LibrosPastorJorgebanner01

Abrazos-Banner

Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

¿A cuántos les gusta cantar? A todos nos gusta cantar y cantamos cuando estamos alegres allá en el baño, cantamos en el carro, las señoras mientras hacen sus oficios domésticos están cantando alegres, pero el hecho de que todos cantemos no nos hace cantantes, pero a veces nos engañamos a nosotros mismos y pensamos que porque cantamos ya somos cantantes, ya somos Fabiola, Carlos Peña, que ganan en los concursos internacionales. Empero, lamentablemente, no todos podemos ser grandes cantantes. Lo bueno que aquí todos podemos cantar y cantamos aunque sea desafinados.

Tampoco el hecho que sepamos muchas cosas nos hace sabios. Tenemos que entender cuál es la verdadera sabiduría que necesitamos.

Para cantar bien, tenemos que adquirir conocimiento, destreza, habilidad, escuela, que nos enseñen a cantar adecuadamente. Todos sabemos algo, aquí tenemos gente muy experta en distintos campos, algunos son muy conocedores de la hidráulica, otros de la ingeniería, de la mecánica, de la medicina. Cada quien tiene sus habilidades y tiene sus conocimientos, pero que usted sea un master en cualquier ciencia, en cualquier letra, en cualquier arte, no lo hace sabio.

Yo recuerdo hace algunos años, hablé con un psiquiatra famoso en el país, su clínica era visitada por muchas personas, sin embargo, a veces me llamaba y me decía: Pastor, no sé qué hacer con mi mujer, no sé qué hacer con mis hijos y de ¿qué le servía ser psiquiatra? Experto en la ciencia de la conducta humana, pero no podía con su propia familia. He recibido consultas de licenciados en Economía que me dicen: Pastor, cómo hago para controlar mis finanzas, cómo hago para salir adelante en mis empresas. Ustedes son doctos en ciertos aspectos muy terrenales, pero eso no los hace sabios, por eso el hermano de Jesús en esa carta que escribió a los judíos cristianos que estaban dispersos por la persecución les dice en Santiago 3:13 “¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta, mediante obras hechas con la humildad que le da su sabiduría”.

Una cosa es decir que uno es y otra cosa es demostrarlo. La persona verdaderamente sabia es una persona prudente, es una persona humilde. Siempre he dicho que la grandeza está en la sencillez y el que quiera ser exaltado, tiene que aguantarse a ser humillado. El que se humilla, dice la Escritura, será exaltado. ¿Quién es sabio y entendido entre ustedes?  Se pregunta Santiago. Esto es un desafío a los lectores de la carta, porque hay que demostrarlo con buena conducta. Era grande el desafío para  todos.

Había un serio problema de mala conducta entre los creyentes, la raíz de la misma era el orgullo. Cuando vemos tantos títulos y diplomas que hemos recibido corremos el riesgo de envanecernos, de ensoberbecernos, y eso no nos ayuda. Recordemos que la semana anterior estudiamos en el capítulo 3:1 que muchos pretendían ser maestros, ser maestro era un privilegio entre la iglesia cristiana al principio, era un estatus de honorabilidad, de reconocimiento, de aceptación, por eso todos querían ser maestros. Si somos maestros, si somos guías espirituales en una célula, en una clase de la Zona de Campeones o Escuela Dominical – como le dicen en otros lugares – , tenemos que ser verdaderamente sabios, pero respaldar nuestra posición con nuestra actitud y con nuestra conducta.

Sabiduría no necesariamente es igual a conocimiento. Tener conocimiento es información de los sentidos, ese conocimiento usted lo adquiere en internet, en libros, en la universidad. Sabiduría es la capacidad de aplicar esos conocimientos a la vida práctica, a la solución de problemas, pero con una actitud de humildad. No podemos andar presumiendo de lo que sabemos, tenemos que ser humildes, aunque seamos doctos, peritos o expertos en alguna ciencia. ¿Es usted sabio y entendido en todo tiempo y lugar? ¿Por qué la gente muy docta, muy erudita, muy experta,  se divorcia? Porque no tuvo sabiduría para relacionarse con su pareja. Por eso se divorcian universitarios, graduados, se divorcia gente de mucho conocimiento, porque no tiene la sabiduría adecuada para lidiar con los problemas familiares, con los hijos. Lidiar con los hijos no es fácil, todos tenemos experiencia propia, porque somos hijos y como hijos sabemos que no es fácil.

