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Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Es muy importante entender que hemos sido creados  para la gloria de Dios y que vivemos para la gloria de Dios. Cuando venimos a este mundo venimos desnudos y que cuando nos vamos, nos vamos vestidos, pero sin nada. ¿Sabe que la vida del hombre no consiste en los bienes que posee? No se trata de tener más para ser felices.

“El aviador”, es una película biográfica que trata sobre la vida del multimillonario Howard Hughes,  a quien  con una fortuna de 2300 millones de dólares una vez le preguntaron si era feliz y su respuesta fue que no. A Paul Getty, el multimillonario, le oyeron decir que “daría todo por un matrimonio feliz”.  Déle gracias a Dios por su matrimonio feliz. Usted no tiene los millones que tiene él, pero sí tiene un matrimonio feliz. Otro millonario, John D.Rockefeller, ante la pregunta de cuántos millones tenía dijo, el siguiente, el siguiente Y esa es la mentalidad humana, el ser humano puede tener un millón pero quiere otro, puede tener un par de zapatos, pero quiere otro. Puede tener un bonito traje, pero quiere tener otro. Una bonita blusa pero quiere tener otra. Un bonito reloj, pero quiere otro, por eso cada día tenemos más problemas financieros, por eso el mundo está lleno de deudas, está endeudado, porque uno de los grandes enemigos de nuestras finanzas es la codicia, que es desear lo que otro tiene, pero también es la avaricia que es el deseo desordenado por poseer riquezas para atesorarlas.

¿Ha entrado usted a una casa que aunque es amplia cuesta caminar en ella? Porque tienen muchos muebles, mucha ropa, muchas cosas. Qué importante es que nosotros entendamos que  las cosas que Dios nos da no son solamente para atesorarlas. La sed del dinero tiende a ser una sed insaciable, siempre se desea un poco más. El deseo de riqueza se fundamenta en el deseo de seguridad: en cuánto más tenga, más seguro estaré y más comodidad puedo tener. El deseo de dinero tiende a ser egoísta al hombre, estimula el espíritu competitivo. El deseo de dinero termina con preocupaciones, ansiedades y con el temor de perder lo que se tiene. Cuándo usted más tiene, más preocupado está de perder lo que tiene. Por eso Salomón, el hombre más rico, de la historia en el mundo, nos enseña grandes verdades y nos dice que es mejor un puño lleno con paz y tranquilidad, que ambos puños con trabajo, con angustia”. Tener más no significa ser más feliz. Desear más nos obliga a gastar más.

Practicar la avaricia solamente nos hace sufrir las consecuencias de uno de los males humanos que Jesús hace mención en Marcos 7:21 y 22: Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios. Todo ese lo vemos como escandaloso, un homicidio ¡qué bárbaro! Un ladrón ¡qué bárbaro! Versículo 22 dice: la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad.23 Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona. Tanto como el homicidio, tanto como el adulterio. Así que si usted no ha matado a nadie, usted no ha adulterado, no ha robado, pero es un avaro tiene el mismo pecado.

Vi el reportaje de una mujer que tiene el deseo compulsivo de comprar, por lo general comprar cosas de costura y tiene en su casa habitaciones repletas con telas, frascos llenos de botones, de agujas y de muchas cosas más, y siempre compra más, le preguntaba el reportero, ¿señora, piensa que va a usar algo de esto? No, pero me gusta comprar –responde-. Eso es avaricia. ¿No será eso lo que tenemos cuando vamos al closet y encontramos ropa nueva que no usamos, porque seguimos usando la misma ropa vieja? Si usted no usa lo que tiene, si usted no aprovecha lo que tiene, quizá usted está lidiando con este tema que se llama avaricia o sea ese deseo desordenado de poseer cosas, para atesorarlas. Jesús en Lucas 12:13 nos toca este tema dándonos una historia, la historia de un hombre rico. Dice: 13 Uno de entre la multitud le pidió: —Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo. 14 —Hombre —replicó Jesús—, ¿quién me nombró a mí juez o árbitro entre ustedes? 15 » ¡Tengan cuidado! —advirtió a la gente—. Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes. No es por tener más pares d e tenis, por tener más casas, más carros que vamos a vivir mejor.

