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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

¿Es usted trabajador? ¡Qué bueno que podemos trabajar! Debemos darle gracias al Señor por el trabajo que tenemos. Hoy en día tenemos que aprender a apreciarlo, a cuidarlo, porque como cristianos podemos ejemplificar la calidad total en el trabajo. Edward Deming fue un estadístico estadounidense, profesor universitario, autor de textos, consultor y difusor del concepto de calidad total. Su nombre está asociado al desarrollo y crecimiento de Japón después de la segunda guerra mundial. Practicó una exitosa consultoría por más de 40 años, creó una verdadera revolución de la calidad que ha contribuido a la hegemonía americana en el competitivo mundo que hoy enfrentamos.

Posiblemente es más conocido por sus logros en Japón. Desde 1950 se dedicó a enseñar a ingenieros y altos ejecutivos sus conceptos y metodologías de gerencia de calidad. Estas enseñanzas cambiarían totalmente la economía japonesa. La Biblia, antes que Deming, nos enseñó la clave de la calidad total. En el libro de Colosenses 3:17 está el secreto y dice: “Y todo lo que hagan (Casas, construcciones, escrituras notariales, cirugías, enseñanza, repostería, sastrería), de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él”.

Cuando usted trabaja, construye, planifica, debe hacerlo en el nombre del Señor Jesús. Va a fabricar ropa, zapatos, una imprenta, hágalo en el nombre de Jesús. Todo lo que usted haga, debe hacerlo dando gracias a Dios, que tiene trabajo, que tiene empleo y que tiene una manera de honrar a Dios por medio de lo que hace.

El cristiano no es dualista, es decir no tiene una vida con Dios y otro tipo de vida con el trabajo. El cristiano tiene un a sola vida con Dios, con el trabajo y con todo lo demás, somos lo mismo cuando estamos en la oficina que cuando estamos en la iglesia. En todos lados somos cristianos. Usted trabaja en la aduana, en la policía, en cualquier partido político, también ahí es cristiano. Tenemos que entender que todo lo que hacemos de palabra o de obra lo debemos hacer en el nombre de Jesús y para la honra y gloria de Dios. El cristiano debe aprender a desarrollar un estilo de vida centrado en las bases de la creencia, que dice que todo lo que se practica se diseña, se programa o se plasma debe hacerse para Dios.

Con este nivel superior de excelencia para el Creador, cuando usted trabaja como secretaria y sabe que no está trabajando para un fulano de tal, sino que está trabajando para Dios, hace las cosas mejor. Usted no trabaja para el jefe que tiene. Trabaja para Dios. No sirve para la familia que la contrató, sirve para Dios, porque el cristiano no trabaja para el hombre, trabaja y cumple para Dios. Por eso dice la escritura que nosotros no debemos trabajar para el ojo humano, sino debemos trabajar para Dios.

Los Cristianos no podemos darnos el lujo de comportarnos como un trabajador improductivo, como aquel o aquella que marca tarjeta a las 7 de la mañana, llega a la computadora y lo primero que hace es cambiar el descansador de su pantalla, luego se pone a leer todos sus correos electrónicos personales y de ahí llama por el celular a su novia o a su novio y hablan media hora, después se mete a un Chat para hablar con el chato y a las 10 de la mañana empieza a producir para la compañía. Esa es una persona improductiva. Cuando llegue el día en el que quiera un aumento el jefe le hará una evaluación por competencia y le va a decir: -Aquí tengo el historial de su computadora, de todo el tiempo que pierde chateando, aquí tengo el historial de su teléfono, de todo el tiempo que usted pierde en llamadas personales. Aquí tengo videos de cómo usted se la pasa perdiendo el tiempo. Usted es un trabajador improductivo. Déle gracias a Dios que no lo despido o la despido. Debería cambiar su actitud. Y eso que es cristiano.

Los cristianos no podemos darnos ese lujo de comportarnos como trabajadores improductivos, debemos ser ejemplares en el área espiritual y también en lo terrenal. Tito 2: 9-10: “Enseña a los esclavos a someterse en todo a sus amos, a procurar agradarles y a no ser respondones. No deben robarles sino demostrar que son dignos de toda confianza, para que en todo hagan honor a la enseñanza de Dios nuestro Salvador”. Hoy no hay esclavos como hubo en Estados Unidos hasta después de la guerra de la secesión o como hubo en Guatemala en la época de la colonia española o en la época bíblica, en Israel hubo esclavitud. Se supone que ya hay eslavos en la actualidad, pero la gente dice: Soy esclavo del trabajo.

Cuando lo contrata una empresa para que trabaje 40 horas a la semana ¿de quién son esas 40 horas? De la empresa. Ya no son suyas, usted vendió su tiempo, ahora tiene un amo, dueño y señor de su tiempo. Usted no puede disponer de ese tiempo a su sabor y antojo. La palabra siervo se usa mucho hoy en día para referirse a los predicadores, con ella les están diciendo esclavos. ¿Somos esclavos de Cristo? ¿Somos siervos de Cristo? Hacemos lo que Él quiere que hagamos. Pablo le dice a Tito “enseña a los esclavos”. La voz siervo representa en muchos pasajes el vocablo griego “doúlos”, que también puede traducirse esclavo. Y la idea es que esa persona está bajo el dominio de otra, de manera que se caracteriza por su humildad y su obediencia. Todo esclavo es una persona humilde, toda persona esclava es obediente.

