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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

La crisis económica global nos obliga a pensar de acuerdo a las Sagradas Escrituras, para vencer a los enemigos de nuestras finanzas, pero antes debemos dejar claro que Dios quiere que prosperemos y que nos vaya bien en todas las cosas, y sin embargo, ¿por qué nos va mal en las finanzas, por qué no tenemos abundancia, por qué estamos en escasez, por qué estamos endeudados? Por eso es importante reconocer a los enemigos de nuestras finanzas, para que así podamos enfrentarlos con poder, con determinación y salir adelante en nuestras propias batallas financieras.

El principal enemigo de nuestras finanzas es aquel que se propone ser un ladrón y robarnos lo que tenemos. Todos sabemos lo que es sufrir el robo. Que nos quiten un vehículo, que nos roben una billetera, que nos quiten un reloj, que se roben una herencia. Eso es muy común. Pero entre todos los ladrones que existen, entre todos aquellos que usted conoce, hay uno que es el principal de todos. Hay uno que es especialista en robar y ese es el que se menciona en el Evangelio según Juan 10:10 El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. La voluntad de Jesús es que nosotros tengamos una vida en abundancia, pero el ladrón viene a robarnos esa vida que Él nos da.

¿Cómo logra quitarnos la prosperidad, la abundancia? Funciona mucho en nuestra mente, funciona mucho en nuestro corazón, nos roba los ideales, nos roba la fe, nos roba la esperanza, nos roba la semilla -la Palabra de Dios- sembrada en nuestro corazón. Por eso usted debe estar alerta, no sólo cuidar su billetera sino cuidar que de su corazón no le robe las promesas que Dios tiene para usted.

El ejemplo lo dio Jesucristo en el Evangelio según Lucas 8:4 en adelante dice Jesús en esta parábola tan famosa: De cada pueblo salía gente para ver a Jesús, y cuando se reunió una gran multitud, él les contó esta parábola: Un sembrador salió a sembrar. Al esparcir la semilla, una parte cayó junto al camino; fue pisoteada, y los pájaros se la comieron. En la interpretación de la parábola,  Jesús dice que la semilla es la Palabra de Dios y nosotros somos la tierra. Ahí hay cuatro clases de tierra, pero ahora vamos a ver solamente la primera, esa que está junto al camino, donde la semilla -la Palabra de Dios- cae, pero es pisoteada, menospreciada y además los pájaros vienen se la comen y se la llevan. Si usted continúa leyendo, en el versículo 12, dice: Los que están junto al camino son los que oyen, pero luego viene el diablo y les quita la palabra del corazón, no sea que crean y se salven. Ahí es donde usted debe tener mucho cuidado, porque si el diablo le quita del corazón la Palabra, usted ya no va a tener semilla que crezca y produzca fruto. Usted se va a convertir en una persona incrédula, por eso hay personas que están totalmente convencidas que tienen que ser pobres. Hay quienes están convencidos que deben morir de una enfermedad y la Biblia nos enseña otra cosa. La Biblia nos enseña que Jesucristo es el mismo de ayer, de hoy y por todos los siglos y que Él tiene poder para sanar nuestras enfermedades.

Cuando el diablo nos quita esa semilla nos quedamos sin fe y la Biblia dice que sin fe es imposible agradar a Dios. Porque es necesario que al que a Dios se acerca crea que Dios existe y que es galardonador de los que le buscan. Por eso es importante, no solamente oír la Palabra de Dios, sino guardarla en nuestro corazón, para que el diablo no nos robe esa fe en la Palabra de Dios. Dios dice que nosotros “al meditar en su Palabra de día y de noche seremos como árboles plantados junto a corrientes de agua que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae y todo lo que hace prosperará”. Esa es  la promesa de Dios en el Salmo 1, pero el diablo nos roba la Palabra, pero el versículo 15 de Lucas 8 dice: Pero la parte que cayó en buen terreno son los que oyen la palabra con corazón noble y bueno, y la retienen; y como perseveran, producen una buena cosecha.

