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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

¿Cuántos habrán tenido problemas alguna vez? hay problemas de toda clase, problemas intensos, problemas muy graves. Hay situaciones desesperadas. He visto amigos obligados a salir corriendo fuera del país, al exilio. He visto a otros tener que esconderse, porque los quieren matar. He visto algunos que no sabemos dónde están porque tienen grandes deudas que pagar. La situación se complica y a veces se complica tanto que literalmente se vuelven locos.

Hoy los problemas financieros en el mundo están llegando a un punto de crisis. El banco mas antiguo de los Estados Unidos fue encaminado a la quiebra. En Europa hay preocupación, porque la venta de automóviles descendió significativamente.
La gente está afligida, los que sufren pérdidas de sus cultivos en nuestros países por las lluvias están abrumados, porque pidieron préstamos para sembrar y luego las lluvias vienen y acaban con sus siembras.

Los que están atados a los vicios ya no saben que hacer, quisieran dejar de emborracharse, pero se emborrachan nuevamente, quisieran dejar de drogarse, pero continúan drogándose. Quisieran dejar de golpear a su familia, pero siguen practicando el mal tratado familiar. Y esto produce penas, esto produce sufrimientos, hay muchos que están sufriendo las guerras, no podemos olvidarnos de países que están sufriendo guerras todavía. Países como México han ocupado el primer lugar en las noticias por los secuestros, las extorsiones. Y otros países, como Guatemala, quieren ganarse ese primer lugar a puro pulso, teniendo más y más secuestros.

Cuando a usted le secuestran un hijo, cuando a usted le secuestran a un ser querido, usted entra en un momento de turbulencia psicológica y emocional, y las penas llegan a tomarlo de tal manera que usted pierde el apetito, pierde el sueño. Los descalabros de sus negocios le traen a una situación de crisis. Leí hace un tiempo que en Francia el 90 por  ciento de las personas internadas en sanatorios mentales no están locas, se han internado ahí como una vía de escape a sus grandes problemas. Las penas literalmente los vuelven locos, ya no saben que hacer con el hijo con problemas, con el esposo alcohólico, con la esposa gastona, en fin. Entonces deciden mejor internarse, mejor literalmente “me hago el loco” y que miren cómo resuelven los demás sus problemas familiares.

Por supuesto que estas situaciones no son privilegio de nuestra época. En todas las épocas del mundo ha habido crisis graves, crisis emocionales en distintas personas. Algunos de ellos, de alto rango, otros de poco rango, pero sufren. Y esas situaciones los llevan a una situación de angustia.

La Biblia nos enseña la historia de un jovencito, miembro de una familia de ocho y él era el menor y en su casa no creían en él, no pensaban que iba ser un día alguien importante. Y por eso le dieron el trabajo más sencillo de todos, los oficios más duros a él le tocaban. Y cuando llegó el profeta Samuel a ungir a uno de los hijos de este hombre llamado Isaí para que fuera rey, ni siquiera tomaron en cuenta al menor. Lo dejaron allá cuidando las ovejas.

Hasta que pasaron todos, del séptimo hasta el primero, ninguno de ellos fue. Samuel tuvo que decirle ¿no tienes otro hijo? Isaí le contestó que si, pero es el más chiquito. En otras palabras: éste no califica, ese no puede ser, ese no sirve para nada. ¡Qué tristeza! Cuando los mismos papas no creen en sus hijos. Lo mandaron a traer y Samuel dijo: este es. El más jovencito, el más chaparrito, el más rubio, el más bonito. Ese fue el que ungió.

Le tocó la oportunidad de relacionarse con el rey, porque tenía problemas serios de carácter y por recomendación de buscar a alguien que le tocara el arpa para calmarlo, porque de pronto le aparecía un espíritu malo para atormentarlo. Así que David llegó a tener una relación de cercanía y de confianza con el rey. Imagínese que a usted lo esté llamado el presidente de la República para decirle: venga a tocarme la violineta porque me calma, venga a tocarme la trompeta, venga a tocarme la guitarra. Y usted feliz llegaría a la Casa Presidencial a dejar a su hijo para que tocara música para el gobernante.

