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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Una de las causas que producen temor es el secuestro, las amenazas, las extorsiones, el miedo a contaminarse, a ser asaltado, a que los hijos afronten los peligros de la calle. Estamos viviendo una época como la que describió el ex presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Lindon B. Jonson cuando dijo: “Esta sociedad es una sociedad que ha construido cárceles para la gente honrada y las cárceles son nuestras propias casas”. Hay quienes ponen llaves en todo, cierran todo para estar protegidos y ¿si olvidan las llaves o las pierden?
Esta bien que tomemos todas las medidas de seguridad. Que cerremos con llaves las puertas, que pongamos perros guardianes, que pongamos alarmas, pero yo le puedo asegurar que si usted vive atemorizado, usted vive pensando en el castigo que va a sufrir. Cuando tiene miedo, cuando usted tiene temor sufre una, dos cinco, diez, veinte, mil veces el castigo que todavía no ha llegado, porque ya está pensando en cómo va ser cuando tenga cáncer, piensa en la quimioterapia, en las inyecciones y radioterapia y cuando esté grave y esté vomitando. Sigue pensando en lo que va a sentir. Todavía no tiene cáncer, pero ya está sufriendo.

Una madre que piensa en su hijo cuando está afuera, ya está sufriendo el castigo, porque ya lo mira golpeado, desnudo, violado, descuartizado. Usted está construyendo el puente antes de llegar al río, usted está padeciendo el dolor y la angustia antes de que llegue verdaderamente el problema y el conflicto. Y eso es lo que causa el temor. Recuerdo una de las famosas fábulas de Esopo en que el peregrino le pregunta a la peste a dónde va. Ésta le cuenta que va a Bagdad a matar a cincuenta personas. Pasado el tiempo el peregrino se entera que han muerto cinco mil y le reclama el engaño y la respuesta de ella es que ha cumplido, pero que los demás han muerto de miedo.

¿Qué hace cuando alguien estornuda a la par suya? Siente que ya lo contagió, que se va a enfermar. El temor tiene castigo. Todos queremos ser gente sin miedo, pero a veces le tenemos miedo a la oscuridad. Los estudiosos de la ciencia de la conducta le llaman al miedo a la oscuridad: nictofobia. Hay quienes le tienen miedo a los espacios cerrados, a ellos se les llama claustrofóbicos, otros son al revés, no los puede llevar al campo y caminar por el espacio abierto, porque sienten que ahí se van a quedar. Cada vez que hablo de este tema, me recuerdo de una señora que era mi vecina en Miami, en la época aquella en la que mi esposa y yo vivimos en Miami, un par de años estudiando.

Y estábamos, precisamente, durmiendo en un sector que empezaba a ponerse peligroso. Esta señora cubana, vecina nuestra, empezó a dar de gritos tan fuertes que mi esposa y yo nos despertamos y nos fuimos a ver qué le estaba pasando. Y entramos a la casa y vimos a Miriam que estaba arrinconada, sentada en su cama, cubierta con las sábanas. Trataba de ver lo que le había dado miedo. Entonces me dice: ahí está, ¿dónde está? Yo esperaba ver a un negrote que me asustara, pero no. Ahí está –me decía-. ¿Qué es? ¡La cucaracha!

Una de mis experiencias juveniles más horribles que yo viví en la vida, fue en El Progreso, Guastatoya. Era Pastor de mi primera iglesia, una pequeña congregación entre hermanos campesinos, principalmente y uno que otra burócrata que trabajaba ahí. No creo que tuviera más de cuarenta miembros. Y nos reuníamos en una casa de pueblo, de esas casas que ahora ya no existen, porque se cayeron para el terremoto, aquellas casas que tienen sus cuartos grandes y una gran pila, en el centro. Y toda la casa era para que yo la utilizara. Ahí vivía y en uno de los salones que daba a la calle, ahí era la reunión.

Un día recibo una llamada en la que se me informa la muerte de una señora. Allá voy a la casa de la difunta. La tenían en una cama. Hermano – me dice una señora- nos ayuda pasarla de aquí para allá. Cargar un cadáver es feo, no digo en la caja, el cuerpo muerto, me tocó tomarla de las piernas frías, húmedas. Al agarrar un muerto se queda uno impresionado, era un jovencito de apenas 20 ó 21 años.

Me fui a la media noche a dormir a mi camita, un catre de aquellos que vendían en la avenida Bolívar. En ese tiempo cortaban la luz a determinada hora. Cuando de pronto siento que algo me recorre el cuerpo, me levanto precipitadamente y ¡una cucaracha! La vi con mi linterna y luego se fue al otro mundo. Me quedé asustado.

Eran como las cuatro de la mañana. Me levanté, me dije: Me voy a la capital, a consolarme con mi novia. A perder el miedo. Es que el perfecto amor echa fuera el temor. Pues no era el perfecto amor mi novia, pero ya iba llegando. Porque ¿quién es el perfecto amor? Dios, Él es el perfecto amor. Usted se casó con alguien enamorado y tiene un amor muy bonito, pero el perfecto amor es el que Dios nos da, es el amor invariable, eterno, maravilloso. Por eso 1 Juan 4:18 dice: sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor.

Una manera de saber que usted ha sido perfeccionado en el amor, es que usted es una persona sin temor. Cuando usted ya no tiene temor, usted está perfeccionado en el amor. Y ese perfeccionamiento se da cuando desarrolla una relación con Dios, que es una relación tan íntima, tan cercana que usted le puede decir a Dios “Papito”.

