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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Es una gran bendición tener a nuestras madres, es una gran bendición poder haber tenido un hogar, una madre, un padre. Se dice que aquí en Guatemala el 18 por ciento de los hijos han sido abandonados por sus padres, así que tenerlos es una gran bendición.

El plan de Dios, el orden divino para la raza humana, es que tengamos una familia, que vivamos en familia. Él lo hizo todo bueno y perfecto, y cuando creó al hombre dijo: “No es bueno que el hombre esté solo”, por eso Dios creó la ayuda adecuada, creó a la mujer y formó la primera familia, una familia que tuvo serias dificultades para desarrollarse, porque Eva, nuestra abuela de la raza humana, cometió el grave error de no seguir las instrucciones claras que Dios había dado: no comer del árbol de ciencia del bien y del mal. Eva se puso a conversar con la serpiente, con el diablo ¿señora con quién habla usted, con quién sostiene sus conversaciones, con quién se mantiene hablando por teléfono, con quién se junta para hacer el cuchubal o la despedida de soltera o el baby shower, con quién?

Es importante que sus conversaciones sean con gente correcta, sana, que edifique, que bendiga y no con el diablo. Eva no fue bien aconsejada y por lo tanto tuvieron que salir del jardín del Edén. Tuvieron sus primeros hijos, Caín y Abel, uno de ellos muy bueno, Abel, el otro muy malo, Caín. Desde el primer hogar y a veces en muchos hogares, salen algunos buenos y algunos malos, pero mucho depende de nosotros los padres cómo salgan los hijos.

Lo importante es que Dios pudo llenar el mundo de hombres y mujeres, pero no lo hizo, le dio a Adán y Eva el privilegio, como familia, de participar en la procreación de la raza humana. Todo matrimonio tiene ese privilegio. Al rato la sociedad se corrompió, al extremo que subió a la presencia de Dios toda la violencia que había en el mundo, todo el pecado que abundaba, y Dios se fastidió de ver esas actitudes en la sociedad y por lo tanto decidió eliminar a la raza humana.

Usted no fue el culpable, usted no fue el primero que dijo hay que acabar con esa raza, Dios lo dijo, hay que acabar con esta raza humana, violenta, desobediente y envió el diluvio no sin antes preparar a un hombre, a Noe y a su familia, para que construyera el proyecto más grande de la historia, un mega proyecto extraordinario: el arca de Noe. Ésta se construyó en una época en la que ni siquiera llovía en la tierra y no había necesidad de pensar en diluvios. Ahora oímos de inundaciones en todas partes del mundo. En aquel entonces solamente había un pequeño vapor que salía de la tierra.

Por cien años Noe proclamó el Evangelio al pueblo, nuevas de salvación, eso significa el Evangelio. La gente se reía, se burlaba de su mensaje ¡Ah ridículo! Cómo puede ser que esto vaya a ocurrir, nunca ha llovido en la faz de la tierra. Pasaron los cien años, Noe recibió instrucciones de cerrar el arca, empezó a llover y entonces la gente creyó, corrió al arca de salvación, pero ya no  se podía abrir, Dios la había cerrado. Lo mismo ocurre hoy en día, los predicadores lo hacemos por la radio, la prensa, la televisión, en grandes concentraciones diciéndole a la gente: arrepiéntanse de sus pecados, crea en Jesucristo como su Señor y Salvador personal, pero la gente se niega a hacerlo. Llegará el día cuando Cristo venga otra vez para establecer su reino y para llevarse su iglesia, entonces se cerrará la puerta del arca de salvación y la gente querrá entonces arrepentirse, pero será demasiado tarde. Dios envió el diluvio y arrasó con la raza humana, excepto con la familia de Noe, sus hijos Sem, Cam Jafaet, sus esposas, sus nietos. Por eso no se extinguió la raza humana, porque Dios la protegió a través de esta familia.

Luego apareció una familia muy importante, la familia de Abraham. Dios le dijo vete de tu tierra y de tu parentela a la tierra que yo te mostraré y le dijo claramente los que te bendigan serán bendecidos y los que te maldigan serán maldecidos y yo bendeciré en ti a todas las familias de la tierra. Las promesas que Dios le hizo a Abrahán de prosperidad, de victoria, de salud, de bendición son promesas que se aplican a nosotros hoy en día igualmente. No porque seamos hijos de Abraham físicamente, la lección la dio nuestro Señor cuando le dijo: Mira las arenas del mar y cuéntalas, si puedes mira las estrellas de los cielos, cuéntalas si puedes y Abraham dijo: No puedo Señor y Dios le dijo así será tu descendencia como la arena del mar, como las estrellas de los cielos. Hablándole de dos tipos de descendencia, la física y terrenal que son los árabes y los judíos, y la espiritual que somos todos nosotros los que creemos que Jesucristo es el Señor de nuestras vida y somos hijos de Abraham por la fe en nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Por eso es que podemos ser familias benditas.

