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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Hemos sufrido las consecuencias del dicho famoso “como te veo te trato”. Muchos han sufrido las consecuencias, lamentablemente, de la discriminación en el mundo, hay discriminación, los gordos discriminan a los flacos, los flacos discriminan a los gordos, los bajitos discriminan a los altos, los altos discriminan a los chaparros. Los hombres discriminan a las mujeres, las mujeres discriminan a los hombres. A veces los pobres discriminan a los ricos y los ricos discriminan a los pobres. Sufrimos toda clase de discriminaciones y por eso es que hay tantos problemas en el mundo, inclusive guerras por discriminaciones que se dan entre las personas, entre las naciones. Pero tenemos que aprender a tratar a las personas como las trata Dios. Dios no hace acepción de personas, trata igual a todos, no le interesa si usted es blanco, si es negro, rubio, pelo negro, amarillo, verde, el color no importa, Dios no hace acepción de personas.

En la carta que hemos estado estudiando últimamente que escribió el apóstol Santiago, dirigida a los judíos cristianos de su época, perseguidos y que andaban por todo el mundo conocido, el imperio romano, huyendo. Él les envió esta carta y les dijo en 2:1-4 “Hermanos míos, la fe que tienen en nuestro glorioso Señor Jesucristo no debe dar lugar a favoritismos”. Eso no conviene ni en la casas, ni en la escuela, en el trabajo y mucho menos en la iglesia. “Supongamos que en el lugar donde se reúnen entra un hombre con anillo de oro y ropa elegante, y entra también un pobre desharrapado.  Si atienden bien al que lleva ropa elegante y le dicen: «Siéntese usted aquí, en este lugar cómodo», pero al pobre le dicen: «Quédate ahí de pie» o «Siéntate en el suelo, a mis pies», ¿acaso no hacen discriminación entre ustedes, juzgando con malas intenciones?”.

Santiago presenta un supuesto, pero un supuesto que con frecuencia se da en muchas partes. Nosotros tenemos que entender que las apariencias engañan, a veces usted ve a alguien bien vestido, bien enjoyado, pero está hasta el cuello de deudas, otras veces ve usted a una persona que se viste modestamente pero carga el rollo de plata en la bolsa. Las apariencias engañan, por eso no debemos juzgar al árbol por su corteza, debemos juzgarlo por sus frutos. La Biblia dice que por sus frutos los conoceréis, no se deje llevar por las apariencias. Si le mostramos las fotos de dos niños de una clase, a veces pensamos que es inocente el más simpático, el que tiene características físicas más agradables y atractivas y pensamos que el más feo es el maleante, pero no es así siempre.

No podemos discernir por las apariencias el corazón de las personas. El profeta Samuel, como cualquier ser humano, estaba expuesto a equivocarse y por eso Dios le dijo: Ve a la casa de Isaí a escoger al futuro rey, pero le dijo claramente, no te fijes en la apariencia, porque yo no veo la apariencia, yo veo el corazón, el interior. Precisamente cuando llegó Samuel a la casa de Isaí le presentaron al mayor, un hombrón enorme, parecido a Saúl que era tan alto que no había otro más alto que él en Israel. El Señor le dijo, este no es, y le pasaron a todos. El único que no pasaron fue al que el papá pensaba que no tenía la calidad ni cualidades para ser rey, ese era el más chiquito, David. A éste lo tenían cuidando las ovejas, haciendo los mandados a la familia, y Samuel el dijo: ¿No tienes otro por ahí? Sí  -le dijo-, pero ese es el chaparrito, el chiquito, el consentido, el colochito, el rubiecito, el que cuida a las ovejas. ¡Mándalo a traer!

Y apareció el muchachito, jovencito, adolescente con su honda en la mano y le dijo el Señor a Samuel, éste es. Así que usted cuando mire a alguien no lo menosprecie, porque puede ser que Dios diga: éste es. Nosotros nos impresionamos por las apariencias, pero a Dios no le impresionamos con las nuestras.

¿Qué es discriminación? Es la ideología o comportamiento social que separa y considera inferiores a las personas por su raza, clase social, sexo, religión u otros motivos ideológicos. Aquí entra el racismo, el clasismo, sexismo y todo tipo de actitud que hace de menos a los demás.

Los cristianos no podemos ver de menos a otros, porque Dios trata al rico y al pobre por igual. Pero usted se impresiona por las apariencias, por el carro, tal vez se lo acaba de robar. Yo he visto gente con carrazos robados, yo he visto gente en casazas, alquiladas. Carros alquilados, todo alquilado, nada comprado, todo endeudado, pero nos impresiona. Las apariencias, la discriminación. En un estadio en Miami jugaba la selección de Guatemala contra la de Colombia, de repente se  calentaron los ánimos y la porra sudamericana gritó a los de abajo: in - dios, in - dios. Y yo creí que se iban a quedar callados, ¿Dónde va a creer? Todos los paisanos empezaron a gritar: ne - gros, ne - gros,  ne - gros. ¿Por qué tenemos que discriminar a los indios o a los negros, o a los amarillos, o a cualquier clase de gente? No debemos sentir discriminación contra nadie.

