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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Jesús murió por nosotros, por amor. Si usted pensaba que nadie le amaba se equivocó. Dios le ama, usted no está solo si está con Dios. Él está listo para bendecirlo. Un día Jesús entró a Jerusalén y entró montado en un pollino -los reyes de la antigüedad así lo hacían cuando su entrada era en son de paz, porque cuando era en son de guerra entraban montando un caballo -. Toda la ciudad salió para recibirlo, con palmas en las manos  gritaban “¡Hosanna bendito el que viene en el nombre del Señor!”. Pero a los pocos días la tortilla se volteó y en vez de decir “¡Hosanna! ¡Hosanna, bendito  el que viene el nombre del Señor!”, el mismo pueblo gritaba: ¡crucifícale, crucifícale, crucifícale! Porque las cosas en la vida son como la montaña rusa: difícil para subir, sube lentamente y cuando ya está arriba, en la cúspide, se deja venir a una velocidad increíble y en cosa de pocos minutos usted sube, baja, da vueltas y más vueltas y cuando baja se pregunta ¿qué pasó? Hay problemas en la vida, las circunstancias cambian de un momento a otro para bien o para mal. Hoy lo llaman, le dan un ascenso, lo nombran director, le duplican el suelo y usted está feliz. Mañana lo llaman para decirle: “Tuvimos que reducir la producción y por lo tanto tenemos que prescindir de sus servicios. Usted es buen trabajador, pero ya no hay trabajo para usted, aquí está su último cheque, con suerte, si no le dicen: “Ahí viene dentro de un mes para saber si sale su cheque”. Empiezan las cosas a cambiar y por eso tenemos que estar preparados, así como cuando nos casamos y nos dice el pastor: “Para bien o para mal, en salud o enfermedad, en pobreza o en riqueza hasta que la muerte los separe”. Una familia muy querida de la congregación salió el viernes, previo a la semana de las vacaciones oficiales, rumbo a Acapulco. Iban  varios vehículos, varias familias les acompañaban, ellos iban en una Suburban, el hermano que iba al volante dispuso rebasar una fila de vehículos que les antecedían, cuando pasaban por Mazatenango. Adelante iba otro carrito, cuyo conductor también decidió hacer la misma operación en el momento en que la camionetilla venía con velocidad. En la maniobra quiso rebasar al pequeño vehiculo de adelante para no chocarlo, pero la cinta asfáltica ya no le dio el ancho, las llantas de atrás quedaron en el aire y empezó a dar volteretas hasta chocar frontalmente contra un árbol. Lamentablemente uno de lo niños, de once años, quedó prensado de la cabeza entre el tablero de la Suburban y lo sillones. Una angustia La actitud, al principio, era vamos de fiesta, de vacaciones, de descanso, vamos a la playa, vamos a divertirnos y de pronto da vuelta la historia y ahora es: nuestro hijo se muere. La desesperación de destrabarlo, de sacarlo del vehículo para llevarlo a un hospital cercano, al de Mazatenango, para encontrarse con que hay necesidades en los hospitales. Usted entra a un hospital del interior buscando auxilio y al final le dan ganas a usted de darle auxilio al hospital. Una hemorragia interna hizo sangrar los oídos, en señal inequívoca de un problema cerebral grave. Tomaron una decisión radical, alquilaron una ambulancia aérea y se lo trajeron en helicóptero hasta la ciudad de Guatemala, lo internaron en uno de los hospitales y el líder de su grupo espiritual me llama y me dice: -La familia Recinos se encuentra en el hospital, sufrieron un accidente y preguntan si es posible que tú vayas a orar por ellos. Era precisamente ese viernes antes de todas las vacaciones en que el tránsito estaba en la ciudad muy denso, embotellado, imposible de fluir. Otos miembros de su grupo me fueron a traer a la casa y nos fuimos al hospital  a encontrarme como con 25 gentes que estaban ahí, varios que iban en la excursión y otros que habían acudido ante el llamado. Empiezo a hablar con cada uno, abrazarlo, a saludarlo, a animarlo, en eso terminó la cirugía de emergencia que le practicaron al niño, le trepanaron la cabeza, para poderle sacar los coágulos que estaban presionando el cerebro. Los médicos les dieron noticias alentadoras. El niño no había muerto, estaba su padre con manchas de sangre y todos golpeados,  pero vivos. Ante esas noticias les dije: Nos vamos a tomar de la mano y vamos a orar en el lobby del hospital y darle gracias a Dios. Creo que es importante antes de orar leerles el Salmo 103: Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre. Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias; él rescata tu vida del sepulcro y te cubre de amor y compasión; él colma de bienes tu vida y te rejuvenece como a las águilas. En ese accidente pudieron haberse muerto todos, pero nadie se murió y ahí están. En medio de esa situación es cuando uno tiene que aprender a alabar al Señor, porque uno no se imagina que en medio del accidente y el carro dando vueltas están los ángeles tratando de cuidarnos, para que no nos muramos en esa tragedia tan terrible que puede darse. Por eso es importante alabar al Señor. ¡Alaba alma mía al Señor!”