El plan de Dios para la raza humana, de vivir en familia, se ve, como un hilo dorado, desde el primer capítulo de la Biblia en el Génesis hasta el último capítulo en el libro del Apocalipsis. En el libro del profeta Malaquías, es el último libro del Antiguo Testamento, ahí encontramos que el último mensaje escrito para nosotros dice »Estoy por enviarles al profeta Elías antes que llegue el día del Señor, día grande y terrible.  Él hará que los padres se reconcilien con sus hijos y los hijos con sus padres, y así no vendré a herir la tierra con destrucción total».

Hay riesgos de destrucción total para la tierra, al menos que haya una restauración de la familia. Por eso cuatro siglos después que Malaquías diera esta profecía no hubo ningún predicador, ningún profeta. Israel no tuvo la visita de ningún evangelista, de ningún cantante, de ningún predicador, ningún programa de ningún tipo. Imagínese usted, con eso de las calamidades, de las pandemias, los gobernantes de los países toman decisiones de suspender las reuniones. Y usted ya no puede reunirse en la iglesia por una semana, dos semanas, tres semanas. ¿Qué haría usted si no pudiera reunirse con los hermanos? Por cuatro siglos, cuatrocientos años sin tener Palabra viva, Palabra de Dios. De pronto aparece el primer profeta de la primera época, un hombre que viene del desierto vestido con piel de camello, que comía langostas, no marítimas sino langostas aéreas, insectos, miel silvestre, buena dieta. Juan El bautista aparece predicando y dice que viene con el espíritu de Elías para restaurar el corazón de los padres a los hijos y de los hijos a los padres.

Después de cuatro siglos se retoma el mensaje de la familia y juntos con Juan en ese mismo año nace su primo Jesús, Jesús. ¿Se ha puesto a pensar  por qué tuvo  que nacer Jesús de una mujer y tener madre, tener padre y experimentar lo que todos nosotros experimentamos cuando somos niños? ¿Por qué ocurrió eso? Porque Dios quería que se identificara a nuestro Señor Jesucristo con el ser humano desde lo que ocurre en el vientre de la madre hasta lo que ocurre en la juventud y la vida adulta. Dios quiso demostrar que las familias pueden ser bendecidas y pueden producir hijos buenos, hijos llenos de Dios, hijos rectos, hijos bendecidos.

Y se le acerca el Señor a la Virgen por medio de un ángel y le dice en Lucas 1:26-27:  A los seis meses, Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret, pueblo de Galilea, a visitar a una joven virgen comprometida para casarse con un hombre que se llamaba José, descendiente de David. La virgen se llamaba María. Algo que necesitamos hoy en día en nuestras madres es lo que María tuvo, y eso en un sentido de santidad y pureza. Hoy en día se ha olvidado el valor de la virginidad, hoy las mujeres ya no estiman la virginidad como lo hizo María. Hoy es un motivo de alarde y un motivo de jactancia el decir que muy jovencitas han comenzado a tener vida sexual y por eso tenemos a muchas de ellas con enfermedades de transmisión sexual, con embarazos no deseados. Muchas jovencitas “andan por la vida arrastrando a un niño y recordando a un hombre”, porque no se practica la pureza que practicó María. Ella no practicó relaciones sexuales antes de casarse, recomendamos seguir el ejemplo.

Hoy nuestras jovencitas están presionadas por la televisión, el cine y el internet, caen fácilmente en las garras de la pornografía. Hoy se ponen a conversar fácilmente con cualquiera. Hace algunos años hablar con una señorita que nos llamara la atención era muy difícil. Salía el papá a decirnos que no estaba. Pero si yo la vi entrar hace un rato, decía uno tímidamente. Y él contestaba: para usted no está. Era muy difícil entrar a la casa de una jovencita. Solamente se podía ver cuando salía a hacer algún mandado a la tienda. Hoy en día las señoritas reciben de sus padres carro, tarjetas de crédito, celular, financiamiento y permiso para ir a donde quieren, hacer lo que quieren, con quien quieren. Son  señoritas Choripán, como quieren, con quien quieren y como quieren.

