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Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Una de las escenas más dramática del apóstol Pedro fue cuando le preguntaron ¿No eras uno de los discípulos de Jesús?” Y lo negó por miedo a identificarse con Jesús. Luego le volvieron as preguntar una segunda vez y la respuesta fue la misma y en la tercera se dice que expresó palabras vulgares, obscenas, indecentes como para decir yo soy igual a ustedes, malcriadote y vulgar como ustedes. Pero en eso cantó el gallo y se recordó de las palabras de nuestro Señor que le dijo que “me negarás tres veces antes que cante el gallo, pero yo he orado para que tu fe no falte”.

Jesús estaba atado a un poste en la casa del sumo pontífice y a Pedro le dio temor o quizás vergüenza de que su líder estuviera preso, que su líder estuviera encadenado y que estuviera a punto de ser condenado. Yo pregunto ¿se avergüenza de nuestro Señor Jesús? Él es nuestro Rey de reyes, nuestro Señor de señores y no debemos avergonzarnos en ningún lugar, en ningún momento, porque Él es nuestro Señor y Salvador. Bendito sea su  santo nombre. Debemos honrarlo aquí y en todo lugar, porque es digno de todo honor, de toda gloria, de toda honra.

Hace algunos años escuché la historia de un jovencito que empezó a estudiar sostenido por su propia mamá, ella tenía un oficio muy conocido en los pueblos latinoamericanos, sobre todo en Guatemala. Era la tortillera del barrio, la que hacía las tortillas por la mañana, al mediodía, en la tarde. Y con el esfuerzo de su trabajo logró que su hijo estudiara escuela primaria, secundaria hasta graduarse en la universidad como médico y cirujano. El día de la graduación la señora tortillera decidió estrenar un güipil nuevo, su traje típico como indígena guatemalteca. Ya cuando estaba lista llega su hijo, y pensó que era para llevarla al acto de graduación para acompañarlo, pero no fue así, fue para decirle: – Mamá, quiero pedirle un favor, quiero que no vaya al acto-. Y ¿por qué? le preguntó ella. El hijo le respondió que era para que no vieran que su madre era una indígena, una señora que viste corte, una señora de condición humilde, “ahora yo ya soy un médico y me da vergüenza que sepan todo esto”.

Cuando yo supe esa historia me sentí verdaderamente incómodo, me sentí verdaderamente mal, pero muy,  muy mal. La historia no termina ahí, me cuentan que en una de las ciudades departamentales del país estableció este médico su clínica, pasaron pocos años y alguien entró a su consultorio y lo asesinó. La Biblia dice honra a tu padre y a tu madre para que te vaya bien en la tierra y sea de larga vida. ¿Se avergüenza usted de sus orígenes, de ser una persona nacida en esta hermosa tierra del quetzal, la tierra de Guatemala, está usted orgulloso de ser guatemalteco y de estar en esta tierra de la eterna primera disfrutando de las bendiciones de Dios?

Yo me preguntó ¿Qué pensará nuestro Padre celestial si nosotros nos avergonzamos de Él? ¿Se avergüenza usted de su Padre celestial? Allá en el trabajo donde le dicen que usted es protestante, que es evangélico, que lo vieron en la Fráter una vez que pasó la cámara. Les responde que no era, que era uno parecido o que su jefe lo invitó y se vio comprometido o que su mujer lo llevó y no quiere problemas con ella, yo soy igual que ustedes.

Cristianos de la secreta y submarinos

¿Conoce cristianos de la secreta, lo vio hoy en el espejo? ¿Cuáles son los cristianos de la secreta? Son aquello que van a su trabajo y nadie jamás los oye hablar de Dios, son los más malcriados del trabajo, son los que cuentan los chistes más picantes en el trabajo, son los que andan hablando a veces mal de sus jefes. Los que estamos aquí no somos cristianos de la secreta. Que nos miren como somos, decimos que somos creyentes de nuestro Señor Jesucristo y no nos avergonzamos del Evangelio, porque es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree. También hay cristianos submarinos. Son aquellos que no quieren que sus amigos sepan que van a la iglesia, se esconden de todas maneras para no ser vistos. Llegan en sus autos con vidrios polarizados y salen cuando ven que no hay ninguna persona amiga, conocida o familiar que los pueda ver. A ellos se les identifica solamente cuando hay una gran necesidad.