16 Entonces les contó esta parábola: —El terreno de un hombre rico le produjo una buena cosecha.17 Así que se puso a pensar: “¿Qué voy a hacer? No tengo dónde almacenar mi cosecha”. Ahí empieza el problema del ser humano, por su deseo de almacenar, y subraye los pronombres personales posesivos. Ahí dice mi cosecha. No incluyó a su esposa, porque no era nuestra cosecha, ni a sus hijos, ni a los socios, ni a nadie. 18 Por fin dijo: “Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes, donde pueda almacenar todo mi grano y mis bienes.19 Y diré: Alma mía, ya tienes bastantes cosas buenas guardadas para muchos años. Descansa, come, bebe y goza de la vida.” 20 Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?”.

Se quedarán con todo lo que ha acumulado el yerno, la nuera, la suegra, el hijo, la hija, el abogado, el Estado, el pariente sinvergüenza. Siempre habrá alguien que se quede con lo que uno ha acumulado. Usted pasa toda una vida pasando apreturas, pasa toda una vida pasando hambre, pasa toda una vida  dejando de comprar y ponerse, pasa toda una vida dejando de pasear, deja toda una vida dejando de comer adecuadamente,  dejando toda una vida dejando de estudiar. Pasa toda una vida sacrificando a su familia  y sacrificándose usted, con tal de acumular.

Esto no está en contra del ahorro –de eso vamos a hablar dentro de algunas semanas-. El ahorro es algo importante, hay que usar racionalmente lo que tenemos, no desperdiciar. Estoy tratando de darles a conocer  los peligros de la avaricia. El versículo 21 dice: »Así le sucede al que acumula riquezas para sí mismo, en vez de ser rico delante de Dios. Dios no es egoísta, por eso los hijos de Dios no debemos ser egoístas, tenemos que ser filántropos, tenemos que ser dadores, tenemos que ser generosos. El problema en el mundo es que hay países, hay corporaciones y hay personas que acumulan mucho para sí mismos en vez de ser ricos delante de Dios. ¿Cómo podemos ser ricos delante de Dios? Compartiendo lo que tenemos.

Si usted tiene mucho dinero, abra una empresa y déle trabajo a otros y págueles lo justo y si puede un poco más de lo justo. Sea una persona que piensa no para sí mismo sino para los demás. En vez de egoísmo practique el altruismo y comparta con otros lo que tiene, empezando con su propia esposa y sus propias necesidades de salud o personales. El problema no es la riqueza sino el cien por ciento de afán por ser rico y cero por ciento de afán por ser rico para con Dios. Si nos afanáramos por ser ricos para poder ser ricos para con Dios, fabuloso. Si este hombre hubiera dicho: tuve una buena cosecha, ya no me cabe en mis propios graneros, pero no importa, voy a vender barato a otros todo lo que tenga de extra, por lo menos voy a ayudar a aquellos hermanos que han sufrido problemas en la Unión, Zacapa, voy a ayudar a aquellos que están pasando penas en Jocotán. Voy a ayudar a las Jornadas de Fraternidad Cristiana que cada mes se van a ayudar a los más pobres y necesitados y les llevan medicinas gratis, ropa gratis, comida gratis, consulta gratis. Usted puede hacer muchas cosas con lo que tiene.

Qué difícil es para algunos compartir. En 1 Timoteo 6:17-19, este es un consejo para usted, dice Pablo  A los ricos de este mundo, mándales que no sean arrogantes ni pongan su esperanza en las riquezas, que son tan inseguras, sino en Dios, que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos. Mándales que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, y generosos, dispuestos a compartir lo que tienen. De este modo atesorarán para sí un seguro caudal para el futuro y obtendrán la vida verdadera.