Hoy necesitamos hogares integrados con madres como María que tienen un concepto de la pureza, que tienen un concepto de la virginidad. No solamente física. No solamente un himen por romper, sino además una actitud y una mentalidad de rectitud, de santidad y de pureza. Esta joven María demostró que era una mujer de fe, que le creyó al ángel que quedaría embarazada. En Lucas 1: 28 al 31 dice: El ángel se acercó a ella y le dijo: – ¡Te saludo, tú que has recibido el favor de Dios! El Señor está contigo.
Ante estas palabras, María se perturbó, y se preguntaba qué podría significar este saludo. -No tengas miedo, María; Dios te ha concedido su favor -le dijo el ángel-.Quedarás encinta y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.

No necesitó someterse a un examen de estos modernos tridimensionales para saber el género que iba a tener. El Ángel le dijo una vez: será varón, se va a llamar Jesús y vas a quedar embarazada sin varón. Eso es difícil de creer, pero María lo creyó. María resultó embarazada por obra del Espíritu Santo y es más, en el versículo 34 le dijo: - ¿Cómo podrá suceder esto -le preguntó María al ángel-, puesto que soy virgen? -El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Así que al santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios.

Es importante que nosotros como padres y especialmente ustedes como madres conciban no solamente al hijo, sino que conciban la idea, el concepto de lo que van a dar a luz será un santo niño, Hijo de Dios. Lo que hay en el vientre de una madre es un santo niño, es un hijo de Dios que se está formando por obra y gracia de Dios en el vientre de una madre.

¿Qué clase de hijo quiere usted concebir? ¿Qué clase de hijo, usted como padre, piensa engendrar? En tres ocasiones específicas, siempre en noviembre, oré a Dios para engendrar a mis tres varones y pedir a Dios en ese mismo momento que bendijera la vida de estos hijos o hijas, en ese momento no sabía que sería, pero fueron tres hijos finalmente que desde el momento en que los engendré pedí a Dios bendición para ellos, para que los hiciera hombres o mujeres de bien. Y el Señor me ha concedido a tener hijos de 30, 33, 35 años que son hombres de bien, siervos del Señor, cristianos que buscan hacer la voluntad de Dios. Sí se puede  tener buenos hijos cuando nosotros los engendramos y las madres los conciben con la idea de que son santos niños.

El poder de la fe hace que llamemos a las cosas que no son como si fueran. A lo mejor usted está pensando en sus hijos que están alejados de Dios y que están alejados de usted y quizás en malos caminos. Yo le quiero recordar lo que dice Pablo en el libro de los Hechos 16:31 al primer convertido en Europa que fue el carcelero de Filipo, a este le dijo: “Cree en el Señor Jesús; y así tú y tu familia serán salvos”. Si usted quiere que en su familia sean salvos, que sus hijos anden en el camino correcto, crea en el Señor Jesús. Usted como padre tiene que dar el ejemplo de fe, el ejemplo de vida santa y práctica consagrada a Dios.

María fue una mujer que creyó al ángel que su hijo sería Hijo de Dios. Crea que su hijo será un buen cristiano desde que lo tiene en el vientre. Créalo, sí usted lo cree y lo pone en práctica y pone todo lo que está de su parte, lo va a lograr. No se queje de que su hijo sea un hijo pródigo, porque está lejos de Dios y lejos del hogar, pero tenga presente que Dios trajo al hijo pródigo de regreso al redil, a la casa del Señor. Créalo, sea una persona de fe. María como sierva del Señor supo lo que fue dedicarse con esfuerzo a la vida de Dios nuestro Señor. Una cosa es importante, de nosotros depende como padres, en gran manera, lo que nuestros hijos van a ser.

Algo que debemos recordar es la influencia que tenemos como padres. Si usted no usa esa influencia,  para que sus hijos caminen en los caminos  del Señor, usted lo va a lamentar grandemente. Si algo tenemos que recordar es amar a nuestras madres por el sacrificio que hicieron. Por el amor que nos tuvieron.

El cuadro pictórico “La familia” de Pedro Pablo Rubens siempre muestra a una madre sonriente cargando a su bebé, y así creo que era la relación de María con Jesús. ¿Ustedes creen que era sonriente María? ¿Creen que Jesús era un niño natural? Naturalmente, era cien por ciento hombre. Jesús supo lo que era llorar, supo lo que era rasparse al caerse, supo lo que era el abrazo de una madre, supo lo que era sentir la autoridad de un padre, supo lo que era la enseñanza. Jesús supo lo que era tener un hogar y una madre responsable que le enseñara correctamente todo lo que tuviera que hacer.

