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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Recientemente una  pareja de esposos en Estados Unidos, Michaele y Tareq Salahi, cobró relevancia mediática al lograr acercarse hasta el presidente Obama sin haber sido invitados a una cena que ofrecía el mandatario en la Casa Blanca, vulnerando todos los controles de seguridad. Hablaron con él, se tomaron fotos con el vicepresidente, con ministros, con invitados famosos, en fin, hicieron muchas cosas. Si usted no ha sido invitado a ingresar a un lugar restringido, lo probable es que tenga problemas. Yo tengo una noticia, al cielo no se cuela ninguno, en el cielo no se permiten colados ¿Se alegra que ya tienen acceso al cielo? Yo creo que eso es algo importante saber que podemos ingresar.

Hay muchas personas que nos piden que oremos por ellos, porque uno está más cerca de Dios. ¿No le han dicho a usted así? “Haga una oración por mi familia, a usted si lo oye Dios”, es el argumento esgrimido y luego agregan “Yo no tengo acceso a la presencia del Señor”. La verdad es que cuando nos dicen así, nos hacen pensar en el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel no tuvo acceso a la presencia de Dios, lo vio de lejos, oyó su voz, vio sus manifestaciones de enojo, de misericordia, de poder, pero no tuvo acceso a Él, hablarle y decirle Padre nuestro que estás en los cielos, no lo tuvieron. La presencia de Dios estaba limitada a un lugar y a una persona, eran pocos los que podían entrar al Tabernáculo de Moisés.

Ese primer Tabernáculo o Santuario tenía la peculiaridad que era transportable, era desarmable, era bonito, a pesar de todo eso. Era llamado el santuario o templo, y usted lo puede leer en los capítulos 25 al 40 de Éxodo. Donde se colocaba, servía de centro para la colocación de las doce tribus. Israel tenía doce tribus y todas tenían un lugar asignado alrededor del tabernáculo. Comprendía de tres partes: el atrio de afuera, el atrio de adentro que era el lugar santo, y el lugar santísimo, en donde sólo entraba el sumo sacerdote una vez al año.

Tenía una cerca de tela y esa cerca separaba lo que era el atrio de afuera del atrio de adentro que es el lugar santo. Los sacerdotes después de lavarse las manos en el  laváculo de purificación,  hacían sacrificios, ahí quemaban bueyes, ovejas, corderos para dar ofrenda a Dios y buscar el perdón de Dios. Dios se le manifestaba a su pueblo todas las noches en el desierto, tenía una columna que iluminaba todo el campamento, ese era un milagro. Tenía calor de noche, tenía iluminación de noche y de día había una nube que le ofrecía frescura, que les ofrecía sombra. En el lugar santísimo solamente podía entrar el sumo pontífice ¡y una vez al año! Había una cortina que separaba al lugar santísimo de lo demás.

En Éxodo 26:31 Moisés recibió la instrucción de la cortina dice así: »Haz una cortina de púrpura, carmesí, escarlata y lino fino, con querubines artísticamente bordados en ella. Cuélgala con ganchos de oro en cuatro postes de madera de acacia recubiertos de oro, los cuales levantarás sobre cuatro bases de plata. Cuelga de los ganchos la cortina, la cual separará el Lugar Santo del Lugar Santísimo, y coloca el arca del pacto detrás de la cortina. ¿Cómo era el arca del pacto? El Arca del Pacto, era una caja rectangular, de madera de acacia, que medía 112.5 cm. de largo por 67.5 de ancho y alto. Estaba cubierta de oro por dentro y por fuera, y tenía cuatro anillos colocados en los ángulos, por los cuales pasaban dos varas de madera de acacia (también cubiertas de oro) con que se transportaba. Sobre el arca había una tapa de oro que se llamaba el “propiciatorio”, encima del cual dos querubines de oro se miraban frente a frente, de pie, con sus alas extendidas cubriendo el propiciatorio (Éxodo 25:10-22).

Dentro del arca se hallaban las dos tablas de la Ley (Éxodo 40:20; Deuteronomio 10:1-5), la vara de Aarón –que reverdeció- y una porción de maná (Hebreos 9:4, 5). El arca se colocó dentro del Lugar Santísimo tanto del tabernáculo como del templo de Salomón, tras el velo; era el único mueble allí. Ese lugar se conceptualizaba en Israel como el trono de Dios. De una manera especial Dios moraba entre los querubines y desde ahí en varias ocasiones se reveló a Moisés.

