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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Hay personajes en la historia que nos impresionan grandemente, que han hecho impacto, que han cambiado la historia. Si nos vamos a la historia antigua podemos pensar en un Alejandro Magno que siendo joven conquistó el mundo y estableció un idioma para todos. Murió a los 30 años. Si nos venimos un poco más para la edad media, nos encontramos con un Martín Lutero, quien encontrándose en Roma sorprendido por lo que ocurría con la iglesia, a la que amaba y servía, se propuso leer la Biblia y al leerla se encontró con que la salvación no es por obras, no es por penitencia, es por gracia. Y de ahí parte la historia, Martín Lucero abre el espacio para que surjamos los cristianos evangélicos o protestantes y traigamos ese mensaje que la salvación es por gracia, por fe.

Hay otros personajes importantes que han transformado la historia, más recientemente nos encontramos en la historia norteamericana con Abraham Lincoln, el gran precursor y procurador de la liberación de los esclavos y con la guerra de secesión se esfuerza por poner un antes y un después, y gracias a su esfuerzo se abolió legalmente la esclavitud. Surge un Martin Luther King con el esfuerzo y deseo de obtener para los miembros de su raza negra los mismos derechos que tenían los de la raza blanca y este pastor, predicador del Evangelio, hace resonar con su voz aquel mensaje de “Yo tengo un sueño, sueño que un día mis hijas sean tratadas y respetadas igual que los demás, no por el color de su piel, no por su posición económica, sino porque son seres humanos”. Cada uno de estos personajes a partido la historia en un antes y un después.

En Guatemala tenemos grandes personajes que nos hacen recordar los hechos que han cambiado la historia, por ejemplo, Justo Rufino Barrios, este hombre llega a la presidencia de Guatemala y busca reformar al país. Hizo granes obras, pero hoy quiero resaltar solamente una: la libertad de culto. Gracias a que promovió la libertad de culto, hoy podemos en Guatemala cantar a Dios, predicar a Dios con toda libertad. Por esa libertad de culto, la iglesia en Guatemala ha crecido tanto y estamos aquí hoy felices alabando el nombre del Señor.

Sin embargo, ninguno se compara con nuestro Señor Jesucristo, porque Jesucristo ha cambiado la historia de tal manera que su nacimiento define el antes y después de Cristo. Es preciso conocer que los romanos contaban los años desde la fundación de Roma, es decir, “ab urbe condita” -abreviadamente a.u.c-. En la era cristiana con el Papa Bonifacio IV en el 607, el origen de escala pasó a ser el nacimiento de Cristo. Un monje rumano, Dionisio el Exiguo, matemático, basándose en la Biblia y otras fuentes históricas, entre los años 526 y 530, había fechado el nacimiento de Cristo el día 25 de diciembre del año 754 a.u.c. Dicho año pasó a ser el año 1 A. D., Anno Domini, año 1 del Señor, pero los años anteriores a éste seguían siendo años a.u.c. Finalmente en el siglo XVII se nombran los años anteriores al 1 A. D. como años antes de Cristo, a. C., y los posteriores son años después de Cristo, d. C.

Lo notable de todo es que Jesús puede dividir la historia en un antes de Cristo y un después de Cristo, pero lo mejor es que Jesús sigue dividiendo la historia en un antes y un después de Cristo en cada persona en el mundo. Antes de conocer a Cristo vivíamos como paganos, ¿qué es un pagano? Es un término hebreo que aparece en el Antiguo Testamento para referirse a los pueblos que no conocen al Dios de Israel ni pertenecen a este pueblo. Por extensión el mismo término designa a los pueblos y naciones en general que viven y actúan ajenos a su perfecta voluntad que se revela en la Biblia. A hombres y mujeres que se dejan arrastrar por sus propios deseos de su naturaleza pecaminosa, alejados de Dios.

En Efesios 4:17-19 dice “Así que les digo esto y les insisto en el Señor: no vivan más con pensamientos frívolos como los paganos.  A causa de la ignorancia que los domina y por la dureza de su corazón, éstos tienen oscurecido el entendimiento y están alejados de la vida que proviene de Dios. Han perdido toda vergüenza, se han entregado a la inmoralidad, y no se sacian de cometer toda clase de actos indecentes”. El consejo es “no vivan más con pensamientos frívolos como los paganos. A causa de la ignorancia que los domina y por la dureza de su corazón”.