Clasismo. Doctrina  o actitud discriminatoria que defiende y mantiene la diferencia entre las clases sociales. Como yo no vivo en aquel barrio pobre, porque me pasé a un barrio de clase media, ahora miro a todos ex mis vecinos con desprecio. Y de repente ya salí de ese barrio de clase alta, ya me creo la divina garza. ¿Por qué  tenemos que discriminar a la gente por su clase social? ¿Discrimina Dios a alguien por su clase social? No. Dios lo bendiga a usted si vive en un lugar exclusivo y Dios lo bendiga a usted si vive en un barrio de clase popular, y Dios le bendiga a usted si vive en una cueva y que le ayude a salir de esa cueva, debajo del puente, y le dé una mejor casa, pero no discriminemos a nadie por su clase social.

La Biblia dice que Dios creó al hombre del polvo. Y cuando uno se muere dice que el cuerpo vuelve al polvo. Somos polvo, tierra, puede ser que sea tierra negra, puede ser que sea tierra blanca, puede que sea tierra amarilla, pero todos modos es tierra. Cuando se muera – olvídese - se vuelve tierra, el cuerpo vuelve al polvo y el espíritu vuelve a Dios que lo dio. No discrimine a nadie  por su clase social, porque eso se puede cambiar. David, pastor de ovejas, lo más bajo de la escala social de Israel, se convirtió en el yerno del rey, de pronto llegó a ser rey, ya estaba en otra clase. Hace poco hubo una boda muy interesante en Europa, una de las princesas decidió casarse con su entrenador de tenis, le dedicó ocho años para educarlo y enseñarle a tomar bien los cubiertos, y a vestirse bien. Este es otro caso. Las clases sociales no deben ser motivo para discriminar a nadie. Ame al rico, ame al pobre, ame al que tiene y ame al que no tiene. Tenemos que aprender a amarnos sin discriminarnos.

Sexismo. Hay discriminación por género sexual. ¿Qué se dice cada vez que se va en carro  y alguien comete un error con su vehículo? ¡Mujer tenía que ser! Y a veces no es mujer, es hombre. Hay discriminación. Las mujeres de hoy no son como las de antaño, no tenían acceso a la educación. Hoy, hay mujeres bien educadas, bien preparadas que están haciendo una labor extraordinaria, al grado que abundan las mujeres profesionales y solteronas, porque los hombres no se atreven a entrarles con tantos títulos y ahí se van quedando. No discriminemos a nadie ni por su sexo ni por su trabajo Dios trata por igual al rico y al pobre, pero el hombre tiende a menospreciar al pobre, por eso Santiago 2: 5-7 dice. “Escuchen, mis queridos hermanos: ¿No ha escogido Dios a los que son pobres según el mundo para que sean ricos en la fe y hereden el reino que prometió a quienes lo aman? ¡Pero ustedes han menospreciado al pobre! ¿No son los ricos quienes los explotan a ustedes y los arrastran ante los tribunales? ¿No son ellos los que blasfeman el buen nombre de aquel a quien ustedes pertenecen?”.

Aquí Santiago habla de las riquezas de la pobreza y la pobreza de las riquezas. A veces creemos que, porque somos ricos materialmente hablando, ya lo hemos alcanzamos todo, y no es cierto. He visto ricos llorar, porque no tienen el respeto de sus hijos, no tienen el amor de sus parejas, no tienen el cariño de sus amigos, tienen la pobreza de las riquezas. La pobreza de las riquezas se nota en que solamente duran mientras usted está vivo, cuando usted se muera no va a dejar nada.

Y el pobre cuando se muera va a dejar todo, y el que se muere en la fe en Cristo va a ir al cielo, sin nada de nada, pero con la fe en Cristo lo va a tener todo en el cielo. Y el rico que se muere y deja todo aquí en la tierra pero con la fe en Cristo, va a llegar al cielo, igual van a entrar. El Señor no está salvando a alguien porque sea rico o porque sea pobre, Él está salvando al rico y al pobre porque ama a ambos. Es más, mire lo que dice la Biblia en el libro de Proverbios 22:2 “El rico y el pobre tienen esto en común: a ambos los ha creado el Señor”. No importa si el que está a lado suyo es millonario o es pobre.

