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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Tenemos que ser sal de la tierra. La sal tiene beneficios extraordinarios, ¿a quién no le gusta comer una tortilla recién salida del comal con un poquito de sal? En la Biblia encontramos metáforas, como la que leemos en el libro de Mateo 5:13, donde Jesús dijo: Ustedes son la sal de la tierra. Esta tiene un significado muy importante, ahora nos advierte también: Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee.

Este es un llamado de atención, porque si nosotros somos la sal de la tierra, tenemos que cumplir con esa función, porque de lo contrario puede ser que la gente nos pisotee. Puede ser que seamos desechados. Una sal que no sala no sirve. Una iglesia que no es sal de la tierra no sirve, por eso tenemos que cumplir bien nuestras funciones como iglesia, y me temo que hoy en día la iglesia está distraída en muchas novedades y muchas corrientes interesantes, pero se ha olvidado de esa función principal que Dios le ha encomendado.

¿Qué significa ser sal de al tierra? Significa ser cristianos genuinos. Hoy en día hay mucha piratería, hay muchas imitaciones. Y hay cristianos que son puras imitaciones. La cizaña crece junto con el trigo, eso dijo Jesús. La diferencia entre el trigo y la cizaña es que el trigo tiene fruto en la vaina. Ser cristiano significa que debemos ser genuinos, que ejerzamos influencia en el  hogar, la iglesia, la nación, para eliminar la corrupción y preservar los principios y valores bíblicos que sazonan a la humanidad. Hay mucha corrupción en todo el  mundo. México ha iniciado una guerra en contra del narcotráfico o crimen organizado y lo triste es el descubrimiento de grandes mordidas, sobornos o coimas -como le dicen en Suramérica- a policías importantes, a gente del Ministerio Público. Se ha infiltrado en los tribunales, en los organismos judiciales, ejecutivos y legislativos.

Y la iglesia ¿qué está haciendo para detener esa corrupción? Los cristianos que se encuentran en el Organismo Legislativo como diputados ¿qué están haciendo ahí? Bueno, me tengo que quitar el sobrero porque estos días aprobaron la ley antitabaco. Ojalà que todos los diputados cristianos que estén en el Congreso de la República de Guatemala y en los Congresos de todo el mundo hagan la diferencia y sean la sal. Es importante entender que ser sal de la tierra demanda de nosotros ser cristianos genuinos que ejerzan influencia positiva para detener la corrupción y añadir ese valor agregado de un buen sazón a los principios y valores. Un cristiano genuino es el que tiene fruto y lo va a manifestar en su conducta, en su carácter, en su modo de ser y en su modo de vivir. Y Jesús en su primer sermón describió las características básicas de un cristiano genuino. Ahí mismo en Mateo 5:1 Cuando vio a las multitudes, subió a la ladera de una montaña y se sentó. Sus discípulos se le acercaron,  y tomando él la palabra, comenzó a enseñarles diciendo:«Dichosos los pobres en espíritu,  porque el reino de los cielos les pertenece.

Un cristiano genuino debe ser pobre en espíritu, eso no quiere decir que sea gafo, que sea miserable, que sea una persona que no tiene para comer. Significa que es una persona suficientemente consciente que su necesidad la suple Dios. Que las riquezas del espíritu no se compran en el supermercado, sino que las riquezas del espíritu se encuentran sólo en Dios. Pobres en espíritu son aquellos que reconocen que aunque sean multimillonarios hay cosas que no se pueden comprar con dinero.

Además dice: Dichosos los que lloran,  porque serán consolados. ¿Le ha tocado llorar a usted? A veces es  difícil cuando le toca llorar sobre todo por motivos de tristeza, de pérdida, de angustia, pero en medio de ese dolor y esa angustia viene el consuelo del Espíritu Santo, y que rico es cuando el Señor viene, nos consuela y nos ama, nos abraza con su amor bendito. Dichosos los humildes,  porque recibirán la tierra como herencia. Yo le pregunto ¿cómo se siente usted cuando compra un pedazo de tierra? ¿Se le suben los humos a la cabeza? La humildad no tiene que ver con la posición socio económica de una persona. La humildad es la actitud que lleva una persona dentro de su corazón cuando reconoce que toda buena dadiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del padre de las luces, en el cual no hay mudanza de variación y que Él es el dueño de todo y nosotros somos administradores de una casa en una colonia, de una casa en una zona muy residencial y exclusiva, de una finca, de un lote, de un vehiculo. Empero, dichosos los humildes que aunque lleguen a ser multimillonarios permanecen con una actitud de humildad, humillados bajo la poderosa mano del Señor, para que Él nos exalte cuando sea tiempo.

