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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Los que tienen trabajo denle gracias a Dios, porque Él nos lo ha provisto, nos lo ha dado para sostener a nuestra familia, proveer para nuestros hijos.

En el libro de  Job aparece la historia de este hombre. Dios está hablando con el diablo, dice en el capítulo 1 que los ángeles debían hacer acto de presencia ante el Señor y con ellos se presentó también Satanás, en los versículos 7-10 dice que “el Señor le preguntó: — ¿De dónde vienes? —Vengo de rondar la tierra, y de recorrerla de un extremo a otro —le respondió Satanás. — ¿Te has puesto a pensar en mi siervo Job? —volvió a preguntarle el Señor—. No hay en la tierra nadie como él; es un hombre recto e intachable, que me honra y vive apartado del mal. Satanás replicó: — ¿Y acaso Job te honra sin recibir nada a cambio? ¿Acaso no están bajo tu protección él y su familia y todas sus posesiones? De tal modo has bendecido la obra de sus manos que sus rebaños y ganados llenan toda la tierra”.

Hay quienes han pensado que hacer un voto de pobreza es sinónimo de santidad, que no poseer nada es lo mismo que ser santo, pero en esta conversación se ufana de su siervo Job, porque él es el más rico de su comarca, pero es el más recto de la comarca, es el más poderosos, pero es el más honrado, es el más opulento pero es obediente a la Palabra de Dios. Ahora ¿cómo Job llegó a ser tan recto y tan rico? Hay un elemento clave aquí que el mismo Satanás reconoce, dice claramente en el versículo 10: ¿Acaso no están bajo tu protección él y su familia y todas sus posesiones? De tal modo has bendecido la obra de sus manos”. La clave  para que en esta vida nos vaya bien está en tener la protección de Dios, la bendición de Dios. Tome nota, usted puede llegar a ser el más rico de todos, pero ser recto, temeroso de Dios, hará la diferencia, Usted puede ser el más pobre de todos, pero no ser recto y no ser temeroso de Dios. Lo importante es tener ambas riquezas, la riqueza espiritual y material.

Génesis 2:15-17 “Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara, y le dio este mandato: «Puedes comer de todos los árboles del jardín,  pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás.»”.

Acabamos de leer en el libro de Génesis que cuando Dios creó al hombre y lo puso en el jardín del Edén, era para que trabajara y eso se lo ordenó antes que pecara y desobedeciera. La desobediencia del hombre al mandato de Dios no causó la maldición del trabajo, causó la maldición de la tierra. La tierra que Adán labraba y cuidaba antes de pecar, era una tierra fértil, fácil de trabajar, la tierra que el hombre tiene que trabajar hoy es una tierra difícil, hay que abonarla, hay que limpiarla, a veces no hay lluvias a tiempo, hay muchas dificultades, pero nunca Dios dio al hombre el trabajo como consecuencia de su pecado, porque antes de pecar ya trabajaba. En Génesis 3: 17-19 dice: Al hombre le dijo: «Por cuanto le hiciste caso a tu mujer, y comiste del árbol del que te prohibí comer, ¡maldita será la tierra por tu culpa! Con penosos trabajos comerás de ella todos los días de tu vida. La tierra te producirá cardos y espinas, y comerás hierbas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente,  hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres, y al polvo volverás.»

El trabajo es una bendición, porque cuando nosotros trabajamos imitamos a nuestro Creador, Dios el creador de los cielos y de la tierra, el Padre nuestros que está en los cielos, es creador, es trabajador y por eso Jesucristo dice  que “Debemos trabajar mientras dura el día, la noche viene cuando nadie podrá trabajar y yo obro porque mi padre obra”. Nuestro padre celestial es el mayor ejemplo del trabajo bien hecho. Por eso es que usted ve la creación y ve que cada cosa que Dios creó la concluye con estas palabras: “Y vio Dios que era bueno”. Y cada día que Dios creó algo dijo: “Y vio Dios que era bueno”. Es importante aprender que el Dios creador del cielo y de la tierra es trabajador, y por eso es que el trabajo honra y dignifica y la ética cristiana del trabajo ha hecho que países europeos y países americanos prosperen, porque hay esa conciencia de que debemos trabajar.