Se requiere de sabiduría con sus hermanos, cuando están en familia platicando, discutiendo. Se requiere una actitud correcta para manifestar nuestro conocimiento y resolver los problemas. En el trabajo hay situaciones complicadas, tenemos que resolverlas sabiamente, en los negocios cuánta gente se ha visto en grandes conflictos judiciales, simplemente por no resolver los negocios sabiamente. Se van impulsivamente con actitud de orgullo, de soberbia y a resolver a la fuerza los conflictos que se dan, pero si usted hace uso de la sabiduría de Dios, usted puede tener muchos negocios e irlos resolviendo sin llegar a grandes conflictos, a grandes pleitos. Hay momentos tensos en la vida de todos, todos llegamos a tener momentos de mucha tensión, pero cuando dependemos no tanto de nuestro conocimiento humano y terrenal, sino de la sabiduría de lo Alto, esos momentos tensos se aflojan, se resuelven, se relajan.

Una de las instrucciones  que les di a los ingenieros que trabajaron con nosotros en todos estos proyectos que hemos hecho, fue que “No quiero que peleemos con nadie, no le luce al Pastor de la iglesia ni a la Fraternidad Cristiana de Guatemala estar pelando con todo el mundo. Vamos a exigir que se cumplan nuestros contratos,  pero vamos hacerlo sin llegar a extremos de pelea”. Hoy en día puedo encontrarme con los contratistas que trabajaron acá en cualquier parte y puedo saludarlos con la frente en alto, a todos se les pagó, a todos se les reclamó, a todos se les exigió, pero con todos se resolvió con sabiduría cada una de las situaciones difíciles. Por eso dice Santiago 3:14-16 “Pero si ustedes tienen envidias amargas y rivalidades en el corazón, dejen de presumir y de faltar a la verdad. Ésa no es la sabiduría que desciende del cielo, sino que es terrenal, puramente humana y diabólica.  Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas”.

Cuando un político – por  muy experto que sea –  tiene envidia de otro, van haber grandes rivalidades y van haber envidias amargas, porque le dieron un puesto que piensa se lo debieron haber dado a él. Cuando en una empresa hay envidias amargas, porque la competencia está saliendo adelante mejor, hay problemas. Cuando en una iglesia se le da a otro una posición que piensa debieron dársela a usted, hay problemas. Si tiene estas envidias amargas y rivalidades en el corazón va a sufrir y hacer sufrir a muchos.

Así es la sabiduría terrenal, se caracteriza por la envidia y las rivalidades en el corazón. ¿Cómo puede haber sabiduría en un corazón que tiene envidias amargas y rivalidades? Cuando alguien se enorgullece de ser sabio, pero es celoso, envidioso y egoísta del bien de los demás, quiere ser el mejor y cae en rivalidades, realmente se engaña así mismo, por muchos títulos y conocimientos y reconocimientos que tenga, porque la sabiduría es hacer obras con humildad. Por eso Santiago dijo en el versículo 13 que lo demuestre con su buena conducta mediante obras hechas por la humildad que le da su sabiduría. Hay que tener cuidado cuando la vanidad y el orgullo llegan a nuestra vida. El erudito, el experto y el maestro están bajo la tentación de la arrogancia. ¿Qué es la arrogancia? Es creerse la gran cosa, la Divina Comedia, la última botella en el desierto, la mamá de Tarzán. La gente soberbia cae mal, hasta a Dios le cae mal, la Biblia dice: Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes, por eso alguien que es soberbio y es arrogante no es mi amigo, a mí no me gusta ser amigo de soberbios, de arrogantes, porque ni Dios se junta con ellos. Aunque usted sea multimillonario, aunque usted sea una enciclopedia andando, no debe ser arrogante, la grandeza está en la sencillez, en la humildad.