Dos acciones  hay que son importantes. Una es retener la Palabra. Es más, levante la mano derecha y diga conmigo: “en el nombre de Jesús, yo retengo la Palabra que me es sembrada en el corazón”. No la suelte, no se la deje al diablo, no se deje arrebatar las promesas de Dios, porque Dios ha prometido para usted cosas grandes, cosas hermosas, vida en abundancia. Pero el diablo quiere quitarle esa semilla, para que usted sea una persona víctima de las circunstancias, víctima de la crisis global, víctima de la duda. Nosotros hemos aprendido que fe es llamar a las cosas que no son como si fueran, y por eso es que nosotros por fe somos salvos, por fe tenemos vida eterna,  por fe tenemos vida en abundancia, porque creemos en las promesas de Dios.

Y la otra es persevere. Hay quienes son llamarada de petate o llamarada de tusas. Arrancan con mucho entusiasmo, pero luego abandonan. La vida cristiana es una vida de perseverancia, por eso Jesucristo dijo: “El que persevere hasta el fin, ese será salvo”. No basta con comenzar, hay que perseverar. No es suficiente con iniciarse en la vida cristiana, es importante perseverar. Persevere, no tire la toalla. Quizá usted está a punto de quedar noqueado, porque le ha dado un gancho de derecha el banco y lo dejó sin nada. Le ha dado otro gancho de izquierda la financiera y le remató su casa. Pero yo le vengo a decir hoy: No tire la toalla, porque el Señor está listo para rescatarlo, para liberar sus finanzas. Hay poder en el nombre del Señor para salir adelante en medio de la adversidad.

Así que el primer enemigo que debemos atacar es al diablo, y cuando le empiece a meter dudas, dígale mentiroso, Jesucristo es verdad, “es el camino, la verdad y la vida”. Él cumple su Palabra. Dios no miente. El hombre es mentiroso, usted tiene razón porque tiene uno que le ha mentido, o tiene en el corazón el recuerdo de aquel que le ha mentido, pero Dios no miente, el que miente desde el principio es el diablo, y por eso quiere robarnos la Palabra de Dios.

El segundo enemigo a vencer es usted mismo. Amado Nervo decía: “Cuando sembré rosales, coseché siempre rosas…he llegado al final de mi duro camino a entender que yo fui el arquitecto de mi propio destino”. Así que de usted depende, porque si deja que el diablo le robe la semilla, se arruinó. Y si teniendo la semilla en su corazón, viendo las promesas de Dios en la Palabra, usted no obedece será el culpable de su propio fracaso. Nosotros muchas veces fracasamos, porque desobedecemos la Palabra de Dios. Santiago dice que hay que ser no solamente  oidores de la Palabra sino hacedores. Ponga en práctica la Palabra del Señor.

Abra la Palabra de Dios en Deuteronomio 8:1-10 y se va dar cuenta de las grandes verdades que tenemos aquí. Se va a dar cuenta de lo que Dios promete a su pueblo Israel, también promete bendecirnos a nosotros. »Cumple fielmente todos los mandamientos que hoy te mando, para que vivas, te multipliques y tomes posesión de la tierra que el Señor juró a tus antepasados. Tome nota en este pasaje las veces que el Señor nos recuerda que debemos cumplir fielmente todos los mandamientos. Recuerda que durante cuarenta años el Señor  tu Dios te llevó por todo el camino del desierto, y te humilló y te puso a prueba para conocer lo que había en tu corazón y ver si cumplirías o no sus mandamientos.