David era alguien que entraba al palacio con confianza, directamente a las habitaciones del rey para tocarle música y calmarlo. Un día vino la guerra, los filisteos se pusieron en un lado y los israelitas en el otro y empezó el conflicto. La lucha era tan grande, porque apareció un gigante,  la Biblia lo describe como un hombre de tres metros de altura. Daba miedo, además de grandote estaba con una armadura impresionante y quien sabe que cara tenía también, feo. Tres metros de altura, la punta de la lanza pesaba quince libras, siete kilos dice la Biblia y salió a decirles: Señores, dirimamos nuestras diferencias fácilmente. Mándenme a uno de los israelitas que pelee conmigo, el que gane, hace que gane todo su pueblo. El más alto de Israel era el rey Saúl y sin embargo no se animó, no quiso asumir ese riesgo.

David fue enviado por su papá para ir a ver cómo estaban sus tres hijos mayores que se habían enlistado para la guerra. Además le dijo: llévale estos tres quesos al capitán. El papá sabía que si quedaba bien con  el capitán a lo mejor no ponía a sus hijos al frente de la batalla, los quería salvar a puro queso. Llega con el encargado de las provisiones hasta el campo de batalla, se acerca y mira cuando todos los israelitas se escondían, porque aparece el gigante. Espera que alguien se enfrente, pero nada. Entonces dice yo puedo.

-Cállate patojo, cállate muchacho, te van a matar -le decían todos-. Yo peleo con él, dijo. ¿Quién es este incircunciso para que esté hablando así del pueblo de Dios? Yo me enfrento con este gigante. Llegó a oídos del rey que David estaba diciendo que él se enfrentaba y lo mandó a llamar. Le dijo Goliat lo iba a matar, a destrozar.
-No -le dijo-. Cuando yo estaba cuidando mis ovejas, de repente aparecía un oso, el oso es una bestia grande, fuerte. Y cuando quería llevarse una oveja, dice la Biblia que David se enfrentó al oso y lo mató. Suena increíble.  Pero David también dice que cuando venía un león y se quería llevar a uno de sus corderitos, se lo arrebataba y lo mataba. Moraleja: las apariencias engañan. Usted puede ver a un muchacho que no aparenta ser fuerte, que no aparenta ser el futuro rey. Que no aparenta ser el líder y a ese Dios lo toma y lo usa, porque nosotros somos trofeos de la gracia de Dios. Dios toma lo que no es para avergonzar a lo que sí es. Lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios. Quiere decir que si nos escogió a nosotros es porque éramos necios. Ya no somos necios. Dios nos ha escogido. David se enfrentó al gigante, vio al gigante y todos pensaron: es demasiado grande para enfrentarlo. David dijo: es tan grande que no puedo fallar la pedrada que le voy a dar en  la cabeza. Con ese tamaño de cabeza que tiene no fallo. Le dio la pedrada, cayó, lo decapitó y empezó la fiesta, se pueden imaginar ustedes.

De pronto ese jovencito, tenía 17 años más o menos, saltó a la fama nacional. Imagínese a todos los noticieros presentando: Nuevo líder en Israel. Héroe nacional. Grandes cosas hace David y empezaron a cantar, hasta canción le hicieron. David mató a miles, David mató a los diez mil. Y de repente llegó a oídos de Saúl, Saúl mató a sus miles, David a los diez mil. Entonces a Saúl le apareció envidia, celos, enojo, ira. No se alegró ver a otro triunfar. Se sintió, se resintió, se puso celoso y desde ese momento empezó a decir: sólo falta que le den a David el reino. Empezó a sentir inseguridad. Había prometido el rey casar a su hija con el vencedor del gigante, pero engañó a David por su condición de humildad. ¿Cómo creen que se sintió David? Frustrado, desilusionado, triste, sólo me endulzó la boca y no me dio el dulce. Sólo me consintió y me dijo delante de todos que me iba a dar a su hija, y ahora me deja sin ella.

