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Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Las circunstancias en la vida a veces nos hacen sentir miedo, miedo de distintas clases, miedo porque estamos llegando a la vejez, miedo porque estamos en riesgo de perder la casa, miedo porque hay desempleo, miedo por las tormentas. Toda clase de miedo. El temor es miedo, es presunción y nosotros tenemos que aprender a confrontar nuestros temores y a librarnos de nuestros temores.

Y para lograrlo hay cuatro actitudes positivas que debemos aprender y convertirlas en hábitos en nuestra vida. Una de esas es cultivar el hábito de aceptar el cambio. Las cosas cambian. De niño me iba a la escuela de párvulos a pie y solo, cuatro o cinco años de edad. Salía de mi casa y caminaba alrededor de seis cuadras hasta la escuela, iba y venía tranquilo. Hoy nadie deja ir a sus hijos solos, porque las cosas han cambiado.

Hay cosas que no podemos más que aceptarlas, y ese es el miedo que sentimos por el cambio. Nada en el mundo de Dios es permanente, todo cambia. Hoy usted vive en una ciudad y mañana puede vivir en otra, hoy vive en una casa, luego no puede pagar la hipoteca, se la quitan, se va a vivir con los suegros. Cambios. La vida está llena de cambios. Por eso tenemos que aprender a aceptar y adaptarnos al cambio. Pero cuando hay cambios hay pros y contras.

El cambio hace que vivamos de manera intensa y desafiante. Cuesta. Aquel marido le dice a su mujer: “Te acordás cómo éramos de felices hace quince años. Se queda pensando y luego le dice: “Pero si hace quince años no nos conocíamos. Por eso, por eso”. El casamiento que es un gran cambio presenta intensidad y desafío. Ahí hay desafíos, porque es ahí donde tenemos que demostrar que podemos amar, comprender, perdonar, ayudar a los cambios grandes. El cambio con frecuencia hace posible tener un mundo mejor.

El segundo consejo es cultivar el hábito de adaptarse a lo inevitable. Hay que sacar provecho, porque la vida es una constante metamorfosis y a veces vamos de oruga a mariposa. Dios nos permite disfrutar los cambios, pero hay algunos que son inevitables, por ejemplo: Yo sé que es difícil, pero todos los seres humanos quisiéramos mantener firmes nuestros músculos y todo en su lugar, pero la fuerza de la gravedad se impone. Hay cosas que son inevitables. ¿Qué tiene que hacer usted? Aceptarlo. No se puede ir en contra de la realidad. Acéptese, si usted es chapín usted es chaparro, por lo general.

Es importante aceptar lo inevitable, eso le permite a uno librarse de los temores. Si usted es calvo, no se sienta mal, los calvos somos interesantes. Y si usted se quedó sin dientes, no se preocupe, ahora le pueden poner dientes más bonitos de los que tenía. Claro, a veces llegará el tiempo en la vida en que usted le pega una mordida al sándwich y se quedan trabados los dientes. Acepte lo inevitable, eso le va a ayudar a estar mejor.

La Biblia nos muestra personajes que tuvieron que sufrir grandes cambios, por ejemplo José. Su padre, Jacob, cometió el error de hacerlo su preferido, le regaló una túnica de colores y esto despertó en sus hermanos celos, envidia. No deben haber preferidos en la casa, porque o todos hijos o todos entenados, debe ser parejo. Los hermanos reaccionaron y lo lanzaron a una cisterna, con la fortuna que estaba vacía, luego lo vendieron, la verdad es que querían matarlo. Aquí hay una enseñanza muy importante. Cuando nosotros decimos Dios mío bendíceme, prospérame, concédeme y el Señor viene y nos bendice, nos da cosas extraordinarias ¿qué creen que sienten muchos cuando nos ven a nosotros con cosas extraordinarias, qué sienten? Envidia. ¿Usted cree que esa túnica de colores que Dios nos ha puesto tiene a todo el mundo feliz? No, hay quienes quieren hacer lo mismo que los hermanos hicieron con José. José de ser el consentido de su papá se convirtió en el esclavo de Potifar. Se adaptó al cambio.