Mírese al espejo y en vez de lamentarse que está cholco y panzón, déle gracias al Señor porque lo creó. Mírese al espejo y en vez de alegar que está arrugada, fea, Dios la creó. Dios la creó a usted y a Julia Robert, pero si ella no cree en Jesucristo como su Señor y Salvador, la que va a entrar al cielo es usted y si ella no se arrepiente y no cree, no va a entrar por mucho que sea mujer bonita, por mucho dinero que tenga, por mucho garbo. Si Jennifer López no se convierte a Cristo de ¿qué le van a servir las curvas? ¿Cree que va a impresionar al Señor para entrar al cielo, va a llegar muy feliz? No va a poder entrar, porque para entrar al cielo se necesita fe en nuestro Señor Jesucristo y eso es lo que necesitamos tener todos.

La riqueza de la pobreza y la pobreza de la riqueza, ¿por qué hay riquezas en la pobreza? Porque no hay duda que Dios está a favor de las viudas de los huérfanos y de los pobres, porque están indefensos y no tienen esperanza más que en Él, El rico muchas veces sólo confía en su dinero y por eso no cree en Dios, el se cree dios, se ha endiosado, porque Dios lo ha prosperado tanto y ahora que está tan próspero ya no confía en Él, sino confía en su dinero. Si se enferma busca al mejor doctor, al mejor hospital, se va al mejor país a que lo curen y cuando gasta su dinero y no lo curan, entonces la lamentación ¡Ay Dios mío,  sáname! Pero el pobre como no tiene ni petate donde caer muerto, no tiene ni para comprar la medicina, desde el principio: Dios mío ten misericordia de mí, sáname y el Señor lo oye. Lo sana, lo ayuda. Por eso es que no se acaban los pobres ni se mueren, ahí está el montón, cada vez hay más. Cada vez que se van a morir piden socorro y el Señor los socorre, esa es la riqueza de la pobreza, es que usted puede confiar en Dios y Dios nunca lo va a dejar morir de hambre, “Joven fui y he envejecido y no he visto justo desamparado ni su descendencia que mendigue pan”. Salmo 68: 5 “Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su morada santa”.

Cuando usted no tiene fe en sus riquezas sino tiene fe en Dios le va mejor. Ah, eso no quiere decir que usted no las pueda tener, puede tenerlas, pero la confianza debe estar siempre en Dios. Su confianza debe estar en Dios, su fe en Dios, porque las riquezas tienen alas y vuelan, hoy tienen y mañana Banco de Comercio se las lleva. Hoy las tiene y mañana Bancafé desaparece.

Las riquezas así son, hoy tiene un millón y lo invierte en una financiera y al rato la financiera quebró y usted se quedó sin nada, pero cuando usted cree en Dios, aunque no tenga nada, el Señor suplirá todo lo que nos falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Y no nos quedamos sin nada.

El primer mensaje de Jesucristo empieza de estas manera: Lucas 4:18 «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres«. Jesucristo vino anunciar buenas nuevas a los pobres, entonces los ricos dijeron ¿Y nosotros qué? ¿Nos morimos entonces sin fe en  Cristo? Entonces vino Jesucristo y explicó en el siguiente capítulo, en Mateo 5:3 cuando habló de las bienaventuranzas dijo: «Dichosos los pobres en espíritu,  porque el reino de los cielos les pertenece«. Dichosos los pobres en espíritu, y ahí nos aclaró un poco más, usted puede ser rico materialmente, pero pobre en espíritu ¿dónde puede comprar por un millón de dólares un año de paz y tranquilidad? No puede, ¿donde puede comprar con un millón de dólares un año de amor y respeto de su familia? No puede. Hay cosas que no se compran con dinero ¿dónde puede usted comprar con un millón de dólares el perdón de sus pecados? No puede, Pero por la gracia de Dios usted es perdonado, sanado, transformado y está aquí sentado adorando a Dios, porque Él por su gracia le ama, le perdona y le transforma. Eso no quiere decir que usted no dé su ofrenda de un millón de dólares, puede darla, nosotros nos encargaremos de usarla bien en la obra del Señor. Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece.

Cuando reconoce que las cosas del espíritu no se compran sino que se reciben por gracia, empieza a disfrutar todas las cosas espirituales, la paz, el amor, el perdón, la gracia, la bondad de Dios. Dios no tiene nada contra los ricos en general, Dios tiene en contra de los ricos que confían en sus riquezas más que en Él, por eso dijo que difícilmente entraría un rico al reino de los cielos, porque su confianza está en su fuerza, en su poder y su meta está sólo en acumular y no en compartir.

Dice Santiago que lo irónico del caso es que a quienes trataban mejor en la iglesia eran quienes los trataban peor, los explotaban, los arrastraban a los tribunales y además a estos a quienes les rendían honor y trato preferencial estaba blasfemando el nombre de Jesús, a quienes ellos pertenecían, por eso me impresiona lo que dice Levítico 19:15: »No perviertas la justicia, ni te muestres parcial en favor del pobre o del rico, sino juzga a todos con justicia». Como juez nadie debe ser parcial para favorecer injustamente al pobre o para favorecer injustamente al rico, tiene que obrar con justicia, equitativamente y tratar bien como se debe a cada una de las personas.