Cuando Moisés libertó al pueblo de Israel, después de 430 años de esclavitud en Egipto, le dio diez mandamientos, otras leyes y preceptos, y dentro de esas leyes se habla de la esclavitud. Ésta podía durar, en el caso de los hebreos, un máximo de 6 años y al séptimo eran libres. Éxodo 21:1-2 dice: “Éstas son las leyes que tú les expondrás: »Si alguien compra un esclavo hebreo, éste le servirá durante seis años, pero en el séptimo año recobrará su libertad sin pagar nada a cambio”.

Un esclavo está bajo el dominio y autoridad de un señor, pero ¿qué es lo que Pablo le pide a Tito que enseñe a los esclavos? ¿Dónde vamos a sacar provecho nosotros que hemos vendido nuestro tiempo a una empresa, a una fábrica, a un negocio, a un patrón? Tito 2:9 dice: “Enseña a los esclavos a someterse en todo a sus amos…” ¿Qué tenemos que hacer nosotros con nuestros patronos? Someternos en todo. Usted consigue trabajo en una empresa famosa como Wal Mart, por ejemplo, cuando firma el contrato se somete a la visión, a la misión, al horario, a las prestaciones de esa empresa y no puede decir: “Yo vengo a cambiar todo”. “Yo voy a hacer las cosas a mi modo. Si piensa hacer las cosas a su modo ¿qué van a hacer con usted? Lo van a despedir, porque ahora tiene a un amo y señor de su tiempo. Tiene que hacer lo que dice la política de esa empresa. Sin embargo, hay quienes no se dejan mandar. Hay quienes no les gusta dejarse mandar y hay quienes dicen como aquel gaucho argentino: “Sobre la pampa mi caballo, sobre mi caballo yo y sobre yo mi sombrero”. A mí nadie me manda. En el trabajo usted tiene que obedecer. Obedezca.

Jesús tuvo ese problema con sus discípulos y los sigue teniendo. Lucas 6:46 dice: ¿”Por qué me llaman ustedes “Señor, Señor”, y no hacen lo que les digo”? Elemental, los discípulos le decían: Señor, Señor. Recuerden que la época de Jesús “señor” era sólo el que era dueño de esclavos. El dueño de esclavos era un señor y el principal señor de todos los señores era el emperador romano. Vinieron los discípulos y creyeron que Él era el nuevo gobierno, que Jesús era el nuevo César, el nuevo dios, el nuevo rey, el nuevo señor. Entonces los discípulos le decían Señor a Jesús, pero no le obedecían.

Igual que sus hijos, sus hijos le dicen: “papi, papi”. Usted les dice a sus hijos: ordenen el cuarto. -Sí papi- dicen-. Al rato pasa por el cuarto y está igual. -Ordenen el cuarto- les vuelve a ordenar-. Sí papi lindo. Más tarde vuelve a pasar y está igual. Así lo hacen muchos trabajadores: “Sí licenciado, sí ingeniero, sí jefe, jefe aquí, jefe allá. Y cuando se va el jefe “viejo desventurado, nos tiene aquí trabajando horas extras y no nos paga, nos explota”. Por eso es que estamos como estamos, por hipócritas y por no ser buenos trabajadores. Debemos someternos a nuestros jefes.

Tito 2:9 dice: “Enseña a los esclavos a someterse en todo a sus amos, a procurar agradarles…” Procure agradar a su jefe, ¿qué le cuesta? La mejor manera de agradarlo es colaborando con todo lo que su empresa necesita. Haciendo todo el trabajo que usted tiene que hacer. Un mecánico que hace su trabajo bien, colabora con el taller evitando reclamos de los clientes. Un cirujano que amputa la pierna correcta le hace un favor al cliente y al hospital. Porque qué pena cuando llega el paciente a decirle “Me quitaron la pierna buena”. Es importante que aprendamos a agradar ¿cómo podemos agradar? Peter Druker, el padre de la administración, recomienda que todo trabajador se pregunte ¿cómo puedo contribuir a la visión y a la misión de mi empresa? Entonces nos centramos en la contribución, nos enfocamos en qué dar y no en qué recibir.

Cuando cada miembro de una empresa, de un negocio, se propone hacer lo mejor, tiene que irle bien a ese negocio. Y cuando al negocio le va bien, le va bien al trabajador, porque si al negocio le va mal, el trabajador pierde, porque entonces lo despiden. Y por eso hoy en día se da tantos recortes de personal en las líneas aéreas, en los bancos y en otros muchos lados, y es porque no se ha puesto todo el empeño en hacer que las empresas salgan adelante. Cada uno de nosotros debe darle gracias a Dios por nuestros jefes, nuestros patronos, para que les vaya bien, que sus empresas prosperen y que tengan mucha plata, porque entre más tengan, más trabajo vamos a tener nosotros. Qué importante es reconocerlo.

