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Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Estoy seguro que cada uno de nosotros conoce a alguien que ha sido víctima de la violencia. Y aquí hay huérfanos, viudas, amigos tristes que vieron a sus seres queridos morir  por causa de la violencia. Guatemala necesita que Dios intervenga para que haya paz. La Biblia dice en 2 Crónicas 7: 14-15: Si mi pueblo se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra. Mantendré abiertos mis ojos, y atentos mis oídos a las oraciones que se eleven en este lugar.

Yo quiero pedirle que oremos por nuestra nación, vamos a pedir a Díos que nos dé paz y seguridad. Vamos a unir nuestras voces en clamor a Dios, vamos a tomarnos de las manos y, en señal de esa unidad que debemos tener para buscar la paz en nuestra patria, levantemos esas manos juntos y oremos en voz alta al Señor: Padre nuestro que estás en los cielos, aquí estamos tus hijos, Dios, afligidos por tanta muerte, tanto asalto, tanto secuestro, tanta injustita en nuestro país. Señor, ten piedad de nosotros, ten misericordia de nosotros, ayúdanos Señor, dale autoridad y sabiduría a los que nos gobiernan, para que con carácter mantengan la paz y la seguridad en el país. Señor, ayuda a que la policía, el ejército, los jueces, y todos aquellos que tienen autoridad para poner orden y justicia, lo puedan hacer, Señor. Dios eterno trae paz y consolación a las viudas, a los huérfanos, a aquellos deudos que sufren la pena y el dolor por la muerte de sus seres queridos. Danos consuelo, Señor, y concédenos tener en nuestra patria seguridad, paz, justicia y que nosotros tus hijos, Señor, no nos cansemos de proclamar que Jesús es el camino, la verdad y la vida y que nadie viene al padre sino por él. Que proclamemos que quien en Él crea, aunque esté muerto vivirá. Que proclamemos que Él es la resurrección y la vida. En el nombre de Jesús, amén, amén.

Muchos entre nosotros hemos llorado amargamente al ver a nuestros amigos ser asesinados, muchos lloran la muerte de sus padres, la muerte de sus hijos por causa de la violencia, por accidente, y otros por causas naturales, por enfermedad, por vejez. La Biblia nos enseña que es una manera de reaccionar ante la muerte el sentir dolor y tristeza, pero no debemos sentir tristeza como los otros que no tienen esperanza, porque nosotros tenemos esperanza de la resurrección de los muertos. Debemos alegrarnos porque algún día resucitaremos por la gracia de Dios.

En Génesis 23 está un relato muy interesante que dice: Sara vivió ciento veintisiete años, y murió en Quiriat Arbá, es decir, en la ciudad de Hebrón, en la tierra de Canaán. Abraham hizo duelo y lloró por ella. Abraham, el gran príncipe de Dios, el Patriarca llora ante la muerte de su amada princesa Sara, porque es humano, es normal,  es natural. Cuando Jesús estuvo frente a la tumba de Lázaro lloró, Jesús lloró, eso dice Juan 11:35, el versículo más corto de la Biblia. Por eso no debemos condenar a nadie cuando llora por la muerte de un ser querido, al contrario, debemos llorar con los que lloran, debemos gozar con los que gozan y reír con los que ríen.

Sara fue una mujer santa, y ante su muerte Abraham, un hombre santo, reaccionó como un ser humano típico. Lloró e hizo duelo. Sara tuvo una vida extraordinaria, fue una mujer que supo lo que es sorber el cáliz del dolor hasta los bordes, sufrió. Muy joven tuvo que dejar su tierra y su parentela, porque Abraham salió en busca de la tierra prometida. Y las señoras me comprenden cuando les digo que no es fácil empacar todas las cosas, mudarse a otra casa, desempacarlas. Cuando ya estaban en su lugar, Abraham le decía nos vamos otra vez. Empacar de nuevo, viajar, desempacar otra vez. Esta fue la vida de Sara, mudanza, tras mudanza. Además, fue un problema serio su infertilidad, cualquier mujer que no es fértil sufre al querer tener hijos y no poder tenerlos. Luego le dice un día a Abraham: ¿Por qué no buscamos tener un hijo con nuestra criada, con Agar? Y Abraham vio a Agar y la agarró y naturalmente quedó embarazada. Nace la criatura, Agar se sintió muy arrogante con el bebé en sus brazos y empezó a menospreciar a Sara, que empezó a sentir esos dardos de menosprecio en su vida, hasta que la colmó y echó de la casa a Agar y a Ismael.

Pasaron muchos años hasta que finalmente Sara quedó embarazada de su primer hijo, Isaac, a quien le puso risa, porque a ella misma le dio risa cuando Dios le dijo que iba a quedar embarazada. ¡Ya tenía 90 años! Sara Murió, porque la muerte es el resultado de nuestra caída en el pecado. En Génesis 2: 16- 17 dice Dios a Adán y Eva: Y le dio este mandato: «Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás.» Y Pablo nos lo recuerda claramente en Romanos 6:23: Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Reaccionamos con llanto y dolor, pero también determinamos vivir intencionalmente confiando en Dios. Lo que ocurre cuando muere un ser querido, por lo general, si no nos hemos preparado nos toma desprevenidos, no tenemos donde enterrar al familiar, no tenemos con qué pagar los servicios fúnebres y empezamos a correr. Piense que un día se le va a morir un ser querido ¿ya se preparó?  Hay que aprovechar las oportunidades de ofertas para que sea más cómodo y no correr con angustia el día que le toque. Hay que estar preparados para estas cosas.

