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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Una de las conversaciones comunes que sostenemos a menudo con las personas es: ¿usted es cristiano? La gente dice: soy católico, soy evangélico, pero no soy practicante. Una cosas es decir que somos y otra es demostrar que somos. No basta con ser cristianos nominales, tenemos que ser cristianos practicantes. ¿Qué es usted, un cristiano nominal o un cristiano practicante? Nosotros tenemos que demostrar con hechos cuando somos lo que decimos que somos. Un médico cirujano que no hace cirugías no tiene sentido, un maestro que no enseña tampoco tiene sentido. Así que usted tiene que ser practicante de lo que dice que es. Si es vendedor, vende, si es consultor, pues da consultas, nosotros tenemos que aprender que la teoría debe ser respaldada con la práctica, por eso es que decimos que del dicho al hecho, hay mucho trecho. Obras son amores y no buenas razones, tenemos que llevar a la práctica lo que creemos, hay un dicho famoso, dice: el pastor predica, pero no practica, el cura predica pero no practica, Jesús dijo de los fariseos en su tiempo, hagan lo que ellos dicen, pero no lo que ellos hacen, porque a veces podemos decir una cosa y hacer otra.

Tenemos que aprender a  hacer lo que decimos, esto es integridad, integridad es poner en armonía nuestros pensamientos con nuestras acciones, nuestros dichos con nuestros hechos. Por eso la epístola que estamos estudiando, escrita por Santiago, hermano de Jesús, dirigido a las 12 tribus que estaban dispersas por causa de la persecución en el interior romano. Judíos cristianos que por su fe tuvieron que salir en una diáspora de fe a todo el imperio romano. Y Santiago como su pastor a la distancia les escribió, recuérdese que no existía internet ni los correos como hoy los conocemos,  tenían que hacerlo de manera manuscrita y esa carta se leía en una iglesia a toda la concurrencia, para que aprendiera.

Abra su Biblia en Santiago 2:14 y leamos: “Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno alegar que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe?”. Algunos judíos cristianos decían tengo fe, pero sus vidas no eran un reflejo de ella. Santiago les pregunta si la fe sin obras realmente puede salvarles, en otras palabras, ¿sirve para algo esa fe que no tiene obras? Hay muchos hoy en día que se llaman cristianos, pero si analizamos su estilo de vida ¿podríamos decir en base de su actuar que son verdaderos cristianos? Hay algunos que no son verdaderos. En los versículos 15-16 Santiago nos dice: Supongamos que un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse y carecen del alimento diario,  y uno de ustedes les dice: «Que les vaya bien; abríguense y coman hasta saciarse», pero no les da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso?”.

Eso ocurre todos los días, siempre hay alguien que no tiene para comer o no tiene para vestirse, lo han despedido y no ha conseguido empleo o no siguió los consejos que le dio el Pastor Jorge H. López sobre guardar, sobre ahorrar, sobre no endeudarse, sobre no pagar el pago mínimo o cuota mínima en su tarjeta de crédito sino pagar la totalidad, en fin, llega el momento en que usted se queda sin nada y entonces acude a un hermano de confianza, a un familiar de confianza, a un amigo de confianza para contarle que necesita apoyo. Llega con un hermano muy espiritual, le cuenta su caso para orar, caso genuino por supuesto, porque hay quienes son vividores y se les ha muerto la mamá 89 veces y siempre andan pidiendo para el entierro de su madre, o de su abuela. En fin, no basta con que oremos para que el Señor les provea, si podemos ayudarlos. Eso ocurre mucho en nuestras células, ahí se conocen las gentes y saben cuando alguien tiene una necesidad genuina, verdadera y se les tiende la mano.

Ahora Santiago les escribe esto a los hermanos judíos cristianos, porque han salido de Israel y se encuentran en el extranjero. Ahí había mucha presencia de griegos y para griegos estoicos, por ejemplo, la idea era aniquilar los sentimientos y las emociones, porque buscaban la calma y la serenidad y ninguna emoción y ningún sentimiento les afectaba. Por eso cuando veían a alguien sufrir no se conmovían, para ellos no era importante dar una limosna, dar una ayuda, para los judíos sí era importante, porque basaban toda su conducta en la ley suprema, aquel mandamiento que dice: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo. Y gracias a Dios que nosotros como cristianos hemos recibido esa enseñanza de Jesús, amar al prójimo como a nosotros mismos, la Biblia nos da ejemplos hermosos, en Lucas 10:25-37 y en Mateo 22:34-40 se encuentra esa parábola del buen samaritano. ¿Qué pasó? Él iba caminando de Jerusalén hacia abajo y en el camino se encontró con un hombre que habían asaltado los ladrones, antes había pasado cerca un levita que siguió de largo, después un sacerdote que hizo lo mismo. Pasó el extranjero, el samaritano, lo recogió, lo puso en su mula, se lo llevó a la pensión y le dijo al encargado que lo cuidara porque estaba herido. Le dejó dinero para cubrir los gastos – y si hay algo más que hacer – le dijo -, cuando yo regrese cuadramos cuentas-. La pregunta de Jesús fue ¿Quién de estos tres es el prójimo, el levita, el sacerdote o el samaritano? El Samaritano.