Tome nota que Dios ha tomado a Israel con una mentalidad de esclavo. El esclavo piensa en que no tiene iniciativa, que no tiene libertad, que no tiene recursos, porque es esclavo, está oprimido, hace lo que dice el jefe, el faraón, está para hacer adobe de día y de noche. Para batir lodo y para hacer ladrillos. La mentalidad de esclavo del pueblo de Israel, tenía que cambiarse. Estaba acostumbrado a cumplir los mandamientos pero del faraón. Faraón les había dicho: Usted va a ser esclavo, su hijo va a ser esclavo y cuando su nieto nazca también va a ser eslavo. Muchos de nosotros pensamos así, mi papá fue pobre por lo tanto yo debo ser pobre, mi hijo tiene que ser pobre. Pero aparece Cristo en el camino, de esa familia de pobres, y les dice yo vengo para sacarlos de Egipto, yo vengo para sacarlos de esa esclavitud, de esa opresión, de esa pobreza y vengo para trasladarlos a un estilo de vida nuevo, un estilo de vida diferente, los llevo a la tierra prometida, donde ustedes van a tener abundancia.

De la mentalidad de esclavos a la mentalidad de libres. Somos libres en Cristo, somos libres de todo temor, de toda atadura. De toda pobreza. Soy libre en Cristo. No les enseñe a sus hijos la mentalidad de esclavos, enséñeles la mentalidad de príncipes. Pedro dice que nosotros somos real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, mi papá es el Rey de reyes. Saque el pecho, levante la cabeza, camine como si fuera rey, usted es el hijo del Rey de reyes. Usted no es esclavo, usted es libre y por eso me encanta lo que nos enseña la Biblia, Israel 400 años de esclavos y ahora en el desierto, durante cuarenta años. Dios les está cambiando su mentalidad para ser un pueblo libre.

Nosotros vivimos por la Palabra del Señor. Lo que sale de la boca del Señor es su Palabra y cuando dijo Dios hágase la luz, la luz fue hecha y cuando Dios dije  sé libre, usted es libre. Y cuando Dios dice sé sano, usted es sano. Y cuando Dios dice sé prosperado, usted es prosperado, porque vivimos por lo que sale la boca del Señor, no de lo que sale de la boca de los periódicos o de los noticieros o de los informes financieros. El pueblo de Israel dice que por cuarenta años usó ropa que no se le gastó. Lo imposible Dios lo hace posible. Además dice: Reconoce en tu corazón que, así como un padre disciplina a su hijo, también el Señor tu Dios te disciplina a ti. Cumple los mandamientos del Señor tu Dios; témelo y sigue sus caminos. Porque el Señor tu Dios te conduce a una tierra buena: tierra de arroyos y de fuentes de agua, con manantiales que fluyen en los valles y en las colinas; tierra de trigo y de cebada; de viñas, higueras y granados; de miel y de olivares; tierra donde no escaseará el pan y donde nada te faltará. ¡Siempre que se cumplan sus mandamientos!

Las promesas del Señor son condicionales, si tú haces esto, Dios te hace aquello. Si tú cumples esto, Dios cumple lo otro. Por eso es importante saber cuáles son las reglas del juego. Sigamos »Cuando hayas comido y estés satisfecho, alabarás al Señor tu Dios por la tierra buena que te habrá dado. Pero ten cuidado de no olvidar al Señor tu Dios. No dejes de cumplir sus mandamientos, normas y preceptos que yo te mando hoy. Y cuando hayas comido y te hayas saciado, cuando hayas edificado casas cómodas y las habites, cuando se hayan multiplicado tus ganados y tus rebaños, y hayan aumentado tu plata y tu oro y sean abundantes tus riquezas, no te vuelvas orgulloso ni olvides al Señor tu Dios, quien te sacó de Egipto, la tierra donde viviste como esclavo.

