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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Triste es sufrir lo que otros sufren o han sufrido para ponernos en su lugar. Jesús estableció un principio clave para los cristianos, porque nos gusta que nos traten como queremos ser tratados. Pero muchas veces no tratamos a los demás como desean ser tratados. Si abre su Biblia en el libro de Mateo 7:12, usted va a encontrar ahí una actitud que cambia vidas, generalmente se le conoce como la regla de oro. Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas.Así que en todo”, esto tiene que ver con cantidad. En todo momento, en todo lugar, no solamente en la Fráter, no sólo en la calle. “Tal y cómo”,esto no implica cantidad, implica calidad. La Regla de oro no fue inventada por Jesús, de hecho se conocía con anterioridad, pero Jesús le dio un giro total. La regla de oro conocida decía “No haga a los demás, lo que no quiere que ellos le hagan a usted”, lo ponía en forma negativa, un rabí que se conoció con el nombre de Gilel, uno de los dos rabinos más influyentes en la época de Jesús. Y dijo alguien “lo que te parezca odioso, no se lo hagas a los demás”. Pero Jesús viene y hace algo aún más demandante de sus discípulos y lo que les dice es lo siguiente: “Traten a los demás, tal como quieren ustedes ser tratados”. El punto es el siguiente: es más demandante porque no nos dice: no hagan daño, el Señor nos dice: ayuden al que está sufriendo daño. No nos dice: No le peguen un golpe en la cara a alguien, nos dice: auxilien al que ha sido golpeado. Y nos invita a no dejar de hacer el bien nada más, no dejar de hacer el mal nada más, sino hacer el bien. Esa es la diferencia. Yo le pregunto ¿Cómo sería el mundo si nosotros tratáramos a todos los demás como queremos ser tratados? El tránsito a los 6 de la mañana, ¡que belleza esta Guatemala! Usted va a entrar a la calle principal y escucha un reñido. Tiene que cruzar y el grosero no se da cuenta que va a cruzar y no se detiene. No, él se mete a su parada. Y cuando usted pasa todavía le dice: que Dios le bendiga, que tenga un buen día. ¿Cómo sería su mundo si usted tratara a los demás como ellos quieren ser tratados? El mundo entero sería un lugar digno para vivir. Aún aquí, hoy, tal vez antes de entrar a usted  se le salió el apellido y tal vez le gritó a uno de los servidores. Porque yo he visto algunos. A veces no tratamos a los demás como deseamos ser tratados. Esta semana que nos tocó hacerle frente a la enfermedad de mi suegro, que gracias a Dios les cuento, está vivo, ya salió el jueves del hospital. Y en el banco hay que pagar y yo pregunté si cobraban intereses y me dijeron que no, que bueno. Eso sí, aceptamos un solo pago. Así que viendo como se pagaba, llamo el jueves con el encargado de seguros del hospital y le dijo que me prepare la cuenta. Llamo a algunos doctores para que pasen a dejar sus honorarios, porque los pasan de último para que usted ya no les hable. Llego en la tarde y no está nada listo. Yo estaba, según yo, tranquilo, pero mi cuerpo no estaba tranquilo. Quise decirle algo, pero me puse a pensar y me dije: ¿Cómo me gustaría ser tratado? Porque eso es lo interesante de estudiar la Palabra de Dios, porque uno cambia. O está pensando en la Palabra y meditando en ella como el Señor nos enseña. Yo decía: pobre cuate, siempre lo miro aquí. Después llamé directamente al seguro, porque el pobre estaba sufriendo. Y me cuentan que es nuevo. A un trabajador nuevo téngale misericordia. ¿Cómo sería el mundo? Me doy cuenta que mi matrimonio no sólo afecta a mis hijos, afecta a los hijos de mis amigos, afecta a todo el círculo de personas que se relacionan conmigo. Por eso la Fráter es una iglesia cristiana para la familia, porque queremos que la familia sea el fundamento de la nación y si la familia está bien, la nación va a estar bien. Porque si en la familia estamos contentos, un hijo está tranquilo, una esposa está tranquila y si hay amor y comprensión todo marcha bien. La familia es el fundamento de la nación, pero el matrimonio es el fundamento de la