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Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Es muy normal que el ser humano tenga temores, pero debemos decirles que hay temores que son buenos. Por ejemplo: su hijo está aprendiendo que lo caliente quema, usted le dice: -no toque ahí, se va a quemar-. Pero la mayoría de niños no creen en lo que dicen los papás. En eso toca la estufa y se quema. La próxima vez cuando ese niño vea roja la hornilla no la va a tocar. Hay temores que nos libran de esas consecuencias terribles y todos los seres humanos nos protegemos. También hay temores que son enfermizos, hay gente que realmente está atada a ese problema y es una de las revelaciones más eminentes y sorprendentes de la actual civilización tan estresada y nerviosa. Muchas personas son presas del temor, porque el temor es un problema que sufre toda la gente.

El prestigioso tiene temores, el alienado también, el rico tiene temores, el pobre también. El educado o el ignorante, el viejo o el joven todos luchamos con el temor. Hay distintas clases de temores, Hay quienes tienen temor de sí mismo, otros tienen temor de otros, hay quienes tienen temor del pasado, otros del presente o hay quienes tienen temor del futuro. Temor por enfermedad o por la muerte, temor por la pobreza. La lista continúa.

Así que la falta de temor en una persona puede ocasionar una situación peligrosa, sin embargo, muchos temores son anormales, socavan nuestra eficiencia, nuestra felicidad y nuestro bienestar físico y mental. Nos paralizan cuando nos atemorizamos. En la Biblia hay un libro que produce un poquito de temor. Ese libro se llama Apocalipsis, es un libro que ha inspirado a algunos productores de Hollywood a hacer películas.

En este libro se habla de los cuatro jinetes del Apocalipsis, ahí se habla del lago que arde con fuego y  azufre, ahí se habla de la muerte eterna, de muchas cosas. Pero yo los quiero invitar a que leamos los primeros versículos que están en el capítulo 1: 9 en adelante, ¡mire qué historia tan interesante!  Yo, Juan, hermano de ustedes y compañero en el sufrimiento, en el reino y en la perseverancia que tenemos en unión con Jesús, estaba en la isla de Patmos por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús. En el día del Señor vino sobre mí el Espíritu, y oí detrás de mí una voz fuerte, como de trompeta, que decía: «Escribe en un libro lo que veas y envíalo a las siete iglesias: a Éfeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardis, a Filadelfia y a Laodicea.» Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba y, al volverme, vi siete candelabros de oro. En medio de los candelabros estaba alguien «semejante al Hijo del hombre», vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies y ceñido con una banda de oro a la altura del pecho. Su cabellera lucía blanca como la lana, como la nieve; y sus ojos resplandecían como llama de fuego. Sus pies parecían bronce al rojo vivo en un horno, y su voz era tan fuerte como el estruendo de una catarata. En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su rostro era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.  Al verlo, caí a sus pies como muerto; pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo«.

¿Qué le vamos a decir nosotros a los que están al lado nuestro? Hay quienes van a tener qué enfrentarse mañana a una entrevista para solicitar trabajo, quizá lleven muchos días sin trabajar, y a lo mejor ya necesitan los recursos para cubrir sus necesidades, a lo mejor ya tuvo unas entrevistas previas y hay varios aspirando a la plaza. El consejo para usted  es el mismo que Juan recibió aquí ahora. ¿Cuál es el consejo para esta persona? “No tengas miedo”. Llega tranquilo, eso  sí vaya pidiendo, llega presentable y antes de entrar órele al Señor diciendo: Ayúdame para que pueda hablar con esta persona y que me conceda el empleo.

A lo mejor usted tiene que ir mañana a una audiencia al juzgado y cuando uno va al juzgado siente miedo, y si usted tiene un problema judicial que resolver ¿Cuál es el consejo? No tengas miedo. A lo mejor tiene que ir a pedir la mano de su novia, cuanto nos toca y tenemos que enfrentar al suegro y a la suegra, lo que uno siente es un poquito de miedo, pero el consejo es “no tengan miedo”.

