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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Cuando voy a predicar alrededor del mundo, una de las cosas que ocurren es que uno se encuentra con diferentes culturas. Me acuerdo cuando empecé a viajar por el continente asiático, especialmente, cuando fui para la India, China, me empecé a preguntar ¿cómo puedo comunicar principios bíblicos de mayordomía, de administración económica que hay en la Biblia, con culturas que son tan diferentes? Estaba orando al Señor y el Señor me mostró que cuando hablamos de principios bíblicos en las finanzas, para cada principio bíblico de finanzas existe un asunto del corazón que está relacionado con algo dentro de nuestra propia vida. Son como si fueran un espejo el uno del otro, por ejemplo: ustedes conocen el principio bíblico que dice que todo es de Dios. Dios es el dueño de todo y nosotros somos sus administradores, ese es el principio bíblico, pero el asunto del corazón -que es el espejo de este principio bíblico- es el asunto de la entrega. Sí, Dios es el dueño de todo, pero yo tengo que entregar y si no entrego, entonces no aplico el principio de la Palabra de Dios a mi vida. Por ejemplo, en el tema de las deudas, yo he notado que el principio bíblico de las deudas es que Dios nos quiere libres, Dios quiere que nosotros seamos un pueblo libre, el libro de los Proverbios dice que el rico se enseñorea de los pobres y el que pide prestado es esclavo del que presta.

Dios quiere que nosotros no seamos esclavos de los bancos sino que seamos esclavos de Jesucristo. Dios nos quiere libres de deudas, ese es el principio bíblico, el asunto del corazón es la confianza, ¿Por qué? Porque muchos de nosotros nos metemos en deuda, porque no confiamos que Dios puede proveernos todo lo que nosotros necesitamos o las cosas que nosotros le pedimos de acuerdo a sus riquezas en gloria.

Cuando no esperamos la provisión de Él, cuando no confiamos en su provisión, empezamos a confiar en nuestra propia provisión y nuestra capacidad de endeudamiento y así es como nos metemos en problemas. ¿Se da cuenta? Cómo para cada principio de la Palabra existe un asunto del corazón y yo me di cuenta que a pesar de que hablamos diferentes idiomas o nos vestimos de forma distinta o vivimos en lugares tan distintos como Guatemala, Estados Unidos, Pakistán, Ukrania o Sudáfrica, el corazón del hombre es el mismo alrededor del mundo, y cuando hablamos los asuntos del corazón, entonces nos entendemos.

Por eso yo quiere referirme a este tema de la entrega. En este fin de semana hemos estado dando una mirada a un libro que acabo de publicar en mayo que se llama “La mujer que prospera”, y con las mujeres vimos la primera parte del libro que tiene que ver con la relación de pareja, luego también les animamos a que estudien el tema de la microempresa, ese  el tema número dos del libro. El tema número tres es “Cómo crear una generación más próspera que la nuestra”, y eso lo hicimos el día de ayer trabajamos con los jóvenes adultos. Les hablamos a estos chicos como a nuestros propios hijos, luego también hablamos de la generosidad, la importancia de ser generosos y esta mañana les vamos a estar hablando sobre el final de este libro que tiene que ver con el tema de la entrega, porque el pasaje de Proverbios 31 que es donde está basado todo el libro de la “Mujer que Prospera”, es un estudio verso por verso del pasaje sobre la Mujer Virtuosa, visto desde un punto de vista económico, y el final, final, de ese pasaje dice: La mujer que teme a Jehová, esa será alabada.

Hace algún tiempo atrás, estaba viendo un libro juntamente con mi esposa que se llama justamente “Entrega”, lo escribió Nancy Lee de Moss, ella es hermana carnal de una amiga nuestra que nos hizo llegar el ejemplar, para que le diéramos una mirada. Hizo un impacto tremendo en nuestra vida, algunas de las cosas que voy a compartir con ustedes hoy son el resultado del impacto de este libro en nuestra vida personal. Ella cuenta la historia del último soldado japonés en rendirse después de la segunda guerra mundial. Este soldado se llamaba Hiroo Onoda. Ocurrió en las Filipinas, finalmente se entregó a las fuerzas aliadas en ese país el 30 de marzo de 1974, treinta años después de que la segunda guerra mundial había terminado.