El segundo significado residía en la relación entre la Ley que estaba dentro del arca y la sangre rociada sobre el propiciatorio que la cubría en el Día de Expiación (Levítico v 16). El punto culminante en este día era la entrada del sumo sacerdote en el Lugar Santísimo con la sangre del macho cabrío para rociar el propiciatorio. Era entonces cuando, en forma representativa, el pueblo entraba en la presencia de un Dios misericordioso y dispuesto a perdonar los pecados. El pueblo quedaba purificado para otro año (Levítico 16.30) y el pacto seguía en vigencia. Por eso encontramos en  Hebreos que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. En el Tabernáculo y en el Templo de Salomón, todos los días se hacían sacrificios y todos los días se derramaba sangre por el pecado del pueblo de Israel. Pero al lugar santísimo no entraban todos los sacerdotes, sólo entraba el sumo sacerdote, ese era el acceso restringido. Hebreos 9:6-7 nos dice Así dispuestas todas estas cosas, los sacerdotes entran continuamente en la primera parte del tabernáculo para celebrar el culto. Pero en la segunda parte entra únicamente el sumo sacerdote, y sólo una vez al año, provisto siempre de sangre que ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia cometidos por el pueblo.

¿Qué sucedió con ese acceso restringido para todos, excepto para el sumo sacerdote? La situación ha cambiado. Recordarán que la semana pasada les hablábamos de que cuando Jesús murió ocurrieron cosas extraordinarias, se oscureció al mediodía la tierra, hubo temblor, resucitaron muertos cuando Jesús resucitó también y la cortina del templo, ya en ese entonces el Templo de Salomón, se rasgó desde arriba para abajo, eso está en Mateo 27:50 y 51 Entonces Jesús volvió a gritar con fuerza, y entregó su espíritu.  En ese momento la cortina del santuario del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló y se partieron las rocas. Lo que significa esto es que ahora ya no sólo el sumo pontífice puede entrar, que por cierto le amarraban un lazo por si se moría en el lugar santísimo, nadie podía sacarlo, porque moría, lo halaban con el lazo Pero ahora que la cortina está abierta indica que todos podemos entrar a la presencia de Dios. ¿Cuántos podemos entrar a la presencia de Dios? Todos los que creemos en Jesucristo tenemos acceso a la presencia de Dios.

Hebreos 10:19-20, fíjese lo que dice, sobre todo en lo que está subrayado, note que en el Antiguo Testamento era la sangre de un macho cabrío o de un cordero la que se ponía en el propiciatorio, ahora dice: Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús, tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo, por el camino nuevo y vivo que él nos ha abierto a través de la cortina, es decir, a través de su cuerpo; y tenemos además un gran sacerdote al frente de la familia de Dios. Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable y exteriormente lavados con agua pura.

Cuando usted tiene acceso total a una persona, usted acude a ella cuantas veces quiere. Tiene que aprovechar la oportunidad. Esto sería como si usted teniendo la llave de su casa le pidieras a un vecino que llame a sus familiares para que le abran la puerta. Si usted tiene acceso por qué se va a quedar en la calle. Usted no necesita que nadie le abra cuando usted mismo puede abrir, usted tiene la llave, usted tiene acceso total. Una sola llave y usted entra a su propia casa. Hebreos 4: 14-16 nos enseña que por medio de la muerte de Jesús en la cruz usted tiene acceso directo al Padre Dios, dice:: Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos. Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado.  Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.

¿Qué necesita usted ahora? Sí está enfermo, sanidad. Para recibirla necesita acercarse a Dios. Ahí donde esté, puede estar refundido en una de las aldeas más recónditas de Latinoamérica o en uno de los pueblos más escondidos de España o puede estar en Alaska, no sé, lo que sí le puedo decir es que donde esté puede tener acceso directo al Padre nuestro que está en los cielos. No necesita buscar otra manera de llegar al Padre, usted puede hacerlo. Si el presidente de su país le dijera: mire, aquí está mi teléfono celular, en cualquier caso de necesidad llámeme. Usted lo llamaría en cualquier momento y principalmente en un caso de urgencia, por ejemplo, decirle “Estoy preso, ayúdeme”. Usted necesita misericordia y misericordia necesita uno cuando ha cometido un pecado  que es digno de muerte. Cuando uno ha cometido un pecado, lo que necesita es la misericordia de Dios, porque la paga del pecado es muerte.

