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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Cuan bueno y cuan agradable es que los hermanos convivan en armonía, sin embargo, como peleamos. En los hogares pelean los niños aunque son hermanos, pelean los padres aunque se aman y por eso se casaron, pelean los vecinos aunque se pusieron de acuerdo para comprar juntos, pelean los miembros de las células, pelean los diputados en los congresos, pelean los estudiantes en las escuelas, pelean los Estados Unidos contra Afganistán. Todos pelean. Cuando de niño a veces peleaba con mis hermanos o con mis primos, la abuela nos sentaba y nos decía: lean Santiago 4:1-3 que dice  “¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos? Desean algo y no lo consiguen. Matan y sienten envidia, y no pueden obtener lo que quieren. Riñen y se hacen la guerra. No tienen, porque no piden. Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones”.

Santiago le escribe a los judíos cristianos que están dispersos por todo el Imperio Romano y les dice que están peleando y les pregunta de dónde surgen todas estas riñas entre ellos, siendo judíos de la misma raza, siendo cristianos de la misma religión y siendo objeto de la misma persecución. Lo que ocurría es que llevaban una vida egoísta y la vida egoísta solamente piensa en sí mismo, como diría Curzio Malaparte: “la nariz es la frontera de su piel, no piensan más allá que en sí mismos”, el egoísmo los hace incumplir con la fraternidad, con la hermandad, con la cristiandad, con el altruismo. Dice que deseaban tener y envidaban al que tenía y estaban dispuestos a hacer lo que fuera con tal de obtener sus deseos. El placer humano o la voluntad divina ¿qué escoge usted?

¿Es nuestro propósito en la vida someternos a la voluntad de Dios o gratificar nuestros propios deseos con los placeres de este mundo? Nosotros tenemos que cuidarnos, porque fácilmente nos enamoramos de las cosas del mundo y nos olvidamos del creador de las cosas del mundo. Nos enamoramos del carro, en vez de enamorarnos del Dios que nos dio el poder para inventar el carro y para utilizarlo. Nos enamoramos de las joyas, en vez de enamorarnos de aquel que es el dueño del oro y la plata. Se nos olvida que  es conveniente para nosotros mismos estar enamorados de Dios, que estar enamorados de las cosas. Me gusta recordar que las mejores cosas de la vida, por lo general, no son siempre cosas, son personas y la mejor persona con la que debemos estar bien conectados es con Dios.

Así que es nuestro propósito en la vida someternos a la voluntad de Dios o gratificar nuestros propios deseos con los placeres de este mundo. La causa raigal de los conflictos en este mundo, es el deseo. Filón señala que los diez mandamientos culminan con la prohibición de la codicia que es el deseo, porque es el peor de todas las pasiones del alma, porque las guerras famosas por lo trágicas, han surgido de esa fuente, ya sea por dinero, gloria o poder. La famosa guerra de Troya, una guerra interesantísima, porque surge precisamente por el deseo de un hombre de tener a la mujer de otro hombre, por Helena ¡Ah! a lo mejor usted sufre de las mismas porque desea a la mujer de otro, al hombre de otro.

La Biblia dice que el que mira a una mujer para codiciarla en su corazón, ya adulteró. Por qué tanto asalto, tanto robo, tanto secuestro, por qué tanto pleito en nuestra sociedad, es por eso, por las codicias, los deseos. Las cosas no se resuelven aumentando los bienes a los hombres y mujeres, sino reduciéndoles los deseos. Platón afirma: la única causa de las guerras, las revoluciones y las batallas no es otra cosa que el cuerpo y sus deseos. Cicerón señala “son los deseos insaciables los que trastornan no sólo a los individuos sino también a familias enteras, y aún hacen caer al Estado”. De los deseos surgen el odio, los cismas, las discordias, las sediciones y las guerras. Cuando Jesús enseñó la parábola del sembrador, dijo que una parte de la semilla cayó junto a espinas, crecieron luego las espinas y  ahogaron la semilla y no dio fruto. En Lucas 8:14 explica lo que eso significa, dice que las espinas cuando crecen ahogan la semilla, éstas representan las riquezas y los placeres de esta vida, que se combinan para ahogar la semilla de la palabra de Dios.

Dios no se opone a que usted tenga comodidades, no se opone a que usted tenga riquezas, pero si se opone a que estas capturen su atención, su preocupación y el amor suyo se dedique a las cosas en vez del Señor, el dador de las cosas. La opción final en la vida está entre agradarse a uno mismo o agradar a Dios. Tenemos que hacer las cosas de tal manera que agrademos a Dios.