En todas las épocas ha habido buenos trabajadores y malos trabajadores. Buenos cristianos y malos cristianos. Cuando Jesucristo acababa de partir a los cielos, la expectativa de toda la Iglesia de su retorno era tanta que dicen que algunos cristianos vivían con los ojos puestos en las nubes esperando que se abrieran los cielos de par en par, y que los ángeles descendieran de nuevo con Jesucristo, así como lo habían visto ascender a los cielos. Y era tal la expectación que cuando Pablo enseñó sobre la pronta venida de Cristo en la  primera carta a los Tesalonicenses, muchos lo tomaron tan a pecho que dijeron: ¿de veras Cristo viene ya? ¿Para qué trabajar? Ya no trabajemos. ¿Para qué estudiar? ya no estudiemos ¿Para qué producir? Si ya Cristo viene y todo se va a acabar. Lamentablemente se tergiversó la enseñanza de la parousía, que es el término griego que se refiere a las señales y a la segunda venida de Cristo. Y por eso Pablo tuvo que escribirles a ellos correcciones muy importantes, en 2 Tesalonicenses 3:6 en adelante, les empieza a dar correcciones sobre el concepto distorsionado del trabajo. Ahí encontramos cómo Pablo empieza a corregirles, les dice en el versículo 6 que se aparten de todo aquel que este viviendo como un vago. Que consejo más tajante, apártense de todo aquel que vive como vago. Nosotros tenemos que aprender a vencer la vagancia. “Hermanos, en el nombre del Señor Jesucristo les ordenamos que se aparten de todo hermano que esté viviendo como un vago y no según las enseñanzas recibidas de nosotros”.

En todas las épocas ha habido malas interpretaciones, en los 80’s un líder de una gran denominación en Guatemala enseñaba que Jesucristo iba a venir en 1988, y en su iglesia en la ciudad de Guatemala y en sus iglesias en distintas partes del mundo decidieron –algunos- que si la venida de Cristo estaba pronta para que seguir yendo a la Universidad, para que casarse, para que ir a trabajar, para que pagar las deudas.

Lamentablemente llegó el año y no vino Cristo por Su iglesia. Cada vez que se muere un cristiano Cristo viene por Su iglesia, porque ¿quién es la iglesia? Nosotros somos la iglesia, usted es la iglesia y cuando usted se muere, Cristo rapta a su iglesia y la lleva al cielo, pero es un todavía no del rapto total de toda la iglesia. Así que Cristo Jesús va a venir, pero todavía no, pero ya ha venido por todos los que se han muerto. Mi consejo, estimado hermano, es esto: vivamos como que Cristo fuera a venir hoy y trabajemos como si Cristo fuera a venir dentro de mil años, porque al fin y al cabo para Dios un día es como mil años y mil años como un día, entonces vivamos santamente como si Cristo viniera hoy, pero trabajemos duramente, inteligentemente, perseverante como que fuera a venir dentro de mil años.

En 2 Tesalonicenses 3:7 dice: “Ustedes mismos saben cómo deben seguir nuestro ejemplo. Nosotros no vivimos como ociosos entre ustedes, ni comimos el pan de nadie sin pagarlo. Al contrario, día y noche trabajamos arduamente y sin descanso”. Pablo es un ejemplo de un siervo de Dios que se sostiene con su propia empresa, tiene una fábrica de carpas, de tiendas de campaña, y las produce durante el día y por la tarde y por la noche se dedica a enseñar, él trabaja arduamente “para no ser una carga a ninguno de ustedes. Y lo hicimos así, no porque no tuviéramos derecho a tal ayuda, sino para darles buen ejemplo”. ¿Qué es la ociosidad? ¿Quién es un ocioso? Ociosidad es el vicio de no trabajar, eso dice el diccionario de la Lengua Española. Si a usted le dicen que es un ocioso, le están diciendo que es un vicioso, que tiene el vicio de no trabajar. La ociosidad es el vicio de no trabajar, perder el tiempo, es la madre de todos los vicios.

