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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Hemos estado estudiando los títulos proféticos – mesiánicos del niño Cristo que nació y fue colocado en un pesebre. Cada título fue profético para cada ministerio que Él iba a desempeñar y proclama Su gloria y Su Grandeza. Sus nombres son gloriosos en sus maravillosas afirmaciones, sus títulos son famosos en todo el dominio vasto de Dios nuestro Señor. Cada uno de los nombres de Cristo contienen una promesa divina, el título de Príncipe de Paz es el más importante de todos. Este es un título que nos hace pensar que es la respuesta a la necesidad más profunda del corazón. Los títulos anteriores culminan con éste.

La magnitud de su obra se revela en este titulo, Él es quien hará posible que los humanos tengan paz con Dios y que vivan en paz los unos con los otros. Hay algunas personas que en la nochebuena, la noche de paz,  lo que menos tuvieron fue paz. Hubo pleitos, disensiones, celos, iras, contiendas, reclamos, inconformidades. Y eso roba la paz. Dice Proverbio 17: 1: Más vale comer pan duro donde hay concordia  que hacer banquete donde hay discordia. Aunque usted tuviera un buen tamal negro, un buen tamal colorado, además tenía un buen pavo o una pierna, no pudo comer ¿por qué? Porque había pleito, había diferencias, pero cuando hay paz, cualquier cosa que haya para comer se disfruta, se come bien.

Necesitamos paz hoy en día, por eso es importante el ministerio, la labor de nuestro Señor de ser el Príncipe de Paz, porque  el ser humano nunca podrá estar en concordia hasta cuando se ponga en armonía con Dios. Mientras usted esté en conflicto con Dios, mientras usted está peleando con Dios, mientras usted esté enemistado con Dios, usted no puede tener paz, puede tener muchas cosas, pero no puede tener paz. Ayer, la primera noticia que vi en la televisión fue el ataque de Israel a la Franja de Gaza, y en la tierra santa donde nació Jesús, en Belén, y en donde se oyó el cántico de los ángeles: “Gloria a Dios en las alturas y en al tierra paz a los hombres de buena voluntad”. Ahí se desató otra sangrienta guerra. El último dato que tengo es que iban doscientos ochenta muertos y más de mil heridos. Cincuenta aviones bombardearon los edificios y destrozaron los centros importantes del grupo Hamás, para destruir a sus líderes y sus recursos.

En cuarenta años, desde la guerra de los seis días en 1967, no habían matado a tantos en un solo día. Y eso es porque hace falta paz. El mundo está hambriento de paz, es un deseo universal, lo tienen los palestinos, los israelíes, pero ambos están en guerra hasta que no reconozcan que Jesús es el Príncipe de Paz y estén dispuestos a concesiones, a perdones y a arrepentimientos.

El mundo quiere paz
La Organización de las Naciones Unidas se creó precisamente para promover y fomentar la paz entre las naciones. Hay un cuadro donde aparece el edificio de la ONU en Nueva York, y a la par, tocándolo, se encuentra una imagen de nuestro Señor Jesucristo. ¿Lo quiere interpretar? No será sino hasta que Jesucristo entre a las naciones de la tierra, cuando podrán tener paz. Las personas involucradas en conflictos saben que necesitan esa paz de Dios nuestro Señor. Está llamándose a una masacre que se dio en Estados Unidos esta Navidad, “La masacre de Santa”, porque uno de los familiares llegó disfrazado de Santa Claus a la casa, mató e incendió la casa. Se murió él, quien en vez de llevar alegría llevó muerte.

