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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

La semana pasada  estudiamos el tema “Lo que aprendemos del Padre Dios”, un estudio sobre Génesis capítulos 2 y 3,  sobre al relación entre el primer Padre que es Dios y los primeros hijos que son Adán y Eva, y cómo aplicar estos principios  a la paternidad que tenemos con nuestros hijos, cómo aplicar estos principios a la vida de nuestros hijos, a su crianza, porque nadie quiere tener un hijo vago, corrupto, pobre, ladrón, todos queremos que nuestros hijos crezcan para ser hombres y mujeres de bien y prosperen. Deseamos estar orgullosos de ellos.

La semana pasada dijimos lo que Dios hizo con Adán, le hizo ver cuál era su responsabilidad (responsable es aquel que cumple con sus obligaciones). Debemos de la misma manera, como Dios le dijo a Adán que cuidara y cultivara el jardín del Edén, hacerle ver a nuestros hijos cuales son sus responsabilidades, porque si no estaremos criando hijos vagos, servidos,  inútiles e improductivos.

En segundo lugar dijimos que Dios le hizo ver claramente a Adán lo que era bueno y lo que era malo, que habría consecuencias. El Señor le dijo que podía comer de todos los árboles  del jardín, excepto del árbol del conocimiento del bien y del mal “El día que de él comas, ciertamente morirás”. Los hijos vienen sin nada en el cerebro, son un disco duro en blanco y nosotros, los papás, somos los responsables  de instalarles los programas que queremos tengan, debemos funcionar como un antivirus que no deja que  lo que no conviene a nuestros hijos entre en sus mentes. Por eso vienen sin nada en su cabeza y nosotros le enseñamos, por eso muchos de nuestros hijos hablan como nosotros, aprenden de nosotros.

En tercer lugar dijimos que Dios identificó y suplió  las necesidades de su hijo, porque lo vio solo. Entonces forma a Eva y se la entrega desnuda. Asombrado Adán dijo: Ésta sí hueso de mis huesos y carne de mi carne”. Entonces fue feliz al tener una compañera, su ayuda idónea. Nosotros debemos suplir las necesidades de nuestros hijos, hablamos que hay muchas, pero que podíamos resumirlas en dos: emocionales y económicas. Un hijo sin dinero se muere, pero un hijo sin afecto es un muerto en vida.

En cuarto lugar, dijimos que Dios se dio a conocer a sus hijos y bajaba hablar al jardín del Edén con ellos y compartía con sus hijos. Nosotros los papás somos los responsables  de crear la comunión con nuestros hijos  y bendecirlos al darles nuestra vida y revelarnos a ellos, quiénes somos y crear actividades en familia, para que seamos nosotros nuestra tribu, que haya identidad, que pertenezcamos a algo.

Hoy seguimos con la segunda  y última parte de este tema. Abra su Biblia en Génesis  3:8b-13: “…entonces corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera. Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo: — ¿Dónde estás?  El hombre contestó: —Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí.  — ¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? —le preguntó Dios—. ¿Acaso has comido del fruto del árbol que yo te prohibí comer?  Él respondió: —La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí. Entonces Dios el Señor le preguntó a la mujer: — ¿Qué es lo que has hecho? —La serpiente me engañó, y comí —contestó ella”.

Pongámonos en el lugar de Dios en un instante, crea a Adán solo  a él, le da las reglas sólo a él, él fue quien le contó a Eva que no podían comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Lo vio solo y dijo “pobre mi muchachito estás solito”, lo duerme, le saca la costilla, forma a Eva, sopla el viento de vida en ella y le entrega a Adán a Eva  desnuda y le dice: aquí está tu compañera Adán. Los había tratado tan bien, había suplido, no había dinero en ese entonces, pero había suplido sus necesidades que hoy suplimos económicamente, había comida, había donde dormir.  Es cierto, trabajaban, cuidaban  y cultivaban el jardín del Edén, pero era un trabajo muy sencillo, encontraron árboles ya sembrados, era de tomar, limpiar y comer. Dios no llegó, como lo hubiéramos hecho nosotros, cuando alguien ha fallado y le hacemos preguntas.