Aceptó lo inevitable, y fue el mejor de los esclavos. Y como era chispudo empezó administrar los negocios de Potifar. Le fue muy bien. Como además era bien parecido, la mujer de su amo le echó el ojo, empezó a llamarlo, a cortejarlo. A seducirlo. La mujer al ser rechazada, despechada lo acusó y dijo: “Este hebreo me quiso violar”. Otro cambio. Después de ser el administrador de las empresas de Potifar S.A. va a la cárcel, preso. ¿Será cambio ese? Era inocente. Aceptó lo inevitable y se adaptó al cambio y Dios lo bendijo y lo convirtió en el segundo después del faraón. Y así podría hablarles de Moisés, de Daniel, del apóstol Pablo.

Es importante que nosotros vivamos practicando el tercer cambio: ser gobernado por los hechos. Un día, cuando era niño, estaba con fiebre. En mi dormitorio me quedaba enfrente una pared de madera, miré que de ahí salía el rostro de una señora que me miraba y se reía conmigo, yo empecé a imaginarme cosas que quería hacerme. Pasé una noche horrible. Después miraba unas arañas verdes que subían y del techo caían cerca de mí. ¿Sabe qué había en esa pared? Una tabla con nudos y en mi fiebre yo le di forma de rostro a esos nudos. Nos imaginamos cosas y por eso nos asustamos.

Hay que tener cuidado con los prejuicios, porque a veces viene la gente y le mete a usted en la cabeza prejuicios. En Guatemala le tienen prejuicio a alguien porque lo ven mal vestido y cuando usted ve a alguien mal vestido ¿qué piensa? Que es ladrón. Ver a alguien mal vestido, fachudo, usted piensa que debe tener cuidado, usted pasa cerca de él pero con la mano en la bolsa bien segura. Y sin embargo, ¿sabe quien le robó a usted el dinero que tenía guardado en aquel Banco? ¿Sería alguien mal vestido? ¡Bien vestido, jugando golf, bien presentable! Esos se llevaron su plata. Gente de alcurnia, de abolengo. Si, se fueron de abolengo con la plata que usted les depositó ahí.

“Un hombre en Nueva York se subió al metro y vio que venía alguien mal vestido con un abrigo todo raído, éste pasó rozándolo. Luego pensó para sí: me quiso robar algo, y se tocó y cabal no tenía la billetera. ¡Me robó la billetera! Se le lanza, le quita el abrigo y sale corriendo. Se baja del metro, empieza a registrarlo y sólo halla migas de pan y pedazos de chicle y dulces. Llega a su casa. Fíjate-le dice a su señora- me robaron la billetera en el metro, me la robó un tipo mal vestido, mal encarado.

-No hombre -le dice su esposa-, no te la robaron.
– ¿Cómo que no? Sí me la robaron.
-Ahí la dejaste en la mesita de noche – le explica la esposa.

Pero uno juzga por las apariencias, los prejuicios. Le duele el estómago, tranquilo, no es cáncer, pero la gente en cuanto le duele algo piensa en que tiene cáncer. Le duele la cabeza y piensa en un tumor. Lo peor es que la gente a menudo se muere de lo que piensa que se va a morir.