Cuando usted está en su trabajo, en medio de una situación difícil, para recibir la bendición de Dios tiene que acceder al Padre. Por eso cuando a Jesús le dijeron Señor enséñanos a orar, Él les dijo: Oren así, Padre nuestro que estás en el cielo. Usted puede hablar con el Padre. Si tiene fe en Jesucristo, tiene acceso total a la presencia de Dios, no puede negar que Dios tiene la oportunidad de bendecirle, porque tiene acceso total. Ahora aquí hay algo muy importante, Juan 14:6 “Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí.” Nosotros llegamos al Padre por medio de Jesús. Puede orarle a todo el santoral que existe, pero no va a llegar al padre.

La palabra pontífice que es la que se usa para los sumos sacerdotes, viene del latín pontifex que quiere dice  puente. Y un puente es para unir dos puntos separados. El pecado produce entre el hombre y Dios un gran abismo, cuando hay un pecado nosotros producimos un abismo entre Dios y nosotros y por eso es que Jesús vino para hacer un puente que empieza en la tierra y termina en el cielo. Alégrese que ahora  usted pueda andar ya por ese puente.

En el Antiguo Testamento, no se podía pedir perdón por uno mismo, se tenía que ir al sacerdote quien recibiendo una ofrenda, un cordero o unas tórtolas o unos bueyes los sacrificaba, luego le extendía a usted el perdón. Hoy en día no se necesita pasar por un mediador humano, porque el único mediador entre Dios y los hombres dice 1 Timoteo 2:5: Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre. Así que entre Dios y el hombre sólo está Jesucristo. Ahora Jesucristo, leímos, es un sumo sacerdote que sí se compadece de nosotros, porque vivió aquí en la tierra, Jesucristo supo lo que es  caminar bajo el sol ardiente, supo lo que es ir a trabajar al monte, fue hijo de un carpintero llamado José, su padre adoptivo, él lo tomó como su hijo adoptivo. Como carpintero, cree que sólo levantaba el teléfono y pedía que le llevaran la madera. No. Los carpinteros en la época de Jesús tenían que ir con su sierra al bosque, a escoger el árbol que querían y aserrarlo ellos mismos. Jesús cuando acompañaba a su papá hizo lo mismo por treinta años, trabajó de carpintero.

Yo me imagino a Jesús fuerte, fibrudo, puro como los campesinos de nuestras tierras que trabajan bajo el sol y cortan los árboles, su propia madera, la transportan y la trabajan. Jesucristo era un obrero hecho y derecho, fuerte. Así que si usted  a veces se encuentra trabajando duro, usted tiene un sumo pontífice que sabe lo que es el trabajo. Si usted se encuentra perseguido a veces por algunas personas, Jesucristo sabe los que es estar perseguido por algunas personas. A Jesús lo persiguieron, varias veces lo quisieron embarrancar, o persiguieron, hablaron mal de Él. ¿Han hablado mal de usted a veces con razón y otras sin razón? Jesucristo entiende. Fue tentado en todo. Jesús es tentado en todo, pero sin pecado. Cuando Jesús estaba en el desierto se la acercó el diablo para ofrecerle los reinos de este mundo ¿no tuvo la tentación que usted tiene cuando le ofrecen mordida? Claro que sí. Jesús fue tentado en todo, pero sin pecar.

Eso es un sumo sacerdote que nos entiende, media por nosotros, que intercede por nosotros y es el camino que nos lleva al Padre. El oficio de Cristo como el único mediador entre Dios y los hombres excluye a todos los demás que pretenden ser “sacerdotes” o mediadores entre Dios y los hombres. Él mediador o intermediario tiene que alcanzar a ambas partes. Un puente tiene que tocar los dos extremos, por consiguiente, tiene que ser tanto Dios como hombre. Qué interesante. Para ser mediador entre Dios y los hombres tiene que ser tanto Dios como hombre y el único es Jesucristo. La obra de Cristo como mediador es la de propiciar  o satisfacer a Dios y reconciliar a los hombres con Dios.