Así que usted puede ser un pastor, un líder de célula, usted puede ser un maestro en la Zona de Campeones, puede ser un personaje dentro de la iglesia, pero si a la hora de ayudar al prójimo se pasa por un lado, está cayendo en la misma condición de estos religiosos levitas, sacerdotes. Es importante que nos demos cuenta de la magnitud que representa el darle la mano a nuestro necesitado y nuestro prójimo no necesariamente está en la China, en la India, nuestro prójimo está a la par nuestra. A veces el que más necesita de su ayuda es su esposo, su esposa, su hijo, su nuera, su suegra, su tía, su amigo. Por eso es necesario que pongamos en práctica los mandamientos de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

En uno de los principales periódicos, seguramente, casi todos los periódicos del mundo, hoy se está conmemorando el primer centenario de la madre Teresa de Calcuta, una señora de corta estatura, pero de gran corazón que dedicó su vida a ayudar a los enfermos y principalmente a los leprosos de Calcuta. Ella manifestó su fe a través de sus obras, curiosamente murió con una semana de diferencia con la princesa Diana, una mujer plebeya que se ganó el corazón del Príncipe y se convirtió en princesa en Inglaterra. En estas dos mujeres hay un común denominador, aunque una era de la realeza y otra era una monjita humilde y sencilla: ambas se destacaron por sus buenas obras. A Diana no se le recuerda tanto porque fue princesa sino porque logró convencer a las naciones de quitar las minas explosivas en los distintos países del mundo en conflictos armados, porque estallaban cuando alguien les ponía el pie, por estar enterradas. Las victimas morían desangradas y amputadas, además hizo otras muchas otras buenas obras, no digamos la madre Teresa de Calcuta que hizo muchas buenas obras de amor.

Santiago 2:17 dice claramente “Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta”. Porque el supongamos de Santiago 2:15-16 dice: Supongamos que un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse y carecen del alimento diario,  y uno de ustedes les dice: «Que les vaya bien; abríguense y coman hasta saciarse», pero no les da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso?”. Así también la fe por si sola no tiene obras, está muerta. Qué puede hacer un cadáver, no sirve de nada. Así que aprovéchenos ahora que estamos vivos, no sólo para pedirnos favores, para hacernos favores. Si usted quiere decirle a alguien que lo ama, hágalo ahora. La fe sin obras también se convierte en un cadáver, de qué sirve un cristiano con fe cadavérica, de nada. Porque no tiene disposición para ayudar,  no es una fe genuina.

Santiago 2:18-19 sigue diciendo: “Sin embargo, alguien dirá: «Tú tienes fe, y yo tengo obras.» Pues bien, muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré la fe por mis obras. ¿Tú crees que hay un solo Dios? ¡Magnífico! También los demonios lo creen, y tiemblan”. Sí, los demonios creen que hay un solo Dios, pero siguen siendo demonios. Usted cree en Dios, pero sigue siendo demonio, entonces cuál es el cambio, si creemos en Dios tiene que haber un cambio, tiene que haber una evidencia, tiene que haber un impacto en nuestra vida, por eso leímos que Santiago dice: No sean oidores de la Palabra únicamente, sino sean también hacedores. Ahí está el detalle. El detalle no está en oír atentamente sino en ser hacedores. De qué sirve poner atención de lo que nos dicen si no lo ponemos en práctica. Maridos amen a sus mujeres, dice la Escritura, pero ¿cuándo fue la última vez que usted amó a su mujer? Ámela como a si mismo, ¿Cuándo fue la última vez que usted perdonó una ofensa? Perdone la ofensa. Santiago dice: “Tú crees y no tienes obras, pero te pareces a los demonios”, los demonios también creen, pero no tienen obras, no se ve el cambio en ellos. No se ve el resultado en ellos, porque la fe que no tiene obras es muerta.