La misión y el mensaje de Jesús es liberar a la humanidad del temor enfermizo. Ciertamente el problema del temor es un problema que se reconoce en muchas vidas y por eso está Cristo para librarnos de los temores. Pero hay dos palabras que destacan en la Biblia: No temas. Es otra manera de decir lo mismo que leímos en Apocalipsis, desde el principio. En Génesis 15: 1 dice: Después de esto, la palabra del Señor vino a Abram en una visión: «No temas, Abram. Yo soy tu escudo, y muy grande será tu recompensa».

El escudo es para defenderse de las flechas, para defenderse de la espada, cuando usted es atacado, cuando usted le sacan un artículo en la prensa y lo critican, cuando a usted lo calumnian, lo difaman o cuando a usted lo llaman para amenazarlo de muerte, usted necesita un escudo, usted necesita una protección ¿quién es su escudo? ¿El jefe de la policía? ¿El ministro de gobernación, el guardaespaldas que contrató? Cuando Dios es nuestro escudo usted de verdad no va tener ningún temor.

Porque el problema que la mayoría enfrentamos es que nos dejamos dominar por las circunstancias, por ejemplo: alguien levanta el teléfono y le dice: “Yo conozco que usted se llama Agapito Juárez y sé que vive en la colonia La Enchilada y que tiene tres hijos que estudian en el colegio Quien sabe cual”. Entonces usted empieza a llenarse de miedo, de temor. Y sale aquella frase: “¿Y ahora quién podrá defenderme? ¿Cuál es la respuesta? ¡Ah el Chapulín Colorado! Dijo alguien por ahí. Pero no es así, la respuesta es que tenemos  a Dios como defensor. Yo preguntó ¿Podrá alguien sobornar a Dios para que nos deje solos? No. Cuando tenemos confianza en el recurso humano que nosotros contratamos para que nos cuide, somos vulnerables, porque son muchos los estadistas que han sido muertos por su propio elemento de seguridad. Por eso el escudo que debemos tener es Dios.

Al hijo de Abraham, Isaac, en Génesis 26: 26 cuando estaba en esa tarea de cavar pozos en el desierto, esa noche se le apareció el Señor y le dijo: 24 Esa noche se le apareció el Señor, y le dijo: «Yo soy el Dios de tu padre Abraham.  No temas, que yo estoy contigo. Por amor a mi siervo Abraham, te bendeciré y multiplicaré tu descendencia».

Cuando usted se queda sin su papá. Cuando usted se queda huérfano y su papá es el que realmente levantó la empresa, se fajó duro y logró echar adelante los negocios y la cosa va caminando bien. Usted está ahí, pero sabe que ahí está su papá. Y su papá es el que se las conoce todas. Y este puede ser un papá como aquel, sin mayor educación, pero había logrado salir adelante y tenía una gran producción de pan en sus panaderías y un día manda una nota con el contador al que le dice: -“Llévele esta nota a la empresa tal, que mande mil quintales de arina de trigo al crédito”-. El contador le dice: -Señor, harina se escribe con h. Entonces –le contesta- escríbala usted con h y pídala a nombre suyo, a ver si se la mandan.

A veces los hijos ya escriben harina con h pero no tienen el crédito del viejito. Y Abraham era el viejito, era el mero, mero, pero se murió ¿cómo creen que se sentía Isaac? Desamparado. Hay que cavar pozos para conseguirla agua, para sus ganados y sus criados y el Señor se le aparece y le dice: «Yo soy el Dios de tu padre Abraham.  No temas, que yo estoy contigo».

Su papá se murió, pero ahora tiene un mejor papá con usted, uno que no se va a morir, uno que no se va a ir porque el problema con nuestros papás es que por muy buenos que sean se mueren. Si su papá todavía está vivo, vaya a verlo hoy, porque mañana quien sabe.

Cuando a usted le secuestran a su hijo, eso es muy difícil. Cuando a usted lo llaman y le dicen: “Aquí tenemos a su hijo secuestrado y tiene que darme tal cantidad de dinero”.

