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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

¿Qué tan fuerte, qué tan frágiles somos? Somos muy frágiles. Somos como muñecos que de un momento a otro nos vamos de este mundo. Por eso decimos que somos como la neblina que a veces es tan densa que no vemos, pero al rato se disipa. Somos tan frágiles, pero en medio de esta fragilidad y en medio de este cuerpo mortal, dentro de este cuerpo, llevamos un tesoro. Veamos en 2 Corintios 4:6-7 donde el apóstol Pablo escribe: “Porque Dios, que ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo. Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros. Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros”.

Cuando nuestros hijos empiezan  a gatear, lo primero que hacemos en la casa es quitar todas las cosas de cerámica o de cristal, porque los niños todo lo quieren tocar y chupar. Yo no sé si usted alguna vez quebró algo de su mamá, pero es una angustia terrible, porque todo lo de cerámica o arcilla es frágil. Pablo dice  que tenemos el tesoro del Evangelio en vasijas de barro, cuerpos mortales, cuerpos frágiles. ¿Con qué propósito? Y es uno solo, para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros, porque somos frágiles, simples mortales que estamos ahora  luego ya no estamos.

Cuando la gente ve todo lo que hemos hecho, el Mega Auditórium y los otros nueve edificios y el parqueo para más de dos mil y pico de vehículos, pregunta ¿quién los sostiene económicamente? ¿Qué iglesia en Estados Unidos les manda el dinero o qué asociación internacional? ¿Quién nos sostiene a nosotros? Nosotros mismos, Dios nos bendice con nuestros diezmos, ofrendas y promesas de fe que mes a mes traemos para los fondos del templo. Con eso hemos podido construir todo lo que tenemos acá, al contado porque Dios es fiel y nos bendice. Y la gente se sorprende, porque en medio de nuestra fragilidad que humanamente no impresionamos, en medio de estas vasijas de barro Dios revela su sublime poder.

¿Usted dirá por qué está hablando de la fragilidad del ser humano? Tiene que ver con algo que se ha infiltrado en la iglesia y es una enseñanza  en la que se dice que el cristiano está inmune a los problemas, a las enfermedades, a las dificultades. El problema de esta enseñanza es que cuando viene la prueba es gente que rápido  abandona la fe, porque les dijeron que nunca nada le iba a tocar. En otras palabras, lo que la gente enseña es que el cristiano a diferencia del no cristiano está inmune a los problemas y situaciones que enfrentamos.

Hay muchos cristianos, gente que ama al a Dios, gente que sirve, gente que lee la Biblia, que ora y sin embargo, han sido asaltados. A mi ya me a saltaron con una pistola, me pidió el asaltante  mi celular, mi palm, mi billetera y me sacó el poco dinero que llevaba. Me pidió las llaves de mi carro y cuando estaba lejos me las tiró. Entonces me recordé de la Palabra del Señor que nos manda a bendecir a los que nos maldicen. En primer lugar, gracias a Dios estaba con vida. He visto a Pastores íntegros, rectos, temerosos de Dios morir de enfermedades terminales, porque en este cuerpo terrenal, en esta vasija de barro está la presencia del Señor, pero somos frágiles.

Los cristianos siempre afrontamos dificultades, siempre tenemos momentos difíciles y si no estamos en sintonía con lo que la Biblia enseña, cuando vengan esos momentos seremos como aquella semilla que cae junto al camino, que cuando sale el sol y como no tiene profundidad de tierra se seca y se muere. Debemos conocer la Palabra.

El apóstol Pablo lo tenía claro, en 2 Corintios 4:8-9-12 nos dice: “Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos”. Y lo habla alguien que se llamó el último apóstol, porque como un abortivo –dice- Jesús ya resucitado se le apareció camino a Damasco y lo llamó a predicar el Evangelio entre los gentiles, entre todos aquellos que no somos judíos. Nos dice: “Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos.  Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo. Pues a nosotros, los que vivimos, siempre se nos entrega a la muerte por causa de Jesús (se refiere a aquellos que andan predicando de Cristo como él), para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo mortal. Así que la muerte actúa en nosotros, y en ustedes la vida”. El vivía de lugar en lugar arriesgando su vida y predicando.