Jesucristo siendo el creador de los cielos y de la tierra, se humilló así mismo y se hizo hombre y anduvo entre los hombres, vivió en una condición de siervo y se hizo humilde hasta morir en la cruz por nosotros. Por eso es que Dios lo exaltó a lo sumo. Vale la pena imitar a Jesús. En lo dicho de los padres hebreos leemos “Aquel que es arrogante en sus decisiones, es necio, malvado, inflado de espíritu”. ¿Qué es lo que decimos nosotros de alguna persona que se les hincha la cabeza, se les infla la cabeza? Cuando se le infla la cabeza se le encoge la corona. Hay que tener cuidado con la arrogancia.

El prudente consejo de uno de los sabios era: “es asunto de tus colegas decidir si  adoptarán tu opinión, no te corresponde a ti imponérsela”, ese es el grave problema que se da a veces en las relaciones familiares, comerciales políticas, internacionales. Creemos que sabemos todas las cosas, presentamos nuestra opinión y creemos que la tienen que aceptarla todos, porque yo soy don fulano de tal, porque yo sé lo que estoy diciendo, porque yo tengo mucha experiencia, porque yo tengo mucho conocimiento. No, usted puede dar su opinión, pero no puede imponer su opinión, la Biblia dice que debemos convencer con espíritu de mansedumbre a los que se oponen, no se trata de imponer. De convencer sí, pero con espíritu de mansedumbre.

Shakespeare pone en boca de uno  de sus personajes estas palabras: “Soy el señor oráculo y cuando abro mis labios que no ladre ningún perro”. Hay personas que cuando hablan esa es la última palabra, ya no hay más, pero no siempre es así, hay otros que tienen buenas palabras, están bajo la tentación de irritarse. Los que saben mucho pueden caer en la tentación de irritarse. Sir Thomas Brown tiene un pasaje acerca del salvaje antagonismo de los eruditos, dice: “Los eruditos son hombres de paz, no llevan armas, pero sus lenguas son más filosas que la navaja de Actius, sus plumas llegan más lejos  e informan más ruidosamente que el trueno, prefiero recibir el ataque de un basilisco, antes que la furia de una pluma despiadada.

Una de las cosas más difíciles es discutir sin apasionarse y enfrentar los argumentos sin herir.  ¿Por qué tenemos qué herir cuando la gente no entiende o no acepta o contradice nuestros argumentos? Discuta sin apasionamientos y enfrente los argumentos sin herir. Estar plenamente convencido de sus propias creencias sin ser por ello agresivo, para con los que sostienen otra posición no es cosa fácil, Cuando usted sabe que la tierra es redonda, pero todo el mundo dice que es cuadrada, no es fácil, usted se expone al patíbulo, al rechazo, al aislamiento, pero aunque usted sepa la verdad y los demás estén convencidos de lo contrario, tenga prudencia. Sin embargo, es de primera necesidad tanto para el maestro como para el erudito cristiano mantener su compostura, su serenidad. Mark Twain  dijo “No es lo que sabes lo que te mete en problemas, es lo que das por cierto y no es así”. El Sol se mueve alrededor de la Tierra, así pensaron por siglos. Hoy todos sabemos que el Sol es el que no se mueve, son los planetas los que se mueven a su alrededor. No contradiga, sobre todo si no sabe. Tenga paciencia para entender, para escuchar, para analizar y para luego resolver.

Lo que esta sabiduría terrenal produce es confusión y acciones malvadas, los celos, las envidias, las rivalidades, el egoísmo, siempre causan conflictos no sólo dentro de la persona sino sobre todo con aquellos fuera de él. Alguien celoso, envidioso que mira en otros a un rival y que es egoísta, seguramente traerá confusión y acciones malvadas en su entorno. Acciones malvadas tal como el chisme, el falso testimonio y toda obra divisiva. Podemos decir que el envidioso es venenoso y hasta letal. La sabiduría, puramente humana y diabólica, en lugar de producir paz produce contienda, en lugar de producir compañerismo produce conflicto en las relaciones personales. Usted gana la discusión y pierde a su mujer, usted gana la discusión y pierde a su suegro, usted gana la discusión y pierde a su amigo, usted gana la discusión y pierde a sus hermanos. Hay cierta clase de personas que son sin duda inteligentes con un pensamiento brillante, con una palabra elocuente, pero cuya influencia en cualquier comisión, comité, iglesia o asociación o congreso de cualquier tipo causa dificultades. Separa a la gente, fomenta conflictos, causa problemas, interfiere en las relaciones personales. Todas las fuerzas que trabajan para la división, son fuerzas contratarías a la voluntad de Dios y favorables a la causa del diablo.