. ¿Ha hablado consigo mismo alguna vez, después de cometer una gran tontera? usted mismo va hablando y dice ¿por qué actué  así? ¿No le ha pasado? Uno mismo se va recriminando. Uno mismo habla consigo mismo. En este caso David estaba hablando consigo mismo y escribe este himno tan importante, porque este es un himno que canta Israel y en ese himno dice Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre. En vez de quejarse, en vez de enojarse, en vez de insultar, en vez de ofender, en vez de angustiarse y en vez de reclamar a Dios, alábelo. ¿Qué significa alabar al Señor? Alabar al Señor significa elogiar. Es importante decirle a la gente cosas bonitas, piense en algo bonito para el que está a su lado. Es importante alabar, alabar es elogiar, celebrar con palabras, es sinónimo de glorificar, tributar honra, magnificar, diviniza, por eso es que en medio de los problemas no hay mejor cosa que alabar a Dios. Cuando las cosas van complicadas es importante alabar a Dios como dice el salmista “Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre. Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. Las cosas cambian ¿Recuerda la historia de Job? Era el más rico, un hombre multimillonario que toda su vida fue rica y toda su vida fue recto, intachable, temeroso de Dios. Casi siempre subrayamos el sufrimiento, su paciencia, pero no subrayamos su rectitud, su integridad en medio de la prosperidad, pero un día las cosas cambiaron, dio vuelta la tortilla otra vez. Dios habló con Satanás y le dijo: ¿Has pensado en mi siervo Job? No hay otro como él en toda la tierra, recto, temeroso, apartando del mal. Satanás le contra argumentó: Sí, pero  él está así porque tú lo has prosperado, le va bien, tiene una industria de textiles enorme, tiene cinco mil ovejas, tiene una industria lechera, tiene transporte, camellos, una industria de transporte porque tiene ahí yuntas de bueyes. El hombre está prosperado, quítale todo lo que tiene, dice en el capítulo 1 de Job, y ve si no te maldice en la cara. Dios le dio permiso a Satanás y un día Job estaba sentando y le llegaron a decir que cayó fuego y se quemaron tus ovejas, los caldeos vinieron y se robaron tus camellos, tres noticias graves. Y de pronto se queda sin nada, todo se lo habían robado, se había quemado, se había destruido y la última noticia que llega es para informarle que sus diez hijos murieron al desplomarse la casa donde estaban celebrando, como consecuencia de un fuerte viento del desierto. ¿Qué haría usted ante esta serie de noticias? De pronto se quedó sin nada, sin ningún bien y sus diez hijos muertos. Dice la sagrada Biblia que Job se tiró al suelo, cayó postrado en tierra y en vez de maldecir a Dios reconoció que él es un siervo de Dios y que Dios es el dueño de todo y que Dios era quien le había dado todo, le labia quitado todo. Por supuesto que Job no sabía que Dios le labia dado permiso a Satanás para quitarle todo. Dios no se lo quitó, fue el diablo con permiso de Dios. Lo que hizo Job fue adorar. ¿Qué hace usted cuando sale al estacionamiento y no está su carro y solamente tiene las llaves en la mano? ¿Se pone a maldecir en ese momento? ¿Se pone a alabar a Dios? Gracias Señor por este Mercedes Benz 2010 que me diste. Lo disfruté los meses que lo tuve, te alabo y te bendigo Señor”. ¿Será fácil reaccionar así? No es fácil. Job1:21: “Entonces dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo he de partir. El Señor  ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!»  A pesar de todo esto, Job no pecó ni le echó la culpa a Dios”. Y repito, Job no sabía que no era Dios quien le labia quitado todo, era el diablo. Porque en Juan 10:10 dice: El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Este Salmo nos enseña que debemos hacer una recordación de las maravillas de Dios cuando estamos en medio de cualquier problema. Eso es lo que dice en el versículo 2 Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. ¿Qué beneficios personales hemos recibido? Aquí mismo dice:Él perdona todos tus pecados. Pregunto ¿cuántos pecados ha cometido usted? La lista es interminable, empieza a escribir hoy por la mañana y sigue dentro de un mes y no termina ¿pero no creen que es un gran beneficio personal el que un día nuestro Señor haya dicho: “Ni yo te condeno, vete y no peques más”? ¿Cuántos han recibido el perdón de pecados de parte de Dios?  