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Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Muchos andamos con cara de preocupación: serios, absortos, distraídos como que “se nos fue el pájaro”, porque tenemos alguna preocupación. La gente preocupada es gente que tiene un sentimiento inquietante por algo, la preocupación produce miedo, produce desazón, sufrimiento. Y razones para estar preocupado hay muchas, basta con ver noticias del periódico cotidianamente para encontrar suficientes motivos para estarlo. Esta semana nos causó preocupación a la mayoría del mundo el descalabro financiero norteamericano. Desde hace un par de años vienen pasando cosas insólitas en ese país que ha sido un imperio económico por tantas décadas. Doce bancos importantes se hundieron ya, el más notables es el Lehman Brothers, ese banco que es o era el cuarto banco de inversión en Estados Unidos, ciento cincuenta y ocho años de existencia. Dos hermanos lo iniciaron, pasó las guerras mundiales, logró sobrevivir la gran depresión de 1929, las del 87 y ahora tronó. las grandes industrias automovilísticas, las grandes industrias aéreas, los bancos están pasando por una crisis económica impresionante. El gigante de seguros, el grupo AIG se vino al suelo, tuvo que entrar el gobierno de los Estados Unidos con sus fondos federales al rescate de esa gran empresa de la cual dependen muchas aseguradoras en el mundo entero. Hablaba esta semana con un analista de seguridad nacional que vino de América del Sur a estudiar la seguridad pública de Guatemala y le decía. ¿Qué piensa de la policía? Y me contestó: Las policías en todo el continente están cargadas con la misma plaga: la corrupción. La única que se salva es la de Nicaragua, me decía. Esa policía es la que tiene el número dos en credibilidad en aquel país. Como institución creíble, la iglesia número uno. Hay que orar para que la policía de Guatemala llegue a tener esa credibilidad. Pero eso preocupa, preocupa la inflación. Vivimos en una época en la que la inflación es la más alta en los últimos quince años y las señoras que son expertas economistas están bien encaradas porque cada vez que van al supermercado, cada vez que van al mercado, cada vez que van a la tienda, se dan cuenta que subió el pollo, subieron los huevos, sólo el salario del marido no sube. Pero la situación se va complicando. Así que ahora tienen que ser más vegetarianas las compras que hace, pero con las lluvias intensas también los cultivos están sufriendo. El que sabe se preocupa porque sabe, el que no sabe se preocupa porque no sabe. El rico se preocupa por lo que tiene, y el pobre se preocupa por lo que no tiene. El viejo se preocupa porque está viejo, el joven se preocupa porque está joven. El casado se preocupa porque está casado y el soltero se preocupa porque no está casado. Todos nos preocupamos. Entonces ¿qué hacer? ¿Cómo manejar la situación? Porque la preocupación es como los automóviles, se chocan todos los días, pero seguimos manejando automóvil, porque aunque otros  manejan mal se accidentan y se mueren, nosotros tenemos que seguir saliendo a nuestras actividades en automóvil, pero conduciéndolo con precaución, con tranquilidad con seguridad. Jesucristo consciente de la preocupación de los seres humanos, porque vivió con nosotros en la tierra 33 años y medio, dio consejos prácticos para que manejemos bien la preocupación. No que no nos preocupemos. Jesús no prohíbe que nos preocupemos por las cosas que tenemos que hacer hoy, dejó claro. Jesús no prohíbe que usted se preocupe por hacer bien su trabajo, por hacer bien sus estudios, por cumplir bien su rol como esposa, como esposo, como funcionario público. Lo que el Señor prohíbe es esa angustia que nos embarga por los problemas del mañana. Lo que debemos hacer es resolver los problemas de ahora. Hoy, en vez de preocuparnos, debemos ocuparnos en las soluciones de los problemas que enfrentamos. Pero vamos a la Biblia, Mateo 6:25- 34: »Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa? Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? Hay, por lo menos, cuatro preocupaciones básicas que quiero mencionar. La primera es la comida. Nos preocupa el costo, la escasez, la falta y a veces nos preocupa el exceso. En la segunda guerra mundial un grupo de niños que quedaron huérfanos fueron tomados por una institución y llevados a un orfanatorio. Empezaron a darles de comer, pero no dormían bien, porque estaban preocupados por el mañana. ¿Qué iban a comer mañana? Comían bien hoy, ¿pero mañana qué? Entonces dijeron las autoridades del orfanatorio que flexibilizarían la regla, dejaron que los niños se llevaran un pan a la cama para ver qué sucedía. Todos se llevaron un pan y muchos durmieron con el pan bajo la almohada, otros en la mano, pero esa noche sí durmieron tranquilos. ¿Por qué? Porque sabían que otro día temprano tendrían su pan. Todos queremos tener por la mañana un pan, queremos comer, necesitamos comer. Si usted pudo comer el día de hoy déle un fuerte aplauso al Señor y dígale gracias porque pude comer. Dios no nos va a abandonar. Me impresiona la comparación que hace: “El señor alimenta a las aves”. Dios se encarga que tengamos suficiente alimento. Por eso la oración del Padre Nuestro que Jesús nos enseñó dice: “Danos hoy el pan”, porque el pan es para hoy, es como el maná. El pueblo de Israel en el desierto recibió instrucciones del Señor, recojan el maná, sean dos, sean cinco, sean diez, sean veinte, para todos hay, pero no lo guarden, les dijo, porque si lo guardan les va a amanecer engusanado. Otra preocupación: la figura. A saber cuántos esta mañana tuvieron que acostarse para meterse el pantalón y tuvieron que pedirle ayuda a alguien. La mayor preocupación de la mayoría de nosotros es la figura,  por eso debemos tener mucho cuidado, porque en el versículo 27 dice: ¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida? A todos nos preocupa la apariencia física, nuestra estatura. Dios nos hizo a todos diferentes, algunos nos hizo hermosamente altos y a otros bellamente chaparros. Lo importante es que usted no se preocupe, porque usted va a encontrar la paz mental, cuando dé gracias a Dios por lo que es. Yo les puedo decir que uno tiene que estar tranquilo, darle gracias a Dios por lo que uno es. Si Dios lo hizo a usted  calvito, disfrútelo, si lo hizo repeludo, déle trabajo al peluquero, pero disfrútelo. No se preocupe tanto por la figura. Está bien que tengamos cuidado de nuestro estado de salud, pero no necesariamente preocupado por nuestra figura. Lo importante es que nosotros cuidemos de nuestro cuerpo, porque nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo. Si usted menosprecia su cuerpo, está menospreciando el templo del Espíritu Santo. Y eso nos lleva a otro aspecto: Nos preocupamos por el vestido, la moda. ¡Angustia que les causa a las personas la moda! La gente anda preocupada por eso. No se preocupe, déle gracia a Dios que anda vestido. Lo más seguro es que usted tiene en su casa más ropa de la que puede gastar el resto de su vida, pero está preocupado porque viene una moda y luego viene otra, otra y otra. No se angustie por eso. La otra cosa que nos da preocupación es el futuro, por eso dijo Jesús en Mateo 6:34: Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas. No dice: no se angustien por hoy. Hoy si no tiene pan para darles a sus hijos, pues angústiese, pero mañana será otro día, ya mañana usted se angustiará por ese problema. Cada día tiene sus propios problemas. Se hizo un análisis y concluyeron con esto: 40 por ciento de las cosas que preocupan no pasan. ¿Lo ha experimentado? El 30 por ciento de las cosas que preocupan ya pasaron. Usted estaba preocupado hace diez años porque iba a subir la gasolina, no se preocupe, ya subió. Usted estaba preocupado porque  iba a ver mucha delincuencia, no se preocupe porque ya hay. Eso ya pasó, eso ya no es nuevo. El 12 por ciento de las cosas que preocupan es por el que dirán. No se preocupe del que dirán, de todas maneras sus amigos son sus amigos a pesar que lo conocen, lo aman a pesar de que ya saben cómo es usted. Y el 8 por ciento de las cosas por las cuales vale la pena preocuparse, es tan poco que no ayuda a preocuparse de todas maneras. Reconozca el costo de su preocupación. Lo que hace cuando usted se preocupa es desgastarse, pierde