Santiago –entonces- ya habló de la fe muerta, la fe que no tiene obras, y habla también de esta fe que tienen los demonios, pero que no se nota el cambio, pero también nos habla Santiago que la fe sin obra es estéril, en el versículo 20 nos dice que la fe sin obras es estéril, es decir que no produce frutos como aquella higuera que Jesús encontró, se acercó y no tenía ningún higo y el Señor dijo: mañana estará esta higuera seca, muerta, porque es estéril, no da frutos. Y el Señor espera que nosotros demos fruto, el Señor espera que nosotros seamos como dice Santiago en 2:21-24 “¿No fue declarado justo nuestro padre Abraham por lo que hizo cuando ofreció sobre el altar a su hijo Isaac? Ya lo ves: Su fe y sus obras actuaban conjuntamente, y su fe llegó a la perfección por las obras que hizo. Así se cumplió la Escritura que dice: «Le creyó Abraham a Dios, y esto se le tomó en cuenta como justicia», y fue llamado amigo de Dios. Como pueden ver, a una persona se le declara justa por las obras, y no sólo por la fe”.

¿Cuál es la idea aquí, que Abraham obedeció a Dios, que estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo? Claro que Dios no permitió que lo sacrificara, sólo estaba probando su lealtad y obediencia a su voluntad, no sólo esto, creyó a la promesa que de él saldría una gran nación y que tendría un hijo y por eso fue justificado. Abraham creyó al Señor y el Señor lo reconoció como justo. Ahora, aquí hay una tensión, una tensión entre lo que es la salvación por la fe y la salvación por las obras. La salvación por gracia y la salvación por las obras. Y nosotros tenemos que llegar a entender cuál es esa diferencia. Juan el Bautista cuando vino a predicar y a preparar el camino para el Señor, dice la Biblia en Mateo 3:8 que predicaba a los hombres que “Produzcan frutos que demuestren arrepentimiento”. Este fue el mensaje de Juan el Bautista que hombres y mujeres produzcamos frutos dignos de arrepentimiento. En otra palabra, un naranjo debe dar naranja, una higuera debe dar higos y un cristiano debe dar cristianos y fruto de cristiano, un cristiano no puede dar fruto de mundano, tiene que dar fruto de cristiano, en otras palabras, usted como cristiano ya no puede seguir siendo malhablado aunque venga de oriente,. Usted no puede seguir siendo malhablado, no debe seguir siéndolo, usted como un cristiano no debe contar chistes verdes, como les decimos nosotros-, obscenos. Los frutos de su vida tienen que ser frutos de cristiano. Usted como cristiana ya no puede vestirse igual que como se vestía de pagana, enseñando hasta el alma.

Juan el Bautista preparaba el camino para Jesús, su mensaje decía “produzcan frutos que demuestren arrepentimiento”. Si usted de veras  se arrepiente tiene que ver el fruto, si usted se arrepiente de estafar a la gente, se tiene que ver una persona honrada, que tiene que decir la verdad. No estafar haciendo chapuces en un carro con el motor fundido para venderlo y otro trabajo para que se lo quede el dueño. ¿Qué debe hacer un cristiano? Dar frutos de arrepentimientito, usted no haga a los demás, lo que usted no quiere que le hagan a usted. Venda un carro bien reparado, por ejemplo.

Tenemos que dar frutos dignos de arrepentimiento, el cristiano tiene que conducirse como cristiano. Mire lo que dice Jesús en Mateo 5:16 “Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo. ¿Qué quiere decir todos? Quiere decir todos sus compañeros en la universidad, todos sus compañeros en el trabajo, quiere decir todos sus familiares en la casa, quiere decir todos los hermanos en la iglesia, quiere decir todos los vecinos en el barrio.  Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el  cielo. Si antes los vecinos veían que usted llegaba a su casa midiendo la calle, al rato oían que gritaba su mujer, porque usted le daba palo o ella le daba palo a usted por llegar en estado de ebriedad y no llevar para los gastos de la casa. Los vecinos veían todo esto y sabían que usted era un buen trabajador, pero bolo, o un buen trabajador pero violento, usted maltrataba al primer vecino que se le pusiera enfrente por cualquier cosa.

