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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

En Guatemala cada 15 de julio, desde 1992, se paga un bono llamado Bono 14, muchas personas ya lo deben, ya lo comprometieron, pero me gustaría preguntarle ¿Qué hará con su Bono 14? ¿Ya lo debe? ¿Qué ha hecho con los 17 bonos que ha recibido en los últimos 17 años? ¿Qué cantidad de dinero tendría ahorrado si no se los hubiera gastado? El problema es que la mayoría de la gente cuando recibe su Bono 14, su aguinaldo o las utilidades de sus acciones que ha comprado o el producto de todo lo que ha venido lo malgastan, no lo aprovechan. ¿Usted, qué está haciendo con su dinero? Prácticamente no pasa un solo día en el cual no tengamos que manejar dinero, lo tenemos que usar para pagar la renta, para pagar la luz, el teléfono, el agua, el colegio, la universidad, la gasolina, la amortización del carro, el seguro de vida, la cuenta de medicina, en fin, la lista es grande. La escasez del dinero trae problemas, la abundancia también trae problemas. La pregunta es ¿está usando el dinero de otros y endeudándose? ¿Cuándo usted usa su tarjeta de crédito está usando su dinero o el de otros? Está usando el de otros. El del banco o de una financiera y usted tiene que pagarlo y cuando le llega la cuenta a fin de mes, si usted paga sólo el pago mínimo, creará una deuda eterna. Por eso es importante usar correctamente los recursos que Dios nos da. La Biblia nos advierte sobre utilizar el dinero de otros y endeudarnos, ya que como deudores nos convertimos en esclavos de nuestros acreedores. Un acreedor es el que tiene el derecho de exigir el cumplimiento de alguna obligación o la satisfacción de una deuda, y si usted le debe al banco ¿qué es usted del banco? Esclavo. Si usted le debe a la tarjeta de crédito ¿esclavo de quien es usted? De la tarjeta de crédito. Si le debe al suegro ¿qué es usted del suegro? Esclavo del suegro. Porque como deudor tiene a sus acreedores como sus amos y señores. Por eso me gusta lo que enseña Proverbios 22:6 y 7: “Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará”. Los ricos son los amos de los pobres; los deudores son esclavos de sus acreedores. Esta enseñanza de la Biblia nos exhorta a educar a nuestros niños, para que desde chicos vivan sin deudas, a vivir libres de esclavitudes financieras. La Biblia también nos habla sobre el ser fiadores de otros. Nos recomienda a no salir fiadores de otros, a menos que estemos dispuestos a hacerle frente a la deuda de una compra que otro disfrutó y nosotros tenemos que pagar. Si no tenemos con qué pagar, nunca debemos ser fiadores de otros, más vale decir no, aunque quien nos pida ser fiadores se disguste. Proverbios 22:26 y 27 dice: No te comprometas por otros ni salgas fiador de deudas ajenas; porque si no tienes con qué pagar, te quitarán hasta la cama en que duermes. ¿Qué está haciendo con su dinero? ¿Se está endeudando? ¿Prefiere disfrutar hoy y pagar mañana? Existen ciertas deudas que muchas veces son necesarias como la compra de una casa, con el entendido que está dentro de nuestras posibilidades de pago y que el pago no nos dejará en un ayuno permanente. O un préstamo para un negocio que ya tenemos, somos expertos en él, sabemos que incrementará la productividad, que ganaremos más con él. Pero la gran mayoría de personas se están endeudando por compras compulsivas, compras de impulso. Debemos entender que somos mayordomos. Mayordomo viene de la palabra griega “Oikonomos”, que significa mayordomía, administración, economista. Todos aunque nunca hayamos llegado a la Facultad de Administración de Negocios, según la Biblia, somos administradores de Dios. No somos dueños, somos administradores. Así que ya no diga mi casa, esa casa es la que usted administra. No diga mi carro, ese