La codicia hace que los hombres se lancen unos contra otros, los deseos básicos son dinero, poder y prestigio, bienes terrenales, gratificación de los apetitos físicos. Al luchar todos por las mismas cosas, la vida se convierte en un campo de combate. Todos contra todos, peleando unos contra otros, porque todos quieren lo mismo. La guerra se vuelve tan intensa que una persona quiere un proyecto del gobierno, porque sabe que si le asignan ese trabajo puede hacer mucho dinero, pero también hay otro que quiere lo mismo, entonces esas codicias y deseos obligan a las diferentes personas a pelearse para obtenerlo y para lograrlo corrompen al Estado, se corrompen ellos mismos y finalmente si no tienen lo que quieren, matan o con la lengua desprestigian a la competencia o con las balas matan a la competencia. ¿Por qué? Por los deseos.

La codicia de placeres conduce a los hombres a obras vergonzosas como la envidia, los celos, la enemistad y hasta el asesinato. Los pasos en este proceso son muy simples y muy terribles. El hombre desea algo, un puesto, un bien, un placer, una posición, ese alguien empieza a dominar sus pensamientos y así se encuentra pensando involuntariamente en eso mientras está despierto, y soñando con ello mientras está dormido. Nace lo que ha sido llamado una pasión dominante, que se vuelve una obsesión que lo lleva a trazar planes y proyectos para obtener lo que desea. Al principio el deseo es sólo un sentimiento, pero con el tiempo se convierte en acción. Y ese deseo llevado a la acción es lo que hace que el hombre se encuentre en pleitos, en envidias, en litigios, en  conflictos, en secuestros, en crímenes de toda clase.

Por eso Santiago nos dice: ustedes piden, pero no reciben, porque piden mal para gastar en sus propias pasiones. Debemos recordar que el verdadero propósito de la oración es decirle a Dios como Jesús dijo en el Getsemaní - cuando se encontraba bajo tal angustia que derramaba gotas de sudor como gotas de sangre, Él sabía que le esperaba la cruz - Señor si es posible que pase de mí esta copa, que se haga conforme a tu voluntad y no conforme a la mía. Si nosotros, la mayoría, queremos que las cosas se hagan como queremos, oramos a Dios y le decimos lo que queremos y de una vez le damos instrucciones de cómo debe  hacerlo, en vez de pedir y decir: Señor que se haga tu voluntad.

Santiago 4:4-6 sigue diciendo “¡Oh gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios. ¿O creen que la Escritura dice en vano que Dios ama celosamente al espíritu que hizo morar en nosotros? Pero él nos da mayor ayuda con su gracia. Por eso dice la Escritura: «Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes»”. Amaban al mundo, por lo tanto eran enemigos de Dios. ¿Usted quiere ser enemigo de Dios? Nadie quiere ser enemigo de Dios, Él tiene todo el poder para destruirnos y tiene todo el poder para bendecirnos, sin embargo, a sabiendas de eso nos convertimos en amigos del mundo, y no me refiero al plante Tierra, al cosmos, a este sistema de pensamiento, de actuar, de hacer en donde a lo malo se le dice bueno y a lo bueno se le dice malo, en donde cuando más cruel es usted, es más admirado. Las principales novelas que hay en las televisoras de Latinoamérica hoy en día, son novelas en donde se está exaltando que lo malo es bueno. Ser un capo, ser un mafioso, ser un criminal, está siendo exaltado, y la gente empieza a amar más  al mundo. Cuando usted está enamorado de una persona, usted no quiere compartir a esa persona con todo el mundo. Usted se enamora, quiere estar con esa persona la mayor parte del tiempo. Usted no se enamora y tiene tres novias al mismo tiempo.

Todos alguna vez hemos sentido celos de ver que nuestro gran amigo anda con otros amigos y les dedica tiempo o más tiempo que a nosotros. ¿Estaría dispuesto usted a que a su esposa a quien ama tanto pasara una noche con cada uno de sus amigos? Por muy buenos amigos que seamos, no. Dios nos ama tanto que no quiere compartirnos con el pecado del mundo. Jeremías 3:20 dice “Pero tú, pueblo de Israel,  me has sido infiel como una mujer infiel a su esposo», afirma el Señor”. Y aquí no se hace referencia al adulterio físico, sino al adulterio espiritual. Todo el concepto está basado en la idea del Antiguo Testamento que presenta a Dios como esposo del pueblo de Israel, y a Israel como a la esposa de Dios. Significa que desobedecer a Dios es igual que quebrantar los votos matrimoniales, significa que todo pecado es pecado contra el amor, significa que nuestra relación con Dios no es como el distante vínculo de un rey con un súbdito, o de un amo con un esclavo, sino semejante a la íntima vinculación del esposo con su esposa.