Lo mismo ocurre con los cristianos. La guerra por nuestra salvación puede que haya terminado, pero muchos de nosotros todavía tenemos ciertas áreas en nuestra vida que nos cuesta entregar totalmente en las manos del Señor. Y eso es muy obvio, especialmente en el área de las finanzas, en el área de los negocios. Nosotros le decimos: Señor, tú eres el Rey de reyes y Señor de señores, pero el dinero es mío. Señor, tú reinas en el universo, pero yo manejo mi empresa, porque yo sé cómo manejarla, porque yo sé cómo se manejan las cosas aquí en Guatemala. Tenemos ciertas dificultades para entregar ciertas áreas de la vida y el Señor quiere que tú pienses en las que todavía estás luchando, después de que la guerra de la salvación ha terminado. Me gustaría que juntos vayamos al libro de San Marcos 8:34-35  “Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará (VRV60)”.

El concepto de la entrega y de entregarse completamente a Dios está ubicado en el mismo corazón del conflicto de las edades. En el centro de los problemas en el universo. Por ejemplo: el primer acto de Dios que conocemos en las Escrituras, fue un acto en el que Dios demostró su dominio y su control sobre el universo. Él dijo: sea la luz”, el universo obedeció y la luz fue hecha. Cuando el universo obedece a Dios, la naturaleza se siente satisfecha, saciada, hay una satisfacción en obedecer a Dios. Dice el Salmo 104:13,28 dice por ahí: “El riega los montes desde sus aposentos; del fruto de sus obras se sacia la tierra”. “Les das, recogen; Abres tu mano, se sacian de bien”.

El problema vino con Satanás, que no quería entregarse a  la voluntad de Dios. Tenía un serio problema, no quería subordinarse a Dios, no quería entregarse a Él, por eso en Isaías 14:12-13 dice “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono”.

El problema de Satanás era un problema de sumisión, de someterse a la voluntad de Dios en su vida. Nosotros tenemos un problema similar, especialmente en nuestras iglesias, el Pastor Joseph Sun, pastor rumano, dice que nosotros en los últimos 50 años en la iglesia alrededor del mundo, hemos cambiado la forma de presentar el Evangelio. Muchas veces escuchamos algunos predicadores hablar de que la gente tiene que hacer un compromiso con Dios. “Ven y haz un compromiso con Dios, comprométete con Jesucristo”. Comprometerse es muy diferente de entregarse. Uno no necesita comprometerse con Dios, tú necesitas entregarte a Dios, hay una diferencia entre compromiso y entrega. Compromiso significa: Yo me involucro a mi mismo para hacer algo por ti, prometo hacer algo por ti”. Eso es compromiso. Entrega es muy diferente, entrega dice: “Yo me rindo y tú tomas el control, tú dispones de mí, de la manera en la que mejor te parece”. Y el día de hoy nosotros necesitamos hombres y mujeres cristianos que se entreguen a Jesucristo, no que hagan un compromiso solamente con Él.

Inclusive en el liderazgo, muchas veces nos referimos a que somos siervos de Jesucristo, sin embargo, en la Palabra de Dios hay dos palabras diferentes que hablan de la palabra siervo. Una es diákonos, para referirse al que sirve, es el que sirve la mesa, es el que trae la bebida, el mozo, el mesero. Empero, cuando Dios habla de como nos quiere, no habla de diákonos, habla de una palabra que se llama doulos, que es el esclavo más bajo en la escala social, éste es un esclavo que no tiene posibilidad de ser libre, es un esclavo que ha decidido vivir con su maestro, con su jefe, con su dueño, con su señor por el resto de su vida. Se le hacía una marca en el lóbulo de la oreja y ese esclavo marcado no podía ser libre nunca jamás, no podía ser comprado, no se le podía dar la libertad, era el estrato social más bajo. Cuando Dios nos quiere a nosotros como líderes, como miembro de su familia, nos quiere como doulos, como esclavos de Jesucristo. San Pablo decía yo soy esclavo de Cristo. Lo que pasa que eso de esclavo no nos suena muy bien, siervo suena mejor, claro como si fuera más sofisticado, acá viene el Dr. Panasiuk, el siervo del Señor. Es mucho mejor que el esclavo. Pero tenemos que entender que somos eslavos de Cristo.