Luego dice: Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. ¿Se goza usted de la gente que sufre de injusticia? No, tenemos que buscar que haya justicia y que a cada uno se le dé lo que le corresponde y un cristiano va  ser una persona que tiene hambre y sed de justicia. Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión. Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Además el Señor demuestra un paradoja más, porque esta es una serie de paradojas,  cuando dice: Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,  porque el reino de los cielos les pertenece. »Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. Alégrense y llénense de júbilo. Es una contradicción aparente ¿cómo puede haber dicha cuando a usted lo insultan, cómo puede haber dicha cuando a usted lo persigan? Pero pasa.

Cuando somos sal de la tierra significa que como sal a veces caemos en una herida y esa herida arde, y usted a veces cae en una herida dentro de la sociedad, dentro de la familia, heridas morales, más bien dicho inmorales, y usted arde. En otras palabras, usted cae mal. Si usted es el único sobrio entre un  montón de borrachos, usted no les va a caer bien. Los jovencitos a veces se ven bajo la presión de grupo, porque por sus principios cristianos no quieren emborracharse, no quieren tomar drogas, no quieren fornicar, no quieren robar, no quieren secuestrar, entonces los demás empiezan a perseguirlos y a decirles que no son hombres, que son cuadrados, que son aleluya. Hay señoritas que en sus comunidades, en sus clases, en la universidad o en el colegio a veces reciben la presión del grupo de las demás chicas, porque son las únicas que todavía son vírgenes y las señalan de tontas. Pero ellas también entienden que jamás pueden volver a ser vírgenes, pero éstas que sí son vírgenes puede ser como ellas cualquier día.

Ser insultado y ser perseguido por su fe es un problema. Cuando usted esta en una empresa o en una organización del Estado donde se mueven ciertos negocios ilícitos y usted viene y no está de acuerdo ¿cree que les va a caer bien a los demás? No, entonces entra en un conflicto: ser cristiano en muchas ocasiones causa conflicto. Cuando compré mi primer automóvil se descompuso por falta de mantenimiento. Lo llevé a un mecánico y me pregunto si lo iba a arreglar para mí o para venderlo y al preguntarle la diferencia entre una y otra acción, me dijo que si era para venderlo solamente se le harían algunos chapuces y me saldría más barato. Cuando llevé a rectificar el cigüeñal me dijeron lo mismo. Esto quiere decir que la corrupción está metida en todos lados, no solamente en el Estado sino en la iniciativa privada también. Y si nosotros somos sal de la tierra tenemos que detener la corrupción, aunque eso cueste más plata. Tenemos que ser personas que aunque causemos conflicto mantener nuestros principios claros.

Vea lo que dice Mateo 10: 34-38: »No crean que he venido a traer paz a la tierra. No vine a traer paz sino espada. Otra aparente contradicción. Todos sabemos que para tener paz con Dios  tenemos que creer en Jesucristo, ¿qué dice Romanos 5:1? En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Jesús dice: No crean que he venido a traer paz a la tierra. No vine a traer paz sino espada. Porque he venido a poner en conflicto “al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, a la nuera contra su suegra; los enemigos de cada cual serán los de su propia familia”. Cuando usted reconoce a Jesucristo como su Señor y salvador personal muchas veces hay conflictos en la casa. Yo he conocido a jóvenes que vienen a los pies de Cristo y luego llegan a su casa y  ¿creen que en su casa se alegran de la decisión que ellos tomaron? No, lo juzgan como una traición a la familia, porque ha abrazado esa fe, le recriminan que ahora sea protestante, que ahora sea aleluya. Eso no se lo van a perdonar. Conozco un caso en particular: vinieron a hablarme dos jóvenes y me dijeron que se iban a casar. El único problema es que en mi familia, dijo uno de ellos, no es creyente y mi papá desde que le hablé que me iba a casar con un joven creyente y que me iba a casar en Fraternidad Cristiana de Guatemala, me dijo que no iba a venir a mi boda, que no contara con él. ¿Qué hago, me caso o no me caso? Yo le respondí: Creo que el muchacho con el que te vas a casar es excelente hombre, lo conozco, cásense, amen a su papá, ténganle paciencia, compréndanlo y demuestren que con hechos, con fruto del Espíritu que lo que Dios ha hecho en sus vidas es algo genuino y que puede ser de bendición. Llegó el día de la boda y el papá ni se asomó, nació el niño tiempo después y el papá ni los quiso recibir ni hablar.

A veces el Señor nos mete en conflicto, por nuestra fe a veces tenemos problemas y es ahí donde se entiende el versículo 37 que dice: »El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí. ¿Cuántos están dispuestos a amar al Señor más que a otra persona? Es fácil decirlo, es difícil hacerlo. Un día llegó Dios y le dijo a Abraham: Quiero que me des una ofrenda, quiero a tu hijo, a tu único hijo, a Isaac. ¿Creen que fue fácil para Abraham hacer eso? No fue fácil.

