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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Dios es celoso, eso dice la Biblia en el libro de éxodo 20:1 en adelante, expresa que: Dios habló, y dio a conocer todos estos mandamientos: «Yo soy el Señor  tu Dios. Yo te saqué de Egipto, del país donde eras esclavo. »No tengas otros dioses además de mí.  »No te hagas ningún ídolo, ni nada que guarde semejanza con lo que hay arriba en el cielo, ni con lo que hay abajo en la tierra, ni con lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te inclines delante de ellos ni los adores. Yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso. Cuando los padres son malvados y me odian, yo castigo a sus hijos hasta la tercera y cuarta generación. Por el contrario, cuando me aman y cumplen mis mandamientos, les muestro mi amor por mil generaciones.

Y en Jeremías10: 1-7 dice: Escucha, pueblo de Israel, la palabra del Señor.  Dice así: «No aprendan ustedes la conducta de las naciones,  ni se aterroricen ante las señales del cielo, aunque las naciones les tengan miedo. Las costumbres de los pueblos no tienen valor alguno. Cortan un tronco en el bosque, y un artífice lo labra con un cincel. Lo adornan con oro y plata, y lo afirman con clavos y martillo  para que no se tambalee. »Sus ídolos no pueden hablar; ¡parecen espantapájaros en un campo sembrado de melones! Tienen que ser transportados, porque no pueden caminar. No les tengan miedo, que ningún mal pueden hacerles, pero tampoco ningún bien.»  ¡No hay nadie como tú, Señor! ¡Grande eres tú, y grande y poderoso es tu nombre! ¿Quién no te temerá, Rey de las naciones? ¡Es lo que te corresponde!  Entre todos los sabios de las naciones, y entre todos los reinos, no hay nadie como tú.

En el Antiguo Testamento se hacía énfasis en la idolatría basada en ídolos hechos de piedra, ídolos hechos de madera, de oro, de plata. Cada vez que vemos nosotros películas de las civilizaciones antiguas, vemos cómo están llenos los pueblos y las ciudades de muchos ídolos. Grecia se destacó por tener tantos ídolos, tantos dioses, porque se tenía lo que se llama la mitología griega y había un dios para cada sentimiento, para cada sensación, para cada actividad,  un dios de la guerra, de la fertilidad. Cuando Pabló llegó a Atenas dice que encontró un altar vacío, en el cual decía: “Al dios no conocido”, por si acaso se les había olvidado alguno, le pusieron un altar.

Jesús vino a enseñarnos que la idolatría es más que simplemente ídolos de busto, que nosotros tenemos de cuerpo entero, y por eso Pablo ya nos enseña en Colosenses 3:5 que hay elementos no tangibles que pueden ser ídolos en nuestra vida y dice así: Por tanto, hagan morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal: inmoralidad sexual, impureza, bajas pasiones, malos deseos y avaricia, la cual es idolatría. ¿Conoce a algún avaro? ¿Se vio en el espejo hoy en la mañana? Podemos decir que la avaricia es idolatría, porque le quita el lugar a Dios y ocupa un lugar prioritario en nuestra vida. Todo aquello que ocupa un lugar prioritario en nuestra vida se vuelve idolatría y cuando tenemos avaricia, ese deseo o apetito ansioso y excesivo de tener más bienes, más riqueza, quitamos a Dios del lugar prioritario en el que debe estar, y en su lugar ponemos al dios que Jesús llamó mammon, al dios del dinero. No podemos tener al dios dinero en primer lugar y en segundo lugar al Dios creador de los cielos y de la tierra.
Hoy al mundo se le han caído los dioses modernos, porque los templos modernos de la idolatría del siglo XXI se llaman bancos, se llaman financieras, se llama Wall Street, se llaman Bolsas de Valores y los edificios más grandes y más suntuosos son los que tienen que ver con el dios del dinero, dios mammon. ¿Qué pasa hoy en día? Se han venido a la quiebra un montón de bancos en Europa, en Norteamérica, en Latinoamérica y se está desmoronando aquella imagen que se había hecho el hombre de ser el todopoderoso. La situación se está poniendo interesante, porque estamos en la idolatría del siglo XXI y los dioses modernos le están fallando al hombre.