Pero Jonatan, hijo del rey, se hizo íntimo amigo con David y hasta hizo un pacto con David, tanto fue el amor de Jonatan que dice que se quitó su capa, que era de primera calidad, ropa real, se la regaló a David, le dio su espada, le dio su escudo, le dio su lanza. Lo más importante se lo dio. Y Jonatan que vivía con su papá, empezó a oír que Saúl que quería era matar a David. Y Jonatan se lo contó. ¿Cómo se sentiría usted si yo llego a decirle: Te quieren matar? ¿Empezaría usted a dormir tranquilamente?

Empezó la persecución para matarlo. 1 Samuel 22:1-2 dice que  David se fue a Gat, esa ciudad era donde estuvo el gigante Goliat. Cuando usted está apenado, perseguido, emproblemado, a veces resulta metiéndose en la boca del lobo. Andaba solo, huyendo. Ese mismo día David, todavía huyendo de Saúl, se dirigió a Aquis, rey de Gat. 11 Los oficiales le dijeron a Aquis: — ¿No es éste David, el rey del país? ¿No es él por quien danzaban, y en los cantos decían: «Saúl destruyó a un ejército, pero David aniquiló a diez»?  Al oír esto, David se preocupó y tuvo mucho miedo (1 Samuel 21:10-15)

David se preocupó y tuvo mucho miedo de Aquis, rey de Gat. Por lo tanto, cuando estaban por apresarlo, fingió perder la razón y, en público, comenzó a portarse como un loco, haciendo garabatos en las puertas y dejando que la saliva le corriera por la barba. Aquis dijo entonces a sus oficiales: — ¿Pero qué, no se fijan? ¡Ese hombre está loco! ¿Para qué me lo traen? ¿Acaso me hacen falta más locos, que encima me traen a éste para hacer sus locuras en mi presencia? ¡Sáquenlo de mi palacio! Eso le salvó la vida a David. La situación fue difícil, pero después de eso cuando dijo sáquenlo de mi palacio, huyó se fue de Gat y huyó a la cueva de Adulán.

Cuando usted está con penas y problemas, lo que tiende hacer es encuevarse. Cuando la gente está deprimida se va a su casa, se encierra en su cuarto, ya no sale, se mete debajo de las sábanas, algunos paran en los bares. La gente busca la forma de  aislarse, de esconderse, de no dar la cara. David tenía muchas penas. El problema es que cada oveja busca su pareja. Y miren lo que le pasó a David: Cuando sus hermanos y el resto de la familia se enteraron, fueron a verlo allí. Además, se le unieron muchos otros que estaban en apuros, cargados de deudas o amargados. Así, David llegó a tener bajo su mando a unos cuatrocientos hombres (1 Samuel 22: 1-2). Hombres que tenían el común denominador de amargura, de deudas, de apuros. Y cuando usted está endeudado de ¿qué le sirve tener a cuatrocientos endeudados? ¿De qué le sirve? Se vuelve un ejército de desgraciados, de desventurados, amargados. Van de mal en peor. Porque usted empieza a contar su amargura y ahí 399 que le dicen: Ahora voy yo. Todos con una historia de amargura, de deudas, de apuros.

David dice que el que con sabios anda, sabios será. Y el que con amargados anda, amargado será. David dice que la amargura es una raíz que cuando crece y florece contagia a otros. Y cuando usted está con amargados al rato usted empieza a sentirse amargado. Pobre David, estaba perseguido, estaba preocupado y rodeado de perseguidos, de amargados. Yo espero que Dios levante aquí entre nosotros un ejército pero de gente llena del fruto del Espíritu Santo, vencedores, prosperados, libres de deudas, libres de amarguras, que sepamos manejar los problemas y los apuros.