¿Cómo hubiéramos actuado? Por ejemplo, le dimos permiso a nuestro hijo para que fuera a una fiesta y quedamos que llegaría a una hora determinada. Llega esa hora y al final de todo llega con bastante retraso, la mamá si es muy emotiva ya llamó a la policía, a los hospitales a, a los amigos, el papá tal vez un poco moderado, pero siempre nervioso. Y por fin el muchachito hace su entrada triunfal, y se le arma todo el relajo. El potente motor de 5 mil c.c. de la mamá se encienda y le dice de todo, le reprochan que le dieron confianza, que le han dado de todo y que ya no lo quieren ver, que mire que hace con su vida. Dios no hizo eso. Él siempre estuvo en control en su reacción. ¿Qué es lo que debemos hacer nosotros y qué aprendemos de Génesis 3:8?

Pongo el ejemplo anterior, porque hay padres que dan permiso a sus hijos para que vayan a fiestas, con el pretexto de que conozcan al mundo, pero en esos lugares hay drogas, alcoholismo, perdición y cuando están sumidos en ese mundo ya no vienen a la iglesia. Los padres enseñamos lo que es bueno y lo que es malo. Volvamos al tema, y es que no debemos sermonear a nuestros hijos, sino debemos pedirles cuentas, es decir, hacerlos responsables de sus acciones, porque cuando usted lo sermonea, lo sermonea y lo sermonea y mientras más grita, el hijo ha ganado otro round, porque con esa actitud lo está eximiendo de toda culpa. Usted es el juez y el que está siendo jugado asume una actitud más serena.

¿Qué hizo Dios? Cuatro preguntas. ¿Dónde estás? El Señor sabía donde estaban, y ¿quién te ha dicho que estabas denudo? Si siempre estuvieron desnudos y no les daba pena. Tercera pregunta ¿Acaso has comido del fruto del árbol que yo te prohibí que comieras? Vea que en cada pregunta le está pidiendo cuentas a su hijo y el que pide cuentas lo conoce todo. Y por último, la única pregunta que le hace a Eva ¿Qué es lo que has hecho? Papás, no sermoneen a sus hijos, pídanles cuentas.

Volvamos al escenario de Carlitos, es ya muy tarde de la noche y no aparece, la mamá ha llamado a 17 hospitales del país, todos los vecinos del condominio ya saben que Carlitos va tarde, 11 de la noche hace su entrada triunfal. Cuando levanta su mirada, su mamá está sentada en la sala de enfrente, leyendo la Biblia, en el Libro de Lamentaciones, hay silencio. Carlitos dice: qué le pasó a mi mamá, eso es por ir a la Fráter, se le queda viendo y esos segundos de silencio de una madre duelen, papá está a la par también, el papá siempre reacciona violentamente, somata y grita. Ese día no. Sólo lo ve, el papá leyendo el libro de Apocalipsis, cinco segundos de silencio y el papá le dice: Carlitos, ¿sabes qué hora es? Las 11 -con respuesta tímida- y  ¿a qué hora debías venir?

-A las diez, papá.

- Está bien -le dice-. -Entra, vamos a platicar.

Se sientan. ¿Por qué viniste tarde? –Le pregunta.

-Papá le dice- hubieras visto, pinchamos, me asusté.

Los hijos tienen un don, cuando se les está pidiendo cuentas solamente se ríen o hacen algo o balbucean algo.

-¿Les llevó una hora  cambiar la llanta?

-No.

-¿Cuánto?

-55 minutos, papá.

-No, decime la verdad.

- 10 minutos papa.

-Y por qué viniste tarde, ¿No había celular, el tuyo?

- Se quedó sin baterías.

- ¿Y tus amigos no tenían?

-Si.

-Por qué no se los prestaste.

- Me dio pena.