Y que bueno, porque por mucho tiempo estuvimos poniéndolos en un lugar preponderante, por encima de Dios nuestro Señor. El famoso evangelista norteamericano Billy Graham escribe que le preguntó a un estudiante de la Universidad de Carolina del Norte si creía en Dios -sí le respondió-, tengo mis propios dioses privados. ¿Cuáles son sus propios dioses privados? La idolatría del hombre occidental es el humanismo, el materialismo y el sexo. La idolatría, casi automáticamente significa supervisión, magia, hechicería e ídolos físicos, pero nuestros dioses modernos son refinados, cultos, a la moda e intelectuales. Cuando una nación se aparta del Dios vivo y verdadero, de su herencia cristiana y lo sustituye por dioses falsos se viene abajo.

Y eso es lo que ha pasado con naciones en Europa, en Norteamérica, en el mundo occidental. Comenzaron con su fe puesta en Dios, empezaron con su constitución basada en Dios, pero empezaron a votar porque no se orara en las escuelas, porque no se leyera la Biblia en las escuelas, porque no se mencionara a Dios en lugares públicos y las consecuencias se están empezando a ver hoy en día. El hombre es innatamente religioso, debemos tener un dios de alguna clase.

Joseph Clark ha observado y ha dicho claramente: “En la prueba final, el poderío de una nación no se medirá en proyectiles o divisiones militares, sino en fe, sea falsa o verdadera”. Y esto de fe falsa así como de religión nominal, se constituye  del estatus personal que usted obtiene de una simple pregunta que le formule a cualquiera en la calle: ¿es usted religioso? Y Le van a decir sí. ¿Es católico? Si ¿Es evangélico? Sí Nominalmente es, pero en la práctica ¿Qué es? ¿Cuan a menudo va a la iglesia, cuan a menudo lee la Biblia, cuan a menudo trae sus diezmos, cuan a menudo visita al enfermo, cuan a menudo comparte su testimonio con el no creyente? Podemos ser cristianos nominales pero no cristianos practicantes reales.

Aunque explore audazmente el espacio exterior, el hombre moderno parece contentarse con vivir en un jardín de infantes espiritual y jugar en un desierto moral. En realidad juega con los dioses de su propia manufactura. La moderna cultura occidental se ha convertido en una mezcolanza de paganismo y cristianismo, somos una mezcla de ambos, hablamos de Dios pero a menudo actuamos como si fuésemos ateos. Hemos desarrollado una especie de doble personalidad, de esquizofrenia.  En una moneda de dólar se lee: “En Dios confiamos”, pero ¿será en el Dios creador de los cielos y de la tierra o en  el dios dinero que tenemos en la mano? En Dios confiamos, pero en nuestros corazones decimos: Yo primero, yo soy el dueño, yo soy el listo, yo soy el trabajador, yo son el inteligente, yo soy el creador, yo soy el inteligente, yo el creador de mi vida, de mi empresa,  de mi emporio, de mi fabrica, de mi éxito, yo, yo, yo, el que está en el trono.

El hecho es que aunque teóricamente creemos en Dios, nos hemos hecho imágenes grabadas y hemos llegado a adorarlas. Tenemos casi una nueva especie de politeísmo, en el cual tratamos de adorar simultáneamente a Dios de la Biblia y a los dioses de nuestra propia manufactura.

El hombre adora la ciencia
De la nueva era de la ciencia y la tecnología ha estado surgiendo una nueva fe del cientificismo que desplaza a la fe  bíblica. Y ahí el riesgo cuando alguien empieza a alcanzar ciertos logros académicos, licenciaturas y doctorados y empieza a creer lo que el diablo le dijo a Eva que  sería: “Seréis como Dios es” y empieza a creer que es más de lo que debe ser. Esta era nuclear ha reducido mucho la fe que estaba profundamente arraigada en la cultura del pasado.

Un hombre de ciencia ha dicho: “La visión del mundo de la era nuclear no incluye a Dios, el hombre culto de hoy no encuentra a Dios en su reactor ni lo descubre a través de sus telescopio, Dios no está entre los acelerados electrones ni es visible en el espacio exterior”. No cabe duda que hay nuevos poderes de la ciencia que responden a la presión de un botón en el santuario de las computadores, más bien que a la palabra de nuestras oraciones en los altares de nuestras iglesias.

