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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Recordemos las palabras de Jesús cuando decía de los fariseos de su época: “Hagan lo que predican, pero no lo que practican”. A menudo se predica, pero no se practica y ahí está el gran problema. Tenemos que aprender hacer no solamente oidores sino hacedores de la Palabra, la Biblia dice que el pecado está en aquel que sabe hacer lo bueno, pero no lo hace. No solamente es pecado hacer lo malo, también es pecado no hacer lo bueno.

Es muy importante el libro que relata la historia de la iglesia al principio, el Libro de los Hechos de los Apóstoles, porque los hechos son más importantes que los dichos, un evangelista norteamericano decía “El Evangelio que más lee la gente es el quinto evangelio y ese es según ‘yo, mi vida, mi conducta, mi testimonio’, es el primer evangelio que la gente va a leer. Antes de abrir una Biblia y leer Mateo, Marcos, Lucas y Juan, primero van a verlo a usted y si creen en usted quizá se motiven a leer el Evangelio”.

Nuestros hechos son importantes, para que la gente se convenza de nuestros dichos. Santiago, precisamente el hermano de Jesús, el primer pastor de la iglesia primitiva, el primer líder de la Iglesia de los cristianos en el primer siglo, escribió a los creyentes que habían sido dispersados por todo el imperio romano por causa de su fe y se encontraban sufriendo violencia, cárcel, persecución, hambre, pobreza, exilio. A ellos les escribe en lo que conocemos comos la Carta de Santiago, donde nos ha dado materia para aprender, material importante.

La semana pasada hablamos que nosotros debemos ser prontos para escuchar, lentos para hablar y lentos para enojarnos. Santiago nos enseña que no sólo debemos aprender a hacer prontos para escuchar, sino que en el aspecto edificante y positivo de la vida cristiana, tenemos que ser prontos para  actuar. Tenemos que aprender a actuar, accionar, no solamente ser prontos para no reaccionar, prontos para oír y lentos para no reaccionar airadamente, sino que prontos para oír, listos para escuchar y rápidos para accionar aquello que nosotros escuchamos.

En Santiago 1:22-25  dice: No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica. Por eso es importante que el mensaje predicado desde nuestros púlpitos sea un mensaje que la gente pueda llevar a la práctica, si no puede llevarlo, ese mensaje no es relevante. La gente hoy quiere escuchar la Palabra de Dios, pero es una Palabra que tiene que llevarse a la práctica. Leamos lo que sigue diciendo la porción bíblica: El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es. Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad, y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla.

Sólo oír el Evangelio no es bendición completa, oírlo es positivo, es bueno, pero practicarlo es el éxito que nos lleva a la bendición. Lo que se lee y se dice en la Iglesia tiene que ser vivido y practicado en la vida. Solo cuando es vivido y practicado en la vida, es cuando nosotros recibimos bendición. Es como una persona que ha visto en el mensaje predicado cada domingo el ideal de lo que debiera ser. Oye la predicación y dice: Así debo ser, debo ser un esposo amoroso, cariñoso, fiel, generoso, pero cuando sale se vuelve otra vez tacaño, grosero, peleador. No sirvió de nada que se viera como idealmente debe ser, si al  salir se le olvida lo que debe ser.

La gente ve en la Palabra de Dios que se le predica, su rostro, su corazón y dice: Si, yo soy una persona muy orgullosa, tengo que cambiar esa actitud, empero, cuando regresa a su casa se le olvida lo que vio, vuelve a sacar el pecho, levantar la cabeza y ver a los demás con menosprecio. Ve a los que  van a pie, con desprecio, porque va en su carro. Porque se cree la divina garza, se le olvidó lo que vio en la Palabra de Dios.  Cuando se vea reflejado en la Biblia, no se olvide lo que vio, cámbielo, corríjalo. No hay que ser teóricos de la Biblia, sino practicantes de la Biblia. Dígale a su vecino: no seas teórico, sé práctico, sé practicante. No podemos ser cristianos nominales. La gente piensa que ser cristiano es sinónimo de ser humano, pero ser cristiano es ser como Cristo, por eso es importante practicar el Evangelio.

Santiago 1:21 nos dice “Por esto, despójense de toda inmundicia y de la maldad que tanto abunda…”. Nos tenemos que despojar de toda inmundicia y de la maldad que tanto abunda. ¿Cuál es la inmundicia y maldad que tanto abunda hoy en el mundo? Por ejemplo, hay países grandemente desarrollados que se oponen a la pena de muerte, pero dan millones para financiar el aborto en todo el mundo. Eso es maldad. Le dicen malo a una persona que está casada con la misma esposa, por cincuenta años, pero dicen que es bueno autorizar el matrimonio gay, esa es la inmundicia que hay en el mundo,  a lo malo le llaman bueno y a lo bueno le llaman malo.

