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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

La vida está llena de dificultades, está llena de problemas, está llena de obstáculos, no solamente es el mundo un campo de batalla entre naciones, Israel contra el mundo árabe o contra el grupo terrorista Hamas, por ejemplo, está la lucha que existe todo el tiempo entre grupos sociales unos contra  otros, y grupos étnicos contra otros. También existe la batalla por ganarle a la inflación en algunas ocasiones. Sí, la vida es un campo de contienda, pero ¿dónde se origina? ¿Fue plan de Dios que nosotros tuviéramos una vida llena de luchas? ¿Fue plan de Dios que estuviéramos peleando unos contra otros? ¿Fue plan divino que estuviéramos en un constante conflicto?

La  voluntad del Señor no es que estemos en una batalla continua. Cuando Dios creó al hombre lo creó en el jardín del Edén, un lugar de paz, de tranquilidad, de trabajo. Sí, porque Dios puso al hombre a administrar lo creado, le dio trabajo de campesino, de zoólogo y de administrador. El hombre tuvo que ponerle nombre a todos los animales y tuvo que velar porque todo funcionara bien.

Y no había batalla
Adán terminaba sus actividades,  llegaba a su casa, se encontraba con Eva, los dos estaban totalmente desnudos, felices de la vida.  No había ningún tipo de batalla, estaban tan contentos, tan tranquilos, todas las mañanas al levantarse tenían la oportunidad de hablar personal e íntimamente con Dios.

Todo era bonito, trabajaban, comían, vivían, disfrutaban y no habían batallas, pero habían normas, Dios había establecido reglas y había dicho que podían comer de todos los árboles del jardín,  menos del árbol de ciencia, del conocimiento del bien y del mal. Y apareció un personaje que es el contribuyente principal para que estemos hoy en día en grandes luchas. Este personaje se llama diablo. Cuando Dios creó al diablo no lo creó como nos lo pintan hoy los renacentistas, un personaje rojo con cola, con cachos, con tridente. No, cuando Dios creo al diablo dice la Biblia que lo hizo un ángel, un querubín, hermoso. El diablo no es feo, es un ángel, hermoso y ese diablo creado por Dios desobedeció las órdenes del Señor y fue expulsado del cielo, vino a la tierra. Un día se le apareció a Eva y se aprovechó de una criatura que Dios había hecho linda también, la serpiente.

Satanás tomó la serpiente y se le acercó a Eva y le empezó a platicar. La historia la tienen ustedes en el capítulo 3 de Génesis. En el versículo 1 dice: La serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Dios el Señor había hecho, así que le preguntó a la mujer: -desde el principio  son las mujeres las más dadas a que les hagan preguntas-. - ¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín? Eva respondió y en medio de la conversación aceptó la propuesta de la serpiente de comer del fruto prohibido. El fruto prohibido no tiene nada que ver con las relaciones sexuales. Adán y Eva tenían una vida sexual normal antes de la caída del hombre.

El problema del fruto prohibido tiene que ver con la desobediencia al Señor. Así que quítese ya de la cabeza que tener relaciones sexuales es pecado. No es pecado. La Biblia dice que  honroso es en todos el matrimonio y el lecho sin mancilla. A los fornicarios incrédulos los juzgará Dios, pero usted como marido y mujer pueden tener una vida sexual santa aprobada por Dios. Eva come del fruto, la engaño Satanás. Llegó con Adán, le contó, y le dio de comer del fruto prohibido.

En el versículo 8 dice: Cuando el día comenzó a refrescar, oyeron el hombre y la mujer que Dios andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera -Antes de eso Dios los miraba desnudos a ambos todos los días, platicaban en confianza y no había problema-. Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo: – ¿Dónde estás? el hombre contestó: -Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí.  – ¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? -le preguntó Dios-. ¿Acaso has comido del fruto del árbol que yo te prohibí comer? Él respondió:    -La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí (en otras palabras: la culpa es tuya Señor, si no me hubieras dado mujer yo estaría tranquilo, en paz, pero me diste mujer y culpa de ella. Siempre les echamos la culpa a otros. Al hombre le ha costado siempre asumir su propia culpa y ser responsable de sus actos).

Entonces Dios el Señor le preguntó a la mujer: – ¿Qué es lo que has hecho? -La serpiente me engañó, y comí -contestó ella. Dios el Señor dijo entonces a la serpiente: «Por causa de lo que has hecho, ¡maldita serás entre todos los animales, tanto domésticos como salvajes!  Te arrastrarás sobre tu vientre,  y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre tú y la mujer,  y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza,  pero tú le morderás el talón.