Yo tengo aquí a uno de mis hijos, Checha, y este hijo mío, cualquiera que lo vea por allá puede decir que es muy grandote, le tengo miedo. Este es mío hijo menor.

Ustedes, por lo general, cuando alguien quiere hablar conmigo pide una cita, llama a la oficina. Algunos dicen que les da “cosa”, un poco de temor hablar conmigo. No sé por qué algunos me tienen miedo, cuando me miran guardan las botellas de licor. Algunos me tienen miedo, cuando me miran esconden a la señora, se alejan de ella, porque no es la mera mera. ¿Pero ustedes creen que Checha me tiene miedo? Cuando me quiere hablar me llama por celular, o llega a la casa, no me pide audiencia.

Los hijos cuando tienen una buena relación con su padre, no le tienen miedo, le tienen amor y claro le tienen respeto, un grado de reverencia y un temor de no abusar del amor de su padre. Y esa relación de hijo con padre permite que uno pueda estar confiado. Entonces hay una relación de amor, de confianza ¿será bueno tener una relación de amor y de confianza con su papá? Claro, yo quiero a mi hijo.

El problema es cuando usted mira a Dios, pero no lo mira como papá. Lo mira como juez. Cuando alguien es llevado ante un juez se siente atemorizado, luego piensa que lo van a meter preso, que lo llevarán a juicio, lo van a condenar. Uno tiene temor, porque va ir ante un juez. Es angustioso. ¿Pero qué pasaría si a usted lo llevaran a la Corte y el que está sentado es su papá? ¿Se sentiría tranquilo? Cuando el juez es nuestro papá ¿tiene usted temor? No. Usted entra y dice “ya la hice”. Porque mi papá me conoce, él sabe quien soy.

El que no está perfeccionado en el amor, el que no conoce el amor de Dios tiene temor, y el que tiene temor tiene castigo, porque sabe que la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23). Y dígame ¿quién no ha cometido pecado? No hay quien no haya cometido pecado. Tal vez el que no ha cometido pecado es el que está en el vientre de la señora, pero alguna vez hemos mentido, hemos engañado, hemos codiciado, nos hemos quedado con el vuelto de la mamá alguna vez, le hemos sacado plata a nuestro papá cuando está durmiendo. Los hijos de los bolos tienen plata cuando los papás llegan bolos y todavía llevan plata. Cuando se les sale, no hay más que recoger la ofrenda.

Todos somos pecadores y si todos somos pecadores, todos estamos condenados a la muerte eterna. ¿Por qué sabemos que al morir no iremos a la condenación eterna? Porque ya no somos pecadores condenados a la muerte, ahora somos pecadores arrepentidos, convertidos en hijos de Dios. Ahora el juez es nuestro padre. Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna (Juan 3:16). Y como hijo de Dios es heredero. Todo lo que yo tengo en lo personal va a ser de la familia, de los hijos. Cuando usted tiene un papá que tiene plata y es generoso lo tiene todo, porque hay papás que son más agarrados que una viejita bajando las escaleras.

Vamos a otro concepto, mis hijos cuando estaban en casa, jamás se levantaron diciendo:
-Papi no pude dormir anoche.
-¿Por qué hijo?
-¿Cómo vamos a pagar el colegio?

Los hijos nunca dicen así, nunca se levantan diciendo:
-Papi, ¿qué vamos a desayunar?

No. Ellos se levantan, se sientan, comen hasta reventar, se comen todo. Y no se preocupan de dónde sale todo eso. Porque el que se preocupa es el papá, la mamá.

Entonces usted por qué se está desvelando y preocupando y ¿cómo voy a pagar, ya vienen las inscripciones del colegio, cómo voy a pagar los estudios, y como voy a pagar? Usted duerma tranquilo, el que se va a preocupar es el papá suyo, que es el más rico de todos, el Padre nuestro que está en los cielos. Él tiene todos los recursos.

Por eso Jesús nos dice: “No se afanen por el día de mañana”. No se preocupe. No tenga miedo, porque el Señor está con usted, el Señor lo va a guardar, lo va a cuidar, el le va a suplir. Yo estoy convencido, aunque la gasolina siga subiendo por galón, el Señor le va a dar gasolina o le va a dar alas para que vuele o lo va a enseñar a patinar. Algo va a pasar. Pero yo le puedo asegurar que: He sido joven y ahora soy viejo, pero nunca he visto justo en la miseria, ni que sus hijos mendiguen pan (Salmo 37:25). Usted no se preocupe, no se atemorice, el Señor nos guarda, nos cuida, nos provee, nos suple todo lo que nos falta. Si su mamá fallece, su papá le va a conseguir otra. Tranquilo. Y su papá se muere, no se preocupe, la Biblia dice en el Salmo 68:5 que Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su morada santa.

Y si le quitan el carro, no se preocupe, ya el Señor le va a dar otro. A veces se quejan conmigo, porque les quitaron el trabajo y les digo: Déle gracias a Dios. ¿Cómo que gracias a Dios? Si, porque ahora le va a dar otro mejor. Además usted ya no estaba contento ahí, ya estaba hablando mal del jefe, estaba hablando mal de sus jefes, estaba criticando a no sé quien, usted ya no estaba a gusto. Mejor que ya no esté ahí, además con todo lo que aprendió, ahora usted puede empezar su propia empresa.

El perfecto amor echa fuera al temor. ¿Se alegra de ser hijo del Padre nuestro que está en los cielos?

Escuche

La fe viene por el oir…