Todos enfrentamos dificultades, cristianos o no cristianos. La única diferencia no está en las situaciones que enfrentamos sino cómo las enfrentamos: con fe en el que todo lo puede. Es decir, el cristiano se enferma, se accidenta, lo asaltan. La diferencia es la fe que tiene en medio de las circunstancias. Yo dije cuando me gradué del colegio quiero ir a estudiar Biblia, ese era mi sueño, al ver a mis papás como creyentes leer la Biblia, el ver en la iglesia la gente pasar al frente y hacer una oración que cambia el destino de una persona, de una familia, de un vecindario. Era lo que más me llenaba, el poder compartir con predicadores que venían, el estar con ellos y cenar con ellos y ver la pasión que había en sus corazones,  para que todo el mundo conociera de Dios y pudieran acercarse a Él. Me dije: Yo quiero servir al Señor en la iglesia.

En 1993 me gradué del colegio y en el 94 me fui a estudiar. Después de casi dos años fabulosos con amigos de todos los países del mundo regreso a Guatemala y dos semanas después me sentía muy mal. Me sentía como sin fuerzas, decaído, como acatarrado. Fuimos al doctor con mi mamá por otra cuestión. Estando ahí le digo: doctor fíjese que he sentido en mi cuerpo una como  masita, una bolita que me ha crecido. Me revisó y me dijo que me iba a enviar con un especialista.

Ese fin de semana precisamente era el primer fin de semana que yo iba a predicar en la Fráter Roosevelt, en el Auditórium Mayor, era 1997. Mi papá andaba de viaje. Así que fuimos con mi mamá con el especialista, me revisó y me dijo: Prepárate, porque tienes cáncer y yo no creo que sea benigno. Mi mamá salió de ahí afligida. Yo lo que decía era: Señor cuánto me he guardado, mi luna de miel, mis hijos, yo quería disfrutar la vida, graduarme de la universidad, hacer un montón de cosas. Y yo estaba convencido que Dios podía sanarme, pero no sabía si iba a sanarme. Usted dirá, bueno, el apóstol Pablo porque era el apóstol Pablo, pero y ¿Jesús?

Abra su Biblia en Juan 16:32-33, acá Jesús le está hablando a sus discípulos y les dice: “Miren que la hora viene, y ya está aquí, en que ustedes serán dispersados, y cada uno se irá a su propia casa y a mí me dejarán solo”. Recuerde que aún Pedro, el pilar de la iglesia primitiva, traicionó a Jesús y lo abandonó al momento de su arresto. Sin embargo, solo no estoy, porque el Padre está conmigo. Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo”.

Usted dirá ¿por qué está haciendo tanto énfasis en las aflicciones? Porque a veces se nos dice que no vamos enfrentar aflicciones y que si las enfrentamos es porque estamos mal con Dios o porque algo estamos pagando o porque no tenemos fe. La gente se acerca con una condenación sobre sus hombros para decirle a uno: Mire, me falta fe, porque estoy en medio de esta aflicción. Un hijo está enfermo y no es que le falte fe, Jesús dijo: En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo”.

El profeta Jeremías escribió en el capítulo 33:1-3“La palabra del Señor vino a Jeremías por segunda vez, cuando éste aún se hallaba preso en el patio de la guardia: «Así dice aquel cuyo nombre es el Señor, el que hizo la tierra, y la formó y la estableció con firmeza: Clama a mí y te responderé, y te daré a conocer cosas grandes y ocultas que tú no sabes«”. Estaba con mi mamá saliendo del hospital donde estaba el médico. Nos subimos al carro, nos fuimos a la casa hablando y le digo: Mama, Dios tiene el poder para sanarme. Porque todos sabemos que Dios es poderoso. Estaba convencido que Dios podía sanarme, pero no sabía si Dios me iba a sanar. Le dije: mami, quiero que sepas que cualquier cosa yo estoy preparado para irme con mi Señor. Porque Él es quien tiene la última palabra. Le empecé a mencionar todos aquellos que con fe habían muerto puesto los ojos en Jesús y que estaban disfrutando de la gloria. No estaba yo danzando o celebrando o hice una fiesta porque me iba a morir. No. Pero estaba en medio de mi tristeza y en medio de mi prueba convencido que ni la muerte debe separarme de la fe del que me dio la vida.