Hay en nuestras manos un poder que a nuestras mentes finitas se les antoja tan grande como el que antes se le atribuía a Dios. Está bien que seamos intelectuales, está bien que seamos científicos, está bien que estudiemos y alcancemos niveles elevados de preparación académica, científica, artística, social, política, pero está mal que se nos olvide que  por encima de todas estas cosas hay un Dios creador del universo, que es nuestro Rey de reyes y Señor de señores quien merece toda la honra, y toda la gloria.

Naturalmente que Dios quiere que estemos bien, de lo contrario no habría creado al mundo para que lo disfrutemos, no habría creado los ríos, las playas, las estrellas, el sol, el hierro, la plata, el oro, todo lo que hoy usamos para disfrutar. Dios quiere que disfrutemos las cosas, pero no que las cosas se vuelvan nuestro dios. Dios no se opone a que usted tenga un carro nuevo, último modelo, el más bonito que usted quiera, un Mercedes Benz, Dios no se enoja que usted tenga su carro bonito, pero es  celoso cuando ve que usted ama más al carro que a Él. Dios se molesta cuando ve que usted se arrodilla ante su carro, para quitarle cada manchita de la llanta, pero no se arrodilla para darle gracias porque le dio su carro.

Dios no se molesta con que usted tenga joyas preciosas, pero sí se molesta que usted le dedique más tiempo para hacer inventario de lo que tiene, cuidarlas, a valorarlas y a valuarlas, y no dedique tiempo para Dios nuestro Señor, quien es el que le dio esas joyas. Las cosas  se pueden convertir en ídolo. Claro que Dios quiere que usted viva en una buena casa, por lo menos en una casa, pero a veces adoramos a nuestra casa. No dejemos que nuestra casa y nuestras cosas materiales se conviertan en dioses. Tenga  todo lo que quiera y pueda, úselas, pero no ponga las cosas en lugar de Dios. La felicidad no se ha reducido a los aparatos electrodomésticos, hoy muchos no tienen para la leche de los hijos, pero si tienen  para el último modelo de teléfono móvil que puede existir, y tienen uno y al rato tienen otro. Siempre endeudados, porque nunca se conforman con el que tienen.

Si la felicidad estuviera en un aparato telefónico, todos hoy seriamos muy felices. Si la felicidad estuviera en tener el último modelo de aparato de televisión, fácil sería alcanzar la felicidad, pero no. ¿Cuántos viven amargados, resentidos, infelices rodeados de todos sus aparatos nuevos? En su libro Alas Babylon, imagina el estado de Florida bajo un simulacro de ataque atómico, toda la energía eléctrica se interrumpió, se agotó la provisión de gasolina y la vida se redujo a lo más elemental, se cambiaba un Cadillac por una gallina gorda, y un bote de mujer por un salero, con sal por supuesto. Si una guerra nuclear llegara a asolar nuestro mundo los sobrevivientes advertirían súbitamente que la mayor parte de las cosas por las cuales hemos estado luchando y devanándonos los sesos para adquirir, son completamente inútiles. Si sólo pudiéramos descubrir esto a tiempo, tal vez evitaríamos la suerte de Sodoma y Gomorra hacia la cual marchamos.

Me cuentan algunos que cuando los tenían secuestrados, fue cuando más se acordaron de la Biblia. Hubo uno que nos vino a contar su testimonio acá en público, el señor Corzo, a él lo secuestraron junto con su hijito y le cortaron un dedo y lo enviaron para pedir rescate. Y nos decía el Señor Corzo, en un desayuno que tuvimos, que le hirieron la espalda con una hoja de afeitar. Le dijo a su hijo que jugaran de doctor, que el pequeño sería su médico, untándole una pomada que, providencialmente, encontraron en el  cautiverio. Alguien le llevó una Biblia y empezaron a leer el Salmo 1, bienaventurado el varón que no anduvo en el consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado. Y ahí -dice- empezó a recordar las veces que pudo ir a la iglesia, pero no fue. Las veces que pudo aprender de la Palabra de Dios, pero no lo hizo, porque puso en el lugar del Señor y de Su Palabra el trabajo, los negocios, el placer, la diversión. Todo tiene un tiempo, hay un tiempo para todo, pero la Biblia nos enseña en labios de Jesús que hay que buscar primero el reino de Dios y su justicia y las demás cosas vendrán por añadidura.