Lo que necesitamos no son más “santa clauses”, lo que necesitamos no son  más regalos, arbolitos y luces, lo que necesitamos es la paz que solamente puede dar Jesús, el Príncipe de Paz. Él es el único que nos puede dar verdadera paz. ¿Por qué hemos fracasado en alcanzarla, cuando hemos logrado los estándares de vida más altos que el mundo haya conocido? Hoy tenemos carros, casas, sueldos, puntos, de todo tenemos. Hoy tenemos todo tipo de electrodomésticos, que nuestros abuelos se morirían del susto otra vez al ver todo lo que tenemos. Ya no hay que hacer  el fuego en el poyo en nuestros hogares, tenemos casas bonitas, camas modernas, ropa de primera, joyas, tenemos de todo, y sin embargo, lo que nos falta es paz. Hemos sustituido la paz del Señor por la paz materialista. Sí, la  prosperidad prevalece, pero hay una ausencia de paz, y hoy le digo, de qué sirve ser prósperos económica y materialmente, si no hay paz.
Todos daríamos una gran parte de nuestra fortuna con tal de vivir con tranquilidad.

Se han aceptado sustitutos del Príncipe de Paz
Las naciones no están motivadas a depender de Dios para obtener la paz. Tenemos nuestra fe en las fuerzas armadas y en una variedad de recursos, las personas han aceptado los sustitutos del Príncipe de Paz. Creen que con la educación, con la riqueza, con los amigos o la buena salud habrá paz, pero no. La paz no se compra, ¿dónde venden paz para ir a comprar un litro de paz? Un litro de guaro puede comprar,  un litro de ron, de cerveza, pero eso no le va a dar paz. Eso le va a dar un sedante temporal, un narcótico que le va a hacer olvidar por un rato, pero cuando amanezca al otro día se va a dar cuenta que el problema sigue igual. Quiero decirle, la paz es un regalo de Dios, la paz es fruto del Espíritu Santo.

Usted puede trabajar toda su vida y alcanzar una gran fortuna, pero si no tiene la paz que viene de Dios, usted será un rico sin paz. Usted será un viejo sin paz, usted será una persona famosa sin paz, porque la paz viene de Dios. En el Antiguo Testamente los sacerdotes de Israel fueron instruidos para bendecir al pueblo con una bendición de paz. En Números 6:24-26 encontramos como está enunciada la bendición que los sacerdotes tenían que pronunciar para el pueblo y decían así: “El Señor te bendiga  y te guarde; el Señor te mire con agrado  y te extienda su amor;  el Señor te muestre su favor  y te conceda la paz.” ¿Por qué no dice que te conceda una nueva paz, por qué no dice te conceda un nuevo reloj, y te conceda una joya más cara y te conceda mejor ropa? Porque nosotros no podemos comprar con nuestro dinero,  lo que nosotros difícilmente vamos a conseguir es la paz que viene de Dios. El Salmista  reconoció que la paz era una de las bendiciones de Dios, por eso en el Salmo 29: 11 dijo: El Señor fortalece a su pueblo; el Señor bendice a su pueblo con la paz.  Cuando hay paz, hay seguridad. Cuando hay paz hay tranquilidad. Cuando hay paz ¡qué rico se duerme! La paz viene de Dios nuestro Señor. El profeta Isaías percibió que la verdad era paz, que viene de la correcta adaptación de nuestra vida con la voluntad de Dios. Dice Isaías 26: 3-4: Al de carácter firme lo guardarás en perfecta paz, porque en ti confía. Confíen en el Señor para siempre, porque el Señor es una Roca eterna. Pablo escribió en Filipenses 4:6-7: No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
Nos ha tocado estar con queridos hermanos de la congregación que están en el hospital pendientes del estado de salud de su hijo, en medio de esa agonía, de ese sufrimiento ellos están llenos de paz. Otras veces nos ha tocado estar en la funeraria viendo a los padres sepultar a su hijo y la gente se confunde cuando ve que estos padres están llenos de paz. Y ¿Sabe por qué tienen paz? Porque están en paz con Dios y el Príncipe de Paz está gobernando sus corazones, y Él nos da esa paz que sobrepasa todo entendimiento. 1 Corintios 14:33 dice: Porque Dios no es un Dios de desorden sino de paz. Como es costumbre en las congregaciones de los creyentes. 2 Tesalonisences 3:16 dice: Que el Señor de paz les conceda su paz siempre y en todas las circunstancias. El Señor sea con todos ustedes. Una persona que está bajo el gobierno del Príncipe de Paz, es una persona que siempre va a tener paz. Así se encuentre con la junta directiva de su organización en contra, él va a tener paz. Aún cuando venga un tsunami como hace cuatro años en el Oriente y destruya el hotel, las casas, miles de personas, tendrá paz. Por eso dice el salmista “caerán a tu lado mil y diez mil a tu diestra, más a ti no llegará”. En medio de la guerra, en medio de la enfermedad, en medio de la muerte, en medio de la persecución, del chantaje, usted puede tener paz. Yo le puedo asegurar de lo que dice Isaías 48:22 es cierto: «No hay paz para el malvado», dice el Señor. Así que si usted no tiene paz, califíquese.