fuerzas, se agota. Además dice Mateo 6: 30 que los que se preocupan son hombres de poca fe. Las aves no se preocupan, las flores del campo no se preocupan, el Padre las alimenta, el Padre viste a las flores y ustedes se preocupan. ¿Por qué se preocupan por la comida, por el vestido, por la vivienda? Hombres de poca fe. ¿Cuántos saben que si creemos en Dios, Él nos va a suplir lo que nos falta? Si nos faltan doscientos millones de quetzales, nos proveerá esa cantidad. Si nos faltan 200 quetzales, nos proveerá esa cantidad, por eso necesitamos aprender que preocuparnos nos hace hombres de poca fe, nos convierte en paganos en vez de cristianos. Dice el versículo 31 y 32: Así que no se preocupen diciendo: "¿Qué comeremos?" o "¿Qué beberemos?" o "¿Con qué nos vestiremos?" Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. ¿Cuántos de sus hijos, cuando estaban en edad escolar, se acercaron a usted a decirle un día: Papa no pude dormir anoche, estuve preocupado por la cuenta de la electricidad que hay que pagar? Sinceramente, no hay uno solo de nuestros hijos que se levante una mañana y nos diga: Papá estoy preocupado, ¿cómo vas a pagar el seguro de vida? ¿Cómo vas a hacer para pagar el colegio? ¿Por qué los hijos no se preocupan? Porque el que se encarga de proveer todo es el papá, o la mamá o el abuelo o la abuela o alguien, pero los hijos no se preocupan. Ahora pregunto ¿cuántos de los que estamos aquí somos hijos del Padre celestial? ¿Por qué se preocupan? ¿Quién es nuestro Padre? Dios. Realmente para vivir lo que necesitamos es poco, pero nosotros nos preocupamos aún por ese poco y por eso necesitamos poner nuestra fe en Dios y meter dentro de nuestra vida el factor padre. Usted no es huérfano, usted es hijo de Dios y Él se va a encargar de suplir todo lo que necesite. Ahora el consejo está en el versículo 33 y este es clave, en vez de preocuparse: Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. ¿Qué debemos hacer? Buscar primeramente el reino de Dios y su justicia. ¿Qué es el reino de Dios? Es obedecer las leyes de Dios. Dios es el rey y su Palabra es la constitución del reino y nosotros somos los ciudadanos del reino, lo que nos toca es cumplir las leyes del reino. Y si queremos tener abundancia en esta tierra, lo que debemos hacer es cumplir los principios del reino y estos dicen: que para tener uno abundancia, para que Dios abra las compuertas del cielo y derrame bendiciones sobreabundantes sobre nosotros, tenemos que traer íntegros los diezmos para los fondos del templo. Si usted busca cumplir los principios del reino económicos, no va a tener problemas económicos. Quiero decirle algo importante. Dios nos da la gracia suficiente para enfrentar los problemas que no han venido, los problemas de mañana, de pasado mañana, de dentro de un año. Espérese a que venga el problema para enfrentarlo. Seamos agradecidos por lo que tenemos en vez de estar quejándonos por lo que no tenemos. Abra su Biblia en el Salmo 103   Alaba, alma mía, al Señor;  alabe todo mi ser su santo nombre. Alaba, alma mía, al Señor,  y no olvides ninguno de sus beneficios. ¿Ha recibido algún beneficio de Dios? No se queje por el catarro que tiene ahora, déle gracias a Dios que lo ha librado de la pulmonía, de la neumonía, del cáncer. Dios le ha dado muchos beneficios, usted vino a este mundo desnudo y se va a morir vestido. Usted tiene muchos beneficios, no olvide ninguno de los beneficios. Él perdona todos tus pecados. Y sana todas tus dolencias; él rescata tu vida del sepulcro  y te cubre de amor y compasión; él colma de bienes tu vida y te rejuvenece como a las águilas. Dios quiere que usted no tenga solamente bienes sino que esté colmado, es decir que tenga en abundancia. ¿Cree que vale la pena darle gracias a Dios por lo que nos da? Vale la pena. Lo que Jesús prohíbe no es la prudencia que prevé el futuro a fin de tomar las decisiones y las medidas necesarias, para responder oportunamente a sus demandas. Prohíbe Jesús el angustiarse por el mañana, antes de saber qué nos traerá el mañana. Prohíbe el temor ansioso, enfermizo que es capaz de eliminar toda posibilidad de gozo en la vida.
Escuche

La fe viene por el oir…