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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

¿Ha estado afligido alguna vez? Claro que sí, algunos han estado afligidos por el examen privado que les toca o por los exámenes de medio año en los más chicos o porque tienen una entrevista para trabajo, después de dos años de no trabajar. En fin, hay aflicciones de todo tipo, y ¿qué hacer cuando uno está afligido? Porque llegan, aquí hay gente que pasó por tremendas aflicciones, otros que están en medio y otros que están por entrar. Recuerde que Santiago escribió la carta a los judíos cristianos que estaban dispersos por las distintas aflicciones que habían experimentado, por causa de su fe los persiguieron, se encontraban perseguidos por todo el Imperio Romano, asustados, afligidos, sin trabajo, sin hogar, con muchas complicaciones y en ese contexto de las diversas pruebas de las que dice Santiago. Dichosos los que se encuentren en diversas pruebas, en medio de esa realidad, Santiago llega casi al final de su carta en el capítulo 5:13-18 y hace una pregunta, que pareciera una pregunta que no se pregunta, pero a veces se hace sólo para darle la oportunidad a la gente a que exprese la verdad que conoce.

La pregunta de Santiago es ¿está afligido alguno entre ustedes? ¿Cuál cree que fue la respuesta de todos cuando leyeron la carta de Santiago? Aquí todos estamos afligidos, estamos lejos de nuestra patria, lejos de nuestra familia, estamos sin trabajo, estamos con problemas como muchos de nuestros connacionales que se encuentran en el extranjero, en Europa, en Norteamérica y están afligidos porque se fueron en busca de un mejor futuro y encontraron que está mejor su pasado en su país y se encuentran sin empleo, discriminados a causa de su raza o de su condición económica o de su posición social. A estos que están afligidos hoy en día les recordamos lo que Santiago nos enseña. ¿Cuál es el consejo que da Santiago? Que oren. Cuando usted está afligido ¿qué tiene que hacer entonces? Orar y no tiene que ir y decir oren por mí.

Si usted está afligido lo que tiene que hacer es orar, pero ore usted. Usted es una persona que puede orar, que debe orar. Cuando se encuentra que va en su vehículo -como me tocó a mí hace varios años-. Venía de un campamento de jóvenes, de Monte Sión hacia la ciudad, ahí por Boca del Monte un autobús extraurbano, a eso de las 6 de la tarde, se pegó hacia el carril donde yo venía en una curva, lloviznando en ese ocaso de la tarde cuando no hay ni luz ni oscuridad sino una penumbra. De pronto vi que el autobús se me vino encima, ¿quién podía orar en este momento por mí?  Nadie.  Me pasó encima de mi vehículo y en ese momento lo que tuve que hacer fue orar, pero una oración de esas breves, rápidas: Señor protégeme, perdóname todos mis pecados. Cuando usted ve la muerte cerca siente que se va a ir y no va a entrar. Ahí tiene que ponerse a cuentas. En ese instante, le pasa por la mente una película de su vida en cosa de segundos.

¿Está afligido alguno entre ustedes? Que ore. Ese es el momento para orar, cuando a usted le llega la aflicción ore. Uno de los más grandes ejemplos de personas afligidas fue Jesús. Imagínese que Jesús sabía que tenía que llegar a ser capturado, condenado injustamente a la muerte y crucificado ¿Cómo se sentiría usted que le dijeran: Mire, esta semana lo vamos a crucificar, lo vamos a clavar en la cruz, lo vamos a desnudar delante de todo el mundo, lo vamos a coronar con espinas, nos vamos a burlar de usted delante de todos? La angustia llega al ser humano cuando sabe que viene una aflicción. Jesús supo lo que es la aflicción. Muchos hoy en día saben los que es esa aflicción, les mandan un mensaje: Ya sabemos donde vive, lo vamos a matar, vamos a matar a su hijo, vamos a torturar a su marido. Esas aflicciones llegan. Cuando Jesús se sintió afligido ¿qué hizo? Vamos a Mateo 26 y veamos lo que Jesús experimentó 26:36-40 que dice: “Luego fue Jesús con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní, y les dijo: «Siéntense aquí mientras voy más allá a orar.» Se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a sentirse triste y angustiado”. Por eso es que Jesús se compadece de nosotros. Él experimentó lo que es estar triste, angustiado, solo, traicionado, en medio de adversidades por hacer cosas buenas. Comenzó a sentirse triste y angustiado.

