señor.

Juan está muy anciano, amó a Dios, sirvió a Cristo, fue íntimo en el círculo más cercano al maestro, escribió cartas bellísimas, probablemente escuchó palabras de Jesús que otros discípulos no oyeron, amó al Señor con todo su corazón, ahora está preso. No está preso por ladrón, no está preso por abusador de niños, está preso por su fidelidad al Evangelio, la piel del cuerpo está arrugada por los años, pero la mente está clara, la mirada penetrante, está mirando a través de los barrotes de la celda, tratando de penetrar el firmamento anticipando el momento eterno del encuentro con Cristo y ¡qué sorpresa! Cristo se le anticipa. Lo viene a visitar, se le mete en la celda y Juan dice: cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Juan el teólogo, Juan el doctor, Juan el escritor, Juan que hoy recibiría tantos reconocimientos de parte del pueblo de Dios, dice que era tan grande su presencia, Su santidad, Su majestad, Su belleza que no pude quedar de pie, caí como muerto delante de Él.

Aquí hay una clave para tu bendición. Aquí hay una clave para que alcances el nivel más alto de excelencia, aquí hay una clave para tu éxito que jamás alcanzarás únicamente por tus logros económicos o niveles altos en lo académico o por poder político. Aquí hay una clave para tu prosperidad como individuo o como parte de una familia, necesitas -como Juan- estar delante de la presencia de Dios. Es cuando la soberbia del ser humano se rinde, es cuando el orgullo del ser humano se quebranta, que Dios nos puede bendecir. Necesitas entregar todo tu ser al Señor y ahí Juan comienza a contemplar una visión apocalíptica, las visiones apocalípticas son anticipaciones de lo que sucederá en los últimos días, que pronto vienen.

Hay varias cosas que rápidamente te comparto. Me llama la atención el verso 13: “y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro”. En casi todos los países del mundo, la vestimenta hasta los pies es el vestido de la autoridad judicial. Juan así ve a Cristo -que ya no es un cordero, ahora es un juez-.  En el idioma bíblico, desde el fondo del Antiguo Testamento, el pecho ceñido con un cinto de oro siempre ha sido símbolo de la misericordia de Dios. Mostrándonos que Cristo sí es juez, pero cada sentencia que pronuncia viene llena de misericordia.

¿Esto es lo que tu vida necesita? No fuiste invitado aquí esta mañana para que te ofrezcamos una religión. Todas de alguna manera tiene algo bueno, lo que queremos es darte un banquete de misericordia, que sane tus quebrantos, que alivie tus cargas, que sane tus dolores, que conteste tus interrogantes. Lo que tu vida necesita es misericordia que viene del trono de la gracia de Dios. Algunos de ustedes están pensando que un Dios tan santo no puede perdonar a pecadores como nosotros.

Déjenme contar una historia. 28 de noviembre del 2003, David de 7 años, jugaba en la puerta de la casa de sus padres en Valle Hermoso, Tamaulipas, México, cuando un automóvil  fuera de control, guiado por un borracho, se subió a la vereda, lo arrolló, lo mató instantáneamente. El borracho logró escapar de la policía. Gilberto González, papá de David, la esposa, los otros tres hijos traspasados por el dolor enfrentaron la prueba. Y mucha gente de la ciudad -por la actitud de la familia- conoció al Dios de la misericordia. David era tan querido que al año siguiente la liga de béisbol de Tamaulipas le dedicó el campeonato. Tuvimos cruzada en valle Hermoso, no fue de las más grandes, sí de las más poderosas, sólo dos veces en mi carrera usé una expresión –en Cali, Colombia, y en Valle Hermoso, Tamaulipas-:”Vi a Dios caminando por las calles de la ciudad”. No era un evento evangelístico, parecía una invasión del reino de Dios a la tierra. Recuerdo la noche del viernes el estadio estaba lleno en todas sus instalaciones. Cuando bajo de la plataforma, veo a Gilberto Gonzáles parado junto a la escalera y lo toqué. Un hombre se le acerca y le dice: Don Gilberto, esta noche me entregué a Jesús. Gilberto le responde, lo felicito, ahora conviértase en un discípulo de Jesús. Y el hombre agregó: Pero hay algo más, don Gilberto, yo soy quien mató a su hijo David. Desde el 28 de noviembre mi vida ha sido un verdadero infierno, traté de escapar de Dios, no lo logré. Hoy le confié mi crimen y Él me perdonó, vengo a usted para que haga lo que quiera. Si decide lléveme a la justicia, está bien, pero perdóneme por favor. Gilberto me contó que sintió un estremecimiento, tenía delante de él al criminal que acabó con la vida de su querido hijo de 7 años, de pronto lo miró fijamente, lo abrazó y lo perdonó. Si Gilberto Gonzáles pudo perdonar al criminal que mató a su hijo, Dios te puede perdonar a ti, Dios te va a perdonar, Él es el Dios de la misericordia. Él abrió los brazos de perdón y cariño para recibirte desde esta mañana y para siempre.

