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Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

¿Ha orado por algo y Dios no se lo ha contestado todavía?

A veces oramos al Señor y pedimos por algo y no viene la respuesta prontamente. La Biblia nos enseña de un ejemplo muy claro, de cómo un hombre de Dios santo, ungido, escogido, rogó a Dios para que le quitara un mal que tenía y no se lo quitó. ¿Qué hacer cuándo eso pasa? Eso es lo que llamamos disciplina, instrucción, lección a través de la negación.

Cuando a usted le dicen no, hay algo qué aprender. Muchas veces Dios nos responde, pero nos responde diciendo no, y a nadie le gusta. Usted ora por un empleo, lo solicita, hace la entrevista. Según usted, califica bien, y luego le dicen: No.

Está en medio de un negocio importante y usted negocia con Dios y le dice: Señor, si me das este negocio, no solamente voy a pagar mi diezmo, el 10 por ciento, voy a pagar el 15 por ciento de todo lo que tú me des. Resulta que el negocio se cae y no recibe nada.

A veces ora por su hija para que Dios le de un esposo, un yerno tan inteligente, un yerno bien parecido, un yerno tan generoso como Dios le dio a mi suegra. Pero resulta que su hija se queda para forrar Biblias, no le contesta. Ante esa realidad que vivimos, tenemos que aprender del ejemplo que aparece en 2 Corintios 12: 7-10: Para evitar que me volviera presumido por estas sublimes revelaciones, una espina me fue clavada en el cuerpo, es decir, un mensajero de Satanás, para que me atormentara. Tres veces le rogué al Señor que me la quitara; pero él me dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo. Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Eso era lo que tenía Pablo, una espina de esas que estorban, que duelen. Un verdadero problema, serio. Cuando usted tiene una espina clavada le duele. Les puedo dar fe que tenerlas en la parte más blanda del cuerpo es doloroso. Pablo tenía clavada una espina, ahora imagínense que yo hubiera llegado con mi mamá, para decirle que me quitara las espinas que se me habían insertado en la parte más blanda de mi cuerpo cuando fui lanzado por un amigo de infancia sobre una palmera, y  ella me hubiera dicho: No, bástate mi gracia. ¡Qué bonito! quedarse uno con las espinas causándole dolor.

Pablo nos cuenta que tres veces pidió a Dios le quitara las espinas y, sin embargo, el Señor le dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». ¿Qué era lo que tenía Pablo, qué era lo que sufría, qué era por lo que le rogó tres veces a Dios que se lo quitara y no se lo quitó? El punto de vista de Calvino, el gran teólogo que nos habla mucho de la predestinación, decía que significaba las tentaciones espirituales. La tentación de la duda, de debilitar los deberes de la vida apostólica, el remordimiento de conciencia, cuando sucumbía a esta tentación.

En cambio Martín Luthero tenía otro punto de vista, decía que esa espina significaba la oposición y la persecución que Pablo sufrió, como la batalla constante que lo enfrentaba con aquellos que no estaban de acuerdo con él y trataban se destruir su trabajo. En cambio el punto de vista romano-católico, decía que las espinas significan las tentaciones carnales. Cuando los monjes y ermitaños se encerraban en sus monasterios y celdas, encontraban que el sexo era el último instinto que no podían reprimir. Deseaban eliminarlo y no podían, porque les obsesionaba. Se ha sostenido, por la iglesia católica, que Pablo era así. Que el problema sexual le costaba eliminarlo. También se ha dicho que el aguijón en el aspecto personal de Pablo tenía que ver con su apariencia física, su presencia corporal. 2 Corintios 10:10  hace ver que su presencia corporal era débil y se sugiere que sufría de alguna desfiguración que le daba feo aspecto.