«Es tal la angustia que me invade, que me siento morir —les dijo—. Quédense aquí y manténganse despiertos conmigo.» Su usted alguna vez se ha sentido angustiado, tan angustiado que siente que se va a morir, Jesús sabe lo que usted siente. Por supuesto cuando llegan y le dan la noticia que su esposa apareció muerta. Su hijo está muerto, su mamá está muerta. Naturalmente que hay momentos que uno siente que se muere. Jesús sintió que se moría de la angustia.

Yendo un poco más allá, se postró sobre su rostro y oró: «Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.» No fue una oración rebuscada, no fue una oración con palabras muy rimbombantes, fue una petición que salió de su corazón, breve, concisa, al punto, a Dios. Alguien decía que las oraciones son como las flechas entre más encorvado esté el arco, más lejos llegan. A veces las  aflicciones hacen que nos encorvemos literalmente y nos postremos delante de Dios. En medio de esa angustia, lo que nos queda es orar y decir: Señor ¿qué hago? Las madres se postran a orar por sus hijos, los hijos se postran a orar por sus padres, pero no hay oración que salga más directa al Padre que aquella que sale de un corazón angustiado. Por eso es que la oración hecha por un justo, hecha directamente a Dios, tiene poder.

Luego volvió adonde estaban sus discípulos y los encontró dormidos. Ore caminando, ore de pie. Si usted se arrodilla junto a la cama, ahí se va a quedar dormido toda la noche. Aprendí que la oración más que una acción es una actitud, más que una postura física es un clamor del corazón. Y podemos orar una oración sencilla como la de Jesús: Señor, si es posible que no me tome yo este trago amargo, pero que se haga tu voluntad, Señor. A veces usted ora: si es posible que no agarren a mi hijo, si es narcotraficante. Pero a veces no es posible. En el caso de Jesús tomó el trago amargo y esto nos enseña que aunque la oración tiene poder, a veces no es respondida como nosotros queremos, si no se hace conforme a la voluntad de Dios nuestro Señor. Por eso dice que la oración nos fortalece para enfrentar la aflicción y esa es la oración en la que descargamos nuestras penas, nuestras preocupaciones a Dios nuestro Señor.

Cuando esté afligido ore. ¿Qué es orar? Sencillamente orar es hablar con Dios, no repetir oraciones aprendidas sino hablar espontáneamente lo que usted siente, lo que usted sufre, lo que usted necesita. Orar es hablar con Dios. Alguien decía: orar es como hablar por teléfono, aunque usted no mira a la otra persona sabe que lo está escuchando. ¿Cuántos saben que Dios escucha nuestra oraciones? por eso hay que orar. Es importante que conozcamos el poder de la oración, porque en medio de la aflicción eso nos va a ayudar. La oración es parte de la iglesia. A través de los siglos y sobre todo en los primeros siglos fue una iglesia que aprendió a orar. Como eran judíos los primeros cristianos, ellos tenían tres horarios para orar, por eso se habla mucho en el libro de los Hechos de los Apóstoles, la hora de la  oración. Daniel oraba tres veces al día, ¿por qué? Porque era judío. Y los judíos acostumbraban a tener horarios de oración, así como usted tiene horarios para desayunar, almorzar, para cenar, para merendar y comer cinco veces al día, igual debe ser con la oración, debemos tener horario.

Por supuesto que cuando hay aflicción se rompe el horario y lo hacemos en el momento que más lo sentimos. Es muy importante que nosotros oremos al Señor.

¿Sabe cuál es la peor oración? La que no se hace. Muchos cuando estamos afligidos corremos al abogado, corremos al médico, corremos al pariente rico, corremos a la policía, corremos por todos lados. Primero deberíamos correr a Dios, eso es lo primero. Ponga su aflicción en las manos del Señor. Ore a Dios, el Salmo 50: 15 dice “Invócame en el día de la angustia; yo te libraré y tú me honrarás

En Hechos 16:22 está el ejemplo de Pablo y Silas. Jesús es el más grande ejemplo y suficiente, aún cuando estaba a punto de morir, lo que hizo fue orar otra vez y no fue un discurso de oración, sencillamente dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Si usted sabe que se va a morir, ore de todos modos. Ore y diga, Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu y todavía dijo: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. La oración es importante en medio de la angustia. Hechos 16:22-26 dice “Entonces la multitud se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados mandaron que les arrancaran la ropa y los azotaran. Después de darles muchos golpes, los echaron en la cárcel, y ordenaron al carcelero que los custodiara con la mayor seguridad. Al recibir tal orden, éste los metió en el calabozo interior y les sujetó los pies en el cepo. A eso de la medianoche, Pablo y Silas se pusieron a orar…