Madison A. Veniu ha encontrado que es productivo dirigir el interés principal de los anuncios al orgullo de la criatura. Dios es el creador y yo soy la creación, la criatura, pero los mercadólogos  han encontrado que es más fácil vender cuando se apela al orgullo de la criatura. Hojeando nuestras pulidas revistas notamos el derroche de avisos a todo color, a menudo apelan no a la utilidad del objeto sino al orgullo del comprador. Piense cuan orgulloso se sentirá cuando sus amigos vean su nuevo baño o su nuevo automóvil o su nuevo yate. Y las ilustraciones muestran la mirada de envidia en los rostros de los amigos a los que se les está mostrando una nueva casa con sus finos artefactos y  adminículos embutidos.

Bacon escribió que la felicidad de los grandes consiste no en sentirse felices sino en comprender cuan felices piensan otros que han de ser ellos. Cuando usted mira a alguien con un carrazo, una casa, una joya, una mujerona usted dice  dichoso éste. Usted piensa que es dichoso y el dueño piensa que los demás piensan que él es dichoso. Y Ojalá  así fuera, pero he descubierto que muchas veces usted puede estar rodeado de muchos bienes pero no ser dichoso. He visto que muchas veces usted puede estar sin un solo bien y ser el más dichoso de todos, porque usted ha puesto las cosas en su lugar. Lo mejor es tener todos los bienes que el Señor quiera darnos y ser dichosos, porque ponemos a Dios por encima de todo lo que tenemos. El amor no viene de las cosas, el amor viene de la relación entre las personas y alguien con quien vamos a estar siempre bien relacionados, que nunca nos va a dejar, es nuestro Señor Jesucristo. Él jamás nos va a dejar.

Hay hombres que han rechazado la revelación de la Biblia acerca del Dios vivo y verdadero de sus padres y han sustituido a éste por dioses de su propia manufactura. En realidad el hombre moderno ha decidido destronar a Dios y entronizarse en toda su gloria nuclear y muchos intelectuales han llegado a creer que la mente humana puede eventualmente entenderlo todo. En su afán de dominar el universo, el hombre se coloca repetidamente en el lugar de Dios, pero desecha como una increíble insensatez la idea de que el hijo de Dios ocupe el lugar del hombre, como su sustituto. Hoy el hombre se adora a sí mismo y nosotros debemos evitar ese culto al hombre. Porque los pequeños dioses han fallado, el hombre ya no acepta las normas de conducta que recibimos en nuestra enseñanza bíblica, nos hemos tornado pragmatistas y nos contentamos con la ética existencial, oportunista y relativista. Hoy ya muchos ya no aceptan que esto es bueno y esto es malo, siempre usan depende, depende de lo que piense, depende de lo que sienta, porque se ha colocado en el trono y él mismo es juez y parte, ya no nos preocupa hacer lo bueno sino en seguir adelante y ajustarnos y adaptarnos, estamos perdiendo nuestro equilibrio moral.

Los Estados Unidos de Norteamérica,  Inglaterra, Europa Occidental están convirtiéndose en naciones de cesantes, descontentos y aburridos con toda las  insensateces que les han inculcado. Compréndanlo o no están enfermos y cansados de sus dioses humanos. Sus pequeñas divinidades les han fallado totalmente, Wall Street se ha venido abajo, el gozo, la paz, la seguridad y la felicidad, que suponían habrían de traerles, no aparecen. Una lectura aunque sea somera de la Biblia les abría enseñado que sus pequeños dioses habrían de fallarles. Dice la escritura en Levítico 19:4 »No se vuelvan a los ídolos inútiles, ni se hagan dioses de metal fundido. Yo soy el Señor su Dios. Esta es una advertencia, un reto del Dios vivo y verdadero. En verdad en el Salmo 59:8 la Biblia enseña que Dios se ríe al ver esos pequeños dioses creados por nosotros. El apóstol Pablo nos exhorta a no cambiar la verdad de Dios en mentira. Dice Romanos 1: 25, nos advierte que no hemos de adorar y servir a la criatura más que al creador. Pero esto es precisamente lo que ha estado sucediendo en la mayor parte del mundo occidental, la Biblia advierte que los idólatras no heredarán el reino de Dios.

Escuche

La fe viene por el oir…