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Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Corría el año 1984, aproximadamente, cuando Rock Hudson, el famoso actor de Hollywood, apareció en las pantallas de la televisión y en las primeras páginas de los periódicos del mundo, sólo que esta vez no lucía tan alto, tan fuerte y tan guapo, esta vez lucía demacradísimo, acabadísimo, destruido por la enfermedad, diciendo “Estoy sufriendo la enfermedad que se llama sida, me contagié del VIH”. Pocos meses después falleció. La razón fue que se dedicó a una vida similar a la que se dedican muchos hoy en día, a una vida de impureza sexual, a una vida de desorden, de desenfreno sexual.

Y cuando se lleva una vida desenfrenada las consecuencias se pagan. La factura de la vida llega tarde o temprano. Con este caso se destapó esa caja de Pandora del sida, había sido un homosexual. Al principio se pensó que esta enfermedad era exclusiva de homosexuales,  de prostitutas, pero luego se vio que afectaba a toda la sociedad que no toma las precauciones. En la siguiente década, la de los 90, tuve experiencias muy interesantes al respecto, vi morir en nuestra congregación a un joven de la iglesia, líder influyente de la congregación, entusiasta, profesional universitario y sin embargo, lo empezamos acompañar en su peregrinaje procesional hacia la muerte.

Empezó a padecer de toda clase de infecciones y enfermedades. Llegó al punto en que se quedó ciego absolutamente, y daba pesar ver a un joven tan bien preparado sufriendo la muerte temprana, ¿qué fue lo que le causó su muerte de sida? una vida desordenada sexualmente. La impureza sexual cobra con el sufrimiento, la pureza sexual evita los sufrimientos. Él vino a Cristo y Dios lo trasformó y lo bendijo y lo usó para bendición de muchos. Su familia, sus amigos se convirtieron y el fue un hombre del Señor, pero aquellas consecuencias de las decisiones del pasado llegaron a cobrar su factura y este joven experimentó lo mismo que aquel ladrón al lado de la Cruz de Jesús: cuando le pidió que se acordara de él cuando llegara a Su reino, la respuesta del Señor fue que ese mismo día estaría en el paraíso, pero no lo libró de la muerte, la pena de muerte se le aplicó a este ladrón arrepentido.

Sí, su espíritu fue salvo, pero su cuerpo sufrió las consecuencias, lo mismo ocurrió con este joven. Su espíritu fue salvo, pero su cuerpo sufrió las consecuencias de la enfermedad. Por eso es importante que nuestros jóvenes y nuestros niños aprendan desde el principio de la vida lo que son las normas de conducta sanas, para llevar una vida sexual pura.

Un hombre joven me contó un testimonio impactante, desgarrador y le dije: ¿Me acompaña usted para contar su testimonio hoy por la noche allá en la Fraternidad Cristiana de Guatemala? Me contestó afirmativamente. Y me lo traje al Auditórium Mayor de la Roosevelt. Y en vez de comenzar a dar su charla les dice a todos. Yo me llamo fulano de tal y quiero que me permitan saludar a todos los presentes dándoles la mano. Y se bajó de la plataforma y fue de fila en fila, dándoles la mano a todos. Y después de darles la mano, regresó y les dice: yo agradezco que me hayan permitido estrechar la mano de ustedes, quiero contarles que yo me estoy muriendo de sida. En ese momento todos empezaron a verse las manos. Luego les dice: “Les di la mano, porque les quiero recordar que el sida no se contagia por dar la mano, ni por dar abrazos ni siquiera por dar besos, el sida se contagia por tener relaciones sexuales, además se contagia por usar agujas hipodérmicas, se contagian los bebés que están en el vientre de una madre con sida, porque ella le pasa el virus al hijo, cincuenta por ciento de posibilidades que eso ocurra”. Por eso hoy tenemos jóvenes que sufren de sida de nacimiento, porque su mamá lo contagió.

De ahí la importancia de que las relaciones sexuales prematrimoniales se suspendan y que nos limitemos a tenerlas dentro del marco matrimonial. De ahí la importancia de enseñar a nuestros jóvenes y niños y aprender nosotros los adultos la necesidad de guardar los mandamientos de Dios nuestro Señor, porque hoy en día en Latinoamérica se habla de que un 82 por ciento de mujeres y alrededor del 90 por ciento de los hombres han tenido relaciones sexuales antes de los 19 años. Y que aquellos jóvenes que tenien una vida sexual activa comenzaron antes de los 14 años y que su primera relación fue en la casa de él o de ella, porque los papás estaban ausentes, de ahí los riesgos que estamos sufriendo por dejar a nuestros hijos solos en nuestras casas, porque a veces sufren experiencias traumáticas, a veces personas adultas abusan de los niños, y a veces lo niños con las niñas experimentan, porque hoy en día nuestros niños tienen demasiado acceso a la pornografía en internet, en la televisión por cable, en las revistas. Ahora hasta en los teléfonos, pueden tener esos accesos.