No hay paz para el malvado
¿Quiere tener paz? Tiene que ponerse en paz con Dios, porque cuando su conciencia lo está redarguyendo de pecado continuamente, usted no puede tener paz. Por eso debe venir delante de Dios y decir: “Dios mío reconozco  mis pecados, perdóname” y entonces el Señor le dará paz. En Jeremías 14:19 leemos cuando Israel se rebeló durante los días de Jeremías y la paz de Dios se apartó de ellos, uno de los israelitas dijo: ¿Has rechazado por completo a Judá? ¿Detestas a Sión? ¿Por qué nos has herido de tal modo  que ya no tenemos remedio?  Esperábamos tiempos de paz,  pero nada bueno recibimos.  Esperábamos tiempos de salud,  pero sólo nos llegó el terror. ¿Por qué? Porque se rebelaron contra Dios, rebélese usted contra Dios y lo que va a encontrar es terror, sin Dios las personas renuncian a la eternidad y no aceptan los valores primordiales de la vida. J

Jesucristo es la única fuente para obtener la verdadera paz, porque Él es el Príncipe de Paz. Porque es el Príncipe de Paz apacible en su estado de ánimo, tolera por mucho tiempo a sus enemigos, cómo dejó que Judas estuviera ahí con Él todo el tiempo, sabiendo que le sacaba dinero de la bolsa del ministerio. Soportó la negación de Pedro tres veces y lo volvió a recibir para amarlo y levantarlo. Siempre está accesible y disponible, siempre está listo para perdonar. Jesús es admirable en eso. La paz fue la actitud por la cual el Salvador fue reconocido, la paz es la bendición que él compró al morir. Romanos 5:1 es maravilloso, lea lo que dice: En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.

¿Cómo dejará usted de ser un malvado, como dejará usted estar condenado por sus pecados, cómo dejará usted de estar sin paz con Dios? Cuando usted reconoce a Jesucristo como su Señor y Salvador personal. En ese momento usted es justificado y ser justificado significa ser declarado inocente, sin culpa. Cuando usted es declarado inocente, sin culpa, entonces nace de nuevo y usted empieza a experimentar la paz de Dios. Por eso es importante entender Romanos 5:1. Léalo de nuevo. ¿Cuántos han recibido ya esa paz de Dios por medio de Jesucristo? bendito sea el Señor el Príncipe de Paz.

Cuando a Jesús lo crucificaron y lo sepultaron, los discípulos se llenaron de miedo pensando que los iban a matar, se encerraron en un cuarto y de pronto les aparece Jesús resucitado y les dice, en Juan 20:21: – ¡La paz sea con ustedes! Él sabía que lo que necesitaban en ese momento era paz, habían perdido a su líder y habían experimentado la persecución y la muerte y dice: - ¡La paz sea con ustedes! -repitió Jesús-. Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes. En Cristo las guerras cesan entre nosotros. Cristo liberta a los pecadores de su insensatez, de sus pasiones y del mal que los destruye, Cristo es paz, brinda paz, practica la paz y se deleita en la paz.