Debemos entender que para no convertirnos en jefe de los desesperados, tenemos que cambiar esa situación. Esto es entender que en vez  de convertirnos en el jefe de los desesperados, para cambiar esa situación,  David nos dejó su experiencia. En el Salmo 142, ahí escribió lo que le inspiró cuando estuvo en la cueva escondido,  significa una oración de importancia, de calidad. Aprendamos de este Salmo: A voz en cuello, al Señor le pido ayuda; a voz en cuello, al Señor le pido compasión. Cuando usted está loco por las penas, lo que debe hacer es pedir a Dios en oración que le ayude. Hay que orar y para orar tiene que abrir la boca. Jesucristo dijo a sus discípulos: “Hasta ahora, nada me han pedido. Pidan y se les dará”. ¿Por qué no hemos recibido muchas veces? Porque no hemos pedido. Jesucristo lo resume en una sola frase: pidan y se les dará.

Cuando usted está desesperado, cuando la situación es grave, tiene que pedir como dice el salmista: a voz en cuello. Y ¿cómo es pedir en voz en cuello? ¡Tráeme la olla! Cuando nosotros nos vamos a presentar con una gran necesidad delante de Dios, no tengan miedo de clamar en voz en cuello. Cuando usted está oprimido con tanta cosa, con tanto problema lo que usted tiene que hacer es – que rico- dar un grito. Yo creo que nosotros debemos fanatizarnos por Cristo y no tener miedo de decir ¡ayúdame!

Si usted pide ayuda, ayuda va a recibir.

Audiblemente pida. No sólo piense, pida. Hable. En el versículo 1 del Salomo 142 dice: A voz en cuello, al Señor le pido ayuda; a voz en cuello, al Señor le pido compasión. ¿Por qué pedía compasión? Porque le decía: Señor me van a matar, ten compasión de mí. Leamos el Salmo 142 en el versículo 2 Ante él expongo mis quejas;  ante él expreso mis angustias. Cuando ya no me queda aliento,  tú me muestras el camino. Por la senda que transito algunos me han tendido una trampa. Mira a mi derecha, y ve: nadie me tiende la mano.  No tengo dónde refugiarme;  por mí nadie se preocupa. A ti, Señor, te pido ayuda;  a ti te digo: «Tú eres mi refugio,  mi porción en la tierra de los vivientes.» Atiende a mi clamor, porque me siento muy débil; líbrame de mis perseguidores, porque son más fuertes que yo.  Sácame de la prisión,  para que alabe yo tu nombre. Los justos se reunirán en torno mío  por la bondad que me has mostrado.

Dos cosas quiero subrayar aquí. La oración tiene dos partes, el 50 por ciento de una oración es expresarla, el otro 50 por ciento es esperar la contestación. A veces no tenemos paciencia para esperar la respuesta, a veces quisiéramos la contestación ya, pero a veces Dios tarda. A veces queremos nosotros las respuestas ya, pero muchas veces las respuestas tardan. Hay respuestas que tardan un poco, pero hay que expresar la oración y luego esperar en Dios. Luego la segunda cosa que quiero enfatizar está en el versículo 7: Sácame de la prisión. ¿Para qué queremos que Dios nos saque del problema, que nos libre de la prisión, de la enfermedad, del secuestro, del fracaso? ¿Para qué? David dijo: para que alabe yo tu nombre.

Los justos se reunirán en torno mío  por la bondad que me has mostrado. En otras palabras dijo: ya no voy a andar con este montón de desgraciados, me vas a dejar una compañía diferente, justos. Si hay un justo a la par suya déle gracias a Dios. Cuando va a su célula, a su grupo C.A.F.E. usted se reúne con un montón de justos y eso es una bendición, podría estar rodeado de un montón de amargados. Haga pacto con Dios: Sácame, yo te alabo. Sácame, yo te serviré. Sácame, yo seré fiel diezmador. Sácame, yo seré un maestro en la zona de campeones. Sácame, yo seré un líder en la célula Sácame y yo te serviré siempre. ¿Acaso no vale la pena hacer un pacto con Dios?

Si hacemos pactos con Dios, nos iré muy bien.

Escuche

La fe viene por el oir…