Este capítulo 3 de Génesis nos enseña cómo enfrentar el campo de batalla de la vida. Tenemos que estar preparados. Adán y Eva se habían apartado de Dios, ellos no confiaron en su bondad ni obedecieron sus mandamientos, experimentaron inmediatamente una muerte espiritual, una separación de Dios y desde entonces todos los descendientes de ellos nacemos separados de Dios, con una muerte espiritual. Cuando Dios apareció vino con juicio, pero no sólo con juicio, vino con gracia. No sólo vino a sacarlos del jardín del Edén para que no comieran del árbol de la vida y fueran para  siempre miserables, sino que vino con gracia, gracia es favor no merecido. Cuando Dios da lo mejor del cielo para salvar a lo peor del suelo, eso es gracia. Usted y yo somos salvos por gracia, por la fe. Los que han creído en Jesús son salvos por la gracia de Dios, así es nuestra salvación.

El juicio para la serpiente
El versículo 14 nos muestra el juicio de Dios para la serpiente, porque Dios siempre viene con juicio, pero también viene con gracia. Y el juicio para la serpiente fue claro, pues le dijo “serás maldita” y te arrastrarás sobre tu vientre,  y comerás polvo. Cuando Dios maldijo a la serpiente y le dijo que comería polvo, estaba siendo Satanás literalmente maldecido. Así que Satanás es maldecido y usted con toda confianza puede hablarle cuando quiera: Satanás maldito. Porque está maldito, en cambio usted está bendito. Dios está con usted y está en contra de Satanás. Al mismo tiempo la serpiente es un símbolo real de la última derrota de Satanás, eso era algo que significaba comer polvo.

En el Salmo 72:9 dice: Que se postren ante él las tribus del desierto;  ¡que muerdan el polvo sus enemigos! La historia bíblica muestra que Satanás está vencido y terminará en el lago que arde con fuego y azufre. Está comiendo polvo hermanos, porque Jesucristo es el vencedor, Jesucristo es el triunfador sobre el enemigo de nuestras almas.  Pero no sólo vino a juicio para la serpiente, vino juicio para la mujer. El juicio para la mujer afecta sus relaciones interpersonales más importantes ¿y cuáles son esas? Sus hijos, su esposo. Por eso A la mujer le dijo: «Multiplicaré tus dolores en el parto,  y darás a luz a tus hijos con dolor. La mujer sufre con los dolores de parto y además dice de su marido: Desearás a tu marido,  y él te dominará.»

Es muy normal y muy humano que usted sienta atractivo por su esposo, que sienta deseos de su esposo, pero aquí se dan las luchas por el poder. La Biblia claramente enseña que tiene que haber respeto y autoridad, los criados tienen que someterse a sus amos, los hijos tienen que someterse a sus padres, las esposas tienen que someterse a sus esposos. Pero el mayor conflicto que se da entre las parejas en ese sentido ¿quién es el que manda en el hogar? Y de ahí que dice algunos Sí, aquí mi marido es la cabeza, pero yo soy el pescuezo. Si, mi esposo lleva los pantalones, pero yo tomo las decisiones o los maridos dice: en mi casa yo doy la última palabra: – sí, lo que tu digas mi amor-. Eso es parte del juicio que recibieron la mujer y el hombre que afecta sus responsabilidades más básicas,

Antes de la caída de Adán y Eva sembrar en la tierra no requería de abonos ni pesticidas. La tierra era fértil, no habían insectos, plagas, se trabajaba muy fácilmente.
Después de la caída, trabajar la tierra se convirtió en una batalla, habían cardos, espinas, plagas y dificultades, por eso le dijo al hombre en el versículo 17: «Por cuanto le hiciste caso a tu mujer,  y comiste del árbol del que te prohibí comer, ¡maldita será la tierra por tu culpa! En pleno siglo XXI se complica la ganadería, la agricultura, el trabajo. Y por eso le dice: Con penosos trabajos comerás de ella todos los días de tu vida. La tierra te producirá cardos y espinas, y comerás hierbas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra  de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres, y al polvo volverás.»

Eso quiere decir que mientras usted esté vivo tiene que ganarse el pan con el sudor de su frente. Usted podrá decir que no es campesino, que no trabaja la tierra, pero entonces por qué anda estresado, emocionalmente cansado, gastado, agotado. Esto es parte de las consecuencias de la caída de Adán. Había trabajo importante que hacer antes de la caída, pero ahora una faena dolorosa es la que hay, y una batalla  perenne con espinas y cardos hasta que la muerte llegue. Por supuesto, hay que trabajar, el trabajo no es castigo, porque repito, Adán y Eva trabajaban antes de la caída. El castigo es que nos cuesta más realizar nuestro trabajo, así que trabaje. La Biblia dice que el que no trabaja bueno es que no coma.

Un verdadero pueblo de Dios está profetizado en el versículo 15 donde se habla de usted  y de mi, porque dice: Pondré enemistad entre tú y la mujer,  y entre tu simiente y la de ella;  su simiente te aplastará la cabeza,  pero tú le morderás el talón. Note que Dios dice a la serpiente: Pondré enemistad entre tú y la mujer,  y entre tu simiente y la de ella. Enemistad es oposición, Dios está diciendo que va a crear un pueblo que se levantará con Él en contra de Satanás, Dios está anunciando que desde ese momento en adelante habrá dos corrientes en la humanidad. Y aunque suena perturbador, como drástico, en la humanidad hay dos descendencias, hay dos corrientes, una la simiente de Satanás y la otra  la simiente de la promesa de Dios.