¿Cuál es entonces la exhortación de Santiagos a la iglesia? En los versículos 8- 11 de Santiago 2 dice Hacen muy bien si de veras cumplen la ley suprema de la Escritura: «Ama a tu prójimo como a ti mismo». Todo esposo debe amar a su esposa como a si mismo, toda esposa debe amar a su esposo como a si misma. Todo cristiano debe amar a sus prójimo como a si mismo, el prójimo es el más próximo, el que está más cerca de usted. Por eso yo siempre amé a mis suegra, a mi cuñada, a mi tía, a mi amigo, a todos los que tenemos que amar, al que está más cerca. Amar al prójimo como a nosotros mismos. Esa es la ley suprema.

Pero si muestran algún favoritismo, pecan y son culpables, pues la misma ley los acusa de ser transgresores. Porque el que cumple con toda la ley pero falla en un solo punto ya es culpable de haberla quebrantado toda. Pues el que dijo: «No cometas adulterio», también dijo: «No mates.» Si no cometes adulterio, pero matas, ya has violado la ley.

En otras palabras, podemos guardar muchos mandamientos, pero si quebrantamos uno somos culpables de todos. Así que amemos y tratemos a todos por igual, a ricos y pobres, a ladinos e indígenas, todos deben amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

1 Juan 4:7 y 8 “Queridos hermanos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de él y lo conoce.  El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor”.

Habrá un juicio, dígale al que está a su lado: habrá un juicio, de ese no nos vamos a librar nosotros, usted y yo vamos a estar en ese juicio y en ese juicio seremos juzgados, pero el que es compasivo tendrá un juicio compasivo, con la misma medida que medimos se nos vas a medir, por eso Mateo 5:7 dice: Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión. ¿Quiere ser tratado con compasión por Dios nuestro Señor? ¿Cómo debe tratar usted a su prójimo hoy? Con compasión, sale en su carro, está lloviendo , hay una gran poza, se mira a la gente esperando que venga el autobús y qué hace usted con su carro, mete freno, pasa despacio para no mojarlos o dice: que se mojen estos pelados, mete el acelerador y que se empapen todos. Nosotros debemos ser compasivos con esta gente, Si usted estuviera ahí parado bajo los chorros de agua y pasa alguien frente a la gran poza usted esperaría que este señor del carro frena un poco, que moje sólo a los de adelante. Tenemos que ser compasivos con la gente.

Usted mira a alguien con necesidad en vez de decir haraganote no trabaja, a lo mejor vino el Agatha y le arrastró la casa, las siembras y los hijos, Usted no sabe lo que está atrás. Oí la historia de un hombre que subió al autobús en una ciudad de Nueva York llevaba a tres niños y los tres iban haciendo relajo, se saltaban de un lugar a otro, de un sillón a otro, se jalaban y el hombre como si no fuera con él hasta que alguien hizo el comentario: pobres niños no tienen padre que se ocupe de ellos. Entonces reaccionó el hombre. -Saben que pasa- dijo-, estoy dejándolos jugar, porque hace una hora se quedaron sin su mamá, se murió en el hospital. Usted a veces no sabe, por qué la gente está de cierta manera. El pobre hombre iba shockeado, porque se había quedado viudo y ahora tenía que cuidar tres hijos, qué difícil.

A veces vemos lo que la gente hace, no sabemos por qué lo hace. A veces vemos lo que la gente dice, no sabemos por qué lo dice, por eso es que tenemos que ser compasivos, no seamos injustos y no juzguemos, porque dice la Palabra de Dios: No juzguen para que no sean juzgados. Yo le puedo decir que el juicio nos espera a todos y vamos a ser juzgados de la misma manera como nosotros hemos juzgado. Mateo 6:14-15 dice »Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas. ¿Cuántos quieren que Dios perdone sus ofensas? Yo también quiero que me perdone mis muchas ofensas, pero ¿qué tengo que hacer para que Dios perdone mis ofensas? Perdonar a otros sus ofensas. Perdone aquel que lo ofendió por ser pobre, perdone aquel que lo ofendió por ser rico, perdone aquel que lo ofendió por ser gringo, perdone aquel que lo ofendió por ser indio, perdone aquel que lo ofendió por ser poderoso, por ser débil, pero todos somos ofensores y por eso tenemos que aprender a perdonar, a ser compasivos. Tenga cuidado de cómo te veo te trato, porque las apariencias engañan. Lo que Dios mira es el corazón, ahí es donde tenemos que aprender a cómo Dios mira a las personas.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…