Y Hablando de madres, tenemos que reconocer que hay madres trabajadoras, padres trabajadores. La Biblia en el capítulo 31 de Proverbios nos describe a una mujer ideal, si usted quiere tener una esposa ideal búsquela de acuerdo a ese perfil, en el versículo 10 en adelante que dice: “Mujer ejemplar, ¿dónde se hallará? Y yo le digo a los jóvenes, aquí en la Fraternidad Cristiana, aquí se encuentran muchas mujeres ejemplares, aquí se han conseguido los jóvenes buenas novias y esposos. Vamos al versículo relevante que les quiero mencionar, versículo 27: Está atenta a la marcha de su hogar, y el pan que come no es fruto del ocio”. Una mujer ideal no es una mujer ociosa.

Joven, le voy a dar un tip: si usted quiere reconocer a una mujer como buena para casarse con ella, mire si en su casa es ociosa, si en su casa no hace nada, no recoge nada, no limpia nada, no arregla nada. No sirve para nada. Es muy importante que usted sepa que su esposa es y debe ser una mujer trabajadora. Pablo con su mismo ejemplo les demostró, cuando vivió en medio de ellos, que debían trabajar duramente para no ser carga a nadie. Yo le pregunto a usted, ¿hijo, es usted carga para su mamá, para su papá, para su abuela? Nosotros no podemos ser carga para nadie, la Biblia dice en 2 Tesalonicenses 3:10: Porque incluso cuando estábamos con ustedes, les ordenamos: «El que no quiera trabajar, que tampoco coma.» Si nosotros queremos comer con paz y tranquilidad, dignamente, debemos ser gente trabajadora. Vea lo que dice el sabio Salomón en Eclesiastés 10:18 “Por causa del ocio se viene abajo el techo, y por la pereza se desploma la casa”. Si usted quiere tener la casa en buen estado, tiene que ser una persona trabajadora, tiene que estar reparando la casa todo el tiempo, manteniéndola todo el tiempo y si usted personalmente no puede hacerlo, necesita recursos para contratar quien se la repare, quien se la mantenga en buenas condiciones para habitarla.

Proverbios 10: 4: “Las manos ociosas conducen a la pobreza; las manos hábiles atraen riquezas”. ¡Quién no quiere tener riquezas! ¿Cuántos querrán pobrezas? Todos queremos riquezas, ¿cómo vamos atraer las riquezas? Con las manos hábiles, manos trabajadoras, pero aquel que anda cruzado de brazos sin hacer nada, lo que va a producir es pobreza. No importa que lo hereden con una fortuna, he visto familias muy bien acomodadas que luego mueren y heredan a la siguiente generación y sus riquezas se acaban, porque las riquezas no duran para siempre. Lo que necesitamos es gente trabajadora, gente que entienda que el trabajo es una bendición y que si quiere salir adelante debe tener manos hábiles y dispuestas a trabajar, porque cuando trabajamos suplimos nuestras necesidades.

El irresponsable no es digno de trabajar para suplir sus necesidades. Por eso los padres debemos enseñar a nuestros hijos la importancia del trabajo y del estudio, idealmente que tengan estudios universitarios y la preparación de un oficio, porque esto les permitirá tener mayores ingresos. La tradición judía dice que quien no le enseña a su hijo un oficio lo enseña a robar. Por eso hace 22 años cuando echamos a andar el Liceo Bilingüe Fraternidad Cristiana me propuse con toda mi convicción que fuera un colegio verdaderamente bilingüe donde el alumno aprendiera no sólo su lengua nativa, español, sino una lengua extranjera, en este caso inglés. Y al graduarse, un año antes de graduarse, pasen la prueba del Toefl y ellos pueden ir a cualquier universidad del mundo, pueden sir a predicar en cualquier parte del mundo, porque hablan inglés y español, y si no pueden seguir estudiando prontamente pues se ganan la vida como interpretes, como traductores jurados, con un poco más de preparación. Les enseñamos computación, saben computación. No sólo tienen su cartón de bachilleres, sino que tienen un oficio, saben otro idioma bien aprendido, saben manejar la computación, bien aprendida. Nosotros tenemos que enseñar a nuestros hijos un oficio, enseñémosles a trabajar.