A un hombre muy claro, muy cabal en su conducta, le dicen tonto, pero si es gay hay que respetarlo. Respete a todo ser humano. Dios llama luz y tinieblas a las cosas. Dios llama santo a algo e inmundo a algo y nosotros tenemos que aprender a andar en la luz de Dios y no en ese claroscuro ético en el que vivimos. Por eso los cristianos tenemos que despojarnos de todo. Usted no puede ser cristiano y asesino. Usted no puede ser cristiano y gay. Usted no puede ser cristiano y adúltero. Usted no puede ser cristiano y estafador. Usted no puede ser cristiano y ladrón. Despójense de toda maldad y de toda inmundicia.

Por esto, despójense de toda inmundicia y de la maldad que tanto abunda, para que puedan recibir con humildad la palabra sembrada en ustedes, la cual tiene poder para salvarles la vida, nos dice Santiago. Estamos viviendo una época de muerte, de destrucción, de extorsión, de chantaje, de secuestro, de venganza. Usted no puede ser  cristiano y estar metido en esas actitudes, usted tiene que ser una persona santa y santa quiere decir diferente. Si, leemos que la Palabra de Dios tiene poder para salvarnos, pero sólo cuando la practicamos, no sólo cuando la escuchamos. La Biblia no es solamente para nuestra información, es para nuestra transformación, hay que transformarnos. Pero no en un monstruo violento y gritón, no, transfórmese en un hombre nuevo, en una mujer nueva, en una persona nueva, llena del amor de Dios. Dios tiene el poder de hacernos nuevas criaturas, tiene el poder de cambiarnos. No podemos seguir siendo los mismos, aunque hay quienes dicen: genio y figura, hasta la sepultura, pero por eso Pablo decía: cada día muero, por qué, cada día quiero resucitar. Aquella mujer vieja, aquella mujer iracunda, celosa, manipuladora, orgullosa, pero cada día usted hace morir a esa mujer, cada día usted hace morir a ese hombre y le permite que viva en una vida nueva.

Los mandamientos del Señor no son para castigarnos, son para protegernos y salvarnos. Proverbios 4:20-22 dice: “Hijo mío, atiende a mis consejos; escucha atentamente lo que digo. No pierdas de vista mis palabras; guárdalas muy dentro de tu corazón. Ellas dan vida a quienes las hallan; son la salud del cuerpo. Son la salud del cuerpo. Veía en una revista de un periódico de gran circulación en el país, un artículo de fondo que se llama Andropausia, menopausia es la que le da a las mujeres, andropausia es la que le da a los hombres y decía: para que usted no sufra la andropausia evite el licor, evite las drogas, evite esta vida licenciosa, pues si usted no obedece al Señor, usted va a sufrir andropausia muy viejito, por qué, porque no va a fumar ni va a chupar, ni se va a drogar, va a comer bien, va hacer ejercicio y va a llegar como Abraham engendrando hijos a los 90.

Lucas 11:27-28 “Mientras Jesús decía estas cosas, una mujer de entre la multitud exclamó: ¡Dichosa la mujer que te dio a luz y te amamantó! —Dichosos más bien —contestó Jesús— los que oyen la palabra de Dios y la obedecen”. Dichoso usted que está oyendo la Palabra de Dios, hay que alegrarse, esto es un privilegio. Dichosos los que la oyen, pero no solamente la oyen sino que además la  obedecen, El Señor requiere de nosotros obediencia.

Tenemos que enseñar a nuestros hijos obediencia, igualmente nosotros los hijos de Dios tenemos que aprender a obedecer. Obedezca, no se trata sólo de oír, se trata de hacer. Lo que pasa que muchos oímos como oír llover. No ponemos atención, tenemos que aprender a oír y a practicar. Por eso Jesús dijo: Dichosos más bien —contestó Jesús— los que oyen la palabra de Dios y la obedecen.

Josué 1: 6-8 dice: Sé fuerte y valiente, porque tú harás que este pueblo herede la tierra que les prometí a sus antepasados. Sólo te pido que tengas mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley que mi siervo Moisés te mandó. No te apartes de ella para nada; sólo así tendrás éxito dondequiera que vayas. Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito.