A mí me impresiona gente como el apóstol Pablo, quien fue un personaje extraordinario. Él nació judío, fue religioso toda su vida, cumplió toda la ley, ritos y tradiciones judaicas, se convirtió en fariseo de fariseos, un instructor de la ley para los fariseos y un día persiguiendo a la iglesia -usted recuerda la historia- se encontró frente a frente con nuestro Señor Jesucristo. A mediodía vio una gran luz que vino sobre él y oyó una voz que le dijo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Y Saulo cayó del caballo, quedó ciego por tres días. Hasta que hubo un hombre llamado Ananías quien recibió Palabra de Dios diciéndole “Ve a tal lugar, tal calle, tal número de casa, allá hay un hombre a quien le vas hablar del Evangelio, porque es un instrumento escogido para mí. Y fue, le habló del Evangelio a Saulo de Tarso, el perseguidor de la iglesia cristiana y ahí Saulo recibió el poder del espíritu Santo, recibió la vista nuevamente y recibió la gran comisión de parte de Dios a través de Ananías, diciéndole que tenía que ir y predicar el Evangelio delante de reyes, a los gentiles y a Israel. Empezó Saulo a quien se le cambió el nombre por Pablo a predicar. Los primeros años en la iglesia de Jerusalén le tenían desconfianza, porque había sido su perseguidor. Pero luego se convirtió en el gran misionero del mundo del imperio romano y predicó por todas partes. Por predicar el Evangelio fue perseguido.

En Filipos, donde estableció la primera iglesia en Europa, le habló a un grupo de mujeres a la orilla del río y ahí estaba una mujer llamada Lidia que trabajaba con telas. En la noche  se fue a la casa de ella y estableció su primera célula. Ahí empezó a predicar el Evangelio y ahí se convirtieron muchos. Al otro día lo seguía una mujer que estaba endemoniada y que era pitonisa. Dice la Biblia que le daba grandes utilidades a sus amos con las adivinaciones que hacia. Y en ese momento, Pablo unió la clase alta de la comerciante con la clase baja que era esta pitonisa y empezó a establecer cómo la iglesia cristiana tenía que construir puentes entre los ricos y los más pobres. Por sanar a esta mujer de ese espíritu malo, Pablo fue llevado a la cárcel y estando en la cárcel con Silas dice que a media noche empezaron a cantar y al cantar vino un terremoto, se soltaron  las cadenas, todos los presos se soltaron y el carcelero de Filipos pensó que se habían escapado los presos y tomó una espada para suicidarse, la ley de Roma reclamaba la vida del policía por la vida del reo que se escapaba, pero le dijo Pablo, no te mates, aquí estamos todos.

Y dice la Biblia que el carcelero le dijo: ¿Qué debo hacer para ser salvo? Y Pablo le dijo “Cree en el Señor Jesús y serás salvo  tú y toda tu familia”. ¡Qué bendición ser salvos y ver venir a toda nuestra familia a los pies de Cristo! Así nace la iglesia de los filipenses, la iglesia que estaba integrada por Lidia, la gran empresaria, por la mujer adivina de la clase más baja, por el soldado carcelero romano de la clase media. En Cristo hay lugar para todas las clases más populares y por las clases más pudiente. En Cristo somos uno solo, porque el Señor no se preocupa por lo que tenemos sino por lo que somos. Y somos hijos de Dios por la fe en Jesucristo. Eso somos nosotros, hijos de Dios.

Pablo fue encarcelado por predicar el Evangelio. ¿Ha sido usted encarcelado por predicar el Evangelio? Y sin embargo, el apóstol fue encarcelado. La historia del Nuevo Testamento nos cuenta que fue corrido de Tesalónica,  también se escabulló de Berea, donde lo querían matar y cuando llegó a Grecia y estuvo en Atentas, se puso a presentar el mensaje de Cristo y dice la Biblia que los filósofos epicúreos se burlaban de él, al igual que todos los intelectuales de Atenas se burlaban. ¿Qué va a hacer el día que se burlen de usted por la fe que tiene? ¿Y que le empiecen a atacar por su fe en Cristo? ¿Va a negar al Señor, se va avergonzar del Señor? Pablo con toda la experiencia que tuvo de que lo apedrearon, que lo encarcelaron, que naufragó, finalmente murió por causa de Cristo, pero al final de su ministerio miren cómo escribe a los Romanos 1:16-17 “A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles. De hecho, en el evangelio se revela la justicia que proviene de Dios, la cual es por fe de principio a fin, tal como está escrito: «El justo vivirá por la fe»”.

Pablo dice: no me avergüenzo del Evangelio. Romanos 1:16 nos muestra la quinta esencia del mensaje evangelístico que Pablo predicó, escribió y trasladó hasta nosotros. No nos avergoncemos del Evangelio, porque es poder de Dios para la salvación de todos los que creen.  Si usted cree verá manifestado el poder de Dios. “Piensa que crees, piensa que no crees”, eso determinará lo que tú vas a vivir. Cuando se habla de  salvación, acá esa palabra se traduce en un término griego que es soteria, en los cursos de teología cuando se habla de la doctrina de la salvación se habla de soteriología, el tratado de los estudios de la salvación y el Evangelio es poder para salvar. ¿Ha experimentado ese poder en su propia vida? ¿Tendrá poder el Señor para salvarnos de nuestras enférmeles? Tiene poder. La Biblia nos relata el caso de una mujer que tenía hemorragia por doce años y que la habían tratado muchos médicos, en vez de mejorar le iba peor, había gastado todo su dinero, pero un día Jesús iba pasando por su ciudad y la mujer empezó a decir: Si tan sólo tocare el borde de su manto. Y esta mujer llegó y lo tocó y la fuente se secó. ¿Tendrá poder Dios para sanar? ¿Lo ha sanado a usted de una enfermedad? Cuando está enfermo siente que se muere, sea lo que sea. Cuando uno está enfermo necesita la salvación de Dios que lo sane. Por eso dice “estas señales seguirán a los que creen en mi nombre, sobre los enfermos impondrán manos y sanarán”. Cuando usted logra que un enfermo reciba de Dios sanidad, esa persona es salvada de la enfermedad.