Otros sostienen que padecía de epilepsia. Grandes hombres de la historia como Julio César, el emperador romano, Oliverio Conweel, el gran Napoleón Bonaparte, entre otros, sufrieron epilepsia. Y algunos piensan que ese era el problema de Pablo. Hay quienes más opinan que Pablo padecía de jaquecas severas. Hay quienes dicen también que el problema era una enfermedad de los ojos, porque Hechos 9:9 relata que cuando Pablo se encontró con Cristo, hubo una luz tan fuerte que lo dejó ciego y por tres días se quedó sin poder mirar. Puede ser que nunca se haya recuperado bien de los ojos. Y por eso es que a los Gálatas 4: 15 les escribe: Pues bien, ¿qué pasó con todo ese entusiasmo? Me consta que, de haberles sido posible, se habrían sacado los ojos para dármelos. El sufrimiento, según este pasaje, pudieron haber sido los ojos. Y en Gálatas 6:11 también encontramos que Pablo les dice: Miren que les escribo de mi puño y letra, ¡y con letras bien grandes! ¿Por qué escribía con letras grandes? Posiblemente tenía problemas de la visión y ese era el posible aguijón que Pablo pedía al Señor que le quitara.

Unos más dicen que eran ataques crónicos recurrentes de cierta fiebre, malaria, porque frecuentaba muy seguido las costas del Mediterráneo oriental.

Ahora bien, Dios contestó la oración que Pablo hizo, pero no quitándole lo que haya sido su aguijón, haya sido un problema carnal, haya sido un problema físico, haya sido una apariencia grotesca, Dios no se la quitó. Simplemente le dio la fuerza para soportarlo, le dio la fuerza y la capacitación para vencer las circunstancias y salir adelante.

Frecuentemente se sostiene que al contestar nuestras oraciones,  Dios dice: espera. Recuerde la historia de Lázaro. Le mandaron a decir a Jesús: Tu amigo íntimo, tu amigo querido está enfermo. Y ¿qué hizo Jesús cuando recibió la noticia? Dos días se atrasó, se quedó donde estaba. En vez de ir inmediatamente para atenderlo, se quedó, porque a veces Dios dice espera. Hay aquí quienes han estado orando para que su cónyuge se convierta y el Señor dice espera. Y he visto algunos esperar quince años para la conversión de su esposa, para la conversión de su esposo, para la conversión de un hijo querido y a veces Dios dice espera y a veces Dios dice sí.

En 1 Samuel 1:17 el sumo sacerdote de Israel se acercó a  ver a una señora que estaba arrodillada orando y le dijo: —Vete en paz —respondió Elí—. Que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido. La mujer se llamaba Ana, madre del profeta Samuel. Año tras año ella subía al templo y pedía por un hijo, pero no le contestó el primer año, ni el segundo. Por varios años ella estuvo pidiendo, hasta que al final, un día, a través del sumo sacerdote le dijo el Señor: Te concedo, y ésta mujer quedó embarazada de Samuel, lo consagró a Dios y más adelante le dio otros hijos. Pero otras veces dice no, como en este caso que hemos visto.

Yo le quiero decir que no es fácil. No es fácil la vida para muchos. Una de las experiencias para mí más impresionante fue la que viví, precisamente, en la casa de mi abuela Choma. En su dormitorio, que era muy espacioso, habían dos camas más: una para mi tía Raquel que era la hija menor  y otra para mi primo Hugo, quien nació paralítico, sordomudo y epiléptico. Y todos los días -ya fuera ella o mi tía-, tenían que cambiarle pañales, bañarlo, darle de comer, sacarlo al sol. Y yo iba a veces a jugar con él a la orilla de su cama.

Mi abuela y mi tía fueron dos mujeres muy cristianas que amaron a Dios con todo su corazón, sirvieron a Dios con todo su corazón, fueron generosas con todo lo que tuvieron, fueron mujeres fieles a Dios y seguramente alguna vez pidieron a Dios por la sanidad de Hugo, pero nunca llegó. La respuesta en este caso fue no. Y ese fue un aguijón en el corazón de mi abuela, de mi tía y de muchos, porque cuando usted tiene un hijo que es paralítico, epiléptico y es sordomudo, cada vez que usted se acerca a él debe haber en el corazón un dolor, usted debe sentir la tristeza de ver a su hijo en esas condiciones, o a su nieto en este caso. Jamás oí a mi abuela ni a mi tía protestar por cuidar al niño que vivió como treinta y pico de años. Jamás la oí renegar ¿por qué Señor me paso esto a mí? ¿Por qué Señor me diste un hijo así, por qué Señor me toca a mí todo esto? Jamás.