Si hoy no tenemos un acceso total a Dios es porque no queremos acercarnos a Él. Jesucristo por medio de su sacrificio en la cruz nos permitió el acceso total a Dios. Podemos tener una relación con Él las 24 horas del día, donde se encuentre y al momento que lo desee  el Señor lo atiende. Usted tiene acceso total a la presencia del Señor, lo que pasa es que no lo aprovecha. Aproveche. ¿Qué haría usted si llegara a comprender que tiene acceso total a la presencia del Señor? ¿No aprovecharía para hablar con Él, para comer con Él, para decirle Señor  vamos echarnos un baño de vapor, vamos a tomarnos un cafecito, cenemos, platiquemos, vamos a visitar a un enfermo para que sane? ¿No haría usted eso? Lo puede hacer.

Así que esta semana cuando esté cerca de un enfermo debe orar por el enfermo, no puede llamar a otra persona porque si no se le muere. Puede pedir a Dios sanidad para ese enfermo, porque tiene acceso total. Dios oye su oración. Si él oyó la de Juan, la de Pedro, la de María, la de Lidia, la de Loida, la de todas las mujeres, atrévase. Ore por enfermos. Y si su hija se pone endemoniada hable con Dios en ese momento. Échelos fuera, usted puede, usted tiene acceso total a la presencia del Señor. Si necesita trabajo su hijo debe orar. Ahí mismo dígale a su hijo vamos a hablar con el que tiene acceso a todas las plazas disponibles en el mundo. Vamos a orar por nuestro Padre celestial. Ore aferrándose a la fe, por eso dice la Escritura: todo es posible, para el que cree. Crea que estamos cerca de Dios, Hebreos dice acerquémonos a Él confiadamente. Tenemos que confiar en Dios nuestro Señor. No siempre responde inmediatamente, pero siempre nos responde. Hermanos amados, en  Hechos 4:12 dice: De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos.

Recientemente una  pareja de esposos en Estados Unidos, Michaele y Tareq Salahi, cobró relevancia mediática al lograr acercarse hasta el presidente Obama sin haber sido invitados a una cena que ofrecía el mandatario en la Casa Blanca, vulnerando todos los controles de seguridad. Hablaron con él, se tomaron fotos con el vicepresidente, con ministros, con invitados famosos, en fin, hicieron muchas cosas. Si usted no ha sido invitado a ingresar a un lugar restringido, lo probable es que tenga problemas. Yo tengo una noticia, al cielo no se cuela ninguno, en el cielo no se permiten colados ¿Se alegra que ya tienen acceso al cielo? Yo creo que eso es algo importante saber que podemos ingresar.

Hay muchas personas que nos piden que oremos por ellos, porque uno está más cerca de Dios. ¿No le han dicho a usted así? “Haga una oración por mi familia, a usted si lo oye Dios”, es el argumento esgrimido y luego agregan “Yo no tengo acceso a la presencia del Señor”. La verdad es que cuando nos dicen así, nos hacen pensar en el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel no tuvo acceso a la presencia de Dios, lo vio de lejos, oyó su voz, vio sus manifestaciones de enojo, de misericordia, de poder, pero no tuvo acceso a Él, hablarle y decirle Padre nuestro que estás en los cielos, no lo tuvieron. La presencia de Dios estaba limitada a un lugar y a una persona, eran pocos los que podían entrar al Tabernáculo de Moisés.

Ese primer Tabernáculo o Santuario tenía la peculiaridad que era transportable, era desarmable, era bonito, a pesar de todo eso. Era llamado el santuario o templo, y usted lo puede leer en los capítulos 25 al 40 de Éxodo. Donde se colocaba, servía de centro para la colocación de las doce tribus. Israel tenía doce tribus y todas tenían un lugar asignado alrededor del tabernáculo. Comprendía de tres partes: el atrio de afuera, el atrio de adentro que era el lugar santo, y el lugar santísimo, en donde sólo entraba el sumo sacerdote una vez al año.