Dios nos ha perdonado nuestros pecados. A lo mejor usted ha sido un asesino y lleva 20 muertos, a lo mejor usted es un distribuidor de droga y ha destruido a muchos jóvenes, a lo mejor usted es una persona que ha cometido abortos o que ha violado mujeres o que ha violado hombres o que ha robado, asaltado, que ha matado a su propia madre, qué sé yo lo que usted ha hecho. O simplemente es un gran mentiroso, estafador, chismoso, idólatra, pero Él ha perdonado nuestros pecados y por eso es que hoy estamos aquí contentos, porque no tenemos ninguna carga, hemos sido perdonados. Además dice: y sana todas tus dolencias. La semana pasada, después de ir al hospital a ver a esta familia, llegué a la Fráter Roosevelt para celebrar una graduación más de la Facultad de Liderazgo, compartir palabra del Señor. El sábado temprano me alisté para hacer una boda del administrador de nuestra librería. Terminé la boda y salí para Santa Ana, El Salvador, a visitar a nuestra congregación (Fraternidad Cristiana de Santa Ana) que celebraba 17 años de aniversario. La iglesia ha permanecido y ha crecido y está prosperada, bendito sea Dios. Ahí prediqué esa noche. El domingo por la mañana estaba repleto el auditorio, compartimos Palabra del Señor con ellos, a las 2 y media de la tarde, después del almuerzo, salimos corriendo para la ciudad de Guatemala y poco más de las 5 estaba tocando la puerta de mi casa. Me di un duchazo, me cambié y me vine para ver La Vía Dolorosa. Una obra teatral linda. Vimos a casi 400 cientas personas venir a los pies de Cristo en las tres presentaciones. Así que el cansancio no me detuvo para poder ver y disfrutar de esa obra maravillosa. Esa noche me empecé a sentir cansado pero creí que era el trajín de ir y venir, en la madrugada me levanté y me fui al baño y me de cuenta que estaba malo del estómago. Esa mañana a las 10 horas yo tenía una junta de trabajo en mi casa y llegaron las personas. Estuvimos trabajando, yo estaba sentado pero mi  cuerpo estaba ahí,  mi mente estaba divagando un poco, débil, decaído y mi esposa me dice: “Cómo que no va a viajar a Colombia mañana”, porque tenía el compromiso de salir el martes a predicar a Bucaramanga, tenía 39 grados de temperatura, estaba enfermo, estaba mal. Pero me dije: Yo me voy a predicar, no voy a dejar a los hermanos con todo preparado y su evento montado y esperándome para predicar, yo me voy, porque yo creo que Él sana todas mis dolencias. A las 5 de la mañana salí de la casa, 7 y pico iba en el avión y llegué a Panamá, hice el trasbordo a Bogotá, esperé cuatro horas en Bogotá. Al otro día, miércoles, me levanté listo para predicar, la reunión era por la noche. El Club Unión de Bucaramanga estaba repleto, más de mil empresarios. El Pastor me dijo que habría un diez por ciento de no creyentes, prediqué, hice el llamado bien claro, casi todo el salón tenía las manos levantadas. Yo dije: Si usted quiere de veras recibir a Jesucristo como su salvador, póngase de pie. Y  todo el mundo se puso de pie y yo le dije: Te adoro padre, porque aquel mal estomacal hubiera evitar que yo hubiera tenido el privilegio de ver a 600 personas recibir a Cristo como su Salvador personal. Él sana todas nuestras dolencias. Predique el jueves dos veces, prediqué el viernes dos veces, sábado temprano me vine para Guatemala, anoche estuve en la Roosevelt predicando con gusto y aquí estoy otra vez proclamando que Jesús merece nuestra alabanza, porque Él perdona nuestros pecados, sana nuestras dolencias. Cuando aterricé pregunté: ¿cómo está Efraíncito? El niño aquel que quedó prensado en el carro. Me dijeron tuvieron que hacerle otra operación, abrirle el cráneo para sacarle otro poco de coágulos, pero ya hace varios días que salió del intensivo y ya está caminando, recuerda todo bien, habla bien. Ese es mi Cristo, el que sana todas nuestras dolencias, por eso le alabamos, le bendecimos. Hermanos amados, dice la Biblia que Él sana nuestras enfermedades, él colma de bienes tu vida y te rejuvenece como a las águilas. Tenemos muchos motivos por los cuales alabar a Dios. ¿Cuántos ciegos hay aquí? Pocos. ¿No cree que haya que alabar a Dios porque nuestros ojos sirven? Es una bendición poder ver. ¿No se ha sentido sordo?  ¿No creen que vale la pena alabar a Dios de que podemos oír, podemos mirar, que podemos hablar? Es una bendición. Allá arriba hay un grupo de hermanos que no tienen el sentido del oído y les están traduciendo la Palabra del Señor a través de señas. Vea lo que dice el libro del profeta Isaías 40:29-31: Él fortalece al cansado  y acrecienta las fuerzas del débil.  Aun los jóvenes se cansan, se fatigan,  y los muchachos tropiezan y caen; Caen los jóvenes, cómo no van a caer los viejitos. El caso de mi mamá con dificultades para caminar, iba por la Calzada Roosevelt y mi hijo, el Pastor Alex, le metió la mano en el brazo y le dijo: Yo la voy a ayudar abuelita, y el que se tropezó fue él. La pobre abuelita haciendo esfuerzos para detenerlo para que no se cayera, a veces pasan cosas extrañas. Aún los muchachos se tropiezan y caen, pero los que confían en el Señor  renovarán sus fuerzas;  volarán como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán. Y cuando usted se sienta cansado recuérdese de estas promesas en Isaías 40: 29 al 31 y acuérdese del Salmo 103 Alaba alma mía al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios. Alabemos al Señor en los momentos difíciles, en l os momentos fáciles, en los momentos de éxito, en los momentos de fracaso, en los momentos de salud. En los momentos de enfermedad, ¡en todo momento!
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La fe viene por el oir…