La dureza del corazón es una realidad que se da en todo ser humano que no está cerca de Dios. Cuando usted comete un pecado, la primera vez, siente remordimiento, siente deseos de arrepentimiento, llora, se lamenta, gime. Empero, si repite ese pecado va a llorar un poco menos y si lo vuelve a hacer, va a llorar aún menos y va a llegar el momento en que va a pecar sin sentir remordimiento porque su corazón se ha endurecido. El pecado petrifica un corazón humano, eso hace que la gente viva dominada por el pecado, porque ya no siente. Por eso el profeta habla de que el Señor dice “Dame hijo mío tu corazón, cambiaré el corazón de piedra por un corazón de carne, por un corazón que siente”.

Dice Pablo que también los paganos pierden toda vergüenza. Ese es el peligro cuando usted se deja dominar por el pecado, su corazón se endurece y llega perder toda vergüenza y el descaro lo hace convertirse de hombre a bestia. Tenemos que tener cuidado. ¿Cómo se comporta un pagano y qué cosas practica?  Gálatas 5:19-21 dice “Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”. Y luego dice en Romanos 6:23 “Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor”. La consecuencia de vivir lejos de Dios y de su perfecta voluntad es muerte.

Jesús puede dividir la historia de todo ser humano en un antes y un después de Cristo. ¿Conoce a alguien que era realmente un caso perdido y desde que asiste a la iglesia y entregó su vida a Dios, es otra persona? ¿Lo  vio hoy en el espejo? ¿Puede decir que antes de Cristo era un pecador, pero ahora en Cristo es nueva criatura  con bendición? Conocemos gente que antes de Cristo vivían en  situaciones terribles de pecado, pero Dios ha hecho el cambio al poner en ellos su fe en Cristo Jesús. Efesios 4:20-24 nos dice “No fue ésta la enseñanza que ustedes recibieron acerca de Cristo, si de veras se les habló y enseñó de Jesús según la verdad que está en él. Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; ser renovados en la actitud de su mente; y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad”. Vean cómo Pablo insiste en que la vida que antes llevábamos debemos despojarla de nosotros.

El versículo 22 dice “Con respecto a la vida que antes llevaban”. Este pasaje nos dice que esta vieja naturaleza está corrompida por los deseos engañosos, ¿por qué deseos engañosos? Porque esos deseos prometen vida y dan muerte, prometen paz y dan guerra, prometen placer y dan dolor. ¿Por qué la gente toma drogas? Porque les han vendido la idea de que tomando drogas su vida la van a disfrutar a lo máximo, en una fiesta, en una diversión.

Efesios 4:25-32:“Por lo tanto, dejando la mentira, hable cada uno a su prójimo con la verdad, porque todos somos miembros de un mismo cuerpo”. Entre nosotros tiene que hablarse con la verdad, no podemos mentirnos unos a otros, si queremos que la familia funcione tenemos que hablarnos con la verdad. Tenemos que dejar la mentira. Versículo 26 “«Si se enojan, no pequen.» No dejen que el sol se ponga estando aún enojados, ni den cabida al diablo”. ¿Se enoja usted? Tal vez la pregunta debe ser de otro modo ¿nunca se ha enojado? El enojo es parte de la naturaleza humana y si no se hubiera enojado Martín Lutero al ver a las personas pagar grandes cantidades en indulgencias para obtener perdón de pecados, no hubiera investigado en la Biblia que la salvación es por gracia, es por fe. Si no hubiera visto Abraham Lincoln a las madres ser despojadas de sus hijos y llevadas a distintas granjas a trabajar como esclavos, no hubiera luchado por alcanzar la presidencia y buscar la libertad de ellos. El enojo tiene su lado bueno, pero dice si se enojan no pequen. ¿Dónde está el pecado cuando nos enojamos? Cuando no resolvemos la causa de nuestro enojo, antes de que se ponga el sol. Claro, usted puede enojarse con su jefe, con su trabajador, con su novia, con su esposo, pero no peque ni dé lugar al diablo, diablo viene de la palabra diabulos que significa calumniador. Lo peor de enojarnos con alguien es usar después nuestra boca para ir a calumniar a aquella persona con la cual nos enojamos.

Luego dice “ni den cabida al diablo”. El que robaba, que no robe más, sino que trabaje honradamente con las manos para tener qué compartir con los necesitados”. Yo le sugiero que subraye que hay que compartir con los necesitados, porque ese es el propósito del trabajo. No es solamente para acumular, acumular y ponerlo en un banco dudoso y que los socios se lo roben como ha sucedido en Guatemala. Usted trabaja no sólo para acumular, sino que usted trabaja para tener con que compartir con los necesitados, y los primeros necesitados están en su casa, su esposa y sus hijos. La Biblia dice que el que no cuida de los suyos es peor que un infiel, la fe negó. Así que la negación de la fe tiene mucho que ver con sostener bien a nuestra familia.