¿Por qué dice que la sabiduría terrenal es hasta diabólica? Porque divide, trae confusión y mata. El resultado de esta sabiduría son las acciones malvadas, motivadas por las envidias amargas del corazón del que las posee. El diablo trae confusión y caos a la sociedad, por eso es diabólica, porque divide, mientras que Dios une o multiplica, hay grandes bendiciones. El diablo busca quitarlas. Juan 10:10 dice “El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”. En Santiago 3:17-18 leemos: “En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera En fin, el fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacen la paz”.

La sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, porque la persona es incapaz de hacer algo malo, porque esta sabiduría es pura, sus motivaciones son también puras y puede someterse al escrutinio divino. No va detrás de algo egoísta, va detrás de algo altruista, va buscando el bien de los demás, va buscando el bien de Dios y el bien de la iglesia, el bien del país, al contrario de la sabiduría terrenal que busca obtener más y más de todo, por eso sienten envidia y buscan ser los mejores, por eso la rivalidad y la competencia. La sabiduría del cielo es, ante todo, pura, no hay hipocresía en ella, no hay mezcla de intenciones, sólo hay purezas, además es pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera. Santiago no sólo quería que sonaran bien, sino hasta que fueran palabras de impacto a nuestra vida. Cuando habla de la sabiduría que es de lo Alto y pacífica, es la que se manifiesta en aquella personas que aunque tienen autoridad, aunque tienen mucho conocimiento, aunque tienen mucho reconocimiento, son partidarios de la paz y enemigos de los enfrentamientos y discordias.

No tenemos por qué enfrentarnos con nadie, simplemente porque nosotros sabemos más, según nosotros, o porque tenemos más respaldo, según nosotros. No tenemos por qué destituir a nadie, no tenemos por qué avergonzarlo delante de todos, no tenemos por qué humillarlo y causar enfrentamientos y discordia. Sea pacífico, sobre todo cuando está con la junta directiva de su empresa, sea pacífico, no destruya, no avergüence, no humille, no cauce discordia. Cuando esté en una asamblea de accionistas sea pacífico. Cuando esté en una asamblea nacional de cualquier índole sea pacífico. Usted si es una persona sabia tiene que infundir serenidad, tiene que infundir paz, que su presencia donde quiera que esté, sea una presencia que haga que la gente se sienta apacible. En  cambio hay otros que cuando llegan a algún lugar, a una reunión, a una junta, una discusión, desde que entran ya se les siente lo eléctrico que van, lo nervioso que van, lo impulsivos que están y rápidamente están viendo a quien muerden.

La sabiduría de lo Alto es bondadosa, es serena, es apacible, además es dócil, dócil quiere decir obediente y fácil de educar. La sabiduría puramente humana y diabólica en lugar de producir paz, produce contienda, pero la sabiduría celestial no es rígida ni solemne ni insensible a toda apelación. Por muy sabios que seamos nosotros, por muy peritos, por muy doctos tenemos que aprender a escuchar, pero escuchar no con la intención de ver como rebatimos, sino escuchar con la intención de ver como aprendemos, porque podemos aprender de todos. Todos podemos aprender algo de todos, pero para eso se requiere esa sabiduría que es dócil, que es enseñable, que sabe cuándo ceder. Si supiéramos cuando ceder evitaríamos problemas Nos cuesta ceder, tan fácil que sería si nosotros aprendiéramos a ceder. La sabiduría de lo Alto está llena de compasión, es decir misericordia, sentimiento de pena o lástima hacia quienes sufren penas y desgracias, pero no solamente es un sentimiento de pena sino que lo lleva a hacer algo, por aquel que está sufriendo.

La sabiduría de lo Alto está llena de buenos frutos, no hay necesidad de hablar, basta con ver el fruto. La conducta de la persona. Es imparcial se dice de los juicios o actos objetivos, no hay sentimientos ocultos, es sincera, sin falsedad o hipocresía. Nuestra sabiduría tiene que ser genuina, sin apariencias, sin engaño, legítima.