¿Sabe por qué? Porque así como Pablo descubrió que el poder de Cristo se posesiona  de nosotros cuando descubrimos la gracia de Dios, así mi abuela y mi tía tuvieron en su corazón esa gracia divina, que le da a usted el poder para vencer las circunstancias y las dificultades duras de la vida, cuando la respuesta de Dios es no. Eso es amor, cuidar a un hijo enfermo,  a un cónyuge enfermo, a una persona enferma.

Mi abuela tenía 91 años cuando Hugo falleció y lo que hizo fue tirarse al suelo con sus manos levantadas y decir: -Señor te doy gracias, porque ya llevaste a Hugo a tu presencia, gracias por darme la vida para cuidarlo. Ahora sí Señor, llévame a tu presencia-. Meses después la abuela cayó enferma. Falleció.

¿Cómo pudo aguantar una señora de 91 años ese esfuerzo? Como lo pueden aguantar ustedes. Hay mujeres que tienen que levantarse temprano, preparar las loncheras para sus hijos, atender a su esposo y luego salir al trabajo o al colegio para dejar a los hijos, y luego regresar para atender las cosas de la casa y luego prepararse porque hay célula esa mañana en su casa, o esa tarde o esa noche y lo están haciendo a pesar del cansancio físico, porque en nosotros existe la gracia de Dios que nos da el poder para vencer. Por eso es que salimos adelante.

Cada vez con más frecuencia me han preguntado ¿no se cansa? ¿Cómo puede venir y estar a las 7 de la mañana predicando en el Auditórium de la  calada Roosevelt, venirse rápido a Ciudad San Cristóbal para predicar aquí, salir de aquí otra vez para la calzada Roosevelt, estar el sábado en la noche, estar en este funeral, estar en esta actividad o en este otro viaje. Sí, me canso.

¿Pero saben una cosa? En mi debilidad Su poder se perfecciona, porque Él nos da las fuerzas para servirle, para seguir adelante cada día, como también se la da a ustedes que tienen mucho qué hacer, pero además están dispuestos a servirle. Dios nuestro Señor con su gracia nos dice “Mi poder se perfecciona en la debilidad”, además nos está diciendo: “Mi gracia es suficiente para el cansancio físico, es suficiente para el dolor físico, es suficiente para enfrentar las calumnias, que algunas veces llegan”.

Esta semana nos tocó estar cerca de la familia Espinoza, nuestro querido hermano Nelson Espinoza, aceptó a Cristo aquí en la iglesia, fue fiel asistente durante muchos años, el martes lo acribillaron al salir de su trabajo. En la esquina de su oficina. Un hombre responsable, honesto, cristiano, buen esposo, buen padre, buen jefe, en fin, buen cristiano. Y cuando eso ocurrió tuve el privilegio de estar cerca de la familia veinte o treinta minutos de haber ocurrido esta tragedia, no siempre puedo estar con todos, porque no siempre me entero a tiempo, no siempre puedo estar disponible para todos los casos de este tipo, pero en este caso pude estar ahí, para animar, para alentar, para consolar a la familia. Eso fue martes, miércoles fue el funeral, viernes fue la célula donde ellos se congregan. Ahí estuvieron la viuda y sus tres hijos. Hoy a las siete de la mañana allá en la Roosevelt, en el lugar donde siempre se han sentado ahí estaban y ahí oramos de nuevo por ellos. Y me dijo -el Señor nos ha ayudado a pasar estos días, Él nos ha dado las fuerzas, Él nos ha dado el ánimo ¿por qué? Porque en nuestra debilidad el poder de Cristo se perfecciona. Y es Él quien nos ayuda. Yo no sé por qué está pasando usted, yo no sé cuál es su problema, si es una enfermedad grave, si es la muerte de un ser querido, si es la pérdida de un negocio, si es amenaza, no sé qué le está pasando. Pero sí le puedo decir que vale la pena estar cerca del Señor, porque si usted está cerca del Señor Él le va a sostener con su mano y Él lo va a ayudar a salir adelante pase lo que pase, cueste lo que cueste.

Escuche

La fe viene por el oir…