-Muy bien hijo, lo que has hecho sabes que está mal, porque has traicionado mi confianza. ¿Cuál crees que debe ser tu castigo?

-¿No más permisos el día de mañana domingo?

- No. Yo quiero que seas un hijo obediente, a partir de ahora a un mes, no quiero que me pidas permisos para ir a ningún lado con tus amigos ¿te parece?

La reacción de protesta se da, porque a los hijos les entra el espíritu de hipócritas cuando tienen que quejarse. El papá solamente le dice, dos meses.

El Señor les pide cuentas, papás hagamos responsables a nuestros hijos, pidámosles cuentas, si la autoridad son los papás y las mamás en el hogar. Los papás me piden que hable con sus hijos, porque están rebeldes, no hacen caso, son malcriados. ¿Qué edad tiene su hijo? 11 años. ¡11 Años! Pidámosles cuentas a nuestros hijos.

Segundo lugar, Génesis 3:14-20 “Dios el Señor dijo entonces a la serpiente: «Por causa de lo que has hecho, ¡maldita serás entre todos los animales, tanto domésticos como salvajes! Te arrastrarás sobre tu vientre,  y comerás polvo todos los días de tu vida.  Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, pero tú le morderás el talón.»  A la mujer le dijo: «Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor. Desearás a tu marido,  y él te dominará.»  Al hombre le dijo: «Por cuanto le hiciste caso a tu mujer, y comiste del árbol del que te prohibí comer, ¡maldita será la tierra por tu culpa! Con penosos trabajos comerás de ella  todos los días de tu vida.  La tierra te producirá cardos y espinas,  y comerás hierbas silvestres.  Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres, y al polvo volverás.»  El hombre llamó Eva a su mujer, porque ella sería la madre de todo ser viviente”.

Así que Dios no sólo les pide cuentas sino los castiga. “Multiplicaré los dolores del parto de la mujer”, se le complica el trabajo al hombre que ya tenía, ahora debe sembrar, cuidar la tierra, la serpiente debe arrastrarse de por vida. Dios aplicó un castigo cuando sus hijos le fallaron.  Papás un castigo es una sanción impuesta. El hijo al que no castigamos lo estamos destruyendo, lo estamos despedazando, porque para él no hay dificultades. Mire lo que dice Proverbios 22:15 “La necedad es parte del corazón juvenil,  pero la vara de la disciplina la corrige”. Otro Proverbio dice “Que hay que disciplinar a los hijos mientras hay tiempo, pero que no se apresure nuestra alma para destruirlos”. Nunca el castigo es para destrucción sino para corrección.

El propósito es que nuestros hijos vuelvan al rumbo correcto, castigarlos.    Nosotros somos tres hermanos varones, siempre hay dificultades. Un día hicimos algo y a los tres nos iba a caer y mi papá nos llamó y nos dijo: Les voy a dar un cinchazo por lo que hicieron, porque no estuvo bien. Mi papá solamente daba uno. Entramos al cuarto y nos dice, “Antes de darles un cinchazo quiero que sepan que los amo y que lo que voy hacer es por su bien -yo no entendía muy bien esas palabras-, pero antes de eso vamos a orar.  Entonces comenzó a orar para que entendiéramos la disciplina.

Ahora bien, la Biblia dice en Proverbios 23:13 “No dejes de disciplinar al joven,  que de unos cuantos azotes no se morirá”. Pero cuidado con los extremos. El propósito de un cinchazo, de una nalgada, de un paletazo, aunque muchos prefieren no usar la mano, porque es la mano con la que acariciamos la mano de nuestros hijos.

Corrección y no  destrucción. Cuando alguien habla de castigo y creció en un hogar done el papá y la mamá eran violentos y les pegaban duro, hay quienes los agarraron a leñazos, hay quienes los ponían arrodillados sobre maíz, hay quienes les pegaban con los puños. Una persona me contaba que su papá estudiaba karate y  practicaba sus patadas  con sus hijos, en serio. Hoy se ha convertido al Señor y ahora ya dejó la vida lejos de los mandamientos de Dios. Pero él pateaba a sus hijos. Entonces cuando alguien nace en un hogar como ese, la palabra castigo para él equivale a abuso. Entonces se va al otro extremo y dice que “Yo nunca voy a tocar a mis hijos, nunca les voy a poner una mano encima”, entonces cuando debe corregir, no les pone una mano encima y los hijos no aprenden, y entonces se pierden.