Es muy importante que usted no gobierne su vida con imaginaciones sino que la gobierne con hechos reales. Ejemplo bíblico en Números 14:9, ahí está la historia de los doce espías que mandó Moisés a la tierra prometida a reconocerla. Y se fueron y regresaron con el reporte, es más, hoy el símbolo del Departamento de Turismo de Israel son dos hombres cargando una vara en la que cuelga un gran racimo de fruto, porque eso es un hecho. Encontraron lo que Dios había dicho: mucho fruto, mucha abundancia, leche, miel y todo. Y dijeron los doce: Es cierto, la tierra prometida está rica, está preciosa. Pero diez dijeron que habían gigantes y que a la par de ellos los israelitas parecían como langostas, insectos. Era su propia imaginación. ¿Cómo se ve usted? Puede verse como usted quiera. Una cosa es lo que usted mira por fuera, otra es lo que usted mira por dentro. Usted no es cualquier cosa, usted es un hijo de Dios, un hijo del Rey, un heredero de Dios. Estos diez espías regresaron sintiéndose poca cosa. Usted no se sienta poca cosa, porque usted vale la sangre preciosa que derramó Jesucristo en la cruz. Por usted Dios movió cielo y tierra para salvarlo.

Dos, Josué y Caleb dijeron, no señores estos son pan comido. Así que no se rebelen contra el SEÑOR ni tengan miedo de la gente que habita en esa tierra. ¡Ya son pan comido! No tienen quién los proteja, porque el Señor está de parte nuestra. Así que, ¡no les tengan miedo (Números 14:9)! Dios está de parte nuestra, y si Dios es por nosotros, quien contra nosotros. No tenga miedo, ni a la vejez ni a la pobreza, ni a la enfermedad, ni al cambio. ¡De nada!

El cuarto hábito que debemos cultivar es el hábito de confiar en Dios totalmente. Porque usted fue a confiar en el Banco y les dio su dinero, y el Banco se llevó sus millones. Usted fue con una financiera y les dijo aquí les traigo mis millones, para que ustedes hagan fortuna con ellos y me den un porcentaje a cambio. Y ¿qué hizo la financiera? Se los robó. Pero yo conozco algunos que dijeron: Señor, yo voy a confiar en ti y voy a traer mis diezmos fielmente. Trajeron sus diezmos, día a día, semana a semana. Lo único que no les robaron los del Banco fue lo que tenían en la presencia del Señor. Dios ha abierto las compuertas del cielo y ha derramado bendición sobre sus hijos, para que tengan todo lo necesario. Confíe en Dios. Está bien que usted construya una casa nueva y que le ponga medidas de seguridad, pero lo que usted debe tener más claro es que su confianza debe estar en Dios. Eche llave, cierre la puerta, pero confíe en Dios.

Un día uno de mis hijos se acercó y me dijo que tenía miedo, y me preguntó si se podía dormir en la habitación. Le pregunté por qué tenía miedo. Me contestó que presumía que algo había en su cuarto. Aquí hay dos caminos – me dije- o se queda a dormir conmigo hoy y el resto de sus días de infancia o le enseño cómo confrontar el miedo y cómo liberarse del miedo. Le dije que era un hijo de Dios y Dios es el campeón de todos, es el campeón más grande y poderoso que existe, que vivía en su corazón, lo cuidaba mientras dormía. Nadie le podía hacer daño en cualquier lugar donde estuviera. Le enseñé una cita bíblica para antes de dormir y dice el Salmo 4:8: En paz me acuesto y me duermo, porque sólo tú, Señor, me haces vivir confiado. Llegó temblando y al rato vi cómo se fue relajando, recuperando confianza y seguridad.

Por eso la Biblia dice en Isaías 12:2 ¡Dios es mi salvación! Confiaré en él y no temeré. Salmo 34:4 Busqué al SEÑOR, y él me respondió; me libró de todos mis temores. ¿De cuántos temores nos libró el Señor? Yo no sé cuál es el temor que usted tiene, temor de que lo van a secuestrar, temor de que lo van a matar, temor de que lo van a despedir, temor de que lo van a dejar. Líbrese de los temores, el Señor tiene poder. Salmo 27:1 El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida; ¿quién podrá amedrentarme? Nadie. Salmo 56:3 Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza. ¿En quién la va poner usted? ¡En Dios!

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