es el carro que usted administra. No diga mis hijos, esos son los hijos que usted administra. Debemos ahorrar e invertir nuestros recursos, porque las vacas flacas siempre llegan. Y no me refiero a las modelos, me refiero a esa figura que surge en el Antiguo Testamento en el libro de Éxodo, cuando faraón tiene un sueño. Sueña que del río Nilo suben siete vacas gordas y luego suben 7 vacas flacas y las siete vacas flacas devoraron a las gordas y quedaron más flacas todavía. Y faraón se pregunta ¿qué quiere decir ese sueño? Y José que estaba preso es llamado para darle interpretación y les dijo que los siete años de vacas gordas son años de abundancia, pero vendrán luego 7 años de vacas flacas que son años de escasez, tanta escasez que la abundancia de los siete años anteriores la van a devorar. El faraón dijo: ¿Qué tenemos que hacer entonces? Hay que ahorrar en la época de las vacas gordas, para que cuando vengan las flacas tengamos cómo salir adelante. Tenemos que aprender a prevenir, porque si somos perezosos en el manejo de nuestras finanzas viviremos en pobreza y escasez. Aprendamos de la hormiga. Dice Proverbios 6: 6-11: “¡Anda, perezoso, fíjate en la hormiga! ¡Fíjate en lo que hace, y adquiere sabiduría! No tiene quien la mande, ni quien la vigile ni gobierne; con todo, en el verano almacena provisiones y durante la cosecha recoge alimentos. Perezoso, ¿cuánto tiempo más seguirás acostado? ¿Cuándo despertarás de tu sueño? Un corto sueño, una breve siesta, un pequeño descanso, cruzado de brazos... ¡y te asaltará la pobreza como un bandido, y la escasez como un hombre armado!”. El pasaje que leímos dice que las hormigas al igual que nosotros, los que ya somos maduros, no tienen quien las mande, quien las vigile o quien las gobierne. Porque una señal de madurez, una señal de vida adulta, es cuando somos personas disciplinadas, sin que ande alguien detrás diciendo qué debe hacer, a dónde debe ir, a qué hora tiene que entrar a trabajar, cómo debe hacer las cosas, porque usted ya es maduro y como maduro, usted debe ser disciplinado. Fíjese bien, no hay ningún caporal con látigo en la mano azotando a las hormigas para que se muevan más rápido. No, ellas ya tienen esa disciplina de guardar en verano para tener en invierno. Las hormigas no sólo son disciplinadas y precavidas, son productivas. Cuando es hora de la cosecha, guardan el alimento. Tenemos que aprender. El perezoso es todo lo contrario, es improductivo y tiene que aprender y adquirir sabiduría de las hormigas, porque el perezoso se acuesta y disfruta, no es disciplinado como las hormigas. Haraganea más de la cuenta. Sueña con tener casas, carros, sueldos, puntos, pero se queda sólo en soñar, no hace nada. El perezoso vive en pobreza y escasez, nunca tiene nada, porque es perezoso. En otras palabras, nunca hace nada. Y el que no hace nada viene a la pobreza. ¿Está haciendo algo para manejar responsablemente su dinero? No podemos darnos el lujo de ser perezosos en la administración de nuestras finanzas, porque las consecuencias de una mala administración financiera son devastadoras, mientras que ser un buen administrador produce paz, queremos que usted haga algo por su dinero y por eso le presentamos hoy conceptos prácticos para dejar la pereza por un lado y convertirse en un buen administrador de los recursos económicos que Dios le ha confiado. Así que tome nota: 1.- Sepa a donde va su dinero. Usted recibe su sueldo y comenta -Pastor, el dinero se me va como agua en las manos. Recibo mi sueldo. El bono, aguinaldo, recibo las utilidades de mis acciones, recibo muchos dividendos, pero se me van como agua-. ¿Qué es lo que ha pasado? Sepa a donde va su dinero. Los profesionales de la administración del dinero como primer paso en el ordenamiento de las finanzas personales, recomiendan llevar un cuaderno con uno a todos lados para anotar los gastos que realiza, por un periodo de un mes. Consiga una libreta de notas y empiece anotar en qué gasta todos los meses, para que usted sepa a donde se le va su dinero en un mes. 2.