El que siembra, cosecha. Y el que da, recibe. Por eso usted cuando mire a un hermano, aunque esté mal emplasticazo salúdelo, porque usted no sabe si es Bill Gate disfrazado, usted sea amable, no se deje impresionar por las apariencias, porque a veces la gente anda muy bien vestida, pero deben hasta el modo de andar, no tienen. Por eso usted debe ser amable y siembre de lo que Dios le da. Aquí hay hermanos súper generosos, podríamos pasar contándonos muchas historias: dos hermanos de la congregación tenían listo el acta de divorcio y un amigo de ellos les dijo que él sí ponía un centavo por ellos y pagaría la totalidad de un retiro de matrimonios, Se fueron y en desarrollo del retiro Dios obró sobre ellos de tal manera, que rompieron el acta de divorcio. Ahora le están sirviendo al Señor. ¿Valdrá la pena? Los mejores dos mil quetzales invertidos de este hermano.

Por eso nos dice: “Mándales que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras y generosos dispuestos a compartir lo que tienen, de este modo asegurarán para sí, un seguro caudal para el futuro y tendrán la vida verdadera”. “Echa tu pan sobre las aguas, dice Salomón, porque a su tiempo lo encontrarás”. Esa es la pura verdad, alguien dijo “perdí lo que guardé,  tengo lo que he dado”. La riqueza no es un pecado, es una responsabilidad y tiene que ser usada para ayudar y confortar a otros, por eso dice la Biblia  “Es más bienaventurado dar que recibir, hay más dicha en dar que en recibir”. Séneca, famoso pensador griego dijo: “No puedes llevarte del mundo más de lo que has traído a él. Construye un ser, un carácter, un alma”.

Así que es mejor que lo que Dios nos da alo disfrutemos, lo compartamos y ataquemos de esa manera la avaricia. Proverbios  19:17 Servir al pobre es hacerle un préstamo al Señor; Dios pagará esas buenas acciones. Proverbios 28: 27, todo esto lo escribe Salomón el más rico de su época, dice: El que ayuda al pobre no conocerá la pobreza;  el que le niega su ayuda será maldecido. Proverbios 11: 24 y 26 24 Unos dan a manos llenas, y reciben más de lo que dan;  otros ni sus deudas pagan, y acaban en la miseria. 25 El que es generoso prospera;  el que reanima será reanimado. 26 La gente maldice al que acapara el trigo, pero colma de bendiciones al que gustoso lo vende. Proverbios 28:22: El tacaño ansía enriquecerse, sin saber que la pobreza lo aguarda. Pablo dice: “Sé lo que es estar en escasez, sé lo que es estar en la abundancia”.

No necesariamente usted tiene que ser un millonario para ayudar a un pobre, porque siempre habrá uno más pobre que usted. Siempre hay otro más necesitado que usted. No espere a tener grandes cantidades para poder ayudar, use lo que tiene, como aquel muchacho que tenía cinco panes y dos peces. Era todo lo que tenía, pero los puso en las manos del Señor, el Señor los bendijo, se los dio a sus discípulos y ellos empezaron a repartirlos y la Biblia enseña que comieron cinco mil hombres y quién sabe cuántos miles de mujeres y de jóvenes.

La avaricia es uno de los más grandes enemigos. Queremos prosperar, seamos generosos. Ataquemos la avaricia con la generosidad. Liberémonos de la mentalidad de esclavos y empecemos a pensar como personas libres, porque a veces no es los que tenemos lo que nos hace generosos, sino la determinación de dar, y cuando determinamos dar el Señor provee. Cuando Dios da una visión, siempre da una provisión. Cada vez que nosotros buscamos cómo ayudar a alguien, Dios nos da cómo ayudar, nos provee cómo ayudarlo. Es importante practicar la generosidad, ser ricos para con Dios, por eso es que diezmamos, ofrendamos, damos promesas de fe, compartimos con los más necesitados, parte de lo que Dios nos da.

Escuche

La fe viene por el oir…