La paz que Cristo ofrece es extraordinaria
Muchas personas están anhelantes de tener la paz que se puede explicar. Esta clase de paz se basa en dinero en el bolsillo, en una posición segura en la familia, en un negocio, en un cuerpo saludable, pero la paz que Jesús da no puede ganarse en un campo de batalla o comprarse con dinero, o asegurarse por medio de la medicina. Su paz no es la que conquista una espada sino es la que prevalece en el espíritu. Su paz no es una paz de estancamiento o de inactividad o de pasividad. Él no nos provee de un narcótico espiritual que evita que enfrentemos la realidad. Es más, la paz de Dios no significa ausencia de problemas, es paz en medio y a pesar de los problemas, porque el Príncipe de Paz brinda paz de parte de Dios y nos da paz con Dios.

Su paz es la paz de rendirse a la regla del amor, cuando usted se rinde a la regla del amor y cumple el mandato que dice “amarás a tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo”, usted empieza a vivir en paz, porque usted ama, usted aprende la regla del amor: “trate a los demás como ustedes quieren ser tratados”. Cuando usted da amor, recibe amor. Y cuando usted da patadas, usted recibe balazos. Siempre recibe más de lo que usted da. Por eso es importante aprender a practicar la regla del amor, su paz es la paz de la amistad con Dios el Padre Celestial.

Cuando usted es amigo de Dios, usted tiene paz, hay personas con las que nosotros podemos andar, platicar, conversar y nos van a inspirar paz. Pero hay otras que nos inspiran guerra, violencia, estrés. Su paz es la paz del autocontrol, por medio del poder espiritual y la energía divina. El Espíritu Santo le va a dar la capacidad para que usted se autocontrole. Su paz es la paz de la seguridad que nuestros pecados han sido perdonados. Qué importante es tener seguridad, a lo mejor usted mató a alguien, tal vez estafó a alguien, a lo mejor causó un aborto, a lo mejor violó a alguien o qué tantas cosas. Todos hemos cometido pecado, pero cuando nos ponemos en paz con Dios y somos justificados por la fe en el nombre del Señor, nuestros pecados son perdonados, somos justificados y así estamos ahora con nuestros pecados perdonados, con la paz de Dios. Con su presencia es posible caminar con serenidad en medio de las tormentas y calamidades, ser hijo de Dios no significa que nunca van a haber problemas, al contrario. Acabamos de orar por una familia que tuvo un accidente de tránsito ayer y están hospitalizados, fracturados, sufriendo, con pérdidas económicas, dolores, males causados por el accidente.

Sí, los cristianos también están expuestos a tener días de tormenta, días de  calamidad, pérdidas en la bolsa de valores, estafas en una organización financiera, asalto en un momento dado, pero en medio de las dificultades, en medio de las calamidades, Dios nos da paz, porque estamos bajo el gobierno del Príncipe de Paz nuestro Señor Jesucristo. Si Jesús tiene la paz de Dios tenemos que coronarlo Rey de nuestro imperio y hacerlo el Señor de nuestras vidas. Ya no podemos vivir como aquel argentino que dice: “Sobre la pampa mi caballo, sobre mi caballo yo y sobre yo mi sombrero”. Tenemos que aceptar que sobre yo está el Príncipe de Paz, somos el burrito que entró a Jerusalén con Jesús encima, pero nosotros si sabemos que nos están recibiendo no porque somos un gran burro sino porque el Señor va sobre nosotros. Cristo va conmigo y Él es el que me da la paz, la victoria y al bendición.

Si permitimos que Su voluntad sea nuestra voluntad descubriremos que estamos en armonía con Dios y con las leyes del Universo. Así que cuando nosotros leemos, precisamente en Isaías 9:6, – Porque nos ha nacido un niño,  se nos ha concedido un hijo;  la soberanía reposará sobre sus hombros,  y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte,  Padre eterno, Príncipe de paz-, estamos recordando esos títulos proféticos – mesiánicos del niño Cristo y qué bueno que nosotros podamos poner sobre nuestra vida al Príncipe de Paz.

Escuche

La fe viene por el oir…