Ahora que usted es cristiano tiene que hacer que vean todos los frutos y que la gente pueda decir: Gracias a Dios que este vecino es cristiano, ya no nos maltrata, no nos molesta, no nos pone el carro en la entrada de nuestra casa, no hace parrandas hasta altas horas de la noche, no anda a altas velocidades con peligro que mate a nuestros hijos en el camino, etc. Jesús dijo “Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.

Pablo viene y continúa esa línea de pensamiento y dice en Romanos 2:6 Porque Dios «pagará a cada uno según lo que merezcan sus obras». ¿Cómo nos va a pagar Dios a cada uno? Según lo que merezcan nuestras obras. ¿Qué clase de obras hemos hecho? Si nosotros hemos hecho obras destructivas, pues ese pago recibiremos, si hemos hecho obras constructivas, ese pago recibiremos. Si hemos hecho malas obras, ese pago recibiremos, pero Dios sí le va a pagar a cada uno y vas a recompensar a cada uno, según sus obras.

Por eso les enseñamos que el que  da al pobre, a Dios le presta. Toda buena obra que hacemos nosotros Dios se encarga de pagarlo. Pero la posición paulina sumariamente expresada es: Hechos 16:31 Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos”. Y la fe es la que nos lleva a la salvación, pero el hecho es que nadie puede ser salvo mediante las obras, en otras palabras usted puede hacer muchas buenas obras, dar todo su dinero a los pobres, dar todo su tiempo a los necesitados, pero si no pone su fe en Cristo no será  salvo. Las obras no producen salvación, pero la salvación sí produce las obras. Usted no es  salvo porque haga buenas obras, usted hace buenas obras porque es salvo. Es importante que entendamos esta realidad bíblica y práctica para la vida, así que el hecho es que nadie puede ser salvo mediante las obras, pero tampoco nadie puede ser salvo sin producir obras. No somos  salvos por las obras, somos salvos para hacer obras. Lo que Santiago no puede tolerar es la profesión de fe sin la práctica, en decir creo en Dios ¿dónde está esa demostración que cree en Dios? Si usted cree en Dios ¿cómo lo respalda, cómo lo demuestra, cuál es la evidencia de su fe, cuáles son los frutos de su conducta, cuál es el fruto en su espíritu, cuál es el carácter que respalda la fe que usted tiene?

Lo que Santiago no puede tolerar es la profesión de fe sin la práctica. En una vida bien proporcionada y note bien, porque necesitamos balancear nuestras vidas, en una vida bien proporcionada, bien equilibrada tiene que haber pensamiento y acción, tiene que haber en ella oración y esfuerzo. Tenemos que orar y pedir al Señor que nos provea, que nos prospere, pero a la par de orar tenemos que trabajar. Tenemos que aprender a orar y accionar. De qué le sirve a un estudiante orar y ayunar para que pueda ganar el examen si no asiste a la escuela, si no hace sus tareas y si no se esfuerza por aprender. Usted tiene que ir a la escuela, tiene que poner atención, tiene que hacer sus tareas, hacer todo lo que le conviene hacer como estudiante y luego orar: recuérdame, Señor.

Santiago está rechazando la profesión de fe sin la práctica de la fe, está diciendo que la fe y las obras van juntas. Tenemos que darnos cuenta que la necesidad de tener pensamiento y acción, tiene que ver en nuestra vida con oración y esfuerzo. Por supuesto nos da otro ejemplo cuando habla de Rajab, la ramera, una mujer que no era del pueblo de Dios, que vivía en Jericó la primera ciudad que conquistó Israel cuando entró a la tierra prometida Josué 2: 1-24. Y vean cómo Dios ama a las prostitutas, entre ellas hay mujeres que quieren amar a Dios también. Dios ama a todos, nosotros somos los que hacemos la diferencia. Como la mujer de Samaria que trajo a los pies de Cristo todo al pueblo. Esta ramera no solo creyó sino actuó, accionó, los ayudó para salvarlos y cuando vino la conquista perdonaron esa casa, porque ahí estaba el lazo rojo, es profético, el diablo no puede entrar a hacerle daño a usted, porque la sangre de Cristo está en usted, ese lazo rojo señal de protección está sobre usted, a usted que no le asuste el diablo, diga: diablo no puedes hacerme nada, estoy sellado no sólo con el lazo rojo sino con el sello del Espíritu  Santo, no podés tocar las propiedades del Señor. En síntesis, ella es un ejemplo de cómo puso en práctica su fe y Dios le concedió a ella la salvación. Termino leyendo Santiago 2:26 “Pues como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta”.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…