Saliendo de Amatitlán hay una frase en una pared que dice: “Alegrémonos del bien ajeno”. Alégrese de que aquel recibió un millón de dólares por su trabajo. Alégrese. Si aquel compró una casa nueva, alégrese. Sí aquel tiene un carro último modelo, alégrese. Cuando yo me vine a vivir a Ciudad San Cristóbal, en el sector B-2 habían solamente dos os tres casas, desde el boulevard principal pasaba todo mundo y decía: Allá vive el pastor, qué casota. Hace más de 30 años, ahora pasan y ya no miran la casa del pastor ¿por qué? Porque está rodeada de un montón de casas más nuevas, más bonitas más grandes y yo me alegro. Tenemos que gozarnos con el bien ajeno, disfrutarlo. Así que si usted trabaja vea como agrada a su jefe.

Tito 2: 9: “Enseña a los esclavos a someterse en todo a sus amos, a procurar agradarles y a no ser respondones”. ¿Es usted de esos trabajadores respondones? Su patrón le pregunta ¿qué pasó con el trabajo que le pedí ayer? Y usted le responde: “¿Qué quiere, que haga milagros? Hágalo usted a ver si puede. ¡Respondón, soberbio, arrogante! No debemos ser respondones. Tenemos que comportarnos como debe ser. Y la mejor respuesta, para cuando el jefe le pide algo, es decirle con gusto jefe, como usted diga jefe.

Tito 2:10: “No deben robarles sino demostrar que son dignos de toda confianza, para que en todo hagan honor a la enseñanza de Dios nuestro Salvador”. ¿Será permitido robarle a un jefe? Aunque usted diga que ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón. Mentira, eso no está en la Biblia, la Biblia dice, en el libro del Éxodo 20:15: “No robes”. Hay trabajadores que como en la fábrica abunda la tela, se pueden robar un rollito de vez en cuando. Al fin y al cabo no va a quebrar. Y otros más pequeños se andan robando el papel, los clips, los bolígrafos, el toner. Eso no es correcto, no robe. Dios respeta y protege la propiedad privada, por eso dijo: “no robes”. Y también reconoce el derecho al ingreso desigual. “Es que aquí deberíamos ganar todos lo mismo, un millón al año. No se puede. ¿Cuántos saben que hay ingresos desiguales? Sí, una cosa es lo que gana el gerente general, otro sueldo el subgerente, otro el director y otra cosa gana usted.

En Éxodo 20:17 hay otro mandamiento que dice: “No codicies la casa de tu prójimo”. Usted llega a la casa de su jefe y dice: Qué casa la del jefe. Una así quiero yo, pero en la Cañada. Confórmese con una en el barranco, pero es suya, ¿para qué debe estar codiciando la casa de su jefe? A lo mejor la debe, porque muchos tienen mucha plata, pero se administran mal y deben todo lo que tienen. No codicie la casa de su prójimo, no codicie a su esposa. En Éxodo 20:17 dice: “No codicies la casa de tu prójimo: No codicies su esposa, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su burro, ni nada que le pertenezca”. Cada vez que usted pierde tiempo en su empresa, usted se está robando el tiempo de la empresa, porque ese tiempo no es suyo, ya se lo compraron. Si tiene que trabajar ocho horas, trabaje ocho, no seis.

Tito 2:10 dice: “No deben robarles sino demostrar que son dignos de toda confianza, para que en todo hagan honor a la enseñanza de Dios nuestro Salvador”. Cuando usted es una persona honrada, la gente lo dice. Yo he hablado con jefes, con dueños de grandes corporaciones y de grandes empresas y me ha dado gusto cuando me dicen: “Refiérame más trabajadores cristianos, porque son gente honrada, son gente puntual, son gente disciplinada, no chupan, no fuman, no mujerean, no hacen brujerías. Quieren gente honrada. Un alto funcionario del gobierno me abordó un día en una reunión que había en un gran hotel y me dijo: “El mejor funcionario que tengo conmigo es un egresado de su colegio, es un hombre recto, honrado, buen trabajador y no es corrupto”. ¿Cómo creen que me sentí?

Tito 2: 1: “Tú, en cambio predica lo que va de acuerdo con la sana doctrina”. Todos debemos ser buenos trabajadores, porque lo que hacemos bien honra al Señor y lo que hacemos mal lo deshonra. Pablo le dice a Tito que le diga a los esclavos que hagan esto con los jefes creyentes, pero también con los jefes no creyentes. Si hay un jefe no creyente, pues con mayor razón debemos ser buenos trabajadores para que el Señor lo traiga a sus pies, arrepentido. Es difícil, pero nada es difícil para Dios. Empecemos un cambio en nuestro país, que seamos mejores hombres y mujeres de trabajo, y saquemos adelante nuestras empresas y las empresas de otros, con la ayuda de Dios nuestro Señor.

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La fe viene por el oir…