- Proyecte sus ingresos y gastos. Todos podemos saber, si no con exactitud, con una idea bastante clara, cuánto dinero ganaremos y gastaremos mes a mes. Proyectar sus gastos es pensar de antemano en qué gastará mes a mes, entonces escriba todos sus gastos, pagos de casa, pago de seguridad, pago de agua, de luz, de teléfono, celulares, gasolina, colegios, abarrotes, supermercado, diversión y todo lo que gasta y luego súmelo. Esto es hacer un presupuesto, una palabra que muchos detestan, pero que debemos tener en cuenta, suponga anticipadamente todos los gastos que usted va a tener. Un presupuesto dice, el diccionario, que es un cálculo o cómputo anticipado de los ingresos y gastos de un negocio o actividad. Realice entonces su presupuesto. Un presupuesto mensual y el último día del mes en curso, elabore los cheques de todos sus pagos, saque el efectivo necesario y distribuirlo en sobres, según lo vaya necesitando. 3.- Ajustes necesarios al presupuesto. Al sumar todos sus gastos, es probable que se asuste, porque no le alcanza para cubrirlo o está gastando demasiado en ciertos rubros. ¿Qué hacer entonces? Cuando a usted no le alcanza el dinero, reduzca sus gastos. A lo mejor usted encontró ahí que estaba gastando mucho en el salón de belleza. Recorte un poquito ese renglón. A lo mejor se salió mucho que está gastando demasiado en gasolina, pues hable con sus compañeros de trabajo y dígales: “Tú, traes tu carro una semana y yo uso mi carro la otra, y así nos ahorramos gasolina una semana tú y una semana yo. A lo mejor se unen otros, cuatro cinco seis, usted usa su carro una vez al mes o cada seis semanas. Pero tiene que buscar la manera de ver cómo se ajusta a la realidad de su presupuesto. Empiece ajustarlo al reducir los montos por gasto. Hasta que quede justo como usted lo desea. Tome nota que lo que podemos reducir será en el área de nuestros deseos, lo que queremos y no es indispensable. Antes de comprar practique la regla 10-10-10. La autora Susy Welch (actual esposa del reconocido hombre de negocios Jack Welch) explica su teoría detrás de la regla 10-10-10. La regla es sencilla: antes de hacer una decisión, pregúntese: ¿Cuáles serán las consecuencias de mis decisiones en 10 minutos, 10 meses y 10 años? Luego actúe como corresponde. ¿Ha comprado algo para sentirse desilusionado por su pobre decisión un solo día después de haberlo comprado? Usted compra el carro de lujo y de repente al otro día dice: “Y ahora ¿cómo lo voy a pagar? Quince días de ayuno cada mes. ¿Cómo lo voy a pagar? O a veces usted mira un vestido lindo en el maniquí y se lo compra y al otro día ni le entra. Y le da clavo devolverlo. Dice, me voy a casar con esta mujer, piénselo siquiera cómo se va a sentir 10 minutos después de haber firmado. Para administrar su dinero use la fórmula que he recomendado a través de muchos años 10-10-80. Aparte un 10 por ciento para usted como ahorro terrenal, 10 por ciento para Dios, que es su diezmo y un ahorro celestial, así podrá hacer un tesoro en la tierra y podrá hacer un tesoro en el cielo. Guardando 10 por ciento para usted, dando un diez por ciento para la obra del Señor y con el 80 por ciento haga su presupuesto. Sujétese a ese 80 por ciento para que usted pueda vivir y cuando haga sus cheques de fin de mes, primero pague su diezmo para el Señor. Recuerde que el ahorro sin propósito es un castigo, por eso nunca ahorre sin propósito. Cuando tenga propósito bien definido el propósito será mucho mayor que el deseo de comprar hoy cosas, menos importantes que mi sueño principal. Por lo tanto se sacrifica