El punto aquí es que Dios los castigó, pero tome cuenta que no les pegó, porque el castigo es más que un golpe físico, por eso castiguemos a nuestros hijos con creatividad, no todo es golpe tras golpe. Su hija de 18 años contesta abusivamente repetidamente. Sale el papá y le dice que no debe dar ese tipo de respuesta a su mamá que le dio la vida. Le pregunta ¿Cuál crees que debe ser tu castigo?

-Lavar los platos.

-No, esa tu responsabilidad hija, no es castigo. Dame tu ipod.

Quítele el ipod. Si no lo quiere entregar, mándela al cuarto. Óigame, quítele un celular a un hijo y va a ver. Hay tantas formas de castigar a los hijos. M’ijo no hay permisos, no van a salir a ningún lado, los hijos luego hacen un berrinche, porque los hijos que nunca han tenido un freno son unos hijos consentidos, malcriadotes que le causan vergüenzas a usted y a toda la familia, porque ante todos somatan puertas.

Pero papás si establecemos un castigo cumplámoslo, porque Dios vio a Eva dar a luz y la vio sufrir. El Señor dio un castigo, cumplió ese castigo. Por eso cuidado con lo que usted promete como castigo, porque hay que cumplirlo, si no resulta ser un mentiroso, usted va a ver a su hija sufrir, al segundo día sale con unas grandes ojeras y prometiendo un sin fin de cosas. Usted no sermonee, usted pida  cuentas, usted es su papá, es su mamá.

Antes que leamos Génesis 23:21, quiero que tenga esto en mente, de pronto  usted está desnudo aquí, ¿cómo se sentiría? Adán y Eva les pasó eso, estaban desnudos pero no lo sabían y de pronto experimentaron lo que experimenta todo pecador: vergüenza y miedo. Entonces se fueron y se escondieron, aunque Dios establece un castigo. En Génesis 3:21 leemos: Dios el Señor hizo ropa de pieles para el hombre y su mujer, y los vistió. Acá vemos el amor de Dios que cubre la desnudez  y la vergüenza de sus hijos. Y ¿cómo los cubrió con pieles? No fue a una tienda a comprar las pieles, se dio en la historia el primer sacrificio de animales, en el Antiguo Testamento, más adelante, ya en la historia de Israel se estableció que sin derramamiento de sangre no había remisión o perdón de pecados. Y Vemos como Dios sacrifica unos animales y los viste. Dios cubrió la desnudez de sus hijos, cubrió su vergüenza. Cuánto padre sin ponerse la mano en la conciencia, sin recordar el puesto privilegiado que Dios le ha dado, de ser al autoridad de su hogar y la palabra más importante de sus hijos, se atreva a decirle: “Vos sos un mal hijo, porque te acordás aquel día que me hiciste pasar aquella vergüenza, yo la verdad, hijo, me arrepiento de haberte tenido a vos, sos una vergüenza”. Hay papás o mamás que en su enojo están destruyendo la vida de sus hijos, porque en su dolor y en su dificultad se regocijan.Muchas veces comparan a uno con otros, eso es ponerlos en pleito a uno y a otro, eso no es ser papá. Eso de comparar hijos, mata.

Hay gente de 65 años que yo conozco, que me han dicho que todavía retumban en sus mentes las palabras de la mamá que les dijo que nunca iban a lograr nado en la vida. Dios perdonó sus pecados y cubrió su vergüenza, yo no le digo que se convierta en cómplice y un mentiroso de las cuestiones, es distinto perdonar y bendecir. Dios nos enseña esto.