Ser sal de la tierra significa vivir muchas veces en conflicto, y hay conflictos que duran años. He conocido a esposos que sufren con su esposa, porque ellos abrazaron la fe en Cristo. He conocido de hombres y mujeres que han sido despedidos de sus trabajos por su fe en Cristo. No han querido participar en un soborno, no han aceptado participar en una vida de pecado en la empresa. He conocido a gente que ha sido despedida de su trabajo en un colegio, porque han aceptado su fe en Cristo. Anoche mismo hablaba con una familia que tiene ya más de 25 años de ser cristiana y me decía que en un colegio no quisieron inscribir a su hija, porque en el formulario puso como respuesta que era cristiano evangélico.

La Biblia dice que ser santos es parte de nuestro carácter y ser santo es sinónimo  de ser diferente. Si en su familia todos le pegan a sus esposas, si sus abuelos, todos, les pegaron a sus abuelas, si sus bisabuelos le pegaron a sus bisabuelas, y usted es creyente y es sal de la tierra, lo que usted tiene que hacer es no pegarle a su mujer. Usted no tiene por qué pegarle a su esposa. Si a usted lo torturaban y cree que por eso salió bueno, eso no quiere decir que a sus hijos les haga lo mismo.

Tenemos que ser diferentes, ser constante reprensión al pecado y al egoísmo. Muchas veces nuestra sola presencia basta para que algunos que son malcriadotes y vulgares busquen la manera de hablar con palabras más propias del diccionario, más propias de la gente decente. ¿Por qué habla igual que los demás? Hay quienes con los vulgarotes  se vuelven igual de vulgares y cuando están con los cristianos hasta levantan las manos y hablan en otras lenguas. Tenemos que ser consistentes. Somos la sal de la tierra y esta es nuestra gran responsabilidad. Ser sal de la tierra significa entrega y sacrificio, por eso dice en el versículo 38: y el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí. Yo les pregunto ¿Será fácil llevar la cruz? No, la cruz es signo de maldición, de muerte, de sacrificio, pero cuando usted toma su cruz,  también puede tomar la gloria de la resurrección, porque cuando usted pasa por el calvario, luego pasa por la resurrección y va rumbo al cielo y allá usted recibirá la corona.

Tenemos que ser como la sal, preservantes. La sal tiene un poder preservante, detiene la corrupción y hace que no se corrompa la sangre ni la piel, como lo vemos en el pescado seco. Tenemos que ser preservantes de lo bueno. Antes llegaba el abuelo a la casa, los niños se ponían de pie, lo saludaban y ¡ay de aquel que abriera la boca delante del abuelo o del papá!  Hoy usted llega y por poco y lo atropellan. Los niños han perdido la cortesía. ¡Cree que podamos preservar esas buenas costumbres, enseñar a nuestros hijos a honrar al padre, a la madre para que les vaya bien en la tierra y sean de larga vida? Que bueno que nosotros preservemos la buena costumbre de pedir las cosas por favor, y cuando nos den las  cosas decir: muchas gracias. Hay muchas buenas costumbres, la buena costumbre de leer la Biblia ¿vale la pena preservar esa costumbre, la buena costumbre de practicar la Biblia, la buena  costumbre de orar juntos? Tenemos que preservar la buena costumbre de pagar a tiempo, de no endeudarnos. Gracias a Dios que podemos aquí preservar la buena  costumbre de la puntualidad. ¿Cómo es posible que un pastor anuncie un servicio a las 7:00 y lo inicie a las 8:00? ¿Cómo es posible que usted siendo presidente de una empresa, siendo usted presidente de un organismo del Estado, presidente de una nación convoque a mucha gente importante a las 3:00 y llegue a las 5:00? Tenemos que ser puntuales y el mayor, dice el Señor, debe ser el servidor de los demás. No debe abusar del tiempo de los demás sino ser puntual. ¿Valdrá la pena preservar esa buena costumbre? Son valores.

El mundo está mal. Un asalto a mano armada dejó 165 muertos en la India, en hoteles de cinco estrellas. Entraron los terroristas, los mataron. La gente está consumiendo comida insípida, desabrida. El mundo necesita de la sal de la tierra, necesita de iglesias que de verdad estén llenas del fruto del Espíritu, de cristianos genuinos que ejerzan influencia y que den buen sabor a la vida. Que sea gente de confianza, que sea gente honrada, que sea gente íntegra, que sea gente puntual, que sea gente sincera. El mundo nos necesita. Si somos la sal de la tierra podemos preservar los estándares de la comunidad, los estándares en la recreación para que sea correcta, en la estructura de un negocio, en la justicia y equidad en la política, en la pureza en la ciudad. La única manera de evitar el descalabro nacional es inyectando a la sociedad personas  con las características descritas por nuestro Señor Jesús, gente que sea  sal de la tierra, gente que pueda decir que es cristiano genuino, que ejerza influencia en su hogar, en su iglesia, su nación, para detener la corrupción. Cristiano genuino que preserva los principios y valores bíblicos que sazonen la humanidad, que le dan gusto a la vida.  Urge una consagración legítima a Dios, una confesión de nuestros pecados y un arrepentimiento.

Escuche

La fe viene por el oir…