Tenía una cerca de tela y esa cerca separaba lo que era el atrio de afuera del atrio de adentro que es el lugar santo. Los sacerdotes después de lavarse las manos en el  laváculo de purificación,  hacían sacrificios, ahí quemaban bueyes, ovejas, corderos para dar ofrenda a Dios y buscar el perdón de Dios. Dios se le manifestaba a su pueblo todas las noches en el desierto, tenía una columna que iluminaba todo el campamento, ese era un milagro. Tenía calor de noche, tenía iluminación de noche y de día había una nube que le ofrecía frescura, que les ofrecía sombra. En el lugar santísimo solamente podía entrar el sumo pontífice ¡y una vez al año! Había una cortina que separaba al lugar santísimo de lo demás.

En Éxodo 26:31 Moisés recibió la instrucción de la cortina dice así: »Haz una cortina de púrpura, carmesí, escarlata y lino fino, con querubines artísticamente bordados en ella. Cuélgala con ganchos de oro en cuatro postes de madera de acacia recubiertos de oro, los cuales levantarás sobre cuatro bases de plata. Cuelga de los ganchos la cortina, la cual separará el Lugar Santo del Lugar Santísimo, y coloca el arca del pacto detrás de la cortina. ¿Cómo era el arca del pacto? El Arca del Pacto, era una caja rectangular, de madera de acacia, que medía 112.5 cm. de largo por 67.5 de ancho y alto. Estaba cubierta de oro por dentro y por fuera, y tenía cuatro anillos colocados en los ángulos, por los cuales pasaban dos varas de madera de acacia (también cubiertas de oro) con que se transportaba. Sobre el arca había una tapa de oro que se llamaba el “propiciatorio”, encima del cual dos querubines de oro se miraban frente a frente, de pie, con sus alas extendidas cubriendo el propiciatorio (Éxodo 25:10-22).

Dentro del arca se hallaban las dos tablas de la Ley (Éxodo 40:20; Deuteronomio 10:1-5), la vara de Aarón –que reverdeció- y una porción de maná (Hebreos 9:4, 5). El arca se colocó dentro del Lugar Santísimo tanto del tabernáculo como del templo de Salomón, tras el velo; era el único mueble allí. Ese lugar se conceptualizaba en Israel como el trono de Dios. De una manera especial Dios moraba entre los querubines y desde ahí en varias ocasiones se reveló a Moisés.

El segundo significado residía en la relación entre la Ley que estaba dentro del arca y la sangre rociada sobre el propiciatorio que la cubría en el Día de Expiación (Levítico v 16). El punto culminante en este día era la entrada del sumo sacerdote en el Lugar Santísimo con la sangre del macho cabrío para rociar el propiciatorio. Era entonces cuando, en forma representativa, el pueblo entraba en la presencia de un Dios misericordioso y dispuesto a perdonar los pecados. El pueblo quedaba purificado para otro año (Levítico 16.30) y el pacto seguía en vigencia. Por eso encontramos en  Hebreos que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. En el Tabernáculo y en el Templo de Salomón, todos los días se hacían sacrificios y todos los días se derramaba sangre por el pecado del pueblo de Israel. Pero al lugar santísimo no entraban todos los sacerdotes, sólo entraba el sumo sacerdote, ese era el acceso restringido. Hebreos 9:6-7 nos dice Así dispuestas todas estas cosas, los sacerdotes entran continuamente en la primera parte del tabernáculo para celebrar el culto. Pero en la segunda parte entra únicamente el sumo sacerdote, y sólo una vez al año, provisto siempre de sangre que ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia cometidos por el pueblo.

¿Qué sucedió con ese acceso restringido para todos, excepto para el sumo sacerdote? La situación ha cambiado. Recordarán que la semana pasada les hablábamos de que cuando Jesús murió ocurrieron cosas extraordinarias, se oscureció al mediodía la tierra, hubo temblor, resucitaron muertos cuando Jesús resucitó también y la cortina del templo, ya en ese entonces el Templo de Salomón, se rasgó desde arriba para abajo, eso está en Mateo 27:50 y 51 Entonces Jesús volvió a gritar con fuerza, y entregó su espíritu.  En ese momento la cortina del santuario del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló y se partieron las rocas. Lo que significa esto es que ahora ya no sólo el sumo pontífice puede entrar, que por cierto le amarraban un lazo por si se moría en el lugar santísimo, nadie podía sacarlo, porque moría, lo halaban con el lazo Pero ahora que la cortina está abierta indica que todos podemos entrar a la presencia de Dios. ¿Cuántos podemos entrar a la presencia de Dios? Todos los que creemos en Jesucristo tenemos acceso a la presencia de Dios.