Los fundadores de Cruzada Estudiantil para Cristo, Bill y Bonnet Bright hicieron un contrato con Dios en el año de 1951, ellos le dijeron al Señor: Nosotros nos comprometemos el día de hoy a ser tus esclavos, vamos a ser tus esclavos por el resto de la vida. Por esto Bill Bright en su testamento escribió que cuando falleciera que lo enterraran en una tumba sin nombre, como el soldado desconocido, porque decía que no merecía nada, “Soy un esclavo y el esclavo más bajo al servicio del Señor y no quiero que la gente venga más adelante y ande rindiendo honores al lado de mi tumba. Yo fui un esclavo de Jesucristo y quiero que aquí me entierren”, escribió.

Oswald Chamber, en su libro “En pos de lo supremo (ya traducido el título al  español) dice: “La entrega no es la sumisión de la vida externa, sino la subordinación de la voluntad,  cuando eso ha sido hecho, todo ha sido hecho”. Existen muy pocas crisis en la vida, sin embargo, la gran crisis es la entrega de la voluntad. Debemos aprender a entregar totalmente al Señor Jesucristo toda nuestra voluntad, todas nuestras áreas de nuestra vida, inclusive nuestra propia vida.

En la base de las Torres Gemelas en Nueva York, hay una placa que dice: “Todos entregaron algo, algunos lo entregaron todo”. Y el Señor Jesucristo el día de hoy está buscando que tú le entregues todo en  tu vida. ¿Qué es lo que tienes que entregarle al Señor? ¿Cuál es la batalla que todavía estás luchando en tu propia vida? El área de las finanzas es el área más obvia. Hace algunos años atrás me tocó visitar este país y me dijeron que un empresario quería ser mi chofer, me extrañó, porque generalmente ellos mandan a su piloto a que sirva, ¡pero él! Bueno, acepté. Me llevó por todas partes un día sobre la carretera al pasar por un lugar me dijo: soy miembro de ese club, pasemos y tomemos un café.

Platicamos y en una de esas me dice que está hasta el cuello de deudas, que tanto él como su esposa están estresados por la situación económica en la que se encuentran. Le pregunto como está su activo, su pasivo y en eso aparece un edificio totalmente vacío que está construido de calle a calle, así de grande. Y cuando le pregunto sobre este inmueble me dice que es su sueño, que desde pequeño soñó con tener su fábrica que pondría en ese edificio, sueño que forjó cuando era un niño pobre que ayudaba a su casa lustrando zapatos a ejecutivos y pensaba que un día iba a ser como ellos. Pero no funcionaba la idea, a pesar que había viajado a varios países. No acostumbro a decirle a la gente que atiendo qué debe hacer, porque es igual, al salir de la oficina hacen lo que quieren. De ahí nos fuimos a un servicio. Estaba sentado en primera fila y estaba escuchando el tema de la entrega.

Cuando llegó a su casa,  no lo supe sino hasta mucho más adelante, él se fue a su habitación, se arrodilló al lado de la cama y le dijo al Señor: Padre, tú sabes que yo te he dado mi vida y tú sabes que todo lo que tengo es tuyo, excepto la fábrica, esa es mía, ese es mi sueño, pero hoy me he dado cuenta que también te lo tengo que entregar a ti. Poco después se reunió con sus acreedores y les pidió que lo dejaran libre de las deudas y les entregaba el edificio que sobrepasaba el precio a lo que debía,  dejándoles inclusive las ganancias de la venta. Al buen tiempo hubo crisis económica en el país y él logró vender más que todos, vendía más barato que la competencia, porque no tenía deudas, el negocio se expandía.

Dios no necesita una economía próspera para bendecir a su gente, es verdad lo que dice Proverbios: “Fíate de Jehová, con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia”. Uno tiene que aprender a entregar al Señor. ¿Qué tienes que entregar al Señor? Mi amigo tuvo que entregar su sueño, su empresa, ese edificio, pero sobre todo tuvo que entregar su sueño, ¿qué tienes que entregar tú al Señor? ¿Qué batalla estás luchando, qué parte de tu vida no le has dado al Señor? Hoy te voy a dar la oportunidad que lo entregues al Señor.