Verso 14: “Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve”. Lo primero que Juan ve  es la perfecta santidad de Dios en medio de otra visión apocalíptica. Juan exclama, ¿quién no te temerá o Señor y glorificará tu nombre, porque solamente tú eres Santo? No nos engañemos, es imposible seguir a Dios y vivir llenos de tinieblas, seguir a Cristo y permanecer en el pecado. Nos tenemos que definir y la única forma de seguir al Señor es con un corazón inclinado a lo recto. Sus ojos, dice Juan, como llama de fuego. Juan ve que de los ojos de Cristo salen llamadas de fuego ardiendo, es que nada ni nadie se puede ocultar a la mirada de Dios. Los árboles del huerto no fueron capaces de ocultar el pecado de Adán y de Eva, Caín negó el asesinato, pero Dios lo vio. Sara podía reír burlonamente oculta en su tienda, pero Dios la escuchó. Acán tomó tiempo de enterrar un lingote de oro, pero Dios que tiene ojo como llama de fuego lo sacó a la luz. David pretendió tapar su adulterio con un crimen, pero el Dios que todo lo conoce le envió a uno de sus siervos para decirle: David, tú eres el hombre. A nosotros nos dice, sabed que nuestro pecado os alcanzará, si pudiéramos taparíamos la cara de Dios, quitaríamos de su rostro esa mirada que como llama de fuego todo lo traspasa, todo lo saca a la luz, pero tenemos que decir con el salmista: “Pusiste mis pecados delante de ti, mis pecados están delante de la lumbre de tus ojos”.

Cuando salgas de esta reunión, cuando muevas tus labios para hablar, tu mente para pensar, tus manos para trabajar, tu voluntad para decidir, recuérdatelo para ti mismo: Los ojos de Dios que son como llamas de fuego están sobre tu vida”.

Juan continúa diciendo, verso 15: y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno”. Qué extraño es esto, Juan estaba mirando el rostro, la mirada la detiene en los pies de Cristo que son como de bronce bruñido, como si el Señor hubiera caminado en medio de llamas de fuego ardiendo. ¿Qué quiere decir esto? Mucho tiempo atrás, en un gran imperio de la antigüedad, el rey embrutecido de poder, mandó a construir una gran estatua, la declaró dios sobre todo el imperio, ordenó que a ciertas horas del día toda la nación se postrara  adorara a ese supuesto dios, entre toda la nación hubo tres muchachos que dijeron: nosotros solamente adoraremos a Jehová, Dios de Israel, los comentarios corrieron rápidamente, el rey se enojó, mandó a traer delante suyo a los tres rebeldes, les ordenó inclinarse y adorar al nuevo dios del imperio, pero ellos serenamente le contestaron: no nos pidas tal cosa oh rey, nosotros solamente adoraremos a Jehová, jefe de los escuadrones de Israel. El rey se enojó como todo dictador político o religioso. Mandó atar de pies y manos a los tres rebeldes, les ordenó aumentar a los soldados siete veces la fuerza del fuego dentro del horno, era tan fuerte el fuego que cuando los soldados  echaron dentro del horno a los tres rebeldes, los soldados en ese momento perecieron. Rato después el rey quiso ver lo que quedaba de los tres jóvenes y ¿qué es lo que vio? Eran cuatro. Y no estaban atados, eran cuatro paseando en medio de las llamas del horno de fuego, hablando, soñando, paseando como que nada sucedió. ¿Sabes una cosa? Sí por causa de tu fidelidad a Cristo tienes que vivir en un horno de pruebas, si permaneces fiel Cristo viene a sacarte del horno de la pruebas. Él tiene pies como de bronce bruñido, Él sabe lo qué es caminar en medio del incendio. Sé fiel hasta la muerte, sé fiel y Él te dará la corona de la vida.

Termino con una de las bellas declaraciones de este capítulo: Tenía en su diestra siete estrellas. Si lees todo el capítulo, en el último versículo te darás cuentas que Cristo dice que las estrellas representan a los servidores del Reino de Dios, pero no está hablando de predicadores, está hablando de cualquier mujer, cualquier hombre, de cualquier creyente que por amor sirve a Cristo. Juan dice que al que ha servido por amor en el gran día final aparecerá en la mano derecha del Señor. Yo te pregunto ¿quién te podrá sacar de la mano derecha de Cristo? Ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo alto, ni lo bajo, ni lo presente ni lo por venir, nada, nada te podrá apartar del amor de Dios. Bendito amor de Dios.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…