El gran problema que tenemos muchos de nosotros es que nos costó. A la gran mayoría nos costó, venimos de hogares, algunos hogares disfuncionales, donde sólo tuvimos a nuestra madre o a nuestro padre, o tuvimos a nuestro padre pero estaba capturado por el vicio, estaba capturado por cualquier otra irresponsabilidad. Y tuvimos que trabajar, tuvimos que luchar y salir adelante. Una pequeña encuesta que hice le pregunté a alguien a qué edad empezó a trabajar. Me decía que a los 14 en empaque de productos en una maquila, llegó a ser auditor, luego puso su propio negocio. Otro empezó a los 11 años en la carnicería de su papá,  ahora tiene sus propias carnicerías. Cuando usted trabaja y a veces desde muy niño, se esfuerza y se sacrifica, sale adelante, y cuando llegue a la edad madura tendrá un patrimonio, una posición, comodidades, lujos, pero –cuidado- también excesos. El peligro está en que les privemos a nuestros hijos el camino del esfuerzo, el camino del trabajo, el camino del sacrificio. Nos escudamos en que no queremos que ellos sufran lo que sufrimos, que ellos trabajen como nosotros trabajamos, se olvida que usted es hoy lo que es por el trabajo, por el esfuerzo que puso y creamos una generación de jóvenes y señoritas sin iniciativa, sin carácter, enclenques, débiles, porque están acostumbrados sólo a extender la mano y pedir. Tenemos que enseñar a nuestros hijos a trabajar, porque el trabajo es para ganarse la vida.

2 Tesalonicenses 3:-11-13 dice “Nos hemos enterado de que entre ustedes hay algunos que andan de vagos, sin trabajar en nada, y que sólo se ocupan de lo que no les importa. A tales personas les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo que tranquilamente se pongan a trabajar para ganarse la vida. Ustedes, hermanos, no se cansen de hacer el bien.

Yo sé que a veces las personas pueden cansarse de hacer el bien, por diversas causas, unas porque el patrono le descontó la cuota laboral para la planilla del IGSS y no la paga. Mis estimados hermanos, esto hace que el trabajador se canse de hacer el bien y comience a robarle al patrón. Por eso el patrono debe ser justo y el trabajador debe ser justo. Si el trabajo que realiza es como patrono, hágalo bien. Si su trabajo es como obrero, hágalo bien. Todos debemos cumplir lo que nos toca hacer. Y dice Pablo: “…les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo que tranquilamente se pongan a trabajar”

Enseñemos a nuestros hijos a trabajar, ¿qué pasa cuando usted le dice a sus niños que todavía están en casa y pueden colaborar con los oficios domésticos, levantar los platos, hacer su cama, poner su ropa en el lugar de la ropa sucia, poner sus juguetes en el lugar correspondientes, ser ordenados, contribuir? No les gusta trabajar, pero tenemos que enseñarles. Luego dicen los versículos 14-15 “Si alguno no obedece las instrucciones que les damos en esta carta, denúncienlo públicamente y no se relacionen con él, para que se avergüence. Sin embargo, no lo tengan por enemigo, sino amonéstenlo como a hermano”. Si hay un compañero nuestro en la iglesia que no le gusta trabajar, exhortémoslo, animémosle y hasta cierto modo, dice Pablo, póngalo en el congelador, enfríele un poquito la relación para que aprenda que debe ser trabajador, la idea es corregir a nuestro hermano, no destruirlo ni excluirlo permanentemente, sino enseñarle la responsabilidad de trabajar. Así que a la luz de lo estudiado, el cristiano debe comprender, primero que el trabajo no es una maldición, sino una bendición que permite proveer para nuestra familia. 1 Timoteo 5:8 dice “El que no provee para los suyos, y sobre todo para los de su propia casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo”.

Si usted está casado, tiene que ver como sostiene su casa, si usted tiene hijos, tiene que ver como los sostiene. El trabajo es para proveer para  los de su propia casa. Si usted es soltero, trabaja y obtiene ingresos y vive en la casa de sus padres, contribuya, ayúdelos en los gastos, así que cuando se case no le costará endosar el cheque para la cuenta en común con su cónyuge. Nosotros los papás somos culpables de que nuestros hijos no contribuyan en nada a la casa, porque hemos sido malos maestros en ese sentido, pero ellos deben contribuir, hay quienes ya adultos piden para que los padres les cubran su presupuestos, en lugar de ser ellos quienes ayuden a sus ancianos padres. Debemos sostener nuestra casa y ya casados, por  favor, no le esté sacando a los pobres papás para el presupuesto de su casa, usted debe sostenerse. Está establecido que el hombre dejará su padre, a su madre y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne. Corte el cordón de la dependencia y trate de sostenerse usted mismo.