Usted puede llorar todo lo que quiera, pero no se olvide de orar todo lo que pueda. Hay quienes son buenos para llorar, pero malos para orar. Ore, no importa que esté en la cárcel como estaba Pablo y Sillas. No importa que usted esté con los pies en el cepo. Ore, después que lo han azotado y después que lo han golpeado, torturado, ore, ore, ahí es cuando es necesario orar, eso fue lo que hizo Pablo y Silas. A eso de la media noche Pablo y Silas se pusieron a orar y a cantar himnos a Dios, y los otros presos los escuchaban. De repente se produjo un terremoto tan fuerte que la cárcel se estremeció hasta sus cimientos. Al instante se abrieron todas las puertas y a los presos se les soltaron las cadenas. Pero no solamente habla Santiago de orar, orar y orar en aflicción. Volvamos a Santiago 5:13: “¿Está afligido alguno entre ustedes? Que ore. ¿Está alguno de buen ánimo? Que cante alabanzas. A mí me sorprende Pablo y Silas, porque ellos no solamente estaban afligidos, somatados, sino que estaban de buen ánimo, porque estaban cantando.

Cuando usted está de buen ánimo debe cantar. Tal vez no lo haga como los cantantes profesionales, pero va a cantar de corazón, va poder alabar a Dios nuestro Señor. Y eso  es lo que dice: Está alguno de buen ánimo que cante alabanzas. La iglesia a través de los siglos ha sido una iglesia que ora, ha sido una iglesia que canta. Y es importante cantar, porque cuando nosotros estamos de buen ánimo y cantamos como que generamos una energía interior que nos hace sentir que podemos enfrentarnos al mundo, podemos enfrentarnos al pecado, podemos enfrentarnos al trabajo, podemos enfrentarnos a las dificultades y con la ayuda del Señor salimos vencedores.

Es importante cantar para cambiar el ánimo. Juvenal decía: Mente sana, cuerpo sano, si su mente está sana, su mente está positiva, su mente está entusiasta, su cuerpo va a estar sano y va a estar con una actitud buena. Norman Vincent Peale hizo famoso su libro del Poder del Pensamiento Positivo, tenaz y ¿quién era Norman Vincent Peale? Un predicador del Evangelio. Eso era, un Pastor que simplemente puso en blanco y negro lo que les estamos diciendo aquí, siempre a través de la predicación.

Con el poder de la oración, el poder de la canción, el poder de la fe, nosotros podemos hacer que nuestra mente tenga una actitud positiva. Y cuando usted en su mente piensa que puede, puede. Pero cuando usted en su mente piensa que no puede, no puede. ¿Cuántos saben que todo lo puedo en Cristo que me fortalece? Y Pablo lo dice en el contexto de la carta que le escribe a los Filipenses, Pablo está preso cuando escribe esa carta. Puedo estar en escasez, porque a veces nos toca estar en escasez, a veces nos toca estar apretados de plata, escasos de comida, con muchas limitaciones, pero Pablo dice: para todo he sido enseñado. Y también dice: en Filipense 4:12 “He aprendido a vivir en todas y cada una  de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. No importa la circunstancia, puede ser una circunstancia de adversidad o puede ser una circunstancia de prosperidad, pero en todo caso puedo vivir con las manos llenas de riquezas y puedo vivir con las manos llenas de pobrezas. No importa en qué circunstancias esté. Todo lo puedo en Cristo.

Acaba de publicarse un estudio que hicieron de todas las naciones de la Tierra en el que Guatemala ocupa el número 116 en subdesarrollo, en falta de educación, en falta de salud, en grandes limitaciones materiales, pero está entre los primeros 25 países del mundo que son los más felices de la Tierra. En Guatemala somos felices y saben ¿por qué dice el estudio que somos felices? Porque creemos que la fe en Dios es importante. También creemos en Guatemala que la familia es importante y que vale la pena trabajar pero sin sacrificarla y le damos importancia el estar con los hijos, con las suegras, con los suegros, con los abuelos, con todos. Nos importa la familia. Un día este país será desarrollado y ocupará los primeros lugares en el mundo, ojalá no nos olvidemos que lo más importante que es creer a Dios y cuidar la familia que Dios nos da, porque “herencia de Jehová son los hijos”. Y hemos aprendido a estar contentos y felices con lo presente.