Hebreos 10:19-20, fíjese lo que dice, sobre todo en lo que está subrayado, note que en el Antiguo Testamento era la sangre de un macho cabrío o de un cordero la que se ponía en el propiciatorio, ahora dice: Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús, tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo, por el camino nuevo y vivo que él nos ha abierto a través de la cortina, es decir, a través de su cuerpo; y tenemos además un gran sacerdote al frente de la familia de Dios. Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable y exteriormente lavados con agua pura.

Cuando usted tiene acceso total a una persona, usted acude a ella cuantas veces quiere. Tiene que aprovechar la oportunidad. Esto sería como si usted teniendo la llave de su casa le pidieras a un vecino que llame a sus familiares para que le abran la puerta. Si usted tiene acceso por qué se va a quedar en la calle. Usted no necesita que nadie le abra cuando usted mismo puede abrir, usted tiene la llave, usted tiene acceso total. Una sola llave y usted entra a su propia casa. Hebreos 4: 14-16 nos enseña que por medio de la muerte de Jesús en la cruz usted tiene acceso directo al Padre Dios, dice:: Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos. Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado.  Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.

¿Qué necesita usted ahora? Sí está enfermo, sanidad. Para recibirla necesita acercarse a Dios. Ahí donde esté, puede estar refundido en una de las aldeas más recónditas de Latinoamérica o en uno de los pueblos más escondidos de España o puede estar en Alaska, no sé, lo que sí le puedo decir es que donde esté puede tener acceso directo al Padre nuestro que está en los cielos. No necesita buscar otra manera de llegar al Padre, usted puede hacerlo. Si el presidente de su país le dijera: mire, aquí está mi teléfono celular, en cualquier caso de necesidad llámeme. Usted lo llamaría en cualquier momento y principalmente en un caso de urgencia, por ejemplo, decirle “Estoy preso, ayúdeme”. Usted necesita misericordia y misericordia necesita uno cuando ha cometido un pecado  que es digno de muerte. Cuando uno ha cometido un pecado, lo que necesita es la misericordia de Dios, porque la paga del pecado es muerte.

Cuando usted está en su trabajo, en medio de una situación difícil, para recibir la bendición de Dios tiene que acceder al Padre. Por eso cuando a Jesús le dijeron Señor enséñanos a orar, Él les dijo: Oren así, Padre nuestro que estás en el cielo. Usted puede hablar con el Padre. Si tiene fe en Jesucristo, tiene acceso total a la presencia de Dios, no puede negar que Dios tiene la oportunidad de bendecirle, porque tiene acceso total. Ahora aquí hay algo muy importante, Juan 14:6 “Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí.” Nosotros llegamos al Padre por medio de Jesús. Puede orarle a todo el santoral que existe, pero no va a llegar al padre.

La palabra pontífice que es la que se usa para los sumos sacerdotes, viene del latín pontifex que quiere dice  puente. Y un puente es para unir dos puntos separados. El pecado produce entre el hombre y Dios un gran abismo, cuando hay un pecado nosotros producimos un abismo entre Dios y nosotros y por eso es que Jesús vino para hacer un puente que empieza en la tierra y termina en el cielo. Alégrese que ahora  usted pueda andar ya por ese puente.