Concluimos a que debemos trabajar como para Dios y no para nadie en este mundo. Colosenses 3:23-24 dice: “Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor”. Los que tienen trabajo den gracias al Señor, porque es una bendición tenerlo, aprécielo, cuídelo, hágalo bien. Da pena cuando uno entra a una tienda y las dependientes de mostrador hablando en corrillos y lo ven entrar y como si nada. Cuando usted se encuentra con alguien que sí sirve, usted ve a alguien que va camino al éxito, pero la gente tiene que hacer bien su trabajo, seamos amables, solícitos, diligentes, atentos. Trabajemos no sólo cuando el jefe nos mira, reconozcamos que hay un jefe sobre todos los jefes que se llama Dios nuestro Señor, quien nos ve en todo momento y nos recompensa cuando trabajamos para Él y no para los hombres.

Lamentablemente desde que estamos en la escuela, en el colegio, nos enseñan a ser hipócritas. Cuando el maestro o maestra no está en el aula se vuelve un relajo la sección, la clase es una habladera, una tiradera de cosas. Cuando de repente alguien que siempre le gusta hacer de policía, grita ¡aguas, aguas!, y todos a sus lugares, tranquilos como si nada ha pasado. Lamentablemente la mayoría de gentes para funcionar bien necesitan que alguien los esté supervisando, necesitan caporales, necesitan supervisores. Recuerde, aunque estemos solos hay un Dios que nos observa y aunque nadie reconozca nuestro esfuerzo, Él sí lo va a reconocer de una manera extraordinaria, nos va a promover, nos va a bendecir grandemente, en  donde quiera que trabajemos. Y cuando trabajamos como para Dios, no importa que nuestro jefe sea el peor de todos, porque Dios nos ayuda a lidiar y a orar para que venga a los pies de Cristo y se transforme en una buena persona.

Aprendamos que también el producto de nuestro trabajo es para sostener a nuestra familia natural y nuestra familia espiritual. Cuando trabajamos es porque necesitamos sostener a nuestra esposa, a nuestros hijos, pero también nuestra familia espiritual, nuestra iglesia. Por eso es tan importante que así como damos lo del gasto en nuestra casa, preparemos nuestro diezmo para el sostenimiento de la Casa del Señor. Algunos dicen que lo que dice Malaquías 3:10, ya no es para nuestro tiempo, que pertenece al Antiguo Testamento. Entonces dé de acuerdo al Nuevo Testamento, según Hechos capítulos 2 y 3 que para dar vendían sus propiedades y traían íntegro el valor de la propiedad a los pies de los apóstoles. Dios no necesita que le demos, es el dueño de todo, pero nosotros necesitamos expresarle nuestro agradecimiento, nuestro amor, nuestra gratitud y cuando le damos recibimos, porque no le podemos ganarle a Dios cuando se trata de dar, siempre nos gana y nos da más de lo que nosotros damos. Por eso los aliento siempre y les animo cada vez que reciban sus cheques, sus utilidades, sus intereses, sus sueldos, el primer pago que hay que hacer es el de nuestros diezmos, nuestras ofrendas, nuestras promesas de fe para el Señor. Aprendemos  también que el producto de nuestro trabajo es para bendecir la vida del que no tiene, por eso nos exhorta Pablo a ser ricos en buenas obras y generosos con el necesitado, eso es lo que dice Pablo, a los ricos de este mundo ensáñales a que sean ricos en buenas obras y generosos con el necesitado. Aprendemos que si no enseñamos a nuestros hijos la responsabilidad y la bendición del trabajo estaremos creando vagos y todo vago termina en malos caminos, en el hospital, en la cárcel, en la muerte, en el exilio, por su vagancia. Un árbol se conoce por sus frutos y al cristiano se le conoce por su trabajo, por su santidad. Un buen trabajador es un buen testimonio de ser un hijo de Dios.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…