Y la ausencia de los padres evita que haya supervisión sobre ellos, para evitar que se den estas cosas. Cuando su hijo le pide permiso para ir con sus compañeros, hay que asegurarse que alguien realmente supervise que lo que están viendo en las computadoras es lo necesario para estudiar y no entreteniéndose, alimentando su mente con estímulos negativos. Por supuesto, se ha corrido la moda de tener un sexo seguro y por eso se exhorta a los jovencitos a que usen condones, en muchos países en las escuelas regalan condones a los niños y niñas y hay mamás que cuando sus hijas salen a las fiestas les recuerdan: hija ¿te tomaste tu pastilla anticonceptiva? o al hijo: ¿llevas tus preservativos?

Los condones no son seguros para evitar el contagio de algunas enfermedades de transmisión sexual. La trama del látex de los condones es microscópica, pero el virus  del Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida no es micro, tiene medidas pico, es más chiquito que la medida micro y entonces puede atravesar la trama del látex. Así que un condón no lo va a evitar a usted ser contagiado de VIH y luego sufrir de sida.

El reto de muchos orientadores hoy en día está dirigido a los jóvenes, para que  esperen a su pareja definitiva, y puedan verle a la cara y decirle “Antes de conocerte no sabía que existías, pero esperé para darte lo que no le di a nadie, porque sabía que existías y que eras una persona muy importante para mi”. Muchos hoy están pagando un precio muy alto por la impureza sexual durante el noviazgo. Sus matrimonios sufren por los pecados que cometieron. Sienten culpabilidad, por lo que hicieron, debieron esperar. Ahora tienen resentimiento. El espíritu de sospecha y de duda entra al corazón de la gente. Si se acostó conmigo lo más probable es que lo haga con otros u otras.

Lo más triste es un matrimonio por compromiso. Dicen que tienen que casarse porque la jovencita está embarazada. Cuando me han pedido consejo me he atrevido a decirles, algunas veces, no se casen, el matrimonio no es la solución a este error, vamos a sumar un error mayor sobre este error. Ustedes no están aptos para el matrimonio. Pero luego se casan y sufren estas consecuencias, dudas, celos, resentimientos, incompatibilidad, no se soportan y finalmente se separan y se divorcian. Luego quedan madres divorciadas con niños y padres divorciados con niños.

Cuando  mi esposa Elsy y yo nos casamos, no fue fácil llegar al matrimonio sin comerse el pastel antes del cumpleaños, porque cuando uno tiene a esa joven que a uno le gusta y la tiene cerca y la abraza y la besa, pues ganas no faltan, sobre todo cuando uno es joven y las hormonas  brincan por todos lados. Ese día llegamos a un hotel, después de besarla, desvestirla, disfrutarla, me puse a orar, ahí en la cumbre del deleite y del placer matrimonial, nuestra primera noche de bodas, yo me puse a orar y dije: Dios mío, que rico Señor, gracias Dios eterno, gracias por darme el privilegio de tener a esta esposa y gracias Señor por ayudarnos a honrarte y llegar hasta este momento y hacer las cosas como tú mandas. Por eso yo les digo a mis jovencitos, a mis niños y a todos los solteros ¡sí se puede!

Pablo vivió en Corinto, un puerto que estaba plagado de inmoralidad sexual, de prostíbulos, de homosexualismo y de toda clase de pecados, les escribe a los cristianos que vivían en ese entorno inmoral, en esa situación difícil. 1Corintios 6: 9 y10 ¿No saben que los malvados no heredarán el reino de Dios? ¡No se dejen engañar! Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los sodomitas, ni los pervertidos sexuales ¿Quienes son los fornicarios? Todos aquellos que tienen relaciones sexuales prohibidas, no solo prematrimoniales, todo tipo de relaciones sexuales ilícitas hacen caer en la fornicación. Los adúlteros, aquellos casados que tienen relaciones sexuales con personas que no son su cónyuge, ni los sodomitas, estos son los que practican el homosexualismo, viene de la ciudad famosa de Sodoma y Gomorra y la sodomía es precisamente esa práctica de relaciones sexuales anales que se llevan a cabo entre hombres, y lesbianismo. Yo quiero decirle a usted, si es un homosexual si es una lesbiana que Dios le ama y que yo le amo, pero Dios está dispuesto a perdonar su pecado, porque eso es una relación de pecado, y los pervertidos sexuales ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios.

Todo pecado sexual no cumple con lo que promete. El pecado sexual promete placer, pero al final lo que le da es dolor. Promete amor y al final entrega temor. Promete confianza, pero al final siembra duda, falta de respeto. Promete llenura, pero produce un gran vacío, produce alegría aparentemente, pero lo que entrega finalmente es tristeza. Ofrece unión, pero lo que resulta es una gran división. Por eso Dios prohíbe las relaciones fuera y antes del matrimonio, para evitar los sufrimientos. No es que Dios quiera  fastidiarnos. Dios lo hace porque quiere evitarnos el dolor que nos produce una vida de impureza sexual.