No importa lo que pase, pero nosotros tenemos que aprender a ser de las personas que tenemos buen ánimo y cantar a Dios y darle gracias por todo lo que hace en nuestra vida. Proverbios 18:14 dice “En la enfermedad, el ánimo levanta al enfermo; ¿pero quién podrá levantar al abatido? El abatido es aquel que ya perdió todo ánimo, toda esperanza. Ese está deprimido, tiró la toalla. Pero cuando usted está enfermo, pero tiene buen ánimo se levanta. Está comprobado que los pacientes que tienen fe en Dios se recuperan mucho más rápidamente que los pacientes que no tienen fe. Por eso es importante que cuando entremos a una cirugía, si nos toca, cuando entremos a una dificultad, si nos toca, entremos con buen ánimo, porque -como dijo Pablo- podemos estar caídos pero no vencidos.

Pablo llegó a sufrir tanto. Para saber los sufrimientos que tuvo, basta con leer 2 Corintios 11:24-28 Cinco veces recibí de los judíos los treinta y nueve azotes. Tres veces me golpearon con varas, una vez me apedrearon, tres veces naufragué, y pasé un día y una noche como náufrago en alta mar. Mi vida ha sido un continuo ir y venir de un sitio a otro; en peligros de ríos, peligros de bandidos, peligros de parte de mis compatriotas, peligros a manos de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el campo, peligros en el mar y peligros de parte de falsos hermanos. He pasado muchos trabajos y fatigas, y muchas veces me he quedado sin dormir; he sufrido hambre y sed, y muchas veces me he quedado en ayunas; he sufrido frío y desnudez. Y como si fuera poco, cada día pesa sobre mí la preocupación por todas las iglesias”.

¿Habrá sufrido Pablo? Claro que sufrió, pero dijo: “Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia”. La muerte es ganancia. ¿Usted cree que aquí en la vida está recibiendo ganancias? Estas ganancias que recibe aquí no son nada comparadas con las que va a recibir cuando muera en la presencia del Señor, por lo tanto, nuestra actitud debe ser como la de Pablo en Romanos 8:35-39 “¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: «Por tu causa siempre nos llevan a la muerte; ¡nos tratan como a ovejas para el matadero!» Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor”.

Esto debe ayudarnos a tener buen ánimo ante las dificultades, ante los problemas. Por eso es importante que si estamos de buen ánimo cantar, y si  estamos angustiados orar. Y sigue diciendo Santiago 5:13-16 ¿Está afligido alguno entre ustedes? Que ore. ¿Está alguno de buen ánimo? Que cante alabanzas. ¿Está enfermo alguno de ustedes? Haga llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. La oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará. Y si ha pecado, su pecado se le perdonará. Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz.

Todos o la gran mayoría de nosotros alguna vez estuvimos muy enfermos y el Señor nos dio sanidad. Si usted padece de alguna enfermedad, pues confíe en Dios nuestro Señor, Él le va a dar sanidad y si no le sana y se muere, mejor sanidad que esa no hay. Porque todo enfermo que sana, se muere, se lo repito, todo enfermo que sana, de morirse tiene. Si no se muere de la enfermedad por la que oramos ahorita, se va a morir de otras cosas, pero de morirse tiene. Más vale que prepare su testamento, más vale que tenga sus papeles en orden, más vale que ame a su gente que quiere hoy, porque no hay ninguna seguridad que mañana vamos a estar vivos. Mañana puede ser demasiado tarde. Dios tiene poder para sanarlo, pero si no se muere de esta se va a morir de otra. Lo importante no es que sane ahorita de su enfermedad, lo importante es que usted se arrepienta de sus pecados y conozca a Jesús como su Señor y Salvador personal, para que cuando se muera  salga hacia la misma presencia de Dios. Más importante que sanar de una enfermedad es recibir el perdón de pecados y reconocer a Jesús como nuestro Señor y Salvador personal.