Algo puedo decirle que usted puede cubrir y amar y perdonar a sus hijos en su vergüenza, pero ellos tienen que acercarse a Dios y ponerse a cuentas con Él, por los pecados que han cometido, y tienen que pedirle perdón por rebelarse contra su voluntad. El hijo que no guarda los mandamientos de Dios es un hijo, es una persona rebelde. Pecar no es hacer algo malo, es decirle a Dios no me importas lo que tú pienses, no me importan tus mandamientos, yo soy la regla y mis mandamientos, eso es una rebelión. Si sus hijos no se ponen a cuentas con Dios y no viven para Dios, aunque usted los perdone, van para el infierno. Dios cubre la vergüenza de sus hijos y perdona cada uno de sus pecados.

El último punto está en Génesis 3:22-23: “Y dijo: «El ser humano ha llegado a ser como uno de nosotros, pues tiene conocimiento del bien y del mal”. Recuerde que comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal y ahora aparece algo que no había sido mencionado: “No vaya a ser que extienda su mano y también tome del fruto del árbol de la vida, y lo coma y viva para siempre.» Entonces Dios el Señor  expulsó al ser humano del jardín del Edén, para que trabajara la tierra de la cual había sido hecho”.

Simple y sencillamente, Dios cumple su promesa, porque en el jardín del Edén era un edén. Aunque Dios perdonó no los libró de las consecuencias de su pecado. Sus hijos deben saber siempre que habrá consecuencias.  Zig Ziglar dijo: “Discipline a su hijo con amor, o el mundo se encargará de disciplinarlo sin amor”.  Si usted intenta salvar de las consecuencias a sus hijos vez tras vez, y les hace todo vez tras vez, usted lo que está criando no son hijos sino papás que van a ser hijos con hijos. Está criando gente que no sabe hacer nada, gente que es inútil, gente que no puede estudiar, pero el papá y la mamá encubren al hijo, evitando que sufra las consecuencias de sus faltas. Lo más doloroso es que verán a su hijo enfrentar consecuencias. Créame que se prepara para ser un viejito y ver a un hijo inútil e irse a la tumba  sabiendo que no crió a un hijo para la vida, sino lo entregó para sufrir en esta vida.

Hoy es común -dentro de un marco conceptual humanista- escuchar que la gente dice que puede hacer lo que quiera con su vida. El concepto cristiano es que mi vida es de Dios, yo hago lo que Dios dice y la regla no es  para mi mal sino para mi salud y mi cuerpo, dice la Biblia, es para tener paz.

Pero si confiamos en el acepto humanista de hacer lo que queremos hacer de nuestra vida, de declararnos libres de hacer lo que queremos, veremos las consecuencias en ofertas, algo gratis, un 2×1. Yo puedo decidir lo que quiera, pero no puedo escoger las consecuencias, las consecuencias van implícitas en cada decisión, alguien dijo es como recoger un palo del suelo, usted cuando toma un extremo de una vez levanta el  otro. Decisiones = Consecuencias. Jóvenes métanse esto en su corazón y guárdenlo en su mente: cualquiera puede escoger lo que quiere y aún ser feliz, tal vez en esta tierra, pero créanme, jamás se va a librar de las consecuencias, porque en cada decisión la consecuencia va en ofertas incluida.

Ahora bien, no espere que su hijo se somate para decirle: Ahora te voy a enseñar. No, no es así, por eso está el libro de Proverbios, que tal si lo leen como familia, un capítulo al día, tiene 31 capítulos.

Lo único que puede restaurar la relación entre padre y el hijo ignorado,  golpeado o humillado es el perdón. Y hacerles ver que por muy padres perfectos que creamos ser,  sólo hay uno perfecto que es Dios nuestro Señor, pero al ver nuestra humildad reflejada delante de ellos,  no nos van a perder el respeto, nos van a admirar.

Iglesia, nuestros hijos lo valen todo, guiémoslos  en el camino de la fe y amémoslos con todo el corazón.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…