Entre los solteros a veces llegan pensamientos que intentan justificar  el hecho de no llegar virgen al matrimonio, alegando desconocimiento y falta de práctica, que por lo tanto hay que llegar entrenado. Hoy en día hay mucha literatura bien escrita, con bases bíblicas para preparase junto con su pareja. Si se casan los dos vírgenes, los dos van a aprender. Tanto la señorita como el varón deben llegar vírgenes al matrimonio. Hay quienes sostienen que si existe amor en la relación, no importa caer en el pecado de fornicación, pero ellos hablan  del amor sinónimo de pasión, erotismo, pero el amor que sostiene a una pareja para toda la vida es el amor ágape, es el amor de Dios que es sacrificial, es el amor que ilustra el compromiso total de la personal total, para la vida total. La pareja se mantiene unida, porque hay amor, un amor como dice Jesús: “Nadie tiene amor como aquel que da la vida por sus amigos”. Y cuando usted hombre o mujer se casa y da la vida por sus amigos, por su pareja y está ahí con ella, hasta que la muerte los separe, entonces ahí se ve el verdadero amor.

Algunos argumentan que todo juego sexual es permitido una vez no exista penetración, entonces entran en un retozo de caricias y mutua complacencia, masturbación, sexo oral. Tenga cuidado. Otros dicen que tener relaciones sexuales vale la pena, pues uno mira si realmente es compatible. Ya le dije, con el tiempo usted aprenderá a ser  compatible, pero ambos deben estar dispuestos a conversar y a darse cuenta y a instruirse mutuamente.

Leía que el contagio de enfermedades de transmisión sexual afecta a todos, pero más a las mujeres. Fíjese en esto, actualmente existen  30 tipos de infecciones de transmisión sexual, de las cuales 26 atacan principalmente a las mujeres y cuatro a ambos sexos. Y lo más triste es cuando hay un embarazo no deseado y se empieza a sufrir de vergüenza, triste, vacío, desprecio por la pareja una vez terminado el acto, pérdida de respeto en la relación con la pareja, celos e inseguridad sobre la fidelidad de ambos. Se corre el riesgo de  asociar el acto sexual ya en su matrimonio como algo sucio, desagradable o malo. La Biblia dice: “Honroso sea en todos el matrimonio y el lecho sin mancilla, pero los fornicarios e incrédulos juzgará Dios”. Las relaciones sexuales matrimoniales no son sucias, no son pecaminosas, son benditas. Usted puede decir en medio de ellas aleluya. Gloria a Dios, bendito sea tu nombre.

Veamos lo que dice 1 Corintios 6: 18-20: Huyan de la inmoralidad sexual. Todos los demás pecados que una persona comete quedan fuera de su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios. El consejo de Pablo es: huyan. Cuando usted está en medio de una tentación, ese no es el momento para hacer guerra espiritual, ese no es el momento ni para ayunar ni para orar, ni para reprender ni para ponerse a cantar. No, ese es el momento para huir. Un ejemplo heroico es el que está en Génesis 39: José es vendido como esclavo por sus hermanos y comprado por Potifar y la esposa se enamora y lo invita a acostarse con ella, pero él huye.

Si usted está casado el consejo es huya. Y si usted está soltero, el consejo es: huya. Los casados disfruten de su intimidad sexual, no mastiquen el pasado con su pareja, deje ya de pelear por lo que pasó, dejen de acusarse, no bromeen con cosas sexuales con el sexo opuesto ni comente sus problemas sexuales, busque a alguien maduro de su propio sexo, para que le dé consejo y si está soltero huya, piense lo que es justo, aleje sus sentidos de todo lo que es de carácter sexual, programas, revistas, sitios en internet, música, llamadas  telefónicas, amigos. No ponga su mirada ni sus oídos en la tentación y cuando tenga novio joven, señorita, tenga uno o una con el propósito de casarse, si no  tenga muchos amigos, conózcalos, obsérvelos  y de ahí seleccione con quien podrá casarse finalmente. Cuídese de estarse dándose grandes agarradas por ahí. Esos abrazos que sean con cuidado, porque cuando usted abraza y se queda abrazada hay peligro. Procure no estar arrinconándose unos a otros, mucho menos imponiendo manos. Escoja una pareja santa, escoja una pareja cristiana y propóngase juntos guardarse hasta el día que Dios los case.

Y aquí viene algo que se aplica a todos. No se vista provocativamente, no ande con grandes escotes. No tiene por qué andar con vestidos  tan cortitos. No provoque, vístase de tal manera que honre a Dios.

Dios es misericordioso, es decir no nos da el castigo que merecemos y es perdonador con el pecador que se arrepiente de sus pecados, pero para evitarnos dolor al quebrantar sus mandamientos nos manda que huyamos de la inmoralidad sexual. Cualquier pecado es devastador, cualquier pecado ofrece la muerte eterna.

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La fe viene por el oir…