Los peligros

En Mateo 8:25 se nos cuenta la historia de Jesús en la barca y los discípulos asustados, porque se vino una tormenta que hacía parecer que iba a naufragar. Jesús estaba como uno de nosotros está a veces, bien dormido, agotado. Y ahí estaba Jesús dormido en medio de la tormenta. Y los discípulos le dijeron “Señor, Señor nos morimos, lo fueron a despertar, sentimos que la tormenta nos traga, aquí nos morimos”. Y Jesús se levantó y habló a la tempestad. A veces nosotros estamos en medio de peligros. ¿Le han puesto un arma enfrente o cerca del cuerpo alguna vez? ¿Y cómo  estamos aquí después que nos pusieron el arma? ¿Quién nos guardó? Dios. Esa es la salvación que viene de Dios.

Yo estoy seguro de que cada uno de ustedes tiene sendos testimonios que contar, algunos han dado vuelta en el carro están vivos y su familia está viva, por la salvación de Dios. Por eso no hay que dormirse en el carro. Hay la salvación de Dios para librarnos del peligro. También nos libra esa salvación de la perdición como nos relata el Evangelio en Mateo 18:12, la famosa parábola de la oveja perdida, Dice, un pastor tenía cien ovejas, pero cuando las contó una por una por la tarde se dio cuenta que  faltaba una ¿y qué dijo Él, lo mismo que dice usted en su célula? Una no es ninguna. No. Dijo voy a buscar la oveja perdida y se fue hasta encontrarla. ¿Por qué creen que vino Jesús a la tierra? La Biblia nos dice claramente en Lucas 19:10 Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”, ¿Sabe quien vino a salvar a Jesucristo aquí en la tierra? A mí y a usted. A lo mejor usted está lejos del rebaño de Dios, a lo mejor usted está perdido, anda por allá en caminos donde no debe andar, a lo mejor usted anda en situaciones desesperantes, está trabado como una oveja entre las zarzas en la montaña, pero quiero decirle que hay esperanza para usted, porque Cristo vino para buscar y salvar lo que se había perdido. Él lo va a salvar, lo va a rescatar del vicio, del pecado, del temor, del resentimiento, eso es lo que vino a hacer nuestro Señor Jesucristo.

En Mateo 1:21 recibió José estas Palabra de Dios “y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. No hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús. En Romanos 5: 9 leemos Y ahora que hemos sido justificados por su sangre, ¡con cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios! Nos enseña que nosotros podemos ser salvador de Dios. Todos hablamos que Dios es amor, pero quiero que sepan que Dios es justo y es juez y la paga del pecado es muerte, pero para que no suframos esa condenación eterna por nuestros pecados, vino Cristo para  salvarnos. Tenemos que entender, según Romanos 13:11 que también tenemos una salvación escatológica, es decir que encontraremos nuestra completa consumación más allá del tiempo, leamos lo que dice “Hagan todo esto estando conscientes del tiempo en que vivimos. Ya es hora de que despierten del sueño, pues nuestra salvación está ahora más cerca que cuando inicialmente creímos.

¿Qué pasará después de  muertos, ya se puso a pensar usted? ¿Y cuándo me muera qué vas a pasar, será que hay vida después de la vida? Sí hay vida después de la muerte, el día que usted se muera se vas a dar cuenta que hay vida después de la muerte, pero hay vida eterna solamente para aquellos que creen en nuestros Señor. Los que no creen tendrán vida pero separados de Dios y tendrán una separación eterna, que es la muerte eterna y van a experimentar el castigo de Dios por siempre. Pablo dice en Romanos 1:16 A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles.

Creer  es importante

La fe es importante, termina en el versículo 17 diciendo «El justo vivirá por la fe». ¿Qué significa fe? Fe significa lealtad, fidelidad. Con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo, así dice la escritura, todo el que confía en Él no será jamás defraudado. No hay diferencia entre judíos y gentiles, pues Jesús es Señor de todos, que nos bendice abundantemente a cuantos le invocan, porque todo el que invoque el nombre del Señor será salvo. Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en el que no han creído y cómo creerán en aquel del que no han oído y cómo oirán si no hay quien les predique? Y ¿quien predicará sin ser enviado? Así está escrito. Qué hermoso es recibir al mensaje que trae buenas nuevas. Nosotros hermanos  tenemos la gran responsabilidad no sólo de no avergonzarnos del Evangelio sino de proclamarlo a todos aquellos que lo necesitan.

Escuche

La fe viene por el oir…