En estos países estamos con serios problemas sociales, porque no se obedece no sólo la ley de Dios, si no también hay desobediencia a  la ley del país. Hay mucha discrecionalidad, hay mucha corrupción. Se le aplica a uno y a otro no, y por esa discrecionalidad hay problemas. Y a Josué le dijo el Señor “Tú vas a gobernar a Israel, pero tienes que tener mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley que mi siervo Moisés te mandó”. Eso se requiere en nuestros países y eso se requiere en nuestras familias y eso se requiere en nuestras empresas, eso se requiere en nuestras escuelas: valor y firmeza para obedecer la ley de Dios nuestro Señor.

No te apartes de ella para nada; sólo así tendrás éxito dondequiera que vayas. Todos queremos tener éxito a donde vayamos y para tenerlo tenemos que tener valor y firmeza para obedecer, no para aprenderla, no solo para escucharla, no sólo para hablarla, para practicarla, para obedecerla, ahí estás el éxito. “…Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito”. Entonces ¿cómo llevar lo que escuchamos y leemos de la Biblia a la práctica? En primer lugar aquí va un consejo valioso.

Para tener éxito, lo primero que tenemos que aprender es escuchar bien. Si usted no escuchó bien no asuma, pregunte otra vez. Oiga con atención. En la teoría de la comunicación a los distractores se les llama ruido, hay muchos distractores, ustedes están aquí sentados y yo estoy aquí hablando pero no todos están procesando en sus mente y corazón lo que están oyendo, porque están distraídos, no están oyendo. Están aquí, pero su corazón está lejos de aquí. ¿No es cierto? A veces estamos sentados, pero estamos pensando en otros asuntos y otros problemas, nuestra mente está bajando libros y haciendo números de nuestros problemas financieros, en vez de poner atención a la Palabra del Señor.

Otra vez está usted sentado, tiene el teléfono en la mano y chateando, preguntando como va el partido de fútbol, está viendo aquí al predicador, pero no está oyendo. Por eso aquí le aconsejamos que cuando esté aquí adentro apague el celular, póngalo en vibrador, por un ratito usted no está para esos distractores y a veces el distractor es un amigo o un familiar que está a la par de nosotros y siempre le gusta comentar todo lo que oye. Cuando alguien esté hablando dígale que haga silencio con el dedo en la boca.

Hay que evitar distractores, el mundo está tratando de robarnos la semilla de la Palabra, lea la parábola del sembrador, dice que parte de la semilla se la comieron las aves de los cielos y ese es el diablo que viene a robar de nuestra mente ese contenido  valioso de la Palabra. Hay que escuchar bien, atentamente, sin distractores. Así que evite conversar, evite contestar, evite chatear, evite hacer presupuestos aquí, hágalo allá en otro lado, escuche con atención.

En segundo lugar, tome nota. Yo sé que hay quienes toman su teléfono y ahí toman nota, pero vamos a confiar en que eso están haciendo. Anote, porque el que no apunta no apunta, tiene que anotar. Hace muchos años aprendí esta verdad: vale más pálida tinta que brillante memoria. Es mejor sacar el pedacito de papel y apuntar. Cuando usted apunta, se recuerda. Traiga un libro de notas, una hoja de papel, anote las frases, si hay un concepto, lo apunta y usted va a tener siempre material de donde pasar de la anotación a la reflexión. Cuando usted lo apunta, usted lo puede leer en su casa y meditarlo, o mañana cuando usted va caminando o parado media hora por un embotellamiento vial.

Además, no solamente escuchar, hay que anotar y reflexionar, ya lo dijimos hasta la saciedad, hay que accionar, porque del dicho al hecho hay mucho trecho, por eso Santiago  2:20-24 dice: “¡Qué tonto eres! ¿Quieres convencerte de que la fe sin obras es estéril? ¿No fue declarado justo nuestro padre Abraham por lo que hizo cuando ofreció sobre el altar a su hijo Isaac? Ya lo ves: Su fe y sus obras actuaban conjuntamente, y su fe llegó a la perfección por las obras que hizo”.

No basta con anotar, hay que actuar y preguntarse ¿cómo voy aplicar lo que aprendí? ¿Qué voy a cambiar en mi vida, que voy a comenzar a hacer, que voy a dejar de hacer? No se limite a escuchar la Biblia, propóngase practicarla y cuando usted esté apuntando, usted puede apuntar: no voy a somatar a mi marido, ya no voy a ofender a mi esposa, le voy a pagar lo que es justo a mis trabajadores, usted esté apuntando lo que tiene que hacer, voy a seguir el consejo del Pastor, voy a hacer ejercicio, dejaré de hacer haragán, usted empieza a hacer cambios, los anota, los practica y va notar la diferencia. Una cosa es escuchar, otra cosa es practicar. Practiquemos la Palabra de Dios.

Debemos ser practicantes del cristianismo y no solo oidores de la Palabra sino hacedores de la Palabra.

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