familia. Todo secuestrador, todo asesino, todo haragán, todo sinvergüenza tuvo papás. En alguna forma fallaron en influenciar a sus hijos, y por eso yo creo que nosotros debemos esforzarnos por nuestro matrimonio, porque si algo está atacando al mundo y destruyéndolo es la ruptura de matrimonios. Eso hace pedazos a cualquier hijo, hace pedazos a cualquier esposo. Y tal vez usted ya está divorciado y dice: ¿a mí para qué me sirve este tema? Si, porque usted puede evitar que los demás pasen por lo que usted ya pasó. Tal vez usted dirá, Pastor yo ya soy viudo, pero use su experiencia para formar a la siguiente generación. El Señor dice “Así que traten a los demás tal y como quieren ustedes que ellos los traten a ustedes”. Es nuestra responsabilidad como esposos, como esposas leer un poco del sexo opuesto, porque somos diferentes en la forma de pensar. El hombre piensa en una sola cosa, las mujeres son como una computadora y tienen hasta ocho ventanas abiertas simultáneamente. Las mujeres tienen la capacidad de pensar en muchas cosas a la vez, o por lo menos lo tienen presente. Y cuando una mujer nos sale con una cosa que no tiene que ver con el tema, en el lugar, es porque hay algo que le preocupa. Entonces usted tiene que decirle: amor, entiendo tu sentimientos. Cuando uno reconoce los sentimientos de la pareja, entonces todo marcha de maravillas. La palabra romanticismo tiene significados muy diferentes, es la misma palabra, pero el hombre piensa en una cosa y la mujer en otra. ¿Ha visto a su esposo como que anda irritado y le contesta mal? ¿Ha visto a su esposa y la ha sentido un poco fría y pesada, sin motivo aparente? Tal vez tiene que ver con la palabra romanticismo. Romanticismo para una mujer es lo siguiente: Recibe una llamada y ella contesta -¿Qué pasó? - Sólo te llamaba para decirte que te amo-. Y del otro lado dice: -¿Te diagnosticaron cáncer? -No mi amor, solamente para decirte que te quiero y para contarte que ya arreglé que los niños se queden con fulano de tal hoy en la noche. Vamos a tener una anoche especial. Arreglate mi amor. -Tan lindo, vaya mi amor –contesta-. Luego se escucha un grito en la casa. Y no ha terminado de gritar y ya está marcando el teléfono de su mamá para contarle: -¡Mamá!  -Sigue gritando-. Y le cuenta la invitación. Comenta cómo se va arreglar. En la noche llega el esposo y la encuentra muy bien arregladita, le abre la puerta del carro, se van al restaurante. Se sientan en la mesa que tiene la mejor vista de la ciudad y le toma la mano, la acaricia. Vuelven a la casa. Se acuestan, ella se vuelve al rincón a dormir. El esposo se voltea para el otro lado y dice: -Gracias Señor por mi esposa. Esa mujer ha recibido lo que necesitaba. Una esposa necesita que suplan sus necesidades emocionales. Con eso basta. En el caso del hombre es diferente, no es que no le guste todo lo que les dije. Uno disfruta el compartir con su esposa. Pero a veces uno no se siente completo si solamente hay eso. Uno también quiere intimidad física, sexual, porque esa es la forma de decirle: te amo. Créame señora, usted no tiene un animal en casa., como algunos piensan. Usted tiene a un hombre normal y bien machito, gracias a Dios. Trate bien a su esposa en el área emotiva. Sea detallista y entonces no va a andar amargado sin razón. Y usted trate a su esposo con amor. Créame, nunca dude si su esposo quiere estar con usted físicamente, sexualmente hablando, siempre quiere estar con usted. Ámelo, porque si usted le es indiferente, en ese momento el esposo se siente rechazado y herido y usted se preguntará ¿por qué anda tan bravo éste, si le hago buena comida, le tengo sus camisas planchadas, lo trato bien? Pero  él está lastimado. Y es un ciclo, como está lastimado, la trata mal. En la noche le soba la espalda y como sabe que eso tiene un precio y si usted se hace la dormida, eso provoca distanciamiento, hasta provocar un abismo entre los dos y todo se acaba. Somos diferentes en la forma de hablar y de comunicarnos. Un hombre sí le gusta hablar, pero sólo si le interesa y de forma puntual. A los hombres les gusta