Vea lo que dice Juan 8:43: 44 ¿Por qué no entienden mi modo de hablar? Porque no pueden aceptar mi palabra. Ustedes son de su padre, el diablo, cuyos deseos quieren cumplir. Desde el principio éste ha sido un asesino, y no se mantiene en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando miente, expresa su propia naturaleza, porque es un mentiroso. ¡Es el padre de la mentira! Pero en Colosenses 1:12-14 aparece la simiente de Dios: dando gracias con alegría al Padre. Él lo ha facultado para participar de la herencia de los santos en el reino de la luz. Él nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención, el perdón de pecados. Dios siempre  tendrá y sustentará un pueblo que se levante con Él. La pregunta es ¿ usted es parte de ese pueblo? Somos el pueblo de Dios, no somos cualquier cosa, somos descendencia de Dios, él es nuestro padre. Y en el versículo 15 Dios profetiza que enviará a un Salvador que aplastará la cabeza de la serpiente.

La promesa de Dios fue que levantaría una descendencia que le ponga el pie en la cabeza a la serpiente para que no tenga vida. Y para eso vino Jesús para machacarle la cabeza al diablo, nosotros tenemos victoria en Cristo, porque vino a vencer al diablo. Por eso 1 Juan 3: 8 dice: El que practica el pecado es del diablo -Si usted practica el pecado es del diablo, una cosa es pecar y arrepentirse y llevar una vida nueva, y otra cuando usted es practicante consuetudinario del pecado es del diablo -, porque el diablo ha estado pecando desde el principio. El Hijo de Dios fue enviado precisamente para destruir las obras del diablo. El diablo ha sido destruido por Jesús, tome nota, no dice que lo va a destruir, Jesucristo ya vino para destruir las obras del diablo.

En Colosenses 2: 13-15 dice: Antes de recibir esa circuncisión, ustedes estaban muertos en sus pecados. Sin embargo, Dios nos dio vida en unión con Cristo, al perdonarnos todos los pecados y anular la deuda que teníamos pendiente por los requisitos de la ley. Él anuló esa deuda que nos era adversa, clavándola en la cruz. Desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Cristo los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal. Los poderes, las potestades, los demonios, todos los espíritus malignos han sido derrotados por Cristo y han sido humillados en público. Hay poder en el nombre de Jesús. Hay quienes exaltan tanto el poder del diablo, hay quienes hablan tanto del poder de Satanás y describen toda la jerarquía del diablo y hablan de todos los distintos niveles satánicos y de todos los poderes que tiene y hasta nos meten miedo. Yo quiero explicarle que sólo hay un Dios creador de los cielos y de la tierra. El diablo no es Dios, es una criatura que Dios hizo, el diablo no es un creador del universo. Dios es Todopoderoso, el diablo no es todopoderoso. Dios es omnipresente, está presente en todos lados, el diablo no es omnipresente, no está presente en todos lados.
Dios es omnisciente, el conoce todas las cosas, el diablo no es omnisciente, no conoce todas las cosas.

Así que el diablo no puede adivinar sus pensamientos, no puede adivinar sus  sentimientos, pero Dios es todo poderoso, el diablo no es. La próxima vez que se le acerque el diablo usted dígale diablo mentiroso. Padre de mentira, tú dices que puedes pero yo sé que no puedes, en cambio yo puedo, porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece, hay victoria y hay poder en el nombre de nuestro Señor. Leemos en 1 Pedro 2:24: Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados. Al redimirnos Jesús derrotó a Satanás, así que a pesar de ser herido Jesús en la cruz, Él ganó la batalla. Un pasaje importante está en Juan 16:33b: En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo. Nuestra vida es un campo de batalla,  pero anímense, porque dice el Señor que ha vencido al mundo. La presencia del pecado ha convertido a nuestro mundo en un campo de batalla en el cual la única salvación es recibir la gracia de Dios y mantenernos con Él. Juan 1:12 nos dice: Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Son hijos de Dios los que reciben a Cristo, los que creen en Cristo, los que confiesan con su boca que Jesús es el Señor, estos no nacen de la sangre ni por deseos naturales ni por voluntad humana sino que nacen de Dios. Pablo menciona en Romanos 10:8-10: «La palabra está cerca de ti; la tienes en la boca y en el corazón.» Ésta es la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo. Hay poder en nuestra boca, hay poder en nuestra palabra, cuando decimos: Sí, reconozco a Jesús como mi señor. Si, lo recibo como mi Salvador personal. Si, creo en Él, entonces nos constituimos en hijos de Dios y como hijos suyos somos sus herederos y somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

Escuche

La fe viene por el oir…