Usted puede tener mil amigos, quinientos empleados, diez mil conocidos, pero nunca va a tener la misma vinculación que tiene con su esposa, esa misma relación es la que tiene Dios con su Iglesia, significa que pecar es ser infiel al amor y que al pecar quebrantamos el corazón de Dios, así como el corazón de uno de los cónyuges es quebrantado cuando uno de ellos deliberadamente lo abandona.

¿Cómo estará el corazón de Dios cuando nosotros decimos que somos su esposa, que somos la novia del cordero y andamos infielmente con otros en esta tierra, que andamos haciendo precisamente lo que no le agrada  a Dios por agradarnos a nosotros mismos? Cuando pecamos el corazón de Dios se duele, cuando pecamos el corazón de Dios se quebranta, sufre porque nos ama, celosamente nos ama y quiere para nosotros el bien.

1 Juan 2:15-17 dice que “No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre.  Porque nada de lo que hay en el mundo —los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida— proviene del Padre sino del mundo. El mundo se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. Todo en este mundo se acaba, usted ve a una persona arrogante ¿por qué? Porque alcanza un título, un puesto, adquirió una posesión, porque aumentaron sus bienes, etc. He visto arrogantes y después los he visto agonizar y darse cuenta que aquello no era lo importante. El cuerpo es más que el vestido y la vida es más que la comida. Las cosas de este mundo son temporales, por eso en Éxodo 20 dice en el versículo 5 - la primera parte-  “No te inclines delante de ellos ni los adores. Yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso”. Así como una señora no quiere que su esposo se ande quedando en otras casas, en  distintas noches a la semana, tampoco quiere Dios que usted se ande quedando con otros dioses. Usted puede ser rico pero no adore la riqueza, adore a Dios que le da el poder para tenerlas. Él es quien merece nuestra devoción, nuestro amor, nuestra vida.

Dice Santiago 4:7-8 “Así sométanse a Dios. Resistan al diablo y el huirá de ustedes, acérquense a Dios y Él se acercará a ustedes. ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón! reconozcan sus miserias y oren y laméntense”. Jesucristo lo puso en una forma muy fácil de entender. Dijo en Mateo 6:24 “»Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas»”. Usted no puede permitir que las cosas del mundo lo sometan y usted viva para servir a las cosas. Si Dios le ha dado la oportunidad de tener una finca con mil cabezas de ganado, pues que la finca le sirva y no usted a la finca. Que el ganado le sirva y no usted al ganado. Que el carro que Dios le dio le sirva, y no usted al carro.

Dios nos da todas las cosas para que las disfrutemos y las compartamos, no para que las sirvamos. Las cosas son para que nos sirvan y para que con ellas sirvamos a Dios, al prójimo, porque toda la ley se cumple en este mandato: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo.

Dios nos dice que nos amemos a nosotros mismos, pero también que en el mismo nivel en que nos amamos debemos amar al prójimo y si amamos al prójimo no van haber pleitos, celos, envidas, conflictos… ¿Por qué?  Porque vamos a honrar a los demás como nosotros queremos ser honrados. Vamos a tratar a los demás como queremos ser tratados, esa es la regla de oro de Jesús, traten a los demás hombres como quieren ustedes ser tratados. La humildad, el contentamiento y el gozo  por el bien de los demás.

Pastor, me han dicho, venga a bendecir mi casa. Miro una casa preciosa, hermosa, muebles lindos, modernos, un lugar muy exclusivo y residencial. Jamás he sentido envidia porque un hermano prospere, al contrario, Señor haz que todos mis hermanos sean bien prosperados, bien millonarios, al final, nadie tendrá envidia de la casa donde yo vivo. Quiero que todos tengan un carro precioso, al final nadie va a tener envidia por el carro que yo manejo. Que todos tengan una esposa buena, servicial, diligente, sumida, virtuosa, al final nadie va a tener envidia de la mía.

Tenemos que alegrarnos del bien ajeno, tenemos que alegrarnos de la prosperidad ajena. Yo he pedido por años al Señor que bendiga a todos los pastores de Guatemala y Latinoamérica y que les dé congregaciones grandes y templos preciosos para que puedan decir: gracias al ejemplo que nos dio el Pastor Jorge, gracias a la inspiración que nos dio, miren ahora lo que tenemos nosotros. Bendito sea el Señor. Si lo que yo quiero para mí, lo quiero para otros, dando es como recibimos.