En el Antiguo Testamento, no se podía pedir perdón por uno mismo, se tenía que ir al sacerdote quien recibiendo una ofrenda, un cordero o unas tórtolas o unos bueyes los sacrificaba, luego le extendía a usted el perdón. Hoy en día no se necesita pasar por un mediador humano, porque el único mediador entre Dios y los hombres dice 1 Timoteo 2:5: Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre. Así que entre Dios y el hombre sólo está Jesucristo. Ahora Jesucristo, leímos, es un sumo sacerdote que sí se compadece de nosotros, porque vivió aquí en la tierra, Jesucristo supo lo que es  caminar bajo el sol ardiente, supo lo que es ir a trabajar al monte, fue hijo de un carpintero llamado José, su padre adoptivo, él lo tomó como su hijo adoptivo. Como carpintero, cree que sólo levantaba el teléfono y pedía que le llevaran la madera. No. Los carpinteros en la época de Jesús tenían que ir con su sierra al bosque, a escoger el árbol que querían y aserrarlo ellos mismos. Jesús cuando acompañaba a su papá hizo lo mismo por treinta años, trabajó de carpintero.

Yo me imagino a Jesús fuerte, fibrudo, puro como los campesinos de nuestras tierras que trabajan bajo el sol y cortan los árboles, su propia madera, la transportan y la trabajan. Jesucristo era un obrero hecho y derecho, fuerte. Así que si usted  a veces se encuentra trabajando duro, usted tiene un sumo pontífice que sabe lo que es el trabajo. Si usted se encuentra perseguido a veces por algunas personas, Jesucristo sabe los que es estar perseguido por algunas personas. A Jesús lo persiguieron, varias veces lo quisieron embarrancar, o persiguieron, hablaron mal de Él. ¿Han hablado mal de usted a veces con razón y otras sin razón? Jesucristo entiende. Fue tentado en todo. Jesús es tentado en todo, pero sin pecado. Cuando Jesús estaba en el desierto se la acercó el diablo para ofrecerle los reinos de este mundo ¿no tuvo la tentación que usted tiene cuando le ofrecen mordida? Claro que sí. Jesús fue tentado en todo, pero sin pecar.

Eso es un sumo sacerdote que nos entiende, media por nosotros, que intercede por nosotros y es el camino que nos lleva al Padre. El oficio de Cristo como el único mediador entre Dios y los hombres excluye a todos los demás que pretenden ser “sacerdotes” o mediadores entre Dios y los hombres. Él mediador o intermediario tiene que alcanzar a ambas partes. Un puente tiene que tocar los dos extremos, por consiguiente, tiene que ser tanto Dios como hombre. Qué interesante. Para ser mediador entre Dios y los hombres tiene que ser tanto Dios como hombre y el único es Jesucristo. La obra de Cristo como mediador es la de propiciar  o satisfacer a Dios y reconciliar a los hombres con Dios.

Si hoy no tenemos un acceso total a Dios es porque no queremos acercarnos a Él. Jesucristo por medio de su sacrificio en la cruz nos permitió el acceso total a Dios. Podemos tener una relación con Él las 24 horas del día, donde se encuentre y al momento que lo desee  el Señor lo atiende. Usted tiene acceso total a la presencia del Señor, lo que pasa es que no lo aprovecha. Aproveche. ¿Qué haría usted si llegara a comprender que tiene acceso total a la presencia del Señor? ¿No aprovecharía para hablar con Él, para comer con Él, para decirle Señor  vamos echarnos un baño de vapor, vamos a tomarnos un cafecito, cenemos, platiquemos, vamos a visitar a un enfermo para que sane? ¿No haría usted eso? Lo puede hacer.

Así que esta semana cuando esté cerca de un enfermo debe orar por el enfermo, no puede llamar a otra persona porque si no se le muere. Puede pedir a Dios sanidad para ese enfermo, porque tiene acceso total. Dios oye su oración. Si él oyó la de Juan, la de Pedro, la de María, la de Lidia, la de Loida, la de todas las mujeres, atrévase. Ore por enfermos. Y si su hija se pone endemoniada hable con Dios en ese momento. Échelos fuera, usted puede, usted tiene acceso total a la presencia del Señor. Si necesita trabajo su hijo debe orar. Ahí mismo dígale a su hijo vamos a hablar con el que tiene acceso a todas las plazas disponibles en el mundo. Vamos a orar por nuestro Padre celestial. Ore aferrándose a la fe, por eso dice la Escritura: todo es posible, para el que cree. Crea que estamos cerca de Dios, Hebreos dice acerquémonos a Él confiadamente. Tenemos que confiar en Dios nuestro Señor. No siempre responde inmediatamente, pero siempre nos responde. Hermanos amados, en  Hechos 4:12 dice: De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos.

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