He conocido personas que han venido al Señor como vino Israel: esclavos. Esclavos del vicio, esclavos del pecado, esclavos de sus acreedores, endeudados, peleando entre esposos, porque cuando el dinero sale por la ventana, el amor sale por la puerta principal. Y se dan problemas. El Señor al sembrar Su Palabra en ellos los liberta, los transforma. Empiezan a salir de sus deudas, empiezan a salir de sus conflictos familiares, empiezan a prosperar, ya no vienen a pie, no alquilan, tienen bienes, propiedades, diversiones. Entonces viene a darse un fenómeno muy humano y muy lamentable. ¿Sabe cuál es ese fenómeno? Empiezan a sacar del trono a Jesús y poner en el trono a ese enemigo del cual les hablaba antes. Ese enemigo soy yo. Me vuelvo yoyo, yo soy muy inteligente, yo soy muy trabajador, yo soy muy esforzado, yo soy el que construyo esta casa. Yo soy muy bueno. Y en el trono desaparece Jesús y empieza a nacer un nuevo dios que se llama san Yoyo. Y ahí está san Yoyo ocupando el lugar que le corresponde al Señor.

La Biblia dice que Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes. La grandeza está en la sencillez. No se vuelva orgulloso, porque yo he visto a algunos que hoy tienen 82 millones y mañana no los tienen. Eso pasa, pasa en los mejores congresos. Dice entonces el versículo 15 El Señor te guió a través del vasto y horrible desierto, esa tierra reseca y sedienta, llena de serpientes venenosas y escorpiones; te dio el agua que hizo brotar de la más dura roca; en el desierto te alimentó con maná, comida que jamás conocieron tus antepasados. Así te humilló y te puso a prueba, para que al fin de cuentas te fuera bien. No se te ocurra pensar: “Esta riqueza es fruto de mi poder y de la fuerza de mis manos.” Recuerda al Señor  tu Dios, porque es él quien te da el poder para producir esa riqueza; así ha confirmado hoy el pacto que bajo juramento hizo con tus antepasados.

Levante su mano derecha y diga conmigo: Señor gracias porque tú me das el poder para producir la riqueza. Sigamos en el v. 19 »Si llegas a olvidar al Señor tu Dios, y sigues a otros dioses para adorarlos e inclinarte ante ellos, testifico hoy en contra tuya que ciertamente serás destruido. Si no obedeces al Señor tu Dios, te sucederá lo mismo que a las naciones que el Señor irá destruyendo a tu paso. Las naciones son destruidas porque se olvidan del Señor. Nosotros somos destruidos porque nos olvidamos del Señor, se nos olvida cumplir sus mandamientos. Hay una cita bíblica que está en Malaquías 3:10 que dice: »Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto —dice el Señor Todopoderoso—, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde. Yo quiero bendiciones hasta que sobreabunde, él quiere bendición hasta que sobreabunde, ella quiere bendición hasta que sobreabunde. Nosotros queremos bendición hasta que sobreabunde ¿Cuál es la condición? Leamos Malaquías, debemos traer integro el diezmo para los fondos del templo.

Conozco a personas que Dios las sacó de la esclavitud y las puso en abundancia y no diezman. ¿Saben qué es lo que argumentan? Que tienen su propio fondo de administración de necesidades. “Yo junto el diezmo y cuando viene un pobre yo le doy del diezmo y cuando viene un amigo necesitado yo le doy del diezmo y cuando tengo una familia con problemas yo le doy del diezmo”. No salude con sombrero ajeno. El diezmo no es suyo, usted tiene que diezmar  gane lo que gane, de lo contrario se convertirá en uno de esos que dice la Escritura en Malaquías 3:8-9. Usted no dispone de su pago del Impuesto sobre la Renta y se lo va a dar al familiar necesitado. Si usted lo hace va tener problemas con la SAT. Usted no dice hoy no voy a pagar a la empresa eléctrica por un año, mejor se lo doy a mi amigo que tiene problemas. Usted sabe que lo de la Empresa Eléctrica lo tiene que pagar o le cortan la luz. Usted sabe que lo de la SAT lo tiene que pagar o le cortan la libertad, ¡pero usted se está quedando con lo de Dios! Y luego se pregunta ¿por qué siempre estoy enfermo, por qué siempre estoy con amenazas, por qué siempre estoy infeliz, por qué siempre tengo problemas? La razón es clara: el enemigo es usted, usted mismo por no obedecer el mandamiento del Señor.

Escuche

La fe viene por el oir…