El problema algunas veces no es tanto el dinero sino la angustia que produce el secuestro del hijo. Y a Jacob le secuestraron a su hijo, porque mandó a su hijo a ver cómo estaban sus hermanos que estaban trabajando en el campo y en vez de recibir con agrado a José, sus hermanos le tenían celos y envidia y quisieron matarlo, pero optaron por venderlo. Jacob sufrió la angustia por su hijo. Más adelante se enteró que estaba en Egipto y no sólo en Egipto, era el segundo después del faraón. No solo le mandó a decir vente para acá, sino que Jacob envió a sus hijos, a los once que le quedaban para ir a traer comida a Egipto, y usted conoce la historia. José se quedó con uno de ellos. Y Jacob pensó, seguramente, José debe de estar amargado y resentido por lo que le hicieron sus hermanos. Cómo son capaces los hermanos de matarlo en la mente, de secuestrado y luego venderlo como esclavo y dejarlo allá en Egipto. Quién sabe cuántas cosas pasaron por la mente de Jacob y por eso en Génesis 46: 3 el Señor le dijo: —Yo soy Dios, el Dios de tu padre —le dijo—. No tengas temor de ir a Egipto, porque allí haré de ti una gran nación.

¿Saben ustedes lo que está pasando en muchos países de Europa y en Norteamérica? Lo que está pasando es que gracias a todos los inmigrantes que han ido de Latinoamérica a Estados Unidos, la iglesia está creciendo, la iglesia se está renovando, la iglesia está tomando nuevo entusiasmo, porque los hermanitos que llegan de acá con fuego lo van a contagiar. En Londres la iglesia más grande de Londres está formada por inmigrantes. Así que no tema, si se  tiene que ir por ganas o porque tiene que salir huyendo, no tema. Estoy convencido de que a donde quiera que  vayamos nos pueden sacar desnudos, sin un centavo, a cualquier país del mundo, ¿Pero si Dios está con nosotros, quién contra nosotros? El Señor nos va a cuidar, nos va a guardar, vamos a salir adelante. No es fácil cambiar de país de un día para otro, pero el Señor dice “No temas”.

Pasa el tiempo y los israelitas se encuentran en el Mar Rojo, a punto de ser capturados por el ejército egipcio, están angustiados. Tenían temor en ese momento, porque si el faraón los captura y los lleva de regreso a Egipto, la esclavitud hubiera sido más difícil. Pero el Señor consoló a los israelitas diciéndoles en Éxodo 14: 13 —No tengan miedo —les respondió Moisés—. Mantengan sus posiciones, que hoy mismo serán testigos de la salvación que el Señor realizará en favor de ustedes. A esos egipcios que hoy ven, ¡jamás volverán a verlos!

Dios está con nosotros listo para darnos el ánimo que necesitamos. El Salmo 23:4 dice: Aun si voy por valles tenebrosos,  no temo peligro alguno  porque tú estás a mi lado; tu vara de pastor me reconforta. Qué alegría saber que tenemos a alguien a nuestro lado en los momentos más difíciles que es el Señor, el que está con nosotros para ayudarnos en esas circunstancias. El Señor está a mi lado.

Isaías 41:10 dice: 10 Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa. Subraye esa palabra, aprenda esa palabra, porque usted puede estar sin su papá, sin su mamá, sin sus hermanos, sin sus amigos, lejos quizá en cualquier país del mundo, pero si Dios está con usted, usted no tiene por qué temer ni por qué angustiarse.

Por lo general, la gente se atemoriza por cosas que no son realidades todavía. Pero aún así muchos cristianos son atormentados por muchos temores, eso no debería ser, porque nosotros tenemos que romper con el hábito del temor, antes de que nos destruya a nosotros.

Ahora, hay cuatro hábitos que tenemos que aprender para vencer el temor y esos cuatro hábitos se los voy a platicar la semana entrante.

Escuche

La fe viene por el oir…