La enseñanza que se ha infiltrado, también en la iglesia, es  básicamente el cielo y la tierra, que usted aquí todo lo va a tener y luego la gente dice, “Yo ya hice esto, esto, todo lo que he escuchado y no hay modo que tenga el millón de dólares que le pedí al Señor. La única forma de conseguir un millón de dólares en cuestión de un par de meses, es meterse al narcotráfico, no hay otra forma. Tranquilo. La vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posee, eso es lo que dice la Biblia. La felicidad no depende de los bienes que se tengan.

Nos han metido que el enfoque primario es esta tierra y el cristiano no vive sólo para esta tierra. Está bien, hay que estudiar, hay que ahorrar, hay que invertir, si puede poner un negocio, póngalo y si es íntegro y trabaja y da un buen servicio prosperará, pero el enfoque de Dios no es que sus hijos vivan pensando sólo en esta tierra, porque dice la Escritura que nos ha dado las riquezas para que las disfrutemos, y hagamos bien al que tiene necesidad. La Biblia nos enseña que usted y yo somos extranjeros en este mundo, es decir que somos peregrinos, andamos de paso y se nos va a acabar la vida.

Esta vida es breve, es como la neblina.

Lo que ha sostenido a la iglesia a lo largo de los años es la esperanza en la resurrección de los muertos, en que Dios dijo por medio de Jesús cuando estuvo en la tierra, “Me voy a prepararles un lugar para que estén conmigo por la eternidad”. Entiéndame, el enfoque no es que no trabajemos, que no vayamos a estudiar y que nos dediquemos a celebrar. Me refiero a que debemos esforzarnos y trabajar con todo esfuerzo y disciplina e integridad en esta tierra y alcanzar cosas, siempre consagrándolas al propósito celestial, disfrutándolas y ayudando al necesitado, pero sabiendo que esta vida tiene un fin. Por eso el apóstol Pablo en 2 Corintios 4:14-16 nos dice, en la porción que venimos estudiando: “Pues sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará también a nosotros con él y nos llevará junto con ustedes a su presencia. Todo esto es por el bien de ustedes, para que la gracia que está alcanzando a más y más personas haga abundar la acción de gracias para la gloria de Dios. Por tanto, -este por tanto es porque vamos a resucitar- no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día”.

Esta cárcel se nos va a desarmar, por las emociones, alegrías, tristezas, dolor. Los sentimientos son los mismos tengamos cuatro años o tengamos 80 años. Aunque por fuera nos vamos desgastando por dentro nos vamos  renovando. ¿Sabe cómo nos renovamos por dentro? Cuando tenemos ese enfoque claro que hay  algo que nos sostiene que debe animarnos y que es la resurrección. Por eso yo digo que aunque la muerte duele, para el cristiano duele con esperanza. Lo que nos sostiene en un entierro es que a esa persona un día la vamos a volver a ver. Que la muerte no es el fin de todo, es el comienzo de la eternidad, por eso Zig Ziglar dijo: “Su fe es muy importante. He hecho los cálculos, y estará más tiempo muerto, que vivo”.

Yo he ido a entierros, donde ahí no hay un muerto sino hay muertos enterrando un muerto. Es una cuestión horrible y es un espíritu de muerte, desesperanza. Y he estado en otros entierros donde hay el mismo dolor y la gente se quiebra y llora, pero hay una cosa que los sostiene en medio de su dolor: es la esperanza de una vida eterna, la esperanza de la resurrección de los muertos, que un día nos vamos a ver y vamos a vivir juntos por la eternidad con Dios nuestro Señor. Esa es la esperanza.