de otras cosas que desea hoy, porque su propósito para el mañana es más importante. Por eso ahorre con propósito. En la revista Fortune, una revista de negocios que circula a nivel mundial, publicó el 22 de junio de 2009, hay un artículo que dice: “Todavía se puede retirar o jubilar rico”. Y da este ejemplo. Si un joven comienza ahorrar cuando tiene 25 años de edad y ahorra hasta los 34 años o sea nueve años, y ahorra la cifra de 400 dólares mensuales al 7 por ciento anual, habrá ahorrado 48 mil dólares y tendrá a los 65 años 602 mil 559 dólares. Sólo ahorró por nueve años, de los 25 a los 34. En cambio, si usted empieza a ahorrar a los 35 años la misma cantidad y lo pone a ganar 7 por ciento anual. De los 35 a los 65, ahorra 30 años 400 dólares al 7 por ciento anual, va a juntar 148 mil 800 dólares. Pero a los 65 años, tendrá 528,222 dólares. Uno ahorró nueve años y el otro ahorró 30 y el que ahorró 9 ahorró 74 mil dólares más. ¿Qué es lo que nos dice esto? Que entre más joven empieza el ahorro, mejor estará cuando sea viejo. Los expertos recomiendan ahorrar por lo menos 10 por ciento al mes, vale la pena ahorrar. Ahorre para las emergencias. Las emergencias llegan. De repente vienen. Si usted calcula que se puede quedar sin trabajo un día de estos y que en seis meses va a recuperar el trabajo, pues por lo menos junte lo que se gasta en seis meses para tener el fondo y que en ese lapso usted tenga cómo salir de su problema. Ahorre para sus sueños. ¿Cuál es su sueño? Una casa propia. Ahorre para tener el dinero del enganche de su casa. Ahorre para su sueño. Además, usted tiene el sueño que sus hijos estudien en la universidad, tiene el sueño que sus hijos tengan una empresa, un negocio, pues ahorre, cuando llegue el momento usted va tener cómo hacerle frente a esos sueños y además ahorre para el cielo. Cuando se muera usted no se va a llevar nada, por eso es importante que usted ahorre en el cielo, porque lo único que no pierde es lo que da para la obra de Dios. Lo que usted invierte en la obra del Señor es lo que permanece en la presencia de Dios y por eso es importante ahorrar cuanto quiera, pero no olvide ahorra en el cielo, mes a mes aparte el 10 por ciento de sus ingresos para los fondos del templo, para que contemos en la Fraternidad Cristiana con los recursos necesarios no sólo para el sostenimientos operativo sino especialmente para presentar a Cristo Jesús como el Salvador de la humanidad, por todos los medios posibles. Alégrese de que podemos predicar el Evangelio todos los días a las 5.30 de la mañana por TV Azteca Guatemala, es una bendición, pero no es gratis. Hay que pagarlo. Siéntase contento al ver todos los domingos el programa en Canal 7 de televisión, a las 7:30 de la mañana, es bonito, claro, Mucha gente lo ve, me emociona cuando me encuentro en la calle, en restaurantes, caminando por los supermercados o Centros Comerciales, la gente me aborda y me comenta: “Yo soy católica, pero yo veo su programa todos los días. De otra manera no podría entrar yo a su casa a predicar el Evangelio. Todo eso lo podemos hacer, gracias a sus diezmos y ofrendas. Porque usted es el que hace eso realidad, usted va a veces en el carro pone Emisoras Unidas y de repente sale ahí el Pastor dando una cápsula. Pero no podría si usted no trae sus diezmos. Mis hermanos amados, los diezmos no son para que los utilice para ayudar al necesitado, al necesitado lo vamos a ayudar con otra plata, los diezmos son del Señor. Cuando usted toma su diezmo para ayudar a un necesitado, está saludando con sombrero ajeno, usted está usando lo que es del señor. Si usted tiene que pagar la empresa eléctrica no puede usar el dinero de la empresa eléctrica, de la luz, para ir a pagar el agua. Cuando usted tiene un compromiso, tiene que cumplirlo. Malaquías 3:10 dice: “Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo”. Hay que traerlo completo, diez por ciento es diez por ciento. También debemos ahorrar en el cielo, al ser generosos con el necesitado, la Biblia dice que el que da al pobre, a Dios presta y Dios es buena paga. Vemos siempre en la Biblia que a los ricos se les ordena que deben ser generosos con los necesitados. Bendiga a Dios no solo con su diezmo sino también encima de eso siembre en aquellos que tienen una necesidad real. Tenga cuidado con aquellos que son charlatanes o con personas que están en problemas por mala administración. Dios no es responsable de nuestra administración y a veces nosotros por nuestro desorden financiero estamos en graves problemas y no queremos cambiar nuestro estilo de vida. Nos hemos acostumbrado a vivir a veces expensas de la generosidad de otros, tenemos que ser generosos y cumplir con lo que dice 1 Juan 2:17.18 dice: Si alguien que posee bienes materiales ve que su hermano está pasando necesidad, y no tiene compasión de él, ¿cómo se puede decir que el amor de Dios habita en él? Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad.” Si un amigo nuestro, si un familiar nuestro está en una verdadera necesidad y nosotros tenemos con qué ayudarlo hagámoslo. Si está enferma la persona, no puede hacer compras, ofrezcámonos para ir hacerle la compra o pidámoslo directamente que se lo lleven a la casa y contribuyamos con el costo de sus abarrotes. A veces la gente más necesitada es la que está en nuestra casa, cómo no le vamos a dar a nuestro papá, a nuestra mamá, a nuestra tía, a nuestros hijos, a veces queremos ayudar a aquel pobre que esta en la India, que está en el África y no le damos nada al pobre que está a la par nuestra. Como cristianos debemos ser responsables en el manejo de nuestras finanzas, esto nos permitirá cubrir nuestras necesidades, ahorrar para el mañana, sembrar generosamente, no sólo en el reino sino también en la vida de los necesitados. Jesucristo dijo “El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destituir, pero ye he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia”. Vivir en abundancia se resume en estas frases: tener para todas mis necesidades y algo extra para compartir con otros en la necesidad de ellos. Vivir en abundancia no es tener millón más millón, más millón, más millardos. No, vivir en abundancia es tener todo lo que yo necesito y algo más para dar y la Biblia dice claramente: “Mi Dios suplirá todo lo que me falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. Mateo 19:23-26 dice:“—Les aseguro —comentó Jesús a sus discípulos— que es difícil para un rico entrar en el reino de los cielos. De hecho, le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios. Al oír esto, los discípulos quedaron desconcertados y decían: —En ese caso, ¿quién podrá salvarse? —Para los hombres es imposible —aclaró Jesús, mirándolos fijamente—, mas para Dios todo es posible.” Y según lo que leímos, es posible ser rico y entrar en el reino de Dios. No es pecado ser rico, usted puede ser el más rico y al mismo entrar al reino de Dios, porque si Dios le ha dado mucho, es porque le va a demandar mucho y lo que Dios le ha dado es para que usted lo use para beneficio del reino de Dios y de aquellos que viven en el reino de Dios: su semejantes. No piense que por ser rico no puede entrar en el reino de Dios. Todo lo contrario, en la Biblia tenemos ejemplos como el de Job, el más rico de toda su época, de toda su comarca y el más recto y temeroso de Dios y apartado del mal. Se puede ser rico y se puede ser recto, pero por eso es importante entrar en el reino de Dios y reconocer que más importante que nuestras riquezas es entender que Dios es el dueño de las riquezas. Yo soy el administrador de las riquezas que Dios me ha encomendado.