Yo bendigo a Dios por las enseñanzas y el ejemplo de mi madre, una mujer esforzada y valiente, una mujer trabajadora que dedicó los mejores años de su vida a servir a sus hijos, a cuidar a sus hijos, a trabajar arduamente por amor a sus hijos. Yo bendigo a Dios no solo por mi madre sino bendigo a Dios por mi abuela. Mi abuela fue una mujer hermosa, una señora que conocí cuando ella tenía cerca de 80 años de edad, la única abuela que tuve  se llamó Gerónima,  le decíamos la abuela Choma. Vivió siempre a la par de nosotros, y nosotros siempre a la par de ella.

Y cada vez que nosotros queríamos algún consuelo, alguna ayuda, ahí estaba la abuela. Cuando no había que comer en la casa, la abuela siempre tenía un conejo que regalarnos, porque criaba conejos. Una paloma de castilla que regalarnos, porque criaba palomas. Y cuando no había que comer en la casa, era cuando mejor comíamos, la abuela era generosa, todos los días nos compartía una tortilla con sal, o frijoles o arroz o conejos o palomas. Yo tengo un recuerdo muy agradable porque a los 80 años mi abuela, aunque era una mujer analfabeta era una mujer que conocía las Sagradas Escrituras, conocía la Palabra de Dios de memoria.

Cuando yo le pedia un centavo me decía como no, pero léeme primero Santiago 4 y me daba después el centavo, por eso acepto ofertas después de predicar. Mi abuela me enseñó. La invitaban a predicar a los grupos de mujeres y a los 80 y pico de años ella caminaba muy despacio y caminábamos una cuadra y se sentaba cansada, abría su gran bolso y me daba un banano, un dulce, un pan, y luego llegábamos a la reunión. Se paraba a predicar y cuando quería citar un versículo en vez de citarlo de memoria como lo sabía, me decía: Jorge léeme Mateo 24. Y ahí se paraba ese muchachito a leer un texto de la Palabra del Señor. ¿Qué estaba haciendo mi abuela con ese muchachito? Ejerciendo influencia, mostrando el camino.

Tenía alrededor de 11 años cuando ocurrió algo que me impresionó y me marcó mucho en la vida. Siempre había una cama en el cuarto de mi abuela, donde dormía mi primo Hugo, quien nació sordo, mudo paralítico, epiléptico. Mi abuela lo cuidó por más de 30 años con la ayuda de mí tía Raquel. Lo bañaban, le cambiaban pañal, todo eso a diario y cargado lo sacaban para que le diera un poco el sol. Yo puedo decir que el mayor ejemplo que yo recuerdo de amor por el prójimo lo viví viendo a mi abuela y a mi tía cuidando a Hugo. Madre no es la que  da a luz, madre es la que cría, que cuida, que vela por usted cuando usted está enfermo, la que lo acompaña en los momentos difíciles.

Hugo, después de mostrar una verdadera agonía dolorosa y terrible falleció. Vi a mi abuela tirarse al piso de tierra en su cuarto y ahí levantó sus manos en alto y empezó a orar y a decir: Gracias Padre por la oportunidad de vivir hasta el día de hoy, para cuidar de mi nieto. Gracias Señor por darme la vida, porque ¿quién habría de cuidarlo cuando yo muriera? Ahora sí Señor, llévame cuanto quieras. No pasó un año y mi abuela falleció, pero dos horas antes de morir esa abuela me mandó a llamar, en la madrugada. Me dijo: Arrodíllate y a la orilla de la cama doblé rodillas, tenía alrededor de 11 años y medio, puso sus manos sobre mi cabeza y empezó a orar y a decir. Dios mío, haz de este mi nieto un siervo de Dios. Haz de Jorge un predicador del Evangelio.

Esa presencia de Dios descendió. Yo recuerdo claramente esos momentos de una fe maternal bajando de la matriarca de la casa, pidiendo a Dios que me hiciera un siervo del Señor. Dos horas después ella falleció, pero gracias a esa abuela, gracias a esa influencia hoy existe el pastor Jorge H. López predicando a mucha gente por más de cuarenta y tres años ya.

Yo me imagino a esa viejita en los cielos diciéndole a Jacob, a Abraham a Isaac: ese es mi nieto y orando para que Dios siga manifestando su gracia y su bondad. ¿Usted qué está haciendo por sus hijos y sus nietos? ¿Usted qué va a hacer por sus hijos y nietos? La vida se pasa, la vida se acaba y pronto vamos a ver cómo María vio a Jesús en la cruz dando la vida. Muchos hoy ven a sus hijos morir jóvenes como Jesús de 33 años y medio. Otros los ven morir más jóvenes por las balas en las calles, por las drogas que ingieren, por la desesperación y el suicidio. Yo les animo a pensar en su responsabilidad como madres y padres. Usted puede hacer de sus hijos algo útil, bueno e importante.

Escuche

La fe viene por el oir…