Quiero compartir una cita bíblica que está en 1 Reyes 10:1-10  La reina de Sabá se enteró de la fama de Salomón, con la cual él honraba al Señor, así que fue a verlo para ponerlo a prueba con preguntas difíciles. Llegó a Jerusalén con un séquito muy grande. Sus camellos llevaban perfumes y grandes cantidades de oro y piedras preciosas. Al presentarse ante Salomón, le preguntó todo lo que tenía pensado, y él respondió a todas sus preguntas. No hubo ningún asunto, por difícil que fuera, que el rey no pudiera resolver. La reina de Sabá se quedó atónita al ver la sabiduría de Salomón y el palacio que él había construido, los manjares de su mesa, los asientos que ocupaban sus funcionarios, el servicio y la ropa de los camareros, las bebidas, y los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor. Entonces le dijo al rey: « ¡Todo lo que escuché en mi país acerca de tus triunfos y de tu sabiduría es cierto! No podía creer nada de eso hasta que vine y lo vi con mis propios ojos. Pero en realidad, ¡no me habían contado ni siquiera la mitad! Tanto en sabiduría como en riqueza, superas todo lo que había oído decir. ¡Dichosos tus súbditos! ¡Dichosos estos servidores tuyos, que constantemente están en tu presencia bebiendo de tu sabiduría! ¡Y alabado sea el Señor tu Dios, que se ha deleitado en ti y te ha puesto en el trono de Israel! En su eterno amor por Israel, el Señor te ha hecho rey para que gobiernes con justicia y rectitud.» Luego la reina le regaló a Salomón tres mil novecientos sesenta kilos de oro, piedras preciosas y gran cantidad de perfumes. Nunca más llegaron a Israel tantos perfumes como los que la reina de Sabá le obsequió al rey Salomón”.

¿Quiere usted riquezas? ¿Quiere usted larga vida? Adquiera la sabiduría de lo Alto, que le da a usted vida en abundancia, y le da a usted riqueza en abundancia, quizá no llegue a tener tanta como Salomón, pero va a tener todo lo que usted necesita y algo más para compartir. Dice Santiago 18:3 “En fin, el fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacen la paz”. Paz significa relación correcta entre personas, significa un estado en el cual las personas se hayan en una ininterrumpida amistad y camaradería entre sí. Y por eso debemos de vivir en paz, tenemos que ser amigos de los unos y de los otros ininterrumpidamente, ser amigo para siempre. Por algo Jesús dijo: “En esto conocerán que son mis discípulos en que se aman los unos a los otros.

Mateo 5:9 muestra las palabras de Jesús: “Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios”. Alguien que no trabaja por la paz. No puede ser llamado hijo de Dios. Alguien que siempre está discutiendo y peleando con todos los demás compañeros de grupo de servidores o de grupo de célula o miembro de músicos o de líderes, no puede ser un hijo de Dios. Un hijo de Dios está llamado a trabajar por la paz. Todas las características de la sabiduría que desciende del cielo se resume en la palabra paz, mientras que la sabiduría terrenal está llena de pleitos, rivalidades, envidias amargas y eso lleva al ser humano a vivir una sabiduría terrenal y diabólica. Leamos juntos el Salmo 51:10-13, ésta es una oración que hizo David precisamente después de que Natán lo confrontó porque había cometido homicidio, había cometido adulterio, había pecado delante del Señor y a raíz de eso David escribió el Salmo 51: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me alejes de tu presencia ni me quites tu santo Espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación; que un espíritu obediente me sostenga. Así enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se volverán a ti”. Mis amados hermanos, hoy podemos experimentar la paz con Dios. El apóstol Pablo dijo en Romanos 5: 1 “En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Nadie puede tener la paz de Dios, si primero  no está en paz con Dios. Para tener la paz de Dios primero tenemos que estar en paz con Dios y para estar en paz con Dios tenemos que pedir a nuestro Señor Jesucristo su salvación, su perdón, creer en Él, confesar nuestra fe en Él.

Escuche

La fe viene por el oir…

 

Vea

Como en casa aún en el extranjero…