Por eso el apóstol Pablo, en otra porción, en 1Tesalonicenses 4:14-18 nos dice “Hermanos, no queremos que ignoren lo que va a pasar con los que ya han muerto, para que no se entristezcan como esos otros que no tienen esperanza”. Cuando alguien muere hay tristeza, hay dolor, es un momento de luto, es un momento de llorar. “¿Acaso no creemos que Jesús murió y resucitó? Así también Dios resucitará con Jesús a los que han muerto en unión con él. Conforme a lo dicho por el Señor, afirmamos que nosotros, los que estemos vivos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, de ninguna manera nos adelantaremos a los que hayan muerto. El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre. Por lo tanto, anímense unos a otros con estas palabras”.

Y por eso vengo a decirle, Dios es fiel y lo puede hacer todo, pero si la muerte llega a su familia mantenga la fe, si la enfermedad llega a su familia mantenga la fe, si lo asaltan mantenga la fe, si hay problemas en el hogar con su pareja mantenga la fe. Es cierto, Dios castiga al pecador pero no toda situación difícil es condenación de Dios, simple y sencillamente Jesús dijo: “En el mundo tendrán aflicción, pero confíen yo he vencido al mundo”. Volvamos a 2 Corintios 4:17 Pablo dice: “Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento.  Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno”.

La muerte la vemos como humanos, pero tenemos que aprender a verla como espirituales, porque espiritual no es la persona rara o extraña que hace cosas raras. Espiritual es el que vive en el Espíritu de Dios en contraposición de la carne. La muerte simple y sencillamente es volver a un lugar de donde venimos, aquí hay dolor, pero la Biblia dice: “Muy estimada es a los ojos del Señor la muerte de sus fieles”. ¿Por qué estimada? porque recibe al hijo y le dice bienvenido,  bienvenido a casa. ¿Por qué le hablo de la muerte? Porque es lo más fuerte, de la muerte para acá todo es más fácil de enfrentar, cuando alguien muere el Señor le dice: Bienvenido, me hacías falta.

Debemos volver tener la perspectiva de Dios sobre el mundo, esta vida importa, pero no más que la otra. En esta vida hay aflicciones, pero tomados de Su mano debemos seguir adelante y mantener la fe. ¿Sabe qué dice Romanos 14:8-9? “Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Para esto mismo murió Cristo, y volvió a vivir, para ser Señor tanto de los que han muerto como de los que aún viven”.

A Dios lo amamos por lo que es, no por lo que Él hace, aunque sabemos que Él hace y que da todo por nosotros, tanto así que dio a su Hijo Jesús a morir por nosotros en la cruz del Calvario.

Cuatro jóvenes y muchos más son tomados cautivos de su tierra y llevados a Babilonia, se les cambia el nombre, se les enseña un nuevo idioma, lejos de sus papás, de su familia, sin quien les diga mantén la fe, pórtate bien. Y sin embargo, Daniel, Sadrac, Mesac y Abednego mantienen la fe. Un día el rey decide construir una estatua inmensa y decir que cuando se escuche la música todos por obligación tienen que arrodillarse frente a ella, de lo contrario serán echados a un horno de fuego. Tres de ellos, Sadrac, Mesac y Abednego no se arrodillaron y entonces el rey los mandó a llamar, porque no honraban a los dioses del monarca ni adoraban la estatua de oro que había mandado a construir, Y cómo no se arrodillaron  al escuchar la música los echaron al horno calentado siete veces más, murieron los hombres que los lanzaron al fuego por el fuerte calor y las llamas, pero de pronto vieron que no había tres sino cuatro, uno parecía como Dios y salieron sin olor a humo, sin  nada. Dios los había protegido.

Dios los  salvó, pero las palabras heroicas son precisamente cuando dijeron: “El Dios al que servimos puede librarnos del honro y de las manos de su majestad. Pero aún si nuestro Dios no lo hace, sepa usted que no honraremos a sus dioses ni adoraremos a su estatua”. Jesús en el Getsemaní dijo “Padre mío, si es posible pasa de mi esta copa, pero si no que se haga tu voluntad”.

En medio de este mundo lleno de aflicciones tomémonos de la mano de Dios y sigamos adelante. Y aún si no vemos la respuesta como lo hubiéramos deseado, mantengamos la fe, porque nuestra esperanza final no es esta tierra, sino la  vida eterna, donde estaremos por la eternidad adorando a Dios nuestro Señor.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…