Por eso es que nada nos podrá apartar del amor de Cristo, porque nos podrán matar, pero como dijo Jesús: No teman a los que matan el cuerpo, teman a aquel que puede matar el alma. Cuando usted cree en Cristo, usted tiene vida eterna y seguro va a estar en la presencia del Señor. Veamos qué aprendemos de Santiago sobre el orar por los enfermos. En el nuevo testamento los ancianos eran los encargados de gobernar las iglesias y también se utiliza la palabra obispo para designarlos, que  conlleva el concepto de supervisor. Ellos debían orar por los enfermos y ungirlos con aceite en el nombre de Jesús. Pero recuerde que orar en el nombre de Jesús conlleva la autoridad de Jesús mismo. Dice Marcos 16 sobre lo enfermos pondrán las manos y ellos sanarán. Cuando usted va a poner las manos sobre un enfermo, es como si Cristo mismo estuviera poniendo las manos sobre ese enfermo. No importa quién sea usted, usted puede ser un chiclero, un atolero, un sastre, un mecánico, un militar, un médico, un ingeniero, un diputado, un Presidente de la República, pero si usted cree en el nombre de Jesús y pone las manos sobre un enfermo es como si Jesús mismo estuviera poniendo las manos ahí y ese enfermo va a recibir del Señor la sanidad.

No tiene que esperar a que venga el ungido de Dios, porque el ungido de Dios es Jesucristo y nosotros somos el cuerpo de Cristo. La iglesia es el cuerpo de Cristo y nosotros somos el cuerpo de Cristo. Somos las manos los pies de Cristo, cuando vamos nosotros es como que fuera  Cristo mismo en nosotros a llevar paz, seguridad, sanidad a la gente necesitada. Cuando usted va en el nombre de Jesús, Jesús vas con usted. No importa que usted se mire como un vaso de oro o un vaso de plata o un vaso de plástico o un vaso de barro, lo que importa no es el vaso, es el jugo que va adentro lo que importa y lo que llevamos nosotros adentro es la esencia misma del Señor, es la presencia misma del Señor en nosotros. Por eso dice la que es Cristo en nosotros la esperanza de gloria.

Hermanos, Guatemala tiene que transformarse, no solo empezar a ocupar los primeros lugares de ser uno de los países más felices y contentos del mundo, sino ser un país desarrollado, un país prosperado, un país pacificado, un país en paz, porque nosotros llevamos adentro a Cristo y esa es la esperanza de gloria. En el nombre de Jesús oramos por un enfermo, lo ungimos con aceite y ese enfermo tiene que recibir del Señor la sanidad. No es el vaso el que importa, no soy yo lo que importa, lo que importa es Cristo, a Él le conviene crecer y a mí menguar, por eso es importante seguir el consejo de orar. El versículo 15 de Santiago dice: La oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará. Es el Señor que lo levanta, el aceite no tiene nada de mágico Y aquí es importante decir algo, el aceite es para ungir a los enfermos y no para ungir a las casas, los carros, los maridos borrachos. No es así la cosa, el aceite en el Nuevo Testamento se usa para ungir a los enfermos.

El aceite no es mágico, el poderoso es Cristo Jesús, Él es el Todopoderoso, el tiene todo poder. Vale la pena notar que lo dice el versículo de ungir con aceite a los enfermos, porque el sacramento de la unción es importante por su transfondo, es importante que usted lo aprenda. El aceite de la unción en el Nuevo Testamento es para sanación, no para prepararlo como un apresto para la muerte. Vamos los versículos 15-16: Y si ha pecado, su pecado se le perdonará. Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz.

El pecado sí puede producir enfermedades, pero no es la causa de todas las enfermedades. Si usted se emborracha seguido, lo más seguro es que va a tener cirrosis, va a tener problemas de salud, Si usted es una persona que no come si no yanta va a tener problemas estomacales, va a tener problemas del corazón. Si usted no escoge lo que come, pues hay enfermedades que van a ser consecuencia de esa gula, la gula es una obra de la carne, es un pecado. La glotonería es tan grave como la hechicería. No toda enfermedad es causas del pecado, es decir, toda enfermedad es consecuencia del pecado, pero del pecado de Adán, porque el plan de Dios era que fuéramos sanos siempre, perfectamente sanos, pero Adán pecó y al pecar adán entonces entró el pecado y como consecuencia las enfermedades.

También debemos orar unos por otros, oremos unos por otros, todos podemos hacerlo, la oración del justo es poderosa  y eficaz.  

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La fe viene por el oir…

 

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