hablar, pero de lo que les interesa y de forma puntual. La esposa le pregunta: -¿Cómo te fue en el trabajo mi amor? La respuesta del esposo es: -Bien. Ella luego -Contame -le responde ella-, no puede ser que en todo el día no hayas hecho nada. “Bien”, resumen diez horas. Las mujeres no. Mi amor ¿cómo te fue hoy? Pregunta mortal. Y empieza la mujer a revelar aquel rollo. Mi amor, llegamos a la empresa y Juanito,  el guardián, no estaba. Estábamos todos a las ocho menos diez afuera y te prometo que le pedíamos a Dios que el jefe no apareciera, porque le iba a caer. Y luego entra en detalle de todo lo que hicieron en ese corto tiempo. Y en el día El largo tiempo de la narración puede crear conflicto, porque uno como hombre se desespera. No todos son iguales, algunos son la excepción, pero la mayoría nos desesperamos cuando nos revelan su rollo. Y las mujeres son buenas para hablar, tienen el don del güiri-güiri, entonces también se complica, porque uno como hombre también quiere hablar de cosas importantes y quiere que su esposa lo oiga. Fíjese bien, usted entra a una reunión de mujeres y pone un decibelímetro, que mide la intensidad del volumen en un lugar como acá, aparece en la pantalla auxilio, auxilio. Hablan quince mujeres a la vez y todas entienden quince temas diferentes, simultáneamente. Tratar a la pareja como queremos ser tratados, implica que usted a su esposo, señora, lo va a escuchar. Aunque le hierba la lengua, y va a reconocer sus sentimientos. Tratar a nuestras parejas como deseamos ser tratados como ella quiere ser tratada es escuchar. A mí todavía me irrita que me interrumpan, porque las mujeres tienen ese don. ¿Sabe que hago ahora? Mejor cierro el libro y la miro y la oigo. He logrado que me  esposa me diga: ahora siento que me entendés. Somos diferentes y esos pequeños detalles o nos unen o esos pequeños detalles nos dividen y nos separan y nos alejan del uno al otro, al punto que paramos separándonos y cuando vemos la semilla, tan pequeña, creció y se convirtió en una Ceiba que destruyó nuestro matrimonio. Somos diferentes en cuanto al amor. El día en que nos paramos ante el altar y nos declararon marido y mujer, uno como hombre dice: Esta mujer me ama. Y a partir de ese día, sabemos que nos ama y que ahí  va a estar, si es nuestra mujer, si es nuestra esposa. Las mujeres no son así. La mujer está en la casa y se pregunta: ¿Será que todavía me ama? Y por eso hacen esa pregunta que la mayoría de hombres nos saca de onda. Mi amor, ¿me amás? Algo así como ¿no te di para el gasto pues? Mi amor ¿me querés? Mi amor, hace 23 años te lo dije en el altar ¿Sabe qué necesita una esposa? Afirmación constante de que uno la ama, porque una esposa siempre está luchando en su mente ¿será que todavía me encuentra atractiva? ¿Será que todavía me ama? Dígale, tómela de la mano antes de irse y dígale, te quiero con todo mi corazón. Clávele un buen beso y le da un buen abrazo y esa mujer se queda feliz, porque ha sido afirmada en su amor. De vez en cuando llámela al teléfono para decirle que la ama. Un hombre lo que necesita es respeto, que le reconozca sus méritos. Una mujer necesita afirmación de amor, un hombre necesita muestra de respeto. Muchas veces estamos durmiendo juntos, pero no nos sentimos conectados. Muchas veces cumplimos nuestro sueño de casarnos con la mujer de nuestra vida, pero hay que preguntarse si la estamos tratando como el sueño de nuestra vida. Porque hay cosas que no nos gustan de nuestra pareja,  pero hay que acariciarla, besarla, tomarle de la mano, porque si tiene el sueño de su vida merece que la trate como lo que es. El mensaje no es para que usted se pelee. Cuando uno se pone a ver quien tiene la razón, ya perdió la batalla. Porque siempre que alguien gana la batalla y el otro la perdió, ya están separados. Aquí el punto es, ni lo diga, usted sabe, empieza  una desgracia, usted lo sabe, solo cambie. Créamelo. Su pareja, sus hijos, sus amigos, la nación se lo van a agradecer y usted va honrar a Dios nuestro señor.
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La fe viene por el oir…