Abraham como llevaba una vida de peregrinación no estaba preparado, pero había recibido una promesa que Dios le daría a Canaán como una tierra para él y su descendencia y cómo todavía no se la había dado, él confiando en esa Palabra del Señor determinó comprar un terreno donde sepultar a Sara y donde sepultar a toda su familia. Génesis 23:3 Luego se retiró de donde estaba la difunta y fue a proponer a los hititas lo siguiente: -Entre ustedes yo soy un extranjero; no obstante, quiero pedirles que me vendan un sepulcro para enterrar a mi esposa. Los hititas le respondieron: -Escúchenos, señor; usted es un príncipe poderoso entre nosotros. Sepulte a su esposa en el mejor de nuestros sepulcros. Ninguno de nosotros le negará su tumba para que pueda sepultar a su esposa. Pero él dijo no, yo quiero que me vendan.  Pagó 400 monedas por el pedazo. Compró el terreno porque él no quería ser un desposeído, quería ser un propietario y confiaba que un día toda esa tierra sería para él y su descendencia. Por eso vivió como debemos vivir los cristianos, con una fe audaz, que en medio de las circunstancias difíciles nos atrevamos hacer nuestra parte, para que se cumpla la Palabra del Señor en nuestras vidas.

En el capítulo 22 de Génesis aparece la historia impresionante en la que Dios le dice a Abraham: “- ¡Abraham! Quiero que me des una ofrenda, pero quiero que me des la mejor de tus ofrendas. Quiero que me des una ofrenda que te duela. Que me des algo que ames, no que des lo extra, lo que te sobra, lo que no te importa. Quiero que me des lo mejor que tú tienes. Y Abraham le dijo:-¿Qué es Señor? – Que me des a tu hijo Isaac. Dar a un hijo es difícil, usted lo sabe. ¡Ah nuestros hijos! Puede que sean feos,  pero cómo los queremos. Porque son sangre de nuestra sangre. Y Abraham dijo: -Sí Señor,  te daré a mi hijo Isaac. Emprendieron el camino, cargaron la leña, cargaron algo para encenderla, el cuchillo para hacer el sacrificio. E Isaac le dice a Abraham: – ¿Papá, vamos a hacer un sacrificio? Si hijo. ¿Llevamos la leña, el cuchillo? Si hijo. ¿Y el cordero papá? Y él dijo Dios proveerá. Isaac dijo para sí: ¿Qué se me hace que a mi me va a tocar? Y le tocó. Lo agarró, lo amarró, lo puso en el altar y cuando estaba a punto de introducir el cuchillo el Señor le dijo: ¡Detente! He visto que tu corazón está dispuesto a darme lo mejor. Y en ese momento un cordero apareció ahí entre las plantas de ese monte.

Tomaron al cordero y lo sacrificaron. Nosotros estamos destinados a la muerte, porque la muerte es consecuencia de la caída del hombre y Romanos 6: 23 dice: Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor. En ese momento se ilustró la redención del hombre cuando Abraham ya no tuvo que sacrificar a su hijo, sino sacrificar al cordero, porque era una figura de la venida de Jesús. Cuando Juan presentó a Jesús a la multitud dijo. “He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Jesús murió para que usted y yo tengamos vida nueva, vida en abundancia, vida eterna en los cielos.

¡Qué importa cómo muramos,  como seamos enterrados! En la comuna de Rioja, en el corazón del Tibet, no hay tierra para cementerios, los cadáveres son cortados en trozos pequeños y colocados en tarimas al aire libre, para que los buitres se los coman. Ellos consideran que es una manera práctica y barata de librarse de los cadáveres de los aldeanos. Los Incas, enterraban en tinajas. Los egipcios debajo de pirámides, los esquimales en bloques de hielo, los hindúes los arrojan al río Ganges, los marinos los botan al mar y en ciertos países en una fosa común. ¡Qué importa como uno es enterrado! El cadáver es un cadáver, ya sea del rey o del súbdito, del rico o del pobre, del sabio o del ignorante. El polvo de los césares y de los esclavos es el mismo. Lo que si importa es si el hombre está preparado para la muerte, para el encuentro con Dios. Jesús dijo: ¡”El que en mí cree, aunque esté muerto vivirá!”.

Uno de los pasajes bíblicos que me ha servido continuamente para dar consuelo a los deudos en los funerales es el que se encuentra en 1 Tesalonicenses 4:13-18: Hermanos, no queremos que ignoren lo que va a pasar con los que ya han muerto, para que no se entristezcan como esos otros que no tienen esperanza. ¿Acaso no creemos que Jesús murió y resucitó? Así también Dios resucitará con Jesús a los que han muerto en unión con él. Jesucristo no está muerto, su tumba está vacía, Él vive.

Ahí es nuestra gran responsabilidad de que conozcan de Cristo nuestros amigos y familiares, porque ellos van a morir, pero si mueren fuera de Cristo eternamente estarán muertos. Pero si mueren unidos con Cristo, eternamente estarán vivos, aunque sus cuerpos permanezcan un tiempo en la corrupción de la tumba. Conforme a lo dicho por el Señor, afirmamos que nosotros, los que estemos vivos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, de ninguna manera nos adelantaremos a los que hayan muerto. El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Hay esperanza para sus muertos mis hermanos, ellos también van a resucitar si han muerto en Cristo. Luego sigue diciendo la escritura: Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre. Por lo tanto, anímense unos a otros con estas palabras.
¿Nos da ánimo esta Palabra del Señor, mis hermanos?

Escuche

La fe viene por el oir…