Por eso es tan importante entender esta verdad, tenemos que someternos a Dios, no podemos someternos a Dios y al diablo al mismo tiempo. Cuando nos sometemos a Dios y resistimos al diablo, él huirá de nosotros, porque no nos puede enamorar hacia el mal con la tentación, porque estamos contentos con el amor que Dios nos da. ¿Será mejor lo que le va a dar el diablo, de lo que Dios le da? No. Jamás, pero a veces somos necios, caemos en el pecado. Por eso dice: ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón! reconozcan sus miserias y oren y laméntense, Que su risas se convierta en llanto, y su aletría en tristeza”.

El pensamiento bíblico demanda una cuádruple limpieza. Limpieza de labios, léalo en Isaías 6:5-6, el profeta se encuentra delante de Dios oyendo el cántico de los serafines que dicen: Santo, Santo, Señor de los ejércitos, toda la tierra está llena de su gloria, y reconoce el profeta que ha cometido pecados y dice ay de mí, que mis labios son inmundos. Y uno de ellos tomó un carbón del altar y se lo puso en la boca a Isaías. Cuántos carbones deberían volar por todo el Auditórium y ponerse en nuestra boca para purificarnos. ¿Cree que Dios puede purificar nuestra boca? Claro, porque de ella han salido bendiciones y maldiciones. Ya aprendimos que esto no puede ser así, de la misma fuente sale bendición o sale maldición, pero no pueden salir las dos. Tiene que salir de nuestra boca bendición y por eso debemos limpiarnos, purificar nuestra boca, nuestro modo de hablar, nuestro modo de decir las cosas, no más chismes, no más celos, no más insolencias, no más vulgaridades, no más críticas destructivas.

¿Quién puede subir al monte del Señor? Dice el Salmo 24 y la respuesta debe ser el limpio de manos. Tenemos que limpiar nuestras manos de todo pecado. Limpieza de labios, limpieza de manos, limpieza de corazón, limpieza de mente. Es decir que las demandas éticas de la Biblia exigen que las palabras, las obras, las emociones y los pensamientos deben ser todos limpiados, purificados. El hombre tiene que ser limpio por dentro y por fuera, porque sólo el limpio de corazón verá a Dios, dijo Jesús en el Sermón del Monte: dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Queremos ver a Dios, queremos que el día que partamos de esta tierra, el día que nuestro espíritu se separe de nuestro cuerpo, el día que nosotros expiremos y vengan los ángeles y nos tomen y nos lleven a la presencia de Dios, el Señor diga: Ven buen siervo fiel, en lo poco has sido fiel, en lo mucho te pondré. Si somos fieles al Señor con las cosas temporales, las cosas terrenales y somos fieles a Dios en medio de esta vida, vamos a poder disfrutar de su presencia, por lo tanto termina diciendo el pasaje que hoy estamos estudiando, versículo 10 Humíllense delante del Señor, y él los exaltará”. Humíllense delante del Señor y él lo exaltará.

Hace muchos años había un predicador que decía: al cielo se sube bajando. Humillarnos ante Dios, reconocer su grandeza, reconocer nuestra maldad, nuestros pecados y arrepentirnos nos da la oportunidad de llevarnos a la posición que no merecemos, de estar sentados en Cristo, estar en Cristo sentados a la diestra de Dios. Cuando usted se humilla reconoce sus pecado, se arrepiente y pide perdón a Dios, de su humillación es llevado a su exaltación, no hay gloria sin ningún calvario, no hay exaltación sin una humillación, no hay perdón sin un arrepentimiento, pero si nosotros humildemente le pedimos a Dios perdón, el Señor nos perdona y nos lleva a su presencia y nos dice. Ven y cenemos juntos, he aquí yo llamo a la puerta, dice el Señor y si alguno oye mi voy y abre la puerta, entraré a él, cenaré con él y él conmigo.

¿Valdrá la pena dejar las demás amistades por la amistad de Dios? ¿Valdrá la pena dejar la amistad que se llama pornografía por ganar la amistad que se llama Dios? ¿Valdrá la pena dejar la amistad que se llama orgullo y vanagloria, por ganar la amistad que se llama Dios? Claro que sí, cuando Dios es por nosotros, quien contra nosotros. Cuando tenemos a Dios lo tenemos todo, Ya no amemos al mundo, sino amemos a Dios. Lo más importante es el amor, lo más eterno es el amor, Dios es amor.

Hoy usted puede ser amigo de Dios. Abraham el patriarca de Israel fue llamado amigo de Dios, porque creyó en Dios y en su promesa, póngase hoy en Dios, sométase a él, arrepiéntase de sus pecados y viva la vida de paz que Dios diseñó para la humanidad.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…