Leamos el versículo 29, “Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan”. Se inspiran, uno cuenta un chiste obsceno y el otro cuenta tres y la abuelita cuatro y la otra vieja también. Todo el mundo empieza a conversar obscenidades y luego queremos que el Espíritu Santo se manifieste en nuestra vida, y luego queremos estar en contacto directo con el Espíritu Santo. Un cristiano habla como Cristo habla y luego sigue diciendo en el versículo 31 “Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo”.

Hay gente que no puede ver a dos personas platicando en una reunión, porque empiezan a pensar “esos me están pelando”. Otros dos por ahí hablando, “esos están maquinando en contra de mí, esos me quieren dar golpe de estado”. Es malicia. No dé lugar a la malicia, quítese toda amargura, sea una persona feliz. De qué le sirve a usted estar amargado, deje la amargura por un lado, deje la ira, deje los enojos y los gritos. ¿Por qué tiene que gritar? No necesita establecer que manda o que tiene autoridad sólo porque grita. Cuando aprendamos estas grandes verdades, nuestra vida será una vida cristiana. Debemos perdonar mutuamente. La mayoría de hogares se desintegran por falta de un perdón mutuo.

Efesios 4:23 diceSer renovados en la actitud de su mente”. O renovamos nuestra forma de pensar o nunca habrá un antes y un después de Cristo en nuestra vida. La batalla de todo ser humano está en su mente. Las grandes hazañas primero se sueñan y luego se realizan con 95 por ciento de transpiración y cinco por ciento de inspiración. La batalla de todo ser humano está en su mente. Si soñamos por hacer cosas para Dios, para nuestra vida y para nuestra familia y trabajamos y la realizamos, que bueno, pero igualmente hacemos lo mismo con el pecado. Se sueña y luego se busca practicarlo. Todo deseo comienza con nuestros pensamientos, la pregunta es ¿en qué pensamos constantemente? Dígame lo que piensa y le voy a decir lo que hace. ¿Qué piensan constantemente? La batalla de todo ser humano está en nuestra mente, y nuestros pensamientos determinan la dirección de nuestra vida, los hechos y acciones que llevamos.

Pensemos bien, actuemos bien, vivamos bien, pero si pensamos mal vamos a actuar mal. Hay quienes piensan regular, viven regular y su vida es más o menos, pero nosotros como cristianos tenemos que pensar que somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó en Cristo Jesús nuestro Señor. Todo deseo comienza con nuestros pensamientos y eso es lo que sentiremos hacer, porque todo pensamiento siempre crea un sentimiento de deseo. El que está en Cristo debe cambiar su forma de pensar, es decir ¿en qué piensa? Como el apóstol Pablo escribió en Filipenses 4:8 -el criterio para pensar  es pensar solo en lo que sea excelente o merezca elogio-, así dice el versículo “Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio”. Si no cambiamos nuestros pensamientos mundanales por los pensamientos espirituales de Dios, nunca venceremos la tentación y viviremos pensando en Dios pero viviendo como si no lo conociéramos. Debemos ponernos el ropaje de la nuevas naturaleza como dice Efesios 4:24 “y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad”. Es decir, apartados del mal y completamente consagrados a Dios.

Se habla mucho en todo el mundo de la búsqueda de la paz mundial ¿cómo la podemos alcanzar? Dejando que sea Jesús quien divida la historia del ser humano en un antes y un después de Cristo, porque cuando vivimos  en el  camino de justicia que enseña Su Palabra hay paz. Por eso, si viviéramos conforme a los diez mandamientos, tendríamos paz con Dios y con el hombre. Los primeros cuatro mandamientos que aparecen en Éxodo 20 tienen que ver con nuestra relación con Dios y los siguientes seis con nuestra relación con los hombres, esta declaración de los diez mandamientos demuestran que Dios define el derecho que toda persona tiene y que debe respetarse. Por ejemplo, honra a tu padre y a tu madre, es el derecho al respeto de la paternidad. Santidad del matrimonio. No robes, el derecho a la propiedad privada. No des falso testimonio, el derecho a la buena reputación. No codicies la casa de tu prójimo, el derecho a la prosperidad desigual. Lamentablemente no hay una prosperidad igual equitativa, exacta para todos, el mismo señor Jesús en sus parábolas dijo, en la de los talentos y de las minas que a uno le dio cinco, a otro dos y a otro le dio uno. Él sabe la capacidad y la necesidad de cada persona y por eso no debemos envidiar la casa de nuestro prójimo sino darle gracias a Dios por nuestra propia casa y estar contentos con ello.

Si decimos que ya hemos tenido un encuentro personal con Dios nuestro Señor no podemos seguir viviendo en nuestros pecados. El apóstol en 1 Juan 2:6 nos dice “el que afirma que permanece en él, debe vivir como él vivió”.

Escuche

La fe viene por el oir…