Jim Elliot al finalizar sus estudios su padre quería que fuera un próspero comerciante y que se encargara de sus negocios. Pero el joven profesional escogió hacerse cargo de los negocios del Padre que está en los cielos. Y quería ser misionero en Latinoamérica, precisamente en Ecuador, evangelizar una tribu de indígenas llamados Aucas. Se fue junto con otros cuatro compañeros jóvenes y al llegar fueron muertos. ¿Cómo un joven con un potencial económico,  podía haber crecido y ser famoso, tener grandes empresas y ahí estaba su vida perdida? Pero lo que es pérdida a los hombres, es ganancia para Dios, porque Él sabe  cambiar las derrotas en victorias. Cuando llegó la noticia del martirio a los Estados Unidos provocó una gran ola de misioneros, miles de miles de jóvenes decidieron entregar sus vidas al campo misionero, inclusive muchos de ellos vinieron a Guatemala. Fueron al África haciendo y plantando iglesias. La esposa y hermana de Jim decidieron llegar a la región de los Aucas a trabajar con ellos, a ministrarlos. Muchos de ellos se convirtieron en elevados porcentajes, uno que participó en la muerte de los cinco misioneros es un gran pastor hoy.

¿Qué es lo que tú necesitas entregar al Señor Jesús para que Él lo use y seas salvo en tu vida? ¿Qué necesitas entregarle a Él? Cuando buscamos un ejemplo de cómo deberíamos entregarnos a Dios, debemos mirar al Señor Jesucristo que es nuestro mejor ejemplo. Filipenses 2:5-8 la palabra de Dios diceHaya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó ser igual a Dios como cosa al que  aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo y hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de Cruz.

En el eterno pasado, la segunda persona de la Trinidad se entregó a la voluntad de la primera, eso es profundo. Él entregó presencia, poder, posición y prestigio. Mucha gente dice que los judíos mataron a Jesús, otros sostienen que fueron los romanos, eso no es verdad, ni los judíos mataron a Jesús, ni los romanos mataron a Jesús, nadie mató a Jesús. Él entregó su vida en un acto de su propia voluntad, Él se entregó a sí mismo por su propia voluntad. Recuerde que San Juan estaba al lado de la cruz cuando Jesús murió y si usted va al libro de San Juan 19:30 allí dice:Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu”.

Él entregó su vida por la tuya y por la mía de su propia voluntad. Alguien tenía que morir por tus pecados. Yo siempre le digo a la gente, sabe ¿quién es el culpable de tus pecados? Jesucristo, porque la Palabra de Dios en el Libro de Isaías 53 dice que Dios lo hizo a Él culpable por nuestras transgresiones. El justo murió por los injustos y en la cruz del Calvario llevó la culpa de tu maldad y de la mía. ¿Para qué? Para que nosotros podamos ser limpios de nuestros pecados, ser presentados santos delante de Dios y podamos ser declarados limpios delante de Dios, para ser hechos sus hijos. Jesucristo de su propia voluntad entregó su vida por la tuya.

¿Qué necesitas entregar a Dios? ¿Necesitas entregar a tus hijos, necesitas entregar a tu familia? Eso es algo que todavía no le has entregado, tus sueños, quizá tu negocio, le has entregado todo al Señor, pero tú estás manejando tu negocio como a ti te parece, tu pena, tus sufrimientos, tu inseguridad. Es interesante notar que al final de cuentas, Jesucristo lo entrega todo y después lo recibe todo de vuelta. En el Libro de Filipenses 2: 9-11 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre,  para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. Y en Apocalipsis 11:15 dice “El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos”. Después que Él lo entregó todo, lo recibe todo.

Él toma todas las cosas, se da media vuelta y se lo entrega nuevamente a su Padre celestial. Mire lo que dice 1 Corintios 15:24 Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies”. Versículo 28 “Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos”.

Cuando Él recibe todos los dominios, toda autoridad, todo lo que hay en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, el Hijo mismo se dará vuelta y se sujeta nuevamente a la autoridad de su Padre celestial. ¿Qué necesitas sujetar a la autoridad de Dios? ¿Tu ministerio? ¿Es tuyo en vez de Él? ¿Tu negocio, tu vida personal, tu familia, tu esposa, tus sueños? ¿Qué necesitas entregarle a él?

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